Los personajes de esta historia NO me pertenecen. Son propiedad de Rumiko Takahashi

Tres días…eso había dicho antes de largarse. ¿Quién pensaba que era él?, ¿Un maldito juguete? Miserable… Gruño el Hanyou mientras cerraba su mano en un puño. Kagome estaba muy equivocada si pensaba que podía escapar de él. Se puso de pie con semblante de soberbia, y al momento que una media sonrisa se formaba en su rostro, dio un salto para aterrizar justo al interior del pozo y desaparecer en la penumbra de este.

Ya se encontraba nuevamente en aquel mundo desde el cual había aparecido Kagome dos años atrás. Aquel mundo que él no solía entender muy bien pero que para ella significaba un hogar. El aroma de la Miko llego a él. Si bien había cruzado decidido, no sabía aún como reaccionar, no quería seguir discutiendo con la chica, así que pensó que lo más prudente sería esperar un poco más antes de presentarse ante ella.

Se dispuso a salir del pozo y lo consiguió con un hábil movimiento. Rápidamente se subió a una de las ramas del árbol sagrado, ahí se dispondría a seguir esperando, al menos un rato a que la situación se calmara. Suspiró. No podía engañarse a sí mismo, detestaba que ese maldito lobo pusiera sus asquerosas garras sobre su...un momento. ¿Su qué?, agitó la cabeza hacía ambos lados, a la vez que sus mejillas se teñían de un leve color rojo. No podía dejarse dominar por esos pensamientos, a pesar de que un escalofrió recorriera su espina cada vez que imaginaba a Kagome al lado de ese Lobo.

— Maldita sea. —¿En qué demonios estoy pensando? Susurro indignado. Esa Kagome lo hacía sentir cosas extrañas que no debía. No le bastó mucho tiempo para reaccionar. ¿Desde cuándo él, un medio demonio poderoso, debía esconderse de una humana? No podía creerlo, él había ido para obtener unas disculpas, y las conseguiría.

— ¡AAHHH!— Se oyó un grito desde el interior de la casa — ¡Ayuda por favor! —

Un escalofrío recorrió su cuerpo al sentir a Kagome en peligro, en menos de cinco segundos se encontraba en la ventana de la chica, desenfundando su espada para destruir a quien fuera que hubiera osado tocar a la Miko.

— ¡Kagome! — Gritó al mismo tiempo que sus mejillas se teñían de rojo, haciendo juego con su Haori y sus ojos se abrían como platos.

Frente a él se encontraba Kagome. Vistiendo solamente unas pantaletas bastante pequeñas, y cubriendo su pecho con una cosa extraña a la que había oído nombrar como toalla en otras ocasiones. El pánico se apoderó de él al verse descubierto en aquella situación tan comprometedora.

— ¡AAAHH! — Gritó aún más fuerte Kagome intentando cubrirse del Hanyou

—¡Inuyasha, Osuwary! — Y en menos de un segundo, había vuelto al piso, aunque en cierto punto agradeció, de haber logrado ocultar su cara sonrojada producto de la vergüenza de ver a la Miko prácticamente desnuda.

Ya había transcurrido al menos una hora desde el accidente de la ventana, ninguno de los dos había querido decir nada. Menos después de que la madre de Kagome hubiera subido asustada a la habitación de su hija, encontrándola semi desnuda con el Hanyou con la cara incrustada en el piso del cuarto.

La Sra. Higurashi se encontraba de espaldas a la pareja, cocinando, atenta a su conversación aunque sin entrometerse. No había querido preguntar nada hasta el momento. Souta se encontraba jugando en el patio de la casa.

— ¡Feh! … —Exclamo un avergonzado peli plateado rompiendo el incomodo silencio —Ya te dije que no quería verte Kagome, fue un accidente. —

— ¿Entonces se puede saber qué diablos hacías en mi ventana mientras me cambiaba de ropa? — Interrogó la Miko mientras sostenía una taza de té en sus manos, que su madre les había preparado luego de lo ocurrido.

— Tú tienes la culpa por andar por tu casa gritando como loca — le dijo el Hanyou mientras la fulminaba con la mirada Quédate tranquila, no es como si me interesara verte Terminó la frase mientras giraba su cabeza en dirección contraria a la Miko, intentando fingir un desprecio que no sentía con tal de no ser descubierto.

— Pues eso espero, ya te estás pareciendo a Miroku — Le mencionó la Miko aún molesta.

Recordó en ese momento que al salir de la ducha y dirigirse a su habitación, le pareció ver una cucaracha meterse bajo su cama, eso fue lo que la hizo gritar de esa manera esperando que fuera su madre quien subiera a ayudarla y no precisamente el Hanyou, nunca pensó que estaría allí después de haberle pedido que se quedara en la otra época, era tan malditamente obstinado, y ahora la había visto desnuda, sentía mucha vergüenza con él y con su madre, quien había presenciado la escena sin decir una palabra.

— Kagome… —Gruño Inuyasha —Nos enfrentamos diariamente a Yökai y le temes a un pequeño bicho, eres una mujer débil — Sentencio el Hanyou con tono de superioridad

Ambos se quedaron mirando desafiantes, luego del comentario del Hanyou. No había nada que detestara más que ese idiota le dijera débil, ella no lo era, se había esforzado mucho por aprender diferentes técnicas y fortalecer su poder espiritual para que ahora le dijera eso.

— Se acabó, quiero que te vayas. ¡Ahora mismo! —Le grito la Miko, quien de un impulso se había puesto de pie y había golpeado la mesa con la mano haciendo que esta le doliera.

— ¡Estás loca si piensas que me iré de aquí solo! — Respondió Inuyasha haciendo un gesto de desprecio hacia ella

Hasta ese momento la Sra. Higurashi solamente había observado la situación, pero pensó que lo mejor sería intervenir para que las cosas se calmaran.

— Suficiente chicos, por favor dejen ya de pelear —Hablo con tono autoritario — Kagome lo que paso fue un accidente, es mejor que hagan las paces. —Hablaba mientras los miraba a ambos — yo iré a descansar, mañana con Souta y tu abuelo saldremos temprano Hija, nos ganamos hace un tiempo un viaje pagado a las aguas termales por una semana, es lo que quería decirte cuando llegaste. Sería buena idea que ambos vinieran para poder distraerse — finalizó brindándoles una sonrisa.

— Mamá gracias…pero…tengo que ponerme al corriente con mis estudios, Inuyasha volverá a su época y yo aprovechare para estudiar — Mencionó la Miko observando a su madre

El Hanyou hasta ese momento se había quedado mirándolas a ambas. Creyó que lo mejor sería no opinar respecto a ese tema. No había querido volver a pelear, pero es que la maldita de Kagome lo sacaba de sus casillas. De la nada el recuerdo de la Miko semi desnuda vino hasta su mente. Los nervios no demoraron en llegar, por ponerse a pensar en eso justo en ese momento, incluso con la madre de la Miko allí, ojala la tierra se hubiera abierto para tragárselo, maldita sea su mente traicionera.

— ¿Te pasa algo Inuyasha? — Preguntó Kagome quien lo había notado con un semblante un poco extraño, como si estuviera nervioso por algo —Estas actuando extraño —

— ¡No! — Respondió rápidamente el Hanyou tratando de calmar su mente para no ponerse en evidencia.

— Bueno, es mejor que subamos ¿no crees? — Suspiro la Miko, se encontraba algo cansada, no había sido un día fácil para ella. Solamente quería subir a descansar

Ordenó la silla que anteriormente había desordenado, tomo su taza y la dejo en el lavado, sintió una ambarina mirada sobre ella pero no quiso voltearse — Buenas noches mamá —Le dijo la muchacha a su madre quien le sonrió como respuesta. Por fin comenzó el camino hacia su habitación, notó como Inuyasha se había parado lentamente para seguirla, lo oyó dar las gracias.

Por un momento se sintió descubierto, cuando la muchacha le había preguntado, pero al menos no siguió insistiendo. ¿Qué le sucedía?, bueno en realidad lo sabía perfectamente, y es que las curvas de su acompañante no eran algo fácil de mirar sin que después te quedaras reviviéndolas en tus pensamientos. Mientras iba sumido en sus pensamientos la observo subiendo la escalera delante de él. Desde ahí tenía una muy buena visión de la parte trasera de la chica. Se sonrojo, y agito la cabeza. Maldita sea, tenía que dejar de pensar de esa manera.

Entró a la habitación, el hanyou venía detrás de ella, se acercó a su escritorio, volteándose para ver al peli plateado que la observaba como esperando que rompiera un incómodo silencio que se había formado entre ellos. Se apoyó en el escritorio, mientras el Hanyou ocupaba su lugar de siempre sobre la cama.

— ¿Y bien Inuyasha? — Susurro Kagome sin dejar de mirarlo

— ¿Ahora qué diablos quieres?— Le pregunto con fastidio el Hanyou, ya había sido suficiente por un día, no quería discutir más

— ¿Por qué actúas tan extraño? — Interrogó la Miko cruzándose de brazos y arqueando una ceja

— No actuó extraño Kagome, ya basta —Le respondió mirándola fijamente

— Bueno entonces dime, ¿por qué razón me seguiste cuando te dije explícitamente que te quedaras en tu época? — Consulto la Miko algo cabreada, recordando el momento en que el semi demonio había aparecido por la ventana viéndola desnuda.

—Porque así lo quise, déjame en paz — Gruño el Hanyou ¿Qué era ese interrogatorio? ¿Desde cuándo él tenía que dar explicaciones sobre el por qué de sus actos?

La Miko molesta por la frialdad del Hanyou movió la silla del escritorio y se sentó en ella dándole la espalda

— Eres imposible… — bufó la Miko

— Si tanto quieres hablar, ¿por qué no me dices que hacías dejándote besar por ese imbécil de Kouga?— Le dijo sin ni siquiera tratar de esconder el enojo en sus palabras, de solo recordar aquella escena le daban ganas de destruir a ese maldito lobo con sus propias garras.

— ¿Vas a seguir con eso Inuyasha?, ya pasó, olvídalo — Mascullo Kagome— Además no tengo porque darte explicaciones de nada — Sabía que aquella frase molestaría al Hanyou por lo que una leve sonrisa de formó en su rostro, a decir verdad, le gustaba ver que se pusiera celoso de ella.

Un movimiento de la silla la sorprendió, haciendo que contuviera la respiración. De la nada se encontraba mirando en dirección hacia su cama, con el rostro de Inuyasha prácticamente sobre el de ella, solo tenía acceso a unos dorados ojos que la miraban furiosos, podía sentir el aliento del Hanyou sobre su cara, notó como lentamente la cara del peli plateado se acercaba peligrosamente a ella hasta llegar a su oído.

— La próxima vez que ese maldito te toque, juro que lo mataré... — Susurro el Hanyou en su oído, aprovechando la poca distancia entre ellos para aspirar su aroma. Luego lentamente volvió a alejarse un poco mirándola directamente a los ojos, para brindarle seguridad a sus palabras, provocando un escalofrió que recorrió el cuerpo de la miko.

— Inu…yasha…— Mascullo la nerviosa chica en un susurro casi inaudible para el oído común, pero que él había escuchado perfectamente, mientras que casi sin querer sus ojos eran atraídos en dirección a la boca del Hanyou que estaba a escasos centímetros.

CONTINUARA.

Quiero agradecer a la gente que se ha dado el tiempo de seguir este Fic. Espero que les guste el capítulo , pronto lo continuare, espero sus comentarios.

Atte: Siliammr