Los personajes de Inuyasha pertenecen a la gran Rumiko, yo solo los tomó prestados para poder dar forma a la trama la cual si me pertenece. Todo sin lucro y solo con el afán de entretener.
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Un Final Feliz.
Segunda Parte.
Manejaba por la carretera a alta velocidad sin un rumbo fijo, podía ocasionar un accidente que tal vez le quitaría la vida, pero en ese momento no le importaba, no pensaba con claridad.
¿Qué más daba si moría? ¿Alguien lo necesitaba y esperaba por él?... Sí, dos personas lo necesitaban.
Frenó violentamente en un lugar despejado de la carretera y golpeó con furia el volante. ¿Qué estaba haciendo? ¿Por qué trataba de esa manera a su novia? ¡Era un hijo de perra! No debió decir todo eso, no debió golpear la barra, ni la pared, no debió decir esas mentiras. Había hecho lo que juro jamás le haría.
―Kag, tengamos un bebé.― pidió un día mientras miraban una película.
―No.― contestó ella de inmediato.
―Llevamos viviendo juntos dos años, creo que...
―No.― le interrumpió.
―¿Por qué no? Te la pasas bien con las gemelas y Komori.― intentaría convencerla al exponerle los hechos, primero con los hijos de sus amigos.―Las niñas adoran hacer postres contigo y hasta siento celos de Komori cuando no se quiere separar de ti.― la vio sonreír y pensó que iba por buen camino.― Cuando a Sesshoumaru se le ocurre salir a solas con Rin y tenemos que cuidar a Ryusei, la ilusión en tus ojos es hermosa.― no mentía, jamás se negaba a cuidar del pequeño de un año.
―Tengo miedo.― confesó.― No quiero que al tener un bebé las cosas entre los dos se... No quiero que...― no podía decirlo sin que su voz se cortara.
―No somos tus padres.― dijo Inuyasha al comprender a su novia.
―Mamá siempre se lamentó tenernos, decía que dejó sus sueños de lado por nuestra culpa y cuando papá intentaba mitigar sus palabras, peleaban.― hablaba en medio de lágrimas.
―No nos pasará, ambos lo queremos.
―Tengo miedo de un día despertar y encontrarme en una situación como la de ellos, no quiero que un niño o niña inocente sufra al vernos pelear. Mamá decía que su relación fracasó por nosotros.
―Está equivocada.― abrazó a la chica y la refugió en su pecho.― No nos pasará eso, es verdad que discutimos, pero es normal, a los pocos minutos ya estamos bien y te aseguro que jamás te golpearía o te alzaría la voz con violencia.― decía al limpiarle las lágrimas.
―¿Cómo estás seguro de eso?
―Porque te amo.― la obligó a verlo a los ojos.
―¿Y si dejas de hacerlo?
―Eso no pasará.
―¿Lo prometes?
―Te lo juró.
¡Se maldecía mil veces por lastimarla! No solo era su novia, ¡Era la madre de su hijo! Regresaría a arreglar las cosas, le suplicaría de rodillas su perdón de ser necesario. Estaba por arrancar el coche cuando su celular sonó.
―¿Qué quieres?― contestó de malas.
―Necesito que firmes los planos para...― dijo una voz femenina al otro lado.
―Dile a Miroku.― le interrumpió al no querer seguirla escuchando.
―Pero...
―Él es el jefe.
―Quiero verte.― dijo la mujer con suplica.
―Yo a ti no, entiéndelo, tengo novia y un hijo.
―No me importa.― estaba determinada a conseguir de nuevo a ese hombre.
―Kikyou, estuve viéndote por trabajo, ya se terminó, no quiero que vuelvas a buscarme, ir a mi oficina o llamarme.
―Creí que podíamos tener una oportunidad.
―Te equivocaste.
―Pero todas tus señales decían que podíamos.
―¿Cuáles señales?― ahora estaba muy confundido.
―Las comidas y cenas en la sala de juntas, me llevaste a mi casa varias veces, me diste tú número personal y dijiste que fue un placer trabajar contigo.
―Las entendiste mal, solo era amable.
―¡Mientes!― le reclamó, seguramente estaba teniendo dudas o cargo de conciencia.
―En las comidas y cenas jamás estuvimos solos, siempre con los otros miembros. Te lleve a tu casa porque no llevaste coche, no había transporte y solo fueron dos veces. Este no es mi numero personal, es el del trabajo y yo dije "Fue un placer trabajar con personas comprometidas al 100% con el proyecto" me refería a todos.
―Nos volvimos a encontrar después de la preparatoria, debe significar algo.
―Que Japón es muy pequeño, entiende esto, amo a mi novia y no la perderé, adiós.― colgó el celular y lo apagó, se aseguraría de reparar el daño que había hecho, no por nada pasó por tantas cosas por ella.
Caminaba de regreso a su casa, después de terminar un partido de baseball cuando al pasar por unos departamentos, escuchó el gritó de una chica que llevaba uniforme de preparatoria.
―Mamá no fue a propósito.
―¡Rompiste todos los huevos!― le reclamó mientras la jalaba del cabello y le mostraba la bolsa con huevos rotos.
―Iré a comprar más.
―No puedes hacer bien un mandado.
―El gato me asustó y deje caer la bolsa, perdón.― explicaba en medio del llanto.
Inuyasha estaba por intervenir cuando una señora le detuvo.
―No se meta en problemas, y no la meta a ella en más.
―Pero...
―Créame, es mejor no intervenir.
Dio un último vistazo, madre e hija ya habían entrado a su casa. Semanas después, salía de la biblioteca pública al terminar un trabajo, cuando reconoció a la chica, ella estaba sentada en la mesa más apartada del lugar y vestía ropa de una o dos tallas más grande.
―¿Te vas a quedar?― preguntó su amigo Miroku.
―Olvide buscar algo, los veo mañana.
―Podemos esperar.― ofreció Kouga.
―No, tal vez tarde con esto.
―Como quieras, no te desveles.― se despidió Miroku e Inuyasha aprovechó para ir hacía la chica.
―Hola.― saludó a la azabache y ella se encogió en su lugar.― ¿Estás usando ese libro?― señaló uno de algebra.
―Tómalo si quieres.― contestó sin mirarlo.
―Me puedo sentar aquí y ambos lo usamos.
―No es buena idea, úsalo tú, ya me voy.
Kagome recogió sus cosas y se fue a toda prisa, si su madre llegaba a ir por ella y la encontraba con un chico, sería su fin. Inuyasha solo la pudo ver irse, no la siguió por tres razones, uno: La mirada de miedo de ella se lo impidió. Dos: Se sintió como un pervertido al ir tras una de preparatoria. Tres: Algo realmente malo le había pasado, su cabello corto y cambio de look se lo dijeron.
Kagome ya había sufrido lo suficiente, le demostraría que la amaba, que estaba realmente arrepentido, que no la lastimaría más. Vio la hora que mostraba el tablero del auto y se dio cuenta que llevaba dos horas manejando, giró la llave y se apresuró a volver, esta vez con precaución.
¿Quién diría que la novia del pervertido de su amigo era amiga de la chica que no abandonaba su mente?
―Sanguito, estoy seguro que tendrás alguna amiga para Inuyasha.― dijo Miroku, ganándose una mirada asesina de los dos presentes.― No me miren así, Inuyasha debes comenzar a ser más sociable... Y te hará falta buena compañía en la playa.― estaba organizando una salida por el fin de semestre y la mayoría iba en pareja.
―Ya conocen a todas, son de primer año igual que yo y a Inuyasha no le agrada ninguna
―¿Y ella?― Miroku tomó un portarretrato del librero, en la foto estaba Sango y una chica azabache.
―Ella esta fuera.― respondió tajante la castaña y puso la foto en su lugar.
―¿Por qué? ¿Ya no son amigas?― dudaba eso, de ser así, Sango no la tendría a plena vista.― ¿Tiene novio?
―Va en preparatoria y es todo lo que diré.
―La he visto, a ella y su madre.― dijo Inuyasha al acercarse a ver la foto.
―No te le acerques, no le des problemas.
―Dime que pasa.
―Inuyasha, tienes ese instinto protector por naturaleza, pero si no la quieres poner en más problemas, déjala.
―No lo haré, el primer día que la vi, llevaba su cabello largo, ahora es muy corto, usa grandes suéteres, siempre está sola y triste.
―Entonces... por nada del mundo dejes que su madre se enteré de ti, nunca debe verlos juntos, hablo enserio, Nunca.― recalcó la última palabra.
Desde entonces, cada vez que iba a la preparatoria, aprovechaba la hora del almuerzo para ver a Kagome, primero era de lejos y conforme pasaba el tiempo se fue acercando poco a poco, sin darse cuenta ya tenían su lugar privado a espaldas del club de teatro. Se sentaban justo en la esquina, "dándose la espalda", así nadie los vería juntos.
Era un día caluroso y Kagome debió quitarse su gran sudadera de deportes, fue en ese momento que Inuyasha notó la marca en su nuca.
―¿Con qué te la hiciste?
―No la veas.― pidió al taparla con una mano.
―¿Fue ella?― no había necesidad de decir el nombre.
―No fue a propósito.― Inuyasha suspiró, no lograría que la chica aceptase el problema con su madre.
―Llámame si necesitas ayuda, no importa la hora, allí estaré.― dijo al anotar su número telefónico en una libreta de Kagome, pero no fue tonto, tomó la de matemáticas y lo escondió en un problema.
Casi era media noche cuando entró a su casa e inmediatamente notó lo que había tirado cuando golpeó la pared, la máscara veneciana que le regaló a Kagome cuando confirmaron su embarazo. La buscó, encontrando los restos del obsequio en el cesto de basura de la cocina.
―Inuyasha...― escuchó al otro lado de la línea.
―¿Qué pasó?― se despertó de inmediato al escuchar la voz entrecortada de Kagome.
―Nada, solo quería escucharte.
―Kagome, dímelo.― pidió al escuchar un objeto romperse, el sonido no pasó desapercibido por Inuyasha.― Voy para allá.― no le importaba que fueran las dos de la mañana.
―¡No! Por favor no vengas, todo está bien.― susurró.
―Puedo escuchar los gritos y las cosas romperse.
―Solo háblame, ¿Qué tal tu día?
―El equipo de Kendo puede que pase a las nacionales, yo por otro lado tendré los finales pronto y...
―¡Kagome! ¿Qué es esa luz?― preguntó Haruko.
―De la linterna, terminaba mi tarea.― apenas logró esconder el celular que Inuyasha le había dado, no era la gran cosa, pero el tenerlo le hacía sentir segura.
―¡Ya que estas despierta ven a limpiar la sala!
―¡Deja dormir a Kagome!― gritó Kenzo.
―¡No estaba dormida!
―¡Kagome! ¿Estás bien?― preguntaba Inuyasha al otro lado de la línea.
―¡Ven aquí ahora!― gritó Haruko al ver que su hija no se levantaba.
―Kago...― la llamada se cortó, lo último que escuchó fue un gritó de la azabache y otro objeto romperse.
Tiempo después supo que Haruko le arrojó a Kagone una caja de música, que Kenzo le dio para su doceavo cumpleaños. Y esa solo fue la primera de muchas noches que platicaba con Kagome, intentaba hacerle olvidar lo que pasaba en su casa. Algo que la chica no sabía, era que cada que le llamaba, él iba a su casa y se quedaba estacionado en la acera de frente, vigilando, listo para entrar por si las cosas empeoraban más de lo normal.
―Se mi novia.― se aventuró a pedir un día.
―No.
―No se va a enterar.
―Inuyasha, yo soy una niña a tu lado.
―¿Me rechazas por ser seis años mayor? ¿Crees que soy viejo?
―¡Nada de eso!
―¿Entonces?
―Mis padres, ellos... No, Mamá dice que... Ella dice que es un gran error estar con alguien quien te lleva varios años.
―¿Le vas a hacer caso? ¿Escucharás a la persona que te insulta y golpea?― Kagome no dijo nada.― No se enterará, se mi novia.― tres días después consiguió el "si".
Entró al dormitorio y encontró a Kagome dormida, Tadashi estaba sentado junto a ella, observaba atento a su madre, como si supiera lo que ella estaba sufriendo.
―Kagome.― le apartó algunos mechones de su cara y vio las marcas de lágrimas.― Estuviste llorando, perdóname... ¿Cuidabas a mami por mí?― preguntó a su hijo, quien solo lo miró.― Tranquilo, arreglaré las cosas con ella, ven aquí.― lo cargó con cuidado para no despertar a Kagome.― Vamos de compras antes que despierte y preparemos una sorpresa.
Cogió la chamarra y pañalera de Tadashi, para irse a un supermercado de 24 horas. Ya allí, recorrían los pasillos buscando lo que querían, cuando vio una caja de Dorayaki.
Últimamente notaba pálida a su novia, al verla en deportes creyó se desmayaría.
―Cómelo.― pidió al poner el panecillo cerca de la boca de Kagome.
―No gracias.― ladeo la cara para no caer en la tentación.
―Te ves pálida y ojerosa.
―No he dormido bien.
―Y también parece que no has comido.― estaba seguro de haberle escuchado las tripas gruñir.
―¡Estoy bien!
―¿Por qué no comes?
―Si como, pero no tengo hambre, ahora.
―No me gustan las chicas huesudas, parecen enfermas.― dijo ganándose un sonrojo de la azabache.
―¿Y eso a qué viene?― habló nerviosa.
―Que eres mi novia y me preocupo por ti, ahora cómelo.
―Estoy bien, además no es como si realmente fuese bonita.
―Lo eres, para mí lo eres y es lo que te debe importar, ahora quiero que comas.
Finalmente le había hecho comer no solo uno, fueron tres y una malteada.
Escuchó estornudar a Tadashi, esperaba que su estornudo fuese por polvo y no por que se estuviese enfermando. Le limpió la nariz a su hijo y le acomodó la chamarra, hace algunas noches Tadashi no dejaba de llorar y en lugar de llevarlo al médico, se fue a dormir al coche, dejando a Kagome lidiar sola con el pequeño.
En ese momento sentía impotencia ¿Y si Tadashi acababa de salir de un resfriado y él lo sacó en esa noche fría? Su hijo podía recaer y sería solo su culpa.
Llegó de trabajar y vio a Kagome haciendo sus deberes de la universidad, le preparó un té, se lo llevó e inmediatamente la vio chapeada.
―¿Estás enferma?
―No.
―Kagome.― llamó en advertencia.
―Estoy bien.― dijo al no dejarle poner una mano en su frente.
―Solo quiero tomar tu temperatura.― con maña logró tocarle la frente.― ¡Kami Kagome, estas hirviendo!
―No es nada.
―Vamos al médico.
―¡Ya dije que...!― gritó al encararlo e inmediatamente se desplomó en los brazos de Inuyasha.
―¡Kagome!
A pesar de seguir todas las recomendaciones del médico, en medio de la noche Kagome había alucinado por la alta fiebre. "Estoy bien mamá, no estoy enferma, lo juro, no te enfades", esas habían sido sus palabras al querer levantarse e ir a quien sabe dónde, obviamente Inuyasha no la dejó, la obligaba a recostarse nuevamente y por la preocupación, esa noche no durmió.
―¿Cómo estás?― preguntó el chico al verla despertar.
―Cansada, pero mejor.
―Ella se enojaba cuando enfermaban ¿Verdad?
―¿Cómo lo sabes?
―La fiebre te hizo decir cosas, no es tu culpa enfermarte.
―Si me cuidase mejor...
―No me enfada que te enfermes, me preocupo, me enfada que no me digas que te sientes mal... Para la próxima quiero que me lo digas.
Regresaron a casa una hora después y Kagome seguía dormida, no se había a percatado de la ausencia de Tadashi, era algo bueno.
―Pa pa... Ma.― llamó Tadashi al no dejar de ver a su madre.
―A mí tampoco me gusta verla triste, dale un beso.― inclinó a su hijo y este besó la mejilla de su mamá.― Ahora yo.― Inuyasha le dio un pequeño beso en los labios y pudo ver que Kagome sonreía.― Dejemos que duerma.
Inuyasha le había servido a Tadashi algo de fruta y dejado en su periquera, mientras lavaba los trastes que usó. Escuchaba a su hijo golpear con la cuchara el plato al intentar coger la fruta, cuando algo cayó al suelo. Se volteó y el plato estaba en el piso, el pequeño reía al pasar sus manos por la charola y embarrar todo de miel.
Disfrutaban de una tarde de relajación y flojera en la bañera, Inuyasha masajeaba el cuerpo de su novia con una esponja y ella dormitaba sobre su pecho.
―Es una marca rara.― dijo Inuyasha al pasar sus dedos por el antebrazo izquierdo de Kagome.― No es una marca.― al verla mejor vio que era una cicatriz.
―Me lastimé de niña, en los juegos.
―Dime la verdad.― cuando Kagome se rascaba la palma de la mano, era que mentía.
―Era muy torpe, tiré un plato y me corte, fue un accidente.
―Es de una quemadura ¿Qué pasó?
―Tiré un poco se natilla, no limpie bien, cuando mamá llegó había hormigas... me quemó con su encendedor.
¡Ahora mismo quería golpearse hasta quedar inconsciente! Tadashi podía ser tan inquieto que ocupaba mucho del tiempo de Kagome y él reclamándole por no tener limpia la casa o recoger la ropa de la tintorería.
―¿Crees que serán felices?― dijo con burla Haruko al encontrarse en la calle a Inuyasha.
―Ya lo somos.
―Les dos un par de años, son jóvenes e ingenuos.
―Amo a Kagome y no la lastimaría.
―Lo harás, y cuando eso pase me recordarás, Kagome regresará arrastrándose a mí, suplicando perdón.
―No va a pasar.― dijo sin apartarle la mirada, no dejaría que su novia volviera a esa vida.
No solo le había fallado a Kagome, no había sabido cumplir una de las últimas voluntades de Kenzo.
―Señor ¿Le pasó algo a Kagome o Souta?― le sorprendió que le fuese a buscar a su casa.
―No, vine solo.
―Pase y tome asiento, ¿Quiere algo de beber?― Kenzo negó.― ¿Qué pasa? ¿Se siente mal?
―Tal vez no llegue al otoño y quería pedirte que cuides a mi hija, ya sufrió mucho y...― comenzó a toser, con cada día que pasaba su pecho dolía más.
―Tranquilo, no debe preocuparse por eso.
―Por muchos años intenté protegerla, pero no pude hacerlo.
―Lo hizo bien, no se fue, permaneció a su lado.
―Muchas veces quise dejar a mi esposa, llevarme a mis hijos pero no me los darían. Les hice vivir un infierno... Kagome no cree que exista la felicidad, no para ella, su madre la daño mucho.
―Señor...
―Enséñale que si existe, eres un buen chico, sé que la harás feliz, quiero que en su rostro se muestre de nuevo una sonrisa como la que me dio de bebé. Prométeme que cuando me haya ido, la sacaras de esa casa y no pasará por lo mismo de nuevo.
―Se lo prometo.
¡Repararía su falta! Le rogaría de todas las formas posibles y si la única manera de hacerla feliz era que él se fuese, lo haría, le dejaría a Tadashi y desde lejos les cuidaría.
...
Se despertó al sentir sed, aun no amanecía, faltaban dos horas. Miró a su lado y su hijo no estaba, tal vez lo dejó en la cuna, pero estaba segura de haberse dormido junto a él.
Fue hasta la cuna y no lo encontró, entonces se percató que la chamarra y pañalera de Tadashi no estaban... ¿Inuyasha se lo llevó cuando dormía? ¿Le había quitado a su pequeño? Su corazón latió con miedo, corrió a la salida y se detuvo de golpe al ver a padre e hijo jugar en la alfombra de la sala.
―Tadashi.― susurró aliviada y a punto de llorar.
―Mami ya se despertó ¿Quieres ir con ella?― dijo Inuyasha al ver a la chica y notar que su hijo quería llegar hasta ella.― ¿Dormiste bien?― le preguntó al soltar a Tadashi y verlo gatear hasta su madre.
―Sí.― respondió Kagome.― Ven aquí.― se hincó y abrazó a su pequeño, creyó que no volvería a verlo.
―¿Creíste que me lo había llevado?― preguntó dolido, los ojos de la chica le decían todo.
―No importa, es tu hijo, tienes derecho a…
―Jamás te lo quitaría.― le hizo saber, se acercó a ella e intentó tomarla de las manos, pero ella se alejó.― Kagome, no apartaría a mi hijo de su madre.
―Pero también te necesita, necesita a su papá.
―Lo sé… Y ese papá, necesita a su muy hermosa novia que ama con locura.― se acercó más, Kagome retrocedió y quedó entre el sillón e Inuyasha.― Te amo, no quiero que peleemos como estos días, a menos que discutamos y arreglemos las cosas en la cama.― dijo con una divertida sonrisa.
―I… Im… Imbé…― estaba nerviosa por la cercanía.
―No digas malas palabras frente al bebé.― "regaño" al interrumpirla, sonreír de lado y mostrar uno de sus colmillos.
―¡Eres un…!
―¿Olvidamos los últimos días?― interrumpió.
―¿Qué? ¿Acaso estás loco?― le miró con enojo, le decía que tenía una amante, se atrevía a regresar como si nada ¿Y esperaba que ella lo olvidará?
―No, en verdad siento mucho lo que ha pasado, estoy más que arrepentido... Perdóname.― cuando la vio negar las esperanzas que tenía comenzaron a morir.
―¿Cómo quieres que olvide que tienes a otra?
Inuyasha abrió enormemente sus ojos y agachó la mirada, ya había olvidado lo que dijo ¿Kagome le creería que fue algo que dijo por enojo y que era mentira?
―Tu eres la única.― confesó al verla a los ojos.― Jamás dije que tuviese, me molestó que pensarás que la tuviese y te dije esas palabras.― aguardó un momento que le fue eterno, su azabache solo le miraba.― ¡Créeme por favor! Nunca te he engañado.― quería regresar en el tiempo y autocallarse antes de decir tanta idiotez.
―Es difícil creerte, no sé si deba hacerlo.― una parte de ella le decía que no mentía, que estaba arrepentido; pero la otra le decía que no confiase en él, que le alejara.
―No te obligaré a creerme, después de todo lo que he hecho no lo merezco... Creo que lo mejor será que me vaya, no me voy a desatender de ustedes, te depositaré lo de la renta y la manutención de Tadashi, te mandaré la dirección de donde me quede y cuando creas necesario pueden ir a verme, lo que necesiten no duden en pedírmelo.
Kagome escuchaba atenta, quería decir algo pero su voz no salía, ¿Inuyasha estaba en verdad dispuesto a irse? ¿Así de fácil se iba? No quería que se fuese, pero tampoco quería volver a pelear y que su hijo quedase en medio.
―¡Paapa!― llamó Tadashi.
―Cuida a mamá, pórtate bien, pronto te veré.― se inclinó y deposito un besó en la frente de su hijo, debió detener el impulso de también besar a Kagome, tenerla a solo centímetros era mucha tentación, pero no quería incomodarla.― Los quiero.― se levantaba cuando sintió una mano que le sujetaba de la playera.
―Estas llorando.― murmuró Kagome, solo en otras dos ocasiones lo vio llorar; la primera, cuando confirmaron el embarazo; la segunda, cuando Tadashi nació y lo sostuvo en sus brazos.
―Estoy bien, empacaré algunas cosas y me voy.― dijo sin verla, le destrozaba tener que dejarlos, pero solo él tenía la culpa, por sus malas decisiones es que llegaron a eso. Ahora solo le quedaba tener esperanza de que en un futuro, no muy lejano, pudiesen volver a estar juntos.
Hasta aquí la segunda parte, la próxima es la última. Espero que las ganas de matar a Inu disminuyeran, muchas gracias por sus mensajes y espero fuese de su agrado. Nos estamos leyendo.
17/07/2016
