¡Hola!, pues nada aquí pasando a actualizar, espero les guste este capítulo.
Y muchas gracias a quien me dejó el primer review para este fic:

Aiko Hime Aka

[espero te guste este capítulo jaja... x)]


Capítulo II. Bramidos

— ¿Por qué me habrá regalado esto? —preguntaba en voz baja Kagome, aunque sin esperar ninguna respuesta, ya que tanto ella como Rin estaban algo aturdidas por el gesto del demonio.

Pese a todo, aquello no le daba mala espina a Kagome, al contrario, le alegraba el sólo hecho de recibir un regalo así de parte de él. Momentos después llegó abruptamente el mitad bestia, husmeando como acostumbraba cada vez que se iba Sesshomaru de la aldea.

— ¡Feh!, hasta que se largó ese engreído… —decía aparentemente molesto, aunque claro, todos sabían bien que era simplemente su forma de ser. Inuyasha hasta llegó a pensar que ya no había rencores entre ellos dos, pero aquélla ocasión le dejó claro que estaba bastante lejos de la realidad, Sesshomaru lo veía con repulsión nuevamente, y no entendía por qué, hasta que logró sacarle la verdad. Y vaya que le sorprendió cuando el demonio se lo dijo, que era por haber manchado el nombre de su familia con semejante traición, Inuyasha creía que no había hecho nada malo, al contrario había ido detrás del que fue siempre su único amor. ¿Eso era un error entonces?

Una mueca de fastidio se formó en el rostro del mitad bestia al recordar la molesta sensación que aquélla plática le había causado, después de todo, él tenía la razón, no había hecho nada malo… incluso Kagome se lo había dicho, ¿por qué tendría que mentirle ella?

Y se dio cuenta entonces que ni Kagome ni Rin, le prestaban la más mínima atención ya que se encontraban con la mirada fija en algo que Kagome traía entre las manos, ¿qué era?, sin duda algo del fastidioso de Sesshomaru, puesto que aquélla tela apestaba obviamente a él, estuvo tentando a arrancarle aquélla cosa de las manos y aventarla lejos, pero como si Kagome hubiese adivinado su pensamiento, volteó a verlo con ojos asesinos, así que optó por abstenerse de provocar su propia muerte, aunque no entendía que podía ser tan interesante y peor aún viniendo de Sesshomaru.

— ¡Feh! —volvió a bufar nuevamente, quería que le prestaran atención, y más aún exigía una explicación a tanta atención hacia esa simple tela—, Kagome se puede saber ¿por qué te quedas viendo como una tonta esa tela? —dijo molesto, no entendía por qué pero simplemente le fastidiaba que estuviera con esa mirada boba y una mueca de sonrisa por una tonta tela, ¿serían celos?, ¡celos!, ¡claro que no!, que tontería, no había razón para sentir celos por una muchacha como Kagome.

— ¿Yo? —dijo sin terminar de comprender bien la pregunta que había hecho Inuyasha, y además tampoco le había puesto mucha atención que digamos—, ah es una tela muy bonita no lo crees —dijo sonriente al tiempo que levantaba su mano para que se pudiera apreciar mejor la tela.

— Es hermosa Señorita Kagome —decía Rin con una enorme sonrisa para después brincar de alegría—, podrá hacerse un vestido muy bonito ¿verdad? —dijo la niña ya imaginándose el vestido.

— Tienes razón Rin, seguro quedará algo muy bonito —sentenció Kagome con una sonrisa igual de grande que la de Rin, aunque sentía la mirada furibunda de Inuyasha no le dio importancia, no tenía porque ¿cierto?

Para fortuna de la chica, en ese momento llegó Kikyo saludando con esa mueca de sonrisa tan común en ella, diciéndole a Inuyasha que por qué tenía esa mala cara, mientras Inuyasha le decía que por nada, que simplemente el aroma de Sesshomaru le fastidiaba. Kikyo entonces volteó a ver la tela que traía Kagome entre las manos, e intentando disimular su asombro dijo:

— Vaya, es una tela muy hermosa y fina —acercándose un poco más—, ¿puedo tocarla? —preguntó a Kagome, quien sólo asintió—, creo que… si mal no recuerdo esta tela sólo se consigue al Norte, muy al Norte… ¿de dónde la sacaste?

— Se la regaló el Señor Sesshomaru —interrumpió Rin, para después seguir arrancando flores del suelo

— ¿Sesshomaru te la regaló? —dijo con claro asombró la sacerdotisa, recibiendo por respuesta un 'Sí' por parte de Kagome, quien ya se comenzaba a incomodar con tanto escrutinio por parte de esos dos.

Así que como pudo, al final logró alejarse de esos dos, y llegar a la cabaña de la anciana Kaede, donde dio gracias que ni siquiera ella estuviera ahí… No es que no le gustara la compañía de la anciana Kaede, era sólo que, necesitaba de su espacio, extrañaba su habitación, aquí simplemente no había privacidad alguna, cualquiera podía entrar así como así.

Había estado pensando en alejarse por un tiempo, ir a algún lugar y construir una pequeña cabaña, pero claro, lo primero que la detuvo fue que no sabía nada acerca de cómo construir cabañas y segundo, no tenía mucho dinero, el trabajo de las mujeres en esa época era muy mal pagado o a veces ni siquiera había paga, no obstante de ser una sacerdotisa, a veces te pagaban con comida o con oraciones, claro no es que las despreciara, pero un poco de dinero siempre venía bien.

Kagome suspiró una vez más, viendo entre sus manos esa hermosa tela, y a pesar de todo, había algo bueno para sonreír, Sesshomaru le había regalado eso, aunque al mismo tiempo la dejaba intrigada, no entendía para nada ese acto por parte del demonio. Pero de cualquier forma se puso manos a la obra para hacer un hermoso kimono o vestido o algo decente al menos, al terminar se dio cuenta que era bastante buena en eso.

— Podría ser modista —dijo con una sonrisa — jajaja… —se estaba riendo, algo que tenía tiempo no hacía sinceramente.

No se había percatado de la hora, ya era de noche y extrañamente la anciana Kaede aún no regresaba, se preguntó entonces dónde podría estar. No era propio de ella andar tan noche por los alrededores, puso su hermosa creación a un lado y salió dispuesta a averiguar dónde se encontraba la anciana Kaede, cuando alguien se interpuso en su camino, era Sango con una de sus niñas.

— Kagome, con que aquí estabas —dijo intentando dibujar una sonrisa en su rostro.

— ¿Qué ocurre Sango? —su propia voz se escuchaba mal, algo le decía que algo había pasado, ¿pero qué podía ser? — ¿Es la anciana Kaede?

— Sí… verás —dijo la exterminadora intentado reponerse de la anterior sorpresa que le dio Miroku—, la anciana Kaede fue encontrada… muerta, en una de las cuevas que están al este de la aldea, como no llegaba Kikyo dijo que iría a buscarla, pero ya sabes Inuyasha fue con ella también y al llegar ahí, la encontraron, estaba en medio de un círculo y en su estómago estaba marcada una forma extraña.

La voz de Sango se hacía lejana, ¿cómo podía haber pasado algo así?, no es que las personas no muriesen en esa época, pero simplemente lo que describía Sango sonaba demasiado macabro como para ser real.

Aquello le recordaba a las novelas de terror que de vez en vez le gustaba leer, aquéllos asesinos que andaban sueltos y con total impunidad, por las calles de alguna lejana ciudad; nada de eso cuadraba con la época feudal, había algo extraño, algo que no le daba buena espina, aunque claro, ¿desde cuando una muerte da buena espina?

Las lágrimas ya se habían secado en sus mejillas, al igual que Sango estaba estática sin saber qué hacer, a dónde debían ir, ¿habría un velorio? o simplemente la sepultura, ¿las sacerdotisas tenían que hacer algo en especial?, ya ni siquiera sus pensamientos eran coherentes, ni siquiera se había percatado en qué momento había llegado Miroku con sus otras dos hijas. También se veía afectado por la noticia, aunque claro, estaba claramente más calmado que Sango y Kagome juntas.

— Sango… Señorita Kagome —dijo con cautela el monje, para no asustar o alterarlas más de lo que ya estaban—, vamos, tenemos que ir al entierro de la anciana Kaede —y sin decir más se puso en pie ayudando a levantar a Sango quien se encontraba un poco más repuesta, en cambio Kagome estaba como ida en sus pensamientos, sin embargo se dio cuenta que debía levantarse e ir a algún lugar, a un entierro, de alguien, de ¿la anciana Kaede?, sí de ella.

Se escuchaba una flauta y algunos instrumentos que tocaban la marcha fúnebre, a la cabeza iba Inuyasha y Miroku cargando la camilla hecha de bambú, y encima de ésta iba el cuerpo de la anciana Kaede cubierto por una tela, que ya comenzaba a hincharse debido a la descomposición de su cuerpo.

Kagome se quedó viendo el cuerpo inerte de la anciana Kaede, aquella que le había enseñado cuanto pudo, y claro, le había dado cariño en esos momentos difíciles; ahora yacía ahí tumbada encima de esa camilla hinchándose por la putrefacción de su cuerpo, pero Kagome se repetía que era extraño, que algo así no podía estar pasando en tan poco tiempo, apenas ayer había desaparecido, no era posible que se estuviera descomponiendo tan rápido. Pero claro, en esos momentos algo así carecía de sentido, qué importaba, de todas formas ya estaba muerta.

Después de lo que parecieron horas, llegaron al panteón de la aldea, en el ya se encontraba la tumba donde permanecería el cuerpo de la anciana Kaede hasta desvanecerse y convertirse en tierra, lentamente fue bajando, mientras Kikyo decía algunas oraciones y derramaba lágrimas, una vez más había perdido a su hermana, sólo que esta vez era ella la que moría y no ella.

Terminaron de bajar el cuerpo, y palada a palada el cuerpo hinchado y sin vida de la anciana Kaede fue quedando cubierto de tierra, un viento frío soplaba en esa parte de la aldea, no había sonido alguno, ni el propio sonido de la tierra cayendo en la tumba se podía escuchar, ni las paladas de tierra, ni las oraciones de la sacerdotisa, ni el retumbar de la tierra apretándose al cuerpo de la anciana.

Y entonces, un chillido, un aullido, entre lamento y risas, un sonido que daba escalofríos se escuchó bramar alrededor, parecía que estaba a un lado suyo aquel ser que hacía ese sonido, pero no había nada, nadie, sólo el bramido, todos se quedaron mudos, qué había sido eso, de pronto un hedor a podrido comenzó a surgir de la tumba ya cubierta de la anciana, qué era, qué estaba pasando, todos callados sin saber qué hacer o qué decir, Inuyasha intentando escuchar algo más en vano, los niños llorando, y Kagome, ella… ella simplemente creía que estaba desquiciada.

•Nenny de Borrego•

17 · Julio · 2014