Qué emoción, no me había esperado tener tantos reviews. Arigatou gozaimasu.
Este capi se lo dedico a Marta porque la traumaticé bastante mientras lo escribía, jejeje, le hice pasar un mal ratito.
Capítulo II:
Una cruz con la que cargar
Miro por la ventana
y ahí estás esperándome.
Siento una sensación extraña
que acaba embargándome.
Verte y estar contigo deseo
mas cuando a tu lado me encuentro
más quiero estar lejos.
Esta confusión me mata.
Trato de controlar lo que siente mi alma
pero me es imposible hacerlo
porque el significado no entiendo.
Tu voz es como la dulce miel
y cuando razas mi piel
todo mi cuerpo se estremece
y parece que no me pertenece.
Cuando al oído susurras mi nombre
a mi alrededor el mundo se desvanece.
Tu voz, tus ojos…
El calor que tu cuerpo desprende
embargan mi ser y lo protegen.
Pero desconozco las verdades que me atañen,
verdades que conoces y te niegas a revelarme.
Tu mutismo me duele y enfurece,
consigues que me desespere
pero entonces vuelves a pronunciar mi nombre
acompañado de un "te quiero" casi siempre.
No me gusta que lo digas; otra vez me estremezco.
¿Qué significado tienen esas palabras dichas por tus labios?
No sé qué se siente, jamás he sido amado
y por eso de tus palabras recelo
porque de ellas nada comprendo.
¿Pero acaso intentas enseñármelo?
Esto lo escribí en mi anterior diario el 13 de septiembre de 2000, diez meses después de haber conocido a Soubi. Recuerdo ese día (17 de noviembre) como si fuera ayer. Fue mi primer beso. ¡Cómo me escandalicé¡Un hombre adulto besando en la boca a un chiquillo de 12 años! Ahí comenzaron todos mis dilemas.
Me parece mentira que con 13 años pudiera haber escrito esas palabras. Sentía una gran confusión por entonces. Por eso decidí escribir lo que sentía a pesar de que en aquella época no lo entendía. Tan sólo era un mocoso que llevaba una vida errática y sin sentido, al que le pasaban demasiadas cosas desconcertantes.
Es increíble pero esos sentimientos siguen siendo los mismos. No, eso no es cierto. Ahora que han pasado casi cinco años desde que escribí eso, he llegado a entender (al menos en parte) lo que antes me parecía absolutamente incomprensible.
¿Cuántas noches sin dormir pasé intentando dar sentido a lo que me sucedía y sentía? Mi mundo acababa de sufrir un cambio importante, girando ahora en torno a él. Esa es la única verdad.
En una época en la que vagaba perdido, en todos los sentidos, apareció Soubi de la nada. A pesar de todas las dificultades que surgieron doy gracias por haberlo conocido. Mi vida sería muy distinta si no hubiera sucedido. No quiero ni pensarlo…
La gente que me conoce me pregunta por qué nunca he tenido novia; por qué siempre me he negado a salir con todas las chicas que se me han declarado. No llevo la cuenta pero Yuiko dice que son más de 10, incluyéndose ella. No sé si eso será mucho o poco pero en fin… la cuestión es que siempre he dicho que no. Siempre respondo que no tengo tiempo para eso, que lo primero son los estudios.
¿Cuál es la verdadera razón de ello si es que hay alguna? No lo sé… Mejor dicho, prefiero pensar o fingir que no lo sé. Pero después de lo que ha pasado hoy en el parque… Por eso he releído mi anterior diario, para comprobar si era lo mismo que sentía entonces, cuando Soubi se me acercaba tanto.
Ahora que he crecido he empezado a comprender ciertas cosas… sobre mis sentimientos y Soubi… Sí, ambos factores van unidos… ¡No! No quiero admitirlo porque no puede ser verdad; no puede ser la respuesta a la pregunta. Me obligo a creer en la contestación que siempre doy a la gente, incluso a Soubi. Pero cada vez que oigo "Te quiero, Ritsuka" en sus labios…
¡No! No quiero pensar en ello. No sé por qué diablos escribo un diario. Me hace pensar demasiado.
Aquí lo dejo.
"Toc, toc" –se oyó llamar a la puerta.
-Ritsuka, la cena ya está lista. Sal y baja a comer –avisó la voz de una mujer en un tono dulce.
-Sí, mama, un momento.
-No me hagas esperar o la comida se enfriará –el tono había cambiado.
-Ahora voy pero si quieres empieza sin mí.
La mujer no dijo nada más y se marchó. Ritsuka suspiró apesadumbrado pero, en realidad, ya estaba más que acostumbrado a esos cambios de humor de su madre. La cantidad de años que habían pasado y ella continuaba tratándolo de la misma mala manera.
Ritsuka hacía un par de años que había dejado de ir a la psicóloga, ya que había llegado a la conclusión de que nada de lo que había pasado era culpa suya y que el Ritsuka de ahora era el verdadero. Dejó de desear ser el Ritsuka que decían -en especial su madre- que había sido una vez. Soubi había jugado un papel muy importante en todo esto. A su manera, había conseguido que el joven empezara a confiar en si mismo.
Escribió un último apunte en su diario:
Debo tener cuidado, mamá parece que está muy susceptible. Seimei¿por qué me culpa a mí¿Por qué debo cargar con ello?
Ah… ¿cuándo acabará todo esto?
Cerró la libreta y la guardó en el cajón. Salió de la habitación y, tras bajar las escaleras, se dirigió al comedor, donde su madre aguardaba inmóvil en la silla y los brazos cruzados sobre el pecho.
-Disculpa, mamá –dijo mientras se sentaba a la mesa-, no era mi intención hacerte esperar.
-La sopa se ha enfriado, iré a calentártela.
-No hace falta, mamá, gracias.
-Note vas a comer la sopa fría, dame el plato –dijo en tono cercano al autoritario.
El joven no replicó y dejó que la mujer se llevara el plato. Al cabo de un par de minutos regresó con la sopa caliente. Ritsuka observó el pequeño y sutil cambio en su expresión, la cual conocía muy bien y era presagio de problemas para él. Intentó serenarse para poder abordar con calma la situación y salir airoso de ésta.
La mujer se paró a su lado.
-¿Por qué no me obedeces nunca? – le recriminó-. Mi Ritsuka siempre lo hacía. Tú no eres él. ¡Devuélvemelo!
-Mamá, soy yo. Por favor, créeme –pidió dolido por el comentario de su madre.
-¡No es verdad! –le gritó.
La mujer, presa de la rabia, arrojó la sopa hirviendo sobre el pecho de su hijo. Éste, al intentar retirarse, cayó de la silla y se retorció en el suelo consumido por el dolor.
-¡Eres un mal hijo! –le gritó una y otra vez mientras, llevada por su frustración e ira, lo pateaba.
Estaba totalmente ida, no cesaba de golpear una y otra vez al joven que estaba en posición fetal y que como podía intentaba cubrirse. Recibió una patada en el pecho que le cortó la respiración; otra en las costillas que hizo que se encogiera aún más sobre si mismo. Sus reflejos le llevaban a protegerse las partes del cuerpo que eran magulladas, pero sobre todo intentaba protegerse la cabeza, por eso su tronco sufrió tanto.
Así siguió hasta que la mujer se derrumbó sobre sus rodillas y comenzó a golpearlo con los puños como si fueran mazas sobre el costado y el hombro.
-Seimei… Seimei era un buen hijo. ¡Ojalá hubieras muerto tú y no él! –le gritaba.
Ritsuka, que se debatía en salvaguardarse de los crueles impactos, no podía protegerse de las hirientes palabras de su desalmada madre. Ni todas las palizas del mundo podían compararse al efecto devastador que tenían sobre él esos términos. Hubo un tiempo en que había creído que se merecía todo aquello y aguantaba con estoicismo, pero ahora ya no creía tal cosa. Su hermano no se merecía haber muerto, pero él tampoco; él no tenía la culpa; no era merecedor de tal conducta por parte de la que era su madre. Aun así jamás intentó defenderse. Sabía que era completamente capaz de hacerle frente, pero jamás levantaría una mano contra ella.
-Para, por favor, mamá…
-No te atrevas a llamarme así –el odio en su voz estaba bien presente.
Por un momento descuidó protegerse la cara, a consecuencia de lo cual recibió un impacto. El labio inferior cedió a la presión del golpe y se partió, comenzando a sangrar abundantemente. Su nariz también sangró.
-Mamá… ¡Basta… mamá! –suplicó entre sollozos.
-No tienes derecho a llamarme así… ¡cállate… cállate! –seguía fustigándolo.
Cada vez que su hijo la llamaba "mamá", más se enfurecía ella y arremetía contra él con todas sus fuerzas. La situación se hizo insoportable. Ritsuka ya no pudo aguantar más, ni la paliza y menos aun los comentarios despreciativos que le escupía su madre.
-¡Basta! –rugió con todas sus fuerzas al tiempo que se incorporaba.
La mujer cayó hacia atrás por el súbito movimiento y quedó sentada. Inmediatamente fue a golpearle de nuevo por la osadía pero, esta vez, sus manos no llegaron a dañarle ya que la sujetó por las muñecas. Ya había sido suficiente.
Ritsuka estaba tremendamente dolido por el trato que recibía. Su rostro estaba bañado en lágrimas que se mezclaban con la sangre que manaba su nariz y boca; el líquido salado escocía en sus labios; su pecho ardía por el efecto de la quemadura que la sopa hirviendo le había causado; todo el cuerpo le dolía.
En esta ocasión había llegado a su límite y, por primera vez, hizo frente a su madre. Ella forcejeaba para desasirse pero él la sujetaba firmemente.
-¡Suéltame!... ¿Cómo te atreves?
Insistió en que la soltara.
-Mamá, cálmate.
En ese instante apareció el padre de Ritsuka en el umbral del comedor. Acababa de llegar de un viaje de negocios. La impresión que le dio encontrar esa escena hizo que su equipaje cayera estrepitosamente al suelo.
-Pero ¡qué es esto! –exclamó espantado antes de acercarse a toda prisa a ellos-. Ritsuka, suelta a tu madre –ordenó al tiempo que sujetaba a la mujer, rodeándola con los brazos desde atrás.
El joven obedeció inmediatamente y se apartó de la mujer apresuradamente arrastrándose hacia atrás. La pared del comedor se encargó de detenerlo. Estaba temblando. El padre lo observó detenidamente; ésta había sido una de las peores palizas y él no había estado en casa para evitarlo; nunca estaba. Se sentía culpable por lo que pasaba pero en realidad nunca había intentado ponerle remedio.
-Ritsuka… -comenzó en tono dulce mientras aún aguantaba a la mujer que luchaba por librarse del abrazo.
El hombre se quedó con la palabra en la boca porque al instante Ritsuka salió a toda prisa de la estancia, tambaleándose. A los pocos segundos se oyó la puerta de la calle; el joven se había marchado.
Ritsuka corrió calle abajo o al menos lo intentó. A cada segundo se sentía desfallecer pero ayudándose con las paredes y farolas avanzó todo lo aprisa que le permitía su condición.
-Te veo intranquilo, Soubi… Dime¿cuál es el motivo? –preguntó Kio a su amigo que en ese momento parecía algo ausente.
-Me preocupa Ritsuka –contestó sin mirar a su amigo ya que tenía la mirada perdida más allá de los cristales de la ventana. Había comenzado a llover.
-Siempre estás igual… –comentó decepcionado-. Aún no sé qué ves en ese chico. Sinceramente, es algo que escapa a mi comprensión.
-Tampoco es algo que necesites comprender ya que no es de tu incumbencia –afirmó tranquilamente.
-No seas tan frío conmigo. Es simplemente que no entiendo cómo es que cuando estáis juntos casi siempre discutís y cuando no lo ves parece que te falta algo… muy preciado.
-Es que lo es.
-¿El qué?
-Preciado…
-Caramba, tío, lo tuyo es una obsesión… Al menos todavía conserva sus orejas… has tenido la decencia de aguantar con los pantalones puestos.
-No hace falta quitárselos para eso –le recordó sonriendo.
-Aah… ya sabes a qué me refiero –a veces le frustraba la manera de ser de su amigo.
-Lo sé –tras pensar unos segundos añadió-. Sigue confundido.
-No te entiendo.
-No sabe lo que quiere o, mejor dicho, no sabe lo que siente.
-Lo vuestro sí que es complicado –suspiró Kio.
Soubi sonrió pero enseguida volvió a ponerse serio y a mirar a través de la ventana. Llovía con más intensidad. Kio lo observó un rato en silencio.
-¿Es porque está en casa solo, con esa mujer, verdad?
Soubi miró a su amigo. Su expresión valía como respuesta.
-He dado en el clavo… Dime, Soubi¿por qué aún no te lo has traído a vivir contigo?
La pregunta de Kio lo sorprendió bastante.
-Sí, hombre, si tanto te preocupa el crío sácalo de su casa.
-Eso no es tan fácil. Además… no creo que él quisiera.
-¿Se lo has preguntado?
No obtuvo respuesta, así que comentó más para él que para su compañero:
-Realmente me sorprende el chico… tantos años recibiendo palizas de su madre… ¿Por qué no le hace frente? Ya no es un niño… podría defenderse.
-A pesar de todo quiere a su madre. Es incapaz de hacerle daño… Le enviaré un mensaje para ver si está bien.
Soubi se levantó para ir a buscar el móvil. Una vez lo tuvo en la mano y se disponía a escribir el mensaje, llamaron a la puerta. Se acercó a ella para abrir. Ni siquiera observó por la mirilla para comprobar quién era, simplemente abrió.
Por un segundo se quedó paralizado al ver a la persona que estaba ante sus ojos y que a duras penas se sostenía en pie apoyada con una mano en el marco exterior de la puerta y con la cabeza gacha; con la otra mano se asía a él mismo, intentando mitigar el dolor de sus costillas. Llevaba toda la ropa empapada, al igual que el cabello azabache que le caía sobre el rostro ocultándolo en parte.
Rit… Ritsuka…
Continuará...
Gracias por todos los riviews, Marta, Yuu-chan, hikaru, Angie, Mel, MinaBathory, Elen-Ses., Noir, Nacha (eso sí fue un review escueto, jejeje, se agradece igual) y sakura ishida.
MinaBathory: verás que en verdad soy cruel, jejeje, pero no podía empezar la historia dejando a Ritsuka sin sus orejitas de buenas a primeras. Todo a su tiempo ;)
Elen-Ses.: gracias por tu apoyo. Y sí, ciertamente habrá de eso (no puede faltar), lo que habrá que esperar un poquitín, a ver cuán dispuesto está Ritsuka a perder sus lindas orejitas y cola.
Noir: si te digo la verdad tardé bastante en decidirme a escribir un fic sobre Loveless pero al final me animé. Espero que más gente se anime a ello.
Nuevamente gracias. Espero vuestros reviews
