Advertencias

Los personajes, salvo excepciones, no me pertenecen

La historia contiene escenas explicitas de sexo, violencia y lenguaje soez.

NO soy escritora, esto es por diversión, estoy abierta a cualquier duda o crítica fundamentada y respetuosa.

No todos sale de mi imaginación, con lo que es posible hallar diálogos, escenas, etc inspiradas o tomadas de los juegos u otros lugares. Igualmente, el hilo argumental de la historia coincide en puntos con los de los primeros juegos, pero sólo será en parte, otras cosas serán inventadas y no coincidirán.

Capítulo 2

El olor a sal y la frescura que la brisa llevaba, llenaba los pulmones de Ezio mientras observaba desde la cubierta de un barco el perfil de la gran Constantinopla en la lejanía.

El viaje había sido largo y pesado, pero todo aquel sentimiento se disipaba por momentos, al verse cada vez más cerca de la ciudad donde encontraría respuestas y pistas para continuar su misión.

El moreno volvió a sacar la carta de Yusuf, releyendo sus palabras mientras escuchaba el sonido de las olas rompiendo contra el navío.

Querido Ezio:

Supongo que nada más ver mi letra sabrás quien soy.

Espero que todo te esté yendo bien, amigo. Por Constantinopla también se escuchan los rumores de que el español sigue vivo, además de que hermanos han informado sobre el robo del Fruto del Edén en la villa de tu familia. ¡Patanes mal nacidos! Acabaremos con ellos y vengaremos a Mario.

Hacerte más fácil la venganza es lo que me hace comunicarme contigo, Ezio; Tenemos firmes sospechas de que el Fruto está aquí. La ciudad estos días se ha llenado de una fuerte vigilancia, sobre todo alrededor del palacio del nuevo sultán, quien mandó matar a su hermano para ocupar su lugar. Sobre el rufián de Rodrigo no sabemos nada, pero es cuestión de tiempo.

Espero verte pronto por aquí, sabes que tendrás toda nuestra ayuda para recuperar el artefacto y mandar a esos condenados al infierno.

Tu hermano, Yusuf.

El asesino guardó de nuevo el papel, inspirando con profundidad el aire marino, sin apartar la vista de la cada vez más cercana Constantinopla, sintiendo como su alma se llenaba de expectativas y emoción.


Cuando el sol se encontraba descendiendo en el horizonte, Ezio pisó tierra turca, avanzando por el puerto hacia las entrañas de la ciudad, dispuesto a buscar el escondite de la hermandad entre sus calles serpenteantes y estrechas.

Alejado ya del Cuerno de oro, el hombre caminaba entre las gentes del lugar mientras apreciaba de cerca la hermosura de la basílica de Santa Sofía, erigida hacía cientos de años, no pasándosele que una gran cantidad de guardias vigilaban en el lugar.

Ante tal panorama, Ezio decidió alejarse con discreción, cuando delante de él apareció Yusuf con una amable sonrisa.

-¡Por fin te dignas a visitarnos! ¡Bienvenido a Constantinopla! o como dicen ahora, Estambul. ¿Cómo te ha tratado este tiempo pasado, amigo? Aunque ya veo que como al resto, haciéndote más viejo. –Se burló el hombre con una sonrisa maliciosa, mientras Ezio respondía de igual forma, deshaciendo el abrazo de su amigo.

-Lo mismo digo. ¿Sigues sosteniendo que ligas más que yo? Porque te aseguro que aún disfruto de la atención de muchas damas.

-¡Por supuesto! –dijo tras reír con ganas–, habrá tiempo de comprobarlo, porque supongo que tu estancia aquí irá para largo.

-Si los datos de tu carta son ciertos, sí. Dime, ¿qué habéis visto y oído?

El rostro de Yusuf se torno serio, tal como le ocurrió al de su compañero, observando alrededor después, comenzando a caminar para alejarse del gentío.

-Cientos de guardias llegaron hará dos semanas, quizás algo más. Han restringido las visitas a la basílica, y nadie puede caminar a un gran radio de las murallas del castillo del nuevo sultán, asesino de su hermano.

-Adivino que el nuevo sultán tiene que ver con los templarios.

-Así es. Mis hombres lo confirmaron cuando interceptaron sus mensajes. Iban destinados a generales del ejército, y adivina a quién.

-¿Rodrigo Borgia?

-Casi... A su hijo, César.

-¿El sultán prefiere hablar con el hijo antes de con el Papa y gobernador de media Europa? Eso suena muy sospechoso.

-Lo sé, por eso creemos que lo han traicionado, y lo han eliminado tras robarle el Fruto. El sultán debió mandar matar a su hermano porque el renegaba de los asuntos con los europeos, dándole la espalda a los templarios. Le han debido prometer grandes cosas si se juntaba con los Borgia, ayudándolos a esconder el asesinato y el artefacto.

-Sí el Fruto está aquí deben custodiarlo en el castillo. –Agregó Ezio seguro, cuando el turco intervino en un susurro, girándose a observar una escena a las puertas de la basílica.

-O en Santa Sofía...

La pareja vislumbró como un par de guardias gritaban a la gente que no se acercasen a la puerta del templo, mientras uno de ellos limpiaba la hoja de su espada tras haber matado a un niño que rondaba por el tejado más bajo del edificio.

-Miserables... –Musitó el italiano caminando instintivamente hacia el lugar, siendo parado por Yusuf al instante, llamando la atención de otros soldados.

-Vámonos de aquí.

Ante el murmullo del turco, los dos comenzaron a caminar en dirección contraria, mientras uno de los uniformados les seguía, gritándoles que parasen. Al no obtener más que celeridad como respuesta de ambos, desenvainó su espada corriendo tras ellos.

-¡Detenedlos, son sospechosos! ¡Asesinos! –Gritó el guardia alertando a sus subordinados.

Segundos después, los dos asesinos tenían a seis guardias corriendo tras ellos por las calles plagadas de la parte sur de la ciudad, pensado con rapidez como librarse de ellos.

Yusuf sacó de entre sus ropas una pequeña bomba, lanzándola hacia atrás tras llegar a una calle estrecha y solitaria sin salida, saltando después el muro. No obstante, aún cuatro de los soldados continuaban siguiéndoles de cerca, con lo que Ezio sacó uno de sus cuchillos arrojadizos, y tras esprintar, se volvió para tirar uno contra uno de los hombres, matándolo al clavárselo en la garganta.

-¡Sólo son tres, podemos acabar con ellos! –Gritó el italiano a su compañero mientras corrían.

Antes de que Yusuf hablara, el sonido de la explosión de un fusil le hizo sobresaltarse, girándose para observar a dos de los hombres dispararles parados.

-¡Creo que es mejor correr o nos dejarán un bonito agujero, Ezio!

Cuando el trío enemigo continuó corriendo, observando como los asesinos eran ralentizados por una nueva marea de gente, sacaron sus fusiles dispuestos a dispararles, pero de pronto, dos grandes cuchillos surcaron el aire impactando en dos de los guardias, agonizantes al momento.

Yusuf y Ezio se volvieron con sorpresa, cuando el restante iba a asestar una cuchillada al que pudiera. Pero aquello no llegó a pasar cuando una persona saltó desde un tejado cercano sobre el hombre, matándolo con una pequeña daga.

El italiano arqueó una ceja sorprendido al vislumbrar el rostro del asesino, vestido con el típico atuendo de capa blanca de la orden, pero algo alterado, puesto que era una mujer joven.

-Justo a tiempo. –Dijo el turco, mirando a la chica de ojos oscuros como el carbón, haciendo que dibujara una sonrisa burlona.

-De nada, Yusuf. En esta semana ya van dos veces que te salvo el culo.

La mujer guardó su arma tras limpiarla con las ropas del guardia, incorporándose después para mirar a Ezio mientras su amigo lo presentaba.

-Este es Ezio Auditore, el asesino de Florencia. Y estoy seguro que pronto el mentor de toda la orden. Es muy bueno.

-Yo soy Nuray Sayari. –Dijo ella ofreciéndole la mano, quitándose la capucha a la vez, dejando ver su cabello negro azabache recogido en una coleta alta.

El moreno aceptó su mano con una leve sonrisa sin dejar de mirar el rostro de la chica de tez tostada, cautivado por su misteriosa mirada y la belleza de su rostro, a pesar de que una larga cicatriz surcaba una de sus mejillas de forma horizontal.

-Creo que tenemos que irnos, ya habrá tiempo de presentaciones luego. –Informó Tazim vislumbrando a lo lejos nuevos soldados, haciendo que el grupo se pusiera en camino hacia la guarida de la hermandad.