II

–Vaya, miren quién está aquí –el chico de la cabellera roja sonrió con sorna, se levantó de su sitio y comenzó a caminar tranquilamente hacia Gakushū con una mano en el bolsillo y la otra sosteniendo una cajita de malteada–. Tal parece que a partir de hoy seremos compañeros de clase. Llevémonos bien, Don Segundón.

Con esas palabras acompañadas de una mirada desafiante, Karma Akabane declaró discretamente la guerra al expresidente del consejo estudiantil, que aunque procuraba no demostrar su molestia, la forma en que sus puños se ciñeron a los costados y que su respuesta fuera un seco "muévete" indicaban claramente lo contrario.

Porque había algo en el anterior integrante de la clase E que le hacía perder la paciencia y querer salir de ahí con rapidez para ir a cualquier sitio donde pudiese quejarse, maldecirlo y golpear algo cómodamente hasta calmar su disgusto. Su simple presencia lo molestaba, ni siquiera el que Karma le hubiese recordado la derrota que sufrió contra él en los últimos exámenes le había hecho enfadar tanto como saber que estarían en el mismo salón. Incluso hubiese sido capaz de propinarle un puñetazo en la cara ahí mismo, de no ser porque detrás de él estaban el resto de sus nuevos compañeros intentando averiguar el motivo por el que Gakushū estorbaba la puerta, y él mismo no deseaba ganarse una suspensión el primer día de clases. Por tanto, y de la forma más diplomática posible, se abrió paso por un lado del pelirrojo sin importarle si llegaba a empujarlo en cuanto escuchó el timbre que daba inicio a las clases sonar. Aunque Karma no se dejó tocar y sólo se apartó volviendo a su correspondiente lugar al fondo del salón.

El primer módulo comenzó, y como es lo común para los alumnos que ingresan a un nuevo nivel académico, los maestros pidieron a los estudiantes presentarse y decir demás datos personales para conocerse más rápido. Todo habría estado bien, de no ser porque cada profesor pedía exactamente lo mismo y el grupo terminó repitiendo el mismo discursito una y otra vez durante el resto de la mañana. Cosa que le sirvió a Gakushū para reconocer entre sus compañeros antiguos contactos de secundaria, apellidos conocidos fuera de esas instalaciones e incluso recabar información básica de cada uno para poder usarla después.

Pero…

–Akabane Karma, 16 años, secundaria Kunugigaoka. Espero divertirme con todos ustedes.

Y volvía a sentarse con una inocente sonrisa que el de ojos violeta no se tragaba, porque sabía que en aquellas palabras había intenciones más deshonestas de lo que dejaba ver su falso tono de voz. Sin pensarlo demasiado concluyó que Karma pretendía hacer justo lo decía: divertirse con ellos.

O mejor dicho; a costa suya.

El resto del día transcurrió en relativa calma –por no decir aburrida– entre el cambio de un módulo a otro, algunos de sus compañeros incluso se levantaban de sus asientos en la primera oportunidad para saludar a Gakushū y hablar de la antigua secundaria mientras él fingía interés en sus palabras. Detrás de él, Ren Sakakibara observaba el comportamiento de su amigo y negaba con cierta desaprobación la cabeza, porque él conocía bastante bien el verdadero carácter del hijo del expresidente y temía que alguien le hiciera enfadar o lo sacara de quicio, ya que entonces tiraría abajo todo su teatro mostrándose como la persona calculadora y apática que realmente era, y vamos, que nadie querría ver eso tan temprano en la mañana.
Pero la cuestión era, que el proclamado poeta sabía bien quién representaba la mayor amenaza para el reinado que Gakushū pretendía alzar desde ese momento, y esta persona estaba recargada tranquilamente en el respaldo de su silla, observando todo a su alrededor como si planease algo y poniendo especial atención en el chico que entablaba fácilmente conversación con varios estudiantes a la vez. Era como si ese breve momento fuera sólo la calma antes de la tormenta.

Mas esto no pasaba desapercibido para Gakushū quien en todo momento sintió una penetrante mirada puesta sobre él, incluso se atrevía a decir que la otra persona no se esforzaba siquiera en hacerlo menos evidente y que, de ser posible, ya le habría taladrado la cabeza con sólo verlo. Le incomodaba, y la incomodidad le producía enfado, y el enfado impaciencia, y la impaciencia unas ganas casi incontrolables de mandar a todos a la porra para quedarse tranquilo y refunfuñando en su sitio el resto del día.

Pero por otro lado sabía bien que este era el objetivo del otro.
Mientras hablaba con sus nuevos compañeros de temas sin relevancia, pensaba para sus adentros una forma de desmoronar los molestos planes de su acosador y de paso conseguir divertirse un poco él mismo, pues no le permitiría darse el gusto de verlo enfadado el primer día de clases y en cambio Gakushū ahora deseaba observar la cara de Karma al ver frustradas sus intenciones.

Podría ignorarlo por completo hasta que el otro se cansara y desistiera de mirarlo, podría lanzarle con suma discreción su borrador para golpearlo y el molesto fuera él, o podría incluso sólo darse la vuelta, sonreírle falsamente e invitarlo con ese cinismo disfrazado de amabilidad que tan bien sabía lograr a formar parte de la charla sin sentido de la cual apenas prestaba atención por pensar aquello. Si le rechazaba sería el pelirrojo quien quedaría como una persona huraña o incluso grosera a vista de los demás y él mismo reforzaría la imagen que deseaba obtener de alguien amigable y abierto al grupo, porque ni siquiera consideraba como probabilidad el que Karma aceptara su invitación.

–Heh~ con que así es como consigues a tu séquito de fieles aduladores.

Pero una vez más, la voz de su rival consiguió destruir sus planes y hacerlo girar la cabeza para darse cuenta de que estaba apenas unos pasos detrás de él, con ambas manos en los bolsillos del pantalón y viéndolo desde arriba con una sospechosa sonrisa maliciosa. Gakushū frunció notoriamente el ceño pero no respondió nada, de hecho estaba un poco sorprendido de que el de los ojos color miel pareciera haber adivinado su objetivo con tan sólo observarlo unos minutos.

–¿Cuánto tiempo tardas en ponerles la correa para que sigan todas tus órdenes sin vacilar?

–¿Tienes algún problema con establecer relaciones con tus compañeros? –Contestó en un tono cortante y con la vista fija en el otro chico–. Aunque si te has saltado la ceremonia de inicio quiere decir que tanto eso como reglas de la escuela no significan nada para ti. ¿Me equivoco, Akabane?

El nombrado soltó una risita.

–Eres muy observador, presidente –se burló a sabiendas que ese título ya no le correspondía. Mientras, los otros alumnos guardaban cada vez más distancia de ambos chicos de estaturas iguales, ni siquiera Ren intentó acercarse para aligerar la tensión que podía cortarse con un cuchillo en ese momento, porque presentía el peligro de intervenir entre ellos. Simplemente, Gakushū y Karma imponían estando juntos–. Oh, ¿podría ser que me buscaste durante la ceremonia y te sentiste mal de no verme ahí?

–Como si fuera posible –respondió de inmediato–. Es sólo que el gimnasio estuvo demasiado tranquilo como para pensar que tú te encontrabas en él.

–¿Crees que sería capaz de meterme en problemas el primer día de clases?

–Te creo capaz de muchas cosas, y esa es sólo una de ellas.

–¿Debería tomar eso como un insulto o-…?

–No, no es un halago –le interrumpió.

"–Uwaaah… desearía que el maestro llegara de una buena vez" –pidió Ren para sus adentros mientras observaba desde su pupitre detrás del de Gakushū cómo ambos chicos se mataban con la mirada, continuando con su guerra de orgullo. Si esto llegaba a ocurrir con frecuencia consideraría seriamente el cambiarse al lugar más alejado de las hileras que ocupaban esos dos para no acabar en medio de sus disputas.

La campana que ponía fin al almuerzo sonó, pero los dos chicos no dejaron de retarse en silencio hasta que el maestro entró y pidió a todos ocupar su asiento. Karma se retiró al suyo con cierto rezago y llevándose ambas manos a la parte posterior de la nuca, Gakushū por su parte observó los movimientos del contrario por el rabillo del ojo para prevenir cualquier atentado en su contra al darle la espalda. Aunque más que eso, le causaba intriga los motivos que pudiese tener el otro para buscar un enfrentamiento tan directo contra él.

Pero en realidad no necesitó pensar mucho al respecto.

Karma era una persona competitiva, orgullosa y aunque odiara admitirlo, hábil en muchas cosas. Era el único estudiante que representó para Gakushū un verdadero rival académico por lo menos el último año de la secundaria, y ni qué decir ahora, habiéndose enterado gracias al cotilleo de sus compañeros de grupo que el chico obtuvo la mayor puntuación en el examen de ingreso, lo que le permitió ascender rápidamente entre los escaños de la clasificación hasta acomodarse sin problema en la clase A del primer año de preparatoria. Pero ahí radicaba la raíz del asunto, porque el expresidente no creía que la principal prioridad del pelirrojo fuera sobresalir académicamente u obtener algún beneficio de sus altas calificaciones (de ser así lo habría hecho desde el primer día y no hasta el último año), desde el principio Akabane Karma demostró ser talentoso tanto académica como físicamente y no tuvo reparo en meterse en cada pelea que se le ponía enfrente apaleando por completo a aquellos con el suficiente grado de idiotez como para creer que podrían ganarle. Su motivación le era desconocida, pero si reflexionaba que durante todo el tercer año ambos jugaron sólo de su "lado del tablero", ahora cobraba sentido si Karma pretendía arrastrarlo hacia su propio extremo, donde podría comprobar las habilidades de pelea de Gakushū y compararlas con las suyas.

–"Tsk, como si fuera a caer en tu tonto jueguito tan fácilmente…" –pensó el chico modelo mientras giraba un poco la cabeza para ver al otro y darse cuenta que seguía observándolo.

Porque aquella vez del Boutaoshi, y la forma en que logró meterles una buena refriega a algunos de sus compañeros él solo, no pasó desapercibido a ojos del pelirrojo. Gakushū había mantenido oculta su capacidad para el combate durante toda la secundaria hasta ese momento, nunca había tenido necesidad de mostrarlas y en un juego como ese fue la mejor oportunidad para lucirlas, aunque al final terminara siendo derrotado. Pero no era sólo su dominio de las artes marciales lo que llamaba la atención de Karma, sino el hecho de haber sido capaz de frenar a varios de sus colegas quienes habían recibido entrenamiento especial de asesinato durante todo el año, incluido él mismo.


Y aquí termina el segundo capítulo. Gracias a las personitas que me dejaron sus lindos reviews en el capítulo anterior, motiva bastante ese tipo de cosas uwu
En este capítulo yo quería hacer ver cómo pienso que sería su reencuentro en la preparatoria, porque a pesar de que las cosas terminaron bien en el día de la graduación, creo que Gaku habría querido no repetir más lo ocurrido en secundaria y empezar todo de cero. Además, yo creo que todos nos quedamos con las ganas de ver a esos dos enfrentarse en una pelea y pienso que Karma también está personalmente interesado en eso. Me pregunto quién ganaría~~~

Dije que no iba a hablar mucho en los siguientes capítulos y voy a cumplirlo. Sólo un par de cosillas que olvidé escribir en el primero:

Doy gracias a otra autora, Blood ErroR, por ayudarme con algunos detalles de la historia cuando apenas había comenzado. Si por alguna extraña razón no han leído sus excelentes fics Karushuu entonces los invito a pasarse por su perfil y hacerlo, se van a llevar una grata sorpresa.
También quiero agradecer a mi mejor amiga Lucrecia quien es la que tiene que soportar siempre mis ataques de "NO SÉ QUÉ ESCRIBIR, ESTO NO TIENE SENTIDO" a parte de ser la persona encargada de hacerle las revisiones a mis fics 'cause soy insegura al respecto. Te quiero, cariño uwu (?)

Ahora sí ya, espero disfruten este nuevo capítulo y quieran continuar conmigo la historia. Que tengan un buen día, tarde o noche, según cuando lean esto ^^