Segunda y última parte de mi regalo. ¡Disfrutalo Yolo y nuevamente, disculpa por traerlo tan tarde! T.T
Millón de gracias a Coraline T por betear este capi. ¡Vayan a leerla!
VI
Distrito Trece – Ala este del hospital Zennia Coin – Setenta y seis años después de los Días Oscuros. Día diecinueve del cuarto mes del año.
Aunque mis palabras causaron cierto efecto sobre Finnick, la depresión no desapareció por arte de magia. Ahora mismo está acostado haciendo más — ¿debería sorprenderme que no hiciera? — nudos.
Lo muevo y le muestro lo que tengo entre las manos. La pizarra muestra un: ''Vamos a hacer un pequeño viaje''.
— ¿Viaje? ¿A dónde? Darius, sabes perfectamente que no podemos salir de aquí…
''Solo sígueme…'' luego le agarre la mano, conduciéndonos por los numerosos pasillos del Trece.
.
—Darius, ¿estás seguro hacia dónde vamos? — es la quinta vez que me pregunta a donde vamos. Lo único que hago es asentir con la cabeza. Si soy sincero, nunca antes había estado en el sitio al que vamos pero Pollux, un avox camarógrafo un tanto amable, me recomendó el sitio. Esperemos que sus indicaciones vayan a funcionar—. Todavía no entiendo como dejaron que saliéramos del Trece.
Yo solo le mando a hacer silencio. Luego de seguir caminando durante quince minutos más y girar en por un árbol de aspecto tenebroso, llegamos al claro. Todo tiene un aspecto magnífico: la hierba es de un color verde claro; el aire es puro comparado con el artificial del Trece y el agua del mini lago es tan cristalina que puedes ver a unos cuantos peces nadando. Volteo a ver a Finnick para ver si él también disfruta de esta belleza de paisaje. El solo sonríe.
—Que lugar tan… vivo. — comenta más para sí, observando todo el ambiente. Luego, empieza a quitarse la playera. ¿Qué carajos…?
— ¿Qué? ¿Esperabas que con esta agua tan fresca y con este calor me quedara parado como si nada? — Termina de sacarse la camiseta y se desabrocha rápido el pantalón. Queda en calzoncillos largos, como los que usarían en otra época muy lejana. O en el Distrito 13. — ¿Te vas a quedar ahí parado o te vas a bañar?
Le niego con la cabeza y también empiezo a quitarme lo que tengo encima excepto mi ropa interior. A diferencia de Finnick, los míos son más modernos pero igual de incómodos. Me acerco al agua y voy entrando poco a poco en ella. Está fría como el demonio. Mientras el agua ya está a la altura de mis rodillas, siento a alguien detrás de mí y lo siguiente que veo es mi cara estrellándose contra el agua. Me reincorporo furioso buscando al maldito Odair; el está en la orilla riéndose a carcajadas. Es hora de mover ficha. Llego rápidamente a la orilla y empiezo a mojarlo con varias ráfagas de agua. Se queja pero luego hace lo mismo y terminamos dentro del agua ''peleando'' para ver quien moja más a quien. Aunque hace ya minutos que estamos bastantes mojados. Luego de un forcejeo amistoso que termino ganando, ambos nos quedamos mirándonos con un silencio cómodo. No me había percatado bien de la escasez de ropa que teníamos y del cuerpo semidesnudo de Finnick. Sólo me muerdo el labio inferior e intento apartar la vista.
—Ya sé que tengo un cuerpo fantástico, Darius, no hace falta que lo admires tanto —. Hace énfasis en mi nombre sacándome de mis pensamientos. Me mira con el ceño fruncido y se ríe. Yo sólo sonrío incómodo y le indico con señales que yo tampoco me quedo atrás. Él, para mi sorpresa, asiente —. Pues tú tampoco estás nada mal, sí.
Imito a una de las numerosas chicas amo-las-cosas-tiernas-y-la-miel-es-mi-vida que había en el mismo Distrito Doce, contoneándome tímidamente y mascullando algo que sería como un ''aww''. Finnick se parte de la risa.
—Sí caes tan fácilmente debías ver los flirteos que le decía… — ambos sabemos con quien coqueteaba. Esta vez una sonrisa de felicidad no es la que decora su cara. Crece entre nosotros una tensión incómoda. Él se sienta en el agua lo que hace que sólo su cabeza sobresalga. Me le acerco y apoyo mi mano sobre su hombro. Sabe que puede contar conmigo en lo que necesite. Al fin y al cabo, ambos somos dos almas destrozadas por una guerra que no duda entre matar a tanto inocentes como culpables.
—Gracias — me comenta en voz baja. Luego se levanta y se me queda mirando fijamente. Sus ojos del color del mar muestran inseguridad y tristeza. Una pequeña sonrisa aparece en su cara y suelta el aire—. Creo que es mejor que volvamos, deben estar preguntándose si nos escapamos en verdad.
El deje de su voz parecía querer decir algo más… me pregunto que será. Me levanto y ambos buscamos nuestras ropas.
VII
Distrito Trece – Hangar 82BTZ – Setenta y seis años después de los Días Oscuros. Día dieciocho del quinto mes del año.
Después de varios días de entrenamiento duro, Finnick, Katniss, Gale y el resto del escuadrón seleccionado van a partir al Capitolio. Pedí también acompañarlos, que con mi conocimiento de Agente de la Paz podría ser útil. Pero los estúpidos decidieron que tenía que quedarme aquí ayudando. Vaya mierda. Según lo pronunciado por la Presidenta Coin hace unos minutos, esta será la última batalla de esta horrible guerra. La última, pero la más grande y más peligrosa. Y que él vaya no me tranquiliza nada. Los siguientes días después de nuestro escape al claro han sido de los más estresantes y raros de mi vida. Finnick y yo estuvimos compartiendo muchas risas, sí, pero también momentos incómodos y miradas más prolongadas de lo necesario. Tengo una corazonada, pero no sé si seguirla y tomar la iniciativa…
El sonido de una escotilla abriéndose hace que me espabile. Últimamente he estado muy quedado en mis pensamientos, hago nota mental que debo mejorar eso. Las despedidas tampoco se hacen esperar mucho más y es hora de decir hasta luego a Finnick. Nos quedamos mirándonos fijamente hasta que el resto empieza a subir. Nos damos un abrazo cálido y por primera vez, a los dos nos cuesta soltarnos.
—Cuídate, pervertido— me susurra al oído. Le indico que se cuide igual, y termina de subir a la aeronave. Minutos después, salen rumbo al Capitolio. Tengo miedo de perderlo, igual que perdí a Lavinia. No puedo. Simplemente no puedo aceptar la idea de que él también vaya a desaparecer. No lo voy a permitir. Por lo menos, no antes que le diga que lo amo.
VIII
Distrito Trece – Ala este del hospital Zennia Coin – Setenta y seis años después de los Días Oscuros. Día veinticinco del quinto mes del año.
— ¡Lavinia, ven acá! —le grito amistosamente mientras ella escapa con su bicicleta. Yo la persigo por el muelle —. Niña boba, te vas a hacer daño.
— ¡Estoy bien, yo puedo hacerlo sola! – dice mientras pedalea más rápido. Un pescador la saluda y se detiene para hablar con él. Reconozco al pescador como Finnick. Cuando me les acerco, ambos corren rápido a la bici y como pueden escapan de mí. Yo solo me río y apresuro el paso. Van a tener que parar porque el muelle no es infinito. Claro, porque el muelle…
Cuando menos lo espero los dos, bicicleta incluida, caen en picada hacia el mar. El muelle tuvo un accidente un par de meses atrás y por eso estaba incompleto. Grito y llego al borde para verlos antes que se estrellen. Cierro los ojos y espero el sonido del agua. Pero nunca llega.
Abro los ojos y una horrorosa cara me ofrece una sonrisa diabólica. Grito de la cólera y el ser saca un brazo espectral del agua que me saca volando por los aires, para terminar cayendo por su garganta. Todo está oscuro, estoy solo, no sé donde están Lavinia y Finnick y ¿¡por qué carajos esto no tiene final!? Súbitamente, tengo el piso a dos metros y espero el impacto.
Pero nunca llegó. Estoy bastante sudado y el hecho de que a mi lado este una cama vacía no mejora mucho la situación. La oscuridad y el silencio no son los mejores acompañantes para una pesadilla, la verdad. Me hace falta alguien aquí, conmigo. Cualquiera, hasta el borracho de Abernathy. Aunque preferiría a cierto caballero de cabellos dorados y piel cobriza.
IX
Distrito Trece – Parte exterior del hangar 82BTZ – Setenta y seis años después de los Días Oscuros. Día dieciocho del sexto mes del año.
Este último mes ha sido todo un infierno. Aquí en el Trece se cuecen la mar de rumores acerca del estado de la guerra. Que sí perdimos, que sí ganamos, que sí Katniss murió y el chico del pan es el nuevo Sinsajo, incluso decían que Snow se había suicidado y que Katniss había asesinado a Coin ¿Qué locura que sucediera eso, no? El punto, es que no me interesa nada de eso. No digo que el estado de Panem no me importe, pero ahora mismo quiero saber si Finnick está vivo o… no, está vivo. Tiene que estar vivo.
Hoy llegaban los soldados que ''valientemente'' habían encarado como se conoció irónicamente, como los Septuagésimos Sextos Juegos del Hambre. Estoy seguro que allá era peor que cualquier Juego antes hecho.
Cuando empiezan a desembarcar, estoy más que pendiente a las personas que bajan. Me alegro un poco al ver que Pollux consiguió sobrevivir. Aunque por su cara y la desaparición de su inseparable hermano, me indican su perdida. Nos saludamos inclinando la cabeza. Cuando veo que no bajan más personas, es cuando mi corazón empieza a bombear demasiado rápido para ser normal y un nudo se forma en mi garganta. No, no puede ser. Entro en una ira interna. Es que… ¡NO! ¡NO VOY A PERDERLO! ¡ME NIEGO! ¡NO OTRA VEZ, POR FAVOR NO OTRA…!
—Darius — una voz me frena. ¡OH! Será… — ¿No hay un abrazo de bienvenida? — Finnick me sonríe apoyado desde una columna. Sí. Está vivo…
Salgo corriendo desde donde estoy y me lanzo tan fuertemente a sus brazos que retrocedemos un poco. Y lo abrazo como si no hubiera un mañana. El abrazo llena un espacio en mi cuerpo. Esa sensación de pérdida que tenía, ahora se está saciando. Había pasado tanto tiempo sin vernos. Terminamos el abrazo, pero todavía lo sigo sujetando por los brazos. Nos miramos, y no tenemos que ser adivinos para saber que es lo que ambos queremos. Agarro su cara suavemente entre mis dedos. Y por fin después de tantos días y meses de sed, me lleno de sus labios. Saben… como a la pólvora. Sí, ese era el sabor de nuestros labios. Del sabor del Trece. Primeramente el beso fue torpe, pero luego cada uno buscaba terreno en la boca del otro. Peleábamos, para luego rendirnos y volver a empezar el chico. También, formábamos una chispa. Una chispa, que fue el combustible de unos fuegos artificiales. Fuegos artificiales, que hicieron explotar, por fin, todo lo que sentíamos por dentro.
X
Distrito Cuatro – Aldea de los Vencedores – Setenta y seis años después de los Días Oscuros. Día doce del décimo mes del año.
—Darius, ¿agarraste las toallas? — reviso el bolso y asiento. Fin asiente y me sonríe pícaramente. Me deposita un beso y me susurra al oído—. Recuerda también el bronceador. Necesito ponerte un montón de bronceador encima.
Le guiño y le señalo el bronceador. Yo también quiero ponerle bronceador en cierta zona. El se ríe y termina de agarrar el resto de cosas para salir juntos a la playa. Hoy el sol está especialmente caliente por lo que provoca meterse al agua.
...
Dios. Quién diría que pasaríamos una tarde tan relajante y divertida. Ahora mismo estamos debajo de nuestra sombrilla, comiendo unas fresas acompañadas de crema batida. Tengo a Finnick acostado en mis piernas, mis dedos juegan con sus cabellos. De repente, se incorpora y puedo notar que está emocionado.
—Hemos pasado unos cuatro meses maravillosos, ¿no crees? — asiento automáticamente y me quedo pensando. Han sido bastante buenos estos últimos meses. Con Finnick, ha sido todo más fácil. Le agradezco profundamente eso—. Y creo que… — se detiene, y para mi sorpresa, me dedica un ''hola'' en lenguaje de señas. Había pasado todo este tiempo y el condenado aun no sabía cómo hablar con ese lenguaje. Le pido por favor que lo repita, pero esta vez no es un simple hola lo que dice. Son diferentes las señas. Me muerdo el labio y le doy un beso profundo por el significado de esas dos palabras. Porque esas dos palabras significan, ''Te amo''.
Espero que les haya gustado, especialmente a ti Yolo. ¡Feliz dia del amigo atrasado xD!
Si les gustó, anímense a dejar un review que me pone muy feliz :).
Siempre suyos,
Twilli.
