Luna en el infierno
Por: Wendy Grandchester
Capítulo 1
—Sí, ya había conocido al señor hace un tiempo... en una exposición, pero... nunca supe su nombre...— Candy le dio una sonrisa matadora, él aún era incapaz de hablar.
—¿No te vas a presentar, Terry?— La sonrisa de Archie al decirlo fue burlona, el hecho de que su amigo quedara impresionado con su mujer le levantaba el ego en lo más alto.
—Disculpe... soy Terrence Grandchester, señora...— Le extendió la mano con respeto y total cortesía.
Ella tomó su mano, pero no para estrechársela, sino que lo acercó a ella y le dio un beso en la mejilla, casi lo mata con eso.
—Y nada de señora, prefiero que me llames Luna.— Mostró la misma sonrisa radiante y entrelazó su mano con la de Archie.
—Bien, ahora podemos cenar. Candy hace un pollo asado en salsa de guayaba que te mueres.— Le dio a Candy un beso en los labios cuando lo dijo, el rostro de Terry se enfureció, pero él no veía la razón.
Se sentaron en la mesa, Archie, siempre como buen anfitrión, no paraba de hablar, de contar anécdotas, tampoco podía dejar de tocar a Candy por más de un minuto, Terry sólo quería salir corriendo de ahí.
—¿Qué haces cuando no estás volando, Terry?— Sus ojos brujos se clavaron en él a la vez que con su tenedor se llevaba un pedazo de pollo, pero para Terry, todo lo que ella hacía, por ordinario que fuera, era extremadamente sexy.
—Cuando no está volando, se divierte mucho procreando.— Archie soltó una carcajada y besó a Candy una vez más, pero a Terry no le hizo gracia el comentario, de hecho, a Candy tampoco.
—Disfruto de surfear también, suelo hacer paracaidismo... escalar...
—¿Paracaídas? ¿En serio?— Ella dejó su comida y centró en él toda la atención.
—Te dije que es un chico extremo.
—Siempre he querido lanzarme con un paracaídas... ¿será que me llevarías alguna vez?— Preguntó de manera inverosimilmente infantil, sus ojos misteriosos reflejaban en ese momento una inquietante inocencia. Terry no supo qué contestar a eso, miró a Archie y él sólo se alzó de hombros, sonriendo con indulgencia.
—Te aseguro que no te dejará en paz hasta que le cumplas, hermano.
—Bueno... será un placer llevarte alguna vez.— Candy sonrió, una sonrisa de haberse salido con la suya.
La cena terminó y Candy se retiró, quedando los dos amigos solos. Terry no se había sentido tan incómodo en toda su vida. No quería sentir lo que estaba sintiendo. Deseaba a la mujer de su amigo, eso iba en contra de todos sus principios, esa atracción era algo que tenía que matar cuanto antes.
—¿Y qué opinas?
—¿Sobre qué?— Preguntó Terry distraído mientras aceptaba el vaso de Tequila que Archie le extendía.
—De Candy.— Terry se dio un buen trago de Tequila para conseguir algo de calma.
—No sé qué decirte... creo que es... agradable...
—¿Agradable? Es un huracán, hermano.
—¿La amas?— Archie se desconcertó.
— Hasta estoy pensando serle fiel...— Le palmeó el hombro a Terry y soltó una carcajada a la que Terry fingió corresponder.
—Archie... ¿cómo fue que tú conociste a Luna?
—Honestamente, ni sabía que era una conocida artista, pero... gracias a que me dedico al mundo de la moda, una tarde llegó ese bombón procurando un vestido y... fue amor a primera vista.
—Amor a primera vista...— Repitió Terry con ironía.
—Es que esa mujer es... diferente... es impredecible, se mostraba tan inaccesible y yo... yo tenía que poseerla, sin conocerla, sólo la quería para mí...— Los ojos de Terry brillaron de rabia, él sintió lo mismo cuando la vio la primera vez.
—Te deseo mucha felicidad, ya me voy.— Le devolvió el vaso ya vacío y se dirigió a la puerta.
...
—Candy... ven a dormir.— Archie la encontró pintando en su cuarto privado.
—Espera, déjame que termine esta...
—No puedo esperar... no puedo...— Le susurró abrazándola desde atrás, acariciándole el trasero y rozando su erección contra su cuerpo.
Ella giró en sus brazos, se le colgó a la cintura y de maldad, le pintó la cara con el pincel. Entre risas llegaron hasta la habitación.
—Oye... no me rompas esas bragas, me gustan mucho...— Era tarde ya para eso.
—Te compraré cien más.— Ella lo comenzó a besar con pasión, él le sujetó las manos hacia arriba y le hizo el amor siempre como si fuera el último día, con las ansias de cuando se estrena algo nuevo, algo de lo que aún no te has cansado.
—¡Arrhgg!— Terminó él y se quedó sobre ella agotado.
—Archie...
—Dime.— Respondió sin levantar la cabeza de sus pechos, calmando su cuerpo aún.
—Te amo...
—Y yo también, cariño. Yo también.— Le dio un beso en los labios y se puso de pie para asearse. Ella se quedó en la cama un rato más, sobre la mesita de noche escuchó vibrar el celular de Archie. No quiso tomarlo, no era ese tipo de mujer, pero... el celular seguía vibrando con insistencia y ya era tarde...
"¿Qué tal, bombón?
Me tienes abandonada...
Llama, Annie.
Candy terminó de leer el mensaje y a la vez luchaba contra unas lágrimas de coraje que amenazaban con salir. Las lágrimas eran sinónimo de debilidad, ella no podía permitirse llorar y mucho menos por un hombre.
—Cielo, el agua está divina, ¿por qué no vienes y...?— Archie detuvo su argumento de golpe, ella le estaba extendiendo el celular y por su cara sabía que estaba en problemas.
—Annie dice que la tienes abandonada.— se levantó de la cama molesta para dirigirse al baño.
—Candy...— La tomó por el brazo para detenerla.
—Sé que tuviste un pasado, que no eres un santo, pero ya estás casado, no puedes pretender seguir llevando tu vida de soltero...— Le reclamaba.
—Lo sé, mi amor, créeme, todo eso ha quedado atrás, la única mujer a la que deseo es a ti... ¿me crees, verdad?— Le tomó el rostro con ambas manos, mirándola a los ojos con el semblante realmente compungido.
—¿Por qué te textea esa Annie a estas horas?
—No lo sé, no recuerdo la última vez que la vi, probablemente no sepa que me casé... pero se lo aclararé inmediatamente.— Ella solo asintió y se metió a bañar.
La ducha caliente la relajaba, cuando se aseaba y se limpiaba todos los restos de maquillaje, solía contemplarse en el espejo, a la verdadera Candy, no a Luna. Cuando se despojaba de todas las fases de la Luna, era solo una chica, con todos los miedos, las dudas y los complejos de una mujer real, pero se vendía como Luna, porque la luna, la podías apreciar desde una gran altura, estaba ahí para todos, pero accesible para muy pocos. La luna salía a su antojo, a veces, antes de caer la noche puedes apreciar su leve y casi invisible silueta. Puede que en algunas noches salga a medias, reservada, y otras noches, se muestre llena, grande, radiante, noches de gala, donde es observada, admirada, detonadora de pasiones.
Se puso su bata de seda, parte de su ajuar de recién casada y se metió a la cama, no sin antes observar un rato a su esposo dormido, con el semblante relajado, sus rasgos delicados y hermosos, lo amaba. Le dio un beso en la frente y se quedó dormida junto a él.
...
Era de madrugada, no se la podía sacar de la cabeza, por más que quisiera. No quería pensar en ella, no quería recordar su cuerpo angelicalmente diabólico, quería olvidar su sonrisa, su encanto. Archie era su amigo de toda la vida, habían compartido casi todo, andanzas, aventuras, pero nunca, nunca habían compartido una mujer, cada uno había tenido muchas, pero jamás la misma, no importaba si se tratara de una relación pasajera, si fuera un revolcón de una sola noche, si ya había sido de uno, no podía ser del otro, eso iba contra todas las leyes de la lealtad, es especial Luna, porque Luna era su esposa.
Esposa... ¿Cómo una mujer como Luna había ido a parar con Archie? ¿Casarse? ¿Cómo coño había sucedido eso? Luna parecía ser una mujer muy astuta y aunque a Archie le sobrara encanto, por lo general, las mujeres como ella podían enseñarle a jugar a un jugador. ¿Será que lo amaba? Seguramente. Luna siempre se había mostrado encantadora y coqueta, pero era solo su personalidad, porque siempre fue atenta con su esposo, las miradas más intensas siempre fueron para Archie, su coquetería era innata, simplemente se hacía desear y probablemente, no siempre era conciente de ello o tal vez sí, pero nunca cruzaba la línea, sobretodo, porque estaba, para bien o para mal, perdidamente enamorada de su esposo.
Un motivo más para alejarse. Tal vez hacer un poco de ejercicios lo agotaría. Se levantó de la cama y comenzó a hacer lagartijas, perdió la cuenta de cuántas hizo, se dio un baño, pero nada se la sacaba de la cabeza, eso lo inquietaba. Era la mujer de su amigo, su hermano del alma se repitió hasta el cansancio, hasta que se quedó dormido.
...
—Buenas tardes, Luna, vine a buscar a Archie... ¿se encuentra?
—Buenas, Terry... no está aquí todavía, pero no debe tardar, si gustas esperarlo...—Le sonrió con plena intención, llevaba una camiseta corta y un jean muy corto de flequillos, tenía varias manchas de pintura, la paleta y el pincel en las manos, iba descalza, sus pies hermosos y pequeños mostrando unas uñas perfectamente cuidadas y pintadas de rojo.
—No... mejor no, por favor, dile que pasaré por aquí más tarde...— No quiso quedarse a solas con ella, no por el miedo de flaquear, sino porque no era correcto.
—¿A qué le tienes miedo, Terry?— Se mordió el labio inferior y bailó el pincel en las manos, Terry tragó grueso.
—¿Perdón?— Preguntó desconcertado.
—Siento que me rehuyes... ¿por qué?— Se le acercó y coquetamente comenzó a pasar el pincel limpio por sus labios.
—Luna...
—Me deseas, lo sé...— Lo sorprendió con un beso que no pudo detener, fue inesperado, no le dio tiempo a reaccionar.
—Luna, ¡por Dios!— Se la quitó de encima espantado, muerto de nervios.
—Yo también te deseo, Terry...
—¿Luna, qué estás haciendo?— Ella se comenzó a desvestir, a él le faltaba la respiración.
—¡Jam!— Despertó a punto de sufrir un infarto. Agradeció con todo su ser que sólo fue un sueño, un sueño muy cruel, por cierto.
Eran las seis de la mañana, él tenía un vuelo a Londres a las ocho. Decidió que era mejor prepararse para irse a trabajar. Luego de ponerse su uniforme y peinarse, fue a la cocina y se tomó una taza de café negro, sin azúcar. Tomó las llaves de su BMW y se dirigió al Aeropuerto Internacional de Nueva York.
—Buenos días, señor Grandchester, impecable como siempre.
—Gracias, Patty.
—Oh pero qué guapo.— Dijo Eliza, la otra azafata.
—Amanezco así todos los días, pero creo que hoy exageré.— Les guiñó un ojo a ambas mujeres y abordó el avión.
Era la mejor terapia para no pensar en ella, mientras piloteaba, sólo sentía la magia de estar por los aires, de sentirse un semidios, tenía el control de esa ave mecánica. Hacía mal tiempo ese otoño, debía ser precavido, irse con cuidado y sobre todo, mantener toda su concentración en el vuelo, al menos cincuenta vidas estaban bajo su responsabilidad en ese momento.
...
Llegó a su casa de noche, pero aún era temprano. No había nada que hacer ahí, el quedarse solo, en el ocio, solamente lo induciría a seguir pensando en esa pasión prohibida. Tenía que distraerse, divertirse y tal vez pescar una nueva conquista. Sí, una mujer que le sacara a Luna de la cabeza, por el bien de todos. Se dio un buen baño, eligió un jean azúl oscuro y una camisa gris manga larga, zapatos de vestir negros, ese viernes era un buen día para visitar el Midnight Paradise, hacía tiempo que no lo frecuentaba.
Nada más llegar, atrajo toda la antención de las féminas, las mujeres inmediatamente se le pegaban a bailar y él bailaba con todas. Luego fue a la barra, se pidió un martini. Una mujer se le acercó, tomó el palillo con la aceituna y coquetamente se lo introdujo a la boca. Como el caballero que era, la invitó a sentarse a su lado y le pagó un trago.
—¿Quieres bailar?
—Seguro.
Se dirigieron a la pista, la mujer era guapa y llevaba muy poca ropa, sus movimientos eran muy sugestivos, eso era precisamente lo que Terry necesitaba, encapricharse con alguna que lo hiciera olvidararse de Luna. Cuando más envuelto estaba bailando con la chica, de pronto...
—¡Gina! ¿Qué estás haciendo?
—Yo... eh... él...
Vaya suerte la suya, enfrentarse ahora a un novio celoso. Terry se retiró sin darle impotancia al asunto. Se encaminó a la zona VIP, habían muchas mujeres guapas, con muchísimo menos ropa bailando en los tubos, esa distracción le vendría bien.
—¡Terry! Ven para acá, hermano.
—Archie...— Murmuró él a penas. Ahí estaba su amigo, a sus anchas, con dos mujeres sentadas sobre sus piernas mientras otra le bailaba.
—¿No es esto el paraíso?— Dijo besando en los labios a las dos chicas que tenía en cada pierna.
Terry se indignó por un momento. Se suponía que había encontrado a la mujer más hermosa sobre la tierra, que la amaba hasta el punto de serle "fiel". Era cierto que esas chicas eran guapas, pero no podrían compararse con Luna, además, ella era su esposa, no una de esas que retozaban de regazo en regazo. Pero ese no era su asunto, él no podía meterse en su vida y mucho menos en su matrimonio, Luna seguro debía saber la clase de hombre con quien se había casado.
—¿Quieres un baile, bombón?— Una afroamericana guapa y con curvas mortales se le acercó.
—¿Y quién soy para negarme?— Disfrutó del baile, se distrajo por un buen rato.
Era cierto que Terry no era ningún santo, pero estaba soltero, tenía carta blanca para disfrutar su soltería al máximo. Había tenido muy pocas relaciones serias, pero las había respetado durante el tiempo que habían durado.
—Disculpen, tengo que ir al baño.— Se encaminó entre el barullo de gente eufórica, borracha, desinhibida, hasta drogada y justo cuando estaba ya casi a las puertas del baño, ahí estaba ella.
—¿Luna?
—Hola, Terry...— Él buscó a Archie con la mirada, Archie se dio cuenta y le hizo señas para que la entretuviera y no lo viera con aquellas mujeres.
—¿Qué haces aquí?— Le preguntó algo muy obvio, solo para ganar tiempo en lo que su amigo se deshacía de las dos mujeres. Siempre cubriéndole las espaldas, yéndose en contra de sus principios.
—Salí de una exposición y quedé de verme con Archie aquí... ¿lo has visto?
—Eh... ¿A Archie?— Trató de hacerse el tonto.
—Sí.— Ella lo miró en señal de advertencia, dándose cuenta que algo pasaba.
—No... no lo he visto por aqu...
—¡Lo sabía!— Por más maromas que Archie dio para deshacerse de las dos tipas, Candy lo vio.
Continuará...
¡Hola!
Muchísimas gracias por apoyar este trabajo. He de decir que aunque la trama sea un poco "controversial" por si las dudas, aunque no adelantaré el desarrollo de la historia, sí les diré que NO se trata de una mujer infiel y vulgar por puro capricho, ese NO es el punto de esta historia y yo jamás usaría a Candy para semejante cosa, lo que siempre digo, permítanse conocer bien la historia, denle oportunidad a que se vaya desarrollando y luego se hacen un juicio.
Comoaguaparachoc, marla88, me alegra que estén de vuelta, espero seguir viéndolas por acá.
Gracias por comentar: Carito Andrew, comoaguaparachoc, Dali, norma Rodriguez, elisablue85, Becky70, jhaly baeza, Alizzzz G, vero, Iris Adriana, marla88, Mayuel, skarllet northman, ladygmimi, Luisa, Zafiro Azul Cielo 1313, viany07, Dulce Lu, LizCarter, Azukrita, claus mart, Maquig, amo a terry
Les mando un beso enorme, son importantes para mí, llevo mucho tiempo con ustedes, el suficientes para tomarles verdadero cariño, no tengan miedo de expresarse, recuerden que todas tienen el derecho de gustarle o no gustarle una historia, pues para los gustos se hicieron los colores.
Nos veremos pronto,
Wendy
