Capítulo 2: Traición
Azula caminaba por los pasillos del palacio. Su padre la había llamado para una importante reunión de guerra, de la cual de requería de su asistencia. Sus botas resonaban en contraste a el avance silencioso de Ty Lee.
-¿Por qué nadie me dijo antes que habría una reunión? - Exclamó furiosa a su amiga.
La acróbata comenzó a caminar con las manos, mirando pensativa a la Princesa. Era su forma de buscar ideas: según ella, de esa forma la sangre y los pensamientos llegaban más rápido a la cabeza.
-Tal vez el señor del Fuego quería que llegaras a último momento. Como cuando te invitan a una fiesta y llegas tarde para hacer esperar a los demás - rió alegremente.
Azula suspiró. Ty lee podía ser muy divertida y alegre, pero realmente debía comenzar a tomar las cosas en serio. ¿Acaso a ella le gustaría que su mejor amiga no respetara sus problemas en absoluto? Bueno, por supuesto que ella se ha burlado de sus problemas un par de veces, ¡pero eso no le daba derecho a hacer lo mismo!
De todos modos, decidió que prefería a su amiga alegre y bromista, a tener dos amigas como Mai. Su otra amiga probablemente le diría que no importaba la hora de su llegada; de todos modos era la Princesa y todos la obedecerían. Pero las cosas no eran tan simples en su mente.
-¿Has visto a Mai?
-No, no ha salido de su casa desde hace dos días - Respondió Ty Lee.
-¿Acaso está enferma? Si es así, ve a su casa y dile que se mejore, pero que no ponga un pie en el palacio hasta que lo haga.
La maestra fuego sintió escalofríos por la simple idea de contagiarse y pasar días postrada en cama, si poder entrenar ni dar órdenes. No se enfermaba desde que tenía 9 años, y no iba a hacerlo ahora.
-No, no está enferma- Ty Lee volvió a caminar con los pies - Ella...está un poco molesta luego de leer la carta de Zuko.
-Querrás decir más molesta - Respondió cínicamente.
Aún así pensó que Mai debía estar pasando por un mal momento. No es nada lindo que alguien termine contigo, debe ser terrible que ese alguien lo haga para abandonar la nación y ayudar al enemigo, sin dejar nada más que una carta.
"Zuko es un cobarde" pensó Azula. Ni siquiera tuvo las agallas de terminar con su novia en persona. Claro, su novia era un lanza cuchillos profesional, ¡pero el es un maestro fuego, por amor a Agni! Al menos podría atacarla si se pone violenta, ¿verdad? ¿A qué le temía tanto? ¿Aromper el corazón de Mai? Era un poco tarde para eso.
Probablemente ella extrañaría tener a Zuko cerca para molestarlo. Hacerlo enojar era su juego favorito, era una lástima que ya no pudiera hacerlo.
Por supuesto que no lamentaba su huida: Ahora que el estaba fuera del camino, ella ere la única heredera al trono. Pero esperaba ganárselo de una manera más interesante, tal vez un Agni Kai, o un duelo a muerte de Pai Sho. Después de todo, uno de los dos moriría de aburrimiento, y el vencedor ganaría el trono. O simplemente dejar a su padre elegir. El la elegiría y asunto cerrado.
Se acercaban a la pabellón de reuniones.
-Tal vez deberías irte - dijo Azula. Quiso ser más amable, pero no encontró otra manera de decir "esta-reunión-es-para-personas-inteligentes" sin sonar condescendiente.
-De acuerdo - dijo Ty Lee- si me necesitas, estaré en casa de Mai - Y se alejó haciendo piruetas.
Se estaba alejando, cuando se detuvo por unos segundos. Volvió junto a su amiga y, titubeando, la abrazó.
Azula se sorprendió un poco. Incluso a esas alturas se sentía extraño ser abrazada, aunque se tratara de Ty Lee.
-Recuerda que soy tu mejor amiga. Pase lo que pase, confío en ti. Espero que pienses lo mismo de mi y no lo olvides - dijo para luego soltarla. No esperó a su respuesta y se alejó caminando.
Azula esperó a que el shock pasara, y entró al pabellón. Una vez allí, notó que no había nadie más que su padre, esperándola sentado en el trono. Fue algo extraño, considerando que una reunión de guerra generalmente requería a los comandantes de confianza de su padre.
-Princesa Azula - dijo Ozai- bienvenida. Habló con voz tan neutral como siempre.
Ella se arrodilló ante el.
-Padre, lamento la tardanza, no hay mensajeros eficaces estos días.
Ozai asintió, levantándose y caminando hacia ella.
-Como ya sabes, tu hermano fue declarado traidor hace menos de una semana. Hay soldados buscándolo por toda la Capital ahora mismo. Te he convocado hoy porque, antes de escapar, me dio información muy valiosa.
Azula prestó doble atención. ¿Así que Zuzu tenía información sobre el Avatar? Es obvio que tenía planeado escapar desde el comienzo; de lo contrario él le habría contado todo. Incluso si no quisiera hacerlo...
-¿De verdad? Tuve la sospecha de que Zuko se acobardaría desde un comienzo. ¿Y qué dijo, padre?
Ozai se sintió insultado por la fluidez de sus palabras. ¿Acaso creía que podía mentirle todo este tiempo y salirse con la suya? Se mantuvo en silencio hasta estar frente a ella.
-Dijo que tú derrotaste al Avatar, y fallaste.
Azula no tuvo tiempo de reaccionar, porque sintió dos golpes en la nuca de dos manos muy familiares. Gruñó de dolor y sintió la fuerza de su cuerpo desaparecer, hasta caer en el frío y duro suelo.
Las imágenes llegaron borrosas. La poca luz en la habitación se sentía como el sol, quemándole los ojos. No escuchaba voces, pero veía unas siluetas humanas al contraste de la luz.
Cuando logró reaccionar, se dio cuenta de que estaba atada a una silla de piedra, rodeada por los Dai Lee, Ty Lee y su padre.
-¿Qué está pasando? - gritó alarmada.
Estaban en una habitación oscura de proporciones medianas, con nada más que una silla de piedra, y un círculo de metal con un pequeño farol sobre el. Uno de los Dai Lee estaba dentro del círculo.
Solo entonces reaccionó al ver a Ty Lee.
-¡Eres una traidora, como te atreves! - escupió con odio. No sabía qué estaban haciendo allí abajo, pero no podía ser nada bueno si estaba atada a una silla. ¿Y por qué su padre no la ayudaba? ¿Qué estaba ocurriendo?
-No Azula, tú eres la traidora - dijo serenamente su padre - Que no hable - le ordenó a los Dai Lee.
Uno de ellos le tapó la boca con rocas; después de eso su padre y Ty lee se fueron. Su supuesta amiga dio una última mirada dentro de la habitación, pero no pudo encontrar la mirada de Azula.
El pequeño farol comenzó a girar en el círculo, y el Dai Lee comenzó a hablar:
-No eres la princesa de la Nación del Fuego.
Azula veía pasar la pequeña luz, casi sin escuchar lo que decía en maestro tierra.
-Nunca viviste en el palacio de la Nación del Fuego. No eres una maestra.
La habitación comenzó a desaparecer. Todo lo que percibía era la luz del farol y las palabras del hombre frente a ella. El movimiento constante de la llama la atraía sin poder evitarlo.
-Nunca viviste la guerra. Estás a salvo.
Luego de esas palabras, Azula entró en un leve trance, comenzó a sentir náuseas y ver borroso, y finalmente, cayó totalmente dormida.
