Día de San Valentín en Canterlot High, los diferentes estudiantes de la secundaria se movilizaban algunos con esfuerzo más distinguidos que otros, pero nadie se esperaba lo que cierto estudiante planeaba, ni siquiera la directora Celestia. Si amigos míos, para algunos era una competencia donde varias mentes, desde las más maquiavélicas hasta las más románticas se daban lugar para ganarse una mera expresión de sus sentimientos. Pues, no hay mejor momento para decir algo semejante que cuando te puedes excusar para hacerlo.

***Unas horas antes, en Sweet Apple Acres***

Como reloj, Big Mac se despertó a las cinco y media de la mañana, para ponerse su ropa de trabajo, sin mucho esfuerzo, pues la costumbre es la madre de la disciplina, tomo sus herramientas y salió con silenciosamente para no despertar a nadie en la casa Apple. Los manzanos se encontraban en perfectas condiciones, primeramente iniciaría con los que encontraban más alejados en el campo sur para no despertar a sus hermanas que llegarían dentro de media hora en el caso de Applejack y una hora en el caso de Applebloom; sin embargo, el olor de la tierra por las mañanas, los primeros sonidos de la granja, era el ambiente al cual el adolescente de piel roja se había acostumbrado; no, era el ambiente al que pertenecía, lo supo desde que tuvo consciencia, sus estudios iban enfocados en beneficiar a la granja, lo tenía claro. Sus esfuerzos tenían fundamento en lograr que la tierra produjera el mejor de todos los frutos posibles y a diferencia de muchos otros jóvenes de su edad, sentía y sabía que ese era el camino para él.

El sudor, el trabajo, quedarse dormido debido al cansancio, disfrutar del aire puro, dar largas caminatas alrededor de sus campos, criar, cosechar, observar como la vida crece gracias a sus cuidados, para después escuchar los diferentes consumidores alababan el producto, se habían hecho parte de su vida y ciertamente le encantaba. Sweet Apple Acres había recibido más de un galardón, incluso un reconocimiento de distintas compañías a las que vendía su "materia prima", por lo cual, se sentía orgulloso. Sin embargo, por aquellos días la administración de la granja continuaba en manos de la abuela Smith, quien a veces cometía errores en las cuentas, por lo cual él había tenido que aprender la magia de los números a la fuerza, la administración. No se perdía ni un capítulo de "El Socio Swirl" de donde aprendía más de un detalle para después profundizar con lecturas.

Nadie lo creería, pero sus conocimientos de la agricultura se acrecentaron desde que pudo caminar por los campos de Sweet Apple Acres, aunque la razón para levantarse temprano aquel día no era principalmente el cuidado de sus manzanos, sino la quincena que reclamaba, no era más que un 2.5% de la ganancia neta de la familia, lo cual representaba algo más de ciento cincuenta dólares en tiempos buenos como por los que pasaban, renunció al 5% para que Applejack subiese a un 5% de sus 3.75% y Applebloom tuviera sus primeras quincenas de 1.25%, por lo cual no terminaban de agradecerle. Usualmente el dinero no le preocupaba tanto, pero ahora realmente lo necesitaba; cuando recordaba en lo que tenía planeado usar el dinero, se avergonzaba.

Una caja de chocolates en forma de un rayo con una nube, unos globos y una carta perfumada con un sobre hecho a pedido no era precisamente una inversión sabia; pero se algo lo impulsaba a seguir adelante con la "inversión", realmente quería mostrar sus sentimientos, demostrarle lo que sentía cuando pasaba cerca, cuando en clases de matemáticas se quedaba dormida plácidamente y el aprovechaba para observar su bello rostro, aunque una vez le provocó risa el observar algo de baba saliendo por la boca de la mejor deportista de Canterlot High. La carta que primeramente escribió en su computador fue todo un desastre que tuvo que rehacer unas diez veces antes de verse decente. El simple hecho de escribir sus intenciones sin que se salieran de contexto o decir un cumplido sin describir toda la anatomía de la peli arcoíris fue todo un desafío, pero al final pudo terminar tan ardua labor. Entonces, al observar todos esos esfuerzos, pudo darse cuenta de que el amor sacaba lo mejor de cualquiera, pues si antes era pésimo para el arte, se sintió tan inspirado que pudo hacer un dibujo perfecto de la adolescente en un pedazo de hoja cuadriculada de sus apuntes; pero al ver que no podía recrear su obra, terminó por quedarse con la que ya estaba hecha, después de todo, lo que importaba era la intención y de lo poco que sabía de arte, la belleza puede estar expresada en cualquier material. Aunque este tenga unas ecuaciones detrás.

Tan inmerso estaba en sus pensamientos que no pudo percatarse de la hora sino hasta que su aplicación de administración de tiempo tocara una alarma, eran las nueve de la mañana, así que debía ir a desayunar para después dirigirse al colegio, sus tareas estaban realizadas y listas en su mochila, los libros que debía consultar estaban en su aplicación administrativa. Así que podía preocuparse en qué hacer. Rainbow estaría entrenando en alguna de sus variadas disciplinas por la tarde, entre las cuatro y cinco, esa información fue bastante difícil de sacar sin que Applejack sospechase de sus verdaderas intenciones. Entonces, tenía media hora calculando todos los imprevistos, para colocar la carta y los chocolates dentro del casillero de Rainbow, no podría dárselos de frente, no por el momento. Pero sí podría darlas desde el anonimato, con la ilusión de levantar algo de intriga en la adolescente. Después del entrenamiento, podría dar el golpe final, llegando para el final de sus ejercicios de Futbol que era de seis a siete. Entonces, se acercaría, enfrentándose de alguna forma a toda su cobardía, hablarían un poco y lentamente llevaría la conversación hasta el punto deseado. Incluso las frases tenía planeadas. Yo sé quién te envió todo esto. Cuando ella fuese a preguntar quién, el respondería Yo y después explicaría todo lo que sentía.

Al ser una de sus primeras experiencias en el mundo del amor, nadie podía señalarlo como ingenuo, pues nadie nace sabiendo, mucho menos se puede ser brillante en el primer intento. Sin embargo, el pecho del joven lo apretujaba, le mandaba impulsos cada vez mayores, podía sentir como su piel se erizaba al pensar todo aquello, incluso sentía uno que otro temblor n su mandíbula. Era natural y necesario, pero al mismo tiempo tan placentero. El pan se encontraba más dulce, el café le sabía más amargo, pero delicioso, incluso el queso era una explosión de sabores, Big Mac llegó tarde a desayunar, sus hermanas habían salido hace más de una hora, llegaría tarde, pero no importaba, hoy no.

Sin prisas el adolescente desayunó con bastante calma, perdía una clase de álgebra, pero la repondría con unas horas en la biblioteca, ahora debía concentrarse en lo que se había vuelto su prioridad. Al salir de su casa se maravilló con el paisaje. Era un camino algo largo para llegar a Canterlot High.

La tarde fue agotadora para Rainbow, sobre todo porque el equipo de entrenamiento contrario se puso algo competitivo para impresionar a los observadores. Ni siquiera practicaron las estrategias que crearon en toda una semana de romperse el cráneo con los matemáticos que colaboraron sin pedir nada a cambio más que les dejaran el gimnasio por unas horas para hacer una especie de experimento con los de ciencias. Spitfire tampoco estaba al cien por cien, después se enteró de que le habían dado una tarjeta de San Valentín, seguramente la mantuvo distraída. Bueno, nadie podía rendir al cien, incluso ella se preguntaba si ese año alguien finalmente haría algo para ella, usualmente recibía las tarjetas de sus amigas, de los clubes a los que pertenecía e incluso de Scootaloo, pero por alguna razón, le entraba curiosidad sobre el sentimiento que causaba el recibir una carta de un admirador secreto o incluso de uno de su supuesto "pretendiente" como lo habían apodado; pero era claro que él no se aproximaría, aunque por un momento llegó a pensar que finalmente daría el paso que tanto esperaba, desde luego, casi todo el colegio también lo esperaba de forma silenciosa y celosa, dependiendo a quien se lo preguntes.

Pero el curso del día le demostró que no sería así, de hecho ni siquiera había ido a pasar clases. Al llegar a su casillero, que se encontraba al lado de dos de sus amigas, pudo percatarse de la sobre inundación de cartas que presentaba el casillero de Rarity, algún pretendiente de última hora seguramente observó la competencia y rompió su carta por todo el suelo a causa del desánimo que provocaba. Ella sí sabía de admiradores secretos, pensó para sí la de ojos violeta, afortunadamente nadie estuvo ahí para escuchar un suspiro leve pero profundo que la adolescente emitió. No sabía cómo se sentía que algún muchacho se interesase en ella, incluso Fluttershy tenía unas cuantas cartas con un corazón en su casillero, podía apreciarlo porque la esquina de una de ellas salía por las rendijas de la puerta metálica.

Era extraño, pero en ocasiones, cuando observaba a una pareja o incluso cuando sus amigas se ponían a hablar de chicos, ella era completamente ajena a experiencia o conocimiento alguno acerca del tema; salvo por las clases de educación sexual que les daba la subdirectora Luna, por lo que generalmente terminaba asintiendo, diciendo que sí o haciendo una que otra pregunta ocasional, pero nunca tomando el papel de narradora. En ese campo Rarity era generalmente el centro de atención y la más entendida del grupo.

No obstante, por aquellas fechas, recordó que la última vez, cuando se encontraba de salida de colegio, Big Mac estaba conversando con un compañero de clases, bueno, escuchándolo más que hablar, era uno de los Wondercolts y se la pasó hablando de lo importante que era aquella fecha para decir a la chica que le gustaba lo que sentía, para declamar y sentirse inspirado; lo importante que era poner todo el empeño posible en aquellas muestras de amor adolescente. Pero de un momento al otro, el muchacho de piel rojiza lo observó para responder a todos sus enunciados.

- Mira, esta fecha no es para demostrar lo que sientes, es para ver quien lo hace mejor, nada más.

El Wondercolt no supo responder y pronto su opositor se fue solo, Rainbow no se esperaba esa actitud del hermano de Applejack, obviamente no lo conocía; sin embargo, ese tipo de actitud a un día tan sagrado para la mayoría de sus contemporáneos era impensable.

Era extraño que ese recuerda fuese el mejor que tenía del día de San Valentín, más raro aún era que le importase ¿Tenía algo malo? Se cuestionó de pronto, sintiendo cierta baja a su elevada autoestima ¿Era su forma de actuar o acaso la poca delicadeza femenina que tenía? La de cabello arcoíris se llevó una mano a la cara preguntándose ¿Qué pasó con Rainbow Dash? ¿En qué momento le empezó a dar importancia a tonterías como aquellas? No, ella no podía ser la que estaba mal, es decir, era la mejor de todas las Wondercolts y sin ser engreída era genial. ¿Por qué tendría algo malo ser así? Le gustaba ser como era y no deseaba cambiarlo por nada más, a pesar de que las que eran sus opuestos tenían un centenar de admiradores, muchachos que las veían como la Venus del Nilo. Un leve suspiro fue despedido por la chica de cabello multicolor. Pero sin previo aviso, chocó con algo grande. No podía ser un casillero, estaba algo distraída, pero no tanto.

Todo estaba marchando de maravilla, hasta el momento nadie se enteraba de nada, aun mejor, nada les pasó a los detalles que Big Mac guardaba en su mochila, era bastante principiante en este tipo de cosas; sabía muy bien que su muestra de afecto o como le llamen, era poco llamativo. Pero era de todo corazón y para él eso era lo que valía, aun si Rainbow no sabía quién se lo envió. Durante la media hora que se daba valor para ir hasta el casillero de Rainbow, para utilizas su habilidad con ganzúas en su candado de llave, pues Applejack le contó alguna vez que nunca podía recordar su combinación, se preparó mentalmente para posibles incidentes, como que alguien le descubriera o que la misma Rainbow llegase al lugar. Pero nada le preparó para lo que pasaría, andaba pensando bien el hecho de poner o no su nombre en la carta, lo dudaba pues si lo hacía, enfrentaba un 50 50 de ser rechazado o cosas análogas o bien tener cierta aceptación. Andaba tan absorto en tales pensamientos que pese a que no tendría que haber nadie en los pasillos a esa hora, alguien lo empujó, o mejor dicho, se estrelló de frente contra su cuerpo, cierta cabeza fue a dar directamente en su nariz. Perdió el equilibrio de inmediato, al mismo tiempo que el dolor del golpe en la punta de su nariz le hacía soltar cierta humedad en sus ojos (Exacto, los golpes a la nariz tienen ese resultado, aunque no sean fuertes), afortunadamente recordó el cargamento importante que llevaba en su espalda y en plena caída giró gran parte de su cuerpo para caer sobre su hombro.

- Hey, ¡Fíjate por donde vas amigo! Esa voz, no podía ser cierto.

- Emm… perdón Big Mac. Se disculpó de repente la de ojos violeta, mientras se frotaba la cabeza. Al mismo tiempo, deseaba con todas sus fuerzas que el golpe no causase un sangrado de nariz, sería una pérdida de tiempo. Pero como la realidad siempre supera a nuestras limitadas capacidades de previsión, unas cuantas gotas de líquido vital comenzaron a fluir.

La muchacha fue la primera en levantarse, pocos segundos después Big Mac se levantó del piso con rapidez, mientras se tapaba la nariz.

- Hey, no sabía que eras tan débil, dijo la muchacha mientras se percataba de la hemorragia menor del muchacho. Dijo a modo de broma, para olvidar el incidente.

- No sabía que tenías una cabeza tan dura. Respondió el adolescente, reflexionando en ese mismo instante, su hermana solía molestar de la misma forma, así que se volvió en un reflejo contestar de forma hábil a cada una de las provocaciones.

La de cabello multicolor simplemente sonrió, nunca antes se había percatado de que el hermano se Applejack tenía sentido del humor, bueno, de hecho nunca lo escuchaba decir más palabras que un sip o nop.

- Sí, me lo dicen muy a menudo ¿Terminaron tus clases? Preguntó de repente.

- Nope, respondió el lesionado que ahora buscaba la forma de salir del lugar, en primera porque se ponía extremadamente nervioso con la chica de sus ojos y segundo porque no tenía tiempo que perder.

- Bueno, tengo otro entrenamiento dentro de cinco minutos y es mejor no dejar esperando a Sunset Shimmer. Nos vemos luego. La muchacha se encaminó de forma algo rápida a la salida, llevaba un casco consigo, junto con ropa de cuero, ideal para la motocicleta. Pero antes de encontrarse a una distancia suficiente para que Big Mac iniciara su movida, se volteó para dirigirse al muchacho. – Por cierto, el otro día no pude decirlo, no estés triste ¿de acuerdo?

Es pues en los asuntos del corazón, donde tan solo unas cuantas palabras de esa persona amada, el mero hecho de saber que recuerda y no ignora la existencia de quien la ama, pueden incrementar sus latidos, vencer batallas imposibles contra la razón, anular cualquier dolor, cualquier pormenor; cualquier desilusión. Cosa no muy distinta le pasaba al muchacho de ojos verdes que, pese a su hemorragia leve, pese al retraso que tenía, sentía como aquel sentimiento le carcomía sus adentros, lograba que sus manos temblaran, que su lengua se trenzara; infundían el deseo de levantarse, alzar la voz y gritarle sus sentimientos. Pero sabía muy bien que no debía, al menos no de momento. Aquel inocente muchacho que poco o nada sabía del amor, se contentaba con observar a su amada caminando con seguridad por el pasillo, hasta salir por la puerta frontal. De inmediato su memoria le instó a continuar con su arriesgada, pero voluntaria labor.

Se levantó entonces, sintiendo aún el sabor que la muchacha le dejaba en el corazón, , para después ir a toda carrera hacia su casillero, sacó en pleno camino su ganzúa y en no menos de dos minutos pudo abrirlo, obviamente la de cabello multicolor detestaba que alguien hiciera semejante atropello a su privacidad, pero el deseo de expresar sus sentimientos lo obligaba a realizar tal delito. Entonces víctima del momento, el fornido adolescente se paró en seco mientras depositaba su regalo dentro, la caja de chocolates que poseía la forma del símbolo que le gustaba a la adolescente, el rayo tenía los colores del cabello de la fémina, ubicados en franjas en diagonal, observó el bello empaque pensando por última vez: ¿Debería poner su nombre? Incluso a pesar de haberle dado una respuesta previa. Quizás por el poco tiempo que le quedaba antes de que los pasillos se llenaran de adolescentes, quizás por el simple hecho de que frente a Rainbow Dash simplemente se quedaba sin aliento: metió todos los presentes dentro sin más miramientos.

En un parpadeo, en menos de lo que canta un gallo en… bueno, ustedes entienden, el muchacho ocultó toda evidencia de su presencia, cerró la puerta cuidadosamente, le puso el candado, tomó su mochila y salió corriendo del lugar; debía salir lo más antes posible de Canterlot High sin ser detectado, así que prefirió usar la puerta trasera. Debido a tantas emociones, se olvidó de la segunda parte de su plan.

- Flash… ¿Estás seguro de que esto no me matará? Cuestionó una voz algo preocupad un joven sobre la escuela.

- ¿Por qué me lo preguntas si tú fuiste el de la idea? Le respondió uno de los muchachos más deseados de Canterlot High que por cierto llevaba más de una tarjeta de declaración en los bolsillos de su chaqueta.

- Sí… esto vale la pena.

- Claro que sí viejo… es lo más grandioso que se ha hecho hasta el momento, no sé cómo te imaginaste todo esto tú solo.

- Ella lo inspira – Aclaró el muchacho de ojos verdes, quien tragaba saliva, en momentos como aquellos, era fácil recordar que no se es inmortal.

Sin embargo, la falta de prudencia o cierto sentimiento, puede que incluso el hecho de no ceder a pocos metros de la meta, obligaron al joven a correr con dirección al borde del techo de Canterlot High, un paracaídas especial para saltos de ese tipo se abrió al instante, tenía el tamaño para no atorarse fácilmente y al mismo tiempo para relentizar su caída. Su descenso desde una altura tan poco aconsejable, además del hecho de que la chica de sus ojos se hallase terminando su entrenamiento en motocicleta a lo largo del campus del colegio, determinaron su valor.

Todo estaba bien planeado, Sunset Shimmer le pidió a su compañera que pararan frente a la estatua del caballo, DJ pon3 se estacionó enfrente del colegio, de inmediato encendió su sistema de sonido, para reproducir una canción que le gustaba a Rainbow Dash (no se me ocurre ninguna en específico, así que si el lector es tan amable de reproducir uno que considere conveniente sería muy bueno), de varias aulas los diferentes alumnos abrían las ventanas para arrojar globos de helio y aprovechando las últimas luces del crepúsculo, uno de los chicos más populares de Canterlot High llegaba a tierra mientras gritaba el nombre de Rainbow Dash, quien de inmediato se quedó petrificada al ver el escenario que el galán había preparado. Los globos ascendiendo, todos en forma de corazón, su música favorita, incluso habían pétalos de rosas por todo el lugar; era como si todo aquello estuviese preparado.

Las amigas de la adolescente de piel cian se quedaban observando a su amiga, toda conmocionada y hasta se podría decir que una pizca celosas, nunca nadie hizo algo similar por ellas o alguna muchacha en toda la historia de Canterlot High. Ni bien el adolescente terminó de descender pocos metros atrás de la estatua, rodó sobre sí mismo poco después de quitarse el paracaídas con un simple botón.

La escena era tan sublime, tan fantástica, incluso la subdirectora Luna que se hallaba en la entrada principal del colegio se quedó observando la escena; castigaría al imprudente después de que su plan terminase de entrar en acción.

La de cabellos multicolores simplemente no sabía qué decir. El adolescente se acercó de forma repentina, todo era tan rápido, de hecho no esperaba nada para ese día.

- Rainbow Dash, desde hace meses que no puedo dormir, ni comer, demonios, ni siquiera puedo pensar bien y es que tú me tienes loco – Dijo el apuesto joven, con una voz tan cautivadora, que por poco se asemeja a la de un cantante. Sus cabellos revoloteaban debido a un viento cercano, su encantadora mirada color esmeralda se posaba en los ojos de Rainbow Dash, sus palabras eran de total sinceridad.

Rainbow no podía comprender lo que sucedía, bueno, lo comprendía, sabía a dónde se dirigía todo, comprendía los latidos insistentes de su corazón, la elevada temperatura de su cuerpo, a emoción que le traía la declaración que su pretendiente realizaba, todo, absolutamente todo era perfecto.

- Estoy tan loco que volvería a saltar… - Dijo poco antes de tomar la mano de la adolescente quien debido a las emociones repentinas que todo aquello le traía, no pudo contener una sonrisa cómplice de las pretensiones del adolescente.

- En mi locura te pido a ti Rainbow Dash, la chica más increíble de toda la escuela y el mundo ¿Te gustaría ser mi novia?

Por alguna razón, una sonrisa, junto con cierto nudo en la garganta de la adolescente, comunicaban un deseo arraigado en su corazón desde hacía meses atrás: se trataba de un sentimiento no aflorado hasta ese entonces, primero de un gusto a cierto cariño, pero ahora todo se convertía en un sentimiento más fuerte, en un querer, quería al muchacho que tenía en frente. Por lo cual, sin pensarlo más, lo tomó por la espalda, para abrazarlo y después de forma lenta besarlo frente a todo el público. La respuesta era más que evidente. De nada sirvieron algunos silbidos, unos aplausos, incluso las lágrimas de unas cuantas admiradoras secretas de Soarin. La pareja estaba unida bajo un lazo que los primerizos casi siempre llegan a concebir como amor.

Enamorada, la muchacha de cabellos multicolor estaba enamorada, ahora se hacía evidente; pero el galán y ahora novio de Rainbow Dash tenía un último truco bajo la manga, aprovechando la obscuridad de la noche, Flash Sentry, uno de sus amigos más cercanos, encendió varias mechas, que a su vez se prendieron para iniciar con un despliegue de fuegos pirotécnicos; sorprendiendo nuevamente a la adolescente.

- Te quiero Rainbow. Susurró el adolescente.

- Yo también te quiero. Le respondió en el mismo tono la muchacha que ahora lo abrazaba fuertemente.

El espectáculo era inigualable, sin embargo, no pasó mucho tiempo hasta que la subdirectora Luna saliese de su semi escondite, logrando que los presentes saliesen corriendo del lugar. Casi como un cálculo, Soarin separó a la hermosa Rainbow Dash para darle un último beso antes de ir voluntariamente donde la Subdirectora.

- Nos vemos mañana. Avisó el joven.

Rainbow Dash solamente se limitó a despedirse con la mano. De entre todos los que quedaban, Sunset Shimmer era la única que no celebraba con la misma intensidad que el grupo mostraba, se quitó el casco. Soarin le había pedido el favor de ayudarle en la declaración de sus sentimientos; pero declinó, pues existía un tercero del que nadie sabía nada, alguien que al igual que Soarin, quería a su amiga deportista; lamentablemente ese alguien estaba en camino a su casa, ignorante ante el hecho acontecido en los últimos minutos y sin sospechas de su derrota en el campo de batallas al que muchos denominan flirteo, algunos otros, romance, pero en el cual solamente existen dos ganadores.


Espero que les haya gustado, sé que de momento Soarin no posee un argumento, llevo pensando y analizando lo poco que hay de él, así que lo desarrollaré en uno o dos capítulos más. Nos leemos pronto.