Jealous? Me?

Epílogo.

La puerta del camarote femenino se abrió de golpe, dejando entrar las figuras de la pareja que había salido corriendo del claro minutos antes. Sí, por primera vez en su vida, Zoro no se había perdido de camino al Sunny, algo por lo que Robin estaba bastante sorprendida. El echo de que la llevase colgando del hombro, sin dejarle siquiera la posibilidad de salir huyendo, algo que no se atrevía siquiera a cruzar su mente, hacía que una imagen comenzase a formarse en su cabeza.

Tanto su innata curiosidad, como la que sentía con cualquier cosa relacionada con el kenshi, la obligaban a quedarse quieta en su sitio y averiguar a donde llevaría todo esto.

Cuando por fin notó sus pies en el suelo, clavó su mirada en los ojos del kengou, y se encontró con que había desaparecido. Antes de poder mover un mísero músculo en su busca, los brazos de él rodearon su cintura y sintió como unos labios se posaban sobre su cuello. Decir que se sorprendió sería mentir, puesto que se lo esperaba… Lo que no esperaba era ese mordisco sobre su hombro que le hizo dar un ligero respingo.

-¿Kenshi-san..?- Murmuró cuando dejó de sentir esas manos a su alrededor. Al girarse para buscarlo, y encontrándoselo apenas a unos centímetros de distancia, el kenshi la cogió por los muslos, obligándola a enrollar las piernas en su cintura y los brazos alrededor de su cuello. Cuando sintió la repentina, y tremenda, erección del kengou presionarse contra su sexo, aún cubierto por el, ahora molesto, pantalón, soltó un gemido de sorpresa. -¡Zoro!

El kengou había vuelto a sus hombros. Los mordía ligeramente, para después besarlos con dulzura y pasar su lengua por las marcas, calmando el ardor. Sus labios rodaban por su cuello, llegando a atrapar la yugular con los dientes y succionarla con los labios, dejando un pequeño moratón.

-¿Zoro?- Murmuró la arqueóloga. Él la miró a los ojos. -¿Qué haces?- El que lo dijera con una sonrisa maliciosa y voz sensual dejaba bien claro que sabía las intenciónes del peliverde.

-¿No se ve, onna?- Enarcó una ceja y su voz sonó controlada y susurrante. -Dejar claro lo que es mío.- Y tras esto hundió sus dientes en la piel de su hombro, recibiendo un jadeo de Robin, y lamiendo después la mínima cantidad de sangre que salió de la pequeña herida.

-Oh, en ese caso…- Robin sujetó el rostro del kenshi ante ella y se acercó, más de lo que ya estaba, apoyando su frente contra la de él. -Permíteme que yo también lo haga.- Y se besaron.

Las manos de la morena se deslizaron hasta alcanzar la nuca de Zoro y hundir ahí los dedos en el suave cabello verde. Las caricias entre sus labios se volvían más urgentes y frenéticas. Con un pequeño gemido, Robin dejó pasar al interior de su boca la lengua del kengou, que comenzó a batallar con la suya propia. Se retorcían y saboreaban, tratando de averiguar cada detalle del lugar donde se encontraban como si no lo fuesen a visitar jamás.

Separándose a regañadientes para recuperar el aliento, los besos del kenshi fueron bajando por el cuello de Robin, dejando un pequeño rastro con su lengua, y se detuvieron, sobre su escote, al alcanzar el límite de la camiseta. El grito ahogado que salió de los labios de Robin al sentir como la tela de dicha prenda se rasgaba bajo los dientes de Zoro mutó a un gemido cuando esos mismos dientes marcaron la piel de uno de sus pechos y fueron acercándose lentamente, torturándola, hasta alcanzar su pezón derecho. Que chupó y lamió, entre pequeños mordiscos mientras su otra mano pellizcaba el pezón del otro pecho y sus oídos se deleitaban con los jadeos que lograba arrancarle a la arqueóloga.

Cuando Zoro vio que ya no tenía mucho más que hacer con aquellos pechos, continuó su camino hacia el sur, sin soltar los muslos de Robin y, por lo tanto, teniendo el control de sus movimientos. Entonces sí que logró sacarle un grito, de sorpresa, cuando la arqueóloga se vio sentada sobre los hombros del peliverde… Sin los vaqueros. ¿Cómo y cuándo se los había quitado? Esas preguntas se desvanecieron de su cabeza junto con el gemido que escapó de sus labios, cuando sintió los dedos del kenshi deslizarse sobre su sexo, por encima de la ropa interior.

Apartando el culote, que de alguna forma acabó destrozado en el suelo, (No me preguntéis como.) recorrió con dos dedos el húmedo sexo de Robin, sintiendo como el cuerpo de ella temblaba ligeramente. Tembor que se acentuó, y acabo en un escalofrío que recorrió toda su columna, escapándose de sus labios en forma de gemido, cuando la lengua del kengou recorrió todo el sexo de Robin.

Gemidos salían de la boca de Robin mientras los labios de Zoro, junto con su lengua, saboreaban el tesoro que se escondía entre las piernas de la arqueóloga. Su lengua se deslizaba entre los labios de Robin hasta alcanzar su clítoris, para después atraparlo entre sus labios y succionar hasta que los gemidos de la morena aumentaron de volumen. Cuando tres dedos comenzaron a penetrarla con viveza y profundidad, cualquier atisbo de realidad o cordura se rompió y clavó las uñas en los hombros del kengou mientras arqueaba la espalda. Sintió como una de las manos de Zoro se deslizaba desde su muslo a su pecho y pellizcaba su pezón.

Las oleadas de placer que se expandieron por su cuerpo, provinientes de su bajo vientre, desembocaron en una sucesión de gritos y monosílabos mientras sus jugos daban su bien mereicido trago al kenshi, que se encontraba bebiendo de ellos como si fuera el mejor sake sobre la tierra.

Robin apoyó la cabeza contra la pared mientras sentía como el kenshi se erguía, sin soltar sus muslos, hasta que sus sexos entraron en contacto. Sus piernas seguían sujetas por los brazos del kengou, con las rodillas dobladas de modo que la parte superior de sus piernas entraba en contacto contra sus propios pechos. La morea se agarró a la espalda de Zoro mientras las propias manos de esse te aferraban a su espalda evitando cualquier tipo de caída.

Besándose de nuevo, Robin sintió como era penetrada lentamente por el kenshi hasta acabar completamente empalada. El mordisco que sintió sobre su hombro fue la señal para que Zoro comenzase con el vaivén, lento en un principio, hasta que aumentó de velocidad de forma gradual.

Robin gemía con cada nueva envestida mientras apoyaba su frente contra la del kengou. La posición en la que se encontraban apenas permitía algún movimiento por parte de ella, dejandole a Zoro todo el control de la situación y de las sensaciones que le estaba proporcionando. Podía notar cada milímetro del peliverde dentro de ella, como se movía con velocidad y profundidad, como llegaba a rozar ese punto mágico que mandaba escalofríos por todo su cuerpo y la hacía gritar.

Unió sus labios con los de Zoro de nuevo y sus lenguas se entrelazaron, ahogando un gemido. Al separarse, Robin se llevó el labio inferior del kenshi entre los dientes, soltándolo al sentir una nueva y profunda embestida que le sacó, más que un gemido, un grito de placer.

Apenas tardó en alcanzar, de nuevo, su climax, jadeando y gimiendo con fuerza, mientras sentía como sus jugos se deslizaban por el miembro, aún erecto, del kengou.

Cuando recuperó, más o menos, el aliento, gritó al notar como el peliverde la había lanzado, literalmente, sobre la cama. Calló sobre ella y, con el rebote, acabó a cuatro patas y de espaldas a Zoro.

-¿Zoro?- Murmuró, con la voz aún algu forzada, mirándole sobre su hombro. -¡Iaah!- Gimió cuando notó como la lengua del peliverde volvía a atacar su clítoris.

Sintió como perdía la fuerza de los brazos cuando volvió a notar la punta del pene de Zoro, aún enorme y palpitante por la falta de su orgasmo, contra su sexo. Notó como las manos de él le separaban ligeramente las piernas para después, de una rápida y profunda embestida, la empalaba completamente sacándole un grito a Robin.

Ella misma se sorprendió al sentir como ahora el kenshi la penetraba con más fuerza y ansia que antes. Y aún así quería más. Más rápido, más profundo, más fuerte, quería todo lo que ese hombre, que ahora mismo se encontraba gruñendo como un tigre salvaje mientras las oleadas de sus orgasmos les inundaban a ambos, pudiera ofrecerle.

Sintió el contacto del pecho de Zoro contra su espalda y vió como apoyaba las manos ante ella, cubriéndola con su cuerpo.

Se giró sobre si misma y atrajo el rostro de Zoro contra el suyo, besándole con pasión y cariño. Al separarse, los ojos cansados de ambos se encontraron y el kenshi sonrió.

-Entonces, ¿te ha quedado claro?- Plantó otro beso, casto y corto, antes de seguir hablando. -Yo no estaba celoso, y tu eres mía.- Robin asintió mientras reía ligeramente.

-Sí, kenshi-san.- Sus risas inundaban la habitación. -Creo que lo has dejado bien claro.

¡POR FIN ACABO EL PUTO FIC DE MIERDA DE LOS COJONES! ¡POR FIN! ¡Por Oda! ¡PUTO FIC TOCAPELOTAS!

*Epic suspiro.* En fin, lo necesitaba después de la ñoñería que escribí para Laura… Pfiu… Ah, cierto, que no estoy en mi perfil. (XD) Pues, como podéis ver, me he vuelto a colar en la página de Lasayo. Me ofrecí a hacerle un segundo capítulo lemmon de su fic, y me lo dejó tan a huevo el final que tenía que hacerlo.

En fin, espero que os haya gustado el lemmon y que mandéis un review, que se agradecen. Pasaos también por mi página (Catakira), intentaré actualizar el fic de "The Next Morning" pronto.

¡Un abrazo y nutella para todos!

-Muco! ;D