¡Y volví otra vez y súper rápido! xD

Bueno, estoy aprovechando que tengo tiempo el día de hoy y en vez de perder el tiempo, mejor decidí actualizar, jajaja. Aparte, me motiva mucho el buen recibimiento que le están dando a ésta historia y porque muchos esperaban que la volviera a subir :3.

Sé que estos dos capítulos no son tan… ¿"Emocionantes"? Pero tengan paciencia, ya verán que poco a poco llegará lo mejor y peor(?).

En fin, les dejo disfruta la lectura.

(¡!) Advertencia: Éste capítulo contiene escenas sexuales explícitas con un adulto y un menor de edad (SHOTA). Si te es molesto leer, puedes salteártelo.


/Tokyo, Japón. Martes 25 de Diciembre de 2007/

—Para pedirle ayuda a un simple niño debes estar muy desesperado, ¿no es así? —inquirió Law con un tono burlón y ligeramente sarcástico. Era increíble que para ser un niño tuviera expresiones de ese calibre.

Pero eso justamente fue lo que más le llamó la atención a Zoro.

—Tsk, cierra la boca, chiquillo idiota, da igual si me ayudas o no —replicó con el tono bastante molesto, pues de alguna manera ese tonito que el niño empleaba le tocaba la paciencia.

Al diablo con su curiosidad por ese niño, era mejor irse o terminaría perdiéndose más. Se dio la vuelta para seguir su camino o si era necesario tomar algún taxi para que dejara de dar vueltas como estúpido por la ciudad.

—Oí, si vas al parque Ueno, ese no es camino correcto —le llamó Law con la voz más suave, propia de un niño.

Zoro detuvo su andar y se volvió para volver a verlo, alzando un poco las cejas.

—Vas en dirección contraria, porque la estación JR Ueno está para allá —Law alzó su delgado brazo derecho para señalar detrás de sí mismo.

—Bien —sin embargo, Zoro no tenía mucha idea del camino, de alguna manera se sentía… ¿desconcertado?

—Parece ser que no me has entendido —aventuró con una sonrisa divertida y un poco arrogante, pero al ser sus facciones de un niño no se veían tan cabronas, sino adorables. Al menos para el peliverde.

—Cállate, puedo llegar solo, niño.

—No soy ningún niño —se quejó con la mirada fulminante.

— ¿Ah, no? Mírate, eres un enano a comparación mía —esta vez, Zoro fue quien se burló y le sonrió.

Y a Law se le disparó el pulso con esa sonrisa, aunque se sintió inquietante cuando notó que esa "alegría" no le llegó a los ojos.

—Que te den —al hablar hizo un mohín, molesto.

—Algún día crecerás, enano —Zoro enfatizó la última palabra por simple gusto.

En respuesta, Law casi termina golpeándolo con un puñetazo en la parte baja del peliverde, pero se detuvo cuando el celular del mencionado sonó.

— ¿Ace? —respondió Zoro, era curioso, porque no se apartó del ojigris para contestar la llamada— Sí, sí, ya voy para allá… ¡Qué no me perdí! —en ese momento, sus ojos se posaron en el niño moreno que tenía enfrente y le miraba de manera relajada— No es necesario que te diga donde estoy, ya voy para allá —suspiró y terminó la llamada—. Tú, enano, llévame hasta el parque Ueno —ordenó.

—Nadie me ordena cosas, idiota —respondió Law con un tono calmado, pero en su mirada se notaba la frialdad y lo mucho que le molestó eso.

—Tsk, no tengo tiempo para esto —zanjó Zoro y sujetó al menor del antebrazo para comenzar a caminar juntos.

— ¡¿Qué estás haciendo?! —Law pareció alarmarse un poco.

Pero con ese contacto entre sus cuerpos, una chispa electrizante les atacó a los dos que incluso los dejó atónitos. Más no por eso Zoro lo soltó.

—Necesito que me lleves por lo menos a la estación de tren para llegar al parque —repitió, esta vez de manera más amable.

— ¿Y qué ganaré a cambio?

— ¿Eh? —Zoro le miró con el ceño fruncido ligeramente— Ya veré que te doy, solo dime como llegar.

Law suspiró de manera incómoda, pero no se negó, aunque bien pudo hacerlo y salir corriendo, pues Monet y Vergo pasarían a recogerlo después de su chequeo en aquel hospital sobre la evolución de su cuerpo. Sin embargo, no sentía la necesidad de alejarse de ese adolescente gruñón.

—Vale, pero suéltame, qué se caminar solo.

Zoro sin decir nada, le soltó, todavía desconcertado por aquel golpe de adrenalina que sintió cuando le agarró.

— ¿Estamos muy lejos?

—No, solo cuatro cuadras más.

El ojigris, sin darse cuenta realmente, se pegó un poco más al caminar con Zoro, tanto como para guiarle como para que este no se perdiera entre las pocas personas que caminaban por ahí.

Y mientras caminaban, Zoro de vez en cuando miraba de reojo a aquel relajado y serio niño, ¿cuántos años tendría? Porque su complexión y facciones indicaban que sería un muchachito de no más de diez años, aunque parecía ser algo alto para la edad que tenía. Le sorprendía que no se mostrara temeroso al estar caminando con un extraño, porque cualquier niño comenzaría a llorar o asustarse por algo como eso.

Caminaron aproximadamente como quince minutos sin soltar palabra alguna y el silencio parecía que tampoco les incomodaba precisamente.

—Ya está, hemos llegado —avisó con las manos dentro de los bolsillos de su abrigo y levantó la cabeza para ver al peliverde.

—De acuerdo —Zoro miró como el tren estaba estacionado ahí, esperando que todos los pasajeros abordaran para llevarles a aquel lugar.

—Mi compensación —recordó Law con una ligera curvatura de labios.

—Puedo verte otro día y ya, pero hoy no tengo tiempo.

—Que mal se ve que un "nii-san" deje tirada las promesas que le hace a un niño —inquirió, acentuando un poco más su sonrisa.

—Maldito enano —bufó y le miró fijamente a los ojos grises, ignorando por completo aquella curiosidad que despertaba—. ¿Cuál es tu nombre?

Law optó una expresión seria y ladeó un poco el rostro. Si aquella situación fuera con otro desconocido, por ningún motivo dijera su nombre y prefería dejarlo ahí, pero con solo ver los ojos negros achocolatados del peliverde, simplemente no podía seguir su costumbre habitual.

Era como si estuviera desnudo ante ese chico.

—Trafalgar Law.

—Supongo que con tu nombre no bastará… —Zoro se rascó la nuca y miró de reojo el tren, contando los minutos y segundos— A ver —sin decir otra cosa, le sujetó de la mano y sacó un lapicero que siempre cargaba y anotó su número de celular en la pequeña palma de la mano del niño moreno—. Soy alguien que cumple lo que promete, así que ya tendrás tu compensación, pero hoy no —y sin más, se dio la vuelta para alejarse del niño y caminar rumbo al tren.

— ¡Espera! —Law tuvo que correr para alcanzarlo y cuando al fin lo hizo, le sujetó de la mano, provocando en ambos otro choque de electricidad— Es de mala educación pedir el nombre de alguien sin dar a conocer el propio —dijo como todo un sabelotodo, con la mirada persistente.

El peliverde le miró sorprendido del agarre que el niño le hizo, porque tenía bastante fuerza y le miró directamente a esos ojos grises.

—Roronoa Zoro.

Y el pequeño ojigris al escuchar ese nombre, sintió como si desde antes lo hubiese sabido.

Zoro no dijo nada más y se zafó del agarre que el pequeño le dio, así que abordó el tren sin volver a dirigirle una mirada, pues las prisas crecieron y no podía dejar plantados a sus dos amigos.


Parque Ueno

—Luffy, deja a esos pobres pájaros tranquilos —habló Ace con la expresión resignada, viendo como su hermanito corría a carcajadas, siguiendo a las aves que se paraban en el suelo de cemento de aquel lugar.

—Pero Ace, esas aves son bastante bonitas, shishishishi —repuso Luffy con una tremenda sonrisa, sin embargo, al ver a su hermano cerca suyo, se lanzó a abrazarlo con fuerza.

Qué bueno que el pecoso era una persona fuerte, sino, con ese intenso abrazo, ambos pelinegros hubiesen caído al suelo.

— ¿Por qué Zoro tarda tanto? —se preguntó Luffy en una impaciente queja.

—Seguramente se perdió —Ace suspiró y sonrió al imaginarse a su amigo perdido—. Pero ya le hablé y no creo que tarde, siempre se las ingenia para venir —aclaró para calmar a su hermanito.

—Ya llevamos esperando media hora —Luffy hizo un mohín.

—Mira, en lo que viene, ¿quieres que te compre alguna crepa caliente?

— ¡Sí! ¡Dulces, shishishi, qué rico!

—Bien, vamos entonces, en eso Zoro viene —dicho eso, sujetó a su hermanito de la muñeca para guiarlo a alguna tienda cercana al parque, intentando por todos los medios ignorar aquel sentimiento de calidez que le embargaba cada que tocaba esa fina y suave piel. Cálmate, Ace, no puedes pensar en estas cosas con tu hermano y menos ahora, pensó.

Aquel secreto era algo que ni siquiera se había animado a contarle a su mejor amigo, Zoro, por vergüenza y porque era algo "malo", ¿cómo podía estar enamorado de su hermano menor? Si bien sabía que no eran hijos del mismo padre, sí de la misma madre. Aunque no los conocían realmente, ¿por qué?

Bueno, la infancia de Luffy y Ace no fue una de las mejores, ambos solo sabían que un día despertaron en aquella mansión bajo las manos de ese hombre que no le recordaban el rostro. Y vivieron diez horribles años bajo su custodia. Años donde experimentaron con ellos utilizando drogas en su organismo, según para enseñarles como ser sumisos a la perfección con sus clientes; los estaban entrenando para cuando cumplieran dieciséis años. Aunque más que nada solo eran conejillos de indias.

Afortunadamente, la familia de Zoro, que eran policías, se encargaron de rescatarlos un viernes hace diez años, evitando que llegaran a sentir lo que era complacer a esos clientes, pero no se libraron de las consecuencias que su cuerpo experimentaría gracias a los experimentos a los que fueron sometidos. Pero eso era otro tema ahora.

Tanto Luffy y Ace eran huérfanos; no se tenía registro de sus familiares, lo cual era bastante extraño. Por ese mismo hecho, el abuelo Rayleigh no quería dejarlos en manos de alguna casa hogar, sobre todo porque aquellos hermanos D tenían que superar muchas cosas que vivieron en aquel encierro sexual y científico. Así que decidió adoptarlos y también tenerlos como sus trabajadores en su hogar, que era una mansión; Ace era chofer de la familia y no estudiaba, al contrario de Luffy. Este si estudiaba y en la tarde se encargaba de explorar la casa mientras limpiaba. Hacían ese trabajo con todo el agradecimiento posible y se desempeñaban lo mejor que podían, porque de verdad que se sentían muy felices con la oportunidad que Rayleigh les dio para vivir, aunque todavía tenían curiosidades sobre su familia.

Sin embargo, algún día, estaban seguros de que los encontrarían o sabrían que pasó con ellos.

Cuando por fin llegaron a una tienda de postres, Luffy corrió a donde estaba la cajera, para comenzar a pedir los dulces que su vista alcanzara (tenía un feroz apetito). Su hermano Ace le siguió mientras sonreía, enternecido con la actitud del otro, pero aquella sonrisa desapareció cuando al pasar su vista por el local, se encontró con ese rubio llamado Sanji, que era "pareja" de su amigo. Le fue imposible controlar la furia descomunal que sintió cuando lo vio besándose con esa arpía peli naranja que tenía como novia y prometida.

Ace sabía que ese rubio estaba y actuaba como un verdadero novio con esa chica porque le gustaba, pese a que Zoro le hubiese dicho que el compromiso que tenían era obligatorio. Sabía muy bien que aquel muchacho solo jugaba con su amigo y que su amigo de igual forma lo sabía, aunque no lo decía. Le molestaba a sobremanera que el peliverde se dejara llevar por ese amor que sentía hacía el rubio, más lo único que podía hacer era apoyarlo y no dejarlo solo, porque consejos ya le había dado, pero Zoro simplemente no los seguía. Estaba atrapado y a merced de Sanji.

De verdad que deseaba que su amigo pudiese liberarse de esa relación tan masoquista, porque estaba más que seguro que había algo mucho mejor para el peliverde.

—Luffy, vámonos ya —habló Ace con la voz calmada, acercándose al chico.

—Pero, Ace, pensé que comeríamos aquí la crepa —Luffy le miró confuso.

—No creo que de tiempo, además, Zoro está por venir —esta vez, Ace susurró cerca de los cabellos ajenos.

Luffy se estremeció al sentir el aliento de su hermano tan cerca, provocándole un cosquilleo que sabía no era normal sentirlo.

—Podemos decirle a Zoro que venga aquí.

—No, no podemos —Ace le miró de manera seria.

Entonces, el pelinegro menor frunció el ceño, sin embargo logró entender a lo que su hermano se refería cuando vio en el fondo, una mesa donde estaba Sanji. No estaba enterado bien de las cosas, pero sabía a la perfección que ese rubio lastimaba mucho a su amigo Zoro.

—Está bien —masculló Luffy, mirando otra vez a la cajera, volviendo a sonreír de manera deslumbrante.

El hermano pecoso ocultó la sorpresa de ver que su hermanito entendió la indirecta y eso solo significaba que Luffy había visto al rubio, porque de no ser así, no hubiese entendido.

Pero fue demasiado tarde.

— ¿Ace? —llamó Zoro, mientras ingresaba en el local, puesto que ya había llegado al parque y después de buscar con la mirada y no encontrar a ninguno de los hermanos D, fue fácil suponer que estarían en un lugar comiendo.

Maldición, pensó el aludido chico e intentó con todas sus fuerzas sonreírle a su amigo.

— ¡Zoro! —exclamó Luffy con la mirada iluminada y dejando plantada a la cajera (que le estaba entregando su pedido), se lanzó a abrazar al peliverde— ¡Al fin te veo, Zoro, shishishishi! Estás más grande.

—Luffy, tsk, pareces un mono —se quejó con el ceño fruncido, sintiéndose atacado por la manera tan efusiva de reaccionar de su amigo, pero sonrió y correspondió al abrazo—. Ya, ya, también te extrañe. Ahora, bájate —añadió un poco huraño, sin dejar su sonrisa.

—Oí, deja de atosigar a Zoro —intervino Ace sin poder ocultar sus risas al ver la reacción de su amigo, mientras cargaba con la bolsa de los postres que compraron—. Bueno, vámonos ya.

— ¡Comida! —volvió a exclamar Luffy y soltó al peliverde, arrebatándole la bolsa a su hermano.

Zoro y Ace suspiraron, ya rumbo a la salida. Y el segundo agradeció que su amigo no notara la presencia del rubio.

Empero la suerte no estaba de su lado hoy.

— ¿Esos no son tus amigos, Sanji-kun? —preguntó Nami y sonrió cuando reconoció a los "amigos" de su novio, por lo tanto, alzó una mano para saludarlos— ¡Chicos!

Tanto Sanji como Ace maldijeron por dentro; el primero porque no le gustaba sentirse atacado por los pelinegros amigos de su Zoro y el segundo porque sabía que su amigo sufriría.

— ¡Nami! —dijo Luffy con emoción, ignorando por completo el ambiente tenso y se acercó hasta la mentada chica para abrazarla.

—Hey, idiota, no te acerques tanto a mi Nami-swan —regañó Sanji y se puso en medio de su novia para evitar que el pelinegro manor le abrazara.

—Siempre tan exagerado, Ero-cook —replicó Zoro, quien venía acercándose con su amigo pecoso al lado.

—Luffy, respeta el espacio personal de las personas —comentó Ace y con aire protector sujetó a su hermanito de la mano, no sin antes dedicarle una mirada de advertencia al rubio.

—Marimo, es raro verte por estos lugares —comentó Sanji con normalidad mientras abrazaba de la cintura a su novia peli naranja en un gesto posesivo que sorprendió al peliverde.

—Está con nosotros —contestó Ace con frialdad, acercándose al mencionado chico, como si con su presencia le dijera que no estaba solo.

—Es bueno verlos y aprovecho para darles un abrazo de feliz navidad —dijo Nami con una sonrisa dulce.

El horror que esas palabras causaron en Ace se vio oculto, igual como lo hizo Zoro.

Nami se acercó primero al pelinegro menor y lo abrazó con suavidad, luego al pecoso y finalmente al peliverde. Este hizo uso de toda su voluntad para no hacer ningún gesto de rechazo y devolver el abrazo de manera corta.

—Eres tan dulce, mi Nami-swan, afortunado soy de estar con una dama tan genial como tú —parloteó Sanji con una sonrisa enamorada, abrazando a la chica y dejando un beso en la sien ajena.

Mientras Luffy comía sin preocupación alguna, una de sus crepas y cupcakes, Ace negó internamente y Zoro trataba de no escupir hiel por la boca ante el dolor en su corazón que esa escena le provocó. No entendía cómo podía fingir que estaba bien viendo como la persona que amaba estaba en brazos de otra persona. Sí que ese amor que sentía era completamente insano y destructor.

—Vale, no queremos interrumpir su romanticismo, así que nos vamos —Ace hizo un tremendo esfuerzo por no fulminar a la pareja y guardar compostura.

— ¿Tan pronto? Podemos merendar entre los cinco —sugirió Nami con amabilidad a la vez en que dejó un casto beso en la mejilla del rubio.

— ¿Con carne? —preguntó Luffy repentinamente interesado.

—No creo que sea posible, Zoro y nosotros íbamos a ver a nuestra familia; no podemos hacerlos esperar —se apresuró Ace a mentir, alborotando los cabellos de su hermanito.

—Será otro día —agregó Zoro totalmente inexpresivo.

—Qué lástima, yo quería pasar una buena tarde con ustedes —el tono que Sanji usó fue ligeramente insinuador, al menos para el peliverde, pues también le miró.

Zoro simplemente le miró de manera fría, aunque por dentro su corazón se hacía pedazos o más bien, los pedazos que ya eran, se removían, causando un tremendo dolor en su pecho.

—Nos vemos, chicos —se despidió Nami—. Otro día espero verlos —añadió y alzó la mano para agitarla, dedicándoles una sonrisa mientras los tres muchachos salían de la tienda.


Zona Residencial

Doflamingo estaba sentado en su cómodo sillón que estaba enfrente de la ventana de su mansión, la cual le daba una tremenda vista a las fueras de la ciudad.

Sonrió. En estos momentos, era uno de los hombres más conocidos, respetados y adinerados de la ciudad, ocultando así a la perfección el verdadero origen de su trabajo.

Tenía el cabello rubio cenizo y normalmente usaba pantalones ligeros de tela de colores azul con amarillo, una playera blanca de mangas largas y se cubría siempre con su característico abrigo de plumas rosas, como un flamenco. Además, ocultaba sus ojos en unas gafas de sol color púrpura que nunca se quitaba delante de nadie.

Para las buenas personas de Japón, era un empresario de bienes y raíces, que promovía casas hogares para los huérfanos, dándoles pensiones y apoyo moral. Sin embargo, en el bajo mundo, era conocido como Joker, un traficante de drogas afrodisiacas conocidas como "Akuma no Mi" así como también estaba metido en la trata de personas. Incluso tenía su propio burdel muy bien escondido, pero más que conocido por todos aquellos que deseaban satisfacer sus más bajos deseos.

En las casas hogares de las que era dueño, seleccionaba a los niños con buen físico para llevarlos a un lugar diferente, en donde los preparaban para saber complacer a los futuros clientes, pues estaba de más decir que ya tenían un nuevo trabajo ahí.

— ¿Todavía no llega Law? —preguntó con cierta inconformidad.

—No, joven amo, Vergo ha ido por él —respondió Monet, quien estaba desnuda, pues hace unos momentos una de las sesiones sexuales de su "amo" había acabado.

—Cuando vuelva, tráelo conmigo, que todavía no le he dado su regalo de Navidad, fufufu —Doflamingo sonrió de manera perversa.

Había tantas cosas que quería seguir probando con aquel chiquillo.

Law era su sobrino, cabe decir. Desde que vio lo bien que estaba creciendo, no dudo ni un minuto en arrebatárselo a su hermano Corazón, pese a todos los movimientos que hizo para que todo saliera como lo deseaba. Porque quería a ese niño de ojos grises, lo quería solo para él, sin importarle el hecho de ser su tío.

—Sí, joven amo —respondió Monet que ya estaba completamente vestida con su uniforme de ama de llaves y relucía a la perfección su cabellera verde.

— ¿Cómo van las cosas con la policía? —preguntó otra vez, mientras entrelazaba sus dedos sobre su regazo.

—Nadie sospecha nada e incluso el famoso espadachín y jefe de la policía, "Ojos de Halcón", ha pedido una cena con usted para celebrar su camaradería y reencuentro —informó con una sonrisa y mirada maliciosa.

—Perfecto —una sonrisa por demás perversa y sádica se extendió en el rostro de Doflamingo y después comenzó a reír claramente.

Monet al darse cuenta que su presencia ya no era necesitada en aquella habitación salió justo en el momento en que el pequeño ojigris estaba por entrar a la habitación.

—Law —saludó con una sonrisa maternal, pero falsa—. El joven amor te está esperando.

El ojigris la ignoró por completo y con arrogancia, ingresó a la habitación.

—Doffy —habló caminando hasta llegar a donde estaba sentado el hombre rubio.

— ¿Cómo estuvo la revisión de Caesar? —preguntó Doflamingo al mismo tiempo en que extendía los brazos al pequeño moreno para sentarlo en su regazo.

—Bien, él dice que estoy evolucionando como esperaban —contestó Law, mirando esperanzado al mayor, porque quería complacerlo en todo.

Para el niño de ojos grises, Doflamingo era un héroe personal o más bien, ese hombre se había encargado de quedar más que bien a los ojos del menor, engañándolo de la manera más vil. Y como agradecimiento por haberlo salvado, Law estaba a su merced y no se quejaba de nada, es más, incluso lo disfrutaba.

Le tenía un gran amor y respeto a su maestro.

—Supongo que es necesario que sigamos administrándote las drogas —meditó Doflamingo acariciando los cabellos negros del menor.

Si bien era un hombre sádico y desalmado, con Law se comportaba de manera cariñosa y paternal, obviamente para conservar las apariencias, aunque claro, de vez en cuando tenía sus ataques de locura. Pero estos eran perdonados por el menor ante su respeto.

—Es como tú quieras, Doffy —las manos de Law acariciaban el rostro del rubio mayor con calma—. Estaré a tu lado, así que yo quiero ayudarte.

Doflamingo sonrió ampliamente.

—No dejes de ir a los entrenamientos con Kid.

—No lo haré —Law se acercó con calma a los labios de su maestro, para besarle de manera casta.

—Fufufu, alguien está ansioso por su regalo de Navidad —supuso Doflamingo entre el beso, comenzando a arrancarle la ropa al menor.

Aquello podía ser visto de alguna manera enferma, pero tanto para los sirvientes de Joker, como para él mismo y Law, no importaba. Y eso que el rubio tenía treinta y cuatro años, triplicándole la edad al niño.

Mismo niño que a su corta edad, ya tenía grandes conocimientos sexuales y sabía cómo complacer a su maestro de la mejor manera; adentró su pequeña lengua en la boca del mayor para profundizar el beso en respuesta a las palabras que le dijeron mientras que se sentaba en la entrepierna ajena, estando ya solo con su bóxer. Comenzó a frotar sus delgadas caderas en el miembro del otro, que ya estaba despertando producto de la rápida excitación, la cual se debía a que hacía dos semanas no tenían esos encuentros.

Doflamingo comenzó a apretujar los glúteos del menor con fuerza, arrancándole a jirones la ropa interior, mezclando su saliva en esa boquita ajena.

—Déjame hacer esto, Doffy —murmuró con la mirada llena de fervor y deseo. Para ser un cuerpo pequeño y de niño, tenía en su interior una tremenda lujuria.

—Sorpréndeme, Law —sonrió mientras se relamió los labios.

El pequeño le miró de manera lasciva y arrogante a la vez que se bajaba del regazo ajeno para hincarse en el piso alfombrado; separó las piernas del mayor y desabrochó el pantalón impropio, sin detenerse hasta que liberó la gran erección. Se relamió los labios y metió la punta de ese pedazo de carne en sus finos y suaves labios, abriendo bastante su boca para poder lamer con descaro mientras que con ambas manos friccionaba la base caliente, dejando escurrir saliva de su boca.

La sonrisa amplia y lujuriosa de su maestro le indicó que estaba haciendo un buen trabajo, por lo tanto, dejándose llevar por la excitación que su cuerpo sentía, devoró un poco más de la erección, teniendo la mitad entre su boca, haciendo un vaivén suave, pero ejerciendo mucha presión.

—Mírame cuando me la chupes, Law —ordenó Doflamingo y con el dedo índice de su diestra, levantó del mentó la cara del menor, encontrándose con una imagen bastante erótica.

Como respuesta, el ojigris engulló más ese miembro tan caliente, aumentando parcialmente los vaivenes: al rubio era el único al que le aceptaba órdenes. Sin detenerse con la felación que le estaba haciendo, embarró su mano izquierda con el pre seminal del mayor para luego guiar esa misma mano a su entrada, comenzando a lubricarse y empezando a soltar gemidos suaves, pero ahogados.

—Estás aprendiendo muy bien —halagó con la voz ronca por el placer que ver al menor así le causaba, así como la humedad y calidez que destilaba de esa boquita.

No se arrepentía para nada el haberlo traído con él hace siete años.

El menor comenzó a sonrojarse cada vez, pues incluso en su piel de chocolate se percibía el rojo de sus mejillas mientras que sus ojos se cristalizaban un poco en el momento en que devoró por completo el miembro del rubio, provocándole horcadas, las cuales aguantó a la perfección, pues ya estaba acostumbrado. Ya tenía dos dedos metidos en su entrada, dilatándola lo más que podía, pues el pene de Doflamingo era bastante grande.

De repente, mientra en su mente y de la nada, la imagen del muchacho peliverde que conoció, apareció.

Roronoa-ya, pensó justo cuando el mayor vertía su semen en la boca de Law.


Ahora que lo pienso bien, creo que éste fanfic será casi tan sexoso como el de "Muérdeme para Siempre", jajaja.

Bueno, no sé qué tanto impacto les haya causado leer el lemon de Doffy y Law, yo no soy muy fanática de esa pareja, pero digamos que aquí su relación es necesaria y luego sabrán bien el por qué.

Me preguntaron por ahí si Zoro es el pasivo, así que déjenme decirles que no xD. A pesar de que esta como un perro masoquista con Sanji(?), él no es el pasivo por el simple hecho de que yo lo prefiero de activo x'DDDD.

¡Muchas gracias por sus comentarios anteriores, eh! ¡De verdad me hacen tan feliz, joder! ;u; Y estaré esperando sus próximas opiniones, así que, por favor, ¡no se priven de decirme qué piensan! :3

¡Nos vemos! ¡Besos!