Disclaimer: Rurouni Kenshin y sus personajes no me pertenecen, porque en principio fueron creados por Nobuhiro Watsuki. Esta historia la hice con fines de entretención, no pretendo lucrar con ella pero es original mía.
&-o-o-o-o-&-o-o-o-o-&
Si dijera que esto se me ocurrió sola, mentiría. Historia dedicada a Cindy Rubattino, quien me dio el impulso.
&-o-o-o-o-&-o-o-o-o-&
Sueño Ajeno
Parte 2 de 3
&-o-o-o-o-&-o-o-o-o-&
Tras una noche de reflexiones, Enishi se dio cuenta de su mal proceder cuando por primera vez en años, vio la imagen de su hermana reprobando sus actos. Tal vez no era excusa que Kaoru lo seguía por voluntad propia. Tal vez sería tiempo de enmendar el camino, pero la noticia que le había dado Kaoru por la noche le daba un motivo para seguir escondiéndola.
La felicidad lo embargaba. Sería padre. ¡Sería padre! Su vida por fin tomaba un rumbo era maravilloso, no podía pedirle más.
Tras levantarse por la mañana, Enishi de inmediato puso agua a calentar. Canturreaba una canción que Tomoe le enseñó de niño y sintió a Kaoru moverse. Al volverse la vió tomándose la cabeza. Cuando ella se sentó en el futón y él fue a besarla, lo repelió de un manotazo.
-¡No me toques, Yukishiro!
Enishi se quedó helado. No se movió ni dijo nada. El pavor lo paralizó.
-Tú no eres mi esposo, ¿cierto?
-Ya... recordaste...
-¡Tú no eres mi esposo!. Mi esposo se llama Kenshin.- dijo con una voz que indicaba su grado de desesperación.
-Así es.- dijo cansado y sabiendo que la perdería. Tal vez esa era la situación que su hermana le anticipó con su expresión.- Tienes razón. ¿Acaso recuerdas...?
Kaoru estaba confundida y asustada. Se levantó, las lágrimas en sus ojos.
-No todo. Sólo recuerdo a Kenshin. El día que nos casamos... el día que lo conocí. Yo lo amé.
-¿Me recuerdas a mí?
La forma en que lo miró le indicó que si.
-Esta era tu venganza, ¡esta fue tu venganza, no! ¡Maldito!-
Se abalanzó sobre él sollozando y gimiendo de rabia. Enishi no hizo nada por defenderse. Habia terminado su sueño y la realidad lo estaba destrozando. La locura momentánea que experimentó por ella le hizo sentirse desnudo, como un hombre lleno de fallas que nunca aprendería, finalmente, a ser honesto o digno de amor. Recibió lo golpes en su pecho.
-Yo pertenezco a otro lugar, si me casé con Kenshin seguramente tengo una familia y no sabes cuánto te odio por lo que me has hecho.- acabó con un gemido y cayó al piso de rodillas, con el rostro desencajado.-No puedo creerlo, no puedo. Oh, Kami... no puedo creerlo.- dijo llorando.-Lo traicioné, a Kenshin... espero a tu hijo... ¡No sabes cuánto te odio!- Gritó con una fuerza que lo hirió.
Enishi quería decirle algo, algo que no necesariamente aminorara su falta, sino el dolor que ella sentía, pero nada acudía a su mente.
-¿Por qué me hiciste esto? Enishi... ¿no te das cuenta del daño que me hiciste?
-No fue una venganza. No fue un daño deliberado.- se animó a decir él. Iba a hablar sobre lo verdadero de sus sentimientos y los besos e intimidad que compartió con ella pero prefirió guardárselo.- Si quieres ir con Kenshin, podemos partir ahora mismo.
Aceptando su destino, Enishi intentó ser práctico. No quería quedarse paralizado en medio de esa tormenta y seguir con el desayuno le pareció una forma de recuperar algo de movimiento. Se obligó a dar la media vuelta y fue al espacio del fogón para hacer un poco de té. Sólo escuchaba el llanto de Kaoru a su espalda y le dolía más que cualquier otra cosa. Como si Tomoe volviera a morir frente a él.
-¿Cómo pretendes que vuelva donde Kenshin después de todo lo que ha pasado? No hay vuelta atrás para mí.- dijo la mujer. Enishi prestó atención y tras asegurar las cacerolas, se acercó a ella.
-Él entenderá que me aproveché de la situación. Ya lo verás. Y te aceptará.
Kaoru lo miró con el odio fulgurando en sus ojos.
-¡Tú eres mi enemigo!. No finjas que me tienes consideración en este momento... ¡si no la tuviste antes de mi! Todo este tiempo... ¡por Kami! ¡Han pasado semanas!
Desayunaron en silencio y recogieron sus cosas. Kaoru cayó en cuenta que no sabía donde estaba. Se sorprendió de saber que era China.
-Estamos a varios días desde donde podamos embarcar a Japón.- Le explicó Enishi.
Kaoru asintió moviendo un poco la cabeza. Él intuyó que se sentía aplastada y no era para menos. Había intimado con quien, tal vez, aún consideraba su enemigo, dependiendo de qué recordara. Se preguntó si había leído la carta que le envió hacía unos meses. Salieron de la cabaña y se dirigieron al puerto. Kaoru apenas le hablaba a Enishi, lo necesario cuando no entendía el idioma en el que alguien le hablaba, y evitaba tocarlo. Atras quedó la mujer cariñosa del día anterior, la niña mimosa que lo llenaba de besos, la joven que le decía a cada rato lo enamorada que se sentía.
Un cambio tan grande lo tenía desconcertado aunque entendía por qué sucedió. Enishi se preguntaba si ella había llegado a albergar algún sentimiento real por él o todo había sido una fantasía, un amor inventado por su mente por una necesidad de sentirse segura.
&-o-o-o-o-&-o-o-o-o-&
No era posible lo que le pasaba. No podía creer que le hubiera permitido acariciar su cuerpo y tomarla como si fuera su mujer. Simplemente no podía. Kaoru consideraba que estaba viviendo una horrible pesadilla de la que esperaba despertar en cualquier momento.
No recordaba mucho de Kenshin, sólo que lo asociaba al color rojizo y que había soñado con su mirada inusualmente violeta la noche anterior. De Enishi recordaba que tenían algo contra él, había historia muy fuerte por la que él venía a vengarse. Su sueño no le aportó mayores señales, pero recordaba el miedo que habia sentido por él en un momento.
Tras el desayuno le exigió a Enishi salir de la cabaña mientras ella se cambiaba de ropa. Lo odiaba... no recordaba haber odiado tanto a alguien en su vida... aunque objetivamente no recordaba nada. Pero estaba segura de lo odiaba con fuerza, con cada gramo de su ser. Encontró un trozo de tela entre sus cosas, asi que se ató el cabello en una coleta alta y puso la tela ahí. Salió con sus escasas pertenencias de la cabaña y casi podría jurar que Enishi quedó un momento en shock al verla, sin embargo, ella apartó la vista. No quería mirarlo. Nada. Se engañaría a sí misma y pensaría que la acompañaba otra persona cuando viajaran de regreso a dónde sea que tuvieran que ir.
Al llegar a un pequeño embarcadero, Enishi intentó contratar un bote para que los llevara pronto al puerto o los acercara lo más posible. Tras hacer un trato con un pescador, ayudó a Kaoru a subir a su transporte, pero ella no soportó el vaiven mientras se acomodaban y tuvo que salir de allí. Tras reponerse e intentarlo de nuevo, vomitó y siguió con náuseas.
Asqueada con la idea de llevar al hijo de su enemigo, se alejó del embarcadero.
-No puedo subirme a esa cosa. Me siento pésimo.-
Enishi suspiró, cansado.
-¿Entiendes que esa es la forma más directa de llegar a donde quieres ir?
-Si. Pero no me pienso subir de nuevo. Prefiero caminar.
Él la había mirado con una mezcla de emociones, pero ninguna era rabia. Lo que ella vio en sus ojos negros la conmovió al punto que por un instante, empatizó con él.
-Puedo intentarlo de nuevo. Vamos a embarcar. Tendré que acostumbrarme.
-No, no es necesario.- repuso.- Caminemos. En el próximo pueblo lo intentaremos de nuevo.
Caminaron al ritmo que marcó Kaoru y por la noche se alojaron en la casa de una familia que los recibió. Desde luego se presentaron como matrimonio y les asignaron un dormitorio que compartieron, pero Enishi durmió aparte, así también la siguiente noche. La próxima vez Kaoru se adelantó en decir que eran hermanos e igualmente les dieron un cuarto juntos.
Con la rabia ya en frío y haciéndose aún miles de preguntas, Kaoru miró a Enishi dormir en su rincón. A ella le costaba conciliar el sueño a pesar del cansancio de tanto caminar y su vista que iba y volvía por la oscuridad del cuarto siempre llegaba al sitio en que, iluminado por un poco de luz de luna, Enishi descansaba.
Él la confundía mucho. Es decir, ella no le hablaba y las pocas veces que lo hacía, si no había nadie cerca lo trataba muy mal y le reclamaba. Sin embargo él le mostraba una infinita paciencia y cuidaba de ella. La abrigaba antes de que empezara el viento y paraba cuando ella hacía algún gesto de cansancio. Podría decir que era justo que se sintiera culpable y la compensara por las cosas que le había hecho, pero se preguntaba si no había algo más.
Es decir... ella... lo miraba. Y mucho. Más de lo que se podía reconocer a sí misma, más de lo que su fuerza de voluntad la podía atajar. Él trataba de mantenerse cerca, de ayudarla y de tocarla y aunque ella le gruñía, de a poco le permitió acortar la distancia entre ellos. Ella sabía que había un hombre en algún lugar, pero este que conocía la había cuidado y había curado. La había estrechado entre sus brazos cuando tuvo miedo y la besó y le hizo el amor de una manera tal que ella se permitió pensar por algún instante, que dudaba que pudiera recordar un amante mejor.
Si quitaba la parte del engaño, Kaoru sólo conocía cosas buenas de él. Siempre gentil con Chyou, siempre paciente con ella. Cada vez que despertó lo encontró sentado leyendo cerca de su cama y la primera vez que durmieron juntos fue porque ella le rogó. Sobre lo poco que recordaba de su pasado, era todo muy confuso para ella como para dar un veredicto tajante. Después de todo, recordaba escenas pero no contexto.
Se acostó y cerró los ojos al darse cuenta que buscaba excusas para no odiarlo y se obligó a dejar de pensar en eso. Su mente la estaba traicionando sin duda, pero, antes de dormir, no pudo dejar de pensar en quién era Enishi en verdad. Y esa pregunta llegó a ser incluso más importante para ella que saber quién era Kaoru.
&-o-o-o-o-&-o-o-o-o-&
Durante unos días Kaoru se mantuvo hostil a Enishi, aunque no con la intensidad de los primeros días y a poco de llegar a su destino, tuvieron que alojar en un lugar donde estaban solos, otra cabaña. Cruzada de brazos, Kaoru entró sin mirarlo.
-Eres una rata. No sabes cómo te desprecio.- le dijo. No quiso tomar la cena que él le ofreció más tarde y se acostó dándole la espalda.
-Tienes que comer. Llevas mi... un hijo en tu vientre.
-No quiero nada que venga de tí. Y no es seguro que lo lleve, asi que no te ilusiones.- mintió.
-Kaoru, entiendo que me odias y me lo merezco, pero no te castigues a tí misma por eso, ni al niño.
-Piérdete.- dijo, y se sentó cabizbaja.
A juicio de Enishi, Kaoru había estado un poco rara el último día. Casi podía asegurar que ella le tomaba simpatia y eso le daba esperanzas, pero no podía dar nada por sentado. Cenó dándole la espalda, en silencio y dándole espacio mental, pero al terminar y volverse, notó que seguía sentada, tomándose la cabeza.
-¿Te sientes bien? Vamos, debes cenar. Por favor.- dijo gentil.
-Yo no soy así.- murmuró Kaoru, mirándolo.- Yo no soy así... ¿Enishi, qué me hiciste?
-¿Ehh? ¿Qué dices?
Enishi notó que Kaoru temblaba y se abrazaba a sí misma. Ella cerró los ojos, afectada.
-Abrázame.-le pidió con la voz ahogada.
Haciendo caso, con cuidado, Enishi la estrechó contra él. Kaoru se rindió.
-Me siento mal por enojarme contigo aunque te mereces todo lo peor por esto. Dime... por qué me siento así? ¿Acaso me embrujaste? De todas las personas... ¿Por qué tenía que suceder esto precisamente contigo?
-Yo no planeé nada de esto.
Abrigada entre sus brazos, contra su pecho, Kaoru tuvo esa conocida y satisfactoria sensación de que todo era seguro y todo estaría bien. Si Enishi fuera tan malvado, ella no podría sentirse a salvo con él, ¿o si? Suspiró y él le acarició la cabeza con su mentón. También suspiró y eso la conmovió. Un hombre tan grande como él, suspirando... debía sentir algo por ella.
Pero aún había temas que debía resolver, y que eran importantes para ella. Se separó un poco de él, sin ser soltada.
-Dime... ¿tengo hijos?
-Uno.- repuso él luego de algunos segundos.- Se llama Kenji. Sinceramente no sé si hay otro.-
La ira regresó a Kaoru al tomar el peso de esas palabras.
Dejar atrás a un hombre era una cosa, ¿pero un hijo? No recordaba absolutamente nada de él, salvo el nombre al caer que... asi quería llamar al hijo que esperaba. Era un desastre, un enorme y horrible desastre. Se soltó de él violentamente.
-Es decir, que tengo que regresar, ¿cierto? ¿No pensaste en mi hijo cuando te hiciste pasar por mi esposo, en lo solo que estaría? ¡Me necesita, pero qué pudo importarte!
-¡Maldición, Kaoru!- rugió Enishi sobrepasado.- No fue intencional. Pero te vi. Te vi en la playa y te rescaté, te llevé a mi casa y te escondí porque no sabía si te buscaban para hacerte daño y me enamoré de tí, ¡por un demonio!. Está bien, te mentí, pero fue para protegerte, el hombre que envié a Japón a investigar las circunstancias de tu accidente se demoró en regresar pero sabes, fuiste tan... absolutamente adorable conmigo que me enamoré. Si, Kaoru, me enamoraste con tus sonrisas y tus cariños... y no tenías derecho a hacerlo. Tú no puedes simplemente darle todo a quien nunca tuvo nada... porque nunca tuve nada y sólo quise saber qué se sentía cumplir el sueño de estar con alguien como tú.
Furioso, se levantó y se fue a la playa. Gritó, rugió, pateó la arena. Desde la puerta, Kaoru observaba su silueta. Asimiló las palabras que él le dijo y regresó a su futón. Enishi entró pocos minutos después.
-Puedes volver a tu vida perfecta, no lo voy a impedir.- digo agotado.-Le entregaré mi cabeza a Kenshin. Aquí se acaba todo para mí, pero sabes? No me arrepiento de nada. De nada de lo que hice. Sé que obré mal, pero aún con las culpas que sentí, en estos meses he sido más feliz que en ninguna otra época de mi vida. Y en esto no miento.
Se tendió en otro futón junto al de ella y le dio la espalda.
&-o-o-o-o-&-o-o-o-o-&
Chyou los recibió al dia siguiente en la casa. Estaba tan contenta de ver de nuevo a Kaoru que de inmediato corrió a preparar su cuarto. La joven mujer sólo quería bañarse y cambiarse de ropa antes de enfrentar el viaje de regreso a Japón, porque un barco salía por la tarde.
Enishi se veía cansado, y la anciana se preocupó por él.
-Ya sabe todo.- dijo mirándola a los ojos cuando ella le sirvió un té.- Al menos, lo que puede recordar. Ofrecí contarle lo que sé, pero dice que no confía en mí.-
-¿Ya sabe que es madre?-
-No solo eso. Espera un hijo mío.- dijo Enishi, sin poder evitar sonreír con eso. Chyou lo miró.
-Señor, usted sabe que cometió un error, aunque puedo entender por qué lo hizo. Pero usted sabía que la señora Kaoru es mujer ajena. Usted ni siquiera debió soñar con ella y tuvo que devolverla apenas ella se mejoró.
-Lo sé, lo sé. Kaoru es un sueño ajeno, Chyou, pero... la quiero más que a nada. Te aseguro que la amo más de lo que en algún momento la pudo querer Kenshin y... no sé. No quiero que se vaya pero entiendo que es lo correcto ir a dejarla.
-Así es, señor. Tiene que dejarla ir.
Un leve sonido hizo a los dos volverse hacia la puerta, donde Kaoru se encontraba con una bata. Los miró a ambos un momento y luego se decidió por la Enishi.
-Pregúntale a Chyou dónde están las toallas. No las encuentro.
Hecha la traducción para ambas partes, Kaoru se retiró a su baño. Enishi y Chyou se miraron, preguntándose cuánto habría escuchado ella sobre lo que hablaron. Tal vez nada.
&-o-o-o-o-&-o-o-o-o-&
Aseguró la puerta del que fue su dormitorio y buscó algo en el armario para ponerse. Encontró un kimono que claramente era más viejo y tenía remiendos pero estaba limpio, y sintió que con ese había llegado. Decidió usarlo.
Era curioso que recordaba la manera de hacer las cosas prácticas de su vida, como ponerse un kimono o peinarse con una coleta y adornarse con una cinta, o saber que el anillo que llevaba en el dedo anular era de matrimonio, sin embargo no recordaba a las personas o los hechos de su vida. A ratos era desesperante.
Por ejemplo, ahora sabía que había un niño llamado Kenji del que no sabía nada más, ni edad, ni aspecto, nada. Sabía que era su hijo, pero no sentía nada por él, le parecía que era como un chico del que había oído hablar, aunque sabía que tenía que ir a buscarlo porque era su niño. Al recordar a Kenshin y saber que era su esposo real, descubrió algo más. Aunque recordaba caras, en el caso de Kenshin no podía recordar la forma en que sentía hacía él. Sabía que lo había amado, pero no experimentaba nada ni medianamente parecido a lo que le pasaba con Enishi estando cerca de ella.
Tras anudarse el obi con una cinta roja, pensó en el hijo que venía en camino. Sería un desastre cuando le hablara a su esposo sobre eso, posiblemente su familia se rompería si Kenshin no lograba aceptarlo, porque ese niño viviría con ellos. Kaoru no permitiría que nadie apartara al bebé de su lado, ni menos lo repudiara. Él no tenía la culpa de que su madre se haya dejado embarazar por otro hombre. No tenía la culpa de tener una madre tan estúpida, pero al menos, sería una madre que lo cuidaría y no poermitiría que nadie lo hiciera sentir menos. Sea lo que fuere, hija o hijo, ella lo amaría con fuerzas, porque ya le amaba. Se sobaba la pancita por las noches y sonreía pensando en el amor que sentía por su bebé.
Se sentó en la cama y miró en rededor. Una cama, un velador, un sillón que sin duda Enishi había mandado a traer del estar y a su lado una mesita con algunos libros. Lo pudo ver, ahí sentado, cómodo y con las piernas cruzadas. Su cabello blanco le llamaba mucho la atención y pensó si su hijo heredaría esa característica.
Se abrazó a sí misma y sin poner los pies en la cama, dejó caer su cuerpo en ella. Casi pudo sentir cuando Enishi se acostó ahí por primera vez con ella porque tenía miedo.
Pero antes, algunos días antes... recordó lo que sintió cuando lo vió por primera vez con algo de conciencia. Le había gustado mucho como lucía, y después de eso, quedó encandilada con su forma de ser hacia ella. Ciertamente había llegado a quererlo. No, más que eso.
Ella lo quiso cuando no tenía memoria, y ahora, que algo tenía, no podía dejar de hacerlo.
Pero no. Debía luchar contra eso. Se levantó de la cama de un salto y salió se la habitación. Estaba lista para ir al puerto y Enishi se despidió de Chyou, prometiéndole regresar en una semana más y le pidió a Ah-Kum que los acompañara.
Caminaron tranquilamente, uno al lado del otro.
-Kaoru, quiero que sepas que si... por algún motivo encuentras algo que no te guste, puedes regresar a este lugar. Por favor, pon atención al viaje por si lo tienes que repetir de vuelta.
Ella no respondió y siguió andando.
-Si necesitas algo para el bebé más adelante, me puedes escribir. Puedo mandarte a Chyou para que te ayude con el embarazo y el nacimiento del bebé. Es muy importante para mi.
Soltando aire, Kaoru siguió andando. Al cabo de veinte minutos llegaron al puerto.
-Te acompañaré hasta Japón. De ahí en adelante, Ah-Kum te llevará a tu casa, porque queda lejos del puerto en el que atracarán. Posiblemente se demoren un día más.
En ese momento Kaoru se dignó a mirarlo.
-¿Por qué sólo hasta el puerto japonés?
Enishi se encogió de hombros.
-De todos modos lo recordarás. No puedo entrar a Japón. Hice algo hace unos años y puede que me arresten si alguien me reconoce. No voy preparado para ir. Si no hubieras insistido tanto en viajar hoy, me pude haber pintado el cabello negro. Ah-Kum es de confianza y te cuidará.
Kaoru asintió y miró al muchacho. Ah-Kum no era tan alto como Enishi, pero sin duda sería fornido. Le recordó a alguien, pero el nombre de esa persona no llegaba a su mente. Se sintió tentada a preguntar a Enishi si sabía algo, pero desistió.
Ya estaban llamando a abordar el barco y Kaoru fue a subir, pero sus piernas se negaron a moverse. Enishi lo notó.
-El viaje no es muy largo, pero sólo se puede hacer por barco. Kaoru, si quieres volver a casa...
-¡Déjame!- dijo ella, dándole un manotazo y caminando en dirección contraria. Se sentó por ahí y Enishi indicó a Ah-Kum que se mantuviera cerca. Él fue donde Kaoru pero ella no quiso hablarle.
Los minutos pasaron y ella se apretaba la panza con sus dos brazos. A Enishi se le ocurrió pensar que tal vez, por el naufragio, ella tuviera algún tipo de fobia a las embarcaciones y que por eso su cuerpo reaccionaba tan mal.
-Enishi...- dijo ella al cabo de un rato.
-¿Sí...?
-Quiero saber... ese tiempo de lugar en lugar... lo he pensado mucho, tú nunca compraste ningún barco, menos llegaste a algún acuerdo. Hemos estado huyendo, ¿verdad?
-Si.
-¿Por qué? ¿Alguien me busca? Mi esposo... Kenshin está en China?
-No lo sé.
-¿Entonces, por qué huíste conmigo?-
-Porque si él estaba aquí, podía encontrarte y llevarte con él y yo no quería eso. Quería estar contigo.
Kaoru cerró con fuerza los ojos. Sus palabras dolían.
-No te importa que yo sea ca...?
-No me importa.
-¿Y crees que Kenshin me busca?
- Estoy seguro que apenas toques suelo japonés él se enterará y se reunirá contigo.
Miraron a la gente ir y venir en el puerto. Escucharon a algunas gaviotas y de pronto todo quedó en calma. Se hizo un silencio tal que Enishi no pudo resistirse a mirarla. Se encontró con los ojos de Kaoru clavados en él.
-Si he de ser sincera... No quiero que me pongas en ningún barco. No quiero regresar.
-¿Qué?
-Solo... vamos a nuestra casa, con Chyou. No quiero ir a Japón. Quiero estar aquí, "esposo".
&-o-o-o-o-&-o-o-o-o-&
Despertar y sentir a Kaoru pegada a su costado hizo que Enishi se pellizcara para saber si era verdad o seguía soñando. La quería, nadie podía imaginarse cuánto la quería y esa sensación de que ella se entregaba a él sabiendo que era Kaoru Himura era más de lo que pudo pensar.
No se engañaba, sabía que la mirada reprobatoria de Chyou era un juego de niños al lado de todo lo que tendrían que enfrentar. A su entorno familiar en Tokio no le gustaría saber que estaba embarazada, la repudiarían si llegaban a vislumbrar que eran amantes, sin considerar las circunstancias en el caso de ella, porque sabía que a él lo odiarían de todas maneras y le daba lo mismo. También estaba Kenshin... aunque sinceramente, no le preocupaba tanto como antes.
Ah-Kum le informó la noche anterior que en efecto, el japonés pelirrojo había dado con la casa y se había tenido que marchar y que había regresado dos veces más mientras no estuvieron. Ya sabía que tenía a Kaoru.
-No estoy seguro de que haya regresado a Japón. Puede que siga merodeando por aquí. Venía con un muchacho de unos quince años que portaba una espada de madera. Yahiko, creo.- le dijo el muchacho.
Para Enishi, era cuestión de tiempo volver a ver a su cuñado, pero esta vez no escaparía. Acarició una mejilla de Kaoru. La tenía a ella. No necesitaba seguir escondiéndola porque por lo que la conocía, sabía que amaba con intensidad y eso le daba la seguridad de que, aún si se separasen, ella lo buscaría.
Se levantó con cuidado de no despertar a Kaoru y se acercó a la ventana. Había una bonita vista, asi que mandaría a hermosear aún más el jardín. Quería que Kaoru siempre pudiera ver cosas bellas desde ahí. También le pediría a Chyou que empezara a trasladar sus cosas a ese cuarto. Sobre la cama, era muy ancha asi que bien podía ser su lecho matrimonial y sobre la cuna, ¿dónde pondrían la cuna? Él no quería sacar su sillón, pero quedaba espacio.
Kaoru se movió y un haz de luz dio sobre su mano izquierda. El anillo de oro brilló, llamando su atención. Se desanimó ligeramente. ¿Para qué se hacía ilusiones? Aún pensando en vencer a Kenshin y a la sociedad, faltaba mucho en Kaoru que recordar sobre su vida. Sólo con recordar el nombre de Kenshin casi quiso matarlo en la cabaña. ¿Y cuándo supiera que él había sido también un asesino? ¿Un monstruo buscando venganza? Kenshin, si es que llegaba a recordar esa parte de su vida, lo hizo buscando un mundo mejor. Un tonto soldado idealista en medio de una guerra, pero él, Enishi, mató a una familia que lo acogió para heredar sus bienes, se involucró con la mafia e incluso financió el golpe de estado que quiso dar Makoto Shishio por el odio que sentía hacia Japón. Mandó a destruír el restaurante de su amiga Tae, a darle una paliza al señor Maekawa y otra al policía amigo de ella. ¿De qué forma podía contarle esas cosas sin que ella lo repudiara?
Si pudiera volver el tiempo atrás, haría todo diferente. Si la hubiera ido a dejar a Tokio como le indicó Chyou, posiblemente lo hubieran recibido como héroe y le hubieran permitido visitarla. Hubiera tomado más tiempo pero ahora, sabiendo lo afines que eran, podría haber tenido una posibilidad de conquistarla. En fin, lo hecho estaba hecho.
-¿Enishi?
-Hum?
Regresó a la cama. Kaoru se movió mimosa entre las sábanas.
-Buenos días.
Sonriendo, se prepararon para desayunar. Chyou, un poco más callada, les puso la mesa con todo lo que necesitarían y los dejó solos. Al terminar, Kaoru sintió nauseas, pero se las aguantó. Más tarde salieron a dar una pequeña vuelta.
Caminaban de regreso a su casa y viendo una oportunidad, Enishi le contó algunas de sus cosas y todo lo que hizo luego de lo que él mismo denominó, "una etapa de oscura locura" en su vida. Ella admiró sus esfuerzos, especialmente cuidar de Ah-Kun y Chyou, además de la rectitud de sus nuevos negocios. Era importante para él que ella se diera cuenta de que ahora era otra persona para cuando le revelara su verdad.
&-o-o-o-o-&-o-o-o-o-&
El ajetreo comenzaba temprano en Akabeko, cuando las personas pasaban a tomar desayuno camino al mercado, lo que obligaba a Tae a levantarse un poco más temprano para atender a su ahijado y alimentarlo adecuadamente, porque más tarde sus clientes no le dejaban mucho tiempo.
No podía decir que la presencia de Kenji le molestara, todo lo contrario, era un gusto cuidar de él. A veces hacía tonterías de niño, como ponerse a jugar con algunos ingredientes de la cocina, inutilizándolos, pero su cara inocente y sus ojos llenos de alegría acababan conquistando a todos y nadie lo podía regañar. Incluso uno de sus cocineros le había traído un pequeño traje parecido al que usaba él. En Akabeko todo el personal lo amaba y cuidaban de él. Especialmente Tsubame.
Esa mañana Tae se encontraba vistiendo al pequeño Kenji cuando Tsubame entró en el cuarto, seguida de Megumi. Tras mirarla con expresión de incredulidad, volvió su atención al pequeño.
-Te hacía en Aizú.
-Supe que Kaoru aún no aparece y quise venir a ver si podía ayudar en algo. ¿Cómo está Ken-san?
Kenji estiró sus manitos hacia Tsubame quien de inmediato lo cargó en sus brazos y le hizo unas muecas para que riera.
-Kenshin está bien. Al menos eso me pareció cuando estuvo aquí hace dos días. Se iba de regreso a China, porque sabe que Kaoru está allí. Dijo que no descansaría hasta traerla de vuelta y se llevó a Yahiko como apoyo, después de todo, ella es su mujer y lo más importante en su vida.- repuso mirandola con cierta intención. - Pero dime, querida, ¿qué haces aquí?-
Jugando con su largo y negro cabello, Megumi acabó de acomodarlo sobre los hombros.
-Genzai me dijo que viniera a revisar a Kenji porque había estado congestionado en estos días y él estaba ocupado.
-Kenji está muy bien. Su respiración es normal y se ve saludable. Come igual que siempre y sólo llora por su madre, pero a veces. Si Genzai quiere puede venir cuando tenga tiempo.
-De todos modos lo revisaré.- dijo la doctora con suavidad. Tae miró a Tsubame.
-Lleva al niño al comedor, preciosa, que es hora del desayuno.
-...Yuno...- dijo Kenji feliz.- Teno hambre.
-Yo te daré de comer algo muy rico.- dijo Tsubame feliz y dejó a las mujeres solas. Tae se alisó el delantal que traía sobre el kimono.
-Cuando Kaoru salió corriendo de aquí me dejó a su hijo y encargó que nadie lo tocara salvo yo y Tsubame, por eso lo cuidamos desde entonces y ni siquiera a Kenshin se lo he entregado.
-Pero... es importante que lo examine.
-Pues tú no tocarás al hijo de mi amiga y es mi última palabra.- dijo Tae molesta y saliendo del cuarto, puso su habitual sonrisa al encargarse del hijo de su amiga. Megumi salió tras ella luego de unos segundos y de ahí a la salida.
&-o-o-o-o-&-o-o-o-o-&
-¡Te odio!- gritó Kaoru, y una almohada voló a la cabeza de Enishi, que la esquivó con facilidad.
-Pero Kaoru... sé que no elegí las palabras correctas pero... si estás más... hem... llenita.
-¡Me dijiste gorda!
-No dije eso, sabes que no lo estás y aunque así fuera, tú eres hermosa para mí...
Kaoru hizo una mueca y él se apresuró a abrazarla por la cintura. Al principio ella se resistió pero al cuarto intento de él de besarla dejó su molestia de lado y le respondió con ansias.
-De todas formas te odio.- dijo cuando se separaron para que ella buscara sus pantuflas. Enishi suspiró y se terminó de abotonar la camisa con cuello estilo mao. Al salir del cuarto, Kaoru lo alcanzó y le tomó una mano. Él no la miró, y por seguridad, reprimió una risita.
Su caracter a veces le daba pelea al suyo, a modo de juego. Lo odiaba y lo amaba con locura con una facilidad que lo tenía fascinado y su relación comenzó a ser muy intensa cuando despertaron en Kaoru facetas de la personalidad que ella le mostró la primera vez que se vieron, muchos años atrás. Ella era muy divertida, tenía cada salida que lo mantenia intrigado preguntándose con qué le saldría la próxima vez que abriera la boca pero también era muy reflexiva y compasiva. Le preguntó a Enishi si Chyou podía comer con ellos.
-Ella piensa que te podía molestar que lo hiciera. Antes de tu llegada comía conmigo y Ah-Kum.
-Entonces dile también a él que coma con nosotros. Enishi, si ellos son importantes para tí, también serán mi familia y los amaré y respetaré como tú haces.
Chyou recibió la noticia con lágrimas en los ojos y aunque seguía desaprobando lo que pasaba entre la señora y el señor, no hizo más comentarios al respecto.
-Vamos a ver cómo van los avances de tu barco.- dijo ella entusiasmada cinco días después de regresar, con un vestido de moda china que él le regaló. Se veía muy guapa caminando de su lado y su barriguita apenas se asomaba. Enishi había decidido comprar en un astillero de la zona y comprobó satisfecho que los tiempos de entrega se cumplirían en los plazos y regresaron caminado por la playa, uno al lado del otro, tomados de las manos.
-Me parece que el capitán que quieres para tu barco es confiable, pero entiendo que él prefiere dedicarse a la pesca.- le dijo Kaoru.
-Si, pero cuando sopese las condiciones de trabajo que le ofrezco, versus las que ya tiene, vendrá a nosotros. Al final, será su decisión. Y hablando de eso... Kaoru, dime, ¿Te arrepientes de tu decisión? Has pensado sobre lo que te propuse de volver a Japón?
-¿Acaso ya te aburriste de mí?
-Soy muy feliz a tu lado, cariño. No podría dejarte ir, pero me temo que seas una mujer dividida y me duele saber que sufres.
-No es fácil dejar a un hijo pero tengo miedo de lo que pueda pasar si regreso y no pueda seguir contigo. Mis memorias no estan del todo completas, hay muchos vacíos, y sé que Kenji existe porque tú lo mencionaste. Sobre Kenshin, siento que fue un buen marido, pero hay algo... algo que no puedo precisar y me molesta.
Enishi le había hablado del inmenso amor que le tuvo el mejor espadachín de Japón porque ella se lo preguntó, omitiendo información nueva que manejaba, porque era algo que tenía que comprobar con sus propios ojos.
-No creo que vuelva con Kenshin, no me siento capaz luego de estar contigo. Sólo quiero disfrutar de esta vida nueva, sin embargo, la existencia de Kenji es en este momento, un peso en mi corazón. Sólo conozco su nombre, no tengo una imagen de él o el recuerdo de un sonido, por eso, cuando mi condición mejore y no me maree tanto, me gustaría volver a Japón para conocerlo. Chyou dice qu podría ser todavía en un mes más. Pero debes saber que si se abren las puertas de mi memoria antes de ese tiempo y los sentimientos salen de ella, tal vez ellos me impulsen a irme aunquen no soporte el vaivén del barco y querré que me acompañes. Como sea, te amo, aquí y ahora, esposo. Yukishiro Enishi.
Tomando sus manos, Enishi besó cada una. Luego la miró.
-Hay cosas de mi que necesito contarte, Kaoru. Cosas de mi pasado, de antes que decidiera ser un empresario, de antes que nos viéramos por primera vez. Cuando volvamos a casa, lo haré.
-Todos tenemos cosas en nuestro pasado de las que no queremos hablar. No lo hagas si no quieres. Yo respetaré tu silencio.- repuso ella y sintió algo al escucharse. Se prometió pensar en eso durante la noche.
Se detuvieron y se besaron. Una ola mojó sus pies y riendo, se alejaron de la orilla. Fue cuando la sombra de color rojiza apareció frente a ellos.
El odio puro salía de sus ojos en atemorizantes destellos dorados. Su cabello había perdido el brillo y sus ropas lucían deslavadas. La cicatriz en forma de cruz que marcaba su mejilla izquierda se vió más atemorizante que nunca.
Los había encontrado. Finalmente ajustarían cuentas, pero Enishi se encontraba desarmado. Sin posibilidad de ejecutar el Watojustu, que contrarrestaba la técnica de Kenshin, estaba perdido. Kaoru, mientras, paralizada contemplaba al que sabía era su esposo verdadero.
Kenshin desenvainó su katana. Kaoru al verlo, tuvo la sensación de que estaba más lento y torpe. Su derecha temblaba.
-Aléjate de Enishi, Kaoru... ¡Ahora!
Ella no quiso hacerlo y fue Enishi quien la empujó.
-¡No lo hagas, Kenshin, por favor, no lo hagas!
La mirada que le dirigió Kenshin, de pies a cabeza les bastó para saber que el romance estaba descubierto. El guerrero pelirrojo entonces dio vuelta su espada de filo inverso y caminó hacia Enishi.
-Te amo, Kaoru.- dijo antes de ver el destello.
&-o-o-o-o-&-o-o-o-o-&
Fin parte 2 de 3
Agosto 29, 2015
Notas de Autora:
Me sorprendió la recepción a este fanfic. Quedo muy agradecida de sus comentarios.
No tenía pensado alargar la historia y en efecto, solo completé algunas ideas, lo que dió para un capítulo extra, asi que no hay nada nuevo. Espero que se hayan entretenido porque el próximo episodio se viene denso.
Blankaoru.
