Lyon Vastia
No le gusta: Las bodas
Disclaimer: Los personajes de Fairy Tail son propiedad de Hiro Mashima. Este fic corresponde a la actividad: Sobre gustos no hay nada escrito del foro: Cannon Island.
N/A: ¿A Lyon no le gustan las bodas? No saben cuán difícil fue escribirlo, pues a Lyon lo considero todo un romántico, pero al final creo que tuve algo, me disculpo por faltas ortográficas y ships sin confirmar ?).
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¡Absurdo! Absolutamente innecesario, una pérdida de tiempo, lo único bueno era que podía vestir elegantemente, pero a Lyon Vastia no le hacía ninguna gracia acudir a una boda, especialmente cuando es su medio hermano quien se casa.
Porque por más increíble que parezca Gray logró proponerle matrimonio a Juvia, claro que luego de una intensa charla con Mirajane y Erza, pero esos son detalles que hasta el mismo mago desnudista prefiere olvidar.
Sin embargo, a pesar de sus quejas, se encuentra allí, en la Catedral Cardia, acompañado por algunos miembros de su equipo, Sherry y Chelia para ser más específicos, quienes tras recibir la invitación de la boda, indudablemente confirmaron su asistencia en la cual, tras varias súplicas, chantajes y algunos golpes, lograron que él aceptara.
Pero eso no lo complacía, ¿Por qué debía acudir él a una boda? ¡Ni siquiera está casado! No es que tenga problemas al momento de coquetear con las chicas, pero tampoco le entusiasmaba el hecho de que deba ir a un lugar donde debe presenciar lágrimas, suspenso y algunas veces dolor.
Y es en ese "Algunas veces" donde recae su antipatía por las bodas, cuando fue criado por Ur ella les contó que su esposo había muerto y que de eso ya habían pasado varios años, sin embargo él no quedó satisfecho con aquella respuesta, por lo que cierta noche decidió inspeccionar por sí mismo, el cuarto de su maestra, probablemente eso le costaría la vida, pero si hay algo que Lyon no soporta es que una mujer sufra.
Así que infiltrado, semi desnudo, a las tres de la mañana, se encontraba un peliblanco esculcando entre las pertenencias de su tutora, en busca de respuestas, pero no lograba encontrar nada.
Ninguna pista.
Ninguna foto de algún hombre.
Nada
Su atención fue capturada cuando sin querer tropezó con una caja que se encontraba en el armario de Ur, caja la cual estaba sellada con un candado, el cual no fue problema romper, luego de varios intentos, pues aún era un aprendiz con eso de la magia.
Pero finalmente logró abrirlo y lo encontró lo dejó anonadado.
Habían fotos, muchas fotos, de Ur con un precioso vestido de bodas además de fotos e Ur y su hija, Urtear. Una vez, mientras luchaba con Gray y luego de ser separados violentamente por ella, se encontraban limpiando la azotea, como parte del castigo.
—Ella tuvo una hija, pero la perdió—fue el comentario que hizo Gray, tras unos minutos de silencio.
—¿De qué hablas? —cuestionó confundido, mientras arreglaba una torre de libros.
—Ur tuvo una hija, pero se tuvo que separar de ella—aquello que le decía Gray no parecía tener sentido, él llevaba más tiempo con Ur y nunca supo de que ella tuviera algún familiar.
—¿Cómo lo sabes? Ella te lo dijo—era la única forma en que le creería.
—Sí…hace un par de días, luego de que destrozáramos la mesa, fui a su habitación a disculparme, esperaba que estuviese dormida, pero en lugar de eso, estaba llorando.
¿Ur llorando? Era la mujer más fuerte que conocía, era imposible que se encontrara llorando.
—También creí que era una broma, pero no fue así. Estaba sosteniendo un pequeño vestido de bebé, una niña, no se había percatado de mi presencia hasta que me acerqué a ella y me lo dijo, me contó cómo le salvó la vida a su hija, sacrificando su felicidad por ella.
Sin duda eso sonaba como algo que Ur haría.
Pero su curiosidad aumentó, si Ur llegó a tener una hija, entonces debió haber tenido un esposo, o por lo menos haberse enamorado de alguien.
Y así fue.
—El día de nuestra boda, él no asistió, me dejó plantada—le dijo con una sonrisa melancólica en el rostro, el dolor estaba muy bien camuflado, pero era perceptible para él.
—P-Pero ¿Por qué? ¿Quién se atrevería a dejar plantada a la mujer que ama en el altar? —casi se arrepintió de decir eso, porque ahí estaba su respuesta.
Él no la amaba lo suficiente como para casarse.
Ni siquiera el hecho de tener una hija le hizo cambiar de parecer.
Y a partir de ese momento, las bodas se convirtieron su celebración menos preferida.
Aquella que le traía tanto dolor a su maestra, era inevitable que sintiera repulsión hacia la misma, después de todo su apreciada mentora había sufrido con aquel hecho.
Si un par de personas deciden unir sus vidas para siempre, que al menos cumplan con su promesa, es lo menos que podían hacer. Aunque sabía de antemano que no puedes obligar a alguien que te ame, inevitablemente su vista se desvió a la peliazul que se encontraba caminando hacia el altar, sabía más que nadie lo que era el no ser correspondido.
—Está hermosa ¿verdad? —le preguntó en un susurró la persona que se encontraba próximo a él. No podía negarlo, Juvia se veía radiante.
—Más que nunca—respondió.
—¿Por qué tienes esa cara? ¿No te agrada estar aquí? —se giró para ver el rostro dueño de la voz que le hacía tantas preguntas.
—Ya veo, no te agradan las bodas—dijo la misma sin dejar hablar al peliblanco.
Y es que había quedado congelado al ver a Meredy, estaba preciosa, parecía que fuese ella la que se iba a casar.
Y por alguna razón deseó ser él quien estuviera en el lugar del novio.
—Oye ¿Te encuentras bien? —la pelirosada agitó la mano en frente de él para hacerlo reaccionar.
—S-Sí, lo siento Meredy—No sabía por qué se disculpaba, pero era lo primero en que pensó.
—Se nota que no te gustan las bodas, pero sólo debes alegrarte por Gray, ha conseguido a una mujer que lo ame incondicionalmente y si él llega a lastimarla, tendrá que enfrentarse a nosotros—declaró sonriente haciéndolo sonreír a él.
Era cierto, no permitiría por nada del mundo que Gray lastimase a Juvia, aunque viéndolo ahora, no parecía tener intenciones de hacerlo.
Al menos no intencionalmente.
Quizás las bodas no sean de su agrado, pero se encargaría que Juvia no viviera lo mismo que su antigua maestras y para ello, tenía mucho apoyo.
Miró a la pelirrosada que de alguna manera logró atrapar el ramo de la novia.
.:Fin:.
