La Guía No Oficial de Viaje Para el Vaquero
Capítulo 2: When My Ship Comes In [Cuando Llegue Mi Nave]
- o -
There's a dim light off the pier
And I've been watching it for years
Through the crashing waves there's a distant bell
And it won't stop ringing in my head
All I do is stand and wait
For her to come and take me far away...
[Se ve una luz desde el muelle
Y hace años que la miro
Una campana entre olas distantes
En mi mente no para el tañido
Y no hago más que esperar
Que venga mi nave, que me lleve cuanto antes...]
- o -
A la mañana siguiente, Jet fue abordado por una Faye muy sulfurada
y desgreñada.
—¿Ya está lista mi nave? —le preguntó con gran premura.
Jef bufó por sobre el borde de su tazón de café:
—¿Es broma, no?
—¿Por qué? Por lo general eres bien rápido con las reparaciones —dijo
ella, presurosa, amarrándose el pelo en un cuasi moño.
—Mujer, casi me pasaste la nave en una bolsa. Va a ser un milagro si la
tengo para la otra semana.
—Entonces... me estás diciendo que estoy sin nave —puchereó ella.
—Eso estoy diciendo, sí.
Faye asintió y luego salió del hangar. Jet la miró irse un momento, le dio
un vistazo fugaz a Ed, que también observaba todo aquello, y luego los
dos salieron furtivamente de la nave para investigar. Faye estaba de pie
en la cubierta, con el pulgar empinado hacia el cielo.
—Ehm... ¿Faye? —preguntó Jet. Ella no contestó—. ¿Qué haces?
—Estoy haciendo dedo —dijo ella, categórica.
—¿Dedo para dónde?
—A la Tierra.
—¿Te vas a ir a dedo hasta la Tierra?
—Siempre hay gente cruzando la galaxia a dedo —explicó ella, con
extraordinaria seriedad—. Alguien escribió una guía(*) entera de cómo
se hace.
Jet se debatió entre contarle la primicia o no, luego optó por no hacerlo.
—Ya —dijo con una encogida de hombros.
Se volvió hacia Ed, que le hizo una especie de ademán como "cucú"
antes de que entraran de vuelta a la nave.
- o -
—¿Sigue allá fuera? —preguntó Jet, hora y media después.
—Chíiiiiii —dijo Ed con moderado asombro. Llevaba todo ese rato mirando
a Faye por la ventanilla—. ¿No se le cansa el dedo a Faye?
—¿Qué carajo de bicho le habrá picado? —caviló Jet, uniéndose a Ed en
la ventana.
Dio un vistazo hacia atrás, a Spike, que llevaba todo el día en el sofá
convaleciendo de una resaca. Lo más probable era que supiera qué
estaba pasando. Pero Jet no sentía muchas ganas de tratar con el Spike
Del Día Después, de modo que volvió a mirar por la ventana. Ein también
parecía haberse interesado en estos procederes, trepándose a duras
penas al borde de la ventana para tener una mejor visual.
—¿Crees que alguien la vea desde aquí?
—Ed no sabe —dijo Ed, bajito.
Ed sabía que podía muy fácilmente hacer venir una nave para Faye, pero
en cierto modo eso parecía como hacer trampa. Faye, obviamente, tenía
la intención de demostrar algo allí instalada.
—¿CÓMO VA COSA, FAYE-FAYE? —exclamó de repente por la ventana.
Vieron al pulgar de Faye ser relevado momentáneamente por su dedo
medio, y luego retomar su puesto.
Luego, para pasmo de todos, una nave espacial empezó a descender,
despacio. Boquiabiertos, vieron a la nave aterrizar a unos metros delante
de Faye y abrir la escotilla. Faye, ávida, partió como resorte a saludar
a su nuevo mejor amigo. Sentada dentro del aparato estaba la criatura
más infecta que Faye hubiera visto en su vida. El hombre tenía un ojo
apuntando en una dirección casi completamente opuesta del otro, tenía
varios dientes creciéndole al costado de la cabeza, el cuerpo alfombrado
en tatuajes y, para completar el look, llevaba una camiseta que decía:
"Satanás es mi Papá".
—¿Quieres que te lleve, cosita rica? —preguntó, mirando de pies a
cabeza a Faye, con cara de hambre.
Faye se cruzó al punto los brazos delante del busto.
—Enh... No. La verdad, quería saber si me puede decir la hora.
El individuo se estiró hacia fuera y olisqueó el aire en torno a ella de la
manera más denigrante posible.
—Ya es como hora de almuerzo —dijo con tono de burla.
Faye le dio las gracias y retrocedió varios pasos de la nave. El hombre
pareció querer objetar, de modo que Faye se levantó el suéter para
revelar su pistola.
—Sería todo —dijo firmemente.
El hombre pareció captar el mensaje. Faye observó un poquito, para
confirmar que el tipo se hubiese largado, y luego se dio media vuelta para
entrar a la nave, muy cabizbaja. Cuando entró al área de estar, todos
la estaban mirando. El grueso de la tripulación la miraba desde donde
estaban apiñados, en la ventana, y Spike la miraba de ese modo en que
la miraba cuando no quería que ella supiera que la estaba mirando.
Hojeaba un libro, con los ojos apenas asomados por encima del borde.
—Necesito que alguien me lleve —suspiró ella.
—No se va a poder —dijo Jet, pero parecía sincero—. Me tengo que
reunir con un antiguo contacto de la ISSP mañana para ver si me da un
dato de un fugitivo, y encima tengo nueve millones de cosas que hacer
aquí.
Todo el enfoque se desplazó a Spike, y éste rápidamente introdujo la
cara entera detrás de la revista.
—Spike... —masculló Faye.
—¿Hmm? —preguntó él, toda inocencia.
—No me vengas con eso. Llevas todo el rato escuchando. ¿Me puedes
llevas por favor y nada más? —Miró el techo, incómoda, irritada por
tenerlo en una posición de tanto poder sobre ella. Él siempre había
tenido antes cosas que ella quería, pero nunca nada que ella necesitara.
—Tengo cosas que hacer —contestó él.
—Ya, bueno. ¿Me puedes prestar tu nave, entonces?
Todos tuvieron que aguantarse una leve carcajada con esa. Hasta Ein
pareció hacer una especie de bufido perruno. Faye obviamente sabía la
respuesta, así que simplemente siguió:
—Para que sepas, vivimos bajo el mismo techo y no es mucho lo que
te pido.
—No —dijo Spike, cortante, cerró de un tortazo la revista que tenía
delante de la cara y se enderezó en el sillón, todo en un rabioso
movimiento—. Tú nada más saqueas y violas.
—Exacto. Así que el solo hecho de que me esté rebajando a pedírtelo
debería indicar cuánto significa esto para mí —dijo ella con voz delicada.
Percatándose de que tenía, y tendría, éxito en conseguir absolutamente
nada, suspiró y le dio la espalda:
—Ustedes son más considerados con los desconocidos que conmigo
—masculló, y volvió a salir de la nave hecha una tromba.
—Faye, para dónde vas —rezongó Jet, más que preguntar.
—¡Me voy a la Tierra a pie! —le vociferó ella de vuelta, y siguió andando,
como si lo hubiera afirmado en serio.
Jet suspiró y le dio a Spike un tortazo en la nuca:
—Llévala, mierda.
—Las pelotas —bufó Spike—. Ha sido únicamente una pulga en el culo, y
más encima una perra malagradecida. No me pagaría ni el combustible.
—¿El combustible? —preguntó Jet, admirado—. ¿Combustible? ¿Quieres
que hablemos de pagar el combustible? Qué te parece si nos sentamos
un rato, y te hago un bonito recibo de cuánto combustible gastas tú en
esta nave. Y ya que estamos en eso, los peajes de los portales, las
tarifas de aparcamiento, las reparaciones, el mantenimiento...
A cada ínfimo ítem de la lista, Spike se hundía más y más en su asiento.
Ya, bueno, a lo mejor no estaba exactamente todo lo interiorizado que
debía estar en los aspectos económicos del oficio de cazar recompensas.
—Bueno... Si quieres empezar a cobrarme pensión, te la pago... —dijo,
lánguido.
—No quiero tu plata, Spike —dijo Jet, sonando punto por punto como
papá—. Produces más de lo que gastas acá. Yo no podría hacer esto
solo. Ya sabes eso. Pero por mucho que me duela admitirlo, Faye produce
su buen resto también. No te vas a morir por hacerle un favor una vez a
las quinientas.
—No se me ocurre nada que ella haya hecho por mí. ¿Por qué la iba a
ayudar?
—Porque eres buena gente, ¿ya? Se te salió el secreto. Así que quédate
callado y llévala antes que la lleve el cara de zarigüeya ese.
Spike se estremeció sin proponérselo. Había visto al repugnante individuo
zarigüeyístico por la ventana.
—Bueno, ya —refunfuñó, irguiéndose—. Pero únicamente porque si le
debo algo a alguien, es a ti.
Jet y Ed lo miraron despegar del hangar, y cuando tuvieron la certeza de
que ya no volvía, los dos soltaron un chillido de gusto y se dieron "esos
cinco".
—¡Persona Jet puede hacer que hasta Hitler se sienta culpable! —chorreó
Ed, impresionada.
—Es un don que tengo —suspiró Jet, satisfecho, en tanto él, la chiquilla
y el perro se distendían cómodamente en el sofá.
El sofá. ¿Cuándo había sido la última vez que tenían el sofá para ellos
solos?
—Es que piensa... la nave entera para nosotros. Va a estar tan tranquila
y relajante... ¿Qué quieres hacer primero?
—¡El refrigeraaa... dooooooooor! —Ed saltó de entusiasmo por el aire y
Ein ladró su concordancia.
Jet sonrió. Iba a ser un fin de semana muy bonito.
~ o ~
Nota del traductor: Faye hace referencia a The Hitchhiker's Guide to the
Galaxy ("Guía del autoestopista galáctico"), desopilante serie de novelas
escrita por Douglas Adams.
