Sacó las cosas que creía necesarias para ir a cumplir su castigo a aquel tétrico lugar, bueno ella de por sí iba a pasar las vacaciones en el castillo, aunque su idea nunca fue pasarlas castigada. Suspiró al recordar que justo aquel hombre poseía un aroma de su Amortentia, las malditas ironías de la vida, pero bueno 1 de 3 no quería decir nada ¿O sí? Sacudió su cabeza y bajó hacia la sala común de Gryffindor para así poder despedirse de sus amigos y luego, ya resignada a que esas navidades iban a ser las peores de todas, hizo su marca fúnebre hasta las mazmorras de Snape.
El frio la recorrió al solo pisar la escalera que conducía hacia el piso más bajo del castillo, joder, ella no comprendía como los Slytherin's podían soportar aquel sitio, ella estaba acostumbrada al calor reconfortante que le brindaba su siempre acogedora sala común, con la chimenea encendida y las risas de sus compañeros a cada instante, aquel sitio si era agradable para estar, no como esa boca de lobo "mejor dicho, boca de serpiente" pensó para sí. Pero su sangre se terminó de helar cuando estuvo frente a una puerta de roble negro, con las manos temblorosas tocó dos veces hasta que escuchó la voz tan conocida de su profesor
-Pase-
Estaba confirmado, Snape tenía el don especial de convertir su sangre en hielo y hacer que todo su valor de leona Gryffindor se convirtiera en el valor de un gatito asustado y mojado.
Empujó la puerta suavemente y cuando tuvo un pie en el lugar saludó respetuosamente
-Con permiso, profesor-
-Ya era tiempo de que llegara Granger ¿Acaso no conoce la puntualidad?-dijo él al otro lado de la instancia sin levantar la mirada de un pergamino-Llega dos minutos tarde-
-Lo lamento-
Él le dedicó un pequeño gruñido y con un movimiento de la varita, hizo aparecer delante de ella una lata llena de unos gusanos de aspecto viscosos y bastante grotescos a la vista junto a una pequeña daga de plata
-Quiero las cabezas de esas cosas y ni se le ocurra desperdiciar una sola gota de la baba de esos gusanos, es un ingrediente importante para algunas pociones ¿Entendió Granger?-
-Si señor-dijo ella con evidente enojo, pero no quería seguir arruinando sus fiestas, así que decidió callar cualquier otro comentario y hacer lo que aquel murciélago amargado le estaba ordenando.
Tomó el primer gusano y con una mueca de asco, comenzó a despedazar a aquel pobre animal al mismo tiempo que pensaba que era Snape de quien se trataba. Trabajó en silencio hasta que escuchó la voz fría y autoritaria de su profesor detrás de ella, cerró los ojos y esperó el regaño que aquel hombre, pero nunca llegó
-¿Ha terminado Granger?-
Aún con los ojos cerrados, Hermione respondió moviendo su cabeza en forma negativa, la cercanía de su profesor le trajo el recuerdo del olor a muérdago y a algo más, algo más suave y fresco…algo que a ella le gustaba y que sabía, había olido en otro lugar, pero no recordaba donde
-Ya es tarde ¿Por qué no se apura?-demandó él
-Estaba a punto de terminar-dijo ella-Solo me quedan tres más-
-Apresúrese entonces Granger, no pienso ir a dejarla a su sala común-
Tampoco ella iba a dejar que eso pasara y no era como si quisiera pasar más tiempo en aquel lugar. Terminó con los tres gusanos que le faltaban y le fue a entregar las cabezas de ellos a su profesor, quien con un movimiento de su varita los guardo en frascos y los escondió en su despensa de ingredientes
-Mañana misma hora Granger-
-Pero mañana es navidad-dijo la chica un tanto sorprendida ¿Acaso aquel sujeto no podía dejar que los demás fueran felices?
-Para mí, es un día como cualquier otro-dijo Snape encogiéndose de hombros-Como si usted fuera a hacer algo más que estudiar-
Resoplando, se fue del despacho de Snape antes de decirle algo que empeorara la situación. Se despidió de él con un fuerte portazo que hizo mover las lámparas de gas que estaban cerca de la puerta y subió las escaleras de dos en dos mientras maldecía a cierto jefe de casa "Con razón estas serpientes son tan hurañas y desagradable, considerando a quien tiene de líder, no me extraña para nada".
Cuando llegó a su sala común, encendió la chimenea y tomó uno de sus libros junto con una manta que alguien por accidente había dejado olvidada; comenzó a leer hasta que sus ojos se cerraron por el cansancio. Pero su mente no estaba precisamente cansada, no, su mente nunca dejaba de trabajar y en esos instantes, estaba más que hiperactiva recordando ciertos acontecimientos, pero por sobre todo, recordando a cierto pelinegro de ojos negros y que extrañamente en esos momentos, ella comenzaba a encontrar atractivo. Sus ojos se abrieron de par en par cuando su subconsciente dijo semejante barbaridad, no, algo le estaba afectando al cerebro ¿Ella encontrar atractivo a Snape? Si claro y ahora iba a decir que estaba total y completamente enamorada de él, que Snape tuviera un olor de su Amortentia era mera coincidencia, una muy mala coincidencia. Aunque si lo pensaba bien, había algo de él que le llamaba su atención, era un hombre inteligente de eso no había duda y también, sumamente valiente, no cualquiera arriesgaba su vida como doble agente, porque ella le creía, aunque Harry y Ron no lo hicieran, ella creía en Snape por alguna extraña razón y eso la llevaba a una tercera causa del porque lo encontraba interesante, a ella le inspiraba confianza, una muy misteriosa y extraña confianza. Además con era como si Snape no tuviera lo suyo, no estaba dentro de los canones normales de lo establecido como "guapo" pero ese cabello largo tenía su encanto del mismo modo esa oscura y penetrante mirada… Sacudió su cabeza "¿Qué tonterías estoy pensando?"
Levantándose del sillón, salió de la sala común de Gryffindor para poder sacarse una duda que tenía desde que Snape se le acercó en su despacho y solo había una forma de cerciorarse de que aquello era una mera equivocación. Se cercioró de que no hubiera nadie ya que todavía era de noche y emprendió viaje hacia el baño de Myrtle.
En cuanto llegó al baño, el rico aroma de su Amortentia ya se hacía presente en el aire, cada día se hacía más fuerte y cada día a ella le gustaba más. Cerró sus ojos y se concentró en un olor en particular, uno suave y fresco que bien podía oler en las mañanas cuando las brisas y el sol derriten la nieve del infierno y traen consigo la primavera, aquel olor desconocido de hace unas semanas comenzó a tener forma y consistencia, aquel aroma era Hierba fresca.
-¿Qué hace usted aquí?-
Hermione se volteó asustada y para su desgracia, no pudo evitar soltar un grito de sorpresa cuando lo vió allí parado mirándola como si en esos instante fuera a lanzarle una imperdonable
-Le repito la pregunta Granger ¿Qué hace aquí?-
Pero su mente no podía hilar una respuesta que no fuera ridícula, ¿Acaso podía decirle "Hola profesor, no estoy haciendo nada malo, solo cerciorándome de que usted no tenga el olor de mi Amortentia"? Bueno, si podía, pero primero él se reiría de ella y luego la castigaría hasta el final de sus días
-¿Y bien?-dijo él acercándose a ella, moviendo suavemente sus cabellos al pisar, desprendiendo ese aroma tan fresco y tan reconfortante, maldición, maldición, eso no podía estar pasando
-Yo…esto verá…-sus mejillas se tiñeron de rojo "Snape huele a hierbas frescas, Snape huele a hierbas frescas" repetía una voz en su interior-Es que yo…-
-Ella solo vino porque yo se lo pedí-
La voz de Myrtle los desconcertó a ambos. La fantasma se acercó lentamente hacia el caldero de Hermione y con una pequeña risita miró al profesor
-Ella me dijo que si encontraba algo raro, la llamara y eso hice- Myrtle miró directamente al profesor-encontré un olor extraño en el ambiente-
-No la ví salir-dijo Snape a la defensiva
-La mandé a llamar con otro fantasma-
Snape miró a ambas chicas y luego dando un pequeño gruñido, comenzó a caminar hacia la puerta, pero Myrtle lo detuvo antes de que él saliera
-Usted tiró algo en el piso profesor ¿Por qué no lo recoge?-
Con los ojos como platos, Snape avanzó de dos zancos hacia donde apuntaba el fantasma y luego salió con un fuerte portazo
-Gracias Myrtle-
-De nada Hermione-dijo ella-¿Por qué…?-
-Quería saber algo-dijo ella suspirando y recordando que aquello era verdad-Era Hierba fresca-
-¿Qué cosa?-
-El olor-
Ambas se miraron y luego Myrtle volvió sonriendo y riendo a su retrete, ahora solo faltaba que Hermione diera con el tercer aroma, solo esperaba que lo hiciera pronto.
Dos de tres, Merlín debía estar jugando de lo lindo con los sentimientos de Hermione.
