Ya estando en el café, sentados y esperando, el silencio se tornó incómodo. Ni una sola palabra. El ambiente era tenso, y Tavros para no sentirse nervioso –más aun- sacó el valor de donde pudo para entablar una conversación:
-E-eh… a-así que vienes aquí a menudo? – dijo en voz baja
-Sí, si vengo a veces cuando estoy solo.- le dijo en tono indiferente
-P-perdona que quiera preguntarte esto… e-eh… porque estabas llorando? N-no contestes si te enoja…
-¿Sabes? La vida es una mierda. Una vil mierda. Más cuando eres un pobre fracasado y patético saco de carne como soy yo… no puedo. No puedo más. Estoy en un límite de locura.
Tavros se sorprendió al ver como decía todo esto; no se esperaba que Eridan dijera malas palabras, y mucho menos, que fuera infeliz. Él se sentía exactamente igual. Sintió esperanza en encontrar a alguien que comprendiera lo que le estaba pasando, que lo escuchara, que le diera cariño.
"Espera. Cariño? ¿Qué estoy pensando?" pero detuvo sus pensamientos rápidamente cuando escucho lo que estaba diciendo Eridan.
-Nunca quise nacer. Si se pudiera elegir si quieres vivir, mi respuesta sería no. ¿Sabes Tavros? Le hice mucho daño a todos. Y me arrepiento… soy un puto inmaduro, fracasado, patético. Por eso nadie me quiere.
Por eso nadie me quiere.
No lo podía creer. No podía creer esas palabras provenientes de los labios de Eridan. Era todo lo que sentía, todo lo que le ocurría.
