¡Buenas tardes! Ya llegué XD Es tan bello escribir capítulos cortos. Y pues nada, disfruten y no queden demasiado impactadas por las "parejas" que armé.
*Mitsuki.- Tienes los dedos empapados de razón XD
*I LoveOkikagu.- Seguro disfrutarás de este capítulo :D
*Lu89.- Y así fue XD Ya verás los desmadres que armé.
*Jugem.- Ciertamente es un skipt-time de B&Roses, pero abarcando más parejas y así :D
Lección 2
Ser madre no siempre es glamuroso
—¿Está bien que nos hayamos alejado de ellos? —preguntaba Shiho a quien había sido el de la idea de dejar a atrás a esos dizque adultos.
—Bueno, ellos se veían ocupados teniendo su charla y mi madre me ha enseñado que es de mala educación interrumpir cuando esos casos ocurren —sus curiosas pupilas lo observaban todo. Había mucha gente y lo mejor es que el ambiente estaba impregnado de comida.
—¿Pero y si nos perdemos? —como bien podía seguía el paso del Yato.
—Mi madre es excelente encontrando las cosas cuando ni papá ni yo lo hacemos. Por lo que seguramente nos encuentre —su estómago rugió de nuevo—. Es cierto…La comida se echó a perder y tampoco tengo dinero…
—Mira, ahí dice que la comida será totalmente gratis si logras terminarte un tazón gigantesco de fideos en menos de cinco minutos —la peli plateada detuvo al chico para que viera el anuncio que recién había sido puesto fuera del establecimiento de ramen.
—Eso suena a una tarea bastante simple.
—Y también te obsequiarán un helado gratis si lo consigues.
—El postre siempre es lo mejor de la comida —ambos pequeñines entraron sin pensárselo dos veces, logrando captar la atención de todos los comensales y el dueño—. Quiero participar por la comida gratis.
—Pequeño, creo que eso es demasiado. Podrías terminar con dolor de estómago…¿No prefieres que le llame a tu mami para que venga por ti? —interrogaba uno de los clientes.
—¿Temen perder contra un niño como yo? —sonrió sin tapujo alguno, con una arrogancia digna de alguien que llevaba la sangre de Kamui—. Si tienen miedo, puedo entenderlo.
—Tráiganle el bol de tallarines —ordenaba el dependiente sin quitar su mirada del pelirrojo—. Espero que seas un hombrecito de palabra.
Anonadamiento era lo que todos los presentes estaban experimentando al contemplar a ese niño devorando por completo el plato de ramen. Y es que ni siquiera habían pasado ni tres minutos y ya había terminado.
—¡U-Un monstruo!
—¡Es un baúl sin fondo!
—En verdad que tenías hambre —Shiho dio un largo silbido ante una proeza de semejante índole.
—La comida de la Tierra es la mejor —al fin se encontraba satisfecho, su enorme barriga lo dejaba de lo más claro—. ¡Y el postre se ve increíble! —nada como un parfait de chocolate, con galleta y fresas.
—…Eres un adicto a los dulces como mi papi…
Habían perdido la noción de cuánto tiempo llevaban desde que llegaron para hacer fila para una de las pastelerías más concurridas de todo Edo mientras soportaban un sol inclemente que estaba llevando a más de una persona a ingerir refrigerios helados para calmar tanto la sed como el bochorno. Y aunque ambas mujeres estaba deseosas por irse de allí y no esperar más, se mantuvieron firmes y aguantaron.
—¿Realmente crees que es una buena idea hacerlo de ese modo? —preguntaba la blonda con cierta indecisión. Gracias al abanico que llevaba consigo lograba echarse un poco de aire.
—De este modo será más efectivo y no habrá manera de que finja demencia —mencionó campantemente su acompañante sin soltar el parasol carmesí que sujetaba en su mano derecha.
—Es cierto que cuando le dije que tendríamos a Shiho hizo que no escuchaba absolutamente nada. Que si estaba tomándole el pelo. Que si le daba diabetes sería por mi culpa —y conforme iba exteriorizando sus penas iba cabreándose más y más hasta el punto de quererse ir a masacrar a cierto samurái bueno para nada—. ¿En qué maldito momento acepté convertirme en su esposa? O más bien, ¿en qué instante terminé fijándome en un idiota como él? ¡Ojalá tuviera una máquina del tiempo para advertirle a mi yo del pasado todo lo que pasaría por seguir a ese imbécil de permanente natural!
—Velo de este modo, no eres la única que está cuidando a un niño más además de tus propios hijos —expresó con cierto desánimo—. Si no tuviera suficiente con las travesuras de Kyohei o lo escurridizo que resulta ser Kazuya, todavía tengo que lidiar con los infantilismos de Kamui.
—¿Él va a estar bien?¿No es mucho calor para su pequeño cuerpo? —las violáceas pupilas de Tsukuyo se enfocaron completamente en quien se encontraba siendo cargado por la mano izquierda de su madre mientras dormía plácidamente.
—Es quien mejor resiste el calor de los dos. Y de igual modo tiene una compresa fría sobre su cabeza —indicó. Y ciertamente allí estaba esa bolsita helada en su cabeza.
—Es quien más se parece a ti de los dos… Aunque…—ahora que lo miraba con detenimiento la rebeldía de esos azabaches cabellos se debía en parte al ondulado natural que poseían. Sin olvidar el flequillo abierto que poseía.
—Oh, eso es herencia de su abuela biológica. Ella tenía el pelo rizado —comentaba la oji carmín—. ¿Te hemos despertado?
—Los ojos de su papá —dijo la rubia para quien estaba mirándola—. ¿Cuántos años dices que tiene?
—Pronto cumplirá cinco. ¿No es así, Kazuya?
—Cuando cumpla cinco mi hermano al fin me dejará practicar con él —mencionó de lo más entusiasta—. Y después podré recibir a papá como él lo hace.
—Le he repetido miles de veces que deje de hacer eso —es que si no llevaba su mano hasta su frente es porque no podía, que ganas no le faltaban.
—Espero que Gintoki esté cuidando bien de Shiho… Casi nunca los dejo a solas pero no podía traerlos conmigo si quería comprar esa tarta.
—…No sé por qué tengo el presentimiento de que debí traerme consigo a Kyohei o que la casa debe estar quemándose en este momento…—y eso no estaba lejos de la realidad.
—Oshin, tenemos que darles un poco de crédito. Seguramente lo estén haciendo bien y nosotras estamos preocupándonos de más —alegaba Tsukuyo con una pequeña sonrisa. Quería confiar ciegamente en su marido—. A este punto de sus vidas ya debieron de haber madurado.
—¿Cuántas veces te he dicho que no corras, Seishirou?¿Qué va a pensar la gente si ve a un niño que no sabe comportarse en la calle? —ambas mujeres llevaron su atención en quien estaba armando un jaleo tanto por estar llamándole la atención a ese niño como por estar violando las normas no escritas de las filas; sí, se había colado vilmente hasta llegar hasta donde estaban.
—Pero si eres tú, Tae —emitieron tanto Oshin como Tsukuyo a la par.
—Oh, así que ustedes también han venido a comprar un pastel —allí estaba esa embaucadora sonrisa que siempre le acompañaba. Y es que nadie había tenido ni el valor ni la fuerza para enfrentarse a ella en cuanto se puso a adelantarse en la fila; seguía siendo un monstruo—. ¿Cuándo llegaste a la Tierra, Oshin-kun?¿Y ese de ahí es tu hijo? Espero no haya sacado los malos hábitos de su estúpido padre… Y veo que toda esa grasa sigue en su lugar, pero descuida, la maternidad se encargará de hacer que todo lo que te miran los hombres se caiga —ciertamente continuaba siendo una pequeña cabrona y seguía aborreciendo a quienes tenían más "personalidad" que ella.
—…Oye, ese flequillo en uve…esa mirada de resentido…y ese tono de pelo…—la pelinegra estaba armando las piezas una a una. Solamente existía alguien que tuviera esas características físicas y pudiera heredarlas a su primogénito—…Hiji…Hijikata…¡¿Es el hijo de Hijikata?!
—Después de que la guerra terminó y el país volvió a su gloria, algunas cosas inesperadas sucedieron.
—Pero esto es más que "cosas inesperadas"…Prácticamente podría llamársele traición en primer grado…Hijikata se comió el postre de Kondo por completo y en sus narices —¿quién lo diría? Habían pasado cosas muy locas desde que dejó la Tierra y los únicos con los que mantenía contacto nunca le informaron al respecto.
—Al principio fue difícil para el gorila aceptarlo. Aunque con el tiempo no tuvo más remedio que hacerlo. Hasta fue nuestro padrino de bodas, ¿pueden creerlo?…Y menos mal que no comimos del pastel que nos obsequió, al parecer estaba descompuesto y algunas personas murieron por intoxicación alimenticia —relataba con cierto pesar.
—No, yo estoy segura que no lo aceptó ni mucho menos lo superó. Está claro que intentaba asesinarlos…—mencionaba Oshin.
—Pero lo más difícil fue hacer que Toshi-san desistiera de ponerle el horrible nombre de Togoro a nuestro hijo… ¿Se imaginan toda la burla que eso acarrearía? No, no, en definitiva mi hijo no iba a tener un nombre tan burdo como ese.
—Ciertamente tiene malos gustos.
—No tanto como los tuyos al casarte con ese sádico troglodita que tiene la mentalidad de un chiquillo de doce —atacó la castaña a cierta Yato que estaba con un par de venitas saltadas—. Pero tal vez quien tuvo peor suerte fue quien decidió emparentarse con un adicto a los dulces que no tenía ningún futuro —ahora era la blonda quien estaba despertando su instinto asesino—. Imagino que las dos se encargan de mantenerlos.
—Llévate al niño de aquí que yo me encargo de ella —sonreía Oshin serena y engañosamente.
—…Ey, ¿eso que acaba de pasar frente a nosotras no es un bebé gateando? —preguntaba Tsukuyo de manera grupal a esas dos madres.
—¿Era mi imaginación o se parece a Sarutobi? —secundaba Oshin.
—¿Otra vez tu descuidada madre te ha quitado la mirada de encima, Ayako-chan?¿Acaso se ha fugado nuevamente con su amante y te ha dejado a tu suerte? —Shimura ya se encontraba cargando en brazos a la bebita.
—No deberías decirle esa clase de cosas a mi adorable hija, vieja bruja —Tsukuyo y Oshin habían concluido en que había sido el peor día para comprar pastel. Es que allí estaba la madre de esa niña, quitándosela bruscamente a quien la recogió del suelo—. No cuando le hiciste una bajeza como esa a Isao… El pobre jamás se recuperó de ese bajo golpe…—recriminó—. Y tú tampoco debiste quedarte preñada en el primer intento. ¿Es que eso es lo que estabas buscando para amarrar a Gin-chan?¿Ese fue tu sucio plan para evitar que él y yo fuéramos felices, no es verdad?
—Ey, no me digan que ella…Que esa niña es…—rogaba la pelinegra.
—Es y tal como te lo estás imaginando —mencionaron esas dos a la par.
—¿Y por qué razón ese escuintle tiene el pelo rizado?¿Acaso tuviste una aventurilla extra marital aprovechando que tu marido no estaba en casa?¿Es que se ha creído que ese hijo es suyo? ¿No me digas que tú también estuviste de rastrera con Gin-chan?¡¿Es que no soportaste su dulce caramelo que tú también quisiste metértelo en la boca y en todos tus orificios?!¡¿Acaso tu hombre no te da lo suficientemente duro en la cama que tienes que buscarte a otros que te den?!—Ayame tenía veneno para repartirle a todas—. ¡No son más que unas malditas lagartonas!
—Percibo que sigue sin superarlo ella también —por el bien de su hijo le había pedido desde hace rato que se tapara los oídos.
—Lo que el alcohol y una noche loca lograron —decía Tae con enorme burla—. Siéntete feliz que al menos hayas conseguido un hombre. A tu edad es prácticamente imposible que pudieras hacerlo.
—Ya veo. Se casaron por penalti —concluía Oshin y esas dos asintieron.
