¡Wow! ¡Aquí está el segundo Cáp! Muchísimas gracias a todas por leerlo.

Gracias por ayudarme a continuar con está loca idea. El fic esta teniendo una aceptación increíble ¡¡GRACIAS!!! Prometo que las actualizaciones las subiré lo más rápido que pueda… ¡¡¡¡Ahora a leer!!!!

IMPORTANTE: ¡Lo siento muchísimo! En el capitulo pasado puse que Bella era aún humana, ¡lo siento muchísimo pero fue un error de dedo! Bella ya es vampira, y Reneesme también está con ellos, incluso ya dejo de crecer. ¡¡¡Lo siento muchísimo!!!

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-MI EXISTENCIA ES TU DESTRUCCION... LO IMPORTANTE ES LO QUE SOY Y NO CÓMO SOY. MÍRAME ESTE ES MI MUNDO EN DONDE YO ME PIERDO POR COMPLETO Y PUEDO SER LIBRE.

-No olvides nunca que el primer beso no se da con la boca, sino con los ojos…


2.Ángeles y Demonios.

Entre al salón de clases y me senté en la primer mesa que vi. Alex entró detrás de mi y se sentó a la par. El salón no era gran cosa. Había un aproximado de treinta mesas individuales, la pizarra al frente del salón y por último las ventanas por las que se colaba el frío aire de la mañana, como casi todos los días en Forks, no estaba soleado, una espesa capa de nubes cubría todo el cielo, gracias a Dios.

-Y bueno… ¿Qué tal tus vacaciones?-dije intentando cambiar de tema, además no quería que me preguntara nada acerca de lo que había dicho cuando me caí.

-Aburridas… Oye, ¿Te puedo hacer una pregunta?-murmuró frunciendo los labios como dudando que decir. Me quedé en silencio, por lo que el prosiguió-. Hoy en mañana le dijiste una enorme palabrota a Franco… ¿Por qué?

-¿Una enorme palabrota?-le dije incrédula.

-Si le dijiste… "Idiota"-dijo murmurando cerca de mi para que las demás mesas no escucharan. Sí, mesas. Porque no había nadie más en el salón.

-Yo no le dije ninguna palabrota a Franco, ¿De acuerdo?-la replique irritada. Deberás que no quería hablar sobre Franco. Iba a decirle que de seguro el había oído mal cuando sentí una pequeña brisa proveniente de la puerta abierta. Me gire para ver quien era, cuando el mundo se me vino abajo. El más precioso demonio entró por la puerta. Con una gran sonrisa en sus labios. Sentí un gran retorcijón en mi estomago y luego mil mariposas de todos los tamaños empezaron a revolotear dentro de mi, sentí un profundo asco y un mal sabor inundo mi boca. Su delicioso olor me quemó por dentro. Maldito Franco con su delicioso aroma, era mucho más atrayente que cualquier otro que hubiera sentido, era fascinante y delicioso. Era un aroma extraño, como una combinación entre la Nutella, tierra húmeda, lirios, albahaca y cacao.

-Hey, Franco-le dijo Alex a modo de saludo, poniéndose de pie-. Yo ya me voy. Deberías darle a Franco una explicación de por que lo insultaste de esa manera, Sam.

Me quede helada, vi como este se iba y fulmine la puerta que Alex había cerrado tras de si. Sentí unas calidas manos sobre las mías y me sobresalte tanto que casi me caigo de mi asiento. Tenía a Franco a solo unos cuantos centímetros de mi. Ahogue un gritito y este soltó una carcajada. Debía admitir que se veía bastante guapo. Sí, por que Franco era precioso a mi parecer. Tenía el cabello de color negro azabache, casi tan negro como el mio, unos preciosos ojos de color avellana, piel morena (por lo menos a comparación de la mia, que era más blanca que la propia leche), unos pómulos prominentes y unos deliciosos labios carnosos de un rosadito desvaído, los cuales formaban la más preciosa de las sonrisas…

¡Ya párale, maldita sea!, me regañe a mi misma. ¿Cómo podía estar pensando eso de él?

-Franco-le dije con tono mordaz-. ¿Podrías hacerme el favor de quitarte de encima? ¡Joder!

-Venimos de malas, Sami-susurró, sus labios estaban a solo unos cuantos centímetros de los míos. Su aliento me golpeo y sentí una quemazón horrible en mi garganta. Maldito Franco. Se incorporo solo para sentarse encima de la mesa. Estaba definidamente, demasiado cerca.

-No te atrevas a llamarme así de nuevo o te juró que te romperé tu maldito rostro, puñetero Playboy-ladré, odiaba que me llamara por ese ridículo mote, solo aceptaba Sam.

¿Por qué siempre te enamoras de quién no quieres estarlo?, me dijo la fría voz de la niñita impertinente. Fácil. Porque el amor es un estúpido niño ciego con alas de juguete, contesté, si bien era verdad, nadie lo sabia mejor que yo.

-Uh… Me parece que ese no es el vocabulario de una chica. Aunque por supuesto, no se puede esperar más de un extraño espécimen como tu.

Sentí una horrible punzada de dolor en el pecho. Cerré los ojos y respire hondo, conté hasta diez para poder calmarme, no funciono del todo pero algo era algo. Abrí mis ojos, y necesite toda mi fuerza de voluntad para no descargar mi no deseado don sobre él. Sí. Porque, si quisiera, podría hacer que el mismo se rebana en pequeñas tiras.

-Miren quien lo dice… El estúpido "Playboy" del salón, que no tiene más cerebro que las tontas con las que se mete, "Playboy"-le dije en tono de burla, haciendo las comillas en el aire. El solo sonrió.

-Vamos, Sami. Sé que te mueres por besarme. No te preocupes yo soy muy caritativo, incluso podría darte a ti ese lujo. Y si eres lo suficientemente buena, podrías pasar la mejor noche de tu vida, bebé.

Ya no aguante más. Le mire con odio, mientras el seguía sonriendo como tarado. Me estaba tratando como a una… ¡como a una cualquiera! Vamos. No te vas a quedar así, querida. El tiene que pagar, no puede seguir insultándote así. Sabes que lo deseas, si. Pero no debes sucumbir a la tentación, todo terminara mal, y el maldito Playboy estará completamente drenado para mañana, dijo la niña impertinente. Pero a decir verdad, tenía razón. ¿Cuál seria la mejor frase para describir esto?,continuo la niña impertinente. 'Es como mirar al sol... es muy bonito pero si lo haces mucho tiempo te salen como... arrugas'. Si creo que esa es la correcta, me estás aburriendo, querida. Bufé.

-Enserio, querido. No te creas la gran cosa. No te queda. Yo no soy como las estúpidas e ingenuas niñas que van corriendo tras de ti como si fueran una especie de… garrapatas.

-¿Deberás?-dijo con voz sumamente sexy. Se acerco a mi bruscamente. Tenía su aliento dándome de lleno en el rostro. Sentí esa horrible quemazón en mi garganta-. Creo que estás subestimando-rozó sus labios con los míos y apenas me dio tiempo de reaccionar, le empuje y le aticé una enorme cachetada. Oh-oh. Creo que nuestro príncipe dorado va a quedar más burro de lo que ya es, me dijo la niñita impertinente conteniendo una risita.

-Dios-murmure, viéndolo en piso con los ojos bien abiertos y una expresión anonadada en el rostro. Tenía una gran marca roja en su mejilla con la forma de mis dedos. Debo controlar mejor mi fuerza-. Creo que me excedí.

-¿Eso crees?-preguntó, me puse de cuclillas al lado de él-. Rayos. ¿Cómo puedes tener tanta fuerza?

-La verdad, te lo merecías-le dije serenamente, el rodó sus ojos. Se incorporo y sonrió.

-¡Muchísimas gracias, yo también te quiero!

-Pero por supuesto que te quiero, ¡mi Príncipe Dorado!

-¿Cómo me dijiste? No vuelvas a decir así-me dijo entornando los ojos y pareciendo guay. Me paré e imité su postura de tipo guay, aunque la verdad, el gran planchazo rojo en el rostro le restaba puntos.

-¡Perro Desgraciado!-ambos empezamos a reír. A decir verdad, había sido tonto, pero por alguna razón me sentía muy feliz. Siempre era así cuando estaba cerca de él. Era por eso que me encantaba.

Esto es extraño, te estás riendo de lo más contenta con el chico que prácticamente te acaba de tomar por una cualquiera. Pare de reír de inmediato, la niña impertinente tenía razón. El también paro al darse cuenta del cambio tan brusco. El ambiente se volvio tenso. Me miro durante unos segundos. No se me ocurría nada que decir. ¿Por qué no viene nadie?

-Este… si…

Miel, lila, luz de sol, canela, agua de mar, musgo, fresias. Esos olores no pertenecían a un humano. Todos venían desde el otro lado de la puerta. No. Era imposible, estaban demasiado concentrados. Franco me miraba expectante, gire sobre mis talones y me senté en mi escritorio. Franco. Era el único aroma lo suficientemente fuerte en los demás humanos que podía apreciar con tal intensidad. Definitivamente eso no era humano. Sentí el miedo en todo mi cuerpo. Era espantoso.

-¿Te pasa algo?-preguntó con el ceño fruncido. Negué con la cabeza y el se sentó de nuevo en el escritorio. Franco. Fuera lo que fuese, él no debía estar ahí. Era demasiado peligroso. Haz que se vaya, me dijo la vocecita fría de la niña impertinente. Lo mire a los ojos, dispuesta a sacarlo del salón, cuando…

Demasiado tarde.

La puerta se abrio y vi a los tres ángeles más bellos entrando por ella. Demonios. Malditos demonios disfrazados de ángeles. Los seres más terribles y asquerosos de la tierra. Trague con dificultad, sumamente aterrada, no solo por mi, sino también por Franco.

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¡Whoa! ¡Estoy tan emocionada! Este es el segundo capitulo… ¡Gracias por sus reviews! ¡Muchísimas gracias, chicas, por leer el fic! Espero el capi les guste, está más cortito, pero creo que bastara. Díganme todas las sugerencias que tengas y observaciones que tengan. ¡Espero que continúen leyendo! Esto va lento, pero no se preocupen que en el próximo capi si vamos a ver a nuestros queridos vampiritos. Respecto a Ángel y Sam, con su pasado, se va a ir acarando todo en cuanto el fic avancé más… ¡ok! Eso es todo. Espero sus reviews!!

RevIeWs!!! Reviews, reviews, reviews, RevIeWs!!! Reviews, reviews, reviews