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Disclaimer: Descendientes y sus personajes no me pertenecen.

Aviso: ¿Además del Jaylos? Que dudo que esto tenga lógica.


Inefable

II

El entrenador se ha ido hace nada, el resto del equipo se ha ido a las duchas y en la cancha solo quedan un par de príncipes, los dos villanos y el heredero a la corona. Ahora, qué demonios se ha quedado a hacer allí es lo que Jay no se puede terminar de explicar mientras observa de cerca y escucha con facilidad el intercambio de palabras entre Carlos y Ben.

No, Jay no está espiando a nadie, sólo pone una amigable atención a las cosas porque quién sabe, puede que entre esto y aquello, el príncipe suelte alguna cosa sobre la varita del Hada Madrina. Aunque bueno, en realidad, sí está espiando con todas las de la ley.

—Gracias por ofrecerte, Ben —dice Carlos con una sonrisa incómoda—. Pero no hace falta, creo que el Tourney no es lo mío.

Entonces Ben sonríe de esa forma amigable, amable o cómo sea, que a Jay comienza a irritarle demasiado, y entonces, una vez más, el castaño príncipe pone una de sus manos sobre el hombro de Carlos y le da un apretón, para el disgusto del ladrón.

—No te rindas tan rápido, Carlos —anima sin perder la sonrisa—. Primero deberías hacer el intento.

El hijo de Cruella de Vil suspira, en completo desacuerdo.

—Lo intenté y fue algo patético.

Benjamin niega, un tanto divertido.

—Fue tu primera vez, es lo normal—Carlos se sonroja un poco.

Y Jay no entiende porqué demonios el idiota de su mejor amigo se sonroja por un simple comentario pero ha tenido suficiente, está cansado, sudoroso y con hambre; aunque en realidad, no es necesario que espere a Carlos, no piensa dejarlo sólo con tantos príncipes mimados y odiosos. Específicamente, con Ben.

—Mira —prosigue el castaño—, practicaremos juntos hasta el próximo entrenamiento, y si sigues sin sentirte cómodo lo dejo por la paz, ¿Te parece bien?

Carlos no contesta de inmediato, parece pensárselo. Cuando finalmente mira a Ben para inmediatamente sonreírle y asentir, a Jay le duele el estómago y su desagrado va en aumento en cuanto ve que ambos intercambian un apretón de manos.

—¡Carlos! —le llama de la nada.

Esa molestia que siente ha aumentado y no tiene idea de porqué.