A las cinco de la mañana estaba completamente despierta, me había dado un baño, hecho las maletas y ahora estaba esperando en la sala –un bonito lugar decorado por el excelente gusto de mi madre–, con las luces totalmente apagadas, sentada en uno de los sillones de estilo colonial, separado de la pantalla plana por una mesita cuadrada –llena de fotografías–, cerca de un viejo librero. Escuché pasos arriba que se dirigían a mi cuarto, pero pasados unos segundos los escuché bajando las escaleras. La luz de la sala se prendió y pude ver a mi madre, aún con la bata de dormir puesta, mirándome con el ceño fruncido.
-Jo, ¿cuánto tiempo llevas ahí? –preguntó mientras avanzaba hasta mí.
-Estoy esperando que de la hora para irnos –dije con simpleza.
-No te pregunté eso.
-Desde las cuatro y media –contesté al notar su tono de voz autoritario. Antes de que dijera algo más añadí–, no podía dormir. Estoy ansiosa.
Ella se sentó a mi lado y me paso un brazo por los hombros.
-Tranquilízate. Entiendo que sea tu primera vez, pero todo va a estar bien, tú y las chicas lo van a lograr –dijo mientras me frotaba el hombro–. Ahora sube y duerme un rato, tenemos tiempo. Ayer me llamaron los encargados y me dijeron que cambiaron la hora de la entrevista…
-¿Qué? Pero si íbamos a ser la primeras en pasar, ¿qué paso?
-No estoy segura, hubo cambios en los horarios…
-No es justo… ¡Me van a matar! –exclamé mientras me llevaba las manos a la cabeza.
-Joanna…
Antes de que mamá terminará de decir todo mi nombre, cómo solía hacer cuando estaba a punto de regañarme, sonó el timbre. Ella frunció de nuevo el ceño, era demasiado temprano para que alguien llamará a la puerta. Para evitar su regañó me levante del sillón y fui a abrir. Cuando volví a entrar lo hice acompañada de tres personas más, dos chicas –una de cabello y ojos negros, otra de cabello rojo y ojos azules– y un chico –este último lucía una mohicana en el lado izquierdo del cabello. Todos traían maletas y lucían sonrientes.
-Hola Ellen –saludó Ash, el baterista de nuestra banda, mientras botaba sus maletas y se sentaba en el sillón.
-Hola chicos –respondió ella. Tardo unos segundos en darse cuenta de la situación y se volteó furiosa hacia mí–. Joanna Beth Harvelle, ¿me quieres explicar qué es esto?
-Bueno, mamá, les dije a los demás que sería bueno llegar temprano al stage… –empecé a explicar, pero ella me interrumpió.
-Y te pareció una brillante idea no avisarme para que todos me pudieran ver en bata –exclamó. Ahí estaba. Ese era el punto, se sentía avergonzada.
-Ellen, tú eres bastante sexy –dijo Ash guiñándole un ojo–, no tienes nada de qué avergonzarte.
-Vuelve a decir eso y no te dejaré estar en la entrevista –dijo mamá señalándolo con un dedo amenazador–. Baja los pies de mi mesa. Hola chicas, ¿por qué no se sientan? –dijo al girarse hacia la puerta, dónde Anna y Lisa permanecían quietas como estatuas.
-Hola Ellen –dijo Lisa, cuyo cabello negro estaba sujeto en una trenza–. Lamentamos esto.
-No te preocupes, linda. Jo suele hacer ese tipo de cosas –dijo mientras se dirigía a la cocina–. Ya que están aquí, ¿les apetece desayunar? Tenemos mucho tiempo.
-¿No deberíamos salir ya? –terció Anna siguiéndola–. Jo dijo…
-Pero Jo no sabía que cambiaron la hora. Seremos los segundos, así que tenemos tiempo.
Al decir aquello, Lisa y Ash me miraron con mala cara. Los había hecho madrugar para nada y seguramente estaba en problemas.
Una hora y media después, mientras mamá se arreglaba, los chicos y yo subimos las cosas en dos camionetas, una azul marino, perteneciente a Ash y otra roja, la cual era de mamá. Todos estábamos algo preocupados por el cambio repentino del itinerario, ahora resultaba que gracias a un grupito llamado "The fallen" habíamos sido relegados a segundo lugar.
-¿Quiénes serán esos tipos? Nunca había escuchado de ellos –dijo Ana, mientras colocaba su amada guitarra con cuidado en la parte de atrás.
-Seguro que son una de esas bandas que acaban de salir del garaje –replicó Ash, quien estaba sentado en la acera con las manos detrás de la nuca.
Las chicas y yo cruzamos una mirada antes de esbozar una sonrisa condescendiente. Ash era simplemente él, una excelente baterista que vivía en su propio mundo.
-¿Y nosotros no salimos del mismo lugar? –pregunto Liza cruzándose de brazos.
-No. Nosotros salimos de la cochera de la madre de Jo –dijo mirándola con una sonrisa en los labios.
-Eres imposible –murmuró ella mientras negaba con la cabeza, antes de darse la vuelta y cerrar la cajuela. Ana y yo reímos a carcajadas, él no tenía remedio.
Cuando dejamos todo listo volvimos a entrar a la casa. Cuando mamá bajo de nuevo, traía una cámara digital
-Ahora pónganse todos en medio –una vez acomodados dijo–: Digan whisky –y tomó la foto–. Esta foto es el inicio de su carrera al éxito. Es hora de irnos.
Cómo era nuestra costumbre, Ana y Lisa se fueron con Ash, y yo con nuestro manager, es decir, mí querida madre. Ella había estudiado relaciones públicas y ejerció su profesión unos años, entonces mi padre se cruzó en su caminó, se enamoraron, se casaron y nací, desde ese momento mamá se dedicó a las cosas del hogar; sin embargo, cuando su marido murió en un accidente del trabajo –era fotógrafo profesional, por lo tanto viajaba por todo el mundo–, al caer de la montaña, ella enviudó y tuvo que hacerse cargo de todos los gastos de la casa, además de mi educación, así que abrió un bar –ella dijo que sería una excelente fuente de ingresos–, contrató a unos empelados, entre ellos el padre de Ash y me crie en un ambiente poco atractivo para muchas personas. Tiempo después, cuando descubrí mi amor por la música, Ash –que era un hermano para mí, en todos los sentidos de la palabra– quiso armar un grupo musical. En un principio a mamá no le gustó la idea, pero terminó cediendo siempre y cuando tocáramos en su bar. Dos años después, el conoció a Lisa –con quien anduvo por un corto tiempo–, ella tocaba el bajo y la invitó a unirse, ésta a su vez trajo a Ana, su mejor amiga y juntos creamos la banda Sky Night. Durante algún tiempo tocamos en el bar –aunque claro, todos los ensayos eran en nuestra cochera–, entonces un cliente frecuente nos dio la idea de participar en un concurso de música, donde quedamos en primer lugar, obteniendo la oportunidad de grabar unos cuantos EP. Cuando mamá vio lo serio del asunto puso el grito en el cielo, me recordó que aún estaba en preparatoria, no quería oírme hablar sobre abandonar la escuela por algo tan poco seguro como la música. Costó mucho trabajo convencerla, pero al verme tan decidida, aceptó con dos condiciones: seguir estudiando y aceptarla como manager.
Ahora, tres años después de "ser oficiales", ella consiguió nuestra participación en el Warped Tour, el cual se llevaría ese año en Brooklyn, el lugar donde vivíamos.
-¿Sabes quiénes son esos chicos? ¿The fallen? –pregunté curiosa. En nuestra zona, éramos una de las bandas más sonadas, motivo por el cual nos dieron el primer lugar en el stage, si ese grupo nos arrebató el primer lugar era porque eran excelentes o tenían un manager mucho más avezado que mi madre, y eso, estaba segura, era imposible.
-Según tengo entendido son de New York –dijo sin apartar los ojos del camino–. Checa en mi portafolio, tengo una lista de las bandas que van a participar, así como una biografía –me dijo, apartó brevemente los ojos del frente y me guiñó el ojo. Aquello lo había conseguido "extraoficialmente".
Dentro de su portafolio encontré una carpeta azul con la mencionada lista, busqué al grupo y me sorprendí al ver una foto –¿cómo la habría conseguido?–, en ella salín cinco chicos. Los miré atentamente, memorizando sus caras, antes de leer la información.
-Ahora estoy preocupada –murmuré al final. Lo que había leído era un poco abrumador. Habían grabado seis EP, con un número alto de ventas, tras obtener un contrato en menos de un mes, con sólo tocar una vez en un club. Eran buenos.
-¿Por qué, cielo? ¿Por esos chicos? No te preocupes, ustedes son mejores. Aunque claro, también habrá otras bandas que toquen bien y no se van a rendir con facilidad en el escenario, después de todo, la mayoría de las bandas quieren el contrato con Singer Records –dijo mamá mientras esperaba que el semáforo cambiara de color–, así que escúchame bien, tienen que dar todo en el escenario y conseguir esos minutos extras en el escenario. Yo me encargaré de todo lo demás, no te preocupes.
Cuando volvió a arrancar me quede pensativa. Sería mucho más fácil si pudiéramos tocar en uno de los dos escenarios principales, pero claro, esos estaban reservados para grupos reconocidos, los cuales ya estaban consolidados. Al guardar de nuevo la carpeta, vi la revista The Rolling Stones, la cual dedicaba un apartado al evento al cual nos dirigíamos, en la foto de portada aparecía mi banda favorita, The Warriors. Acomodados de derecha a izquierda estaban Benny, Kevin, Dean, Charlie y Dorothy, todos vestidos de negro, es sus camisetas negras llevaban estampado el nombre del grupo y el de su nuevo álbum. Al leer con detención el encabezado solté un grito agudo, ocasionando que mamá se asustará y frenará bruscamente. Ella me miró con los ojos preocupados, me preguntó que pasaba pero no pude contestarle, ella se enojó:
-Joanna Beth Harvelle, ¿qué rayos te pasa?
Pero no podía responderle, Estaba emocionada. No lo podía creer, tenía toda la suerte del mundo. En el artículo se anunciaba la participación de The Warriors en el tour, tocarían en los escenarios principales. Era perfecto, tendría la ocasión de conocer a Dean Winchester, vocalista y guitarrista de mi banda favorita, el hombre más perfecto de la tierra –y por quien me había interesado en la música–, era una oportunidad única. Mientras mamá seguía regañándome no deje de sonreír.
Definitivamente, algo se acercaba.
