Disclaimer: Los personajes no pertenecen, de ser así, le habría dedicado más viñetas a Minerva mientras daba rienda suelta a su ira. Este fic corresponde a la actividad: Sobre gustos no hay nada escrito del foro: Cannon Island.
Advertencias: Errores y distracciones de edición: ortografía y puntuación. Me disculpo por los mismos, estoy trabajando en ello. ¿Posibilidades de que sus pocos lectores, terminen "¿Khé?" xD
Notas de autora: Esto no salió como lo imaginé, pero ¿se nota que desprecio a Jienma? ¿Si? Pues entonces estoy conforme.
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Sobre gustos no hay nada escrito: Viñeta de personajes.
Minerva Orland.
No le gusta: Perder.
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Un gemido cansado abandona sus labios y chilla adolorida cuando sus piernas ceden, y sus rodillas se encuentran con el duro suelo.
Jadea, y siente sus entrañas quemar a cada patética bocanada de aire que logra atrapar. Saborea sangre —su sangre— y no le sorprende, pues sabe bien que no es nada en comparación a lo que vendrá después.
Es solo el primer acto y sabe que le esperan muchos más.
—¡Levántate! —da un respingo involuntario ante la severidad de aquella voz—. No pasas de una mocosa —murmura con asco y su corazón se aprieta en el pecho, contristado con tanta frialdad.
Ella lo intenta, ser mejor. Día tras día se esfuerza por convertirse en alguien digno —en alguien fuerte—. Ella ha entrenado, ha practicado su magia hasta desfallecer del agotamiento y sus músculos duelen ante el barbárico esfuerzo físico al que se somete, y sin embargo, nunca alcanza. Nunca es suficiente.
Él siempre exige más.
En la tragedia que es su vida, no aspira ya ningún rol principal. Incluso la muerte, es un honor propio de protagonistas y ella no pasa de un suplente desesperado por salir a escena, cuyo lamentable desempeño no es digno de presentar.
—¡Dije que levantaras! —aprieta sus ojos y anticipa el golpe —porque siempre llega. Es parte del guión.
Un fuerte impacto en su estómago la hace caer sobre su espalda y no alcanza a chillar cuando llega el segundo. Se queda sin aire, pero la niña se niega a llorar.
No puede. No debe.
Llorar es para débiles. Y la hija del maestro no puede ser débil.
—Eres patética, Minerva —lo sabe—. No eres digna de este gremio —¡Pero ella se ha esforzado!— No eres digna de ser mi hija.
Esas palabras golpean más fuerte que cualquier puñetazo y duelen en su pecho con más intensidad que cualquier otra con anterioridad.
—Dije que esta sería tu última oportunidad.
Sus dientes se aprietan con fuerza e intenta contener el tiritar de los mismos, pero falla y eso no pasa desapercibido por Jienma, quien con desprecio se acerca para propiciar un nuevo golpe para castigar su llanto, aunque este nunca llega.
Los ojos del despiadado hombre, se amplían con sorpresa.
A pocos metros de distancia la joven se yergue, con sus piernas débiles pero con su mirada fiera reluciendo en sus orbes verduscos.
Quizá no sea su hija, pero el no la dejará fuera de la función. Puede renegar su sangre, pero no su lugar dentro del gremio. No después de todo lo que ha trabajado.
Golpeará su cuerpo, pero jamás podrá doblegar su espíritu. Porque las fieras no pueden ser domesticadas y ella es una orgullosa tigresa. A Minerva Orland, no gusta perder y hasta no presentar su gran acto, no permitirá que el telón se le cierre.
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— Gracias por leer —
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