.
.
Todo por un beso
.
Se acerca el día
.
.
Queda poco menos de una semana para el día de la fiesta y tanto mi humor como el de mi jefe van empeorando por momentos. Aún no sé qué es lo que lo tiene tan cabreado últimamente, pero sea lo que sea, me está afectando indirectamente a mi y eso me enerva. Hoy al llegar, apenas ha saludado con un simple «hola» y no ha respirado en toda la mañana, todo por correo electrónico, eso sí, debo tener al menos sesenta correos sin leer de cosas por hacer, reuniones, entrevistas y algún que otro encargo personal.
El sonido de mi teléfono me des concentra del trabajo. Cuando miro se trata de menma.
«Ya decía yo que estaba tardando en llamar.»
—Buenos días, señor uzumaki, ¿qué desea?
—Anula todas mis citas de la tarde. Necesito ver los informes de gastos de los últimos tres años del señor Ramírez, dile a sakura que te los entregue. Tendremos que revisarlos, hoy no podrás salir a comer con tus amigas. Encárgate de pedir comida, pero por favor que no sea japonesa, estoy saturado.
—Por supuesto, en cuanto los traiga se los haré llegar. ¿Qué le parece comida italiana?
—Me da igual, apenas tengo apetito, cualquier cosa estará bien.
—Perfecto entonces. Hasta ahora. Cuelgo el teléfono malhumorada, otro día más que mi señor jefe me fastidia la comida, al menos hoy solo íbamos a comer en el restaurante italiano que está a dos calles de nuestro edificio, por eso me he decantado por él. Lo que no me apetece para nada es comer en su compañía. Llamo a sakura, que enseguida me contesta con esa gracia tan especial suya y destruye los rastros del huracán menma uzumaki.
—Buenos días, preciosa. ¿Qué necesitas?
—Buenos días, sakura. El señor todopoderoso, necesita los informes de gastos de los últimos tres años de Ramírez, que una vez más le traiga la comida y sea su acompañante.
—Hina, últimamente se pega a ti como una lapa, eso solo quiere decir que tiene ganas de darte un buen meneo.
—Pero que bruta eres, es solo que imagino que necesitará hacer un informe y no quiere perder el tiempo.
—Ya, ya… Lo que tu digas, pero desde que rechazaste comer con él la semana pasada, ya son tres veces las que te hace quedarte. Además, creo que te mira con deseo.
—¿De donde has sacado esa tontería?
—Intuición femenina. Se rumorea por ahí. Lo que tienes que hacer es vestir más provocativa, nena. Últimamente pareces una monja.
—sakura, cuando te darás cuenta de que no quiero tener absolutamente nada con mi jefe.
—hinata, la que se tiene que dar cuenta eres tú. Porque por mucho que niegues la evidencia, sé que en el fondo te gustaría probar de que pasta está hecho.
—sakura, fin de la conversación. —La corto desechando la idea.
—Como quieras, tendrás los informes en diez minutos, de paso como soy una amiga sin igual, te voy a traer un cafecito.
—Gracias, me vendrá bien.
Al cuarto de hora, aparece sakura con dos cafés y las carpetas con los informes haciendo malabares. Antes de que se le caiga una del brazo, la rescato suspirando por lo que podía haber pasado. Todo se lleva de manera informatizada pero ya conocemos a nuestro jefe, el sigue prefiriendo comprobarlo en papel, de ahí que todo se archive ordenadamente en carpetas, según sus indicaciones. Si la documentación se hubiera desparramado por el suelo, el cabreo habría sido monumental, además de habernos llevado horas volver a colocarlas.
—Gracias, mi niña. Aquí tienes el café y los informes. Ahora tómate un descanso y degustemos ese fantástico café que me hará ir al baño en menos de cinco minutos.
Me rió por sus ocurrencias, pero tiene razón en cuanto se toma un café de la máquina, tiene que ir al baño. Como ella dice son cafés la avioneta, porque te cagas volando. Gracias que a mí no me hace el mismo efecto, pues soy adicta al café y no me imagino postrada a todas horas en la taza de agua.
Menma aparece cuando estamos finalizando y al vernos endurece su gesto.
—Señoritas, les pago para trabajar no para tomaros cientos de café al día. Señorita hyuga, ¿tiene lo que le he pedido?
—Sí señor, aquí lo tiene.
—Señorita Sacristán, creo que tendrá trabajo pendiente de actualizar…
—Señor, sí, pero quiero recordarle que en el convenio laboral que esta empresa posee, los trabajadores tenemos derecho a un descanso de cinco a diez minutos cada dos horas de trabajo, estamos haciendo este descanso ahora mismo. Créame no me haga que se lo diga al representante de los trabajadores, creo que le tiene muchas ganas… —contesta sakura que no se amilana ante nada.
Menma coge las carpetas sin decir nada, entra en su despacho y da un sonoro portazo.
—¡Ahora vas y lo cascas! —dice sakura sonriendo y haciéndome estallar en carcajadas.
—Eres la mejor, amiga.
—Tú tienes tus armas de mujer para competir contra ese capullo y yo las mías, que son las palabras.
—Me encantaría ser como tú, tan ingeniosa y sobre todo atrevida, creo que si fuera así, no habría durado más de dos meses en este puesto.
—Seguramente no, pero tú también te las traes. Eres un bicho cuando quieres.
—Tienes toda la razón. Ahora volvamos al trabajo, con lo cabreado que está es capaz de cronometrar-nos los minutos y hasta los segundos.
—Nos vemos a la salida, sasuke hoy tiene una reunión, así es que podemos tomar una cervecita.
—Genial, me vendrá bien.
A los cinco minutos de haberse ido sakura, suena mi teléfono, no tengo que pensar mucho quién es y no me equivoco.
—hinata, la estoy esperando, creo que ha pasado su descanso. Aunque no quisiera molestar su bendecido tiempo —expone con sorna.
—Señor, ahora mismo voy.
«¡arrogante!, siempre tiene algo que decir.»
Cojo un cuaderno, un bolígrafo y me pongo los cascos inalámbricos para responder a las posibles llamadas telefónicas que entren a su despacho. Llamo a la puerta y no pido ni permiso, entro directamente. Está situado en una mesa redonda con su portátil y los archivadores que sakura ha traído, esparcidos por toda ella.
—¿Qué necesita que haga? —le pregunto cuando entro por la puerta y se gira al verme.
—Necesito descubrir si el comercial está metiendo facturas que no corresponden a la empresa. Sus gastos estos últimos tres años han aumentando en un treinta por cierto, hay que ver sus hojas de desplazamientos para comprobar que coinciden con las rutas y los clientes visitados.
Suspiro, es un trabajo arduo y desde luego laborioso, tenemos que ir comprobando todas las facturas y tickets, e ir cotejándolos con el trabajo que dice que ha realizado. Me siento a su lado y cojo uno de los archivadores. Pero en seguida me lo quita entregándome otro.
—Empezaremos por el año 2013. Yo te voy indicando los lugares y comprobamos que todo esté correcto.
Durante dos horas vamos cotejando uno a uno los gastos comprobando en un par de casos, que hay incidencias, que él anota en su ordenador. A las dos, me ausento para ir a por la comida, un poco de aire fresco de diciembre me vendrá bien para despejar el dolor de cabeza que en estos momentos siento.
Al llegar al restaurante, recojo la comida y antes de salir, Chus me da un susto de muerte susurrándome con una voz aguda que no reconozco.
—¡Deme todo el dinero! —dice poniendo un dedo en mi espalda, pero en seguida el resto de amigas comienzan a reírse.
—¡Vaya susto me has dado! ¡Serás! —digo cuando me doy la vuelta.
—Solo pretendía reírnos un poco.
—No vuelvas a bromear así. Tengo que irme chicas, el todopoderoso me espera.
—¡Mmm! Deberías ser muy mala con él… —dice lasciva.
—Quizás, podría matarlo…
—Sí, esa es buena idea pero amiga, yo lo haría de otra forma… No creo que tenga que decirte cómo.
—Que te aproveche —digo intentando cambiar de tema.
Salgo del restaurante con la bolsa de comida y me apresuro para no hacerle esperar.
«A veces no debería ser tan complaciente con un hombre como él, empiezo a pensar que debería matarlo y descuartizarlo por ser tan estúpido.»
Al llegar a su despacho, escucho voces, llamo a la puerta, no sé si me ha oído o no, por lo que espero a que termine. Consigo escucharle decir que no quiere que venga. Cuelga el teléfono, da un puñetazo, imagino que a la pared y por un momento pienso si llamar o no. Me armo de valor y doy un toque más fuerte.
—¡Pase! —exclama con voz de enfado.
—Menma pondré la comida encima de tu mesa, creo que es lo mejor.
—Lo siento hinata, pero no tengo hambre.
—Me da igual, tienes que comer y yo estoy hambrienta, me parece una falta de respeto no acompañar a una mujer cuando ésta va a comer.
No dice nada, observa como dispongo todo, en silencio y una vez finalizado, comienzo a comer. Él me observa y yo maldigo, el muy cabezota no va a comer.
«¡Al final lo descuartizo!»
—Sabes una cosa, eres un cretino, me haces traer la comida y luego me la como yo sola. Yo podría estar ahora mismo con mis amigas en lugar de estar aquí comiendo sola. Si no pruebas la comida, me voy, ya estoy harta, no sé que narices te pasa hoy, pero yo no tengo la culpa.
Ni siquiera sé de donde han salido estas palabras, pero estoy muy cabreada. Me levanto, voy a irme y me coge del brazo.
—Problemas familiares —expone—, lo siento, tienes razón…, a veces soy un poco capullo. Comeré algo, pero no te vayas…
Debo reconocer que es la primera vez que le veo así de derrotado y algo dentro de mi corazón se ablanda. Creo que han saltado miles de chispas entre nosotros, su contacto me quema y en ese momento, me acuerdo la de letra de una canción de Taylor Swift que me encanta, Spark Fly y mantengo la mirada fija en sus ojos que me atraviesan como si fuera trasparente.
And you stood there in front of me just
(Y tú te quedaste ahí en frente de mí)
Close enough to touch
(Lo suficientemente cerca para acariciarme)
Close enough to hope you couldn't see
(Al alcance para esperar que no pudieras ver)
What I was thinking of
(Que estaba pensando en)
Drop everything now
(Dejarlo todo ahora)
…
Borro de mi mente un pensamiento de besarlo, de perderme en su mirada.
—Esta bien, pero suéltame —Le digo antes de que haga una locura.
«Al final sakura va a tener razón…, pero antes muerta que reconocerlo.»
Me suelta y ambos nos sentamos a comer en silencio, nuestras miradas a veces se encuentran pero como si ninguno de los dos quisiera dar rienda a algo más, las evitamos.
Cuando finalizamos continuamos trabajando, pero el ambiente está enrarecido. A las cinco de la tarde, estoy agotada y necesito un descanso; como si leyera mis pensamientos, una frase que grabaré para los restos de la historia, me deja perpleja:
—Necesito un café, ¿te importaría ir? Yo invito.
«¡Alabado sea el señor! Unas palabras cordiales… Además me va a invitar a un café. Esto es para marcarlo en el libro de la historia de esta empresa.»
—Por supuesto, uno solo bien cargado con extra de azúcar.
—Creo que serán dos —dice y eso ya me deja descolocada. Así es como me gusta el café y nunca me había percatado de que ambos lo tomamos igual.
«Creo que estoy empezando a asustarme, ¿quién es este hombre y que ha pasado con mi jefe?»
Salgo a la máquina y sakura está con ino tomándose un café.
—Hola chicas, ¿qué tal la comida?
—Como siempre, ¿y tú que tal con el ogro?
—Sorprendida, creo que lo han sido secuestrado los extraterrestres y le han lavado el cerebro. Me ha invitado al café.
—Desde luego algo ha pasado con el todopoderoso para que te invite al café. Lo mismo se ha caído hoy de la cama —dice sakura.
Las tres estallamos en carcajadas, charlamos un rato más y regreso
con los dos cafés en la mano. Trabajamos casi hasta las diez de la noche, finalizando el informe que debe presentar a sus superiores mañana a primera hora. He mandado un mensaje a Chus de que saldría tarde y de que otra vez será lo de tomar una cerveza.
Doy gracias de que en esta empresa al menos me pagan las horas extras que me permiten sufragar algunos de mis caprichos, porque no es muy normal acabar tan tarde. Los dos salimos del despacho, la oficina está desierta, intento entretenerme para no tener que bajar con él en el ascensor pero, como buen caballero, me espera a que termine de dejar las cosas en la mesa. Se dirige al ascensor y me espera con las puertas abiertas.
«Definitivamente lo ha secuestrado los extraterrestres, este no es mi jefe.»
—Gracias —le digo y cuando entro en el ascensor, su olor a Allure Sport de Channel inunda mis fosas nasales. Estoy delante de él y noto como mi cuerpo ansia su contacto.
«hinata, ¡joder! No es un hombre para ti, céntrate, tú eres más de Matt Bomer, moreno y de ojos azules.»
Pero el lado malo de mi subconsciente me traiciona.
«¡Pero es gay e inalcanzable! Y menma no.»
El viaje hasta el hall del edificio se me antoja eterno, estoy nerviosa; por primera vez en mi vida, me gustaría dar rienda suelta a mis deseos y como en una bonita historia de pasión, parar el ascensor pulsando el botón de alarma, lanzarme sobre él, arrancarle la ropa y hacerle mío.
El sonido del timbre de llegada, me devuelve a la cruda realidad. Salgo y menma me sigue a una distancia prudencial. Al llegar a la calle, el frío aire me cala hasta los huesos y mi cuerpo empieza a tiritar. Tengo el coche aparcado a unos doscientos metros del edificio, por lo que me doy la vuelta y me despido de mi jefe queriendo poner tierra de por medio para no perder más el tiempo.
—Buenas noches, menma.
—Buenas noches, hinata —contesta y cada uno tomamos un camino diferente.
«Deberías haberte lanzado, ¿te apetece una cerveza? ¿Venir a mi casa? ¿Ser mío esta noche y quizás el resto de mi vida?»
Me meto en el coche y conduzco de nuevo hasta mi casa, esos pensamientos lujuriosos que tengo últimamente con mi jefe se deben a mi falta de sexo. Tengo que poner fin a esta sequía, mañana, el primer hombre que se me cruce en la discoteca y sea de mi agrado, fulminará los pensamientos obscenos con menma.
.
.
.
CONTINUARA...
.
.
