Tres días, tres miserables días. Ese fue el tiempo que la recluta Beckett tardó en estar harta de encontrarse encerrada en el campamento. Todo allí estaba cronometrado, cuando dormir, comer, beber, ir al aseso. Y todas aquellas normas, estaban haciendo que Kate desease escapar de aquella pesadilla.

Coger forma física, su forma física dejó de existir el mismo día que comenzaron sus problemas con la ley. Correr, saltar, hacer abdominales, volver a correr, hacer flexiones, volver a correr, sentadillas, flexiones, abdominales, vuelta a la carrera, saltar, correr, parar, respirar, y comenzar nuevamente.

Fácil, gritaba el sargento cada día, hasta una anciana lo haría. Ella se preguntaba si la anciana también lo tendría que hacer en un tiempo máximo determinado y además si también debería hacerlo con un equipo de combate con cinchas cargadas con 9,5 kilogramos y un rifle de asalto que pesa 4,5 kilogramos, con botas y uniforme de camuflaje. Claro que eso sólo ocurría en los días en los que al sargento le habían tocado los huevos (como él decía) el resto de días usaban su ropa de deportes.

Se preguntaba porque nunca había oído hablar de una cosa llamada fondos para tríceps. Según el sargento Ramirez la mejor forma de hacer un fondo para tríceps es dejar los pies colgando en una posición donde las manos se sitúen sobre unas barras paralelas, con una separación igual a la anchura de los hombros. Inclinándose ligeramente hacia delante, baje de forma controlada hasta que los puños estén a unos pocos centímetros de los hombros. Hacer más de veinte repeticiones era una buena marca según el sargento. Veinte, el milagro para ella era hacer tan solo dos.

Manteniendo la cabeza elevada y la espalda vertical, bajar controladamente de forma que los codos se doblen formando un ángulo de 90º, mantener la posición y empujar para volver al punto más alto. Fácil repetía Ramirez, y Kate se preguntaba para quién sería fácil ese ejercicio.

Tampoco había oído hablar del Burpee, y encima éste ejercicio tenía miles de variantes.

Tenía que comenzar de pie con las piernas separadas a la anchura de los hombros. Bajar el trasero y colocar las palmas de las manos en el suelo, con una separación igual a la anchura de los hombros. Mantener la cabeza erguida, la espalda recta y los glúteos prácticamente descansando sobre la parte trasera de los talones. Desde esta posición, lanzar las dos piernas hacia atrás hasta colocarse en la posición inicial para hacer fondos, y después hacer el movimiento inverso hasta volver a ponerse de pie. Repitir lo más rápidamente posible durante cierto número de repeticiones o cierta cantidad de tiempo, según el humor del sargento.

Y luego estaban las queridas variantes. Burpee con salto. Burpee con salto de longitud. Burpee con salto recogiendo las rodillas. Burpee con salto por encima de un obstáculo. Burpee con un brazo. Burpee con mancuerna. Burpee con fondos en suelo. Decididamente el tener que correr era la parte más fácil del entrenamiento. Y como bien repetía a diario el querido sargento, eso sólo era el inicio.

Necesitaba salir de allí o se terminaría volviendo loca.

Se despertó en mitad de la noche, bañada en sudor, con su corazón latiendo desbocado, faltándole el aire. Se giró sobre el colchón para esconder su cara en la almohada. Nuevamente tenía un ataque de ansiedad y como siempre fue provocado por un sueño.

El cuerpo de una mujer estaba tirado en un callejón, sin vida, con un gran charco de sangre bajo ella, los ojos abiertos carentes de vida. Kate se acercaba y al ver el rostro con claridad sentía como le faltaba el aire, como su mundo se desmoronaba bajo sus pies. Aquel cuerpo sin vida era el de su madre. Aquel sueño regresaba a ella, cada pocos días.

Aquella noche, tomó la decisión. Bajó de la litera con sumo cuidado, no podía despertar a su compañera. Tomó su pantalón de deporte, zapatillas y la sudadera y comenzó a caminar hacia la salida del barracón. El soldado de guardia estaba jugando con una consola, Kate se agachó y reptó por el suelo, evitando así ser vista. Llegó a la puerta, dio gracias al cielo, estaba abierta, seguramente el soldado había salido a fumar hace poco.

Una vez fuera, se puso la ropa, las zapatillas y corrió alejándose.

La valla de la pista de entreno, había observado cómo cerca de la zona de obstáculos estaba rota, podría pasar por el agujero. Estar unas horas fuera, sentirse libre. Eso era todo lo que necesitaba.

Miró su reloj, las horas habían pasado demasiado rápido, le quedaba menos de una hora para regresar al campamento antes de que descubrieran que había escapado. Mientras corría con todas sus fuerzas, se iba preguntando a cerca de porque regresaba. Podría haber escapado de esa condena, podría haber huido a México o Canadá y sin embargo continuaba corriendo para llegar antes del toque de corneta.

Levantó un poco la vista, justo delante suyo estaban unas zapatillas. Se quedó parada sin terminar de atravesar el agujero, pidiendo mentalmente que no fuese un instructor ni tan siquiera un soldado de guardia. Terminó de entrar al campamento y fue levantando poco a poco la vista. Soltó todo el aire que había estado reteniendo cuando comprobó que no era un instructor, ni un guardia, tan solo era un soldado que estaba fuera del barracón antes de su hora. Y que había decidido ir al campo de entrenamiento. Sonrió y saludó con un ligero movimiento de cabeza.

-¿Se puede saber de dónde vienes y quien coño eres? – En susurro, así es cómo el desconocido le estaba hablando. Kate se quedó enganchada de los ojos de él. Eran azules, un azul como nunca antes había visto.

-Soy Kate, Kate Beckett – Contestó tendiéndole la mano.

-Eres Kate, debo suponer que eres recluta, así que serás recluta Beckett – Decía él aceptando aquella mano- Y ahora que se tu nombre, me puedes contestar a algo más, ¿qué coño crees que haces?

-Tan solo salí a tomar el aire – Le contestó mirando la hora en su reloj – Joder, llegaré tarde. Y el cabrón del sargento seguro que me vuelve a poner un castigo.

-¿Cabrón del sargento? – Ella asintió- ¿Crees que esa es forma de referirte a un superior? – Le dijo con seriedad.

-Mira tío, no sé cuánto tiempo llevas en este campamento, pero no dejes que estos tipos te laven el cerebro. Si he dicho cabrón es porque eso es lo que es el tipo ese. Me importa una mierda si es mi superior, es un cabrón y punto – El extraño la miraba con dureza- Ni siquiera sé porque he regresado, he tenido la ocasión de largarme de aquí.

-Si tanto odias estar aquí, no entiendo porque te quedas – Le cortó él.

-Porque un juez imbécil creyó que era lo que me convenía así que no puedo salir de aquí – Él sonrió - ¿Dónde está la gracia? – Preguntó Kate de no muy buenas formas.

-Estás aquí porque la otra opción era la cárcel. Chica deberías estar agradecida, aquí al menos tienes un futuro – Ella soltó una carcajada.

-¿Agradecida? Venga ya, estoy rodeada de gente que cree que lo mejor para mí es que deje de pensar. Que me dicen cuando tengo que comer, cuando dormir o hasta cuando cagar. Gente que cree que izar una banderita es lo más – Él tensó su cuerpo- Esto es una puta mierda.

-Vaya. Así que esto es una puta mierda. Claro sería mucho mejor estar encerrada en una prisión, porque allí nadie te diría lo que tienes o no tienes que hacer – Le decía él con total ironía.

-Joder, si que te han lavado el cerebro – Le dijo Kate.

-Mire recluta Beckett, nadie me ha lavado el cerebro. Siempre quise ser soldado, igual que lo es mi padre y lo fue el padre de mi padre, y el padre del padre de mi padre. Entré en este amado cuerpo de marines, sabiendo a lo que venía. Puedo entender que a alguien que el estar aquí lo ha sido impuesto le cueste entenderlo. Pero no creo que sea necesario un ataque gratuito. Alguien sin valores como usted – Kate le miró con odio- no puede entender qué es o qué significa esta institución.

-¿Alguien sin valores? ¿Quién coño te crees que eres? ¿A caso me conoces para decir eso? Claro que tengo valores – Él la miró con escepticismo- Creo en la justicia, en la ley, en el respeto al prójimo, en la solidaridad, en la amistad, en la familiar – Los ojos de Kate se iban poniendo acuosos según hablaba.

-Si eso es cierto ¿por qué estás aquí? – Aquella chica estaba despertando su curiosidad.

-A ti qué coño te importa – Kate dio por concluida la conversación y comenzó a caminar.

-¡Recluta Beckett!- Kate se paró y se giró- Nadie le ha dado permiso para marcharse – Le miró alzando la ceja.

-¿Permiso? – Él se acercó hasta ella.

-Tendrá que acompañarme, su instructor debe saber dónde la he encontrado – Kate le miraba alucinada.

-Se supone que debe existir camaradería entre nosotros – Él asintió.

-Sí, pero no entre un recluta que se ha escapado del campamento y un Teniente del cuerpo – Kate le miró sorprendida – Teniente Richard Castle. Y ahora vayamos a informar a su instructor, aún no me ha dicho quién es.

-Teniente Castle, tiene que ser una broma – Él negó- Y no lo ha podido decir al principio, ha tenido que esperar a que yo dijese todas esas cosas. Y claro ahora las usará en mi contra y ese orangután de Ramirez tendrá algo más con lo que atacarme.

-¿Tu instructor es el sargento Ramirez? – Kate asintió. Rick se quedó callado varios segundos- Vale, guardaré silencio pero quiero algo a cambio – Kate le miró sin creerse lo que terminaba de escuchar- Yo te guardo el secreto si entrenas conmigo cada día. Piénsalo, un arresto o entreno extra, tú decides.

-¿Qué ganas tú con eso?

-Diversión – Kate no entendía nada- No debes entenderlo, tan solo debes escoger lo que creas que te convenga más.

-Acepto – Dijo Kate tras pensarlo. Haría lo que fuese con tal de no estar bajo arresto.

-Bien, diremos que salimos a correr antes de la hora de diana – Comenzó a caminar- venga Beckett, su instructor debe estar a punto de llegar al barracón – Kate le siguió son saber de qué iba todo eso.