N/A: Bueno, hola, lamento no haber actualizado en un tiempo pero aquí está el segundo capítulo. Es largo y espero que cumpla con las expectativas.

Ningún personaje me pertenece y bla bla bla.

En mi biografía esta la lista de reproducción, esta parte comienza con Serenade de Franks Schubert, van a tener que saltarse las primeras 6 canciones que pertenecen al capítulo anterior.

¡Feliz lectura!

V

Hay un lugar en lo profundo del bosque, cerca de una gruta situada a los pies de una bonita hondada, en el que puede contemplarse un solitario árbol, el cual, envejecido por el tiempo sirve como sombra para el cansado viajero; al menos para aquellos viajeros que valientemente se aventuran a atravesar dicho bosque y todos los misterios que éste alberga.

Cuando era niño, a él le encantaba ir y sentarse bajo ese árbol, desde allí se lograba entrever el castillo real y su propio castillo cubierto de maleza; por las noches ambos parecían brillar con luz propia, no las múltiples velas o antorchas, sino como la misma magia. Ahora simplemente atesoraba cada momento que pasó allí.

Su castillo tenía varias torres, pero había una en específico desde donde se alcanzaba a ver con claridad ese árbol. A él le gustaba ir a esa parte del castillo y pensar, imaginarse sentado bajo la sombra del árbol, ver pasar el tiempo como reflejo en las nubes.

Hoy sólo podía ver la tormenta azotar el bosque, romper las copas de los árboles y el río fluir con mayor fuerza. Ni siquiera las lejanas luces de la aldea lograban verse.

Se alejó de la ventana y salió de la habitación.

El pasillo frente a él se abría lúgubre con sólo unas cuantas antorchas alejando las sombras. Él recordaba temerle a esos pasillos cuando niño, por lo general solía agarrarse a las faldas de su madre hasta que su padre le dijo que un Malfoy no tenía miedo, que fuera fuerte y dejara de lloriquear, que la oscuridad había sido parte de su familia desde hacía generaciones por lo que era absurdo tenerle miedo a las sombras.

Él no comprendió las palabras de su padre hasta una edad ya mayor, cuando los sueños de la infancia se desvanecieron y las preguntas fueron contestadas.

Draco giró por el pasillo, llegó a las escaleras y comenzó a descenderlas.

Afuera, el rugido de la tormenta amainaba sólo un poco para luego regresar con mayor fuerza. Se detuvo a mitad del camino preguntándose si Severus habría llegado bien al castillo de los reyes. Conociéndolo, lo más seguro era que sí. Junto a él, un tapiz con un intricado diseño floral (los favoritos de su madre), se abrió dejándole ver otro pasillo poco iluminado. Entró, devolviendo el tapiz a su estado normal, siguió caminando. El pasillo daba vueltas y giros, llevándolo más profundo dentro del castillo; era uno de los pasadizos que había descubierto unos años atrás, cuando le había perdido el miedo a las sombras.

Se detuvo frente a otro tapiz, este tenía la imagen de un unicornio atrapado dentro de una cerca; él no sabía por qué lo habían puesto ahí pero no se detuvo a pensarlo más de un minuto, quizá sus ancestros lo encontraban gracioso. Movió el tapiz dejando ver otra entrada, o salida dependiendo la perspectiva.

La habitación a la que entro tenía un amplio comedor de madera, varios espejos colgados y justo en medio, un gran candelabro con pequeñas velas en él, las cuales, al igual que las demás habitaciones del castillo, sólo pocas estaban encendidas, respetando una iluminación baja, apta para no lastimar sus ojos.

Empezó a caminar a la puerta en uno de los extremos de la habitación, entró en otro pasillo poco iluminado que se extendía a izquierda y derecha; tomó el de la izquierda.

Llegó ante otra puerta, la abrió y entro en una habitación pequeña, un fuego se encendió en la chimenea al cerrarse la puerta. Fue y se sentó en el sofá de dos plazas, chasqueó los dedos cuando se hubo acomodado.

Hubo un pequeño pop y frente a él se apareció una extraña criatura de orejas largas y caídas y grandes ojos saltones; sí él hubiera estado parado, la criatura apenas y habría llegado al inicio de su cintura.

—¿El amo llamó a Pipsy? — preguntó la criatura con una pequeña reverencia.

—Sí Pipsy, trae mi cena a esta habitación — la criatura había empezado a inclinarse otra vez en despedida pero las siguientes palabras del joven la sorprendieron. — Y quiero que en los siguientes días tú y los demás elfos limpien el castillo, no quiero ver ni una sola mota de polvo. Puedes irte.

—¿El amo espera visitas importantes? — preguntó con cautela y la mirada baja, esperó un regaño por su impertinencia.

No llegó nada, en cambio el joven frente a ella se había levantado y dirigido al único escritorio que había en la habitación. Sacó de esté pergamino, pluma y tintero y comenzó a escribir. Cuando Pipsy estaba por irse creyendo que su pregunta no sería contestada el joven habló sin apartar la mirada de lo que escribía.

—Si todo sale bien, quizá los siguientes días tendremos la visita de alguien importante.

—¿El mismo joven que entró al castillo la última vez, amo?

—Sí, Pipsy, esperemos que sí.

La pequeña elfa no quiso probar su suerte al hacer más preguntas, se inclinó en reverencia incluso si el joven amo no le estaba prestando atención y se esfumo con otro pop.

El rasgar de la pluma contra el pergamino fue el único sonido dentro de la habitación después de que la criatura se fuera.

VI

—¿Cómo podemos estar seguros que no desobedecerá nuestra orden y saldrá corriendo al bosque?

—Él no es así

—Y sin embargo perdió a los guardias y no regresó hasta horas después—

—Dijo que Hedwig tenía sed y estaba cansada—

Godric Gryffindor suspiró, a veces la naturaleza honesta de su esposa la hacía bastante ingenua. Alzó la mirada hacia su mujer, la vio sentada con las manos en su regazo, tan recta como si estuviera frente a un león. Sonrió un poco a ese pensamiento, muchas personas realmente llegaban a compararlo a él con un león, quizá fuera porque el escudo de su familia era ese o quizá por su naturaleza intrépida, él no estaba seguro. Había solo una cosa de la que estaba seguro en ese momento; se sentía haber envejecido un par de años en tan solo unos días. ¿La razón? Su hijo Harry.

Ambos, Helga y él, estaban preocupados e inciertos sobre el futuro, habían esperado años por su niño que pensar en que éste les sería arrebatado los hacia estremecer. Volvió la mirada a su esposa. Seguía tan erguida como cuando había entrado y sentado frente a él; dispuesta a discutir sus planes para Harry.

Habría un baile en un par de semanas, y él estaba seguro que sería la ocasión perfecta para presentarle a Harry a su futura esposa, sin embargo el tema del castillo en el bosque lo tenía inquieto. Él, a diferencia de Helga, no se había creído la historia de su hijo, sin embargo no tenía pruebas de que éste hubiera visto al dragón. Eso era lo que más inquieto lo tenía.

¿Harry habría visto al dragón?

La afable voz de su esposa lo sacó de sus pensamientos.

—¿Godric, realmente vas a prohibirle a Harry algo?

El susodicho volvió a suspirar.

—Aunque dijera que no, ya se lo he dejado claro a él, — evito los ojos de Helga mientras continuaba. — Pero sé que no nos hará caso, así que asignaré a un guardia para que lo siga todo el tiempo.

—Godric, mírame. — los acaramelados ojos de su esposa le devolvieron la mirada. — Creo que estás cometiendo un error al hacerle eso a Harry, se supone que debemos mostrarle más confianza y dejar que él haga sus propias elecciones si queremos que sea el rey. No me opondré a tu decisión, por ahora. Pero si mi hijo sale lastimado por la misma, la primer persona a la que tendrás que rendirle cuentas será a mí.

Dicho y hecho, se levantó de su asiento elegantemente, le dirigió una inclinación de cabeza y salió de la habitación.

Sus ojos siguieron su silueta todo momento.

Cuando la figura de su esposa desapareció, tomo una pequeña campanilla que tenía en su escritorio y la agitó, e inmediatamente un guardia entró.

—Haz que uno de los criados traiga a mi hijo, quiero hablar con él.

Godric realmente esperaba estar tomando las decisiones correctas.

VII

Blaise Zabini era el nuevo guardia personal del príncipe.

No, espera, guardia personal sonaba muy vago.

Blaise Zabini era la nueva niñera personal del príncipe.

Mucho mejor.

El susodicho frunció el ceño frente al espejo. Hasta hace dos días, Blaise había estado contento con ser un simple guardia del palacio: sin cargos especiales, sin preguntas indiscretas, un perfil bajo; sólo seguir órdenes y proteger a la sangre real. A sus 17 años él había estado feliz de permanecer así, pero dos días atrás el comandante de su escuadra lo había mandado a llamar para un encargo especial.

Encargo especial su culo, pensó Blaise.

El comandante le había dicho que el rey estaba buscando un guardia que fuera discreto y adaptable, sin haber sido visto por toda la familia real y que supiera manejarse frente a las situaciones de peligro. Eso último lo había desconcertado pero el comandante no había dado más explicaciones, simplemente le dijo que él era perfecto para el trabajo, que lo había visto desenvolverse un par de meses atrás en la excursión al castillo Ravenclaw.

Después de eso, Sirius Black, su comandante, le había sonreído y pasado a explicar en qué consistiría su trabajo.

Y allí estaba, dos días después frente al espejo intentando decidir qué ropa usar para su primer día como la niñera del príncipe, aunque éste no debía saber que Blaise era su niñera. Lo cual lo confundía aún más. ¿Por qué el príncipe necesitaba ser cuidado sin saber que él estaba allí?

Blaise nunca había conocido al príncipe, a pesar de que tenían la misma edad. La única vez que lo vio había sido de lejos y correteando tras un gran perro negro. Le había parecido tonto, mimado y estúpido. Quizá todo fuera cierto; Blaise planeaba averiguarlo, así como también el porqué de su trabajo.

Tenía una ligera sospecha, si es que los rumores que corrían entre la guardia real y los criados eran ciertos, y el príncipe tenía prohibido acercarse al bosque desde la última vez que estuvo allí.

Blaise suspiro condenando el día en que su padre le dijo que se volviera guardia, era un honor, eso seguro, pero no quería ser la niñera de nadie, mucho menos del principito mimado y engreído. Suficiente de eso tenía con su mejor amigo. Dos iban a ser su muerte.

Él ya se imaginaba todas las canas que su preciosa cabellera tendría, arruinarían su imagen gallarda. Porque, sin presumir pero Blaise era bastante apuesto. Con su piel achocolatada y cabellera pelinegra, sus ojos oscuros de mirada profunda, mandíbula cuadrada, y su metro noventa, él era muy guapo.

Se decidió por usar ropa negra, era cómoda y podría esconderse entre las sombras perfectamente y sin complicaciones, después de todo, él no creía que el príncipe fuera a salir del castillo con la tormenta que azotaba fuera.

Solamente alguien bastante estúpido lo haría y el príncipe podría ser todo lo que quisiera, sí, era bastante estúpido si la escena con el perro decía algo, pero Blaise no creía que lo suficiente como para arriesgarse de esa manera.

El moreno terminó de cambiarse y se dirigió a la puerta de su habitación.

Bien podría terminar con su tortura más pronto que tarde.

VIII

Toc Toc Toc

Un suave golpeteo de nudillos lo despertó de su sueño, se estiró cual gato en su cama y miro hacia la ventana con somnolencia. Las pesadas cortinas le impedían ver hacia afuera pero algunos resquicios dejaban entrever una mañana nublada y un baile de ramas y viento. Parecía que sería otra de esas mañanas tormentosas, como desde hacía dos semanas se veían. Otro golpeteo de nudillos le hizo girar la cabeza hacia la puerta de madera.

—Adelante — dijo con la voz un poco ronca, la aclaro mientras se sentaba y alzaba su mano a la derecha buscando a tientas sus gafas; se las puso y vio la silueta de una criada acercarse a su cama.

—Buenos días, joven príncipe — susurró la criada con una reverencia. —El rey solicitan su presencia en su estudio.

—Diles que bajaré en unos minutos, por favor — la joven se inclinó. — ¿Está Henry afuera?

—Sí, le está esperando, joven príncipe.

—Bien —Harry se levantó de la cama. — Dile que puede pasar

La joven hizo una reverencia y salió de la habitación; dos minutos después un hombre adulto, de cabellera castaña, ojos chocolate y complexión media entró. Se dirigió inmediatamente hacia la ventana y corrió las cortinas dejando entrar la pálida luz de un día nublado.

Después de haberse levantado, Harry se había dirigido al baño y luego de haber hecho sus necesidades matutinas lavó su rostro con el agua que había en un pequeño cuenco de porcelana viendo su reflejo en el espejo frente a él; tenía bolsas bajo los ojos y la mejilla izquierda parecía un poco roja con pequeñas marcas en ella, 'seguramente producto de tantas horas en cama' pensó, fuera de eso, consideraba que su reflejo era el mismo de siempre. Salió de la habitación para ver a su ayuda de cámara empezar a tender su cama.

—Buen día, Henry.

—Buen día, joven príncipe.

Harry dejó al hombre terminar su tarea y entro en su camerino. La habitación contenía todo el guardarropa que alguien podría desear, desde túnicas formales hasta trajes de baño y joyería (chucherías como le gustaba pensar a Harry).

Ese día no necesitaría nada tan formal pero como príncipe debía verse bien siempre, sin embargo, hoy especialmente Harry no debía verse como príncipe, para nada. Iba a ir al mercado negro de la ciudad y quién sabe qué tipo de personas o criaturas podría encontrarse allí, así que lo mejor sería utilizar ropas oscuras y sin adornos extravagantes, sin adornos en absoluto sería lo mejor pero él no sabía sin tenía algún tipo de ropa así. Cada cierto tiempo, la mejor modista del pueblo asistía al palacio para vestir a la familia real, pero en cada ocasión Harry siempre se escabullía y su madre era quien terminaba escogiendo su ropa.

Harry frunció el ceño, le habría venido bien no haberse saltado al menos una de esas reuniones. Resignado y maldiciéndose a sí mismo se internó entre el guardarropa, quizá la suerte estaría de su parte y podría encontrar algo.

Cuando Henry entró en el camerino del príncipe para ayudarlo a estar listo, se encontró con una vista un tanto divertida; a mitad de la habitación estaba Harry, a sus pies se encontraban diversas prendas de vestir mientras él intentaba, infructuosamente, colocarse un chaleco oscuro encima de la camisa que ya vestía. Henry dejó escapar una risa que intento ocultar bajo la apariencia de tos cuando una furiosa mirada verde esmeralda se posó en él.

—¡Henry, este maldito chaleco no entra! — gruñó Harry arrojando la prenda a sus pies y patearla con el pie derecho. Se giró nuevamente hacia el guardarropa; barrió con la mirada todo el lugar intentando que mágicamente apareciese algo.

Henry se deshizo de su diversión y se acercó al pelinegro.

—¿Qué le gustaría usar esta mañana, joven príncipe? — el susodicho lo miró.

—Necesito ropa oscura, pero nada ostentoso, ¿tengo algo así? — Harry miró a Henry internarse en el lio que él había creado con la ropa. Se sonrojó ligeramente, debería ayudar a arreglarlo después de encontrar lo que buscaba.

Henry no sabía por qué el príncipe de repente se preocupaba por el tipo de ropa, encontró un par de pantalones oscuros al fondo del armario y también una camisa gris, casi negro, por alguna razón descartó los chalecos y se limitó a buscar una capa. La halló casi hasta el fondo, era verde oscuros y de esas capas ligeras pero gruesas que conservaban el calor corporal, incluso sí solo se ajustaban sobre los hombros y se abrochaban por el cuello con algún alfiler o hebilla. Salió y se las presentó al príncipe quien le dedicó una sonrisa brillante al verlo.

Henry dejó que el príncipe se vistiera solo y él empezó a doblar y colgar la ropa que estaba en el suelo. Cuando vio que el joven estaba completamente vestido, busco unas botas gruesas y se las dio a probar.

Sí alguien lo viera, diría que él no era el príncipe, parecía un forastero o incluso un pueblerino. Henry sonrió. El príncipe planeaba algo.

—Su padre quería verlo cuando estuviera listo, su alteza —le recordó Henry, suavemente.

Harry se congelo en medio de ponerse la capa cuando escuchó al otro hombre; miró a Henry doblar unas camisas y guardarlas en un cajón, caviló. Sí su padre necesitaba verlo en ese preciso momento y lo veía entrar pareciendo de la "servidumbre" lo cuestionaría inmediatamente sobre sus planes para el día, lo cual lo llevaría a mentir de nuevo. Todo indicaba que las últimas dos semanas se la había pasado mintiendo más que en toda su vida, desde que había visto a ese dragón y se había internado en una ardua investigación sobre ello. De hecho, ese día por eso debía ir al mercado negro, para continuar su investigación y porque Snape, aunque no le había dicho directamente en la charla (corta) que tuvieron, había dejado en claro, en primera que no cometería traición directa contra el rey al darle información al príncipe sin saber sus motivos y en segunda que en caso de cometer traición no lo haría incluso porque él era el maldito príncipe, sin embargo sí dijo que posiblemente encontraría respuestas en las zonas bajas de la ciudad si era lo suficientemente inteligente haciendo las preguntas correctas.

—¿Joven Harry? — la voz de Henry lo sacó de sus pensamientos.

—Creo que mejor voy a usar otra capa hoy, Henry, por favor— dijo Harry dejando la capa que casi se había puesto en una pequeña mesa que había junto a él. Su ayuda de cámara le sonrió y asintió con la cabeza antes de buscar otra capa. Dos minutos después los hombros de Harry habían sido cubiertos con una bella capa plateada con bordes dorados mientras la capa oscura se encontraba escondida en su espalda baja. Harry agradeció a Henry con una inclinación de cabeza y otra sonrisa y salió.

Henry no mencionó nada sobre la falta de la otra capa, se dedicó a ver la salida del príncipe.

Al salir, Harry cruzó la pequeña sala de sus cuartos y pasó por la puerta hacia el pasillo; descendió por éste pasando de largo cuadros y pinturas de la familia hasta unas grandes escaleras, bajo por estas hasta otro pasillo, junto a él había unas puertas que sabía llevaban al comedor, donde supuso que su madre ya se encontraba pero a la izquierda otro pasillo llevaba al estudio de su padre, se dirigió allí.

Harry se paró frente a la puerta de madera que cortaba su paso al estudio de su padre; colocó una mano en la puerta y varios recuerdos cruzaron su mente; días en los que su padre lo había llevado allí para leerle historias cuando era más pequeño, y cuando hubo crecido, días en los que le había introducido a los asuntos del reino, preparándolo para el día en que él se convertiría en rey. Exhalando empujó la pesada puerta y entró a la habitación.

Ésta era rectangular y no muy pequeña, a su derecha había una pequeña escalera que llevaba a una especie de plataforma que rodeaba la habitación donde muchos libros se encontraban colocados, mientras que a la izquierda había un gran sofá frente a una pequeña chimenea; el fuego crepitaba en ésta calentando la habitación.

Harry vio a su padre sentado en el gran escritorio justo frente a la puerta, una gran ventana cubierta por pesadas cortinas rojo escarlata se hallaba a las espaldas del hombre, donde se lograba ver uno de los jardines de su madre, ahora danzando al ritmo de una tormenta. Harry se apresuró a sentarse en una de las dos sillas frente al escritorio. Su padre sólo lo había mirado en el momento que entró y había regresado al pergamino que sostenía en las manos. El rasgar de su pluma y el crepitar del fuego eran los únicos sonidos de la habitación; Harry sabía muy bien que no debía interrumpir a su padre mientras atendía asuntos del reino, se dedicó a mirar por la ventana mientras tanto.

Pensó en darle una visita a Hermione esa tarde, ya había hablado con ella sobre el castillo en el bosque y el dragón, y le había dicho que pensaba ir otra vez sólo para asegurarse de que no había alucinado nada de eso, por alguna extraña razón, era como si algo lo empujara a ir de nuevo, aunque eso último no se lo dijo a Hermione porque sabía lo que le hubiera dicho, que estaba loco arriesgándose de esa forma sólo porque algo dentro de él le decía que fuera. Ya podía escucharla también diciendo que lo mejor sería investigar más en la biblioteca y quizá visitar a Luna si ese "llamado" perduraba.

—Harry, hijo mío— la voz de su padre lo sacó de sus pensamientos, hasta ese punto se la había pasado de esa forma; Harry suspiró mentalmente, ese día sería muy largo ¡y sólo había empezado! Dirigió su mirada a su padre mientras se erguía en la silla. — ¿Cómo has amanecido hoy?

—Bien, padre. Gracias.

—Me alegra, me alegra. Imagino que te dirigías a desayunar, ¿me equivoco?

—No

—Muy bien, entonces no te detendré mucho tiempo. Únicamente quería decirte que en dos semanas se celebrara un baile…

—Sí, madre me había comentado algo hace unos días y…—interrumpió Harry.

—…en honor de tu matrimonio.

—¡¿QUÉ?! — Harry saltó de su asiento y se empezó a pasear por la sala — ¡¿A QUÉ TE REFIERES CON ESO?! ¡¿POR QUÉ?!

—Harry, siéntate, por favor. Déjame terminar primero.

—¡NO PUEDO! ¡¿CÓMO QUIERES QUE ME SIENTE?! — se detuvo. —¿Mamá lo sabe?

Godric suspiró; él ya se esperaba esa reacción y su amada esposa también lo sabía, por eso dejó que él le diera la noticia.

—Sí, tu madre lo sabe y está de acuerdo en que sería lo mejor que sientes cabeza al momento de tu coronación de esa forma tendrás la ayuda de tu esposa en las cuestiones reales.

Harry sostuvo la mirada de su padre, esos cálidos ojos marrones declaraban sinceridad y un poco de temor, y si él no se equivocaba, ese temor radicaba en que su padre quería lo mejor para él; Godric ya le había enseñado casi todo lo que debía aprender sobre ser un rey, pero, ¿realmente estaba listo para serlo? Incluso con la ayuda de una esposa, ¿sería capaz de cargar sobre sus hombros las necesidades de, no solo un reino, sino de dos? Después de todo, su madre había sido la princesa Helga Hufflepuff hasta que se casó con su padre y unieron los reinos. Bueno, ya eran dos entonces y eso, sólo si sus padres optaban por casarlo una noble de la ciudad, bien podrían querer unificar otro territorio.

Además, ¿cómo sería su prometida? ¿le gustaría salir del palacio y explorar o solo se la pasaría en fiestas del té y complaciéndolo? Él no quería una esposa sumisa, él quería, necesitaba, un reto. Alguien que pudiera mantenerlo interesado. Y nadie a quien Harry haya conocido lo había mantenido interesado por más de cierto tiempo, sus amigos eran una excepción pero él no se veía casándose con ninguno de ellos.

Harry suspiró. Amaba a sus padres, después de todo, ellos le habían enseñado el significado de un hogar y le habían dado todo lo que un niño podría pedir. Quizá, por una vez, él podría complacerlos.

—No estoy aceptando nada aún, padre, pero puedes decirme quién es la "afortunada".

Godric sonrió. Sabía que su hijo no haría una rabieta o se negaría. Una ligera voz en su cabeza volvió a decirle que cometía un error. No podía obligar a su hijo a algo que no quería, ¡era su hijo, por favor! ¿No se supone que quería lo mejor para él?

"Precisamente, porque quiero lo mejor para él, debe casarse. Y pronto" pensó.

—La familia Chang pertenece al antiguo reino Ravenclaw, una familia muy poderosa e influidora en los asuntos del país, si te casas con la chica, Cho, que es solo un año mayor que tú, los reinos se podrán unir y...— Harry se acomodó en la silla que había dejado, lo mejor sería escuchar y aprender todo lo que pudiera ayudarlo a decidir, incluso si eso le ganaba el perderse el desayuno. Bueno, podría ir a las cocinas después, la señora Wesley, su cocinera, lo quería como a un hijo más y le daría algo de comer a pesar de la hora tardía.

IX

Hermione Granger trabajaba en la librería de la ciudad la cual pertenecía a su familia. Pasaba del mediodía aunque parecía que fuera más tarde por las nubes oscuras y el viento que azotaba con fuerza, quizá ese día nadie visitaría la librería como las últimas dos semanas. Debido a la tormenta ya casi nadie quería salir, temían contraer alguna enfermedad por el mal tiempo o tener un accidente por ramas caídas.

La campanilla de la tienda sonó anunciando un cliente. Hermione compuso su mejor sonrisa y giro la mirada al recién llegado; el aliento se escapó de sus pulmones.

Frente a la puerta se hallaba el mejor espécimen aspirante a adonis que ella pudiera haber conocido a sus 17 años; alto, piel morena, cabellera negra, de constitución musculosa y cuando Hermione vio sus ojos se permitió que las piernas se le hicieran gelatina, la mirada del hombre era más profunda que el mismo bosque. Aquellos ojos marrón oscuro le devolvieron la mirada y por un segundo Hermione podría jurar que lo vio comérsela a simple vista, solo fue un segundo hasta que dicho hombre se dirigiera a la parte trasera de la tienda. Hermione lo vio alejarse, parecía buscar algo y no era un libro. Lo vio pasar de estante en estante, incluso acercarse a la puerta que daba acceso al segundo piso donde se encontraban las habitaciones de ella y sus padres hasta que un par de minutos después se acercó a donde se hallaba ella, cerca de la entrada, sacando viejos tomos que acababan de llegar a su pequeña librería.

—Disculpe señorita, —interrumpió la sedosa y profunda voz del adonis moreno. — ¿no entro a su tienda un joven con una capa oscura y unas gafas de montura negra?

Hermione frunció el ceño, hasta esa hora la única persona que había entrado allí era ese hombre. ¿Montura negra? La única persona que conocía con ese tipo de gafas era Harry, muy pocas personas se podían permitir la elección del color de las gafas que podrían usar, por lo general eran color bronce. Pero, ¿quién era ese sujeto que buscaba a Harry? Incluso si su amigo no había aparecido por allí en todo el día.

—¿Por qué busca a Príncipe Harry en este lugar? — Hermione se cruzó de brazos mientras tomaba una posición firme delante de ese guapo espécimen, reprendiéndose mentalmente cuando las manos le picaron por alcanzar ese pecho musculoso y las piernas le empezaron a temblar.

El hombre dejo ver una expresión de sorpresa por un segundo antes de esconderla bajo un ceño fruncido.

—Mis motivos no son de su incumbencia, señorita. Únicamente requiero la respuesta a mi pregunta.

Las palabras de la chica se perdieron con el tintineo de la campañilla en la puerta, alguien había entrado. Ambos miraron al recién llegado.

—¡Hermione! — exclamó Harry al entrar apresurado por la librería de su amiga, dirigiéndose a ella y pasando por alto a hombre detrás de ella tomó los hombros de su amiga con sus dos manos. — Necesito tu ayuda.

Blaise miró la escandalosa entrada del príncipe y resoplo ante ella, se deslizo sigilosamente hacia la salida mientras los jóvenes no lo veían. Lo mejor sería que ninguno lo notara, el príncipe por temor a reconocerlo y la chica porque parecía sospechosa de los motivos de Blaise. Aunque el moreno ya se imaginaba que le diría al príncipe, se maldijo por haber preguntado pero los ojos de la chica lo habían cautivado. Era la primera vez que veía a una joven tan bella, sí, había visto chicas incluso aún más bellas como guardia del castillo pero nunca una como ella. Era más pequeña que él, apenas y alcanzaba a pasar su hombro, su complexión parecía delicada mientras que el cabello lo tenía castaño y alborotado, pero sus ojos eran un chocolate muy hermoso.

Blaise volvió a maldecirse por su desliz mientras entraba en una pequeña taberna al otro lado de la calle y buscaba un asiento junto a la venta que le permitiera vislumbrar la salida del príncipe.

Mientras el moreno seguía maldiciéndose, dentro de la librería por la que acababa de salir una castaña se alejaba de su amigo. Había notado por el rabillo del ojo la salida del otro hombre justo cuando su amigo entraba, por el momento se guardaría esa información, después de todo, a ella no le había parecido que las intenciones del adonis fueran malas, sin embargo mantendría un ojo en la seguridad de su amigo. La voz de Harry la saco de sus maquinaciones.

—Hermione, ¿recuerdas esos pergaminos que habías encontrado hace unos años en la biblioteca del palacio? Los que parecían más viejos que la misma Madam Pince—

—¡Harry!— reprendió Hermione al pelinegro mientras se giraba a verlo, olvidando los libros que había dejado cuando el otro hombre le había hablado y vuelto a ordenar cuando su amigo hubo entrado y el otro haberse ido.— Sí, los recuerdo, ¿qué pasa con ellos?

—Los necesito, ¿dónde los tienes? — dijo Harry, listo para correr a buscarlos en cuanto Hermione respondiera.

—Se los di a Luna —respondió la castaña entrecerrando los ojos con sospecha.

—¡No! ¿Por qué se los diste a ella? Ahora quien sabe cuándo la veré, y…—Harry había comenzado a dar vueltas por la habitación, susurrando para sí mismo. Si alguien más lo viera pensaría que había enloquecido. Hermione se preguntó qué tendrían de importante esos pergaminos, lo único que contenían era una especie de palabrería sin sentido sobre dioses y magia.

Harry comenzó a desesperarse, recordó las palabras de la señora que había tomado su brazo en un oscuro callejón del mercado negro: "Los pergaminos que un día desechaste como basura tienen la respuesta que buscas". ¡Y ahora Luna tenía esos pergaminos! ¡Y Luna vivía en el bosque! El bosque al que tenía prohibido entrar de nuevo… Necesitaba ir allí, buscar a Luna. Obtener respuestas.

¡Sí! ¡Lo tenía!

Iría nuevamente al castillo, encontraría la biblioteca de allí, quizá tendría una copia de los pergaminos que buscaba y si alguien preguntaba donde se había metido diría que Luna tenía algo que él necesitaba y había ido a verla, incluso si con ello se ganaba la ira de su padre. Sólo una vez más.

Harry besó la mejilla de Hermione y se despidió, tendría que irse antes de que oscureciera más, apenas se podría ver el camino con la tormenta y la escasa luz de un sol cubierto por espesas nubes.

Blaise Zabini saltó del banco en el que se hallaba sentado cuando vio al príncipe salir apresurado de la librería, lo vio subirse a su yegua y tomar un camino que definitivamente no llevaba al palacio.

Blaise tenía una vaga idea del lugar a donde se dirigía el príncipe cuando lo vio cruzar la calle.

Él suspiro y se ajustó la espada que llevaba ceñida a la cadera mientras montaba su propio caballo.

Al parecer tendría una excursión improvisaba al bosque.

X

Harry cruzó por el mismo puente que había aparecido como la vez anterior, sin embargo hoy no se detuvo a admirar el resplandor del castillo y mientras se acercaba a las grandes puertas no vio que el polvo de los ventanales había desaparecido. Tampoco se dio cuenta de la mirada plateada de un joven que lo siguió todo el camino hacia la entrada, y ambos se perdieron la silueta que seguía al príncipe sólo un poco más atrás.

Harry entró por la puerta y tomó el mismo camino de la última vez; obvio los pasillos y estanterías limpias hasta que se hubo hallado frente a la puerta donde había huido del dragón. Llenó sus pulmones de aire, colocó una mano en las puertas y empujó.

La sala estaba vacía.

Ceñudo se internó en la habitación, la última vez que había estado allí el enorme Dragón había robado su atención como para poder notar más detalles que la iluminación y lo circular de la sala. Frente a él se encontraba otra puerta de madera, está más pequeña que la que acababa de cruzar, a la izquierda y pareciendo ser parte de las paredes se escondían unas escaleras; éstas parecían ir más abajo, incluso cuando Harry intuía que la misma habitación estaba ya varios pisos por debajo de la entrada principal.

Dudando, empezó a caminar hacia la otra puerta. Probablemente sólo daría a otro pasillo y rodearía la misma habitación pero quizá no. Harry no sabría con certeza hasta que lo viera por sí mismo.

Estaba por girar el pomo cuando un pequeño 'pop' se escuchó en la gran habitación, dio un salto alejándose se la puerta y asustado se giró para buscar el origen del sonido con la mano en la empuñadura de la espada en su cintura.

Frente a él se hallaba una pequeña criatura, su altura parecía apenas alcanzar a llegarle a la cintura, incluso sí él no era más alto que un metro setenta y cinco. Tenía largas orejas, como las de un perro, sus piernas y brazos eran largos, su cuerpo era pequeño y delgado con solo un trapo sucio cubriéndolo y estaba inclinada por su propia cintura simulando una reverencia.

—¿Hola?— la voz de Harry tembló, ¡Merlín! Estaba en un castillo a mitad de un bosque, con probablemente un inmenso Dragón acechando la puerta y criaturas que se aparecían de repente en las habitaciones. Sin duda nadie podía culparlo por un ligero temblor en la voz. A pesar de que una voz en su cabeza, muy parecida a la de Hermione, le decía que él solito se había metido en ese embrollo.

—Pipsy lamenta haber asustado al joven señor, señor, pero el amo se pregunta si le gustaría verlo en el comedor, señor.

Durante el discurso de la criatura, Harry había barrido la mirada por toda la habitación por si algo más aparecía de repente, la mano en la espada se apretó un poco más, consolándolo. Más cuando la extraña criatura mencionó un comedor y un "amo", Harry se había interesado.

¿Qué clase de "amo" vivía en medio de un bosque, con un Dragón dentro se su castillo y feas criaturas que se aparecían?

—¿Señor? — llamó la criatura, ¿Pipsy? ¿Qué tipo de nombre era ese? Harry la miró retorcerse bajo su mirada.

—¿Tienes un amo? — logró balbucear Harry, aunque salió como un quejido. Se aclaró la garganta.

—Oh sí, señor. El joven amo Draco lo espera en el comedor, señor.

—¿Joven amo Draco?— ¿En serio, Harry? ¿Lo único que puedes es balbucear estupideces? Se reprendió a sí mismo mentalmente.

La elfa frunció su pequeño ceño. ¿El joven frente a ella no sabía quién era su amo? Además, ¿por qué dudaba el joven? ¿qué no había llegado a su casa buscando a su amo? ¿por qué estaba en esa habitación? El joven Draco se encontraba en el comedor listo para su cena. Pipsy comenzó a impacientarse; el pelinegro sólo estaba retrasando la cena que su amo había organizado.

Harry vio a la criatura fruncir el ceño, y por alguna razón decidió que no quería molestarla. Soltó la empuñadura de la espada.

—Eh…¿Pipsy? — dudó; la elfa lo miró con sus grandes ojos.— ¿Dónde está el comedor?

Pipsy sonrió y se dio la vuelta asumiendo que el joven la seguiría. Ambos salieron por las mismas puertas por las que Harry había entrado, subieron por el pasillo y las escaleras hasta un segundo piso.

En el segundo piso, se enfrentaron con un corredor que se extendía hacia izquierda y derecha. Justo en frente, sin embargo estaba otro conjunto de puertas de roble. Pipsy abrió una de las puertas y permitió que Harry pasara a través a éstas a lo que era otra espaciosa habitación, excepto que en esta el techo no era casi tan alto como el de la habitación circular.

Salieron (¿o entraron?) a lo que Harry asumió era una especie de salón de baile, al menos se parecía ligeramente a los que había en el palacio, sin embargo este, a diferencia de los suyos se extendía hacia la derecha mientras que un poco más a la izquierda había una pared con otro conjunto de puertas.

Pipsy se dirigió a éstas y las abrió para dejar ver otra gran habitación que estaba iluminada por velas que colgaban de una araña de cristal, y tenía más tapices y pinturas como las de los pasillos que habían cruzado. La principal característica de esta habitación era un gran, gran mesa con sillas de respaldo alto, la silla a la cabecera de la mesa estaba intrincadamente tallada con figuras de dragones.

Sentado en esa silla el joven rubio robó su aliento cuando Harry se encontró con su mirada; dos orbes plateados como el mercurio fundido.

Afuera, la tormenta había amainado hasta ser sólo un soplo de viento.

A varias millas de allí, incluso más profundo en el bosque lejos del castillo y rio abajo una bruja se inclinaba sobre unos pergaminos. La bruja frunció el ceño estudiando los pergaminos frente a ella

Hace muchos años se había hecho una profecía sobre un niño adoptado, pero esto era insólito; una segunda profecía había sido emitida cuando la primera se cumplía. Entrecerró los ojos intentando leer la tinta casi diluida.

"Dos niños se reunirán al alcanzar la edad madura; uno bendito de Zeus, el otro maldito por Artemisa, ungidos serán por Afrodita pero la sombra que cabalga sobre un caballo muerto se interpondrá. El primer niño vivirá una vida de lujos y amor, no conocerá nada más allá de ello; su encuentro será predestinado bajo las alas de Hera. Pero uno tendrá que renunciar a su vida por el otro. La magia misma jugará una parte importante y cuando las tormentas se desvanezcan el tiempo apremiara. Dos niños se reunirán al alcanzar la edad madura; uno bendito de Zeus, el otro maldito por Artemisa."

Una profecía que unía el destino de dos niños.

Niños que ella conocía.

N/A: ¡Fin! Jajaja, lo siento, creo que la vez pasada también lo dejé en suspenso, es sólo que no puedo evitarlo, es emocionante. En fin, no sé cuándo pueda actualizar porque no tengo el siguiente capítulo completo, sin embargo ya tengo el final del final, o sea, esta pequeña historia ya casi llega a su fin. Quizá, y si todo va bien, sólo dos capítulos más y fin del juego, pero si las cosas no van tan bien como me gustaría entonces unos tres capítulos o tal vez cuatro, también depende de la extensión de cada uno, el primer capítulo tuvo 4,320 palabras y éste 6,423. Wow, hasta yo me sorprendo de tal cantidad; nunca había escrito algo tan largo.

Pero bueno, tengo un juego, ¿les gustaría? Bueno es este: el tapiz que esconde un pasaje secreto en el castillo de Draco sale en UNA de las películas de Harry Potter, a la primer persona que me diga en cuál película sale y qué escena le puedo dar el adelanto de la historia:D

¿A que no es divertido? Pueden tener una excusa para un maratón de Harry Potter. Sinceramente yo moriría por uno;)