Capítulo 2
Volví a quedarme sola y me llame de todo por no tener el valor de replicar y ponerlo en su sitio… Eh conocido a algunos hombres arrogantes y obstinados, pero William Albert Andrew se llevaba el premio. No entendía que me pasaba con él, de repente entraba en un estado de éxtasis a uno completamente contrario que me hacia querer matarlo con mi indiferencia y eso que apenas lo conocía, no entendí que estaba causando él en mi interior, pero de algo estaba segura nunca congeniaríamos.
Seguí con aquel hilo de pensamientos mientras reproducía nuestra conversación una y otra vez en mi cabeza, poniéndome más furiosa cada minuto que pasaba, hasta que, el doctor apareció finalmente, y a mi me ardían las mejillas, tenía el pulso acelerado y un par de grados de fiebre.
—Quiero que pases otra noche en observación —contesto el doctor cuando le pregunté, cuándo podría irme—. Ha sido un feo golpe en la cabeza, jovencita, y cuando llegaste aquí apenas te dabas cuenta de nada. ¿Imagino que estás de vacaciones? —Asentí en silencio—. ¿Dónde te alojas?
«No, otra vez, no»:
—Todavía no he buscado nada.
—Entiendo —dijo el médico. Tendría unos treinta años más que Albert, pero su rostro reflejaba su misma desaprobación—. ¿Crees que eso es sensato? Supongo que no tienes ningún medio de transporte.
—No… no tengo —reconocí con voz tensa.
—Y la hermana María me ha dicho que has estado enferma hace poco… de neumonía. ¿Fue eso todo? —inquirió con intuición.
—No entiendo qué quiere decir —dije sin rodeos, y me puse colorada.
—Creo que sí —dijo con voz suave pero con firmeza, y entendí que estaba dispuesto a llegar a la verdad—. La conmoción cerebral no ha sido demasiado seria, pero tu organismo reaccionó de tal forma que indicaba un agotamiento mental y físico completo. ¿Has tenido algún tipo de depresión nerviosa?
—Eh… no… sí —me callé bruscamente—. No exactamente —dije después de tomar una bocanada de aire para tranquilizarme—. Estuve enferma durante un tiempo con neumonía después de tener una gripe muy fuerte, y luego me dieron malas noticias —trague saliva antes de continuar—. No me había recuperado del todo físicamente, pero no fue algo tan serio como una depresión nerviosa. Nada tan rotundo como eso.
Estaba completamente segura de que no creyó nada de lo que le dije por que me contesto sin apartar los ojos de mí, con una expresión insondable.
—Entiendo, bueno, unas vacaciones fue probablemente lo que el médico ordenó… Pero tendrán que empezar mañana, si es que ya estás bien para irte. Y tendremos que hacer algo en relación con el alojamiento. Seguramente, te sentirás un poco débil durante un par de días y no aprobaría que vagaras por las calles buscando algún lugar donde alojarte.
—Está bien —dije sin ninguna gana de discutir. De hecho, lo único que quería hacer era volver a tenderme entre las sábanas y dormir.
Sin embargo, cuando el doctor se fue, me encontré con que estaba demasiado activa como para conciliar el sueño, y permanecí acurrucada bajo la delgada sábana, contemplando las copas de los árboles por la ventana y el cielo despejado de color azul intenso que me recordaba los ojos de ese ángel caritativo que me ayudo sin pedir nada a cambio… salvo que lo llame Albert!... como sus amigos lo llamaban me había dicho, ¿me consideraba su amiga? Para ser digna de llamarlo como sus más allegados… No, me dije solo es responsable por ayudar a una insulsa jovencita que llego al lugar donde era su hogar. Quería dormir pero los recuerdos del fatídico día en que cambio toda mi vida se arremolinaban en mi cabeza. Los últimos meses fueron tan duros… Cerré los ojos y doblé las rodillas, rodeándolas con los brazos mientras permanecía encorvada en la cama. Tan duros…me repetí ¿Por qué había tenido que pasar por todo eso? No había tenido la culpa de nada y, sin embargo, me sentía perdida, sola y abandonada. Y ahí estaba yo, una adulta de veintiún años que todavía no sabía quién era, y que desde luego no era la persona que había creído ser toda mi vida. Y a nadie, a nadie le importaba…
—Dios mío, ayúdame —susurré, como lo había hecho todos los días en los últimos meses.
Siempre fui consciente de que no era querida ni digna de amor. Mis padres no exteriorizaban nunca una palabra de cariño, ni siquiera entre ellos, pero sí desplegaban cierto afecto hacia mis supuestos hermano y hermana que yo nunca recibía. De pequeña intenté ganarme su aprobación, pero a medida que pasaban los solitarios y largos años, terminé por enfrentarme al hecho de que no les agradaba.
A veces me preguntaba si era por mi aspecto, ya que mis hermanos eran altos y morenos como mis padres, con ojos castaños y rasgos faltos de atractivo, mientras que yo con un cuerpo minúsculo, cabellos rubios y ojos verdes esmeralda, más que un aliciente, era un recordatorio de que era diferente, el patito feo.
¿Por qué no me lo dijeron de pequeña?, me pregunté por centésima vez al recordar vívidamente lo ocurrido aquella noche hace cuatro meses.
Estuve trabajando mucho los meses anteriores al fatico día, como secretaria para un director de ventas en una oficina de Londres, y yendo a clases nocturnas para obtener las calificaciones necesarias para escalar profesionalmente. Mi alegría de haber obtenido unas excelentes notas en el curso de especialización, quedo en segundo plano, paralizándose por una fuerte gripe que se me complico, donde termine ingresada en un hospital durante tres semanas con neumonía y pleuresía. Regrese a mi casa débil de cuerpo y espíritu, y con la amargura de saber que nadie de mi familia fue a verme al hospital. Si no hubiese sido por la lealtad de mis amigos y compañeros de trabajo, me hubiese sentido muy sola.
Y fue esa misma tarde cuando se desencadenó la discusión entre mi madre y yo, con devastadoras consecuencias.
—¡No me llames «madre»! — grito con los puños cerrados en los costados. Había inclinado tanto su cuerpo que parecía un enorme pájaro dispuesto a picotear el suelo—. Ni una sola gota de mi sangre corre por tus sagradas venas, créeme. ¿Te atreves a juzgarme porque no te he estado atendiendo en el hospital durante las últimas semanas? ¿Por qué iba a hacerlo? ¿Por qué?
—¿Qué quieres decir con que ni una sola gota de tu sangre corre por mis venas? —dije sin entender, estaba sentada con la espalda encorvada sobre la chimenea del pequeño salón inmaculado y frío, pero logre ponerme de pie enseguida, con los ojos entornados y llenos de incógnitas. Mi madre siguió mirándome con enojo sin decir nada, y su tez cetrina se puso roja. Cuando era evidente que no iba a responder, me volví a mi padre, que estaba de pie en el umbral—. ¿Qué quiere decir?
—¿Por qué no puedes tener la boca cerrada? —contestó el dirigiéndose a mi falsa madre con una mirada airada antes de mirarme y decir—. Ignórala, olvídalo.
—Díselo… vamos, díselo —dijo mi madre, que pareció perder los estribos al oír la censura de mi padre—. Cumplirá veintiún años dentro de una semana, lo sabrá algún día, así que, qué más da si se lo decimos ahora. Dile lo que es, dile de quién es.
—Díselo tú, yo no quiero tener nada que ver con esto —dijo mi padre con el rostro tan colorado como el de su esposa—. Siempre dije que fue una locura recogerla, y más todavía no decírselo. Tú eres la que ha tenido siempre todas las respuestas… díselo tú.
Y tras esas palabras, el salió a zancadas y cerró la puerta de golpe a nuestras espaldas.
—No eres hija nuestra —dijo mi madre, o la que había creído era mi madre, en tono despiadado—. Te adoptamos cuando eras un bebé porque creímos que no íbamos a poder tener hijos. Eres la hija de mi hermana.
—No te creo —dije mirándola, aunque una minúscula parte de mi cerebro reconocía que aquélla era la respuesta a las preguntas que me habían atormentado durante años—. Siempre has dicho que no tenías familia, que cuando tus padres murieron…
—Sé lo que he dicho —dijo el rostro simple de mediana edad congestionado con desprecios—. Pero ahora te digo que no es cierto, ¿no? Cuando mi hermana tenía diecisiete años se prometió con un chico que resultó ser un canalla. Para mis padres era la niña de sus ojos, y la mimaron desde el día en que nació. No pudo creerlo cuando se quedó embarazada y él la abandonó; pensó que todo el mundo bailaría siempre al son que ella tocara —dijo la mujer con algo más que malicia—. Después de darte a luz no tenía dinero ni trabajo, y quería librarse de ti.
La mujer que tenia frente a mi lo estaba disfrutando, no se por que pero disfrutaba con todo esto
—Te iba a dar para adopción cuando todavía estaba en el hospital, así que decidimos acogerte. Nos pareció una buena idea en aquel momento.
—Entonces, ¿eres mi tía?
—No, ya te he dicho que no tienes nada que ver conmigo —dijo con las mejillas hundidas mientras me contemplaba sin el más leve rastro de lástima en su voz mientras me hablaba—. A mí también me adoptaron, entiendes, por la misma razón por la que nosotros te adoptamos a ti. Pero luego llegó tu madre siete años después y, desde aquel momento, era como si no existiese. Todo se lo daban a Anna, las ropas nuevas, los juguetes, sólo tenía que pedir algo para que se lo compraran.
—Y tú la odiabas —dije llanamente, y mi cuerpo se encogió al ver el veneno en su rostro.
—Sí, la odiaba —dijo casi escupiendo las palabras, y una profunda amargura acentuaba las arrugas en torno a sus ojos y labios—. Era hermosa, muy hermosa, algo que mis padres me decían cada minuto. Todo el tiempo era Anna esto, Anna aquello…
—Entonces ¿por qué la ayudaste? —Pregunté con incertidumbre—. ¿Si tanto la odiabas por qué me adoptaste?
Ella parpadeó y luego bajó los ojos para volverse y acercarse a la estrecha ventana del fondo del salón con la espalda rígida.
—Porque nos convino —dijo con voz tensa sin volverse—. Has tenido un techo sobre tu cabeza durante los últimos veintiún años, ¿no? No entiendo de qué te quejas. Tienes suerte, mucha más suerte que muchos en tu misma situación —prosiguió, pero su voz se elevó cuando volvió a mirarme con ojos entornados y penetrantes—. Eso es lo que mis padres me decían cada vez que me apartaban a un lado o salían con Anna y me dejaban en casa. Tenía que estar agradecida, entender mi situación. Bueno… tú también.
Y entendí. Aquella mujer estaba tan llena de resentimiento y amargura que había adoptado a la hija de su hermana para llevar a cabo una retorcida venganza, para que la hija de Anna pagara por todas las penalidades que creía haber sufrido en el pasado. Por eso siempre me habían dejado a un lado, nunca me mostraron ningún tipo de afecto físico y yo había estado condenada al destierro en mi propio hogar. Las circunstancias favorecieron a mi madre adoptiva y había dado a luz a dos hijos. Esa nueva situación debió ser como la cubierta del pastel para mi madre, la venganza seria completa. Todo había sido un plan de desquite a sangre fría. ¿Cómo podía haber alguien así? me quedé mirando a la mujer que siempre había llamado madre y la conmoción y el horror me mantuvieron en silencio.
—¿Y bien? ¿Te ha comido la lengua el gato? —dijo la voz maligna.
—¿Y mi verdadera madre? —pregunté—. ¿Dónde está?
—No lo sé ni me importa —contestó con aspereza—. Se fue de Londres cuando terminaron las formalidades y no la he vuelto a ver. Menos mal que nos libramos de ella…
—¿A dónde fue? —Pregunté otra vez—. Sé que lo sabes, lo leo en tus ojos.
—¿De verdad, cerebrito? —dijo con burla fiera y ostensible—. Te crees muy lista, ¿verdad? Como tu madre. Siempre era la primera de la clase en todo, siempre era la mejor, pero tuvo su merecido como tú tendrás el tuyo.
—¿A dónde fue? —insistí débilmente.
—A Yorkshire, a un pueblo llamado Towerby, pero eso fue hace veintiún años —dijo encogiendo sus estrechos hombros—. Se habrá ido de allí hace mucho tiempo, si es que conozco a Anna.
Salí vacilante de la estancia sintiendo que me iba a explotar la cabeza, lloré durante horas en el cuestionable confort que ofrecía la ratonera que llamaba habitación. No dormí aquella noche, la pena me estaba destrozando era insoportable, pero cuando los primeros albores del nuevo día surcaron la noche, tome varias decisiones irrevocables.
Tan pronto como me recuperase me iría de aquella casa y nunca volvería. Y encontraría a mi madre, a mi verdadera madre. Y cuando lo hiciera… le preguntaría cómo podía haber abandonado a su bebé al cuidado de alguien tan cruel y retorcido, tan malvado, y la obligaría a escuchar la vida que había soportado en las manos de mi familia adoptiva.
Y luego … Contemplando sin mirar el cielo gris con los ojos secos pero ardientes y decididos… le diría que la odiaba, que nunca la perdonaría, que en todo lo que se refiere a ella no tenía madre y entonces, me alejaría sin mirar atrás. Eso haría.
— ¿Estas de mejor humor?
Una voz serena y grave hizo que levantara de golpe mi cabeza. Había estado tan absorta en mis pensamientos y no oí que se abrió la puerta de la habitación, ni que Albert estaba en el umbral con su rostro perfecto e impenetrable.
—No estaba… No estoy… ¿Qué haces aquí otra vez? —pregunté con voz tensa—. Creía que tenías que ir a una granja.
—Ya lo he hecho —dijo mirándome con sarcasmo—. Y por favor, trata de refrenar tu entusiasmo por verme, es bastante embarazoso.
El recordatorio de que estaba siendo verdaderamente grosera me ruborizó, pero Albert entró en la habitación y siguió hablando con aquel tono relajado que me ponía frenética.
—Se me ocurrió hacer algunas averiguaciones en relación al alojamiento antes de venir, para ver si había alguna habitación disponible. Así que llamé a todos los lugares posibles en Towerby.
—¿Y?
«Tonta….Di algo, dale las gracias, algo». Me dije a mi misma en silencio por el bloqueo mental, que cada vez y cuando parecía mas familiar en mi.
—Y no hay nada —dijo deteniéndose junto a la cama. Levantó la silla que había allí con dos dedos y le dio la vuelta, de modo que se quedó sentado a horcajadas con el respaldo contra su estómago—. Cero.
—Ah.
¿Por qué no me había cepillado el pelo, o puesto uno de mis camisones, que estaban en mi maleta? La cual estaba frente a mí… me pregunté. Debía de estar horrible es mas, me sentía así.
—Así que hablé con Rosse y tenemos una proposición que hacerte —continuó Albert con fluidez—. Y puedes meditar en ella durante las próximas veinticuatro horas.
— ¿Ah, sí?
«Tonta de nuevo… Di algo que no sea ¿y?, ah o ¿ah, sí?», me dije. «Eres bastante inteligente para sacar el mejor promedio en la universidad mas exigente del país y no la pequeña colegiala tonta por la que te ha tomado».
—Bueno, en pocas palabras, estás buscando un sitio donde quedarte durante un par de semanas y da la casualidad de que la estudiante de veterinaria que ha estado viviendo con nosotros durante los últimos doce meses se ha ido hace poco y tenemos una habitación libre —dijo Albert en voz baja—. Si realmente estás decidida a veranear en Towerby, sería la solución ideal, ¿no? —continuó mirándome con ojos entornados y muy penetrantes—. Pero piénsalo. Tal vez te acabe dando igual ir a cualquier otro pueblo. A Compton, quizás.
—Pero no podría forzarte a…
—Piénsalo —me interrumpió con una mirada serena y una voz enérgica e inexpresiva—. El doctor me ha dicho que te vas a quedar al menos durante un día más. No hay prisa, la habitación seguirá donde está.
—Albert…
—Y ahora debo irme —dijo levantándose, y su aspecto resultaba muy masculino vestido como estaba con pantalones vaqueros de color negro y una camisa vaquera abotonada al cuello que apenas dejaba ver el vello de su pecho rubio y rizado que atraía mi mirada como un imán.
«Socorro…». Pensé sin saber exactamente que significaba aquel grito silencioso.
—Me pasaré más tarde, ¿de acuerdo? —y sin esperar una respuesta de mi parte, caminó hasta la puerta y se volvió hacia mi mirándome con sus ojos azul cielo —. Y trata de dormir esta tarde. Lo necesitas.
¡Encantador, realmente encantador! No sabia que pensar en ese momento ¿el realmente creía que iba a aceptar otro favor? Ya era suficiente el deslumbramiento de diez minutos, ¿soportaría vivir con el y verlo todo el día? Creo que no, prefería morir al aceptar su propuesta…. Ay que equivocada estaba!. La puerta se cerró y salté de la cama, pero tuve que esperar a que mi cabeza dejara de dar vueltas.
Nunca había conocido un hombre tan irritante y arrogante y…. ¡AY!... No, debo concentrarme en el objetivo de este viaje, pase con ese pensamiento dando vueltas en la habitación yendo y viniendo del cuarto de baño a la ventana, sentía que las piernas no me pertenecían. Tampoco podía decir que conocía mucho a los hombres, reconocí con ironía mientras me metía en la cama y esperaba a que mi corazón se tranquilice.
Había tenido alguno que otro novio desde que termine el colegio, pero nunca fue nada serio. En parte porque mis padres me dejaron bien claro que mis amigos no eran bienvenidos en casa, pero también porque no había conocido a nadie que hubiese despertado el más remoto interés aparte del de una amistad platónica, y con el trabajo y el curso en la universidad, apenas tenia tiempo para divertirme.
Siempre trabajando… ¿acaso era una aburrida? me moví con pesadez en la cama. ¿Y qué importaba? Lo único importante en este momento era encontrar a mi madre, a la persona que me traicionó tan cruelmente. Todo lo demás era insignificante. Me di la vuelta, y enterré mi rostro en la almohada mientras las lágrimas caían ardientes y ácidas.
Mas tarde después de tanto pensar me enfoque en el objetivo principal del viaje, me serene y me puse a hojear distraídamente una revista que me llevo una de las enfermeras cuando Albert regresó aquella noche con RosseMarie.
—Hola —dijo RosseMarie, entrando como un torbellino en la habitación con un uniforme blanco y almidonado y zapatos negros e impecables—. No puedo entretenerme, ya llego tarde y la hermana me matará, pero quería ver cómo estabas y decirte que estaremos encantados de tenerte en casa, ya sabes. Sería maravilloso tener a otra chica con nosotros, la verdad.
—Es muy amable de tu parte, pero no puedo, en serio. No es culpa suya que no tuviese la sensatez de reservar una habitación antes de venir —dije, y extrañamente me resultó más fácil reconocer ante Rosse que me había equivocado, pude percibir a Albert con mi visión periférica, pero no me atreví a girar la cabeza hacia la figura que estaba recostada tranquilamente sobre la pared—. No quiero interferir en sus vidas…
—No seas tonta, no interfieres en absoluto.
Rosse me brindó una sonrisa radiante que dejaba ver unos dientes blancos como perlas, y sus ojos verdes, de un tono más claro que los míos, brillaron mientras me observaba, y yo me preguntaba cómo serían sus padres para haber traído al mundo a dos hijos tan atractivos, mis pensamientos me impulsaron a decir:
—Pero ¿a sus padres no les importará que una auténtica extraña invada su casa de repente?
—Los mayores no viven con nosotros —repuso Rosse alegremente—. Pero dejaré que Albert te lo explique, debo irme a toda prisa, de verdad. Estoy haciendo el turno de noche en la sala de cirugía de hombres esta semana y siempre nos están llamando. Los hombres son como niños, ¿verdad?
Se dio la vuelta y salió por la puerta antes de que yo pudiera decir adiós. Entonces, Albert se apartó de la pared y se acercó hasta mí lentamente, levantando la silla como antes y sentándose a horcajadas.
—¿Convencida? —me preguntó con ironía.
—¿De qué? —pregunté a la defensiva, aunque sabía de sobra de lo que él hablaba, pero necesitaba tiempo para pensar.
—De que la habitación está pidiendo a gritos que alguien la ocupe y que estaremos encantados de que seas tú quien lo haga —dijo Albert. Se había cambiado de ropa y llevaba unos pantalones grises de algodón y una camisa fina de color gris carbón que hacía que sus hombros pareciesen más anchos de lo que eran en aquella pequeña habitación blanca—. Suelo trabajar a todas horas… es lo que hacen todos los veterinarios —añadió con ironía—. Y Rosse, si no está trabajando está durmiendo o sale con su prometido. Podrías tener una llave y andar a tu aire.
—¿Y tus padres? —pregunté con perplejidad, mientras mis sentidos percibían el leve pero delicioso olor a aftershave y la fuerza que emanaba con su presencia.
—Nuestros padres fallecieron en un accidente hace diez años —dijo en voz baja
Me sentí terrible no debí preguntar
—Lo siento, no debí ser tan indiscreta —dije rápidamente
—No te preocupes no tenias por que saberlo.
—¿Entonces, Rosse y tú viven aquí desde entonces?
—No, nos trasladamos dos años después de su muerte desde Escocia a Londres para estudiar, y una vez terminada mi carrera me ofrecieron hacerme cargo de la consulta veterinaria aquí en Towerby, y hemos estado viviendo en el apartamento que hay encima de la consulta. Rosse y yo decidimos que lo mejor era que se mudase conmigo al apartamento, porque estaba en mitad de sus prácticas de enfermería y había decidido que Michael era el hombre de su vida, así que no quería irse de Yorkshire —me explicó, y se encogió de hombros—. El apartamento es relativamente grande. Tiene tres dormitorios, una cocina y un salón, así que estamos desahogados de espacio. Rosse terminó las prácticas hace un año y consiguió trabajo aquí, y la consulta ha crecido a pasos agigantados, así que no hay razón para que nada cambie hasta que se case con Michael.
—Pareces estar muy seguro de lo que quieres.
Era irracional, pero su seguridad y serena compostura me irritaba. Algo de lo que estaba sintiendo debió de translucirse en mi voz, porque tenía expresión seria al replicar:
—¿Y eso es malo?
—Yo no he dicho eso.
—No te ha hecho falta —dijo mirándome lúgubremente por un momento—. No te caigo muy bien, ¿verdad, Candy?
—Yo… Eso es ridículo, no te conozco.
Sabía que me ardía la cara, pero nunca me había sentido tan avergonzada en toda mi vida. Él me había rescatado cuando me encontraba enferma, en realidad se había comportado como un auténtico caballero de brillante armadura, y me había ofrecido alojamiento en su casa. Y yo no había hecho más que tratarlo como si fuera el marqués de Sade en persona, pensé con horror.
Pero tenía razón… Aunque, más que no caerme bien, me perturbaba de sobremanera, me inquietaba. Era demasiado decidido… demasiado hombre.
—Eso es cierto, no me conoces —dijo en voz baja, poniéndose de pie mientras hablaba—. Y tengo la impresión de que pretendes que siga siendo así… ¿o es que vas a aceptar la oferta de alejamiento durante unos cuantos días hasta que puedas encontrar otro lugar donde quedarte?
Dicho de aquella forma, parecía tan razonable, tan práctico, que no podía pensar en ninguna objeción. Y no quería establecer ningún vínculo, por tenue que fuera, con Albert Andrew.
—Gracias, eres muy amable. Encontraré algún otro alojamiento tan pronto como pueda… así podrán volver a disponer de su casa para ustedes solos lo antes posible —añadí rápidamente al ver que sus pobladas cejas se elevaban con sarcasmo.
—Por supuesto —dijo con gran ironía dirigiéndose a la puerta, y se volvió hacia mí para lanzarme una mirada devastadora—. Llamaré al hospital mañana por la mañana para saber si te han dado de alta, y en ese caso me pasaré a recogerte después de la consulta de la mañana.
—No es necesario —dije enseguida—. Puedo ir en autobús o en taxi. Estoy acostumbrada a cuidar de mí misma.
—Aun así… —abrió la puerta y me miró una vez más—. Vendré a recogerte.
—No quiero que…
Pero ya se fue cerrando la puerta, y me quedé lamentando amargamente mi decisión, aunque sin saber realmente por qué.
Continuara…
Buen Fin de Semana chicas.. aca esta otro Cap de este Fic para el maravilloso Albert.. bueno ya saben que lo quiero con todo el corazon...
Espero este siendo de su agrado esta historia.. besos y abrazos gracias por sus Reviews!
Roni! amiga tu siempre tan detallista conmigo .. gracias por pasarte por este consultorio de Towerby.. puede que Albert sea Veterinario.. pero sabemos que con gusto nos dejariamos atender jejeje o llevaramos nuestras mascotas con este hombre... ay lo amo!
Mona Pecosa.. sip Albert maravilloso e imperturbable y muy pero muy seguro de si mismo! mas bien tuvo una contusion.. pero no perdio la memoria.. tranqui. Albert la ayudara! que suertuda la pecas!
Magdy! siempre presente verdad? agradezco enormemente al creador por eso.. mil gracias por seguir de nueva cuenta esta locurita! y ya veraz que te fascinara este Albert... ay yo lo amo... gracias las porras y me alegro despejar tu mente un ratito! besos y abrazos.. e igual yo amiga! =P
Noemi Cullen: hola que lindo que te pases por aca y claro cada fin semana ... si Diosito no dispone otra cosa... actualizare ... no me gusta tardarme mucho... asi que siempre si tendran una parte de la historia o sino... les compensare con algo... gracias por preguntar y un abrazo desde Quito Ecuador!
Tamborsita: Nena Bella como estas? yo muy bien gracias esperando ansiosa leer lo que pasa por tu cabecita... y gracias por ponerte al tanto. y tranquila el tiempo es nuestro enemigo... pero siempre cuando puedas estare feliz de leerte un abrazo y si este Albert te gustara nena creelo .. yo lo adoro... ay que lindo, se que me comprenderan luego jijiji
ABRAZOS PRECIOSAS
KARIN
