Capítulo beteado por Carlie Stoessel, Betas FFAD.

groups/betasffaddiction/

Declaimer: "Los personajes son de nuestra gran inspiracion Stephanie Meyer, la historia es totalmente mía, se prohibe su publicación sin mi autorizacion"


CAPÍTULO 2

Sentado al final en la barra del bar, con un vaso de whisky entre las manos, mirando el ambiente de su alrededor, viendo como todos aquellos hombres se perdían entre el mar del alcohol, chicas que buscan aventuras, y atrayendo a cualquiera de esos mal olientes que pagarían por tenerlas aunque sea una noche, bailaban como si fuesen lo más sensual y bello que ahí hubiera; mientras tanto él, pensando en su más absoluta soledad desde hace 2 largos y dolorosos años sin ellos...

2 años remolinados en recuerdos...

2 años que aunque a pesar de su apariencia, sufre en el silencio...

2 años sin sentir el órgano que le corresponde latir al lado derecho de su pecho...

Y de nuevo vació el recipiente lleno del líquido que entraba como llamaradas de fuego a través de su garganta; a pesar de su familia, a pesar de sus amigos y el apoyo incondicional, no dejaba que su dolor fluyera, no quería seguir preocupándolos a todos.

No, no, ya no quería seguir pensando en su partida, no deseaba vivir en su miseria, sino lograba sacar adelante su rancho, ¿qué le quedaría? No quería seguir lastimando a su familia. Ya no más...

Necesitaba pensar con claridad, y era obvio que en ese lugar no lo conseguiría, se apresuró a pedir un trago más al cantinero Tayler, pagándole 10 dólares, y sorbió el líquido una vez más, dejando el vaso y saliendo de aquel oscuro lugar.

Llegó a su rancho, en la entrada estaba su padre y mirándolo con una pena profunda, sólo atinó a palmearle el hombro a su hijo, él sabía que Edward seguía sufriendo, pero prefería callar para no incomodarlo, él al igual que su esposa Esme, había llegado a un acuerdo junto a la hermana de Edward, y ese era no preguntar acerca de como se sentía después del tiempo transcurrido.

— Buenas noches padre —dijo en voz baja.

—Buenas noches hijo mío, estaba por entrar a dormir —contestó Carlisle apuntando en dirección a la casa.

—Si, yo también iré a descansar que mañana temprano, —alzó la mano derecha viendo su reloj de muñeca— mejor dicho al rato —murmuró al ver que ya pasaba la medianoche en que estaba regresando a casa—, iré a dar una vuelta al lago, quiero nadar un rato, para después ir por el alimento de los caballos y demás animales al pueblo.

—Está bien Edward, descansa —dijo su papá, dirigiéndose a la puerta de la casa grande.

Mientras lo veía alejarse a su cabaña, en silencio pidió a Dios paz al corazón, casi ausente de su muchacho, sabía que por mucho que lo disimulara, no lograba superar su pérdida; y no era para menos, el mayor de sus hijos había pasado la más grande de las tragedias que un hombre puede soportar.
Y ahí estaba, sobreviviendo cada día, como se lo había prometido a ella...
Sabía que debía estarse asfixiando por su ausencia, y no le quedaba otro remedio que continuar andando por la vida, aunque su andar fuera como el de un fantasma.

Su familia también lloraba por la muerte de la que fue el gran amor de Edward, y desde el día de su fallecimiento, no volvieron a verlo sonreír sinceramente, sabían que él se esforzaba, luchaba contra dejarse vencer y no caer en las sombras de la depresión.

Alice, su hermana había intentado distraerlo, pidiéndole viajar al extranjero, cambiar de aires, sin embargo él se negaba.

Se negaba a abandonar el lugar que había construido para ella, esa cabaña que siempre soñó para ambos.

Y ella ya no estaba...

Su adorada Lauren.
Era la clase de chica con quien anhelaba pasar el resto de sus días en la tierra de sus abuelos, ese rancho que desde niño amó. Y que hasta sus 26 años ama y seguramente amará.

Al entrar a su cabaña, se quitó las botas, la camiseta y los vaqueros que traía, se fue a la ducha para refrescarse, ya listo, enredó una toalla a la cadera y se dispuso a dormir.

Sólo había dormitado por intervalos de tiempo, despertaba teniendo recuerdos de ellos juntos, cuando caminaban por el campo e iban al lago por las tardes; ya eran las 5:30 am, decidió levantarse y no seguir, inútilmente, intentando conciliar el sueño, agarró su vestimenta diaria que, constaba de sus vaqueros de un azul desgastado, sus botas, su camisa a cuadros y su sombrero -como todo buen ranchero- miró hacia la ventana y vio como el amanecer despuntaba en el horizonte, traspasando las pequeñas nubes que poblaban el cielo.

Montado en su yegua se dirigió hacia el lago, caminando lentamente y admirando los pastizales. Subiendo a la colina logró ver aquella hacienda a la que jamás se había acercado, le llamaba la atención ya que ni una sola vez había visto al viejo Joseph Swan, decían que era una persona de mal carácter, su padre pocas veces había cruzado palabras con él y casi nunca se le veía por el pueblo, ya que desde que su esposa Vivian había fallecido, hace mas de 10 años, era casi ermitaño, y más ahora que se sabía que su nieta estaba viviendo con él -otra cosa extraña, ya que tampoco se ha topado con ella- y era quien estaba a cargo de los asuntos de aquella propiedad.

Siguiendo su recorrido, se fijó que en el camino, habían huellas de otro caballo, lo que le llamó la atención y apresuró su paso, le daba cierta curiosidad por saber a quien se podría topar. Llegó a la altura de un grueso árbol y se bajó de la yegua para atarla al tronco y que no caminara hacia la maleza, como a 20 metros a su derecha vislumbró un hermoso caballo negro como la noche, andaba arrancando un poco de hierba y la comía.

Y de repente al mirar a la laguna... Se paralizó.

No podía creer lo que veía...

Era como una visión que no creyó imaginar y mucho menos presenciar.

Nadaba como una sirena y se sentó sobre las rocas.

Agarraba el agua con las manos juntas y se la tiraba a la cara muy suavemente...

Pudo apreciar que tenía el cabello color caoba, a pesar de la humedad de éste, y en el momento que ella se levantó sobre la piedra se dio cuenta que estaba totalmente desnuda; se fijó en un punto en la espalda baja, era una mezcla de colores pero no alcanzo a distinguir la figura...

Cuando de pronto el caballo negro -supuso que de ella- dio un relincho muy fuerte y del susto se dio un paso para retroceder, pero ya era tarde.

Ella lo acaba de descubrir...


N/A: Y bien chicas aqui les dejo el 2do. Capitulo de mi historia,va dedicado a una persona que amo con todo mi corazon, a mis hermanas por su apoyo y a las demas nenas que me dejaron sus comentarios.

Deseo que le haya sido de su agrado y espero sus criticas!

Besitos.