cama algo dura y áspera, no era frío sino calor lo sentía, y se sentía menos cansada, la cabeza ya no le giraba ni le dolía, pero sintió que traía un pañuelo vendado a su alrededor. Se sentó sobre la cama como pudo y miró a su alrededor. Estaba en casa de alguien, pero no era una casa normal, más bien parecía una cabaña, las paredes eran de piedra y el techo de madera y paja, frente a ella había una pequeña ventana de madera que estaba cerrada, pero desde donde podía verse que el Sol ya había salido. También se dio cuenta de que ya no traía su ropa, esta estaba doblada sobre una silla a su lado, y en cambio usaba un camisón largo. Junto a su ropa estaba colgado un bonito vestido de telas suaves. Entonces volteó y miró entrar a alguien, alguien conocido, Nick Jonas, quien ya no traía su ropa de moda, en cambio usaba ropa de lana de campesino y unas botas de cuero que parecían incómodas.
-Hola, veo que ya te despertaste – le sonrió – Tremendo golpe que te diste en la cabeza – le señaló la venda mientras se dirigía a la ventana abriéndola de par en par.
-¿Dónde estamos? – preguntó Viky
-No sé, la verdad – le contestaba mientras se sentaba a su lado – No hay electricidad, no hay teléfonos, Internet, nada. Y cuando les pregunto en donde estamos, sólo dicen que en el Reino de Andalasia. ¡No recuerdo Andalasia en ningún mapa! Joe y Jane están con los granjeros hablando, no sabemos de los demás - le tomó de la mano mirándola a los ojos con gesto de niño triste – Me preocupaste, en serio, te diste un golpe muy fuerte. Por suerte, encontramos esta granja y las señoras te ayudaron, pero temí lo peor.
-Pero y Laura, Itzel y Kevin... ¿dónde están? Estoy preocupada y.. ¿qué pasó? Sólo recuerdo que anoche tomé la mano de alguien, unos cuantos segundos después caímos y vi un gran pastizal, pero después ya nada.
Nick mostraba la misma preocupación, pues se había hecho las mismas preguntas.
-De Kevin, Laura e Itzel no sé nada aún. No sé si cayeron en algún otro lado de este tal "Andalasia". Espero que en cualquier lugar en el que se encuentren estén bien porque deben estar asustados en este mundo nuevo. Esto no es normal.
-Lo sé. Espero verlos pronto ya empiezo a extrañar a mis hermanas. Nunca habíamos estado separadas. Además, nuestros padres deben estar súper preocupados. Les dijimos que llegaríamos temprano, que sólo sería un rato.
Tras un rato de silencio, donde pensaron las cosas e intentaron relajarse, Nick dijo:
-Cambiando de tema, si ya te sientes mejor vamos a dar una vuelta para que conozcas, al parecer, nuestro nuevo hogar.
-Espero que esto no sea nuestro nuevo hogar. Pero bueno, sí, ya me siento mejor. Sólo me cambiare y salgo a buscarte.
-Está bien te esperaré en la cabaña de a lado. Cualquier cosa que necesites me llamas, aunque no sepa mucho de este nuevo lugar.
Tras salir Nick de la habitación, Viky se cambió con aquel vestido largo, pues sus jeans se habían estropeado con la caída. Después de unos cuantos minutos se reunió con los demás.
-Hasta que despierta la señorita – dijo Joe en broma - Creímos que ya habías estirado la pata.
-Ay, Joe. – le sonrió - Hasta en lugares extraños no pierdes el sentido del humor.
Durante los siguientes días, los chicos trabajaban en la granja, ayudando a cosechar el trigo pues era temporada, y así se ganaban su comida. No se comparaba con las hamburguesas de McDonald's pero la comida tenía un delicioso sazón hogareño. Viky no sabía pero Nick también estaba mal herido. Debajo de la camisa usaba unas vendas que Jane le cambiaba cada noche pues se había roto un par de costillas en la caída. Pero Nick no quería que Viky se enterara por que él deseaba protegerla, siempre estaba atento de ella, si necesitaba agua o descanso; el trabajo en la granja era duro para los cuatro, pues ninguno estaba acostumbrado, y no sabían lo realmente difícil que era. Todas las noches, los cuatro "foreños", como les decían los granjeros a Nick, Joe, Jane y Viky, se sentaban en la mesa del capataz y su esposa. Jane había aconsejado no hablar sobre su mundo real, por que seguramente los granjeros no lo entendería (cosa que ya había comprobado cuando estos se rieron de ella por su "electiasocidad") y sólo se limitaban a escuchar las historias del viejo capataz sobre sus hijos que habían ido a la guerra en el este y del orgulloso que estaba el capataz por ello.
–Por eso sólo hay mujeres aquí- pensó Jane en voz alta.
De repente, su esposa llegó y puso enfrente de todos seis tarros de cerveza espumosa.
–Llegó la hora de divertirse- dijo el capataz mientras tomó uno.
Nick y Joe se miran el uno al otro.
–¿Nunca han bebido cerveza?- se burla Jane
–Claro que sí- y Joe valientemente toma un tarro.
Jane lo miró con ojos retadores, Joe le devolvió la mirada y al mismo tiempo ambos beben de sus tarros hasta acabárselos. Medio tarro más y Nick y Joe ya estaban encima de la mesa descalzos y bailando y cantando: "bajo el mar, bajo el mar, nadie nos fríe ni nos cocina en un sartén, si no te quieres alinear bajo el mar te quedarás y sin problemas entre burbujas tú vivirás" mientras Viky y Jane aplaudían y el capataz se reía de ellos. Finalmente Nick se tropieza y cae encima de Viky, a lo que viene un silencio seguido por una sonora carcajada de todos. A Nick le duele un costado de su torso y se va a un cuarto, seguido por Viky, ahí se quita la camisa para poder quitarse la venda
–¿Me ayudas?- le pregunta Nick sacando a Viky de su fascinación por ver descamisado a un Jonas, fascinación que luego se volvió en preocupación al ver la sangre.
Viky le fue desenredando las vendas y al tocarle la piel, Nick dice que le duele.
-¿Cómo te las hiciste?
-Con la caída, no querría decirte pero...
–Ay, Nick- le sonríe Viky y ambos se miran en silencio hasta que, finalmente, Nick pone sus labios en los de Viky.
Antes de que Viky pudiese reaccionar, la puerta se abrió de golpe y Jane entró, al verlos se sorprendió y frunció el seño, Nick soltó a Viky e iba a decir algo pero Jane habló primero.
-Nicholas, ponte una camisa, ahora mismo. Nos vamos de aquí – dijo mientras caminaba hacia una parte del cuarto llevando consigo una maleta de cuero, detrás de ella venía Joe, pálido y asustado, miró a su hermano preocupado y luego a Viky. Jane tomó unas vendas nuevas y se acercó a Nick, mirando con rabia a Viky.
-Mejor ayúdame con la comida, Viky – le pidió Joe.
-¿Qué sucede? – pregunta Viky - ¿Qué pasa?
Joe la miró realmente espantado.
-Alguien nos busca desde hace días, nos dijo el capataz después de ir a la ciudad. Dicen que no es alguien bueno, y que mejor es que nos vayamos.
-Llegamos a un mundo nuevo y resulta que aquí también nos buscan.
-Me temo que quienes los buscaban desde un principio los metieron en este mundo – comentó Jane quien salía con Nick detrás.
Cinco minutos más tarde, los cuatro chicos tenían ya sus maletas, con ropa y comida para treinta días, y dinero de aquella tierra que el buen capataz les había dado. Suficiente para comprar un caballo y mantenerlo por un par de semanas, aunque Jane y Joe pensaban más bien en comida y alojamiento.
-No pueden ir al Este – dijo el capataz – ahí los vi, mejor vayan hacia el Oeste, y sigan el camino de las hojas doradas hasta el río, crúcenlo y continúen hasta la ciudad de Glelonia. La reconocerán por el león dorado de su bandera – el capataz les dio un mapa.
-Cuídense – se despidió la mujer.
Los cuatro chicos salieron de la cabaña y caminaron en la noche y en silencio hacia el bosque. No era necesario usar un antorcha, la Luna alumbraba muy bien y permitía a los chicos caminar por entre los trigales sin problema. En silencio, con el miedo y la confusión al tope, caminaron entre los trigales un largo trecho hacia el bosque. Salen de los trigales y logran entrar al bosque, más tétrico que el paraje anterior. Caminaban por el bosque cuando un sonido llamó su atención.
-Silencio, chicos – susurró Jane y todos la miraron – alguien viene.
Los cuatro pusieron el oído muy atento y pudieron distinguir a los lejos sonidos de pasos y plantas moviéndose, y luego, ladridos de perros.
-¡Corran! – gritó Joe acelerando hacia el bosque, y seguido por los demás.
Como si los perros los hubiesen oído, aceleraron el paso y sus pisadas y ladridos se escuchaban más cerca. Viky se tropezó, Nick volteó y le ayudó a levantarse, pero perdieron de vista a Jane y Joe.
-Sígueme- le dice mientras la levanta, pero al levantarse, Viky siente un gran dolor.
-¡Mi tobillo!- Nick pasa un brazo de Viky por detrás de él ayudándole a caminar.
-Vamos, no hay que atrasarnos – le alienta mientras los ladridos de perros se escuchan más cerca.
Camina lo más rápido que pueden y no tardan en llegar a un claro, un ancho claro desde donde podía verse el río, ahí regresan Jane y Joe y Joe ayuda a Viky por que a Nick le comienzan a doler las costillas.
-¿Estás bien? – le pregunta Jane.
Pero antes de recibir respuesta, un enorme perro marrón de ojos rojizos y filosos dientes amarillos saltó de la hierba y cae a espaldas de Joe mordiéndole un brazo. Viky cae a su alrededor y cuando se decide levantar, siente el peso de otro enorme perro encima de ella, no le muerde pero la amenaza. Nick toma un palo y al intentar golpear alguno, un tercer perro le muerde el palo y se lo quita, no se le avienta pero lo amenaza. Jane levanta el brazo y aquel palo regresa volando golpeando al tercer perro. El primer perro suelta a Joe y se lanza sobre Jane, ella retrocede y con un movimiento de la mano, le da un poderoso golpe al perro en la cara que lo detiene y lo pone más furioso. El tercer perro ataca a Nick por detrás empujándolo contra el suelo sin morderle e igual su peso para que no se levante. Cuando Jane busca que hacer, de las sombras surgió una cuarta figura. No un perro sino un hombre al parecer, alto, corpulento, envuelto en mantos rojos. Al caminar, la hierba a sus pies parece quemarse y hacerse cenizas, un horrible olor a azufre le llega a los cuatro chicos y un intenso calor que los hizo sudar a todos, la garganta se les cerró y un horrible dolor de cabeza les surgió de la nada. Aquella figura volteó a ver a Joe y Nick, como si los reconociera, y estiró su mano hacia el herido Joe quien de repente sintió la herida de su brazo arder en intensas llamas.
El tercer perro camina encima de Nick y voltea hacia Jane, ella levanta la mano hacia la figura misteriosa llamando su atención.
-Numedain eliatente folcrore, arian – dice Jane desconcertando a todos en un idioma suave y fluido.
El hombre de las rojas ropas le mira.
-Kriste ernothen trubvlij naffierg then khrazad thum – le contesta con voz golpeada y profunda, mientras se acerca ella con paso firme y resonante, quemando con sus suelas las hojas caídas.
De entre sus ropajes desenfunda una tosca y curveada espada de hoja dentada mientras se acerca a Jane. Viky, Joe y Nick sienten como se les hierva la sangre de ira y unas enromes ganas de aventarse a golpear a aquel sujeto les llenó los músculos. De no ser por el tobillo, Viky se hubiera ido contra el perro, a Joe le dolía más el brazo y lo mantenía inmovilizado. Pero no a Nick, ni dolor ni perro le impidió que se levantara, tomara una roca y se aventara a golpear al extraño sujeto.
-¡No, Nick! – gritó Jane al tiempo que aquella figura le tomara de la camisa y levantara al más joven de los tres Jonas. Pareciendo como si pudiera ver sus ojos, Nick soltó la roca y se sintió abrumado por un enorme miedo que le heló la sangre y le provocó el más punzante escalofrío. De un momento a otro, todo a su alrededor desapareció, y sólo podía ver espectros de sombras y llamas a su alrededor y una tétrica voz hablándole desde el fondo del Abismo, poniendo en su mente las cosas más detestables y repulsivas que en su vida ha imaginado.
-¡Keviiiiiiiiiiiiiiin! – gritó desesperado Nick antes de caer al piso catatónico.
Jane se adelantó para enfrentar al Demonio, pero el perro que Viky tenía encima saltó sobre ella y le mordió la pierna terriblemente. Repentinamente sintió como el enorme perro era empujado con gran fuerza y arrojado contra un árbol. Por encima de ella, un pelaje negro le pasó acariciando su cabeza, y al levantarla, pudo admirar a un enorme lobo negro que se batía a duelo contra los tres perros al mismo tiempo. El hombre de la espada curveada se dirigió hacia aquel lobo mientras este sacaba sangre a chorros de los perros. Dirigió la mirada a Nick nuevamente, y con un golpe rápido, enterró parte de su espada en el pecho de Nick. El chico gritó de dolor con gran fuerza, mientras aquel sujeto sacó la afilada espada para enfrentar al lobo.
Viky volteó evitando ver la escena y pudo ver que de la hierba surgía Kevin tensando un arco con una flecha cuya punta brillaba en luz blanca, y una expresión seria en su rostro que jamás se imaginó que podría ver en él.
-Deja a mis hermanos en paz – dijo el más grande de los Jonas antes de soltar la flecha, que dio directo en la cabeza del hombre misterioso haciéndolo soltar un gran rugido que estremeció la tierra. La estela de luz de la flecha iluminó el claro y quitó momentáneamente el dolor de Viky y Joe. El hombre con la flecha clavada corrió alejándose de ahí lo más rápido huyendo con dos de sus perros mal heridos y chillando de dolor.
El lobo gigante soltó de sus mandíbulas al perro que había matado mientras Kevin corría hacia Nick. Jane se acercó a ver a Joe mientras los primeros rayos de Sol se dejaban ver entre los árboles. Aquel enorme lobo comenzó a perder pelaje y tamaño y lentamente se fue transformando en un joven desnudo y completamente sudoroso, cansado y con algunas heridas.
-¡Eric! – se echó Jane a abrazarlo - ¡Estás vivo!
-Claro que estoy vivo, ¿cómo están ustedes? Oh, estás herida – dijo Eric al ver la herida de Jane.
Kevin fue rápidamente a ver a su hermano caído, quien se retorcía en la hierba del intenso dolor; aquella herida ardía más que sal y limón sobre una cortada, ardí como ácido, quemaba en una magnitud insoportable. Joe se acercó a ver a Viky, quien se quejaba del tobillo nada más, y Eric revisó la herida de Jane, pero todos estaban pasmados por la herida de Nick.
-Necesita medicina mágica, si lo dejamos así podemos perderlo. Hay que llevarlo de inmediato con las sacerdotisas de Glelonia, sabrán atenderle – decía Eric mientras se acercaba a Jane – Ponte esto en la pierna – le dio una hierba – Evitará infecciones.
-Por cierto, Viky, Itzel y Laura están Glelonia, están bien – le dice Jane.
-¿En serio? ¡Que felicidad! – Viky dibuja una enorme sonrisa en la boca, que se desvanece al escuchar los gritos de Nick.
-Hay que llevarlo rápido, caminando no lo lograremos - dice Kevin alterado al ver a Nick mientras le ponía unas vendas para que su herida dejara de sangrar.
-Sólo tenemos un caballo – asegura Eric mientras todos caminan hacia de donde Kevin surgió – Uno de nosotros debe llevarlo – Kevin se acercó a Nick para cargarlo en brazos mientras Joe ayudaba a Viky a caminar y Eric a Jane.
Al llegar al caballo, Kevin subió a su hermano.
-Yo lo llevaré – dice Eric – hay más de esos Demonios por aquí, andan a caballo y seguidos por sus infernales perros. Además conozco el camino hacia Glelonia.
-¿Estás loco? – protesta Jane – Con esos demonios detrás no durarás, según el mapa aún falta día y medio para llegar – le replica mientras Eric se pone unos pantalones extra que guardaba en un morral del caballo
-Soy un jinete veloz, ¿lo recuerdas? – contesta poniéndose unas botas de cuero.
-Sí, pero no durarás mucho tiempo – protesta Kevin mientras deja a Viky recargarse en un árbol – Sabes que también son veloces, en este mundo son mucho más fuertes que en el nuestro – lo toma del brazo después de que Eric se pone la camisa
-Si tú lo llevas y los atrapan tendrán a dos de ustedes – contesta Eric
-Si me quedo, entonces dos de nosotros estaremos en riesgo. Deja que Jane o yo lo hagamos – le suplica – No te arriesgues así
-Tú no eres muy bueno montando, y Jane está herida, soy la mejor opción – le dice Eric tomando del brazo a Kevin – Además, atraeré a los Demonios y les dejaré paso libre.
-Prométeme que estarás bien, Eric
-Te lo prometo – y ambos chicos se abrazan, antes de que Eric monte el caballo detrás de Nick, quien seguía gimiendo de dolor.
-Los esperaré en el Templo Arcano. Jane, protégelos, Kevin, Joe, cuídense, Viky, ¿un mensaje para tus hermanas?
-Sólo diles que estoy bien
-De acuerdo, ¡Arre! – y el caballo se alejó ente los árboles hacia el río.
-¡Por lo que más quieras en tu vida, protégelo, Eric, protege a Nick! – le gritó Jane con todas sus fuerzas
Eric cabalgó y cabalgó por toda la mañana, montado en aquel fiero corcel, abrazaba a Nick fuertemente, quien poco antes del amanecer se desmayó.
-Te llevaré a salvo a Glelonia. Le hice la promesa a Kevin – le susurró a Nick.
Al medio día, antes de cruzar el río, se detuvo para descansar, más que nada el caballo se lo pidió. Kevin comió algo rápido y bebió, y al ver que el joven Jonas se quejaba en sus sueños, Kevin le quitó las vendas y pudo ver como la herida se volvía negra. Sacó un cuchillo y se cortó la muñeca propia, las gotas de sangre cayeron una por una sobre la herida y los sueños de Nick se calmaron.
-Le pasé parte de mis poderes curativos – le dijo al caballo, quien lo veía – Pero no será suficiente, necesitamos llegar cuanto antes.
Volvió a montar al corcel y cruzó el río con Nick entre sus brazos. Después de eso, continuó toda la tarde por aquel gran valle. Justo antes del anochecer, escuchó a lo lejos el rugir de perros, tan fuerte y cerca, y el sonido de cascos de caballos acercándose con rapidez. Al darse cuenta, de un matorral surgió un perro infernal de aquellos de la noche anterior, y comenzó a intentar morder al caballo de Eric. Eric giró a su caballo hacia otro lado, pero de ahí surgió aquel Demonio, recuperado del flechazo, montado sobre un gigante corcel que ardía en llamas. Se alejó de él, pero todos aquellos efectos (la fatiga, la ira, el dolor y las heridas en su cuerpo ardiendo nuevamente) le hicieron efecto rápidamente. Valientemente continuó su camino, pero al voltear, vio como más Demonios montados se acercaban cabalgando detrás de él. Tres Demonios y ocho perros infernales lo seguían, y casi lo acorralaban. No sabía que hacer, ya no sabía a donde ir, sabía que sería peligroso enfrentarlos, pero necesitaba llevar a Nick a Glelonia o lo perdería.
Como un haz de luz milagroso, de entre la oscuridad de la noche, una blanca estrella brilló frente de él, una poderosa luz blanca surgió de la nada y resplandeciendo le quitó el dolor a Eric e hizo que los Demonios retrocedieran. Eric volteó y vio como aquellos Demonios y sus perros se detuvieron y regresaron chillando en terribles rugidos, hasta que se perdieron en el bosque. Deslumbrado por la luz, Eric vio como un caballero, completamente cubierto por una armadura blanca, se acercaba cabalgando hacia él. Verlo le causó tanta tranquilidad que él, el caballo y Nick soltaron un gran suspiro al mismo tiempo.
El caballero de armadura blanca se colocó al lado de Eric.
-Joven Eric – le dijo al momento de quitarse el yelmo y mostrar su bello rostro, la de un joven de tez clara que encantaría a muchas mujeres - ¿Viene solo?
-No, señor, mis amigos quedaron en el bosque hace un día, del otro lado del río.
Al escuchar eso, más destellos de luz, tenues, pasaron detrás de él; era el resplandor de la estrella reflejada sobre las armaduras de más caballeros de blanco que cabalgaron al lado de Eric rumbo al bosque.
-Tu amigo necesita atención médica. Acompáñame.
La luz de la estrella desapareció inmediatamente, peor no se desvaneció. Había surgido de un báculo muy alto que portaba un anciano vestido de blanco, detrás del caballero.
-Un archimago – dijo Eric sonriendo – "La Luz sólo aparece en los momentos más oscuros"
