Lo que empieza jugando, termina gustando

It isn't Lovely be Alone

Cualquiera se pregunta «Si Francesco es un italiano con manejo nulo del inglés ¿Que hace en Estados Unidos? ¿Que lo llevó a meterse en semejante lío?» La respuesta, conociendo la situación en la que está, puede resultar graciosa o incluso estúpida e irónica. Todo depende de cómo se mire: Estaba de "vacaciones". Básicamente los peores años de su vida se deben a que quiso vacacionar en América en lugar de quedarse en su patria o mínimamente en Europa.

No es del todo su culpa su destino. Su amada Mamma dijo que estaba demasiado tenso, demasiado atareado, demasiado... Todo. Típico de una madre ligeramente melodramática -de algún lado lo sacó-, y bueno no era tan falso. Trabajar como corredor de fórmula uno no es tan... Agotador en sí, pero tener un anexo de ser modelo y tener que seguir una rutina estricta que lo presiona día a día si llega a ser cansino. Su madre no logró convencerlo de unas vacaciones, no sentía que las necesitara.

Necesitaba dormir veinticuatro horas seguidas nada más. Considerará pedir que le pongan un suero y poderlo hacer.

Y como ella no se rindió, lo más cercano que consiguió fue un trabajo como modelo en una revista estadounidense con un modelo bastante popular por allá. Tendría que estar un par de semanas solo con ese objetivo y podía considerarse vacaciones. Sus dos amigos Shuu y Raoul se sumaron a ello -o Raoul sumó a Shuu a ello-, y acabaron los tres en California.

Se le hizo muy incómodo no entender nada de la gente a su alrededor. Sentía que tenía lechuzas ululando por todo lado. Shuu sabe inglés perfectamente y Raoul entiende más de lo que es capaz de decir; en teoría está salvaguardado por ellos. No llegó a conocer al modelo con el que trabajaría, lo único que le dijeron de él es que podría confundirse apenas lo viera, tendía a pintarse de rojo el cabello y se llevaría bien con él... Si es que no lo sacaba de quicio. También que estaba momentáneamente fuera del estado por celebrar que trabajaría para ellos.

La desgracia comenzó por la noche. Iba con sus dos amigos caminando en la acera cerca a la playa donde parece haber fiesta. Hablaban de cualquier tontería hasta intentar suponer cuál sería su compañero. Francesco afirmaba que si no le gustaba no pensaba tomarse ni una foto. Es obvia mentira, pero con él quién sabe si se vuelve verdad. Llegados un punto alguien de andar desgarbado se les acercaba de frente. Sucio, mal aspecto... Todo lo que llevó a Raoul a poner a Shuu tras él en lo que pasaban al hombre.

Empezó a toser de tal manera que Francesco consideró llamar a una ambulancia y salir corriendo de ahí. El problema es que apenas intentó sacar el celular el tipo se le lanzó encima y le mordió el brazo con la fuerza que empezó a chorrear sangre. Los encargados de los locales frente a los que transitaban se apersonaron al instante. Llamaron ambulancias, intentaron quitárselo de encima y al hacerlo solo lograron que mordiera en el cuello a alguien más. El asunto acabó con un disparo de escopeta a la cabeza del hombre.

Bendita sea esa tienda de armas a solo cinco metros. También el encargado que llevó la escopeta.

Lo llevaron al hospital e hicieron mil exámenes distintos. Shuu le explicó que aparentemente una enfermedad nueva estaba rondando y contagiarla era complicado... un complicado que él cumplía. Afortunadamente no fue "lo suficientemente profundo" para enfermarlo. Con este incidente queda claro que quería volver a Italia esa misma noche de ser posible. El obstáculo a su deseo es que apenas fue dado de alta cuatro días después y... California estaba siendo literalmente arrasada por la enfermedad.

Condujeron como maniáticos atropellando a cuanto enfermo se pusiera en medio. Llegaron al aeropuerto por pura suerte, el asunto es que queriendo salir del país no podías estar enfermo, regarías la enfermedad y es justo lo que se quiere evitar. Con eso entenderán que examinar a un hombre y que tenga el brazo mordido no es precisamente lo que dejas pasar.

— Infectado, vaya por aquel lado. —indicó el militar apuntando con su arma. Francesco apenas entendió que debía hacer algo, lo que no quedó claro es qué.

O-oye solo me quiero ir a Italia, ya la herida sanó, no fue profunda...—explica con las manos en alto. Recibió un golpe del cañón del arma por no moverse—. No hablo inglés y no estoy enfermo, calma.

— Fuera de aquí o voy a disparar. —los nervios subieron. Prácticamente todos guardaron silencio y más militares lo apuntaron. Shuu pasó entre la muchedumbre.

— Hágase atrás. Los infectados no pueden pasar. —indica otro. Shuu negó con la cabeza.

— No está enfermo. Acaba de ser dado de alta del hospital. —explica el albino con voz temblorosa.

— ¿Cuantas horas desde la mordida? ¿Tipo de sangre?

— Estuvo como... cuatro días internado —responde—. ¿Cuál es tu tipo de sangre?

O negativo ¿Por qué? —Shuu dio aquella información y bajaron las armas. Fue tomado de los brazos y prácticamente escoltado dentro a un lado opuesto—. HEY ¿¡QUE HACEN AHORA!?

— ¿¡A DONDE LO LLEVAN!?

— Es un Inmune. Tenemos la obligación de registrar a todo el que sepamos posea esa cualidad. —responde el soldado. Francesco parpadeó repetidamente con la boca entreabierta.

¿Inmune?

Escuchó algo así en la televisión del hospital. Shuu le explicó que se decía de que al menos un cuarenta por ciento de la población sería inmune y que todos debían chequearse para saber quiénes lo eran. Claro, aquello fue dicho a modo de especulación y por ello les parecía mentira.

Hasta este bello instante en el que hicieron una prueba de sangre donde si se ponía de color morado es que el virus no haría efecto en su sistema. Tuvo miedo de que se pusiera negra, aparentemente así luce los primeros días tras volver de la muerte tan horrible que produce la enfermedad; también cuando eres capaz de portarla y morir por ella.

Había mucha gente con él, inmunes a la enfermedad y que supuestamente tendría un avión para ser transportados a quien sabe dónde. Habló con Raoul por el celular y supo que este ya había despegado junto a su albino novio en dirección a Alaska. Fue último que supo de ellos en realidad. Unas seis horas después el aeropuerto era atacado con tanta fuerza que acabó en llamas y él habiendo salido de milagro.

Debido al cese absoluto de comunicaciones al menos setenta y siete horas después -Incluyendo su celular que acabó muerto en señal-, decidió empezar a moverse a si fuera a ciegas para no morir así como así. Quizá no habría un equipo de salvamento en si -por más que mantuviera esa esperanza estúpida-, pero en algunos lado debe haber como huir. Es inmune, supone que si logra llegar a alguna frontera podrá salir fácil.

Tomó armas de algunas tiendas, robó un auto y condujo hasta que lo dejó seco a mitad de la vía. Andar a ciegas no es el mejor plan, pero es mejor que quedarse quieto a esperar la muerte respirando en su cuello. Enterarse de cómo funcionaban los enfermos costó lo suyo y ver cómo otras personas eran devoradas de maneras horribles. No lo avergüenza aceptar que tuvo pesadillas al respecto y que llegó a llorar de pura frustración de estar varado.

Pasó mucho tiempo así. Tenía la idea de ir a la frontera de Texas con México, el problema es que en ese lugar hace tanto calor que los enfermos debían estar ahí comulgados y apenas a raya. Llevando la cuenta de los días y las horas de modo enfermizo detalla que ha hecho que antes no; aparte de lo obvio como disparar armas, llorar por nada y llenarse de sangre con su vida peligrando: No ha podido afeitarse de manera decente, es un alivio que su barba salga uniforme y cree candado; su cabello está un tanto disparejo sin la forma que le gusta; se levanta con el sol para avanzar de forma incierta y...

No habla.

No tiene a nadie con quien hablar.

Es posiblemente lo que considera más anómalo de todo. Se siente ofuscado por no poder conversar con nadie siendo alguien tan jodidamente social. Extraña a sus amigos, extraña a Mamma. Habla en voz baja como un loco e incluso a algunos animales que pasan junto a él un rato. Necesita una persona, alguien que responda y lo escuche. Nunca creyó ser tan malditamente débil a estar en silencio. Se siente tan patético.

Hasta que un día pasó algo muy curioso...


Francesco tuvo cierta sorpresa por despertar en el pecho de Lightning. Escucha el suave latido de su corazón, siente su lenta respiración y toma provecho de ver su rostro dormido. No es que no lo haya hecho antes, pero nunca es malo volver a hacerlo. Las pestañas espesas y amarillas; cejas relativamente oscuras; un lunar pequeño cerca de las raíces de cabello. Los labios medianamente rellenos con tono rosa pálido debido a la poca alimentación decente.

Acaricia el contorno del rostro americano. Desde el inicio le parecía precioso a pesar de las adversidades en contra, que de hecho parecían un poco reticentes a permitir que su belleza natural se perdiera. Cuando encontró fotos de él se dio cuenta de que apenas había perdido peso y tenía el cabello largo. Físicamente hablando es todo; por lo demás se nota deteriorado.

Antes lucía bastante activo, divertido y tenaz. Ahora lo ve tan frágil que teme que se rompa y aquello en las fotos no regrese jamás. Permaneció bello, no obstante el mundo da golpes constantes, quebrando su ser lentamente.

El americano abrió lentamente los ojos, se sentía bien las caricias en la cara; lo ponen adormilado igual que si juegan con su cabello. Se acurrucó en el suelo y suspiró, quería seguir durmiendo.

Oye, tenemos que seguir. Vamos a desayunar. —indica con un suave movimiento para que espabile. Lightning gruñó por lo bajo.

Desayunaron en completo silencio y dado que el día está nublado iban a esperar a que el clima mejorara antes de siquiera poner un pie fuera. Lightning veía a Francesco de reojo, siendo tan insistente que el italiano creyó tener algo en la cara aparte de la barba. El rubio dio un pequeño tirón a esta para susto del castaño.

— ¿Puedo afeitarte? Creo que hasta ahora no lo has hecho y realmente no tengo ni idea de cómo es realmente tu cara. No es muy tupida, pero es simple... curiosidad. —explica simulando lo que quería hacer. Francesco ladeó la cabeza. No sabe afeitarse con cuchillo, teme rajarse la cara y ya es suficiente de andar herido, cicatrices en la cara son innecesarias. Ya que Lightning lo ofrece...

Que Lightning tuviese espuma de afeitar en el bolso lo dejó pensando que tanto tiempo debe querer que se afeite y no parecer una alusión a hombre de las cavernas. Era tan suave la manera en que le mueve la cara. Pronto sentía su rostro desnudo y bastante frío dicho sea de paso. Cuando terminó se tocó la cara y fue extraño estar tan suave.

— Bueno... Bueno... —balbucea con la cara poniéndose roja muy lentamente hasta sentirse avergonzado. Sabía de sobra que Francesco era guapo. La barba solo impedía detallar cuánto y ahora que lo tiene enfrente le causa cierto cosquilleo. El italiano sonrió coqueto ante la cara del otro.

Francesco sabe que es perfecto. No hace falta que me lo digas. —bromea sintiéndose más como el mismo que en mucho tiempo.

Lightning frunció ligeramente el entrecejo, sacó unas tijeras de oficina del cajón de escritorio y sin decirle nada empezó a cortarle el cabello. Ya había cierta claridad pero no la suficiente. Francesco se dejaba acicalar por llamarlo de alguna manera. Pronto el suelo tenía demasiado de su pelo. Lightning siguió el apenas perceptible patrón del corte que tuvo y logró recrearlo. Quedó algún mechón más corto en la parte de arriba, sin embargo, el estilo de fleco largo le sentaba bien al italiano. Lástima que tuviera el cabello sucio.

— Y así Francesco regresa a su gloria total. —menciona con tono jocoso y vanidoso. Pudo verse en el reflejo de la ventana y... coño. Se extrañó más de lo que imaginó. Una especie de inquietud le vino a la cabeza.

Lleva milenios sin afeitarse bien por no querer cortarse y hay otra parte de su cuerpo que también afeita porque le parece sencillamente asqueroso tener tanto vello. El problema es el mismo y se preguntaba si Lightning diría que si sabiendo el sitio. Decidió simplemente pedirlo con la expectativa de que le diría que no. Vio su cara enrojecer, farfullar algo y tras varios minutos de lo mismo dijo que sí.

— En serio, cuidado con eso.

— No lloriquees si fuiste tu quien pidió esto para empezar.

Echó crema para afeitar y se enfocó únicamente en quitar el vello. Solo eso, no mires e intenta no tocar nada más. Respingó en su lugar al momento de notar que el miembro ajeno está empezando a endurecerse. Lo ignoró, ya iba a terminar de todos modos. Tragó grueso por la erección que tenía el italiano. Ya terminó. Alzó las manos y se hizo el desentendido saliendo del lugar.

¿Le dará pena o es sencillamente mojigato? —se pregunta tensamente divertido. Hace tiempo que no tenía esta clase de problemas y no sabe decir si los extraña o no. Al menos tener con quien resolverlos.

El día tenía un sol abrazador con el paso de las horas. Esta vez tuvieron la suerte de encontrar un auto funcional, sacar gasolina de otros e ir a toda velocidad por la carretera. Lightning mantenía al menos medio cuerpo por el tragaluz del auto, le gustaba como se sentía. Estando así se ponía a pensar en que los libros de italiano de la biblioteca estaban quemados al momento en que fue a buscarlos. Está a nada de creer que alucina y por eso lo vio así o vio que de hecho estaban así. Quiere creer que no está tan loco como para algo así.

Para Francesco hoy era un hermoso día para volver a ser el mismo. Ojalá tuviera música o poder ponerla como mínimo. Se detuvieron tras un rato larguísimo para almorzar algo aunque no fuese mucho. Tomó provecho del momento para preguntar una ligera dudita que surgió de repente y que necesita para poder dormir de manera decente el día de hoy. Tragó, suspiró y dejó la lata hacia a un lado.

¿Tú tenías pareja? —pregunta gesticulando con las manos. Lightning lo miró con ojos entrecerrados y la boca entreabierta. No está muy seguro de si entendió lo que el italiano quiere decir aun cuando le dio muchas vueltas.

— No, no tenía pareja. Salí un par de meses con Sally, pero no funcionó. Después no me esmeré mucho —responde incómodo del tema. Francesco hizo un ya conocido gesto con los dedos—. ¡No! ¡Eso tampoco! ¿¡Por qué tanto interés!? —quejumbra avergonzado.

— Hombre, si no lo has hecho ni con una persona es porque América es demasiado estúpida ¿Quién rayos no pulularía a tú alrededor para... todo? —farfulla decepcionado y satisfecho al mismo tiempo. Una contradicción bastante normal considerando que es Francesco.

No se explica cómo Lightning aún no lo hace con nadie. Debió tener novios cantidad, incluso novias como supone que significa esa palabra. Para él resulta regular ver a un doncel con una mujer. Ocurre mucho y seguido, siguen teniendo aparato reproductor masculino y aparentemente cuentan -en la mayoría de los casos-, con esa puta sensibilidad que tanto reclaman después. Aun en ese tipo de caso se sorprende de la "pureza" del rubio y que haya tenido una sola pareja lo tiene aturdido. Quizá se deba a que su modo de vida es más de saltar de una pareja a otra.

— Curiosidad... los humanos somos curiosos. —Excusa pensativo, Lightning miró a otro lado con cierta vergüenza. Que se mostrara así le produce una inmensa ternura.

Se acercó y le dio un pequeño beso en los labios. Le sonrió con ojos entrecerrado. Lightning se encogió ligeramente avergonzado. Un beso sin barba es mucho mejor sin duda alguna.


—Cuando todo se fue a la mierda estaba en Inglaterra. Mandé a la mierda mi misión y empecé a mover hilos para sacar a mis conocidos de aquí—explica recargando cartuchos. Lightning solo lo veía mientras habla—. Jackson fue el único que no pudo por estar en Texas. Las zonas calurosas cayeron primero a pesar de que pudo contenerse perfectamente en la frontera.

— ¿No había manera de buscarlo?

—Nadie quiere entrar en este país. Ni siquiera me lo iban a permitir, dije que aquí había un inmune tipo O- y dado que no es un tipo de sangre tan común me dieron luz verde de venir. —Dio un respingo al momento en que cargó la escopeta de un simple movimiento.

— Él no era inmune...

—No. Fue una probabilidad. Se darían cuenta, pero no me importaba el asunto—admite sin mucha vuelta—. Deje un avión en Missouri para poder irnos. Caben alrededor de ocho personas. No creí que Jackson podría tener un compañero por el cual morir.

—Aun no sé por qué fue así. Desde un inicio lo fue... me iban a matar un par de semanas después de que esto empezó. Estaba rodeado, me asuste y pensaba dispararme, llegó unos segundos antes.

—Al menos no fue tan patético como intentar tirarte de un puente—Lightning vio a otro lado. Lo pensó, no obstante en esa ocasión de verdad se acobardó—. Sea como sea. Tengo por misión llevar a un inmune O- y lo haré.

— ¿tú eres inmune?

—Así es. Como no tengo la certeza de que seas sincero... —lanzó un pequeño frasco con líquido incoloro en su interior—. Hazte un corte, deja caer tu sangre y agítalo.

Obedeció mordiéndose el dedo pulgar con la suficiente presión con su colmillo. El líquido carmesí cayó en el líquido transparente y lo tapó para agitarlo con ganas, incluso sacando la punta de la lengua; parecía estar jugando. Se volvió de un púrpura bastante concentrado y McMissile suspiró notoriamente aliviado por el resultado.

—Los O son púrpura, los A son amarillas, AB es verde y B azul. Se sintetizó un antídoto para que se comparta la capacidad inmune. El problema es que solo es compatible con ese tipo de sangre y... Ya entiendes, supongo.

— ¿Y los que ya...?

—Inútil. Solo los vuelve a matar. Esta vez de forma determinante—interrumpe cortante. Lightning apoyó la cabeza en la pared a su lado—. Ya que estas son las circunstancias entenderás que se necesita un centro de donación más que gigante para vacunar a todos en la tierra. Incluso dicen que los salidos de aquí tienen mayor cantidad de anticuerpos. No sé si sea cierto. Lo que sí lo es que vas a seguirme hasta que te ponga seguro en ese avión ¿Entendiste?

Asintió de manera sumisa. En los días posteriores no hizo otra cosa que seguirlo tan cerca como fuese posible. Por la noche acaba mortalmente destruido. McMissile aparte de caminar rápido no descansaba nunca; aprendió el segundo nivel de supervivencia: Apagar alarmas de autos, disparar armas de mayor calibre como rifles y metralletas; romper el cristal de los autos con la culata; dormir de pie; tiró a más de quince metros.

Admite que le gusta más de lejos.

McMissile es bastante irónico, sarcástico y callado la mayor parte del tiempo en la que no guía sus movimientos de forma casi milimétrica -En lo cual es una maravilla. No aguantaría tenerlo de otro modo-. No diría que es incómodo tenerlo como compañero, pero si podría decir que es algo menos cercano a Jackson; menos ameno, no tenía la sensación de que viaja con un amigo, tal vez porque de hecho esa no es la intención.

— ¿Tú y él tuvieron sexo? —preguntó de repente, acabó ahogado con su pequeña cena.

—H-hubo opción... él quería, pero no hicimos nada. —McMissile alzó una ceja.

—No te voy a matar por ser el amante de mi amante.

—Es enserio. Yo no quise. —insistió con los ojos en blanco. No puede ser que todos los que entraran en tema sexual de su vida de impresionen o duden de su entusiasmo al respecto. Esperaba que en el futuro no ocurriera lo mismo.

— Eso es... extraño—admite viéndolo con impresión y sospecha al mismo tiempo—. Pensé que te gustaría esa clase de atención.

—No tengo dieciséis de nuevo y no tome gusto por fotógrafos abusadores ¿Por qué casi siempre creen lo contrario? —murmura a modo de queja.

—Pensaba en que eras igual a él. Lo conocí en un bar de mala muerte; sus padres lo descuidaban tanto que simplemente hacía lo que quería. Prácticamente estaba él solo y luego me tuvo a mí. Adoraba la atención sin importar de qué índole fuese; teniendo un perfil similar asumí que sería igual contigo. —Lightning se demostró incómodo.

Si, tiene mala relación con su familia por asunto de "Quiero ser modelo, déjenme cumplirlo"; hablaban apenas, pero aun así se preocupa por ellos y viceversa. Los llamó y supo que estaban siendo evacuados. Asume que están bien en algún lugar a diferencia suya. Puede decir que haberse independizado antes por puro capricho -Pues sus padres no querían saber nada al respecto-, fue de ayuda... Le enseñó a estar solo y aprender de lo más mínimo.

—Él de verdad quería encontrarse con usted ¿Sabe? —murmura tras un largo rato de consideración, abrazó sus piernas tras subirlas al mueble en el que está sentado—. Creí que sus hormonas podían más que otra cosa, pero... Él de verdad lo quería. —enfatiza. McMissile se alejó de la mesa del comedor en la casa que usan de refugio y llegó hasta estar frente a él.

—Él quería mi atención en muchos aspectos-

—Si. No obstante, también te quería a ti como tú a él... No sé, tal vez no podías darte cuenta, pero se lo notaba muy feliz por solo por el hecho de verte. Como si significaras mucho para- A-ay. —nunca le gustó que le jalaran del cabello. Su cabeza parece ser sensible.

—Era un interés sexual. Algo que posiblemente no entiendas. Así que-

—E-Es enserio ¿Vas a decirme que no lo querías? —lo soltó y Lightning se sobó la cabeza—. Supongo que eres alguien solitario y él impedía que fuera así. No eres alguien que salvaría a un amante cualquiera y menos que se arriesgaría por alguien así a menos que fuese importante.

—Tenía la expectativa de que estuviera muerto. No importa.

—Y no querías creer que lo estuviera. —McMissile no parecía muy complacido de que este sacando conclusiones acertadas. Lo vio entrar al estudio de la vivienda.

Suspiró de forma deprimida. Impidió que se volvieran a ver en vida... Y la sigue cagando en vida hablando del tema; como si fuese a saber más que los involucrados en el. Ojalá pudiera compensarlo de algún modo, pero no es posible traer a alguien que de hecho murió dos veces. Volvió a suspirar y se recostó del mueble.

Thought I found a way
Thought I found a way out
But you never go away
So I guess I gotta stay now

Tararea con voz queda sin variar en lo más mínimo su posición en el sofá. Parece estar suspirando con melancolía a decir verdad.

Oh, I hope some day I'll make it out of here
Even if it takes all night or a hundredyears
Need a place to hide, but I can't find one near
Wanna feel alive, outside I can't fight my fear

Escuchó los pasos pesados del agente acercándose. Irguió su espalda una vez estuvo lo bastante cerca. Cerró los ojos con una ligera sonrisa en los labios. Entristecida y llena de culpabilidad.

Isn't it lovely, all alone
Heart made of glass, my mind of Stone
Tear me to pieces, skin to bone
Hello, welcome home

Sonó tan convencido que McMissile se lo quedó mirando un rato en lo que acaricia el cuello y mentón del rubio. Se recostó cruzando los brazos y dando la espalda al rubio.

Walking out of time
Looking for a better place
Something's on my mind
Always in my head space

Tararea el agente, teniendo voz gruesa y vibrante. Lightning se sentó se lado, recuesta la cabeza en la espalda del otro con la misma expresión sonriente de culpa.

But I know someday I'll make it out of here
Even if it takes all night or a hundredyears
Need a place to hide, but I can't find one near
Wanna feel alive outside I can't fight my fear

Entonaron al mismo tiempo con aire deprimente; Lightning sonaba indudablemente más melodioso quizá dado por la práctica. Como actor de voz muchas veces tuvo que cantar; no era un trabajo muy regular en realidad, pero le gustaba. Sin embargo, McMissile no tiene mucho que envidiar; armonizan con facilidad por las diferencias.

Isn't it lovely, all alone
Heart made of glass, my mind of stone
Tear me to pieces, skin to bone
Hello, welcome home

Dio la vuelta al sofá y una vez estuvo de frente al rubio lo atrajo por las piernas. El contacto entre sus labios dejó ligeramente sorprendido al rubio que se mantuvo tan sumiso como acostumbra estarlo con ese hombre. Su corazón se acelera más de la cuenta; siente las manos grandes y rasposas acariciar su espalda, agarrarlo de la nuca para que no se escape.

Se tragó cada queja por el contacto, lo permitía hacer lo que quisiera y no podía reprimir del todo que quería llorar por ello. Las mordidas en el cuello lo incomodan, sentir que se excita también. Él no quiere hacerlo, pero cree que debe.

—Querías a Jackson porque con él... dejabas de sentirte solo ¿cierto? —pregunta tembloroso, siendo insistente. McMissile se detuvo a mirarlo un corto instante, pensando en responder hasta sencillamente no hacerlo y darle la razón al menor de manera indirecta.

Aunque acabaron desnudos, uno sobre el otro y tocando algunas partes íntimas no llegaron a tener sexo. Lightning parecía a poco de sufrir un ataque y McMissile no se sentía del todo capaz a forzarlo a eso. Aun así el contacto humano y sexual no vino mal para dormir bien por una noche.

La relación se hizo un poco más cercana con ello. El menor obedecía órdenes y ahí moría la situación; no obstante, McMissile parecía obtener más tacto a la hora de tratarlo. Como si empezaran a tener un cariño mutuo. Lightning tiene más un sentido del deber al respecto.

Jackson murió por protegerlo antes de llegar con su pareja que indudablemente lo extraña -esos suspiros con su nombre no salen solo porque si-, lo único que puede hacer es complacerlo como su pareja real lo hubiera hecho. Algo que impidió sin siquiera proponérselo. El mayor problema es que sabe que aunque lo intente de todas las maneras posibles... seguirá sin poder compensarlo y mucho menos que el sacrificio no pedido haya valido la pena.

—Te vas a desmayar a mitad de camino si no te duermes ya. —giró la cabeza, apoyando la barbilla en el pecho de McMissile que lo mira con agotamiento. Lightning se levantó ligeramente y acabó sentado en el abdomen del agente.

—Solo pensaba que no-

—si no quieres hacerlo no lo haré. Así de sencillo. —tomó una almohada y se la puso en la cara, Lightning miró a otro lado, incómodo.

— ¿Por qué...?

—te aseguro que tendrás la vida vuelta una mierda apenas salgamos de este país. Lo que menos vas a necesitar es saber que estuviste enteramente con alguien por deber—asegura con tono perezoso—. O culpa, lo que sea. Eso te jode la mente, más de lo que ya debes tenerla.

—No pensé que fueras tan considerado. —sonríe con cierta vergüenza. McMissile quitó una parte de la almohada de su rostro.

—Eso de forzar o hacer llorar de agonía gente que no lo merece se me da muy mal. Debo llevarte lo mejor posible, no aprovecharme y todo eso... No tiene sentido sobrevivir a una desgracia si solo te vas a atormentar por haberlo hecho.

—¿nos veremos después? —pregunta ladeando la cabeza.

—Posiblemente. Duérmete. —se volvió a recostar, recordó vagamente una tontería que le dijo Jackson alguna vez en que hablaban de McMissile.

—Dear Lord, when I get to Heaven, please let me bring my man. When he comes, tell me that you'll let him in, Father tell me if you can—tararea jugando con la barba del agente que lo mira entre somnoliento y extrañado—. All that grace, all that body. All that face makes me wanna party. He's my sun, he makes me shine like diamonds... Había olvidado que prometí hacerte una serenata.

McMissile acabó por abrazarlo durante toda la noche y salieron tarde ese día precisamente porque el mayor no se despertaba.


Agradeciendo a cada dios que conocieran han cruzado finalmente la frontera entre Illinois e Indiana. Tuvieron mucha suerte encontrando autos en las ciudades grandes, no tanto con la comida, pero un vehículo se apreciaba demasiado. Claro, llevan dos meses -y un poco más-, de: Esconderse, comer, dormir, subirse al auto desde el alba hasta el ocaso y volver a esconderse; todo sazonado con sus conversaciones tan particulares que siguen sin entenderse.

Han mejorado en el nivel de señas en lugar del idioma, lo cual resulta hilarante incluso para ellos. Las reglas gramaticales los volvían un completo enredo por lo que se dificultaba enseñarse uno al otro; aparte de palabras muy sueltas que pudieran dar el contexto, seguían en las mismas.

No como que les moleste siendo francos.

El frío aumentaba de forma gradual lo que significaba dos cosas, al menos para Francesco. El invierno se acerca al mejor estilo de Game of Thrones o sencillamente acercarse a Canadá hace su trabajo. El problema es que Lightning no es de esas personas que puedan aguantar mucho frío y tenerlo temblando como una gelatina es pan de cada día.

Sin mencionar que en contra de lo pronosticado, tienen a una manada de infectados respirándoles en al nuca. Aunque no lo menciona, ve al mismo de ojos amarillos: Este gruñe y se muestra agresivo cada vez que nota su presencia. El mismo asunto de las trampas en mercados; librerías y alguna que otra carretera.

Lightning jura que deben ser ellos, pues es imposible que alguien más lo haga. Francesco opina que simplemente alguien las dejó ahí y como son unos desgraciados de alto calibre son los afectados.

Suelen dormir bastante juntos, descubrieron que así duermen más cómodos; corrido; sin pesadillas que los impidan volver a dormir. Es una maravilla tener el contacto, el italiano adora poder abrazar al americano que algunas veces llora. No sabe que es peor, cuando llama a Jackson o a un tipo llamado McMissile.

Se pregunta qué pasó con cada uno... Sobre todo el segundo, con él parece ponerse aún más deprimido y vacilante; con el primero llora a más no poder.

— Si este lugar cuenta con muchas, muchas velas quizá te pueda afeitar de nuevo si es lo que quieres. —ríe ante lo constante que es el gesto de rascarse la barba. Francesco hizo una especie de puchero estacionando el auto.

Es un fastidio que este tan larga, siento que estoy más sucio aquí que en ningún lado y es desagradable. —el rubio no detuvo su risa ni cuando bajaron del auto y entraron a la casa con portón intacto. Una vez dentro se dedicaron a sellar cada posible entrada.

Falta aún una hora para que el sol se oculte. Últimamente lo han estado haciendo de esa manera por una razón bastante sencilla: Quieren un poco de tiempo con luz natural para dedicarse al otro. Llegan a asemejar un par de niños en ese aspecto. Se besan por ratos largos, se abrazan y muy a duras penas acarician uno al otro ignorando lo que ya se ha hecho natural como mugre, sudor y todos sus semejantes.

Para el italiano, Lightning es muy tierno en su forma de acariciar. Es lento, tembloroso, como si le diera miedo hacerlo o algo del estilo. Sus manos apenas son ásperas, quizá porque se asegura de usar guantes deportivos en todo momento. Debió pensar en eso, ahora tiene las manos tan hoscas que ha llegado a creer que podría llegar a molestarlo.

En antaño no se preocuparía por nimiedades del estilo, el problema es que ahora tiene menos de un diez por ciento de su encanto natural ¿Qué pasa si Lightning llega a rechazarlo de algún modo precisamente por eso? Solo lo tiene a él y su actitud de pavo real está afectada. Frente a quien más quiere lucirse no puede ¡Maldita sea con el mundo que parece odiarlo!

— ¿Te pasa algo? Estás un poco enfurruñado últimamente—pregunta sentado en el regazo del italiano, el castaño curvó los labios en señal de fastidio—. ¿Te sientes mal?

Francesco quiere salir de aquí de una vez de aquí, esto es insoportable—Bufó con molestia. Lightning le acaricia el cabello para peinarlo—. Andar en un... Stand by que ni siquiera sabía que tenía, salir de él y darme cuenta de que no me veo como yo, no actúo como yo... Ni siquiera me siento como yo mismo. —Expresa con cierta ansiedad. Lightning ladeó la cabeza, entendía a medias de que se estaba quejando y entiende lo que le molesta.

— Sé que es de lo peor, nunca creí que iba a estar tan delgado de nuevo... tener tanta hambre... —juega con la mano del italiano, dibujando las pequeñas marcas en la palma—. Ojeras tan horribles... ni siquiera yo me explico porque no me corto el cabello con un cuchillo. Realmente ya no somos nosotros, mutamos a algo distinto y más fuerte. Cuando llegue el momento volveremos a ser nosotros ¿sí? —ofrece con una suave sonrisa. Francesco asintió con la misma debilidad.

Tomó el rostro del rubio entre sus manos con cuidado, tan pálido y ojeroso que tiene miedo de lastimarlo de alguna forma en su estatus frágil. Quizá lo único que no ha perdido es la delicadeza innata con la que trata a los que más quiere: Mamma, sus primos y tíos; Shuu, Raoul -aunque joda mucho y lo moleste-. Es un instinto básico para él.

Es extraño e incluso puede tomarse como una mala maña que ni él sabe que tiene. Lo importante es que está allí y lo permite seguir tocando al único ser viviente junto a él; a quien tiene fin como fin último salvar así le cueste la vida entera. Dramático, excesivo, pero es el único rastro que queda de Francesco Bernoulli en lo que parece la cáscara del mismo.

Restaban unos minutos de sol cuando decidieron acomodar los muebles y examinar a fondo la cocina; también faltaban unos minutos cuando repentinamente hubo una explosión. Miraron entre los tablones que hay cubriendo las rotas ventanas. El auto en el que vinieron está incendiándose y una... Manada de Infectados por llamar a ese cúmulo de alguna manera, está alrededor.

No es la primera vez que los ven explotando un automóvil, lo que sí es la primera vez es que luzca tan premeditado. Por pura inercia tomó sus armas al igual que el rubio y el salto espantado que dieron apenas los permitió permanecer de pie. Un par de embistes sobrehumanos hicieron abajo la puerta con todo lo que impedía que se abriera. Corrieron directo a la cocina, el italiano dispara a los que se acercan por detrás. Lightning abrió la puertas y clavó un cuchillo en el infectado que hay tras esta.

Aparte de lo obvio, hay un problema en esta situación: No hay nada más tonto y suicida que salir de noche, peor aún si se trata de un grupo grande lo que te está intentando morder la nuca. No hay otra alternativa que no sea igual de suicida.

Por ello ahora ambos huyen por los largos caminos de la ciudad y sus jardines para huir de su muerte segura. Los infectados son muy rápidos y muy fuertes, por lo que lugares estrechos eran ideales para evitarlos.

Quizá con suerte pudieron haberse librado de la situación como lo hacen siempre, sin embargo, no ocurrió del todo esta vez. Entraron por la puerta trasera de un edificio de al menos cinco pisos. El único problema es que al cerrar la puerta a sus espaldas y bloquearla... Un par de pasos bastaron para sentir un fortísimo tirón hacia arriba. Lightning no estuvo muy enterado de lo que pasó por culpa de un golpe más que brutal directo a la cabeza.

Es una suerte que no esté inconsciente.

¡NO PUEDE SER! —Quejumbra el italiano. No tiene idea de cómo es posible que haya una maldita trampa y hayan caído en ella. Por estar distraídos principalmente.

Se pregunta con toda la seriedad del mundo quien es el sádico impertinente que hace esto. La puerta de la planta baja cede y no tardaron en escucharse gruñidos y gritos de los infectados que los localizan—Agárrate de mi ¿¡Vale!?—. Apenas entendió que debía abrazarlo. Francesco sacó un cuchillo del cinturón en su pantorrilla y cortó varias sogas de la enorme trampa de la que cuelgan. Una vez rota y por gravedad hubieran caído al vacío.

El italiano se lanzó al borde del pasamanos en el pasillo. Lightning sacó la pistola en la bota del italiano y dispara a los pocos que ya han llegado al cuarto piso en lo que Francesco termina de trepar y lo arrastra consigo. Sin pensarlo entraron a la primera puerta frente a ellos. Con su cuerpo cerró y pronto se abrió un agujero en la madera, la mano grisácea con uñas largas como garras y pigmentadas en negro como unas rasguña su estómago.

Mi-mierda...

— ¡Estate tranquilo! —indica sacando el hacha pequeña de su cinto. Cortó la mano del infectado y con los dientes sacó el seguro a una maldita granada que aun Francesco no se explica de dónde la sacó. Aprovechó el único segundo que tenía para tirar el explosivo por el agujero.

El rubio lo tiró al suelo y lo cubrió con su cuerpo cuando la explosión reventó la parte superior de la puerta y las paredes. Siente un fuerte pitido que apenas lo hace saber vivo y consciente. Lightning se levanta cogiendo la pistola tirada en el piso y el hacha pequeña. De una patada se deshizo de los restos de la puerta y salió al pasillo.

Los infectados están en el suelo en un estado tan patético que ni siquiera son reconocibles. Rompió cada cabeza con el arma blanca en su mano derecha, con la zurda sostiene la pistola y apunta de tanto en tanto a las escaleras en caso de acercarse algo. Francesco se soba y limpia la frente que sangra; está así de nuevo, piensa distraído. Ha notado que en momentos donde la vida de ambos peligra de manera muy, muy significativa, Lightning adopta una postura casi militar.

También neurótica.

Fue muy extraño verlo apuñalar más de treinta veces un cadáver hasta decapitarlo y pisar la cabeza para destruirla totalmente. Ni siquiera se limpió bien la sangre que le quedó en la cara y lucía tan ido en locura que no supo cómo acercarse. Cierto rato después volvió a ser él mismo, sin embargo, nada va a borrar de su mente las ganas tan bestiales de destruir que se reflejaban en esos ojos azules. Repetía lo mismo aunque no sabía que decía.

No harás que me abandone o algo así.

Se asomaron los dos por el borde inestable del pasillo. El infectado ya tan reconocido que falta poco para ponerle nombre está hasta la planta baja observando. Luce muy enojado y con poco hollín, debió estar cerca de la explosión. Sus sonidos pronto se hicieron tan altos que varios infectados se comulgan a su alrededor. Definitivamente lo de poder tener una noche tranquila es imposible. Entraron de nuevo al departamento, Francesco halló bajas y una escopeta de mayor calibre.

— Tendremos que saltar al siguiente edificio. No está lejos y definitivamente ellos no vuelan. —indica el rubio.

Estas loco. —bufa Francesco malhumorado y lanzando con toda sus fuerzas lo que tenían. Gracias a la escaleras contra incendios tenían apenas más capacidad para llegar hasta la azotea contigua.

— Mi locura o la muerte. Tú decide.

El estado destartalado del edificio ayudó bastante. Golpearon con un trozo de tubería el marco de la ventana para abrir más espacio y una vez fue suficiente el primero en saltar fue Francesco. Este se sujetó al borde de la azotea de enfrente y trepó para no caer. Lightning se tocó el pecho y al no sentir nada buscó con la mirada en el suelo. Halló su collar en el suelo y al momento de tomarlo se percató de que el infectado grande está en la puerta. Lentamente quitó el seguro del arma en lo que eso se acercaba en paso parsimonioso.

Como si quien es el animal peligroso es Lightning y no él.

Le disparó en la pierna y salió corriendo, saltó dándose un último impulso con la escalera para incendios. Francesco le tomó la mano para ayudarlo a subir.

¿Es en serio...? —quejumbra viendo una segunda granada en mano americana. Una vez sin seguro la lanzó a la ventana de la que vinieron. Impactó directamente contra un infectado y la explosión fue tal que el edificio empezó a incendiarse ligeramente. Con el pitido con los oídos miró irritado al americano que no está mejor —. Odio las malditas-

Un paso atrás con la intención de acercarse a las escaleras para bajar de ahí y el suelo a sus pies se desplomó. Apenas tuvo chance de acercarse lo suficiente para que entre los escombros un par de pisos más abajo no se encontrarán separados. Sin embargo, el impacto no fue pequeño y ahora ambos yacen inconscientes entre trozos de concreto y muebles de los departamentos en que aterrizaron.

A un lado del rubio que tiene sangre en la nariz y el cuello por una cortada, está el collar que no logró ponerse. Francesco antes tener todo negro lo que más pudo distinguir boca abajo con una cortada en la frente... Fueron ese par de aretes en el hélix de Lightning, su cabello rubio esparcido y ese collar plateado.

Estuvieron todo lo que restó de noche y buena parte del día inconscientes.


— ¿Los quieres? No tengo problema en dártelos.

—No. Están mejor así. Yo no los usaría y creo que tiene más sentido que los mantengas, siendo que él te los dio. —encendió un cigarro y dio una calada. El día tiene muchísimas nubes, la gran mayoría densas y grises sin llegar a cubrir el cielo azul y el sol. Lightning aun así está nervioso.

Volvió la vista al frente, pasando los dedos por sobre los tres aretes en su oreja. Jackson le pidió que se los quedara durante el largo rato en que solo esperaba morir. Hacía un tiempo le explicó que McMissile se los dio de cumpleaños, comprados la India, oro blanco y un pequeño chip de rastreo en cada uno. Aunque era para mantenerlo vigilado los adoraba porque McMissile no es alguien de dar muchos detalles.

Y aunque no lo admitiera ninguno de los dos: Los sentimientos tan poco comunes en ellos solo aumentaban la importancia a gestos mínimos. Llamadas, regalos puntuales e incluso -esto sin ser pequeño-, contar todo lo que sabía con respecto a la situación para que nada le pasara. Llegando al punto de ir él mismo a buscarlo.

Lo que empezó jugando, terminó gustando. Al menos esa es la conclusión que tomó el rubio con respecto a esa relación.

McMissile tiró la colilla del cigarro y miró al cielo un instante. Cerró los ojos dando un largo suspiro, deteniendo su andar para extrañeza del rubio que se acercó. Apenas estuvo en su alcance McMissile lo abrazó con fuerza, tanta que sintió sus huesos resentidos ante el apretón. Esto es extraño tan de repente.

—Quiero que me prometas... Que vas a vivir ¿Vale? No importa cuánto te cueste: Si sufres, tienes pesadillas, alucinaciones o crees que no vale la pena. Vive ¿sí? —pregunta con las manos en los hombros del más bajo.

— ¿por qué...?

—Necesito que me lo prometas. —insiste.

—Está... ¿bien? —dijo Lightning sintiendo extrañeza. McMissile asintió suavemente antes de sacarse de debajo de su camisa una cadena plateada.

Lightning había notado ese collar. Tiene una placa similar a las que tienen los militares y una especie de pequeño dije o relicario redondo. Vio que en su interior hay una sola foto: Indudablemente Jackson la tomó, de otro modo McMissile no saldría atrás de él medio dormido. El adolescente tenía ese gesto tan típico de él de mostrar el piercing en su lengua. Es sospechoso que no tenga camisa y el cuello tan mordido.

—Tenía otra foto con una amiga muy cercana; tuvo que distanciarse un poco del trabajo para centrarse en su relación y futuro matrimonio; no sé dónde la perdí. Pude hacer lo mismo, pero supongo que fui ingenuo al pensar que todo seguiría como estaba y solo sería un juego para ambos. —explica entregando el collar.

— ¿Por qué me lo das?

—Dudo muchísimo que haya más rastro de Jackson que tu; yo en teoría no existo... Prefiero que sea así.

Se sintió muy incómodo. Es como si usara todo esto de excusa para que ni se le pasara por la cabeza matarse esté o no en este aprieto. Acabó por ponerse el collar, queda muy obvio que no aceptaría un no y al final del día siempre hace caso a lo que el agente diga. Debido al clima se escondieron lo que restó del día por precaución.

El problema es que esta precaución se extendió por dos días más.

McMissile acabó por rendirse ante el clima lluvioso y decidió que tendrían que seguir de esa manera. La ciudad en la que están es inmensa, pero seguramente saldrían de ella y se refugiarían por la noche en las afueras de la misma. Hace ya bastante tiempo que había indicado donde se encuentra el transporte en el que se van a ir. Haciendo muchas cuentas llegó a la conclusión de porque el clima parece ir en contra suya... Ya es noviembre y pronto caerá nieve. Pronto será navidad y con mucha suerte Lightning podría pasarla con sus seres queridos. Quizá de ese modo su ser tambaleante pueda empezar a sanar.

Al menos esa es la expectativa.

—Se suponía que para esta fecha iba a estar en algún lado del Caribe disfrutando mis vacaciones. Sin embargo, algún imbécil decidió que infectar una superpotencia era buena idea. Dudo de la inteligencia en la inteligencia humana. Debían simplemente soltar bombas, no un virus que puede afectarlos también.

—No se esparce por aire.

—No, de forma primaria no. No obstante, antes tampoco afectaba a los animales. Es un proceso paulatino, pero el virus puede estar mutando —aquello le recordó mucho a su conversación con Jackson al respecto—. Esperemos que se quede solo en infectar animales por mordida. Si llega a esparcirse por aire estaremos muertos.

—Lo sé... ¿Como nos daríamos cuenta? No es tan fácil.

—No lo sé. Sin embargo hay algo claro... Ellos son depredadores y no tardan en hacerse ver de ese modo frente a sus presas. Cada señal de estar siendo cazado es una pista indiscutible de que el virus evoluciona de algún modo—indica con suavidad—. Ningún depredador es tonto... Evalúa a su presa para poderla cazar.

—Suena a que hablas de animales.

— ¿Ya no lo son? O lo eran.

—Tal vez. Aunque ser animales no significa... ¿Qué tienen muchas más capacidades que solo comer e infectar? Incluso podrían razonar una solución para nosotros que somos inmunes. Una conclusión que no sea matarnos y que seamos útiles de algún modo para ellos. —McMissile alzó una ceja.

Aquel razonamiento se le hacía un poco paranoico, tampoco es que lo sorprenda que Lightning saque ese tipo de interpretaciones estando ligeramente pasado de vuelta. Lo que lo molesta es que no puede refutar del todo aquel pensamiento. Existe esa mínima posibilidad de que evolucionen hasta el punto de buscar otro modo de infectar por darse cuenta de los inmunes.

Inmunes que en este instante crecen en número.

Antes de decir nada evitó por los pelos pisar un cable en el suelo. Lightning ya lo había pasado sin darse cuenta siquiera. El rubio lo miró extraño por haberse quedado tan quieto con el entrecejo fruncido viendo el suelo—Que extraño...—musita cuidadoso de no rozar el bendito hilo.

— ¿Qué?

—Hay un-

Casi se ahoga, un hilo se cortó al momento en que avanzó y lo presionó con su cuello. Tiene un pequeño corte ahí. De forma que no se explican una especie de larga fila de fuego se formó en el camino justo frente a ellos. No hay mucha luz, por ello no pudo percatarse de los hilos, el combustible en el suelo y solo por los ruidos que emiten percibió a los infectados que estaban escondidos entre los edificios.

Empezaron a correr de inmediato, entre más vueltas daban, más fuego se formaba bloqueándoles el paso sin una explicación razonable de cómo es posible aquello. Aunque no es lo que él hubiera querido, acabó por conducir al rubio hasta un edificio de estacionamiento automático. Disparó al candado de la caja de electricidad y subió cada interruptor, dando energía al lugar.

— ¡MIERDA! —Llevó una mano a su oído, Lightning había disparado antes de que pudieran morder el cuello del agente, por ende el disparo fue casi a su oreja. Siente el líquido caliente bajar por la misma.

— ¿¡a dónde!? —pregunta disparando hasta acabar el cartucho. McMissile ubicó elevadores y nulas escaleras. Lo cogió del brazo y lo empujó dentro del elevador. Presiona el botón para que funcione, pero este no sube. Entre las rendijas de la reja Lightning dispara a los infectados o clava un cuchillo en sus frentes.

—Me cago en la puta que decidió parir al imbécil que puso llaves a esta porquería. —dice tan rápido que Lightning apenas capta que es un insulto. Abre la reja clavando un tubo en el ojo de un infectado y lo empuja. Abre el tablero de fuera.

Si logra que tenga corriente, funcionara hacia arriba y eso es lo que importa de momento. Incluso quedarse atascado entre los pisos. Un chillido ahogado lo sorprendió cantidad porque... ¿Qué razón hay para que este infectado no lo esté mordiendo? El rubio intenta alcanzar la pistola a un lado suyo.

El infectado lo olisquea como si fuese un perro y da un ruido de lo más extraño. Sigue sin atacarlo, solo presiona su cuello como si quisiera asfixiarlo o dejarlo inconsciente. Incluso los demás infectados se detuvieron completamente; viendo lo que ese tan grande y de ojos amarillos está haciendo.

Alcanzó el arma y le disparó en la clavícula. El flaqueó le permitió alejarlo con las dos piernas. En lo que agoniza en el suelo McMissile boquea por un instante; con preguntas demasiado marcadas en su cerebro como para marcarlas.

— ¿McMissile? —lo vio, luego atrás. Cerró la reja del elevador justo en su cara—. ¿¡McMissile!?

—Me lo prometiste ¿recuerdas? Ni se te ocurra morirte ¿¡me entendiste!? —cerró un dando en la reja, aun con la pistola iba a tardar un rato en asestar para romperlo. Rato que necesita en este momento. Volvió al tablero escuchando al rubio que lo llama desesperado. Cortó un par de cables y enredándose como él solo logró que el elevador empezara a funcionar.

Apenas subió un par de pisos y quedó entre dos. Soltó los cables por un jalón a la ropa que lo tiró al piso. Pronto fue alzado por el cuello con ese agarre sobrehumano del infectado. Es el mismo al que Lightning disparó en al clavícula y que sangra por la herida. Este lo olisquea y le ruge en toda la cara. Su reacción agresiva, totalmente contraria lo dejó con una pregunta exacta:

¿Qué diferencia hay entre Lightning y yo si ambos somos inmunes?

Sonrió pedante sacando su arma, no debía tener muchas balas ya, sin embargo, lo apuntó en la cabeza. El agarre en su cuello se hizo más fuerte y el ruido rabioso del resto de infectados aumentó. Chasqueó la lengua aun con esa expresión. Quitó el seguro y...

Movió la pistola a su propia sien y se disparó. El sonido del disparo detuvo cualquier ruido exceptuando a Lightning que abrió la boca y gritó el nombre del hombre que ya no está más ahí. Perdió toda la fuerza de su cuerpo, recostando la frente en la reja los labios temblando al mismo tiempo que las lágrimas iban cayendo de una en una por su rostro sucio y más pálido que nunca.

La pistola cayó al suelo y los sonidos enojados por aquello son lo que entra en su cabeza junto a la imagen que en todo este tiempo no esperó ver de McMissile. Nunca imaginó que McMissile se suicidaría... Era obvio que ahí no tenía escape, pero no hizo más nada que dispararse... Ni siquiera intentó liberarse o lo que sea. Ve cómo mueven el cuerpo flojo, el rostro en blanco del agente. El agujero de la bala que sangra...

Sus ojos perdidos, los labios entreabiertos... La palidez que se apodera de su piel... Lo mueve como a un simple muñeco y eso es lo que debe ser para ellos.

Ya... por favor... Ya basta...—Pide entre gimoteos, cerró los ojos con fuerza, encogiéndose en sí mismo. Aunque no lo vio totalmente, el sonido de los huesos crujiendo y al carne rompiéndose inundó la estructura por un silencio.

Se arrastró hasta el fondo del elevador y se cubrió la cara con ambas manos, luego los brazos un sollozo lastimero que se volvió un grito desolado y lastimero. El aire no llega a sus pulmones, se siente asfixiado; las lágrimas no lo dejan ver nada y cree estar escuchando lo mismo sin parar.

Como por... Gusto solo le arrancaron la cabeza al cadáver de McMissile. Con tiran su cuerpo como si fuera basura nada más.

Estuvo por horas en ese elevador. Veía abajo como si pudiera obtener algo de ello. El día era oscuro, pero bastante claridad se filtraba por las paredes. Sobre todo cuando se hizo de tarde. Olvidó como disparar, al menos así lo sintió cuando disparó más de doce balas al maldito candado en la reja y no pudo hacer que se rompiera. Al lograrlo abrió la reja con fuerza nula, cayó al piso inferior por el pequeño agujero que quedó entre un piso y otro.

Tambaleó estando en el suelo. A paso muy lento llegó hasta la planta baja y se mantuvo de pie varios minutos frente al cadáver de cabeza arrancada. Moqueó apretando su camisa, luciendo como un niño pequeño y al que están regañando—Perdón...—murmura con la lengua trabada, respirando por la boca.

Su mente casi catatónica llevaba a actos muy sencillos. Tomó una lona que cubría un auto y envolvió el cuerpo con eso, haciendo fuerza lo arrastró fuera del estacionamiento con parsimonia. Escucha gruñidos, jadeos; rugidos suaves y no sabe si ocurren de verdad. Entró a una casa, dejó la puerta abierta y buscó por todos lados hilo y aguja.

Tenía los dedos sangrantes de tantos pinchazos que se dio el mismo cosiendo la cabeza al cuello. No lo podía dejar así, mucho menos tirado. Debe ser responsable de lo que pasó, porque esto también es culpa suya. McMissile pudo haberse escapado dejándolo encerrado en el elevador, incluso cuando el infectado lo agarró pudo aprovechar la distracción.

Pero no... se quedó y activó el maldito ascensor.

Posiblemente sus dedos estén sangrando más que el cadáver en sí. Lo limpió, le quitó la sobaquera y arregló cuanto pudo la ropa manchada de sangre. Es una pena que ningún hombre viviera en esta casa; podría ponerle una de camisa limpia. El cabello cubría perfectamente el agujero hecho por la bala. También se tomó el tiempo de afeitarle la cara antes de volver a envolverlo en la lona.

No hay pala en el jardín, ni modo. Cavó con las manos sin tener en mente ninguna otra manera de hacerlo. Le duelen los dedos, de hecho, algunas uñas se le cayeron en este proceso y tiene tantos temblores que apena puede maniobrar. Coloca el cuerpo pesado en la fosa y con la misma dedicación lenta lo rellena tarareando con voz pañosa y tartamudeante.

—Dear Lord, when I get to Heaven, please let me bring my man. When he comes, tell me that you'll let him in, Father tell me if you can—Como si fuese una burla, una forma de hacerle saber que de hecho, todo puede empeorar y lo hará... Empezó a nevar. La nieve se mezclaba un poco con la tierra, volviéndola más fría. All that grace, all that body. All that face... He's a sun...

Una vez terminado su trabajo se quedó arrodillado frente al agujero ya cubierto. Se miró las manos, pequeños copos de nieve las iban llenando. Apretó los labios y alzó la mirada al cielo nuboso; de nuevo la misma pregunta... ¿Por qué? Sollozó con los ojos apretados, encogiéndose en sí mismo con expresión compungida.

Entró a la casa de nuevo, metió las manos en un balde de agua que se derramaba por la gota constante en el grifo. Al sacarla se las vio sangrantes. Le faltan cinco uñas, tres en la izquierda, dos en al derecha. De forma torpe se vendó y exhaló el aire frío que comenzó sin que pudiera percatarse de ello. Los infectados no soportan el frío, mucho menos la nieve... No vendrían aún si quisiera que lo hicieran y lo acaben de matar.

«Me lo prometiste.»

—Prometí que no lo haría al salir de aquí... ¿Por qué tendría que cumplirlo? —se pregunta acurrucándose en una habitación sin tomar ninguna precaución. A estas alturas, no quería prevenir nada.

Estuvo varios días ahí metido hasta que decidió seguir caminando. Puede ser ridículo a más no poder, pero llegó a la dirección que McMissile había mencionado, vio el avión ahí perfectamente puesto. Limitó su atención a lo que traía en su interior y continuó con su camino. No sabe como pilotarlo ¿de que iba a servirle? Casi no duerme, casi no come; solo camina y camina sin parar hasta que las nevadas se hacen demasiado fuertes. Sin un abrigo no duraría mucho, aun con uno moriría de hipotermia.

«Me lo prometiste.»

Encontró una tienda de botánica. En el segundo piso debió vivir al dueña del establecimiento. Se instaló ahí; en la parte trasera hay un pequeño invernadero con plantas formando una jungla. Cerró todo de la mejor manera, lo adecua para su exclusivo uso. Sin poder salir, se limitaba a comerse lo que encontrara en medio de esa pequeña jungla: Fresas, crisantemos, sandías...

Leía lo que había; mantenía las plantas vivas y se quedaba acostado o dormido en cualquier lado. Está limitado a seguir vivo, punto final ¿No es lo que McMissile quería? A estas alturas, no recuerda bien en qué sentido quería que le prometiera seguir vivo. Quizá solo seguía siendo un pedido cruel en modo de venganza para que siguiera sufriendo lo de Jackson, ahora a él... Quiere morir, no hay sentido en seguir ahí solo viviendo, pero...

«Me lo prometiste.»

Un día dejó pasar a un perro que empezó a aullar fuera; sin otra cosa que darle lo alimentaba con básicamente lo que fuera que se quisiera comer. Unos días después llegó otro, también un gato... de cierta forma, esperaba que viniera otro animal... y otro más... Así no está tan solo. Cuando dejó de nevar, es decir, cuando al primavera llegó; salía de tanto en tanto para buscar algo más de lo cual comer, cualquier cosa que pudiera interesarle de camino...

Algunas veces iba acompañado de algún perro que le tomó cariño, en otros volvía con uno nuevo. En general hace lo mismo, es una rutina que no le interesa romper.

— Isn't it lovely, all alone. Heart made of glass, my mind of Stone. Tear me to pieces, skin to bone... Hello, welcome home. —tararea muy de vez en cuando en voz prácticamente inexistente.

Al fin y al cabo, ya no habla para nada, apenas soniditos para los animales que habitan su mismo espacio. Por lo demás... Está en silencio. Es mejor así... Si alguien más hablara con él, posiblemente también muriera aunque hiciera de todo por evitar que ocurriera.


¿Cómo te sientes? —parpadeó repetidamente y vio al italiano sobre él.

—Estás vivo...—sonríe aliviado, podría incluso llorar de alegría de que lo esté.

Tomaré eso como un bien—suspira, eso no fue un Estoy bien al que está acostumbrado a recibir, pero está sonriendo así que no puede ser algo malo... Espera—. Tenemos que irnos de aquí rápido. A estas alturas, me voy a creer tu paranoia de-

Se sorprendió de que Lightning lo acercara para besarlo. Entrecerró los ojos, lo siente demasiado desesperado y aliviado al mismo tiempo. Es contradictorio, pero bien que Lightning es la confusión misma. Al separarse hizo un ligero ruido frustrado, como le gustaría estar en un lugar decente para llevar esto un poco más allá, considerando que Lightning se ve tan contento y deseoso de estar con él... Una cosa puede llevar a la otra.

—Tengo una suerte tan mierda que aun no entiendo como sigo aquí. —admite pesadumbre. Los huesos de su cuello tronaron al momento de levantarse con ayuda del italiano. Se lame la sangre en el labio.

A este paso se nos volverá a hacer de noche, tenemos que irnos rápido. —Lightning solo asintió, tomó la cadena y limpió con su camisa la sangre y mugre que había en él.

Afortunadamente el relicario sigue intacto, lo abrió un instante y lo cerró tras verificar que la foto sigue dentro. Se colocó el collar y lo metió bajo la camisa. Se tomó la muda decisión de tomar lo que se pudiera de entre los escombros y salir de una vez del lugar. Corriendo de ser posible.

Francesco tenía una preocupación muy marcada por culpa de las nubes grises y el frío casi polar que comienza a hacer. Si empezaba a nevar de nuevo iba a golpearse contra un maldito árbol. Ya sería al tercera vez que ve eso y no está tan ido de la cabeza como para no darse cuenta de que eso significa que ya llevaría casi tres años metido en esta situación de mierda.

Sin mencionar que con la nieve, nulas provisiones constantes y capacidad no pueden avanzar. Estarían casi forzados a estar alrededor de dos meses y medios varados. Claro, el frío impide que los infectado vengan a joder, pero no compensa lo suficiente.

Por lo mismo, pudieron avanzar incluso durante la noche, no había ruido de infectados o señales de los mismos. Consiguieron abrigos en una tienda casi totalmente saqueada, Lightning se desmayó un par de veces de camino por la poca comida y vamos... Es un horror, ya no sabe qué cosa es peor. Frío, poca comida, etc., o la infección que no deja de molestar.

—Creo que... Estamos a poco de... llegar a Michigan. —sopla sus manos con la intención de calentarse. Tiene las mejillas rojas y los labios morados por el frío. No como que Francesco esté mejor.

Michigan suena a-a un lugar bo-bonito... ce-cercano a la Canadá que se aleja. —Le chasquean los dientes. Cree que Canadá se mueve de lugar y lleva más de una vida de camino hasta ahí. Lightning lo miró encender el auto en el que iban viajando. Tuvieron que cambiarle las ruedas para que funcionara en las vías blancas por las nevadas constantes.

— ¿Por qué Ca-Canadá? —pregunta subiendo las piernas al asiento. Francesco lo vio instante y luego al camino de nuevo.

Por fin está preguntando por Canadá. Piensa distraído. Es un poco tarde para preguntar algo como eso. Ve que no tienen casi gasolina y pronto tendrán que ir a pie nuevamente. Sea por desgracia sobre ellos o quién sabe porque, la gran mayoría de vehículos tienen al menos medio metro de nieve cubriéndolos.

En el que van ahora estaba dentro de una cochera, solo por eso lograron agarrarlo.

No respondió, pensando en la manera de decírselo y que entendiera lo que quería transmitir. En ese proceso la gasolina se acabó y con el hastío brotando de sus casi congelados poros empezaron su caminata bajo la nevada. El problema es el mismo, mucha nieve, difícil caminar, etc.

Su camino se interrumpió debido a una valla de alambre metálico. Francesco quiso jalar el alambre para apartarlo del camino, lo extraño es que este tenía electricidad. Maldijo entre dientes y Lightning hizo una cosa que lo dejó aún más confundido... se lanzó directo al otro lado, casi de cara, cayendo acolchado por la blanca cobertura. Acudió la cabeza y dejando todo corrió al edificio más cercano y que tuviera sentido a portar aquella valla.

¡Hey! ¿¡Que se supone que haces!? —pregunta estirando el cuello para verlo sin resultado alguno. Tanto se inclinó que acabó cayendo sobre la valla. No sintió nada. Alzó la mirada encontrando a Lightning frente a él.

—Ya apague la electricidad de la valla. Vamos—incita algo emocionado. Francesco se levanto con mala cara. Malhumorado. Lo siguió arrastrando los bolsos y se sorprendió de ver electricidad en la entrada de la casa—. Creo que funciona con algún generador. Se parece mucho a la casa de Hudson en Pensilvania, quizá también tenga agua... ¡Es perfecta!

Voy a suponer que al menos es buena para descansar. —se perdió a mitad de la emoción del otro. El lugar se ve muy bien acomodado; empolvado, pero muy bien. Lightning se echó de golpe en un sofá.

—Podemos pasar aquí el tiempo en que dure la nevada. Creo que es solo una gran tormenta de nieve. No durará más de tres semanas—comenta viendo el techo iluminado con luz blanca—. Con un poco más de suerte quizá también haya algo que comer.

Iré a revisar, espera aquí.

Examinó la -satisfactoria y afortunadamente-, llena despensa de la cocina. No abrió el congelador, lo de dentro si podría estar podrido. El resto como alimentos conservador y comida seca si están bien. La sala es enorme, incluso tiene chimenea. Un estudio con muchos libros, computadora. En el segundo piso hay una habitación de entretenimiento con una enorme pantalla de cine; sofás reclinables; Un cuarto con una barra de licores, reproductor de música; habitación matrimonial, habitación closet; un baño en el cuarto y otro fuera...

¡ES EL MALDITO PARAÍSO!

Abrió la llave del lavabo, de inmediato salió agua. Tenía cierto cosquilleo en el estómago. Si hay agua en el grifo iba a poder bañarse y dentro de los estantes hay afeitadoras. Bajó al primer piso compartiendo el entusiasmo con su rubio compañero.

Parece que por fin nos sale algo bien. —comenta divertido. Lightning sonrió sentándose.

— ¿Nos quedamos? —asintió eufórico—. ¡Bien! Iré... ¿Bañarme? ¿Enserio hay agua? —pregunta con extrañeza por el gesto del italiano. Se encogió de hombros. No se pensaba quejarse de eso—. Supongo que puedes afeitarte tu solo entonces...

Ambos subieron, Francesco tomó un par de toallas del closet, ropa y dejó a Lightning en la habitación. No hace falta decir que cada unos e tomó casi más de una hora bañándose. Hace muchísimo que no tenían un baño percé. Normalmente se trataba de limpiarse a medias cuentas con agua que se consiguieran y como es obvio no es de lo mejor. Limpiar la mugre pegada también costó lo suyo.

Eso agregado a que hay agua caliente. Es el paraíso.

Al momento de salir de la ducha Lightning se miró en el espejo un rato. Tiene el cabello hasta la cadera y un poco más abajo, verlo tan limpio es algo de lo que se ha olvidado. Sacó unas tijeras del cajón y tomó las puntas. Cortó hasta que lo tuvo a la cintura... Un poco harto de ser tan lento quiso hacerlo para que no llegase ni a su cuello. Totalmente corto, como siempre lo tuvo.

¡NO! ¡NO LO CORTES! —quisquilla Francesco que fue a ver que siguiera vivo o que no se fuese por el drenaje. Lightning lo vio con sorpresa por la interrupción—. No lo cortes ¿Que no te lo ves? Es... bueno... Francesco no cree que sea buena idea cortarlo.

—antes lo tenía corto, casi como tú. Últimamente lo he cortado tan pocas veces y... ¿No crees que me sigo viendo como una especie de vagabundo? —negó con la cabeza, cogió una toalla y comenzó a secar la melena rubia.

Creo que está bien así. Te sienta perfecto y... Honestamente, ver el color real me encanta. —admite besando unos cuantos mechones. Lightning se sonrojó lentamente.

Lo dejó solo para que se vistiera. Lightning lo meditó un poco. Sería al primera vez que se ven como unas personas decentes y no indigentes; debería intentar verse bien... atraerlo un poco más. Aprovechó todo lo que encontró de la mujer que vivió en ese lugar. Miró los conjuntos, vestidos, zapatos, maquillaje, prendas. Todo está a su disposición.

Una de las principales razones por las que se hizo conocido era su capacidad para modelar ropa tanto femenina como masculina. Sabe cómo usar tacones, vestido y lencería. Así mismo no dejaba de lado lo masculino... Esta vez no cree que sea lo más importante. Quiere que Francesco lo vea como alguien bonito a pesar de lo horrible que se ha de haber visto durante todo este tiempo.

Atraerlo, tal vez seducirlo un poco... Llamar más su atención, algo que por lo general no quiere de forma tan específica.

Su preferencia por el rojo lo ayudó a decidir. Se cortó las uñas, secó su cabello y lo peinó a morir. Con dificultad y lentitud pues su mano tiembla ligeramente se pudo pintar los labios, delinearse los ojos y cubrir las ojeras. Permaneció con el collar de McMissile y los aretes de Jackson aun cuando no lucen demasiado. Se decidió finalmente a usar lencería como no lo ha hecho en ya dos años. Diría que incluso lo extraña a pesar de haberse quejado de ella antes.

Bueno... Está listo, supone.

Francesco llevaba la misma batalla campal intentando pensar si lo que lleva puesto está bien. Se afeitó, cortó y arregló el cabello, lo tiene peinado de forma perfecta. Se sintió un poco tonto cubriendo las ojeras que tiene con maquillaje. Cortó sus uñas, vistió el traje que más le gusto del closet y Voula...

¡Francesco Bernoulli por fin está de regreso al cien por ciento señores!

Eso sí, tenía una especie de miedo irracional en este instante. Básicamente se arregló para que Lightning lo vea bien, rezando a sus encantos naturales ahora restablecidos que hagan lo suyo. Poder atraerlo de la manera en que quiere sería la misión principal en esta ya noche nevada. La casa tiene buena calefacción ya que hablamos de eso.

Dolió un poco ponerse un arete, el suyo se había perdido y el agujerillo se había casi cerrado. Rascó la parte posterior de su cabeza. Es solo una persona, la misma con la que ha convivido muchísimo tiempo ¿Qué tan complicado iba a ser? Además, ya se atraían mutuamente, no debe ser tan complicado.

Espera que no, de otro modo acabaría considerando suicidarse en la bañera ¡No podía tener la misma mala suerte escapando de la muerte que en el amor! Odia estados unidos, es lo único a lo que puede llegar su pobre cerebrito agotado en este instante. Es más ¿Qué estaría pensando el rubio en este instante? ¿siquiera piensan lo mismo? Posiblemente se dejó morir en la cama donde al menos cinco personas duermen acomodados; está simplemente viendo el techo o... ¡Lo que sea! ¡Y él preocupándose por nada!

Ahora tiene hambre.

Puso a cocinar pasta, tomates, cogió el vino que había de decoración y lo abrió sirviendo una copa. Posiblemente se vuelva mierda por estar tanto tiempo sin beber ni una gota. Esperando que lo puesto se cocinara caminó a la sala para tomar la solitaria copa.

— ¿Me das una? También quisiera beber...

Casi la deja caer, pasmado en su lugar. No lo escuchó bajar por las escaleras a pesar de los altos y gruesos tacones que lleva. Casi matan los diecisiete centímetros de altura que tienen de diferencia. Se echó el cabello atrás, con repentina vergüenza por haberse arreglado tanto y el italiano llegó a sentir lo mismo.

No por ello dejan de admirarse el único al otro como si nunca se hubieran visto antes.

Te ves precioso. —elogia, el rubio se sonroja a más no poder como si hubiese entendido el sentido literal.

—Estás guapo, supongo que es el efecto natural de ser italiano. Había olvidado un poco que eras modelo también. —se encoge de hombros ligeramente intimidado. Tomó la copa que Francesco tenía en la mano y lo siguió en la cocina. Tomó asiento en el desayunador viéndolo cocinar.

Comieron en silencio, viéndose curiosos por estar enmarcando lo que fueron en su vida normal antes de todo. Hablan de todo y nada, se hacen gestos con las manos, Lightning se pone rojo de tanto en tanto y las copas van y vienen. Francesco ve los lunares que tiene Lightning, es la primera vez en la que está tan expuesto frente a él. Tan arreglado... Tan todo.

Tiene un serio problema para mantenerse pendiente de algo que no sea en lo mucho que le gusta el rubio. Ya antes lo hacía con creces, pero esto que es más... vivo lo fascina. Lo deja anonadado y el alcohol entrando a su sistema no ayuda. Lightning por su lado ve al italiano con mayor seguridad en sí mismo, más coqueto y alegre en norma general. También burlesco dicho sea de paso.

Es como una fiesta en la que solo están ellos dos conociéndose... olvidando que el mundo desolado y enfermo de fuera de esos muros existe. Donde ya conocen lo encantador que puede ser vivir en soledad, pero no es posible compararlo al éxtasis que puede producir tener compañía. Menos una que desprende el deseo que siente con solo mirarte.

Francesco admite que empezó a fijarse en él por necesidad y casi como un juego. Lo que no pensó que ocurriría es que acabaría gustándole tanto hasta el punto de quererlo como lo quiere y desearlo como lo hace.

Aun sin entenderse realmente, es tan encantador... saber que uno es tan frágil como el otro.