Capítulo II

Volví a dirigir mi cabeza a Kevin. ¿Pero en que estaba pensando?

-¿¡Pero qué crees que haces!?-Le agarré rápidamente de las solapas del uniforme azul.

-¿A… A que te refieres?

-¡Has estado a punto de morir idiota!

Veo como en el patio empiezan a reunirse más gente con los mismos carteles y por lo que supongo con la misma ideología que el primero. Empezaron a venir con antorchas, otros con horcas, los últimos con armas. El ejército osado empieza a intervenir después de los primeros diez minutos. Los soldados están bien entrenados en no utilizar las armas en el primer momento como les gustaría a ellos, en la anterior guerra hará ya unos doce años aproximadamente, los soldados aparecían por todos los campos de conreo, salían de detrás de los arboles. Solo veíamos uniformes negros con armas del mismo color azabache que soltaban balas sin pensarlo antes.

Muchas de las bajas civiles fueron por fuego amigo. Los divergentes eran muchos y muy dispersos, no estaban bien armados, pero la guerrilla que los acompañaba, esos sí que tenían armas. Tanto cuchillos como pistolas o escopetas, metralletas de diversos tipos… esas son algunas de todas armas son las que yo divisé. Tenía 4 años cuando estalló el escape.

Los divergentes se alzaron de un día para otro y forzaron la puerta de Cordialidad con todo lo que tenían, su objetivo era entrar en la sala de control. Desde allí controlaban toda la electricidad de Cordialidad. Entraron enseguida. La seguridad no era buena, y la guerrilla entretenía fácilmente a los osados que solo pensaban en matar, no pensaban en proteger la sala de control.

Pero esta guerra no empezó y acabo en esos pocos días. La guerra y las matanzas llevaban meses, desde que ese chico divergente decidió crear una propia facción para ellos. Sabiendo que ocurriría lo que ha pasado, sabiendo que se cobrarían tantas vidas, él solo pensaba en ello, no en las personas que murieron.

Ni como dejaría a toda la ciudad en la ruina.

Kevin y yo comenzamos a correr como todos los otros alumnos. Mi pregunta es porqué la toman siempre con este instituto. Empezamos a bajar las escaleras de emergencia mientras suenan las sirenas de los bomberos.

En cuanto se oye la primera bala, todo sonido desaparece y se escucha un inquietante silencio. No, otra matanza no.

Las armas suenan sin parar y los alumnos y alumnas empiezan a correr y a chillar por todas partes, nadie pone orden ni nadie piensa en hacerlo. Varios salen por la entrada para observar como los soldados, quienes han tenido pocas bajas, empiezan a rodear a los divergentes y a dejarlos sin armas.

La situación empieza a estar más controlada. Los divergentes ya sólo les quedan los insultos, las amenazas vacías y varias mentiras. ¿Cuando ha estado toda la ciudad en contra de la divergencia?

En cuanto se dieron los primeros casos evidentes de la divergencia, se formó un revuelo impresionante, la gente se extrañaba, nadie estaba preparado para los divergentes. Pero todo ese problema acabó y las personas aceptaron a la divergencia. Nadie sabía el porqué sucedía esto pero no afectaba ni a la economía ni al trabajo, finalmente se dejó como un pensamiento que podría suceder normalmente y de forma voluntaria.

Kevin y yo nos vamos alejando. Quería olvidarme de los malditos divergentes, pero si cada vez que lo intento pasa cualquier cosa con ellos por en medio, nunca lo conseguiré.

Han dado por terminadas las clases, y los estudiantes empiezan a irse rápidamente, nadie duda en dirigirse a casa de forma directa. Pensaba hacer lo mismo, me voy a la parada de autobús cuando noto que alguien posa sus manos en mis hombros.

-¿Pensabas irte sin cumplir la promesa?-Volvía a ser Kevin quien me agarraba, tiene que dejar esa manía suya de acercarse por detrás a todo aquel que le rodea.

-¿Después de todo lo que ha pasado? Si.

-Lo siento pero me has dicho que quieres olvidarte de todo esto. Si vas a casa solo lo recordarás, déjame intentar que sonrías un poco.

-Bueno, pero pagas la entrada.-Comienzo a irme poco a poco hacia el observatorio.

-Tacaña…

-¿Qué has dicho?

-Que el cielo nocturno es de lo más precioso que podría haber en este simple mundo que vivimos los dos.

-Pues lo que acabas de decir me parece más largo que "tacaña".-No puedo evitar reírme, siempre consigue hacerlo. Es de las pocas personas en las que puedo confiar plenamente.

Llegamos en aproximadamente media hora al observatorio. No me he dado cuenta pero, ¿Cómo puede estar tan contento en este mismo momento? Victoria está gravemente herida, posiblemente… no, no nos pongamos en lo peor.

-¿Has visto a Victoria?- Me paro de repente con la mirada fija en el suelo.

-Si… La he visto huir con otras chicas. Parecía haberse roto la pierna. No podía caminar bien. Me alegro y es un milagro que haya sobrevivido.- Le veo sonreír levemente mientras se para.

No puedo evitar ponerme alegre. Nunca le he visto deprimido y nunca quiero verlo. Solamente que esté tan feliz como siempre. Le agarro de la mano y dedicándole una sonrisa volvemos a caminar. Cualquiera hubiera pensado que somos pareja.

El observatorio queda en lo alto de una de las colinas más altas de la ciudad. Erudición y Osadía son las facciones más extensas que existen. Erudición para sus fábricas y sus universidades, y Osadía para sus campos de entrenamiento.

-Bienvenida al Observatorio mi querida Alexandra.

-Es verdaderamente enorme.- Me quedé impresionada desde la primera vista de ese gran edificio blanco.

-Gran parte de la parte de telescopio es una lente enorme.

-¿No podremos usar el telescopio grande verdad?

-¿Tienes un máster y una especialización en astronomía?

-No me dieron el título por poco.-Dije cruzándome de brazos con una sonrisa en el rostro.

-Pues nada, pídeselo y entrarás fácilmente.

Entramos al Observatorio y la primera planta estaba llena de varios gráficos y otros diagramas que por más que intentaba, no tenía ni el menor sentido. O yo al menos no lo entendía bien.

Kevin empezó a explicarme cada artefacto no sin antes leer la descripción de cada uno.

-Yo quiero ver las estrellas.- Le miré con una cara de pena, consiguiendo tocarle la fibra sensible.

-De acuerdo, de acuerdo…- Me agarró de la mano y me lleva hasta otra sala.- Cuando sean las ocho de la noche podremos usarlos, mientras esperaremos.

Miré la hora y quedaban unos veinte minutos. Comencé a moverme por el Observatorio y vi una sala dónde descansaba una enorme esfera que representaba la Tierra.

-Las zonas verdes, amarillas o naranjas representan los continentes, mientras que las zonas azules en todos sus tonos representan los mares, los océanos, ríos y toda masa de agua. Ven sígueme, sabes que la Biología y la Química son las ciencias que mas me gustan. Pues te explicaré algunas cosillas.

Me agarró del brazo y comenzamos a correr unas escaleras hasta subir a la plataforma donde veíamos la esfera que representaba la Tierra. Empezó a explicarme las bases de la biología, parte de los ecosistemas. Le miré a su cara y vi como una sonrisa se dibujaba en su rostro.

-Me resulta bastante extraño encontrarte aquí Alex, normalmente estos sitios te causarían alergia.

-Resultabas bastante mono antes de que dijeras esta estupidez.- Me tapó enseguida mi boca con su mano y me atrajo atrás, hasta la pared de la plataforma.

Se puso el dedo índice en los labios pidiéndome silencio y nos asomamos un poco hacia la esfera viendo a dos personas en la base de esta hablando. Aunque susurrasen la habitación estaba construida de tal manera que se oía perfectamente desde donde estábamos.

Uno de los hombres era el señor con el esmoquin y el sombrero de copa negros que nos encontramos esta mañana en el autobús. Estaban hablando de Osadía y de las continuas batallas que tenían con la divergencia.

El señor de esmoquin agarro fuertemente al otro que sostenía una maleta con la misma cara inexpresiva.

-Escúchame bien, los divergentes nunca dejarán de atacar la ciudad hasta que Abnegación renuncie al poder y Osadía deje las armas. Si él les sigue diciendo atacad, lo harán. Cada vez hay más divergentes y más gente que está a favor de ellos. ¿De verdad crees que aunque sea su hija va a dejar la ciudad en nuestras manos? ¿No crees que ya habrán pensado en ello? Ese hombre no conoce ni siquiera a su familia. Cuando atacaron los divergentes Se dio cuenta de que la divergencia era el único arreglo que podría tener la ciudad. Tendría que ser, algo convergente. Donde todos estén unidos bajo un mismo ideal. Tú también sabes que la idea de las facciones era una estupidez, y aún así no dijiste nada a tu padre.

-Yo tenía diez años, once como mucho- El otro hombre se deshizo del agarre y se alejó un poco.- ¿Crees que sabía lo que pasaría con la división? Pero todas las ciudades que quedaron después de la guerra decidieron adoptar este sistema, era la única manera de que todos nos ayudáramos mutuamente. Se suponía que terminaría con el tema de la divergencia pero parece ser que ellos no han querido esperar más para la unión de las facciones y creen que la guerra será más rápida.

-Y será mucho más rápida. Será mucho más sangrienta. Y la pueden ganar fácilmente.

-¿Pero porque han empezado a atacar esa zona?- Enseguida me interesó muchísimo más esa conversación. ¿Porqué atacan Cordialidad, que tenemos que les interese tanto?

-Porque Cordialidad está hecha un asco y la pueden destruir fácilmente. ¿Y qué pasaría si Cordialidad es destruida? Pues que tendrán acceso para salir y para entrar como les dé la gana a la ciudad. Por eso la guerrilla aumenta, porque la gente quiere salir de la ciudad y ven la divergencia como el método más sencillo.

Todo tenía sentido. Pero entonces, Cordialidad depende totalmente de Osadía en estos momentos. Necesitamos un ejército con el que defendernos, por ello llegan tan rápido cuando hay cualquier problema. Entonces si quiero ayudar a Cordialidad…

Tendré que ser una osada…