Esta es la primera parte de una trilogía (?) que pensé en conmemoración del 24 de Marzo, Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia en la Argentina: creado con el fin de conmemorar a las víctimas de la dictadura militar, desaparecidos e hijos de desaparecidos.
Argentina (Oc): Dante Martín Hernández. Cabello rubio ceniza lacio, ojos heterocromaticos (gris plata -derecho- y dorado -el izquierdo-), de 1,79 m, piel blanca-rosada.
Palabras
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Frio. El suelo debajo de su cuerpo transmitía el frio hasta sus huesos. O quizás no fuera así, y solo se tratase de la perdida de aquel líquido vital que desde hacía un tiempo formaba un considerable charco debajo suyo. Su respiración era superficial y errática, pequeños accesos de tos presente de manera discontinúa, irritándole la garganta y acentuando el dolor de sus costillas. Aún podía sentir los gritos dentro de su cabeza, casi hasta el punto de que le estallaría (o tal vez los gritos no estaban únicamente en su mente).
Los ojos no le ayudaban a desligarse de aquellas voces dolorosamente presentes pues su vista iba y venía. Le costaba distinguir lo que le rodeaba, más de nada le ayudaría, pues ya había pasado tanto tiempo de aquella minúscula y semi desnuda habitación que ya conocía cada centímetro de ella. Los labios resecos y partidos le molestaban al rozarse, y el mínimo movimiento de su rostro le hacía notar los rastros de las lágrimas que hacía poco contribuyeron a su deshidratación.
Podía sentir las heridas en su piel, como con cada reparación se estiraban o reabrían, enviándole choques eléctricos a través de la columna cual si fueran látigos. Pero no eran esa las que más le dolían, sino las heridas ajenas, las de su gente en algún lugar de su territorio. No quería pensar en ese dolor; no al menos ahora, no en ese momento.
Así que comenzó a preguntarse, sobre nada y sobre todo, intentando abstraerse de la agonía. ¿Qué día sería? ¿Cuánto tiempo ya habría pasado? Perdió la cuenta tras los tres meses, cuando se encontró con que no lograba distinguir cuando era de día y cuando de noche. ¿Su familia estaría bien? Rogaba que sí, aunque seguramente estarían preocupados, aun así no deseaba que lo buscaran, no quería que terminaran involucrados y sometidos a eso que él vivía en ese momento solo por intentar encontrarle; si esperaban, tarde o temprano volverían a verse, para ellos el tiempo en sí mismo podía llegar a no significar absolutamente nada. ¿Qué estaría sucediendo afuera? Podía sentir dentro de su pecho esa sofocante sensación, ese sentimiento indetenible que poco a poco había comenzado a crecer con el paso de los años, y que comenzaba a empujar con la fuerza de un tsunami o una avalancha –porque cada vez más personas llegaban a su límite y el miedo se perdía con mayor rapidez-.
Hasta sus oídos le llegaban los murmullos, llantos y las respiraciones de las personas al otro lado de la reja, el paso del tren más allá del edificio, los sonidos de disparos de la práctica de tiro y de vez en cuando el mugido de alguna vaca*. Los guardias no se escuchaban por ningún lado, aunque sabía a ciencia cierta que uno de ellos, bien armado, se apostaba en el balcón de la habitación más allá de la reja que lo mantenía separado del resto. Esas personas que jamás sabrían quién era, quizás ni siquiera se hubieran percatado de su presencia, gracias a las vendas sobre sus ojos, si él no se hubiera hecho notar al tararear cualquier canción que le venía en la cabeza o por los gritos que habían escapado de sus labios horas atrás.
Entre todo ello comenzó a cuestionarse por que existía. ¿Por qué los de su tipo existía? Eran criaturas que conglomeraban en su interior la conglomeración de un pueblo, múltiples tradiciones y creencias. Eran contendores vivientes con la forma de humanos. Pero ¿Qué provoca que un concepto tan abstracto como "nación" debiera ser representado de manera tan concreta? Como la nación y sus habitantes, ellos eran cambiantes, volubles. Una vez le dijeron que ellos eran una bisagra, una conexión entre el pueblo y quienes lo gobernaban. Pero el sentía que aquella definición era incompleta, no lograba abarcar la totalidad de lo que él sentía que les conformaba, pues también albergaban los recuerdos, las emociones. Llegaba un momento en que se le dificultaba saber cuáles sentimientos eran propios y cuáles eran los de su gente.
Pasos, firmes, acercándose por el pasillo. Ya no había tiempo para pensar, sabía a qué venían; desde hacía unas horas que les esperaba. Él había sabido el resultado de aquello desde mucho antes pues, sin importan que tan decididos y decididos que fueran sus hombres, aquellas batallas no eran más que intentos desesperados de hombres en altos cargos que veían como todo su castillo de cartas se desmoronaba encima de sus cabeza, amenazando con aplastarse. La reja fue abierta, sus ojos le pesaban como plomo y aunque lo intentará no lograría ver más que las botas militares. Fue levantado bruscamente por los brazos y obligado a caminar, aun cuando no sintiera por completo sus piernas debiera pisar su propia sangre.
Sabía que la vería de nuevo, aunque las circunstancias fueran tan malas y seguramente pasarían años para que volviera a verla. En su cabeza resonando con fuerza los gritos de aquellos jóvenes soldados, junto con todos los aprisionados y torturados, más uno se alzaba por encima de los otros a pesar de que hubiera estado a miles de kilómetros de distancias cuando hubiera ocurrido. La voz que conocía desde hacía siglos, cuyas palabras jamás olvidaría gracias al dolor que le causaron.
-¡Detente! ¡No quiero que seas mi hermano, Dante! ¡Aléjate de mí!
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*Descripción sacada de un testimonio de un sobreviviente del campo de concentración "La Escuelita" de Bahía Blanca, durante la dictadura militar (1976-1983).
1982 -Guerra de las Malvinas: fue un enfrentamiento bélico entre la República Argentina y el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte que tuvo lugar en las islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur. Se desarrolló fundamentalmente entre el 2 de abril, día del desembarco argentino en las islas, y el 14 de junio de 1982, fecha acordada del cese de hostilidades en Malvinas. El origen de la guerra fue el intento por parte de la Argentina de recuperar soberanía de las islas, a las que las Naciones Unidas consideran territorio en litigio entre Argentina y el Reino Unido, aunque éste último los administra y explota. El saldo final de la guerra en vidas humanas fu de 649 militares argentinos, 255 británicos y 3 civiles isleños.
