Primero que nada: realmente lamento no haber podido publicar antes. Sólo diré que por motivos meramente técnicos debí mantener el fic varado.
Sin más excusas, qué lo disfruten :D
11: 15 a.m.
Casa de Vera Misham
- ¿Sucede algo? - nos preguntó Vera ciertamente alarmada pero curiosa tras dejarnos pasar a su sala.
- Esperamos no importunarte – dije al ver su ropa manchada de pintura. Seguramente estaba trabajando en algún encargo – Pero necesitamos hacerte algunas preguntas -
- ¿Unas preguntas...? - no sé si fue imaginación mía o no, pero sentí como si Vera estuviese nerviosa e intentara disimularlo – D-de acuerdo... Primero que nada, ¿puedo ofrecerles una taza de café? -
- Oh, no se preocupe mí. Así estoy bien – rechazó el fiscal Gavin rápidamente y de forma educada.
- ¿Y usted, Sr. Justice? – me pregunto al verme dudar.
- Eh... ¡No! También estoy bien así. Gracias –
Al igual que el fiscal, no pude evitar recordar el caso en el que supuestamente Vera había envenenado a su padre. Yo sabía de sobra que ella era inocente pero... ¡Agh! Esa moto me estaba poniendo paranoico.
- Entonces… ¿En qué puedo ayudarlos? – inquirió con su habitual timidez.
- Necesitamos que nos diga qué sabe sobre esto… – el fiscal Gavin le acercó una de las cartas.
Vera la tomó y, a mí parecer, la leyó demasiado rápido…
- ¿Por qué me muestra una carta de amor del Sr. Justice dirigida a usted, Sr. Gavin? -
- ¿Ca...carta de amor? - repetí incrédulo por lo que acaba de escuchar, en cambio, el fiscal Gavin comenzó a reírse - ¿Cómo que ''carta de amor''? ¡¿De qué hablas? -
- Hablo de esto – Vera, prácticamente de la nada, sacó su cuaderno de dibujo. Hizo unos cuántos trazos rápidos y nos mostró el dibujo de un corazón con una flecha atravesada.
¿Acaso Vera insinuaba que el fiscal Gavin y yo...? No entiendo a las mujeres y su extraña afición a los homosexuales.
- No creo que ese sea el caso de hoy, Srta. Misham – dijo el fiscal luego de que se le calmara la risa...- Sucede que existe otra carta de mí para Sr. Justice, lo raro es que ninguno de nosotros las hemos escritos – hizo una pausa corta, quizás esperando a que Vera intentara defenderse, pero ésta lo continuó mirándolo atenta - ¿Entiende a dónde quiero llegar? -
Vera cambió de hoja en su cuaderno y dibujó un signo de interrogación con crayón negro.
- ¡Tú escribiste las cartas! - solté de pronto. Quería llegar al fondo del asunto y quería hacerlo YA.
- ¿Yo? - se señaló a sí misma con fingido rostro sorprendido – Pero no sé cómo podría hacerlo – se encogió de hombros y abrazó su cuaderno.
- No puede salirnos con eso, Srta. Misham – le reprendió el fiscal Gavin antes de que yo lo hiciese – Conocemos su extraordinaria habilidad -
- S-sí, es cierto. Pero alguien más pudo haberlo hecho... Y-yo estoy segura de que no soy la única persona en este mundo con la capacidad de copiar -
- Bien. Quizás usted no sea la única con ese talento, pero sí es la única que podría conocer nuestra caligrafía – replicó para presionarla y pareció funcionar.
Vera nos miró dubitativa por unos segundos. Abrió de nuevo su cuaderno, y, con marcador rojo y dos trazos, formó una equis que abarcó toda la hoja.
- No pueden probar que yo lo hice -
- ¡¿Cómo? - exclamé atónito. ¡Por supuesto que podíamos probarlo! - ¡Si hemos visto tu trabajo antes! - le recordé.
- Como ya dije, Sr. Justice, es posible que alguien más lo hiciera. Además, ¿cuál sería mi motivo? - me preguntó más tranquila.
Motivo... ¡Rayos!... Sólo habíamos pensado en Vera por su talento de falsificación. Fuera de eso no teníamos otras razones para dudar de ella, ni siquiera por su evidente nerviosismo; eso formaba parte de su personalizar. Y las cartas... Las cartas en sí eran una paradoja, aunque ella las hubiese escrito, eran nuestras letras las que aparecían en ellas. No nos servían mucho de evidencia si no podíamos probar que fue ella quien las escribió.
- Si me disculpan... - comenzó a decir Vera abriéndonos la puerta – tengo trabajo que hacer -
- Lamentamos haberla molestado – se disculpó el fiscal Gavin haciendo una reverencia caballerosa.
Salimos de la casa y caminamos hasta la motocicleta.
- Esto es muy raro – comenté pensativo. Intenté ligar los hechos...pero no se me ocurría nada.
- Sí... Suba – dijo sentándose en la moto.
- ¿Eh? ¿A dónde vamos? -
- A buscar pruebas – contestó riendo, como si sonara muy obvio.
- ¿Y eso dónde es? - pregunté sarcástico. ¿Cómo buscar pruebas si ni siquiera sabíamos lo que estaba sucediendo?
- Usted y yo conocemos a... cierta científica huraña – dijo como respuesta.
Lo miré un segundo sin comprender hasta que un nombre saltó a mi cabeza.
- Ema -
¡Claro! Ema y sus métodos científicos suelen ser muy útiles.
- Suba – repitió el fiscal Gavin mas yo negué con la cabeza.
- No, gracias – dije - No pienso subirme de nuevo a su moto – y lo decía en serio.
- ¿Qué? – él me miró sorprendido.
- Tomaré un taxi. Ya lo veré luego en la comisaría -
- Oh. Vamos, Sr. Frente, mi motocicleta no muerde -
- ¡No muerde pero casi me mata! - exclamé harto de su manera de conducir. Demasiada velocidad para mí no podía ser sana.
- Está bien. Haga lo que usted guste – dijo con el ceño fruncido. Estuvo a punto de echar a andar su motocicleta, pero al final no lo hizo – Bajaré la velocidad… - balbuceó de pronto y yo lo miré incrédulo -… si es que eso es lo que lo hace feliz –
¿Acaso había yo escuchado bien? ¿Dijo que bajaría la velocidad de su moto para darme gusto? En serio era un día raro...aunque yo no iba a desaprovechar la oportunidad de tener un viaje pacífico.
- ¿Y bien? - cuestionó algo impaciente, al menos eso fue lo que percibí aunque tuviese de nuevo esa sonrisa rara suya.
- De acuerdo – dije, y me acomodé tras él como las últimas dos veces – Sólo tengo una duda – comenté ya que habíamos comenzado la marcha.
- Dígame –
- ¿En qué se supone que nos ayudará Ema? –
- ¿Oh? Eso. El laboratorio debería ser capaz de sacar las huellas digitales de la Srta. Misham –
- Ya veo – dije sorprendido. La ciencia forense no es algo de lo que esté muy enterado – Pero eso no puede ser válido. Usted le entregó las cartas a Vera. Es obvio que sus huellas digitales estarán allí impregnadas – le recriminé.
- No se precipite, Sr. Frente – me dijo riendo – Es cierto lo dice. Pero a la Srta. Misham sólo le mostré una de las cartas, la que supuestamente me envió usted –
- Eso significa… Si Vera las escribió, sus huellas estarán en la otra carta también –
- Exacto – dijo, al parecer complacido de que yo lo entendiera tan rápido – Eso sin mencionar el ADN de la saliva –
- ¿Saliva? – inquirí confundido.
- Los sobres se cierran con saliva –
12: 26 p.m.
Comisaría.
- Así que necesitan de mi ayuda… – comentó Ema, despreocupada y comiendo bocadillos tras explicarle nuestra situación – Está bien. Dejen todo en mis manos. Aunque… mis servicios no son gratis – dijo con voz cantarina y en su rostro apareció aquella sonrisa que tanto miedo me da.
- Contigo nada es gratis – comenté suspirando.
- Díganos – pidió el fiscal Gavin con su habitual caballerosidad.
- No pido dinero – aclaró enseguida – Es sólo que me están agotando las reservas – señaló una bolsa de frituras vacía sobre su escritorio – Vayan a la tienda que está a tres cuadras al norte y tráiganme más. Allí es donde compro mis bocadillos naturales –
- ¡De acuerdo! – asentí más que alegre, pues pocas veces podía encontrarla de buen humor – Y Emma, ¿para cuándo estarán los resultados? –
- Umm… Más tardar tres días –
- ¿Qué? ¿Pero por qué? – exclamé incrédulo - ¡Eso es mucho tiempo!
- Tengo mucho trabajo que hacer, Apollo – me reprendió - Si el Sr. Edgeworth me atrapan haciendo experimentos extraoficiales al caso actual podría irme muy mal. Lo siento mucho, chicos –
- Por favor, Srta. Skye. Debe haber una manera de acelerar el proceso –
- ¡He dicho que no! – se cruzó de brazos y volvió la mirada hacia otro lado como para ignorarlos.
Debí saber que con la presencia del fiscal Gavin ella sería más terca…
- Vamos, Ema, eres la única que puede ayudarnos – rogué.
- ¡Nada! Además, el ADN es un tema complicado… – se llevó otro bocadillo a la boca y frunció el ceño.
Fue ahí cuando se me ocurrió una idea que no podía fallar.
- ¡Vaya! Y yo que creí que la ciencia era eficiente… - dije fingiendo decepción. Ella me miró con sorpresa.
- ¿Có-cómo dices? ¡¿Qué la ciencia es ineficiente? – me miró molesta, hinchando las mejillas - ¡Como vuelvas a decir tales sandeces frente a mí te tiraré ácido encima! –
- ¿Entonces nos ayudarás? – cuestioné esperanzado.
- Por supuesto que sí – animada – Ahora, denme esas cartas y vuelvan en una hora. ¡Ah! ¡Y no se olviden de mis bocadillos! –
12:43 p.m.
Tienda de abarrotes El Tejón feliz.
- ¿Por qué tarda tanto en elegir? – me reprendió el fiscal Gavin, sin mucho apuro en realidad, pero parecía aburrido.
- Ema no me dijo cuáles son los bocadillos que le gustan – dije como respuesta, pues mi tardanza era porque no sabía qué llevarle.
- Escoja cualquiera, Sr. Frente. Con la velocidad con la que la Srta. Skye come, dudo mucho si quiera que logre utilizar su sentido del gusto antes de tragar – dijo divertido.
Pensé en reprocharle por decir aquello pero…tenía razón. Tomé cuatro bolsas al azar y me dirigí hacia la caja registradora.
Había sólo una persona delante de mí por lo que creí sería rápido, pero la cajera era novata, así que nos mantuvo esperando cosa de tres minutos a que le diera el cambio correcto a quien atendía antes que nosotros. Tras pagar, busqué al fiscal Gavin con la mirada y lo ubiqué junto a la puerta de entrada conversando con una par de chicas.
No quise ser inoportuno y espantarle a sus posibles citas, entonces me fui directo a la motocicleta para esperarlo allí hasta que se desocupara, sin embargo, él se percató de mí primero.
- Señoritas, aquí está la persona de la que les he estado hablando – les dijo antes de jalarme de un brazo y ponerme justo frente a ellas. Quedé pasmado, y no porque fuera tímido con las mujeres (que lo soy un poco…) sino por el hecho de que me tratase de esa manera tan familiar.
- Ooh, ¿él es tu amigo especial? – cuestionó una de ellas, la rubia, con una risita coqueta. Un minuto… ¿"amigo especial"?
- ¡Qué mono es! – le siguió la otra, una muchacha morena. Y yo… terminé ruborizado.
- Así que, ¿qué dicen, chicas? – les preguntó el fiscal Gavin al tiempo que deslizaba una mano por mi espalda hasta mi hombro izquierdo atrayéndome hacia él, lo que me provocó un extraño escalofrío…
- ¡Por supuesto! – exclamó la rubia haciendo ademanes de emoción – Saldremos en parejas cuando quieran – y nos guiñó un ojo a ambos.
- Fiscal Gavin, ¿quiénes eran esas chicas? – pregunté cuando éstas ya se habían ido.
- No estoy seguro. Acabo de conocerlas – quitó la mano de mi hombro y me volvió a mirar con una de esas sonrisas raras suyas – Por cierto Sr. Frente, ¿no cree que sea hora ya de hablarnos de "tú"? Es decir… - se tomó un mechón de cabello y comenzó a jugar con él - Hace tiempo que usted y yo nos conocemos y… hemos pasado muchas cosas juntos –
- ¿Hablarnos de "tú"? – repetí pensativo – Eh…Por supuesto. No veo por qué no – respondí sin problema. Yo trataba de "usted'' con él por respeto y profesionalismo, pero si aquello no le causaba molestias menos a mí.
- ¡Bien! Me alegra escuchar eso. Apollo – tras pronunciar mi nombre, noté un brillo alegre en su mirada… Aunque pude haberlo imaginado.
Continuará...
Comentarios, quejas, insultos, sugerencias; dejen reviews n-n
