Disclaimer: Todo lo que puedan reconocer no me pertenece. Esta historia fue escrita originalmente para el proyecto ENREDOS EN SAN VALENTIN organizado por Betzacosta en Febrero de 2013.
Fachadas.
Capitulo 2
Ben.
3 de febrero
Ben Cheney contempló la imagen formándose en el líquido de revelado y algo se oprimió en su pecho.
Quiere deslizar sus dedos sobre esos rasgos suaves y hacer que sonría pero sabe que no puede tocarla porque lo arruinaría. La paradoja de su pensamiento lo hace exhalar con frustración.
Luego de colgarla para que se seque junto a las demás fotografías, y de contemplarla unos pocos segundos más, salió del pequeño cuarto de revelado y se sirvió un trago de su botella de Jack Daniel favorita antes de dejarse caer en el solitario sofá de la sala. Contempló las luces de la noche de Seattle con las luces del departamento completamente apagadas, como es su costumbre antes de ir a dormir.
El primer trago baja por su garganta quemándole el pecho al igual que cierta desazón que crece en su alma desde hace un tiempo, mientras recuerda su vida años atrás, cuando todo estaba lleno de esperanzas.
No. No quiere volver a ese tiempo y su mente viaja entonces a aquella tarde, la primera vez que la vio a ella.
Jura que fue una especie de aparición, o tal vez solo la burla cruel del destino, o quien fuera que estuviese a cargo de su vida.
Sonríe con una especie de amargura ante la nueva ironía de su pensamiento. Para Ben su vida esta fuera de control desde que en un abrir y cerrar de ojos, lo perdiera todo cinco años atrás.
Después de un año en la más oscura depresión se había decidido por fin a hacer caso a su madre y aceptó trasladarse a Seattle para trabajar como asistente personal de Emmett, su antiguo compañero de facultad en la época en que estudió economía y tenía un futuro brillante.
Aunque había estudiado esa carrera hasta graduarse con un promedio más que respetable, en el fondo sabía que lo suyo no eran los números, pero su afición por la fotografía no iba darle de comer por muy bueno que fuera y mucho menos cuando dio el paso de casarse con Emilie después de que ella le anunciara que esperaban un hijo.
Emilie todavía estaba en el primer año de facultad y si algo caracterizaba a Ben Cheney era ser responsable, y aunque amaba a esa mujer con pasión, había amado más la idea de tener una familia propia, grande y bulliciosa como en la que se crió, y aquella era una oportunidad que no despreciaría aunque no fuera el momento, ya que los dos estaban en medio de sus carreras cuando la pequeña Claire llegó a sus vidas.
Con lo que no contaban fue con que su hija naciera con esa rara insuficiencia cardiaca, mucho menos con que su corazón la traicionara antes de cumplir los tres años de edad y se la llevara sin que siquiera pudieran darle la posibilidad de crecer lo suficiente como para realizar la compleja cirugía que prometía acabar con el problema. La última, habían prometido los médicos, después de todas las que ya habían realizado antes…
Emilie enloqueció con la muerte de su hija, se deprimió y lo abandonó pocos meses después de perder a Claire, sentenciándolo también a él.
Era relativamente "normal" que lo abandonase, después de todo él había oído durante los años que mantenían a su niña en tratamiento cómo era de habitual que las parejas jóvenes no soportaran la presión ante un diagnóstico tan grave como el de Claire en un hijo pequeño y se terminaran culpando por lo que sucedía hasta que, o lograban superarlo de alguna manera, o finalmente se divorciaban.
Tal vez eso hubiera sido lo más tolerable para los dos, pero Emilie lo había dejado de la peor manera en que alguien podría hacerlo y en resumidas cuentas, a los veinticinco años a Ben no le quedaba nada. Ni siquiera motivos para vivir. Solo un maldito titulo en economía que no tenía sentido para él.
Cuando Emmeth se contactó pidiéndole ayuda, ofreciéndole el puesto de hombre de confianza en la empresa familiar de la que tuvo que hacerse cargo luego de la inesperada muerte de su padre no lo penso.
El ofrecimiento habia llegado justo a tiempo antes de que terminara de perder la cabeza, después de un año en la más oscura depresión habia hecho caso a los consejos de su madre, de que intentara comenzar de nuevo, tenía que sobrevivir, se lo debía a su pequeña hija, y en pocas semanas ya se encontraba instalado en un departamento del centro de Seattle, a pocas cuadras de la oficina y de la playa donde la había visto a ella…
El parecido con Emilie de la silueta a contraluz de esa mujer que venía corriendo hacia él por la playa, ese atardecer de verano en el que por fin, luego de varios paseos inutiles se había decidido a sacar su cámara del exilio del fondo del armario y volver a cazar imágenes al azar, lo tumbó como si lo hubiera arrollado un camión.
Luego Max, su cachorro labrador de casi cinco años de edad, que era casi lo único que había traído consigo de su antigua vida además de la cámara de fotos y mas que nada porque era un regalo que habían hecho a su pequeña y ahora era lo único que le quedaba para probar que esa vida había existido en realidad, se abalanzó sobre ella y en consecuencia la chica lo había insultado, a el y a su estupido perro cuando corrió tras él para detenerlo.
Al día de hoy ni siquiera recuerda las palabras, o haber pronunciado algo en respuesta. Solo su corazón queriéndose salir del pecho y cada uno de los detalles de ese rostro moreno con labios regordetes y sensuales, la mirada de fuego en esos ojos castaños y el tono de esa voz que le gritaba con tanta pasión, y que viéndola de cerca se había dado cuenta, era todo lo opuesto a la a la mirada azul pálida enmarcada de una rubia melena de su Emilie.
Un ángel de ojos castaños –pensó en ese momento.
Era domingo, como todos los domingos siguientes en los que patéticamente fue a la playa solo esperando verla de nuevo y en los que, por precaución, solo llevaba su cámara con él, postergando para otro momento sus paseos con Max.
Un recaudo ridículo, ya que nunca más se le había acercado de nuevo lo suficiente como para que ella se percatara de su existencia, y tuvieron que pasar varias semanas para que descubriera que ella y Angela Weber, la estirada secretaria personal de Esme Platts, vicepresidenta de McCarty`s eran la misma persona.
Es que la muchacha que él solía observar por horas a través del lente de su cámara y fotografiar como un obseso en la playa no se parecía en nada a la altiva ejecutiva de mirada despectiva, tacones de infarto y faldas lápiz -que si supiera algo de moda femenina juraría eran hechas a medida- que soltaba comentarios mordaces sobre todos los que trabajaban en la oficina y mantenía esas conversaciones tan superficiales con Jessica Stanley, una rubia oxigenada que también era asistente personal. Cuando estaban juntas se comportaban como chiquillas del instituto, solo hablaban de moda y de chicos calientes como si en ello nada más consistiera la vida.
Ben no se tragaba esa imagen de chica superior que incluso miraba a sus jefes con cierto desprecio, no señor, para él la Ángela real era esa otra muchacha que veía en la playa cada domingo, una muchacha impetuosa y atormentada, que últimamente parecía debatirse entre la rabia y la tristeza y ya no corría, solo se sentaba por horas con una enorme carpeta entre las piernas, o se la pasaba arrojando piedras a lo lejos con tanta fuerza que a veces temía se dañara su delicado brazo.
Después de poco más de dos años estaba seguro de que la quería.
Había logrado dejar de ser tan cobarde y comenzó a entablar pequeñas conversaciones con ella en los momentos en que coincidían en algunos de sus trabajos de oficina tratando de conocerla un poco más, al punto de que con el tiempo ella ya registraba su existencia y le dedicaba pequeñas sonrisas cuando lo descubría mirándola en los pasillos.
Incluso habían salido unas cuantas veces, es decir, no habían sido citas ni de cerca, pero sí habían sido buenos momentos, momentos en los que a decir verdad, el solo la acompañó de camino a casa después de encontrarla sola en el bar donde los de la empresa solían juntarse habitualmente. Momentos en los que llegó a pensar que tal vez Angela no era tan indiferente a él como se mostraba, y en los que por algunos instantes llegaba a reconocer a esa muchacha que solía observar en la playa.
Tal vez tenía que ver con que en esas ocasiones ni Jessica ni ninguna otra persona del entorno del trabajo estaba alrededor y podían ser ellos mismos. Lo cual hacia que no le molestara en lo absoluto ir en manada al bar después del trabajo si eso significaba la posibilidad de que Jessica se fuera con un buen partido dejándola a ella plantada y el tuviera que ofrecerle el "favor" de acompañarla a casa.
Después de todo estaban en el mismo vecindario y amaba que ella prefiriera caminar.
Tampoco le importaba demasiado seguirla en su juego de chica superficial y regalarle de vez en cuando alguna cosa de esas caras y brillantes que a las chicas como ella le gustaban: pendientes, brazaletes, algún reloj bonito y caro, pases Vip para un día de Spa. Cosas que alguien en su posición conseguía todo el tiempo como obsequios o promociones de sus contactos empresariales y no le costaban mucho, nada en realidad, pero ella no tenia por qué saberlo.
Le bastaba con verla contenta y que ella lo mirara verdaderamente por unos segundos, hasta que en el momento más inesperado su mirada nuevamente se apagaba y la chica superficial volvía a aparecer, y entonces lo apartaba completamente, ignorándolo por semanas. Entonces solo le quedaba soportar en silencio las flores en su escritorio cuando iba a ver a Esme a la oficina por algún encargo de Emmeth, o los chillidos de Jessica en el comedor de empleados cuando Ángela susurraba cosas sonrojada y él sabía que le estaba contando los detalles de su última conquista.
Era en esos momentos cuando pensaba que tal vez la muchacha que creía ver en la playa no existía, y la ejecutiva altanera de la oficina jamás lo elegiría a él.
…..
-oh por Dios, siquiera estas considerando ir esa ridícula fiesta!
Ángela guardo rápidamente el sobre con la ridícula invitación en su cajón del escritorio y le frunció el ceño a la entrometida de Jessica antes responder con su habitual discurso de perra superficial.
-no, ¿Por qué? ya se, no tienes cita para ese día y estas necesitándome de perra de compañía para no ir sola a juntarte con todos esos perdedores...
El ceño de Jessica se frunció por un instante en desconcierto para luego estallar en una de sus típicas carcajadas chillonas y responder con voz de estupida…
-¡woa tu si que sabes responder como una perra! ¡Hasta dudé por un segundo y pensé que me lo decías enserio!
Angela no pudo reprimir una mueca mientras trataba de alejar de su cabeza la pregunta que solía hacerse cada vez más a menudo.
¿Por qué demonios seguía dejando que Jessica pensara que eran mejores amigas?
Había sido un movimiento necesario para subir en la escala social de los empleados cuando comenzó a trabajar en la empresa, ya que a pesar de todo, la rubia superficial era eficiente y popular y ella era una desconocida que necesitaba amigos, pero ahora no tenía sentido. Se percató de la pila de carpetas en el brazo de la rubia demasiado maquillada riendo frente a ella y las señalo.
-¿Qué traes?
-oh, los archivos que tu jefa le pidió a mi jefa hoy temprano…
-esta bien, déjamelos que ya se los llevo yo. Esme está en videoconferencia con… alguien ahora, me imagino que Bella no querrá extrañar a su secretaria estrella por mucho tiempo.
No la quería ahí, no tenia ganas de oir su habitual parte de novedades del chismorreo de pasillo, ya que tenia demasiado en qué pensar. La última conversación con Ben por ejemplo…
- no se… la verdad es que hoy podría esperarla hasta que termine y dárselos en persona. Y no importaría que fuera por toda la mañana…-se quejó la rubia, sentándose en la esquina del escritorio y alisando arrugas inexistentes en su falda demasiado corta.
-¿tan mala esta la cosa por alla, eh?
-estamos hablando de Rarella, ya sabes… además de todo el trabajo que hay me llenó de asuntos de esa estupida fiesta… ¿puedes creer que la razón por la que hoy está que trina por que el buenorro de su novio le envió otro regalo de san Valentín? "aviso del día 6" o lo que sea… ¡Dios ¿quien entiende a esa mujer? Todas las chicas están babeando y diciendo lo dulce y romántico que es dedicándole todas esas atenciones durante casi toda la semana y ella… aggg ¡juro que iría a la maldita fiesta solo para tener mis cinco minutos de oportunidad con Edward Masen y mostrarle lo que se pierde por elegir a una idiota como ella en vez de a mí…¡es tan injusto! Después de tantos años ella llega y se queda con todo…
-entonces tu sí que estas considerando ir a la fiesta…-Ángela sonrió con cinismo, interrumpiendo el clásico discurso de despecho, la había escuchado l dos años hablar despectivamente sobre ese asunto y este año tampoco iba a ser la excepción. Que ella llegó antes que Bella, que seguro se habia acostado con Emmeth para conseguir tan rapido el ascenso de asistenta de presidencia a jefa de recursos humanos de la empresa. No iba a decirle que tal vez si no hubiera intentado meterse en los pantalones de Emmett cuando se hizo cargo de la empresa y ella era una de las asistentes de presidencia lo habría obtenido, o que eso tampoco tuvo algo que ver con todos los cambios que hubo en la directiva después, incluida la llegada de Ben.
-no, es estupido. Digo ¿Quién hace una fiesta así? Tienes que estar realmente loca para organizarla y ser un completo perdedor para ir…
-bueno, tiene buenos comentarios, las anteriores han sido divertidas, incluso Ben me ha dicho que…
-¿Ben? ¿El fenómeno que me quitó el puesto de asistente? Claro, si él debe ser un miembro oficial de ese club de perdedores… espera, ¿estas viéndote con el?
-nooo, Jess! Nunca me he visto con el, solo conversamos, de vez en cuando, ya sabes charla amistosa de pasillo…
-oh vamos, no me vengas con eso… ni tú ni yo tenemos charlas amistosas de pasillo, eso es para idiotas como él, o como Rarella ,sabes que estoy muy al tanto del chismorreo y ya han habido rumores sobre ustedes antes, incluso que te has ido a casa con el varias veces y nunca hablaste de ello conmigo. ¿Qué pasa? ¿Es porque te avergüenza admitirle a tu mejor amiga que tienes algo con ese fenómeno?
-no tengo nada que admitir porque no tengo nada con el Jess, yo no salgo con chicos como el, no es lo que busco.
-bueno, que alivio mujer, me alegra que no hayas perdido la perspectiva, ya comenzaba a preocuparme cambias un bombón como el que saliste la semana pasada por un tipo como Ben…
Angela respiro con cierto alivio a su pesar, lo que menos necesitaba era a Jessica desparramando un chisme sobre ella y Ben en este momento. Sonrió con malicia al entender de a quién se refería.
- ¿estas hablando de Chris?
- si, no se, ¿a ese abogado? El rubio que te llevó al Terrazo, el del Alas de gaviota…- Jessica se mordió la uña del pulgar y Angela alzó una ceja, ya estaba claro…-¿lo volverás a ver?
-No. -Sonrió, satisfecha, y dándose esos aires de superada que tan bien sabía actuar, soltó con desdén-: Sabes que no repito citas. No quiero una relación. No estoy para eso ahora. ¿Por qué? ¿Te interesa? Te puedo dar su número si quieres salir con él, ya sabes… es realmente bueno en la cama- se inclinó para tomar el Blackberry del bolso y Jessica se paró de nuevo, casi saltando del escritorio.
-¡No! ¡Por supuesto que no amiga! ¿Cómo crees? yo no como las sobras de nadie. –soltó con orgullo.
-claro, como quieras- dijo reprimiendo una sonrisa. Jessica olvidaba con facilidad lo lengua suelta que se ponía con un par de Cosmopolitans de más, a veces pensaba en qué pensaría el resto de los "perdedores" si supieran que la engreída secretaria de la jefa de recursos humanos moría por el conserje del edificio en que vivía…un tipo casado, con barriga cervecera y sin escrúpulos que se la había follado en el cuarto de servicio algunas veces, sin compromiso, claro.…
-… tú y yo estamos mas allá de relaciones cursis con perdedores, aunque un bombón como Edward Masen haciéndome regalos cursis todos los días tal vez me haría cambiar de opinión.-suspiro Jessica parloteando sin parar.
-Eres tan patética Stanley- Bufo ahora con no tan falsa exasperación, mientras pensaba que Ben seguramente le haría mas regalos como esos si ella no fuera tan bipolar, o si no le importara tanto que la vieran paseando en pleno día con alguien con su cara marcada con una cicatriz…
-admito que él es mi única excepción… -dijo soltando una risita tonta- pero al menos no soy amiga de fenómenos de circo. ¡Estas perdiendo el toque Ángela Weber!.…
Jessica levanto el dedo de modo acusador y se volteo hacia la salida mientras ella negaba con una sonrisa en los labios.- por cierto, hoy es viernes, ¿que harás esta noche? Vas a encerrarte a ver tus patéticas caricaturas o nos vemos con toda la manada de perdedores en el Hoveviller?
-mmm… me da igual, no hay mucho que elegir entre ver patéticas caricaturas y estar con patética Stanley un viernes de noche.
Estalló en una carcajada cuando Jessica le sacó el dedo antes de desaparecer en el pasillo.
Gracias por leer!
y Gracias a Betzacosta por motivarme a escribir esta historia. El resultado final es increible.
