Luka.

Una semana había pasado desde su regreso a la Tierra. En esa tarde particularmente desolada, donde sus recuerdos a penas se volvían un destello por la rapidez de tantos sucesos. Hace no mucho tiempo, cuando su mayor sueño se encontraba tan cerca que casi podía tocarlo. Todas las joyas, todos lo preciosos metales y monedas de cada galaxia. Todo juntado con paciencia y esfuerzo para finalmente adquirir aquello que más deseaba. Un planeta, pero no cualquiera. Sería uno grande, se había dicho. Uno que fuera muy grande y bonito, donde todo aquel abandonado, despojado u olvidado podría encontrar su refugio.

—¡Gai! –el mencionado saltó en arrebato al ser llamado. Como un niño sintiendo temor por un regaño. Girando en dirección a la castaña con gesto azorado.

—Luka-san, yo… lo del comedor, Ahim-san, yo…

—Gracias –fue su escueta respuesta. —Sé que hiciste tu mejor esfuerzo. También extraño los viejos tiempos —sonrió ligeramente. —…y tú lograste que se sintiera como antes, aunque fuera por unos minutos. Te lo agradezco.

—Lo siento –El chico jugaba con sus dedos a la vez que bajaba la cabeza. —Debería haber comprendido mejor la situación. Sólo intentaba ayudar –murmuraba aún con su culpa presente en cada palabra, con el temor de haber empeorado sin querer la situación.

Luka se acercó, ladeando la cabeza. Lo tomó por lo hombros con suavidad, en mudo intento de consuelo. Gai se dejaba hacer, entre alivio y vergüenza. Recibir los mimos de una mujer como GokaiYellow no era frecuente.

Luka siempre tuvo un lado maternal. Siempre a la defensiva, dispuesta a pelear con lo que fuera que osara lastimar aquello que más amaba. Sin importar lo que fuera. Por esa razón ni siquiera lo pensó cuando tomó a Ahim entre sus brazos aquella vez. Cuando entre lágrimas, su amiga les confirmaba el peor de sus temores.

—Está bien, está bien. —Le golpeó con sus palmas de manera amistosa, tal vez un poco más fuerte de lo debido. —Yo también lo siento por el mal rato en la tienda. – Rio más animada, decidida a no mostrarse débil. En acto travieso tomó asiento en la silla del capitán.

—¡Luka-san! No creo que deba…

—Tranquilízate. No es como que él esté aquí, ¿o sí? —Lentamente, su sonrisa se desvanecía. — ¿Sabes?, tú has sido mucho más útil que ese trío de idiotas. –no pudo evitar el deje de amargura al pensar en el resto de los varones del equipo. Era como si esos imbéciles solamente decidieran alejarse sin encarar la situación; en especial Marvelous. "Creo que merezco mucho más este lugar".

Doc pasaba más tiempo del usual en la cocina o reparando cualquier cosa del galeón. Si no era el mástil, era la proa. Si no era el timón, era la computadora. Luka no era estúpida, sabía que lo hacía para evadir el problema. Con Joe era parecido. Si bien el espadachín siempre fue un tipo retraído de pocas palabras, ahora solía pasar todos los días entrenando sin parar, desde el amanecer hasta el atardecer. Había veces en que nadie lo veía durante todo el día. En cuanto a Marvelous; el capitán estaba actuado como el patán más insufrible del universo. No era como si éste alguna vez fuera algo diferente, al menos a sus ojos. Pero en los últimos meses sólo había empeorado. La castaña recargó la frente con su mano en ademán frustrado. Se suponía que habían prometido cuidar de Ahim. Se suponía que eran un equipo.

—¿Luka-san?–Ahora ella era llamada, recordando con pena que Gai aún se encontraba con ella. Últimamente se sentía sola. — ¿Te encuentras bien?

—¿Qué? –casi exclamó saliendo de sus cavilaciones. —Sólo estaba pensando. Es todo. –respiró nerviosa. —Antes de saber del estado de Ahim, yo… —Maldición, su corazón se aceleraba. —Hay un planeta. Está a muchos años luz de la Tierra. Tiene la atmósfera más limpia que he respirado y un hermoso cielo purpura. –soltó el aire en sus pulmones. —Era todo lo que había soñado y casi era mío. Un lugar al que poder llamar hogar.

Se llevó las manos a su pecho. Fue una decisión muy dura, pero no tenía manera de arrepentirse. Después de todo lo ocurrido, aún si no comprendía porqué Ahim deseaba regresar y establecerse justamente aquí. Ella tomó la determinación de seguirla a donde fuera, y protegerla.

—¿Sabes?, siempre te había visto cuidar a Ahim-san como una hermana mayor. Siempre pensé que era muy dulce de tu parte. —El joven expresó sincero. Sintiendo que su compañera necesitaba ser confortada. —Sobre la tienda, no tienes nada de que disculparte. Entiendo que ahora más que nunca deseas cuidarla. Estoy seguro de que Ahim-san se siente muy agradecida por tenerte a ti a su lado. — No le había pasado desapercibido ninguno de sus gestos. Gai podría ser algo distraído la mayor parte del tiempo, pero podía ser sumamente observador cuando las circunstancias lo ameritaban.

La chica le observó. Una emoción indescifrable formándose en sus ojos oscuros. Aún atrapada en sus reflexiones. Pensó en su hermana, y en los niños a los que un día había prometido un hogar. Pero entonces, pensó en Ahim, y en Doc, Joe e incluso Marvelous. Pensó en aquellos que sin proponérselo se convirtieron en su familia, en su hogar. Finalmente recordaba la razón detrás de su decisión. Ella se enfrentaría a lo que sea por lo que más amaba, ellos. Con ímpetu, la GokaiYellow se levantó para alcanzar a su contrario. Halándolo hacía sí con todo el nervio.

—Escucha, Ahim necesita toda tu ayuda. Ella está pasando algo muy duro. Por eso tienes que estar con ella. Debes cuidarla, y a su bebé. –de repente Luka volvía a sostener sus hombros, más esta vez lo sacudía con violencia.

—Lo sé, Luka-san –Gai articulaba con dificultad.

—Esto es un desastre. Tenías planes, tenías un sueño. Pero ahora ella te necesita porque nadie más podrá ayudarla como tú. Lo prometiste, que siempre estarías para ella. –Gai parpadeó confundido, sintiéndose aún más perdido. ¿Cómo era que la castaña podía cambiar de actitud tan radicalmente en tan poco tiempo?, ¿había hecho algo malo? Pensó en disculparse otra vez, pero no sabía si era lo adecuado. No entendía nada.

Con ese sentimiento entre incertidumbre y pena, Luka hablaba hacía sí misma como si le hablara a él. Intentando llenarse del valor que aparentemente nadie más poseía ahora. Con la voluntad de mantener unida a su tripulación. A cualquier costo, incluso su sueño. Pero, ¿acaso valdría la pena?, ¿valdría algo si su familia se desmoronaba?, ¿si Ahim aún lloraba por las noches? y ¿si no podía proteger a ese bebé tampoco?

—¿Qué hacen? –ambos giraron hacía un tercer involucrado en escena. Doc subía las escaleras, tenía el cabello revuelto y oscuras bolsas bajo sus ojos. Luka le devolvió la mirada, más húmeda e hinchada de lo que debería. —¡Luka! –el rubio de inmediato apretó el paso hasta llegar a ella, alarmado ante su aflicción. Sin embargo, la fémina obtuvo su pequeña revancha al evadirlo mientras huía hacía su habitación. Después de todo, eso era lo que todos hacían últimamente, huir. Y Doc lo sabía.

—Doc-san –El GokaiSilver ahora captaba su atención en medio del recibidor vacío. Con los ojos entornados y los puños empalideciendo, el joven se paró firme frente al otro. —¿Qué está pasando? –lo dijo en tono grave de aquel que exige respuestas. Pero también como una súplica, desesperado porque alguien le hilara algo de coherencia.

El de verde inhaló profundamente. Sabía que Gai pediría por alguna explicación tarde o temprano. A pesar de que mantenía esperanzas guajiras de no ser el elegido para darla. No quería fallarle a Ahim otra vez. Exhaló, con los ojos entornados hacia él.

—Siéntate Gai. Es mejor que lo hagas.