A pesar de las circunstancias, el grupo de la rebelión siguió con el deber de pregonar y luchar por sus principios. La guerra se expandía y con ellos, los problemas. La misma lealtad que Rose Cuarzo recibía de las Crystal Gems, lo tenía también de quienes amaban a su verdadera identidad, y bandos rivales ponían su corazón por defender a la misma persona, llegando a dañar a varias de sus compañeras y especímenes humanos. Evitando que las cosas empeoraran, Diamante Rosa se presentó en una de sus salidas fuera de la tierra ante sus hermanas, Perla pensó que finalmente se atrevería a confesar sus verdaderos sentimientos hacia a ese planeta, pero en su lugar, pidió deshacerse de la colonia, encubriendo lo que realmente pensaba con evasivas sobre lo difícil que era gobernar encima del caos. Lo que conllevó a que la situación empeorara.
Los refuerzos que eran enviados desde el planeta natal por las aliadas de Diamante Rosa resultaron ser excelentes combatientes, como se esperaba de los mejores soldados de las diamantes Azul y Amarillo, quienes a pesar de considerar pretenciosas las excusas de su diamante, mostraron su apoyo para defender la reputación de su hermana menor en todo momento.
Era estresante tanto para ella como Diamante Rosa tener que cubrir dos papeles, por un lado tenían a más gemas que seguían emergiendo de las guarderías e iban a declarar su lealtad incondicional a su ama; y por otro se dedicaban a tratar de salvar a toda costa a sus fieles aliados de los mismos.
La presión de Perla fue en aumento al ver cómo sus amadas amigas eran vencidas por los enemigos y cada día caían más. Deseó pagarles por las atrocidades inmerecidas, pero se trataban de la misma corte de Diamante Rosa. No solo el entrenamiento físico era necesario para sobrellevar la marcha, también debía hacerlo con su propia mente si quería continuar. Se convirtió en alguien bastante sensible; las crisis de pánico se hicieron frecuentes e inclusive levantar la voz a su amada dejó de ser injustificable mientras se tratase de morir en su lugar a manos de sus defensores, algo que jamás imaginó en siglos. Sin embargo, todo tenía que ser perfecto para lograr ser una compañera digna de Rose Cuarzo, quien la ponía a cargo en su ausencia en lo que ella hacía su acto de presencia como Diamante. Con la carga de la vida de los soldados caídos, a costa del sumo respeto que guardaba por su preciada dueña, llegó a implorarle que tomara en cuenta la opción de reconsiderar hacia dónde las llevaría aquello que se había salido de las manos desde hace muchos años.
—Mi Diamante, las Crystal Gems ya no somos como al principio, los números siguen bajando.
—Debemos tener fe, Perla...
—¡Los súbditos también pusieron su fe en Diamante Rosa! —interrumpió la sirvienta, sintiéndose afectada. Levantó la vista de donde se encontraba arrodillada y miró a la diamante, o mejor dicho a Rose, observarla desde su asiento del palanquín.
—Perla —respondió con calma—, sé que podremos salir de esto. —Las primeras civilizaciones que existieron en la tierra también fueron perjudicadas, eso la entristecía considerablemente—. Si demasiado para ti, puedo entenderlo.
—¡De ninguna manera! —Se apresuró en decir, adivinando a lo que se refería—. Yo jamás te abandonaría, Rosa.
La de cabello frondoso suspiró.
—Lo sé, es solo que... me duele pensar todo lo que estás atravesando. Jamás quise que vieras a nuestras amigas terminar de esa forma.
—Perdone mis impulsos. —habló más tranquila, el tono que usaba su ama para referirse a sus compañeras le dolía. Las lágrimas comenzaron a correr por sus ojos, se suponía que debía ser de apoyo, no quería parecer una egoísta y olvidar que Rose también tenía sentimientos, todos lamentaban la situación actual, ¿en qué estaba pensando?
—Mi hermosa Perla... —Se inclinó hasta donde su fiel amiga estaba—. Tenemos que permanecer unidas, esas tropas de Amarillo y Azul no se saldrán con la suya. —Acarició la húmeda mejilla de la perla—. Prométeme que saldremos juntas hasta el final de esta guerra.
—Eso me lo propuse desde el principio, Rosa, lo haré todo solo por ti. —Declaró con gran anhelo en sus ojos.
—Por favor, cuando tenga esta forma, aunque estemos solas sólo llámame Rose. —Sonrió por la insistencia de su perla de seguir tratándola exactamente como una diamante.
Rosa, o Rose Cuarzo, estaban consumiéndola, pero Perla deseaba que su amada consiguiera la libertad y entregarse al planeta que ya consideraba hogar. Sentía que recobraba las fuerzas al imaginarla feliz. Lo que nunca se imaginó, fue en la forma en que la necesitarían para concluir con ello.
