Advertencias
Los personajes, salvo algunas excepciones, no me pertenecen.
No todo sale de mi imaginación. Esta historia está inspirada en el hilo argumental de las dos primeras películas, con lo es posible que escenas, diálogos, etc, estén tomados o inspirados de ellas u otros lugares. Igualmente, muchas cosas han sido cambiadas a mi antojo, con lo que muchos detalles no coincidirán con el mundo de las películas de Crows Zero y Crows Zero II.
Esta historia contiene escenas explicitas de sexo, violencia y lenguaje soez.
NO soy escritora, esto es por diversión, estoy abierta a cualquier duda o crítica fundamentada y respetuosa.
Los capítulos son escritos en primera persona, pero al haber tres protagonistas que los narran, al iniciar el capitulo encontraréis las iniciales P.V.S ; P.V.G Y P.V.A. Esto se traduce en: punto de vista de S= Serizawa, G= Genji y A= Airi (Oc de la historia)
Capítulo 2
* * * P.V.A * * *
Ya se ha hecho de noche y camino de vuelta a casa tras salir de la estación de tren, pensando en cómo voy a sobrevivir teniendo este horario de universidad por la mañana y trabajo por la tarde.
Resoplo para resignarme, ya que esto era lo que quería, así que no voy a rendirme, al menos no tan pronto. No puedo darle esa satisfacción a mi padre.
De pronto recuerdo que Tamao me había dicho que me llamaría para vernos, pero como era de esperar, el muy capullo ha vuelto a pasar de mí ¡Encima que llevamos años sin vernos! La ira se enciende dentro de mí mientras me impulsa a buscar el móvil dentro del bolso a la par que camino más deprisa.
Tras meditar un instante dejo que mi enfado escriba por mí el SMS que pretendo mandarle a mi hermano. No puedo creer que sea tan inmaduro y gilipollas; Se supone que debería ser distinto de nuestro padre, y no copiar su estilo que tanto odia.
"Veo que no puedo fiarme de tu palabra, así que iré a buscarte yo a donde sea, imbécil. Odio cuando te pareces tanto a él... Pensaba que te importaba algo más."
No me lo pienso, asiento conforme y lo envío aunque sé que me arrepentiré por el dramatismo excesivo, pero estoy muy cabreada porque yo a él le quiero lo suficiente como para desear verle después de tres años. Me decepciona pensar que él, después de todo, pasa de mí de un modo tan directo.
Cuando estoy llegando cerca de mi barrio me doy cuenta de lo poco que me apetece encerrarme en ese cuartucho enano y seguir dándole vueltas a esto, así que observo la entrada de un garito de mala muerte, y mi ansia por beber hace el resto, empujándome a su interior. No es que sea una alcohólica que se ahoga en la bebida ante cualquier vicisitud, me gusta beber de vez en cuando, incluso a menudo, pero admito que el alcohol también ayuda a tranquilizarme y lo busco en estos momentos.
Me adentro en el antro que está a rebosar, y camino hacia la barra, que no está tan llena, ya que se celebra un concierto en la estancia contigua, donde una chica joven canta y baila en compañía de sus bailarines.
Ignoro la mirada extraña del camarero al otro lado mientras me siento quitándome el bolso-bandolera, dejándolo sobre la barra con algo de brusquedad, entonces alzo la mirada para pedir con total confianza.
-¿Puedes ponerme un whisky?
Acto seguido bajo la vista para rebuscar un paquete de cigarrillos en mi bolso a medio acabar. Sí, también fumo, cortesía de mi querido hermano que me enganchó hace ya años, haciendo que sea incapaz de dejarlo, a pesar de mis múltiples intentos. Tengo poca fuerza de voluntad, o demasiado estrés. Según como se mire.
La voz del camarero me distrae.
-Oye, ¿tú cuántos años tienes?
Me temía esto por su mirada desconfiada, pero aún así siento como una losa gigante cae sobre mí. Dios, que día de mierda... Suspiró e intento convencerlo sin mucho afán.
-Tengo 19, voy a cumplir 20 el mes que viene. Se que no tienes por qué pero, por favor, ayúdame a que lo que queda de día pase deprisa. Estoy teniendo un día de mierda.
Veo por la cara del hombre que lo he dicho con el auténtico patetismo que siento, con lo que se lo está pensado al compadecerse de mí. Enciendo ya el cigarrillo porque la espera me pone de los nervios.
-Eh, Ushiyama. No seas rancio e insensible, ponle esa copa a la chica. Es más, que corra a mi cuenta.
A ceño fruncido por la sorpresa, miro a mi derecha, encontrándome el hombre dueño de aquellas simpáticas palabras. Tiene pelo corto oscuro y parece algo mayor. Él sonríe con alegría mientras el camarero obedece, con lo que le devuelvo la sonrisa con agradecimiento. Pasados unos instantes le hablo, fijándome que a su lado hay un joven que parece acompañarlo, aunque nos ignora.
-Oye, muchas gracias, pero no puedo aceptar que me invites.
-¿Por qué? Es un acto desinteresado, mujer. –Comenta sonriente, inclinándose sobre la barra para mirarme mientras el chico joven, y por cierto atractivo, que se sienta entre ambos sonríe levemente negando con la cabeza mientras bebe.
Me centro y dejo de mirar al chico para contestar con educación, intentando sonar animada como él.
-Bueno, no nos conocemos de nada. Es algo... Incómodo.
-Eso se arregla pronto. –Dice mientras se levanta, acercándose a mí, tendiéndome la mano. –Yo soy Ken, y este de aquí es mi amigo Genji. Aunque nos conocemos hace poco.
Me doy cuenta de que al tal Genji no le gusta mucho que Ken airé demasiado por la mirada que le echa, pero automáticamente después posa su vista en mí y me saluda con un seco pero educado "encantado".
-Yo me llamo Airi. –Saludo con una sonrisa mientras estrecho la mano de Ken, y miro fugazmente a Genji. Doy gracias porque ese whisky por fin haya llegado, así que lo cojo y bebo un buen sorbo, escuchando después a Ken.
-Este es un bar al que suele venir siempre la misma gente, y por lo que veo Ushiyama no te conoce. ¿No eres de por aquí?
-Sí, vivo a un par de manzanas, pero acabo de llegar esta mañana a Tokio. Soy de Nagoya.
-¿En serio? Conozco Nagoya, tengo familia allí. ¡Déjame adivinar! ¿tu padre ha sido ascendido y os trasladáis?
-No, he venido yo sola. Por la universidad. Pero yo ya he contestado a muchas preguntas, os toca. ¿A qué os dedicáis? -Pregunto dejando de ser el centro de atención, volviendo a coger el vaso. Me doy cuenta de que Genji es poco hablador, y esquiva hablar, bebiendo y fumando.
-Bueno, yo soy una especie de empresario... Aunque más bien soy el que recibe las órdenes del jefe.
-Qué misterioso, Ken. –Agregó con una sonrisa, pensando en por qué no querrá decir la verdad. Pero decido preguntar a su amigo en lugar de insistir. -¿Y tú? Pareces bastante joven como para trabajar.
-Soy estudiante, estoy en mi último año.
Qué borde... Es lo primero que pienso ante su tono y su casi nula mirada hacia mí al hablar.
-Supongo que no soy la única que ha tenido un mal día.
Automáticamente después de aquello, me doy cuenta de que lo he dicho en voz alta y el aludido me mira con sorpresa unos instantes, volviendo después a su vaso sin saber cómo reaccionar. Ken entonces interviene para relajar la tensión ambiental con lo que parece su característica alegría.
-Bueno, no ha sido un buen día para ninguno sin duda. Pero estamos trabajando para que eso mejore, espero que tú lo estés haciendo también. ¿Qué te ocurre? Quizá pueda ayudarte...
-No, créeme... –Digo pensando en Tamao, aunque pronto descubro que no quiero hablar de ello, y menos con unos extraños, teniendo en cuenta el currículo de mi hermanito. Cuento entonces sólo la ínfima parte. –Es sólo que estoy cabreada porque he tenido que aceptar el primer trabajo que he encontrado para mantenerme mientras estudio, y mi jefe es un profundo gilipollas. Teniendo en cuenta que hoy es el primer día y el panorama es tan horrible, me siento asqueada.
-Bueno, eso tiene solución; Seguro que puedes encontrar otra cosa, así que cuando lo hagas lárgate.
-Sí, eso haré. –Respondo con una sonrisa falsa al hombre tras acabar de beber, apagando la colilla en un cenicero cercano. Es el momento de irse antes de empezar a hablar de más, como suele ocurrirme. –Bueno, ha sido un placer. Gracias por arreglar mi noche.
Después de una sincera sonrisa y una fugaz inclinación, dejo un billete que cubra mi deuda y salgo rápidamente del bar con el bolso en mano, esperando volver a encontrarlos de nuevo, porque en verdad han conseguido evadirme, y me siento algo más relajada.
Esbozo una estúpida sonrisa pensando en aquello mientras camino deprisa hacia casa, dándome cuenta de que ir por esas calles a estas horas de la noche quizás no es la mejor idea. Tendré que acostumbrarme al miedo, ya que con mi dinero no puedo pagarme nada más céntrico, y desde luego no pienso recurrir a mis padres; No sabiendo lo que cuesta mi matricula.
Cuando llego por fin a mi bloque, subo las escaleras metálicas hasta el pasillo que conduce a las puertas de esa fachada mientras busco las llaves, parándome delante del número cuatro. Justo en el momento en el que las pongo en la cerradura, alguien me agarra de un hombro, haciendo que me asuste enormemente mientras grito, girándome de un salto para pegarle manotazos con todas mis fuerzas de forma instintiva.
