Bleach no me pertenece, es propiedad de Tite Kubo.
gracias por los reviews del shot anterior Pallomita-Hime(todas quisieran un terapeuta asi n.n), Sibreka (me encantó tu comentario XD me rei como loca después de leerlo)Carupin(gracias por tomarte el tiempo de leer el shot) Natsumivat (gracias, creo que hubo algunos errores ortograficos que no corregí pero me alegra que te haya gustado) y nelielle18 (lucy?)
No estoy en contra de Inoue (no la odio ni nada) solamente se me vino ella a la mente cuando escribía este shot XD y las personalidad contienen Ooc. aclaro que no todos los shots contendrán lemmon (se esconde) no se me da mucho escribir lemmon u.u pero se hace lo que se puede.
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Te he buscado por tanto tiempo,añorando tu presencia sumido en esta oscuridad mientras mi corazón es consumido por las sombras a las que he sido condenado todo por no poder corresponder a lo que sus bajos deseos me piden.
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One-Shot 2. Cielo sin luna y sombras de la noche.
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Estaba muerta.
"ayúdame"
Tras soltar aquellas últimas palabras al aire se había esfumado frente a sus ojos en tan solo unos instantes, si tan solo hubiese llegado a tiempo ahora la tendría entre sus fuertes brazos acurrucándola cada vez más cerca para sentir su calidez, sin embargo ahora era el vacío y la frialdad la que dominaba, un recordatorio de su grave error. Arrastrándose por el frio y húmedo suelo llegó hasta la orilla de ese empinado peñasco, aquel que poco a poco iba resquebrajándose más con el paso del tiempo, podría caer si realizaba un movimiento en falso y semejante caída era fatal, pero no le importaba, la vida a partir de ese momento ya no tenía sentido alguno pues lo que una vez anheló y protegió con tanto esmero había desaparecido dejando así su ser y su corazón en una profunda oscuridad, rompiéndose a cada segundo por el inmenso dolor del que era víctima.
—Te lo dije Kurosaki-kun, me desharía de cualquier obstáculo en mi camino— le hermosa mujer de sedosos cabellos naranjas se acercó a él para posar su fina mano en su hombro mientras ese hombre mantenía su posición de derrota y agonía en el suelo—ahora podremos estar verdaderamente juntos por toda la eternidad— "por toda una vida y más allá de ésta" eran los pensamientos de la mujer, tenía que conseguir a ese hombre a como diera lugar pues según ella estaban destinados a estar juntos ¿el destino o simplemente para saciar su insana obsesión? Nadie podía explicarlo con claridad.
Evitando el agarre, el hombre se apartó de ella como si su tacto emanara un millón de llamas y éstas le quemaran con solo tacarla. No podía soportar que un ser tan vil y asqueroso como aquel le pusiese una mano encima, sobre todo no después de lo que había hecho, eso era algo que jamás podría perdonar… la odiaba con todo su ser desde lo más profundo de su alma y a niveles insospechados, esta vida y la otra no le bastarían para ganar su perdón.
— ¿Por qué?— su voz sonaba bastante rota y temblorosa, la rabia estaba comenzando a apoderarse de él y era solo cuestión de tiempo para que arremetiera contra ella para arrojarla por aquel precipicio, la idea era bastante tentadora, darle el mismo destino que a su víctima—¡no tenias derecho ella no te hizo nada! Inoue ¿Por qué?—
Así que aun estando ella en las malditas profundidades de ese turbulento mar, permanecía arraigada en los pensamientos de ese hombre ¿acaso ella no era la única que usaba algún tipo de magia demoniaca? Si así fuese el caso entonces la solución era bastante fácil, usar un simple encantamiento y tener la voluntad de ese pelinaranja, someterle a sus más bajos deseos y caprichos, obligándolo a adorarla por toda la eternidad, tal como lo hacía con esa maldita aun después de haberla asesinado hacía unos minutos atrás.
—No lo entiendes Kurosaki-kun, ella no era más que un obstáculo entre nosotros, esa era la única manera de librarnos de ella, con su muerte ahora eres libre de su control, de ese maldito maleficio al que te condenó desde el día que llegó a este lugar—Inoue era una hermosa y voluptuosa mujer, con un toque de ingenuidad que la hacía bastante peligrosa, pero eso no era todo, ella no era una mujer cualquiera a la que se le podría engañar pues el hacerlo los costos eran elevados.
Ichigo Kurosaki, un hombre joven de extravagante cabellera anaranjada que hacia juego con sus increíbles y profundos ojos marrones, rasgos hermosos y masculina voz, el sueño de cualquier mujer que posara su mirada en él, pero para su desgracia fue exactamente lo que había pasado con Inoue. No podía negar que era realmente hermosa, cualquiera diría exactamente lo mismo, pero él no formaba parte de ese grupo exclusivo que seguía y adoraba a esa mujer, volviéndolos locos con solo regalarles una mirada, cayendo enamorados de ella, claro que no, eso no era natural y él sabía el por qué, ella era una bruja, una criatura de Satán que practicaba las artes oscuras condenando su alma a lo más profundo del averno.
—Entiéndelo tú Inoue, no te amo y jamás lo haré… no podrás hacer que cambie de idea por el simple hecho de matar a Rukia, al hacer eso te has ganado todo mi desprecio al arrebatarme lo más preciado que tenia y preferiría estar muerto antes de entregar mi alma a una sucia criatura como tú— con paso decidido se acercó a ella con la intención de empujarla por aquella pendiente y así poner fin a su insulsa existencia, pero todo lo contrario a lo que pensó, las cosas no salieron como él esperaba.
Su cuerpo no respondía a sus mandatos, inerte por algún tipo de atadura invisible, "indefenso" era la palabra adecuada para describir su situación tal como una presa frente a su depredador ¿Cómo había llegado a semejante situación? Ni él mismo lo sabia pero solo le reconfortaba que pronto pudiera reunirse con ella ¡pobre iluso!
—Estoy muy decepcionada de ti Kurosaki-kun, no podré perdonarte fácilmente esta vez ¿sabes? Debo castigarte de algún modo…— la pelinaranja asumió una pose pensativa mientras observaba a Ichigo luchando con todas sus fuerzas por liberarse de su prisión, siendo sus intentos un completo fracaso, pero de pronto una idea cruzó por su malévola cabeza ¡claro como no lo pensó antes! Si el chico no podía amarla como ella quería por amar a aquella otra mujer, entonces lo complacería, podría pensar en ella cuanto quisiera pero jamás se reunirían, nunca— bien esto será simple… pero seré piadosa contigo, tu castigo será no morir… te convertirás en aquello que reniegas con todas tus fuerzas, viviendo por toda la eternidad entre la delgada línea de la vida y la muerte condenado a permanecer entre los vivos y no morir, recordando así al amor perdido y añorando su presencia sin la posibilidad de reunirte con ella en la otra vida—
Las fuerzas comenzaron a abandonarle volviendo así su cuerpo en un objeto pesado, no podía distinguir con claridad lo que aquella criatura profería y solo los ojos de satisfacción le indicaban que no se trataba de nada bueno, nada que viniese de ella lo era. Sin poder tomar el control de su cuerpo se vio lo bastante cerca de la mujer mientras ella acercaba su rostro al suyo, los susurros eran cada vez más, palabras inentendibles brotaban de sus labios mientras que de su pronunciado escote sacaba un diminuto frasco y se bebía el dudoso contenido -o al menos eso era lo que aparentaba- Ichigo pudo sentir en sus propios labios un sabor por demás desagradable que poco a poco se adentraba más y más, tomándose aquel liquido espeso de los labios de la pelinaranja. Eso claramente no era un simple beso, estaba dándole de beber algo y por desgracia en esos momentos no podía hacer más que tragárselo en contra de su voluntad.
—Es una lástima que las cosas terminaran así, todo podría haber sido diferente si no te hubieses encaprichado con ella, dejándome a mí en el abandono, pero ahora tendrás mucho tiempo para reconsiderar eso y yo estaré esperándote— Inoue se limpió los labios, mirando de manera intensa al pelinaranja que era incapaz de reprocharle aquello—solo falta un pequeño detalle y espero no te lo tomes demasiado personal—sin mucho esfuerzo empujó al chico por el acantilado.
Estaba cayendo, el frío aire que golpeaba su rostro era una clara señal de su abrupta precipitación hacia el suelo -si es que había uno ahí abajo- con un sonido sordo golpeó la dura roca del fondo, cuarteando el suelo y levantando una nube de polvo. Sorprendentemente no podía sentir dolor alguno, abrió los ojos para darse cuenta que estaba vivo a pesar de las heridas y la sangre que brotaba de éstas ¿Cómo era posible aquello? Pero algo había cambiado, ya no se sentía el mismo que antes, a duras penas pudo levantar la mano solo para notar que las heridas comenzaban a cerrarse mientras una inmensa sed le pedía ser saciada por algo más que simple agua o vino… quería aquel liquido carmín, sangre. La debilidad comenzó a apoderarse de él para enseguida cerrar los ojos y caer en la oscuridad de la noche.
El tiempo perdió todo sentido, no sabía dónde estaba, ni cuanto permaneció en la inconsciencia. Poco a poco la vista comenzó a esclarecerse y pudo notar quien estaba con él, mirándola desde lo que parecia ser el suelo, casi como si estuviese recostado en algún lugar, Ichigo pudo notar que se trataba de Inoue quien le sonreía desde su posición, sin embargo después todo fue tornándose más tenue, la claridad fue reemplazada por las sombras, como si una puerta o cualquier otra cosa estuviese siendo cerrada tan lentamente disfrutando de cada segundo. Y así era, la mujer de anaranjada cabellera estaba realizando semejante acción, encerrando de una vez por todas en una caja fúnebre al hombre que había osado negarse en convertirse en su amante, disfrutando de la cara de confusión y terror de éste mientras era sumido en un profundo negro del que no podría escapar a menos que ella así lo quisiera. Podía estar ahí por años e incluso siglos, pero no importaba ya, ella le había dado el regalo más preciado que pudiese ofrecerle… la inmortalidad y eterna juventud, ella una bruja, había dado a un simple humano la característica de ser un muerto viviente, una criatura que vivía a las sombras, resguardándose en la oscuridad de su corazón y que se regocijaría con solo beber ese maravilloso elixir carmín, él ahora era una vampiro, una criatura de la noche y un subordinado mas de Satán, tal como lo era ella.
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Ciento noventa y ocho años después.
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Maldita lo hora en la que habían adquirido esa propiedad, cada rechinido del frio piso, con cada pared que se resquebrajaba hasta el punto de caerse en enormes trozos, esa tétrica apariencia que había adquirido con el paso del tiempo desde que quedó abandonada, era obvio que era la peor inversión que hubiese hecho no solo por el hecho de tener que utilizar mano de obra para restaurar la fachada y reforzar la estructura en sí, pues amenazaba con venirse abajo en cualquier momento. Pero eso no era lo mejor, claro que no, la propiedad contaba con un enorme jardín trasero que conectaba con el espeso bosque y este a su vez terminaba en un vertiginoso acantilado. El precio no fue un problema, al menos en ese entonces el dinero no era un aspecto importante como lo era en estos momentos, una vez invertido el capital todo se había venido abajo de un día para otro, ¿mala suerte, una pésima decisión, mala racha? No lo sabía con exactitud, las ventas eran un asco y el negocio familiar estaba por los suelos, ahogándolo más y más.
Byakuya Kuchiki un hombre considerado por la mayoría de las mujeres como atractivo a pesar de su edad, a sus casi cuarenta años de edad aun conservaba esa apariencia juvenil o mejor dicho, madura que lo hacía popular entre las mujeres del pueblo, por desgracia a él poco le importaba aquello pues en más de una ocasión había rechazado la oferta de innumerables mujeres que buscaban su compañía y el convertirse en "la señora Kuchiki", el luto formaba parte de él, venerando a su difunta esposa aun después de todo el tiempo que llevaba muerta. El único recuerdo que tenía de ella era su hija, la primera y única heredera de ese apellido y de lo que era la fortuna, aquella que ahora se encontraba reducida a una miseria.
Aquella muchacha si bien era la viva imagen de su madre, era aun más hermosa, rezongona con un carácter que en ocasiones ni su propio padre podía controlar del todo, pero la curiosidad permanecía dentro de ella, brillando en sus hermosos ojos cuyo color no eran lo bastante definidos para afirmar si eran azules como la noche o de un violeta profundo. Rukia solía salir por cuenta propia de aquella casa, explorar los alrededores le resultaba bastante tentador y excitante, no sabía qué era pero podía sentir que algo le faltaba a su vida ¿una buena aventura? Quién sabe.
Cierta noche aprovechando que su padre se encontraba dormido salió a dar un paseo por el jardín, la fría brisa acariciando su rostro era una sensación que le encantaba, poder sentirse libre de esas paredes era un privilegio que en contadas ocasiones podía darse y al ser esa una de ellas la aprovecharía al máximo. Caminó a través de éste, observando lo decadente de su aspecto, el pasto seco y muerto, cubierto por hojas de los arboles ya muertos, en esos días el sol no había hecho acto de presencia y lo que predominaba era esa incesante lluvia que en lugar de hacerle bien a aquel follaje parecía estar matándolos cada vez más, el suelo fangoso, raíces podridas por el exceso de agua, podía comparar la vista con un pequeño pantano, simplemente horrible y deprimente. Adentrándose un poco más y dejando los límites de la morada pudo notar algo bastante interesante, paró abruptamente sin poder creer lo que sus ojos veían, la brisa meció sus oscuros cabellos ¿Qué podría ser aquello? Otra casa quizás o tal vez un viejo almacén que habían pasado por alto, pero ese lugar ya no entraba dentro de los límites de la recientemente adquirida propiedad de su padre, eso solo quería decir que no les pertenecía.
Una voz dentro de su cabeza le gritaba que se retirara y no metiera las narices donde no debía, pero su innata curiosidad pudo más con ella, guiándola hacia el interior del sospechoso y abandonado lugar, parecía tan viejo como la casa en la que habitaba y tal vez lo fuera pero a comparación de aquella, ésta no estaba cayéndose a pedazos. Daba gracias que los rayos de la luna iluminasen para poder ver lo suficiente, aunque no era demasiado lo que podía percibir, en la penumbra pudo notar que no era ni una pequeña choza ni un almacén, el lugar en el que estaba era una sucia cripta ¿sería capaz de profanar un lugar como ese para saciar su curiosidad? Por supuesto que estaba dispuesta a hacerlo, pero antes de lograr su cometido algo la detuvo, una mano la tomaba por el hombro, un leve chillido salió de su boca al mismo tiempo que daba un respingo y se le erizaba la piel.
—Te dije claramente que te abstuvieras a salir a estas horas de la noche, no es propio de una señorita—Byakuya Kuchiki era el culpable del casi infarto de su primogénita, se había dado cuenta de la ausencia de su hija y alcanzó a seguirle el paso por ese maltrecho camino lodoso.
La más joven de los Kuchiki iba a rebatir pero con sólo ver la mirada seria de su padre optó por mantener la boca cerrada y acatar sus mandatos, ya tendría tiempo de regresar al día siguiente cuando él se marchase a su trabajo. Sin más la pelinegra se marchó del lugar de vuelta a su habitación en la que ahora era su casa, dejando a su padre aun en ese lugar.
¿Qué era lo que había llamado la atención de su hija en semejante lugar? Ciertamente él descubrió aquello mucho antes que ella pero jamás le dio la importancia debida, tenía otras cosas por las que preocuparse, pero ahora que lo pensaba detenidamente era un lugar bastante extraño para edificar una cripta, a no ser que… ¿podría ser que pertenecía al dueño de la casa? Por la ciudad corrían rumores de que éste había muerto de tristeza al saber que su primogénito se había suicidado arrojándose a un acantilado, "el acantilado" pensó Byakuya, cerca de ahí había uno ¿sería acaso ese el mismo en el que ese joven había perdido la vida? Tal vez debió averiguar más al momento de adquirir la propiedad. Debía comprobarlo de una vez por todas o no podría pegar el ojo en lo que restaba de la noche al hacer conjeturas acerca de todo eso, no perdía nada, solo echar un vistazo al nombre escrito ahí.
Pero grande fue su sorpresa al no encontrar ningún tipo de escritura en lo que parecía ser una lapida, ninguna fecha o nombre que le diera una pista de si pertenecía a alguien o si estaba vacía. Estaba por marcharse de ahí cuando escuchó unos ruidos extraños ¿gruñidos? No por supuesto que no lo eran ¿pero entonces que eran? Tampoco quería averiguarlo. Tal vez debería derribar aquel lúgubre lugar, con esa idea en mente retornó a su reciente morada y muy temprano haría las llamadas necesarias para lograr su objetivo.
…
Tres días habían pasado desde que su padre la había descubierto husmeando por la noche en aquella tétrica cripta, desde entonces la mantenía vigilada la mayor parte del tiempo por las empleadas de la casa, su fiel sirvienta Momo, una jovencita no más alta que ella y un poco mayor de lo que aparentaba, sus planes de regresar al lugar no dieron resultados pues Hisagui, uno de los empleados de su padre y el velador de la casa tenía órdenes exactas de Byakuya de no dejarla salir de los límites de la propiedad, aun cuando ella le sobornara con todo el licor que pudiera no logró convencerlo, por el momento se resignó a quedarse encerrada en esas cuatro paredes sin la posibilidad de salir a la ciudad, pues debido a la pequeña rivalidad de su padre con otros comerciantes eran incontables las veces en las que habían tratado de agredirla con la intención de perjudicar al noble.
Byakuya por su parte, después de unas cuantas llamadas y con los pocos recursos que aún le quedaban logró conseguir la maquinaria necesaria para derribar el descubrimiento del cual su hija se había encaprichado. Después de supervisar que todo estuviese en orden se retiró a sus aposentos con la intención de revisar de nueva cuenta los estados financieros de su capital.
Por su parte, aquellos que se encontraban en su labor de destrucción, grande fue su sorpresa al tratar de derribar esas solidas paredes, no sólo parecían de un concreto bastante sólido que se negaban a caer, sino que también en cada intento sonidos extraños salían de ahí. No se rindieron hasta lograrlo y fue entonces cuando las consecuencias de sus actos se hicieron presentes pues de la nada, al impactar con el concreto del que estaba formada la cripta la tapa de ésta salió disparada hacia uno de los trabajadores que de inmediato cayó muerto; un aura misteriosa se cernió casi de inmediato sobre ellos, sin poder siquiera verlo en la oscuridad de la tarde que daba paso a la más oscura noche de la que serian testigos. Uno por uno fueron desapareciendo y los gritos de desesperación se hacían presentes en la tranquila y silenciosa noche, de las profundidades de la tierra una oscura e imponente figura fue surgiendo, su única intención era aplacar esa sed que lo corroía desde adentro, clamando por saciar su instinto, el único susurro del que el viento era testigo fue "lo siento" salir de la boca de aquella criatura, se arrepentía por profanar aquellos cuerpos pero sin duda lo creía más como "un mal necesario".
Por fin era libre después de lo que parecía ser bastante tiempo, la confusión era lo único que podía sentir ¿en dónde estaba? Mirando a su alrededor pudo notar que por desgracia el lugar le era bastante conocido, aquel maldito lugar en el que sus anhelos fueron destruidos ya bastante tiempo atrás. ¿A dónde debía ir? No sabía con exactitud cuánto tiempo se había "ausentado" ¿su familia, qué había sucedido con ellos después de que fue borrada su existencia? No lo pensó dos veces cuando sus piernas lo llevaron por aquel sendero, al que era la propiedad de su padre, la magnífica edificación que con mucho esfuerzo había levantado para él y para sus hermanas. Una vez llegó ahí alcanzó a vislumbrar la decadente apariencia del lugar, todo lo que una vez fue, se convirtió solo en un vestigio al que el tiempo cobraba factura. El coraje invadió cada parte de su ser, esa maldita y profana criatura había llevado a la destrucción a su familia con el afán de cobrar venganza, a costa de ellos, si tan sólo pudiese tenerla frente a él no dudaría ni un instante en asesinarla de un solo movimiento.
—Es propiedad privada amigo— un hombre de cabellera oscura y marcas en el rostro se acercó para informarle, aquel tipo estaba en un evidente estado de embriaguez.
No iba a desaprovechar la presencia del hombre, obtendría un poco de información de ese pobre desgraciado, uno de las ventajas de ser una criatura de la noche era la de poder someter a su voluntad a cualquier ser vivo que quisiera -exceptuando claro a los de su especie y a otras similares a él- sin mayor esfuerzo logró atravesar los pensamientos del pelinegro, indagar en lo recóndito de sus recuerdos y hallar lo que necesitaba, y entonces lo vio, el hombre que al parecer respondía al nombre de Hisagui era el velador de la casa, una tradición que se remontaba años atrás, oficio heredado de su padre. Pero eso no era nada a comparación con lo que pudo saber luego, el dueño de la casa había muerto un siglo atrás de manera misteriosa y por ende la casa había quedado deshabitada y posteriormente fue puesta en venta debido a que resultaba demasiado cara entregarla a la comunidad; y ahora un acaudalado noble se había hecho con ella, invirtiendo casi todo su capital en la misma.
Debía ver y hablar con el nuevo dueño y reclamar lo que por derecho le pertenecía. Entonces le ordenó al sujeto llevarlo con el "dueño" de la casa, dicho y hecho en tan solo unos minutos él ya se encontraba frente a esa puerta del que solía ser el despacho de su padre. El aspecto de la casa le llenó de amargura, todo se había ido al infierno en esos años, la gloria y belleza que lo caracterizaba se esfumó desde hacía mucho tiempo. Unos tenues golpes fueron suficientes para captar la atención de quien se encontraba del otro lado, por cortesía tuvo que esperar el consentimiento para ingresar y así lo hizo, un sujeto de larga cabellera azabache se erguía bastante orgulloso frente a él, con una clara aura de confusión por su repentina visita, era más que obvio que no sabía de quien se trataba.
Byakuya Kuchiki no solía recibir vistas a tan altas horas de la noche y menos si éste era un completo desconocido, ciertamente no sabía si podría ser una especie de trampa de la competencia para hacerle algún daño, en esa pequeña ciudad la paz no duraba demasiado y todo se regía por el poder y la gloria que podías alcanzar, algo bastante banal a su parecer pero que no parecía molestar a los demás habitantes. Inspeccionó al recién llegado de los pies a la cabeza, vestimenta extraña pero elegante, metro ochenta de altura, penetrantes ojos y hermosos rasgos, cabello sumamente llamativo y con piel algo pálida que atribuía al frio de la noche. ¿Qué era lo que quería aquel sujeto para buscarlo a tan altas horas de la noche? Solo pudo atribuir aquello a una sola cosa.
—Ya les dije que no pienso vender el negocio o esta casa a los Ishida es mi última palabra así que ve y dile a esa mujer que desista— le dijo el pelinegro al extraño que aun permanecía cerca de la puerta contemplando todo desde ahí. En contadas ocasiones le habían ofrecido la misma oferta, la dueña de la comercializadora Ishida quería a como diese lugar sacarlo de la ciudad y despojarlo de cuanto tenia.
—Me temo señor que no sé de qué me habla, yo solo he venido para reclamar lo que me pertenece— con paso jovial se sentó en una de las finas y desgastadas sillas, tomando un semblante más relajado del que minutos atrás tenia. Byakuya no sabía a qué se refería con aquello ¿recuperar lo que le pertenecía? Que él supiera no tenía nada de ese tipo, es más, jamás en su vida le había visto.
—Si es otro truco de esa mujer le aseguro que no me quedaré de brazos cruzados, hemos aguantado lo suficiente todos sus desplates y el que la ciudad nos repudie, pero no permitiré que Ishida Orihime me quite lo que con tanto esfuerzo conseguí—
"Ishida Orihime" no podía ser la misma mujer que conoció tiempo atrás, la misma que le había condenado y la que lo había mantenido cautivo en aquella fría y asquerosa cripta por incontables lunas. La muy maldita aun seguía con vida, Satán aun no había reclamado su inmunda alma, pero al parecer no era solo a él al que le hacía la vida imposible, pues ahora estaba ensañándose con ese hombre de larga cabellera ¿con qué propósito, acaso también se había negado a uno de sus caprichos? Eso debía ser, el egoísmo de aquella mujer superaba los límites.
—Dígame señor, esa tal Orihime ¿es una bella mujer de larga cabellera naranja y ojos grises?—
—Así es, pero déjeme decirle que esa apariencia no es más que una fachada pues es una mujer a la que hay que tenerle cuidado, ha tratado de hundirme y de arrebatarme esta casa desde que la compré y créame que no estoy dispuesto a cedérsela— desde que llegó a aquella ciudad su vida y sus negocios fueron entorpecidos por semejante mujer, lucharía hasta el final con todos los recursos que tuviera a la mano, por él, por sus empleados y por su hija.
El hombre de cabellera naranja pareció pensarlo un poco, aquel hombre no era su enemigo, era otro pobre diablo que tuvo la desgracia de cruzarse en el camino de Orihime, sabía que era ella, aunque se hubiese cambiado el apellido, la descripción era la misma, fue entonces que una idea se cruzó por la cabeza, aliarse con ese hombre para así poder vengarse de ella, hundirla y de paso recuperar la casa de su padre, salvándola de la decadencia en la que había caído. Al exponerle sus ideas al pelinegro éste de inmediato le rechazó alegando que no podía arriesgarse de semejante manera en confiar en un completo desconocido.
—Mi nombre es Kurosaki Ichigo, heredero legitimo de Isshin Kurosaki dueño de esta casa—
— ¿Esta tomándome el pelo? El hijo de Kurosaki se suicidó hace mucho tiempo y por el destino que sufrió toda la familia puedo asegurarle que no existe ningún heredero—pero aun a pesar de esta afirmación el pelinaranja no se retractó tal como Byakuya esperaba, ni una muestra de nerviosismo o algo que le delatara que estaba mintiendo.
—Desafortunadamente esa no es la versión verdadera, verá… Orihime no es quien piensa que es, no es más que una criatura vil, fue ella la que asesinó a mi familia justo después de encerrarme a mí en aquella cripta que se encuentra no muy lejos de aquí en los límites de la propiedad—nada ganaba Ichigo con ocultarle su verdadera naturaleza al pelinegro, tarde o temprano lo sabría y era mejor dejarle las cosas en claro al que sería su nuevo socio; la cara de asombro de Byakuya era tal que no podía articular palabra—fue ella la que me convirtió en lo que soy ahora, una criatura de la noche y que se alimenta de la sangre de los humanos, mientras ella no es más que un ser sin alma, una bruja que ha permanecido entre los habitantes de esta pequeña ciudad, pasando desapercibida durante todos estos años—
¿Un qué? Tal vez no había escuchado con claridad, eso no podía ser cierto, esas criaturas no existían más que en los libros y en películas de ciencia ficción. Pero por otro lado viéndolo bien ese joven se parecía demasiado al del retrato que estaba en una de las habitaciones de la casa cuando recién la compro, la cual quitó y guardó en un lugar en especifico cuando su hija y los demás sirvientes se trasladaron a la casa. Entonces si lo que decía era real y no padecía enfermedad mental alguna, la casa le pertenecía y tanto él como su hija serian echados sin piedad, no podía permitir aquello, no ahora que todo se estaba hundiendo, era la oportunidad de derribar a esa mujer, teniendo al pelinaranja de su lado tal vez tuviese esa oportunidad. Tomó la decisión de aceptar su oferta, juntos se encargarían de Ishida Orihime, después de presentarse formalmente el pelinegro le explicó la situación a Ichigo, dejando claras unas cuantas condiciones, como él ya había comprado la casa se quedaría ahí cuanto quisiera, al menos la mitad le pertenecería, mientras Ichigo por su parte le dejó en claro que se haría cargo de lo que necesitara en mantenimiento, la fortuna que poseía se encontraba en un lugar de esa inmensa casa oculto en lo más profundo para evitar que ojos curiosos se lo arrebataran.
…
Una vez que le comunicó a todos los empleados del "nuevo inquilino" Byakuya Kuchiki se dispuso desayunar en compañía de su hija, quien aun no se hacía presente, a la pequeña Kuchiki le era bastante difícil levantarse por las mañanas debido a sus sesiones de estudio, estudiando hasta altas horas de la noche -eso si no se salía sin permiso a rondar por ahí- así que no le sorprendió su ausencia en la mesa. Pero en esa mañana una nueva presencia se hacía presente, inspeccionando el comedor y cada uno de los cubiertos, además de la comida que tenía en el plato.
—Creí que por tu condición no comías comida Kurosaki— le habló Byakuya con algo de incredulidad al pelinaranja quien empezaba a probar bocado, éste solamente se encogió de hombros restándole mayor importancia, el hecho de que ingiriera sangre no quería decir que su apetito no incluyera aquellos manjares que muy amablemente le habían servido—como sea, hoy saldré por unos asuntos de negocios, las cosas están empeorando y necesito arreglar unas cuantas cosas, dejo a tu disposición a los empleados para lo que necesites, solo no les hagas nada raro y espero que al regresar estén todos—ante todo la prevención, no quería tener que perder a alguno, contratar nuevo personal no sería nada fácil, la lealtad de ellos para con él era lo más importante.
Byakuya se disponía a comer algo cuando una persona llamó su atención, su hija ingresaba al comedor con los ojos aun adormilados y el cabello un tanto revuelto, se notaba que acababa de levantarse. Pero no fue el único que se fijó en la menuda figura de la jovencita, pues su invitado también lo había hecho, mucho más de lo que le hubiese gustado pues de inmediato abandonó su asiento para dirigirse hasta su hija con el rostro que denotaba extrema impresión ¿acaso nunca había visto a una joven levantarse con semejante pinta?
No podía creerlo, era ella, la mujer a la que no pudo salvar de la muerte, la que Inoue le había arrebatado de manera injusta la vida por el simple hecho de que él estaba enamorado de ella, su imagen seguía tal como lo recordaba, pero se veía más hermosa que entonces y la evidente confusión en el rostro de la mujer le indicaba que ella no lo recordaba. Según le había dicho Byakuya la noche anterior, habían pasado ciento noventa y ocho años desde su "muerte" eso quería decir que esta mujer era la reencarnación de su amada, pero reencarnación o no, él estaba prendado de ella -de nuevo- en esta ocasión se encargaría de hacer bien las cosas y de protegerla a toda costa de Inoue que podría ser que ya supiera de su existencia y estaba seguro que no dudaría en arrebatársela de su lado otra vez.
—Tu nombre—le dijo él mientras le tomaba de la mano y la ayudaba a tomar asiento.
—Me llamo Rukia Kuchiki, Byakuya Kuchiki es mi padre— no sabía por qué pero tenía la sensación de conocer al hombre frente a ella, el sonido de su voz y esos ojos que la miraban insistentemente y con un brillo especial ¿pero de donde había salido, algún conocido de su padre quizás?
Byakuya soltó un leve carraspeo en señal de advertencia para Kurosaki, definitivamente no, si iba a trabajar a su lado, pero no dejaría que él tuviera otras intenciones con su hija, al menos sabiendo lo que él era ¿Cómo respondería su hija ante semejante afirmación? Simplemente no permitiría algo como eso, pero ya se encargaría luego de dejarle las cosas en claro al pelinaranja. La mayor parte del desayuno Ichigo no le quitó la mirada de encima a la pelinegra que de vez en cuando le devolvía las miradas un tanto avergonzada, pero no podía negar que tenia cierto interés por él, no sólo era misterioso sino que su peculiar apariencia y manera de hablar se le hacían extraños, aunque Byakuya atribuyó aquello a que él era extranjero, sin embargo Rukia no se creyó aquello. Dejando a la pelinegra sola, ambos hombres se dirigieron al despacho para empezar con su coartada lo antes posible, el tiempo era valioso.
…
No podía negar que era bastante hermoso, el atardecer era impresionante desde aquella posición sobre el árbol, los lugares altos siempre le llamaron la atención. Momo no estaba con ella y Hisagui estaba con una de las sirvientas "divirtiéndose" quién sabe dónde, su padre había bajado a la ciudad para arreglar unos cuantos pendientes, la casa de un día para otro estaba siendo "remodelada" cada habitación de la misma estaba llena de gente que seguía las ordenes de su padre y del hombre de cabellera anaranjada quien dijo llamarse Ichigo Kurosaki, un pariente lejano de los verdaderos dueños de la propiedad, era raro conocer a uno de ellos puesto que los rumores populares decían que ningún miembro logró sobrevivir al incendio de esa noche en la que el hijo del dueño se quito la vida. Pero dejando todo eso de lado, la vista en esos momentos era maravillosa, los colores del cielo se mezclaban en tonos cálidos que poco a poco iban tornándose más oscuros y fríos, la noche estaba por llegar y con ella la oscuridad.
Unos ojos curiosos estaban observando la menuda figura que se encontraba sobre aquel árbol, perdida en sus pensamientos o recuerdos, no lo sabía con exactitud, pero quería averiguarlo. Durante el tiempo que estuvo en aquella oscuridad tuvo tiempo para pensar, en lo que hubiese sucedido si jamás la hubiera conocido, entonces fue que llegó a la conclusión de que ese mundo estaría vacio, y tal vez hubiese terminado cayendo ante las artimañas de Inoue, la simple idea le asqueó.
—Si sigues mirándome de esa manera le diré a mi padre, pervertido—la voz de Rukia lo sacó de sus cavilaciones, incluso su voz estaba igual, ¿era mucho pedir que sus sentimientos también se mantuvieran? Que sintiera el inmenso amor que le profesaba así como él lo hacía.
—Imaginaciones tuyas, sólo contemplaba el atardecer y el inminente anochecer que esta por caer sobre nosotros— le dijo él como si nada, conservando su semblante imperturbable aun cuando le habían descubierto por la joven.
—Eres extraño ¿sabías? Ya nadie utiliza esas palabras y no niegues que estabas mirándome, te vi Kurosaki—rezongó la joven aun desde ese árbol.
—Solo dime Ichigo Rukia, el que me llames por mi apellido me hace imaginarme que quien me habla es tu padre y no tú— poco a poco quería ganarse a esa mujer, empezaría con lo más sencillo, entablar la confianza necesaria entre ambos. La pelinegra se encogió de hombros restándole importancia al asunto, cosa que causó algo de gracia al pelinaranja.
Se mantuvieron hablando durante un buen rato, hasta que Hisagui pareció despertar de su intoxicación etílica y le hizo entrar a la casa para continuar con sus estudios. Así continuaron los días siguientes, hablando de cualquier cosa y peleando de vez en cuando cada que sus opiniones entraban en discordia, incluso Byakuya tuvo que soportar la aparente amistad que su hija entablaba con aquel sujeto ya que éste le había ayudado de sobremanera con sus negocios, gracias a su capital había conseguido sacar el negocio adelante dejando a Inoue unos pasos atrás, claro que eso no quería decir que estuviese oficialmente fuera de la jugada "todo a su tiempo" le repetía el pelinaranja; pero punto y aparte en esta situación aun le perturbaba el hecho de la cercanía de Rukia con él ¿Cómo reaccionaría ella cuando le contase la verdadera naturaleza de aquel hombre?
Ignorante a todo esto, Rukia sentía que cada vez podía confiar más en Ichigo aun a pesar de las deliberadas advertencias que su padre le daba de tanto en tanto. Incluso solo desde hacía unos días atrás que ambos comenzaron a salir de la residencia para pasear por algunas partes de la ciudad siempre ante la atenta mirada de los habitantes del lugar que no perdían el tiempo en susurrar todo tipo de cosas, cosas que por supuesto llegaron hasta oídos de ella, la causante de todo desde el primer momento. Inoue Orihime ahora conocida como Ishida Orihime, pudiese ser que el apellido hubiese cambiado pero ella aun seguía siendo la misma, por lo que al escuchar aquellos comentarios de los habitantes del pueblo no le agrado para nada, el ensañarse contra la familia Kuchiki no era por azares del destino, o tal vez si, era por el simple hecho de que en esa familia hubiese nacido ella, la razón de su odio ¿Cómo pudo ser posible que después de tanto tiempo aquella mujer que odiaba con toda su alma renaciera de nuevo en esa maldita familia? ¿Debió quedarse con su alma en ese entonces para evitar que eso pasara? Pues justo en esos momentos comenzaba a meditar en esa opción, cuando la vio por primera vez no pudo reprimir el inmenso odio que de nueva cuenta comenzó a formarse dentro de ella y desde entonces fue que se propuso destruir a esa familia sin importar quien estuviese en ella, empezaría arrebatándole la felicidad a través de aquellos a los que amaba, su madre fue la primera en pagar para después seguir con su padre, despojarlo de todo y dejarlo en la miseria así una vez que terminara con él le daría a ella el honor de ser la próxima, a su completo merced para disponer de su vida como mejor le pareciese.
Cierta noche, una de tantas en los últimos días, la pelinegra había aceptado la invitación de Ichigo aun con la reticencia de su padre en otorgarle el permiso, pero a fin de cuentas lo había logrado o al menos eso pensaba. Pero ese no era un simple paseo como los anteriores, claro que no, esa noche Ichigo le contaría a ella la verdad de su origen y de quien era ella para él, la mujer que en otro tiempo había amado y que aun a pesar de esos siglos lo seguía haciendo. Sin embargo las cosas nunca salían como uno las esperaba, pues justo cuando el pelinaranja iba a dar inicio con su confesión alguien lo interrumpió.
— ¡Oh pero mira a quien tenemos aquí!… Kurosaki-kun no sabía que habías regresado— la femenina voz habló con fingida inocencia saliendo de las sombras de los árboles, estaban en un parque y el sol ya se había ocultado por completo dejando solo una estela de destellos naranjas y las primeras estrellas aun naciendo en el cielo. Inoue se encontraba ahí por casualidad, pero cuando escuchó la voz de aquel hombre le pareció bastante conocido, sin mencionar el enterarse de la noticia del "accidente" de semanas atrás en el que unos trabajadores habían muerto de manera inexplicable en un lugar que ella conocía a la perfección y era a donde se dirigía en esos momentos, claro que toda duda quedó desechada después de ver con sus propios ojos al hombre.
Esa voz sin duda puso en alerta a Ichigo quien de inmediato llevó a Rukia tras él en clara señal de protección contra la mujer que tenia frente, no quería que lo que pasó tiempo atrás se repitiera, juró proteger a Rukia de Inoue a como diera lugar y así lo haría. Este gesto no pasó desapercibido para la mujer de grandes atributos quien de inmediato endureció la mirada, eso no podía estar pasando, Ichigo había despertado sin que ella se percatara de aquello y lo peor de todo era que se había reunido con ella, pero no importaba ya vería como solucionar ese pequeño percance.
—Eso es algo que a ti no te incumbe Inoue y te pido que te mantengas alejada de nosotros si no quieres que esto acabe muy mal— el pelinaranja no soportaba el tenerla en frente sin poder estrangularla, era claro que ella no se iría así como así, su insistente y descarada mirada se lo decía, bueno al menos las que ella le enviaba a él, pues en el caso de Rukia las cosas eran totalmente opuestas, el odio era el que relucía en aquella afilada mirada.
—Pero Kurosaki-kun necesito hablar contigo de algo, sobre nosotros… te he extrañado demasiado— al decir esto más que mirar a Ichigo, a quien parecía decirle esas palabras era a Rukia quien de inmediato volteó la mirada hacia un lado en clara señal de molestia. Una sonrisa descarada surcó el rostro de Inoue, estaba logrando enojar a esa chiquilla.
Adivinando las intenciones de la pelinaranja y sus deseos de "charlar" fue que decidió dejar de una vez las cartas sobre la mesa, pero antes al menos debía asegurarse que Rukia estuviera a salvo.
—Necesito que regreses a la casa de tu padre cuanto antes Rukia— no había vacilación en el tono de su voz, solo la orden explicita que enmascaraba la evidente preocupación por su integridad, claro que ese no fue el mensaje que la pelinegra captó ya que antes de darse la vuelta le miró con un deje de coraje en esos hermosos ojos azul-violeta y un simple y claro "haz lo que quieras" fue lo único que salió de sus labios, pero antes de que ella se alejara fue él quien la tomó de la mano—en verdad no es lo que piensas solo no quiero que algo te suceda, prometo decirte toda la verdad en cuanto regrese, pero ahora solo ve a casa y quédate ahí—le regaló una última mirada a la pelinegra y una suave caricia en la muñeca que sostenía con delicadeza, después de esto Rukia se fue del lugar dejándolos a ambos solos.
—Veo que no ha cambiado con el tiempo, sigue siendo una chiquilla insoportable, te lo digo Kurosaki-kun ella no es suficiente mujer como yo lo soy—decía Inoue mientras contemplaba con resentimiento el lugar por el que se había marchado la pelinegra, al mismo tiempo que se acercaba a Ichigo—nunca lo será, no podrá darte lo que yo, no es más que una débil y frágil humana cuya vida podría extinguirse en cualquier momento—sus manos comenzaban a subir por los brazos de Ichigo sintiendo cada fibra de su musculatura y la tensión de los mismos ante su toque, pero lejos de ser un toque placentero era más bien uno que solo le provocaba repudio.
—En algo tienes razón, ella no me dará lo que tú… sino mucho más al igual que yo a ella, entiéndelo no te amo y no habrá maleficio alguno que me haga amarte—alejó las pegajosas manos de la mujer de su cuerpo, ya comenzaba a crisparse por el desagradable toque—y de una vez te digo que te abstengas de intentar algo en su contra o tendrás que vértelas conmigo, desearas arder en las profundidades del infierno de donde no debiste de salir jamás maldita bruja— dejando una vez claro aquello el pelinaranja se dispuso a marcharse del lugar pues permanecer por más tiempo le hacía sentirse enfermo.
¿Acaso era una especie de reto? Ya verían quien cedería primero, de eso se encargaría ella, pero por lo pronto debía planear unas cuantas cosas.
…
Llevaba más de media hora sentada en su cama tratando de leer el mismo párrafo de esa pagina aun sin lograrlo ¿Qué le sucedía? Todo era culpa de esa descarada mujer, sin saber por qué guardaba un poco de resentimiento contra ella, bueno en realidad si sabía, era la mujer que ocasionaba todas las pérdidas de su padre en el negocio, pero eso no era lo único, sino desde el primer instante en el que la vio sintió florecer ese sentimiento de rechazo y miedo hacia su persona como si la verdadera razón estuviese muy en fondo sin poder ser revelada, tal vez solo eran imaginaciones suyas nada más, pero al ver la manera en la que la veía pudo notar que ese sentimiento era mutuo.
Y por otro lado estaba esa atrevida mirada que le enviaba a Ichigo, eso sin duda la enfureció aun más ¡era una completa descarada! Además el pelinaranja ni siquiera le había dicho que él y esa mujer se conocían y que al parecer tenían algo como "nosotros" -según ella- pero que más le daba ella no tenía por qué inmiscuirse en los asuntos de Ichigo él podía hacer lo que quisiera con quien sea. Soltando un suspiro de frustración arrojó el libro en algún rincón de su recamara y se tendió sobre su mullida cama ¿Quién era en realidad esa mujer? ¿E Ichigo? Y ¿Qué era esa verdad que el pelinaranja tenía que contarle? Su vida se había complicado desde que lo conoció esa mañana en el comedor.
El sonido de la puerta abriéndose le hizo incorporarse de la cama pensando que era su padre el que había ingresado a la habitación pero grata fue su sorpresa al percatarse que quien había ingresado era el propio pelinaranja quien de inmediato se abalanzó contra ella para atraparla en una especie de abrazo haciendo que ambos cayeran a la cama.
— ¡Ichigo!—chilló Rukia sin poder quitárselo de encima, era el doble de alto que ella y bastante más pesado. Pero él parecia no escucharla pues mantenía el rostro hundido en su vientre y rodeándola con los brazos firmemente impidiendo que se zafara, si su padre entrara y la encontrara en semejante posición no sabría lo que haría.
—Rukia—aun sin ver a Rukia a los ojos el pelinaranja siguió, debía decir todo lo que llevaba dentro después de todos esos años sin poder ver la luz y pensando que jamás volvería a verla—por favor perdóname… aquella vez no pude protegerte pero esta vez todo será diferente te lo juro—
— ¿De qué hablas? ¿Has estado bebiendo con Hisagui?—dejando ya de forcejear con él fue que comenzó a prestar atención a sus palabras ¿Por qué le pedía perdón y de qué ocasión le estaba hablando?—explícate Ichigo no estoy entendiendo nada de lo que me dices—
—No quiero perderte de nuevo, si algo te pasara no sé lo que haría— Ichigo despegó el rostro del cuerpo de Rukia para mirarla a los ojos y tomar valor para continuar, debía aprovechar que Byakuya no se encontraba—sólo escucha lo que te voy a decir hasta el final sin hacer una sola pregunta—Rukia asintió e Ichigo continuó—la primera vez que te vi no fue en comedor de esta casa sino mucho tiempo atrás—
— ¿Pero…?—la pregunta murió en su boca al ser callada por el dedo de Ichigo
—Te dije que escucharas sin rechistar… la verdad es que…—estaba dudando de cómo decir aquello ¿de que manera?—te conocí hace casi dos siglos cuando eras la institutriz de mis hermanas, mi padre fue el que trajo a esta casa y después de aquello nos fuimos conociendo y nos hicimos amigos pero yo… yo me enamoré de ti y a ella eso no le agradó, fue por mi imprudencia que ella, que esa maldita te asesinó esa noche aprovechando que yo no estaba, llegué demasiado tarde para impedir que lograra su cometido, de verdad no sabes cuánto lo lamento… lo he hecho durante todo este tiempo, pero cuando te vi otra vez la mañana en la que tu padre nos presentó… no sabes lo que fue para mí— el pelinaranja soltó todo tan rápido como pudo haciendo sus palabras apenas entendibles para Rukia y envolviéndola con más fuerza en otro abrazo, al tenerla de esa manera tal vez podría impedir que Inoue le hiciera algo ahora que sabía que de nuevo la había encontrado, una mezcla de sentimientos se instalaron en su pecho, la inmensa felicidad que sentía al saber a Rukia con él era opacado por la preocupación de su bienestar y el odio que profesaba hacia Inoue, esa mujer definitivamente no se quedaría de brazos cruzados, actuaria pronto de eso estaba seguro.
La pelinegra no estaba en mejores condiciones que Ichigo, esa inesperada noticia le cayó como un balde de agua helada, sonaba tan loco e imposible, sucumbir ante aquella absurda verdad era descabellado, o Ichigo estaba ebrio o sufría de alucinaciones y necesitaba ser internado de inmediato a algún sanatorio, pero las palabras parecían tan sinceras sin ápice de duda o burla en ellas y esa mirada que le estaba dando cuando decía cada una de ellas le gritaban que le creyera, que era la única e innegable verdad pero si lo hacía entonces eso quería decir que el hombre que tenia frente a ella en verdad la conocía de años pasados ¿pero cómo podía ser eso posible siquiera? Él le dijo que por casi dos siglos ¡dos malditos siglos!
Apartando de nuevo a Ichigo de ella y con una mirada de seriedad se aventuró a preguntar lo que comenzaba a carcomerle los pensamientos— ¿Cómo es eso posible? Has dicho que me conociste hace dos siglos y morí, entonces ¿por qué aun sigues con vida? ¿Por qué morí y quien fue la que me mató?—
—Es verdad, moriste esa noche, Inoue fue la que te llevó al borde del risco para que terminaras con tu vida—el solo volver a repasar esa escena le causó repulsión al pelinaranja.
— ¿Fui yo la que…? —eso no podía ser posible, ese acto era impensable para ella.
—Claro que no Rukia… fue Inoue la que te obligó a eso, ella no es realidad lo que aparenta, es una criatura del bajo mundo que ha caído en la corrupción de su alma sirviendo al más bajo ser de este mundo sacando beneficios de ello— era bastante fácil decir lo que era la pelinaranja, pero aun no sabía cómo decir lo que él era ni la reacción que Rukia tendría, después de eso tal vez Inoue no tendría necesidad de deshacerse de ella para evitar que estuviesen juntos, la sola idea le aterró.
"Inoue" ¿Quién demonios era esa persona a la que se refería Ichigo?— ¿quién es ella?—
—Ahora se hace llamar Ishida Orihime, pero su verdadero nombre es Inoue Orihime, la bruja que te asesinó hace dos siglos por el simple hecho de que yo te amaba— al fin reveló Ichigo apartándose ya de Rukia, sentándose a su lado al borde de la cama, miró el asombro en su cara, por supuesto que la conocía, era la misma mujer que le hacia mísera la vida a su padre.
Era por eso que jamás le cayó bien aquella mujer y al parecer ese sentimiento era mutuo, la rival de su padre y por la que casi toda la ciudad los tachaba de quien sabe qué cosas. Y no sólo eso, ¡era una maldita bruja! En todo el sentido de la palabra, un ser del bajo mundo y se había ensañado con ella sin mencionar que la había asesinado, una idea se le cruzó por la mente, si lo había hecho en el pasado nada le aseguraba que no lo hiciera en el presente, ciertamente las miradas que le daba cuando se la encontraba en algún lugar no eran las mejores del mundo y solo podían destilar ese irremediable odio hacia su persona. Al parecer ese odio no había disminuido por el paso del tiempo y la razón, solo por tener el amor del pelinaranja, de pronto esa idea le resultó increíble ¿Qué él la amaba? Pero la palabra clave era "amaba" en pasado, en ese entonces, pero y ¿ahora aun sentía lo mismo? La respuesta no tardó en llegar cuando sintió la mano de Ichigo sujetando la suya brindándole calor, mientras su otra mano la sujetaba de la barbilla para que le mirara directamente a los ojos y así lo hizo, sus miradas se conectaron y la distancia fue desapareciendo, los fríos labios de Ichigo pronto cubrieron los de Rukia en una cálido beso.
Tantas lunas en esa fría oscuridad anhelando por aquel contacto y por fin la tenia de nuevo a su lado, aun sin los recuerdos de su vida pasada parecía reconocer sus labios y sus suaves caricias pues respondía con fervor a éstos tal como lo había hecho tiempo atrás, reconociéndose una vez más, dos almas que por fin se reunían después de tanto tiempo separadas. Poco a poco el beso fue perdiendo intensidad hasta convertirse en una suave caricia apenas tangible mientras la distancia ganaba terreno de nuevo.
—No sabes cuánto te amo— mientras él no parecía demasiado afectado, era Rukia la que sufría las consecuencias de ese íntimo contacto, el primero en su vida, al menos en esa vida. Acariciándole el cabello su mirada se volvió más seria de lo normal, era ahora o nunca—pero eso no es todo Rukia, aquella noche no sólo te arrebató de mi lado, sino que también cobró parte de su venganza en mí, ¿sabes cómo he podido seguir vivo todo este tiempo? Es algo que ni siquiera puedes imaginar o entender, si me lo hubiesen dicho antes me habría reído en su cara pero esto es tan real como tú y yo— poco a poco volvió a acercarse a ella, tan cerca de su cara que creyó que la volvería a besar pero cuál fue su sorpresa cuando el pelinaranja se desvió de sus labios a su cuello; simplemente no podía evitar que ella le causara esa sensación, necesidad, por tenerla cerca, por decirle la verdad, por besarla, por probar de ella y embriagarse de su sabor, el sabor de su sangre.
La tensión en su cuerpo era palpable, la cercanía de Ichigo la ponía nerviosa, aun mas después del beso que habían compartido y de escuchar esas palabras abandonar su boca. Y al pensar que la volvería a besar para después tener su boca en su cuello, aspirando su aroma le hizo crisparse ¿Qué debía hacer? Lo que él le provocaba estaba sobrepasándola, las barreras estaban por caer.
—Detente por favor— medio chilló la pelinegra al sentir como la lengua de Ichigo le recorría el cuello, se llenó de vergüenza ante tal acción ¿Qué pretendía ese idiota? Estaba sobrepasando su espacio personal y para su desgracia no podía negar que aquello la estaba volviendo loca, lo apartó de ella y para su sorpresa él no dijo nada ni se resistió a sus intenciones, solamente se mantenía con la mirada hacia el suelo— ¿Qué te sucede?— no era ningún reproche, solo la exteriorización de su preocupación, algo estaba por venir y suponía que la respuesta no le agradaría demasiado.
—Después de decir esto… no creo poder separarme de ti aun cuando seas tú quien me lo pida, aunque estés en tu derecho ten por seguro que sería lo último que haría— se levantó de la cama y se paró frente a ella ante su atenta mirada, ella solo quería que se dejara de misterios y le dijera aquello que quería de una vez por todas—esa noche me convertí en una criatura igual a ella o aun peor, mejor dicho fue ella la que me hizo lo que soy ahora, una sucia criatura que se sirve de la sangre de los vivos para sobrevivir, desde que he despertado he hecho cosas terribles que no he podido evitar por más que quise… —
— ¿Qué es lo que eres Ichigo?—"criatura que se sirve de la sangre de los vivos" ¿podría estar refiriéndose a un vampiro? ¿Las brujas podían hacer eso? En los libros que ella leía jamás se mencionó algo semejante, todo se atribuía al efecto del veneno que esas criaturas vertían en los humanos— ¿eres un vampiro? Pero se supone que sólo un vampiro puede convertir a un humano en uno de ellos, no una bruja, es imposible—
Ichigo negó con la cabeza, lo suyo era más bien un maleficio, para una maldita bruja todo era posible. Tras explicarle los detalles a Rukia y todo lo sucedido en su vida pasada, la manera en la que se conocieron, los momentos que pasaron juntos así como lo sucedido en esa fatídica noche, la pelinegra vio al pelinaranja bastante abatido, no debía ser fácil para él lo que había vivido, ser convertido en eso tras rechazar a esa mujer, quien sorprendentemente se había encaprichado con él gracias a que fue el mismo Ichigo quien la había buscado en primer lugar, cuando aún era un adolescente le había llamado la atención y fue así que dieron inicio con aquello, pero al darse cuenta que en verdad no la amaba decidió cortar de una vez con ello, cosa que a Inoue no le pareció.
Rukia no podía reclamarle a él por ello, jamás se imaginó que las cosas terminarían de semejante manera, el destino se había torcido en alguna parte del camino arrastrándolos a todos ellos a un agujero del que parecia difícil salir más no imposible. Ahuecó su cara entre sus manos y lo instó a mirarla, sabía que él no era lo que en realidad aparentaba, era bastante extraño y misterioso en algunos aspectos de su personalidad, sin contar esa sensación de familiaridad al verlo la primera vez.
—Ichigo mírame, eres un idiota si en verdad crees que después de saber esto me alejare de ti, no importa lo que fuiste o lo que hiciste en el pasado, me importa lo que eres ahora—
—Un monstruo… eso es lo que soy, incluso tu padre lo sabe y es por ello que me limita el acceso a ti, me lo dejó muy en claro, nos unimos en un común acuerdo de hundir a Inoue pero me impuso como única condición el no acercarme a ti— una triste sonrisa asomó por sus labios sin siquiera llegar a tocar el otro extremo.
—No eres un monstruo ¡no puedes evitar ser lo que eres es tu naturaleza entiéndelo! Y no vuelvas a decir eso de ti o prometo golpearte, aun me sorprende que papá estuviese enterado y aun así permitiera que te quedaras en esta casa—
—No tenia opción ya que esta casa es mía, le perteneció a mi familia— dio un suspiro cansado mientras se revolvía el cabello, las palabras de Rukia de alguna manera le hicieron bien, era todo lo contrario a lo que esperaba de ella, que huyera lejos de él y le repudiara por lo que era, que le tuviera miedo, pero no, en vez de eso le decía que permanecería con él, era la misma Rukia que él recordaba.
No pudo resistirse a envolverla en sus brazos, pegándola cada vez más a él para sentir su cálido cuerpo acoplarse al suyo, podía permanecer así por toda la eternidad si era necesario y lo quería más que nada, que ese momento durara lo suficiente y no se esfumara en la brisa de la fría noche. Al bajar la mirada a sus ojos no pudo evitar perderse en éstos que pedían a gritos sin necesidad de soltar una sola palabra que la besara en ese instante, no lo pensó más y así lo hizo, inclinándose cada vez más, atraído por esos dulces y delicados labios que le regalaban el más dulce sabor que jamás hubiese imaginado, provocando el mismo frenesí que la sangre tenia sobre él pero a la vez tan diferente, envueltos en las penumbras de la oscura habitación continuaron con esa caricia a sus labios, recuperando el tiempo perdido, reconociéndose el uno al otro y reafirmando su amor entre esas cuatro paredes. Sabían que lo que vendría no sería fácil, aun con la amenaza de esa criatura sedienta de venganza y con el tiempo en contra, sin embargo eso no les impediría disfrutar de ese pequeño momento el preludio de lo que vendría, así en esa noche solo la oscuridad fue testigo de cómo sus almas se fundían convirtiéndose en una sola sin importar nada más, solo el amor que se profesaban, el que estaban dispuestos a defender a costa de quien fuese.
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Creo que el final quedó muy abierto... y la historia muy larga... pero si seguía con la historia me llevaría dos capítulos más u.u
Dudas, criticas, comentarios hagánmelas saber con un review... n.n hasta el proximo shot y saludos a todos los que leen estas historias!
