Disclaimer: Hetalia no me pertenece, aunque… Mmm… no definitivamente no me pertenece, es propiedad de ese señor que nadie conoce (?)
Buen día gente bella! (?) Perdón por que me olvide el Disclaimer en el capitulo anterior *reverencia*
Espero que les haya gustado y hayan entendido algo, porque yo no U.U (?) OK no.
Lamento mis faltas de ortografía o alguna equivocación de palabra que tuve…
Aprovecho para decirles que actualizare bastante seguido (si, tengo la imaginación al día, claro).
Gracias por los reviews!
Advertencias: Mis errores ortográficos y puede que el capitulo sea un poquitín triste.
Are you Ready?!
¡Corre película!
*Nótese a Ludwig corriendo en una caminadora*
-Capitulo 2-
POV Arthur.
No sé cuanto tiempo me quedé mirando esos ojos tan llenos de vida que me recordaban al océano, a los mares que recorrí tiempo atrás; busqué en mi memoria un color parecido pero no lograba compararlos con nada.
El niño esbozo una pequeña sonrisa pero no dijo nada, supuse que era por la impresión o simplemente por miedo de un extraño.
Calculé que tenía unos cuatro o cinco años de edad, medía un poco más de un metro de alto, su cabello era rubio trigo con un curioso mechón que luchaba contra la gravedad y me hizo sonreír, vestía un ropón color celeste que le llegaba un poco mas debajo de las rodillas y estaba descalzo, ¿¡Quien en su sano juicio llevaba a un niño descalzo con esas temperaturas?! Inaceptable.
Aflojé mis facciones y me agaché hasta quedar a su altura.
-Hello, llitle boy- No quise alzar mucho mi voz para que no se asustara. Pareció relajarse más pero aun así no emitió sonido. -¿Cómo te llamas?- Pregunté con un tono paternal que no sabía que tenía.
No contesto.
En su rostro se formó una mueca de desilusión y pude sentir la impotencia en sus ojos. No sabía porqué pero me partía el alma el no poder escucharlo y verlo de esta forma me hacía sentir aun peor.
-¿Tienes algún referente para que pueda ayudarte?- Insistí, si no contestaba no podría ayudarle.
-…- Negó con la cabeza. Bien esto iba empeorando, pero por lo menos tenía una respuesta, aunque fuera a señas.
-Niño voy a tener que llevarte a un lugar donde puedas quedarte, un orfanato o con la poli...- No pude terminar la frase porque el pequeño se abrazo a mi cuello ocultando su rostro en él rompiendo a llorar. Sentí como mi corazón se partía en dos ante eso. –Esta bien, tranquilo, no voy a hacerlo… pero tienes que decirme algún dato para que pueda ayudarte.- Le froté la espalda para que se tranquilizara.
El niño me soltó y froto con sus manitos sus ojos, pareció recordar algo y de un pequeño bolsillo de sus ropas saco una carta la cual me entregó forzando una sonrisa.
La tomé en mis manos y la abrí comenzando a leerla con calma.
"Estimado señor/ar:
Si es que usted esta leyendo esto es que el niño que tiene enfrente suyo confío en usted y yo no estaré más para cuidarlo, no se preocupe, conocía desde hace mucho mi final. Le ruego que cuide de él, lo necesitará mucho. Su nombre es Alfred F. Jones, es de Estados Unidos, y lamento comunicarle que el no puede hablar. Sufrió un grave trauma cuando apenas tenía dos años.
Por favor cuídelo como si fuera suyo y por nada lo deje en manos de los uniformados.
Saludos, atentamente."
No lo podía creer, levanté la vista y vi al pequeño jugando con los cordones de mis zapatos. ¿Cómo haría para comunicarse? ¿Para educarlo? Necesitaría ir a una institución para chicos con capacidades diferentes, debía pagarle médicos, seguramente psicólogos y quien sabe que otra cosa más.
En medio de mis pensamientos sentí una manita que se posaba encima de la mía que aun sostenía la carta y una sonrisa se formo en sus labios.
Suspiré pesadamente y le sonreí de regreso.
-No puedo dejarte solo, ¿verdad?- Le pregunté aún sabiendo que no recibiría respuesta.
Él solo inclino la cabeza frunciendo el entrecejo como diciéndome que no entendía la pregunta, me reí ante ese gesto, era adorable.
-Nothing, Nothing- Dije y le revolví los cabellos en una actitud paternal, me puse de pie nuevamente y estiré mis piernas, tome aire profundamente demasiadas cosas por un día. Lo miré de nuevo y estiré mi mano hacia el para que la tomara. –Vamos.- Alcancé a decir y el pequeño de nombre Alfred salto hacia mi y se sujeto de mis hombros, tuve que sostenerlo para que no caiga de espaldas al suelo. –¡Ten cuidado, torpe!- Le dije cargándolo mejor, segundos después reaccioné de lo que dije y giré mi rostro para disculparme pero lo encontré riendo despreocupadamente, su risa era pegadiza, cosa que me hizo reír también y empecé a caminar hasta mi tienda nuevamente.
Mientras llegábamos tuve varios inconvenientes al sostener a Alfred en mis brazos, varias veces estuvo apunto de caerse por querer observar todos los edificios y tiendas al mismo tiempo, se impresionaba fácilmente y eso me agradaba. Cuando llegara a casa le mostraría todos los trofeos de guerra, condecoraciones, fotos y demás que poseía.
-Llegamos- Anuncié cuando me detuve frente a la puerta de mi local de música. Lo bajé con cuidado y sostuve su mano para sacar las llaves y poder abrir la puerta. –No toques nada, quédate aquí, tomo mi bolso y nos vamos a casa.- Le dije una vez habíamos entrado, lo deje sentado en un sillón, él solo asintió con la cabeza y me sonrío entusiasmado.
Camine hasta donde había dejado mis pertenencias detrás de la escalera que conectaba al depósito y camine de regreso mirando algunas cosas que debía acomodar.
-Pero hoy no tengo tiempo, mañana será.- Susurré para mi mismo. –Vámonos Alfred- Dije mas alto para que pudiera escucharme, cuando llegué al lugar donde debería estar no lo encontré y me asuste. -¡¿Donde estas mocoso?!- Grité, comencé a buscarlo y lo encontré sentado en el banquillo frente a un piano blanco. Una idea surco mi mente.
-Flashbacks-
Frente a mi se encontraba un joven atractivo, con rasgos maduros y definidos, vestido en un elegante traje color azul oscuro sentado frente a un hermoso piano de cola negro que en su tapa reflejaba la hermosa luna llena. Estábamos en un crucero que parecía estar reservado solo para nosotros. No lograba ver del todo bien su rostro pero me daba una idea de quien era, me sorprendí al verme a mi mismo enfundado en un traje negro con un elegante moño en el cuello de la camina, me veía bien, había que admitirlo. Caminé tratando de no hacer ruido para no interrumpir la hermosa melodía que era producida por aquel chico, si no me equivocaba era "Claro de Luna" de Debussy, hermosa canción. Llegué a su lado y me detuve a observarlo… Su rostro se veía pacifico, dejándose llevar por las notas como un pájaro por las corrientes de aire, sonreía de vez en cuando seguramente recordado algún suceso de su vida, pequeños movimientos que hace con su cuerpo hacían que su hermoso cabello rubio brillara cual sol.
Apoyé mi mano en el extremo opuesto de aquel piano y cerré mis ojos sintiendo las vibraciones de éste, caminé acariciándolo con suma delicadeza hasta llegar a los pocos centímetros que se encontraba el desconocido tocando.
Sonreí, todo era perfecto.
No tuve noción del tiempo hasta que escuche como las notas iban desapareciendo hasta quedar todo en silencio. Abrí mis orbes esmeraldas suavemente aún sonriendo. Sus hermosos ojos, aunque ahora ocultos por unos lentes de montura rectangular, me miraban de una forma que pude sentir el amor que transmitían. Se acercó a mí lentamente hasta quedar frente a frente, contuve mi respiración y lo vi sonreír calidamente.
-I love you Arthur- Susurró dulcemente.
-Fin Flashbacks-
Respiré como si me estuviera ahogando, era imposible.
Sacudí mi cabeza un par de veces para sacar esas ideas extrañas de mi mente, volví a mirar al niño y lo vi que me observaba detenidamente y apoyaba sus manitos en las teclas perladas del piano, emitiendo un sonido bastante raro. Sonreí nuevamente y me encaminé hacia la puerta con la mirada de Alfred clavada en mí.
-Es imposible- Pensé y volví a negar con la cabeza. Extendí mi mano hacia él. –Vámonos a casa- Dije y esbocé una sonrisa llena de dulzura, Alfred se levanto del banquillo casi tarándolo corriendo hacia mi con sus brazos extendidos y algunas lagrimillas en los ojos. Lo tome y lo lancé por los aires sacándole algunas carcajadas.
Me dispuse a irme cerrando la puerta con llave.
Algo me decía que me esperaba un gran desafío, pero con este mocoso que me había caído del cielo, estaba dispuesto a enfrentar lo que sea, porque aquellos ojos emanaban una seguridad y decisión que me sobrecogían.
-Vámonos a casa- Susurré nuevamente irradiando felicidad por cada uno de mis poros.
Taraaann~ ya se, ya se horrible, pero hagan un esfuerzo y apiádense de mi dejándome un reviews, pooorrrfiii~ *pone cara de cachorro mojado* (?)
