Capítulo dos
—Oh, sí.
Finalmente no sólo fue la sonrisa de Lexa la que indicó que, efectivamente, planeaba lo que Beca se estaba imaginando. Ver el pánico reflejado en su rostro no hacía más que darle firmeza a su idea, a su plan. Se oponía por completo a esa gente que dejaba de hacer cosas por miedo, al fin y al cabo eso significaba dejarse llevar por estos, que te dominen; y nunca había sido criada así. Mejor dicho, nadie de aquel local había sido criado como ella, y no iba a exigirle tal cosa a aquella chica, pero un mínimo sí.
Con un golpe prácticamente seco, Lexa dejó el botellín de su cerveza sobre la mesa de nuevo, después de haberle dado un último trago para asegurarse de lubricar su garganta el tiempo suficiente para que estuviesen fuera sin que le entrase demasiada sed. No iba a darle tiempo a reaccionar. Reaccionar significaba pensar, y si lo pensaba demasiado se negaría. Ni siquiera espera a que Beca se levante de su silla, directamente una de sus manos agarra la contraria, tirando de ella a trompicones por el local para salir de este mientras va esquivando la gente que comienza a entrar. Ellas habían llegado considerablemente temprano y, a juzgar por la cola que se estaba formando a la puerta del local, la hora punta acababa de comenzar.
—¡Beca!
Una voz desconocida fue la que les hizo pararse de su objetivo, aunque no abandonarlo. Desconocida para Lexa, ya que Beca rápidamente giró la cabeza para responder a aquella chica pelirroja que había llamado su atención desde la cola del local.
—¡Vuelvo en seguida! Empezad sin mí.
Las palabras de Beca salían a trompicones, efecto de la presión que el brazo de Lexa hacía al tirar de ella por la calle mientras se alejaban del local. No tenían que andar demasiado ya que aquel pub estaba lo suficientemente cerca del campus, y sobre todo del aparcamiento como para no tardar apenas un par de minutos en llegar hasta este. Le bullicio de la gente ya se quedaba atrás, siendo más un murmuro que un ruido constante. En cuanto llegan al aparcamiento Lexa soltó la mano de la chica para dirigirse a la moto negra que había aparcada en este, en realidad, la que más llamaba la atención, al igual que en su día se la llamó a Lexa. El silencio se había apoderado de ellas mientras se agachaba para desatar el único casco que había junto a la rueda trasera. No acostumbraba a llevar a nadie, por no decir que nunca lo había hecho. Probablemente si le contase eso a Beca saldría corriendo al segundo, ¿cómo iba a confiar en una chica desconocida que nunca había llevado a nadie en la moto? Y si le contase toda la realidad, entonces directamente desaparecería de inmediato.
—¿Podrás sola o necesitas ayuda? —Pregunta Lexa, alzando el casco en su dirección para cedérselo a ella mientras la miraba.
—¿Y tú? ¿No vas a llevar casco?
—No te preocupes por eso.
La respuesta no pareció convencer mucho a Beca, quién se quedó mirando el casco con el ceño ligeramente fruncido. No obstante, parecía tan dispuesta a superar ese miedo suyo que terminó cediendo, cogiéndolo directamente de las manos de Lexa para colocárselo ella sola. En realidad odiaba tener que llevar el casco, por lo que Beca le servía como la excusa perfecta. Antes la seguridad del pasajero que la suya propia, ¿no? Al menos así se lo había enseñado Lincoln, su amigo. Aún no entendía muy bien por qué era obligatorio su uso, no veía la seguridad en un artefacto que sólo cubría la cabeza. Ni siquiera la cabeza completa, el cuello quedaba completamente al aire libre. Una mala caída y estaría muerta con o sin casco. Era estúpido, pero al parecer, obligatorio. "No te metas en líos o me meterás a mí" fue lo que le dijo Lincoln cuando le enseñó a conducir y a moverse por allí, y dado que él sabía más que ella de absolutamente todo lo que le rodeaba en esos momentos, no iba a llevarle la contraria.
Mientras Beca se colocaba el casco, Lexa subió directamente sobre la moto, metiendo la llave en el contacto para arrancarla, a la espera de que la chica se subiese tras ella sin tener que darle más indicaciones. Sus manos se posicionan ya en el manillar, dando un par de giros suaves al acelerador para hacer rugir el motor, un sonido que le tenía fascinada. En cuanto siente el peso del cuerpo contrario tras ella y, sus manos agarrándose con timidez a su cintura, una sonrisa ligeramente ladeada se dibuja en sus labios.
—¿Lista?
—S-…
Antes de que termine de responder, Lexa acelera la moto, saliendo prácticamente a la carrera del aparcamiento, aumentando el rugido del motor con un fuerte estruendo que se podía comparar perfectamente al grito que Beca acababa de emitir. El agarre de sus manos alrededor de su cintura se acentuó de forma más que notable, por no hablar de la manera en que su pecho había colisionado contra la espalda de Lexa. Quizás la chica lo estuviese pasando mal un primer momento, pero para Lexa esa reacción no hacía más que divertirle.
Sin decir nada más, salió directamente del campus hacia una de las carreteras secundarias que lo rodeaban. A esas horas de la noche había poco tráfico y, el que había, lo sorteaba como si la carretera fuera únicamente suya. Le encantaba esa sensación. Libertad, pura y dura. Podía recordar perfectamente la primera vez que estuvo allí, como el miedo se había apoderado de ella por primera vez en su vida ante lo desconocido y el pensamiento de que no era un mundo que pudiese disfrutar mínimamente por mucho que Lincoln le alentase a ello. Él parecía haber encontrado su nuevo hogar, y aunque al principio no lo entendía, poco a poco Lexa terminó por querer conocerlo mejor.
La segunda vez dejó que le fuese explicando e indicando ciertas cosas, temas principales, cómo funcionaba todo aquello. La tercera… la tercera Lexa descubrió cosas que le dejaron maravillada, le enamoraron por completo. La fotografía, la música. Y sí, las motos. Visto la forma en que se desplazaban, la moto le parecía la más maravillosa de todas, más libre, más ligera. Como un caballo pero con un motor y ruedas. Lincoln parecía tan dispuesto a ayudarle a adaptarse que incluso le enseñó a conducir. Por supuesto la moto no era de Lexa, pero a partir de ese momento prácticamente llevaba su nombre escrito. Aprendió lo básico y esencial para poder pasar el tiempo que quisiera allí y, lo que en ese mundo podía considerar perfectamente su amigo, le ayudó a salir del paso e incluso conseguir que pudiera ir a clases para aprender más de lo que tanto le había gustado, aunque eso de los horarios y las normas no lo llevase demasiado bien. Si se metía en líos, descubrirían que no tenía identidad alguna, ni pasado, ni historia. Nada a lo que agarrarse. Ni siquiera sabía cómo había conseguido meterla en aquel campus, pero el chico parecía haberse manejado perfectamente bien y crear sus propios contactos, cosa que Lexa no iba a cuestionar mientras funcionase. Por primera vez, ella no mandaba.
En cuanto pudo dejar sus asuntos atados y todo en calma, Lexa no dudó en volver, con la idea de una estancia mucho más prolongada que las anteriores. Se lo merecía. Se merecía esa libertad un tiempo.
Y allí estaba, cruzando la carretera de un lado a otro a gran velocidad, con una chica desconocida a su espalda, e inconsciente de ni siquiera imaginar hasta qué punto Lexa podía ser diferente a las demás. No estaba segura de qué era lo que había llamado su atención en esa chica, pero veía fuerza en ella, firmeza. Era sarcástica, divertida y desde luego tenía ese aire de liderazgo que parecía algo que se llevaba a escondidas allí. Pero Lexa podía verlo.
Las pocas veces que había recorrido la ciudad a solas se había asegurado de encontrar algún lugar al que ir para relajarse, donde no hubiese nadie más que ella, y lo había encontrado. Condujo con la imagen en su cabeza hasta subir una leve colina que seguía aquella carretera, tomando un desvío que les llevaba a un enorme descampado. Nada fuera de lo normal. Cubierto entero de cemento y alguna que otra farola, pero por todo lo demás, oscuridad. Lo único bueno que tenía era la soledad y las vistas. Desde allí podían verse las luces de la ciudad y, en concreto, del campus que habían dejado atrás. Igual a Beca le parecía lo más cutre del mundo, pero a Lexa le encantaba.
Llevó la moto hasta el centro del descampado y, una vez parada, giró el rostro para mirar de nuevo a la chica, arqueando una de sus cejas con un gesto divertido.
—¿Sigues respirando? —Preguntó con ironía, viendo como ella trataba de recomponerse y se quitaba el casco para mirarla de vuelta.
—Ha sido… —Beca soltó las manos de su cintura, casi con prisas, como si de repente le hubiese entrado un ataque de timidez. — …increíble.
La sonrisa de Lexa se ensanchó ante su respuesta, fijando la mirada en los ojos de la chica. Un color entre azul y gris que no pasaba para nada desapercibido, por lo menos no para ella.
—¿Sabes qué hay que hacer para superar un miedo? —Continuó hablando mientras bajaba ella misma de la moto, dejando a Beca aún sentada, aunque sin alejarse. De hecho no hizo más que girarse de nuevo hacia ella y mirarla. — Enfrentarse a él —Añadió, palmeando con la mano el asiento delantero de la moto, donde segundos antes había estado ella.
—¡¿Estas de broma?! No, no…
—Oh, vamos. No tienes nada con lo que estrellarte aquí.
La mirada de Beca volvió a buscar la de Lexa, casi con urgencia. Podía ver el miedo, los nervios, la curiosidad y la adrenalina; todo mezclado en sus ojos. Emitían un brillo especial y Lexa sabía que la adrenalina iba a ganarle la batalla. Efectivamente, sin tener que insistir más, el cuerpo de Beca se echó hacia delante hasta tomar el asiento delantero con cierto nerviosismo.
—Esto es una locura —Comentó con un hilo de voz, casi para sí misma mientras Lexa tomaba ahora el asiento trasero, acomodándose en este. Sus manos fueron directas a las contrarias, llevándolas hasta el manillar con las propias, pegándose a su espalda de forma inevitable.
—¿Confías en mí…? —Murmuró desde detrás, dejando las palabras caer sobre su oreja antes de que el rostro de Beca se girase para mirarla en la medida de lo posible.
Una vez más, sus miradas se encontraron, en silencio, prologándose más que las veces anteriores. Los ojos de Lexa transmitían la seguridad que los de Beca parecían estar buscando y, contra toda lógica posible, teniendo en cuenta que no se conocían más que de unas horas, la cabeza de la chica terminó asintiendo como única respuesta. Inconscientemente los labios de Lexa volvieron a mostrar un atisbo de sonrisa mientras Beca volvía de nuevo el rostro hacia el frente, fijando la mirada en el manillar, donde las manos de ambas permanecían unidas. No sabía cómo era posible, o cómo lo hacía, pero esa chica conseguía arrancarle más sonrisas de las que Lexa estaba acostumbrada a mostrar. Y eso le gustaba. Aclaró su garganta segundos después, pegándose un poco más a su espalda para poder mirar por encima de su hombro el manillar, guiando con sus manos las de ella en este para ayudarle a arrancar de nuevo y, a diferencia de antes, acelerar muy poco a poco, lo suficiente para mantener la moto el vertical. La velocidad no era para nada comparable a la que habían alcanzado en la carretera, sino más bien un paseo, cruzando de un lado a otro el descampado. En el momento de girar para dar la vuelta, el agarre sobre las manos de Beca se acentúa, asegurándose de que mantenía el equilibrio con la moto hasta volver a coger la recta.
Con un par de vueltas más parecía que la chica iba cogiendo seguridad, soltándose más e incluso acelerando de forma progresiva. Las manos de Lexa resbalaron poco a poco por sus brazos hasta dejarle el control del manillar por completo a ella, agarrándose finalmente a su cintura con suavidad. Por primera vez parecía que Beca estaba disfrutando realmente de esa sensación, la misma sensación que a Lexa le había cautivado. No estaba segura, pero juraría que podía escuchar incluso una ligera risa, cargada de adrenalina, sonando por debajo del ruido del motor pero que con tanta cercanía podía llegar a apreciar.
Tras unos minutos rodeando el descampado, finalmente Beca terminó por parar la moto en el lugar exacto en el que Lexa la había dejado antes, quien rápidamente apoyó los pies en el suelo para evitar que cayesen a un lado.
—Vaya… —Murmuró Lexa al fin, girando el rostro para buscar una vez más la mirada de ella.
—Resulta que no se me da tan mal.
—Has tenido ayuda.
—Tu moto me adora —Rebatió la chica entre risas, a lo que Lexa no pudo hacer más que acompañarla.
—Es la primera vez que dejo que alguien la lleve… —Su voz sonaba como un ligero susurro, sin necesidad de alzarla más debido a la cercanía. También era la primera vez que ella llevaba a alguien. En general, ese día era la primera vez que Lexa se acercaba tanto a alguien completamente desconocida.
—Es la primera vez que confío en alguien para que me lleve en moto.
Tras esa afirmación, Beca fue la primera en bajarse de la moto, por delante de Lexa. Por su parte, ella permaneció observándola aún subida, viendo como la chica avanzaba con pasos cortos por el descampado, acercándose al borde donde podían apreciarse las increíbles vistas que tenían.
Lexa había experimentado el acercarse a desconocidos anteriormente, las veces anteriores. Había buscado desfogarse, relajarse, divertirse… cómo quisieran llamarlo allí. Pero con Beca sentía una extraña conexión, algo que no entendía y se le escapaba por completo de las manos. Nada podía escaparse de su control, sólo empeoraría las cosas. Apretó los labios mientras apagaba el motor de una vez y terminaba por bajarse ella también del vehículo, siguiendo los pasos de Beca hasta el lugar donde la chica había tomado su sitio, sentándose en el suelo de cara a las luces del campus. Sin decir nada, manteniendo el silencio que se formaba entre ambas, aunque para nada incómodo, Lexa terminó por sentarse justo detrás de ella.
No hacía falta hablar, no hacía falta cortar ese momento con palabras. Ambas parecían haber encontrado un momento de tranquilidad, y Lexa no era la única en apreciarlo al parecer. Instantes después, siente como el cuerpo de Beca se inclina hacia ella, dejando caer el peso de su espalda contra su propio pecho y apoyando la cabeza en uno de sus hombros. Es algo que pilla completamente desprevenida a Lexa, no sabe qué clase impulso ha llevado a Beca tener esa cercanía con ella. Por lo general, le había parecido una chica a la que le gustaba tener su propio espacio, y no muy dada al cariño ajeno que se diga. Algo así como Lexa. Pero en ese momento parecía buscar su contacto, sin cuestionárselo siquiera.
Decide no pararse a pensar demasiado en ello, simplemente disfrutando de las vistas y el ambiente relajado que tenían allí mientras el cuerpo de Beca descansaba sobre el suyo, manteniendo el silencio entre ambas. Poco a poco, sus brazos parecen seguir una orden de su cerebro de la ni ella es consciente en realidad, rodeando el cuerpo de la chica hasta dejar descansar las manos sobre su abdomen. No sabe si por comodidad o por querer aumentar esa cercanía, pero Beca tampoco parece oponerse a ello; de hecho sus manos terminan por apoyarse sobre las de Lexa. No sabría describir esa sensación. Era extraño. Por norma general se alejaba de ese tipo de situaciones para no empeorar las cosas, no quería entablar una relación más allá de ser una simple conocida, puesto que sólo estaba de paso. Tarde o temprano tendría que irse de nuevo.
Sin embargo con Beca parecía perder la noción del tiempo y de su vida en sí. Era como si se olvidase de sus obligaciones, como si realmente creyese que pertenecía a ese mundo y que era completamente libre de llevar a cabo ese tipo de acciones. No tiene claro cuánto tiempo pasan en esa postura, en absoluto silencio, hasta que el móvil de Beca comienza a sonar. En una primera vez la chica no hace más que mirarlo y resoplar de forma cansada, dejándolo sonar sin más hasta que la persona que llamase se cansase. Pero a la segunda vez, termina por incorporarse, separando su cuerpo del de Lexa para llevarse el teléfono a la oreja.
—Sí, ahora nos vemos.
En realidad fue casi lo único que la chica respondió, como si supiese de antemano, antes de descolgar, el motivo de la llamada.
—¿Todo bien? —se aventuró Lexa a preguntar por detrás de ella aún mientras Beca le respondía con un simple asentimiento.
—Odio decir esto pero creo que deberíamos ir volviendo.
A cualquier podría sonarle a excusa. Excusa al ver que quizás aquel acercamiento había sido algo precipitado. Pero por el tono de voz de Beca, realmente parece que no tenga ganas de moverse de allí, más bien se siente obligada. El compromiso social de tener que volver con sus amigas. Mientras la mira, Lexa asiente de nuevo con la cabeza, dibujando una breve sonrisa en sus labios antes de levantarse junto a ella.
Demostrando una vez más que ninguna de las dos son personas de muchas palabras, vuelven a la moto, dejando que de nuevo Beca se ponga el caso y sea Lexa la que tome el control del manillar esta vez. Arranca el motor, acelera y recorren de vuelta exactamente el mismo camino que hicieron para ir hasta allí, con la diferencia de que esta vez la velocidad es considerablemente menor. ¿Por qué? Podría decirse que Lexa quería disfrutar un poco más de esa sensación extraña que le estaba invadiendo, aunque solo fuesen unos minutos más de ventaja.
En cuanto llegan al aparcamiento de nuevo, el bullicio anterior es más notable ahora. La gente se agolpa a la entrada del local para fumar o tomar el aire, pero queda más que claro que se ha llenado hasta el último rincón. La música, las risas, los gritos… demasiado ajetreo para Lexa. Baja de la moto junto a Beca una vez más, guardándose las llaves en el bolsillo de la chaqueta mientras la sigue hasta el interior, unos pasos por detrás de ella. Era increíble ver como se colaba entre la gente para adentrarse en aquel antro, estirando una mano hacia atrás en busca de la de Lexa, probablemente por miedo a que se perdiese. Hasta a Lexa le daba miedo perderse entre tanta gente, no le extrañaría que no fuese capaz de encontrar la salida hasta que no se vaciase el bar. Era como tenerlos a todos encerrados en una jaula, solo que claramente disfrutaban de ello.
—¡Por fin! —La voz de la pelirroja de antes es la que saca de sus pensamientos a Lexa, haciéndole dirigir la mirada hacia el grupo de chicas que Beca había conseguido encontrar por fin.— ¿Dónde estabas? ¿Desde cuándo subes en motos tú?
—No solo he subido, he conducido —La respuesta de Beca iba cargada de un tono divertido y triunfador. Delante de sus amigas se transformaba por completo.
—¿Y no ha gritado? —Esa pregunta, para su sorpresa, iba dirigida a Lexa.
—Un poco.
Se limitó a encogerse de hombros, aún con las manos en su chaqueta mientras mantenía la mirada en constante movimiento, sin pararla en ningún punto fijo. Ni siquiera estaba segura de si esa chica podría haber escuchado su respuesta por encima de todo aquel ruido, pero tampoco parecía afectarle demasiado puesto que en seguida se pusieron a hablar entre ellas. Lexa podía sentir la mirada clavada de varias del grupo en ella, analizándola, tratando de identificar a la desconocida misteriosa que se había llevado a su amiga a dar una vuelta. En moto. A Lexa le parecía un dato sin importancia, pero para ellas parecía tenerla.
Apenas se da cuenta de cuánto tiempo ha estado con la mirada perdida cuando, de repente, siente algo frío rozando su mano. Al bajar la mirada puede ver la forma del botellín que Beca le está ofreciendo con una sonrisa, alzando después el suyo en una especie de brindis silencioso. La chica estaba haciendo verdaderos esfuerzos por tratar de integrar a Lexa, y ella lo notaba, pero no era muy dada a hacer amistades. De hecho Beca era una excepción. Una enorme excepción.
—¿Vamos a tener una nueva Bella? —Preguntó de nuevo la pelirroja, que al parecer se llamaba Chloe, mientras Lexa daba un trago a su botellín y casi parecía entrar en pánico por su expresión. — Nunca nos viene mal una nueva, ¿tú que dices, Becs?
—Parece más difícil de convencer.
—Bueno, tú también lo fuiste.
Ambas chicas se miraban y reían de forma cómplice, y a Lexa realmente comenzaban a entrarle escalofríos solo de pensarlo.
—No sé cantar —Respondió a Chloe, con un tono que trató de ser lo más amable posible, pero sonaba tan fría como siempre.
—Pues bailas.
—Tampoco sé. Ni tengo interés.
Lo cierto es que esa era otra de las cosas que Lincoln había intentado enseñarle. El ritmo, la música, cómo mover la cintura, algunos pasos. Descubrió que no se le daba mal del todo, al fin y al cabo la coordinación del cuerpo era algo que llevaba al día por sus entrenamientos, pero traspasarlo a ese campo… resultaba demasiado extraño. No llegó a verle el motivo a mover el cuerpo bajo la música o siguiendo el ritmo, aunque reconocía que algunas canciones eran contagiosas. En cualquier caso, jamás lo intentaría en un lugar como ese, rodeada de gente. Seguía prefiriendo la intimidad que el chico le brindaba.
Su frialdad parecía haber calado en la conversación, dado que la chica pelirroja se limitó a dar un largo trago a su copa mientras intercambiaba una mirada con Beca de lo más extraña. Se estaría preguntando de qué lugar había sacado la chica a alguien así. El trauma no le dura mucho y, en cuanto cambia la canción que estaba sonando, los ojos de las chicas se abren como platos, casi parecían salirse de sus órbitas. No se atragantan de milagro al intentar gritar todas a la vez mientras aún tragaban el último buche que habían dado y todas a la vez sueltan sus copas, dejando a Lexa más confundida aún.
—¡Vamos! Yo te enseño —Beca se había aproximado rápidamente a ella mientras todas sus amigas salían corriendo a lo que parecía el centro de la pista. Incapaz siquiera de contestar, debido a la sorpresa, Lexa se limita a negar con la cabeza, medio riendo para ella.— Tú te lo pierdes…
Dicho eso, la mirada de Beca parece transformarse conforme se aleja hacia la pista con sus amigas, bajo la observación de Lexa que se queda a uno de los lados para ver el espectáculo. Da otro trago a su botellín y, en cuestión de segundos, se pierde por completo ante lo que ven sus ojos.
Aquellas chicas parecían conocer perfectamente la canción que sonaba, comenzaban a cantarla y bailar una coreografía que no se creía que no estuviese ensayada con anterioridad. Se coordinaban perfectamente, tanto en baile como en voces. Cada una tenía un papel fundamental y, es ahí, donde Lexa puede ver y apreciar el liderazgo de Beca. Claramente era la que llevaba la voz cantante (nunca mejor dicho) en ese grupo. Normalmente hubiese basado su observación en ese aspecto, en estudiar sus puntos fuertes y su forma de transmitir poder; pero los movimientos que esa chica hacía con su cuerpo hacen que toda su mente se quede en blanco. Un vaivén continuo de sus caderas, siguiendo el ritmo exacto de la música, de forma perfecta y… sensual, demasiado para ella. No era de piedra, aunque a veces lo pareciese. Beca parecía disfrutar infinitamente de aquello, su rostro, sus expresiones. Transmitía con todo su cuerpo la fuerza y la determinación que hacían que aquel baile resultase todo un espectáculo.
El botellín de Lexa se terminó antes de lo previsto, sintiendo cada pocos segundos que su garganta se secaba y el calor hacía mella en su cuerpo, mientras que su mirada estaba clavada y fija en Beca. O en su cintura. No estaba segura de dónde estaba mirando en ese momento.
Llevaban ya un par de minutos de canción cuando Beca parece percatarse de la mirada de Lexa, aunque desea que no se dé cuenta de la forma en que la mira. La chica parece más bien tomársela como un reto, como si viese en la mirada de Lexa el deseo de unirse y no atreverse. Se equivocaba. Por completo. Aún así avanza rápidamente hasta ella y, esta vez sin preguntar, agarra su mano para arrastrarla consigo hasta la pista, algo más apartada del centro que ocupaba antes.
—No, no —Lexa trató de negarse rápidamente, negando con la cabeza al tiempo que intentaba huir.
—No seas cobarde.
No sabe por qué, pero son esas palabras las que le hacen quedarse, paralizada en un principio mientras veía como Beca comenzaba a bailar de nuevo delante de ella, intentando que le siguiese. ¿Era normal que bailase tan pegada? Su espalda había vuelto a pegarse al pecho de Lexa y, sus movimientos de cintura, eran más que notables en su cuerpo. La chica pretendía que Lexa le siguiese, y ella seguía preguntándose si aquello era normal entre ellas. Al echar un rápido vistazo al resto de chicas descubre que sí, era normal. Muchas de ellas estaban bailando la una con la otra, contoneándose cercanas, incluso agarrando sus cinturas.
Al ver que Lexa estaba bastante perdida en ese tema, Beca se giró de nuevo hacia ella, quedando ahora frente a frente, mirándola fijamente mientras le hacía posicionar sus manos en su cintura y ella llevaba una a su nuca.
—Ok, mírame —Le ordena, alzando levemente la voz para que pudiese escucharla, no demasiado, debido a la cercanía mientras comenzaba a mover de nuevo la cintura y bailar.— ¿Ves? No es tan difícil.
Poco a poco, aunque aún medio paralizada, Lexa se fue dejando llevar por el ritmo de la música. Más bien por los movimientos de Beca. Su mirada permanecía clavada en sus ojos, como si la chica tratase de transmitirle la misma seguridad que ella le había dado al conducir la moto. Y funciona. Lo poco que quedaba de canción lo pasan bailando la una con la otra, lentamente, moviendo su cuerpo al compás del de Beca, tal y como ella le va indicando, sintiendo como su pulso se acelera inevitablemente ante tanta cercanía que, acompañada de esos movimientos, resultaba una tortura casi.
Cuando la canción acaba Beca se separa lentamente de ella, sonriendo orgullosa y satisfecha por haber conseguido hacerla bailar mientras todos alrededor aplauden. No para ella, claramente, y eso espera. Sino para las Bellas. Desde luego eran el espectáculo de ese campus, y Lexa no lo cuestionaba visto lo visto. Hacen una leve reverencia entre risas antes de que todo vuelva a la normalidad y, como durante toda la noche, Lexa se deja arrastrar por Beca de nuevo hasta la barra, pidiendo otra cerveza para ambas. No duda ni un segundo en cuanto tiene el botellín en darle un trago más que largo, notando como el alcohol, por leve que fuera, abrasa su garganta de una forma no demasiado agradable.
—¡Beca! —Más que su nombre parecía un grito o un sonido de un pájaro. Al girarse Lexa pudo ver al mismo chico que conoció ese día en el estudio. El novio de Beca. — ¿Nuevo fichaje?
—No —La respuesta de Lexa fue rápida.
—Con o sin ella os vamos a machacar, ¡nos adoran!
La actitud de Beca era pura adrenalina, éxtasis. Pero tenía razón, el público de allí las adoraba. A Lexa le hacía gracia ver sus gestos, como expresaba las palabras con las manos, los movimientos de estas y las muecas que hacía con la boca.
No sabe en qué momento ha dejado su mente en blanco de nuevo, observándola, que de repente su visión se ve irrumpida por Jesse también, invadiendo su campo visual para besar a su chica. Su chica. Lexa casi siente nauseas al ver aquello. A su parecer no pegaban, para nada. Le da otro trago largo al botellín y se separa de la barra segundos después.
—Nos vemos luego —Añade al ver cómo la miraba Beca, dispuesta a dejarlos a solas. No tenía por qué estar ahí en medio viéndoles comerse la boca.
No es que vaya muy lejos, pero se separa lo suficiente, siguiendo la barra hasta el otro extremo para terminar apoyada en esta y limitarse a observa a la gente que bailaba allí. Verdaderamente no estaba acostumbrada al alcohol, teniendo en cuenta que su mirada se encontraba algo más nublada y sus reflejos estaban claramente afectados. Alcanza a ver como Beca y Jesse vuelven a la pista, bailando entre ellos, besándose, riéndose y todas esas cosas que hacían las parejas normales allí. Necesitaba otro trago.
Cuando baja el botellín de sus labios de nuevo se encuentra de frente con la mirada de una chica que se acercaba directamente hasta ella. No sabe si es por el alcohol o porque realmente le parece divertido, pero al ver como camina torpemente hacia ella incluso se dibuja una divertida sonrisa en sus labios. Aunque no altera su posición en la barra, deja que aquella desconocida se acerque a ella y sin decir nada comience a bailar. Más que bailar con Lexa parecía estar bailando para ella, principalmente porque Lexa se mantenía apoyada en la barra, aunque no desagradecía la visión. Permite un poco más de acercamiento, notando las manos de la chica apoyarse sobre sus hombros mientras pegaba su cadera a la propia. Una canción y no más. En cuanto se acaba, Lexa apoya las manos en los hombros de la chica, apartándola con toda la suavidad y amabilidad que puede antes de buscar con la mirada de nuevo a Beca que, para su sorpresa, estaba mirándola a lo lejos. ¿Habría visto aquello?
Al ver que volvía a estar sola se acerca hasta ella, acompañándola en la barra una vez más mientras su respiración se agitaba por el baile, y por el alcohol también. Aquello corría como el agua.
—Parece que le gustas —Comenta rápidamente, acercándose a la oreja de Lexa para que pudiese escucharla.
—No es mi tipo —La respuesta fue rápida, encogiendo los hombros con una breve sonrisa, de nuevo solo para Beca. Se termina el botellín y gira el rostro para mirarla.— Dijiste que me ayudarías a huir de aquí.
—¿Quieres huir ya?
—Agradecería un poco de aire.
Sus miradas se cruzaron de nuevo y en los labios de Beca no dejaba de asomar esa sonrisa que se había instalado en ellos al bailar, tan llena de energía y vida.
—Sí, yo también. Estoy cansada ya —Añade con un suspiro algo pesado, a pesar de esa sonrisa, también deseaba irse de allí.
Casi a la carrera, demostrando sus ganas de respirar algo que no fuese calor humano y humo, Beca se acercó a su grupo para despedirse y volver a por Lexa, como si estuviese bajo su responsabilidad. Agarra su mano de nuevo y la ayuda a sortear una vez más a la gente hasta salir de allí. En cuanto cruzan las puertas del local y el frescor de la noche golpea su rostro, Lexa suelta un suspiro de alivio, permitiéndose disfrutar de esa sensación unos segundos al menos.
Camina junto a Beca, metiendo ya las manos en sus bolsillos para buscar las llaves de la moto torpemente. No es que le importase caminar, además el campus estaba casi al lado, pero así aprovechaba y aparcaba la moto más cerca de la residencia donde ella estaba.
—¿Qué haces? —La mano de Beca la detuvo rápidamente, entre risas, haciéndole parar su avance. — No vas a conducir después de beber tanto —añadió al ver la expresión confusa de Lexa.
—Estoy bien, veo perfectamente.
—No, no ves. Casi ni encuentras las llaves.
—¿Ahora me controlas tú?
—No pienso dejar que te montes ahí.
Prácticamente no se daban tiempo a responder la una a la otra y, aunque parecía una conversación seria, terminan por echarse a reír prácticamente a la vez.
—En serio, vamos dando un paseo —Continúa Beca, señalando con el brazo el camino de vuelta al campus. — ¡Venga!
—A sus órdenes…
Decir eso le resultaba a Lexa más divertido de lo que Beca podría jamás imaginar. Abandonó su intención de coger la moto y siguió los pasos de la chica por el camino, acompañándola mientras le iba recordando ya que al día siguiente a las dos les tocaba turno en la radio, por la mañana. Lo que venía a ser dentro de unas horas. Los pasos de Lexa se detuvieron al visualizar un edificio a uno de los lados del camino, arqueando ambas cejas mientras paraba a Beca de nuevo.
—¿Tienes mucho sueño? —Pregunta con un murmuro, pudiendo apreciarse la diversión en su tono.
—S-N-¿Por qué lo preguntas?
Beca no tenía ni claro si quería dormir o no, mientras que la sonrisa de Lexa se ampliaba poco a poco, de forma ladeada.
—No me gusta esa sonrisa, empiezo a conocer-
—¿Confías en mí?
Igual que la primera vez que había formulado esa pregunta, ambas se quedaron en silencio unos segundos, dejando a Beca con las palabras sin salir en los labios. Mantuvieron la mirada, estudiándose la una a la otra hasta que, finalmente y una vez más, la chica asintió con la cabeza como única respuesta.
Sin dar más detalles, Lexa agarró su mano y tiró de ella hasta el edificio, rodeándolo por la parte de atrás para llegar hasta las puertas. Beca la seguía sin cuestionarle, aunque miraba a todos lados por si alguien las veía mientras Lexa abría una de las puertas y entraba rápidamente en el lugar, arrastrándola con ella. En cuanto estuvieron dentro y la puerta se cerró de nuevo, los ojos de Beca parecieron apreciar el lugar donde estaban. La humedad y el olor a cloro anunciaban ya sin tener que mirarla siquiera, la ubicación de la piscina cubierta del campus. Su rostro era una mezcla de miedo y sorpresa mientras buscaba la mirada de Lexa.
—¿Estás loca? Cómo nos pillen me la cargo… —Su voz había bajado considerablemente el tono, por miedo a ser descubierta.
—No seas cobarde…
Sutilmente le estaba devolviendo el golpe que ella le había dado en el baile, bajando la voz de la misma forma. Se asegura de cerrar el pestillo de la puerta por dentro antes de volver a girar el rostro y mirar a Beca, a la que se encuentra caminando ya de espaldas a la piscina mientras se iba quitando la ropa poco a poco. La facilidad que tenía para dejar a Lexa en blanco era increíblemente abrumadora. Sus movimientos iban acompañados de una sonrisa divertida, que se la estaba dedicando a ella, hasta pararse junto al bordillo para quitarse los zapatos y el resto del pantalón, quedando en ropa interior.
Sin pensar, siguiendo sus impulsos, viviendo esa noche como si fuera una chica más de allí; Lexa se deshace a tiempo récord de su ropa, dejándola tirada en algún punto del pasillo antes de correr hacia la posición de Beca y, sin darle tiempo a reaccionar ni prepararse, hacer un placaje con su propio cuerpo, agarrándola por la cintura y tirándola al agua con ella sin previo aviso.
En cuanto ambas salen a la superficie comienza una guerra, o intento al menos, por hundir a la otra. Intento porque Beca no atina ni una sola vez a hundir a Lexa, pero al menos le arranca más carcajadas de las que nadie podría haber escuchado venir de ella jamás. Y en una sola noche.
—¡Me rindo!
La voz de Beca resonó con eco por toda la cubierta, acompañada de su risa y la forma en que alzaba las manos. Se había rendido justo a tiempo de que Lexa volviese a hundirla una vez más, para lo que sus manos ya se habían posicionado en la cintura de la chica. Dispuesta a perdonarle la vida, la sujeta hasta llevarla al bordillo, teniendo en cuenta que Lexa lograba hacer pie en el fondo pero ella no, al menos no del todo.
De nuevo, ese cómodo silencio se hace con la situación mientras la espalda de Beca se acomoda en la pared de la piscina, dejando a Lexa frente a ella. Un escalofrío iba subiendo por todo el cuerpo de Lexa, manteniendo sus manos a modo de sujeción para ella, sintiendo para su sorpresa como Beca se enganchaba a su cintura con las piernas en lo que parecía para ella un gesto de lo más común y normal. Y probablemente lo sería. Estaba segura de que haría eso con más amigas, teniendo en cuenta que buscaba el no hundirse en el agua por quinta o sexta vez.
Sin embargo, con ese simple gesto para Beca, a Lexa le hizo estremecerse. Su mirada pasó de los ojos de la chica a sus labios de forma inevitable y, esta vez, ella si lo había apreciado. Esta vez si veía donde miraba Lexa, fijamente, tragando saliva con cierto nerviosismo sin romper ese silencio. Era una locura. Una auténtica locura y estupidez. Al alzar de nuevo la mirada a sus ojos, y encontrarse con los de Beca fijos en los suyos también, Lexa siente la inmensa necesidad de cometer esa estupidez incluso sin saber de qué forma le estaba mirando, o si le estaba haciendo sentir incómoda. No piensa. No razona. Se abandona al impulso de su cabeza por dejar la mente en blanco y dejándose ir de esa forma, inclina el rostro hacia ella lentamente, sintiendo un primer contacto con sus labios humedecidos por el agua, rozándolos un segundo antes de que estos se unan suavemente, sin más.
