De Anyra-Luna

Siguiente: The Charmin Mr. Todd


Una Venganza Secundaria


Capitulo 2

-¿Perdón? ¿Le conozco?-preguntó ella con desconcierto.
-¿Quién es, cielo?- preguntó Sweeney desde el salón.

La expresión de él, se volvió fría y un destello de odio brillófugazmente en sus oscuros ojos.

-Quizá, su marido me recuerde mejor-masculló con voz ronca.

Nellie no entendió a qué se refería. Por un momento, temió que alguno de los viejos conocidos de Benjamin Barker les hubiera encontrado...Pero no, si fuera una amenaza, su esposo se hubiera encargado de él, como lo hizo con el supuesto barbero italiano.
Una punzada de dolor atravesó su pecho. La imagen de Toby apareció ante ella, aquel niño que le había robado el corazón, no de forma similar a la de Sweeney, al que había tratado como un hijo...

-Nellie, ¿quién...?

Las palabras quedaron ahogadas en su boca. Sus ojos se desorbitaron y creyó desfallecer. Allí, ante él, su peor pesadilla reencarnada.

-T-Turpin...-tartamudeó Sweeney mientras sentía como el lado oscuro y sangriento de Benjamin Barker le poseía.

Sintió el impulso de tomar su navaja de plata, su querida amiga con la que tantos cuellos había degollado. Pero la navaja estaba en la sala de estar, junto al libro que leía. Lógico, ¿para qué iba a ir armado en su casa cuando la única amenaza que había era que su esposa se abalanzara sobre él buscando el calor de su cuerpo? Apretó la mandíbula con fuerza.

"No pasa nada" se dijo. "Puedo ir a cogerla si Nellie le entretiene".

Pero sus ojos aún contemplaban incrédulos al hombre que tenía ante él. No podía estar vivo...Quizá, había escapado del fuego eterno y venía a vengarse...

"¡Qué irónico!" pensó. "Yo le mate por una venganza y ahora él viene a
por mí para vengarse".

Un círculo vicioso en que, una vez que entras, nunca puedes salir.

-¿Me reconoce, Señor Todd? -preguntó el hombre que había en la entrada.

Nellie miró a ambos hombres, confusa. No entendía por qué su marido había palidecido de aquella forma ahora, gracias a la brisa marina, su blanca piel se había vuelto bronceada, al igual que la de ella. Tampoco, de qué conocía aquel hombre a su esposo.
El hombre fijó su mirada en ella.

-Veo que no le ha ido mal -comentó mientras sus ojos miraban de manera lasciva
a Nellie.

Sweeney fue hacia él y le encaró.

-¿Quién eres? ¿Un fantasma que viene a atormentarme? -le preguntó mostrando
sus dientes. Lo estampó contra la pared y le cogió del cuello.

-¡Sweeney! -le dijo su esposa, asustada ante la reacción de su marido.
-¡Eh! ¡¿Qué quieres?! - le gritó-. Acabe contigo una vez, y volveré a
enviarte al infierno las veces que haga falta.

El hombre esbozó una media sonrisa.

-Tiene suerte -respondió sin amedrentarse-, de que no sea un fantasma, o,
quizá, no. Puede que el fantasma de mi hermano hubiera sido menos cruel de lo
que yo seré con usted...

Nellie, al oír aquello, creyó que era el hermano de algún cliente, pero la reacción de su esposo...demasiado odio en sus palabras para que fuera un simple cliente...solo podían ser dos personas: El alguacil o el juez.

Entonces, Nellie contempló el rostro del hombre, quien ahora miraba a Sweeney fijamente y con la misma intensidad de odio que éste a él. Sus facciones, sus ojos...solo los había visto en otra persona antes...

-¡Turpin! -chilló ella con nerviosismo.

El hombre desvió la mirada hacia ella.

-Ese, Señora Todd, es mi apellido -le informó-. Y, también, el de mi difunto hermano...el cual su esposo asesinó...

El maravilloso mundo de felicidad de Nellie se vino abajo. Tantos días felices, no podían durar siempre. Pero, recordó la navaja de su esposo en el salón, la que ahora sí afeitaba. Sonrió por dentro; si le traía la navaja a Sweeney, le degollaría. Después, ella haría empanadas con su carne.
Sería como en los viejos tiempos.

-Sé lo que está pensando, Sweeney -escupió Turpin como si le quemara la lengua-. Un viejo perro como usted no cambiará nunca. ¿A cuántos como mi pobre hermano a matado desde que está aquí?
-¿Pobre? -masculló él mientras su agarre se ceñía más fuerte alrededor del cuello de él-. Su hermano era un lobo con piel de cordero, una sanguijuela sin escrúpulos, capaz de matar y condenar por conseguir sus fines.

Nellie dio pequeños pasos hasta el salón. Los hombres continuaban peleando
en la entrada.

-¿Piensa matarme? No diga que no lo desea -dijo con cinismo-. Sería como matarle por segunda vez, como ver cumplida su venganza, de nuevo. Y todo por
una loca infeliz, una furcia de cabellos rubios...
-¡CÁLLATE! -Gritó Sweeney desquiciado mientras le daba un puñetazo en la
boca, rompiéndole su labio inferior.

La herida comenzó a sangrar, al instante.

-Duele, ¿verdad? Duele que empañen el recuerdo de tus seres queridos con calumnias y mentiras, ¿cierto?
-Si tantas ganas tienes de morir, debiste de decirlo nada más entrar –le informó Sweeney mientras comenzaba a estrangularle.

Turpin comenzó a forcejear con él, intentando liberarse.

-Si...me mata...vendrán más...

Sweeney le soltó; no entendía a quién se refería con vendrían más.

Turpin se cogió la garganta y comenzó a toser. Sweeney le hizo levantarse y
le agarró por la chaqueta con fuerza.

-¿A quién se refiere? -le preguntó zarandeándole.

Turpin esbozó una sonrisa, mostrando sus blancos dientes ahora manchados de
sangre.

-Soy jefe de policía, toda la policía de Londres sabe que estoy aquí, buscando a un peligroso asesino, responsable de las desapariciones de varios caballeros -le explicó-. Si me mata, vendrán a buscarme y le encontrarán, Señor Todd.
-¿Cómo ha sabido que yo era el asesino de su hermano?

Una media sonrisa se dibujó en su rostro marfil. La herida seguía sangrando.

-No lo sabía con seguridad –confesó-, hasta que usted me ha estampado contra la pared y me ha empezado a gritar esas cosas tan feas.
-Y, ¿a qué ha venido? ¿A matarme? ¿A encerrarme en la cárcel?
-Como ya le he dicho, mi hermano hubiera sido más benévolo con usted, de lo que yo seré -rió disimuladamente-. Mi hermano le arrebató todo, pero le dejó la posibilidad de recuperarlo...yo se lo arrebataré todo, pero esta vez, no podrá recuperarlo.

Sweeney apretó la mandíbula mientras decía entre dientes:

-¿Y cómo piensas hacerlo?

Él negó con la cabeza mientras sonreía.

-No es de buena educación destripar el final antes de tiempo...
-Guárdate tu educación para las alimañas como tu hermano -le zarandeó.

Mientras tanto, Nellie ya había regresado del salón y traía algo brillante como la plata entre las manos...


Bueno, espero que les guste. Perdón si hay alguna falta de ortografía, tanto a mis compañeras que escriben este fic como a los lectores. Disfrutenló y, si no les gustó, pues díganlo, porque si n sus criticas, las escritoras no pueden mejorar y, eso es lo que queremos, mejorar para que sigan disfrutando de nuestros fics
Un besazo y cuídense.