Capítulo I: Una chica con carácter

Ella miraba de hito a hito al joven parado a pocos metros de ella. No podía creerlo, era increíble que aquel hombre era Kenshin...No, Battousai. La imponente figura seguía sosteniendo la mirada a su agresor. Por un momento le pareció que su mirada dorada se posaba en ella, pero debía ser imaginación suya, él seguía con los ojos puesto es aquel hombre, sin pestañear y por el escozor que empezaba a sentir en los ojos se dio cuenta que ella tampoco pestañeaba. Debía estar soñando, no podía ser cierto todo aquello...Pero si estaba soñando, ¿por qué le dolía el brazo que aquel hombre se empeñaba en retorcer?

—Si te acercas más —dijo el hombre —te juro que la mato —esta vez Kenshin si la miró, sus fríos ojos se posaron en ella, vio cómo su mirada se deslizaba por su cuerpo para después volver hacía sus ojos. Abrió los ojos sorprendida al darse cuenta que solo llevaba una pequeña toalla encima...Se sonrojó notoriamente, ¿por qué diablos se tendría que haber dado ese baño?, ahora entendía las miradas de aquellos hombres, de él...

—Muy bien, mátala —fue su simple respuesta.

Kaoru sintió como el cielo se le venía encima, él...ese hombre no era su Kenshin, no era el Kenshin que la protegía, era un ser frío, sin escrúpulos. ¿Cómo podía una persona cambiar tanto? Aquel hombre era una persona muy alejada de Kenshin, había visto algunas veces salir ese lado tan temido por Kenshin, pero siempre la protegía, nunca intentaba hacerle daño...El filo de una daga en su cuello la sacó de sus pensamientos. Tragó con fuerza sintiendo como el hombre que la tenía apresada hacia presión con la daga en su garganta. Miró a Battousai implorante, pero él seguía tan inexpresivo como hace unos minutos. Un punzante dolor se clavó en su garganta y sintió como un hilo de sangre salía de la fina raja que le habían hecho. Eso era suficiente, Battousai no la iba a ayudar y ella no era ninguna niña inofensiva para no poder cuidarse sola. Apretó con fuerza el puño del brazo que le retorcía y tenso el brazo lo máximo posible, sintió como aquel hombre se sorprendía. Baja de guardia. Aprovechó su distracción para soltarse y agarrar la mano de aquel hombre, tenía el bíceps agarrotado, pero eso no le impidió que utilizase todas sus fuerzas para lanzar a aquel hombre por encima de ella y volcarlo de espaldas. Todos los presentes exclamaron sorprendidos, todos menos Battousai que mostró una cínica sonrisa.

—Parece ser que no eres tan fuerte —murmuró con desprecio.

Kaoru aprovechó que el hombre estaba tendido totalmente frustrado y adolorido para agarrarle su espada. Pesaba bastante, al igual que la de Kenshin y eso dificultaría sus movimientos si tenía que luchar. Ella estaba acostumbrada al manejo de su espada de bambú.

—Muchachita estúpida —gruñó el hombre incorporándose —. ¿Qué hacéis todos parados observando a la mujer? Matadla, maldita sea.

Fue dada esa orden y todos obedecieron, sacaron sus espadas y un sudor frío cubrió su cuerpo. ¿Cuántos eran? Uno, dos, tres... ¡Nueve! Nueve hombres fuertes con espadas afiladas contra ella, que apenas podía sostener la pesada espada. Sintió como la sangre de su herida salía a borbotones y se deslizaba hasta el nacimiento de sus senos. Su mente se tornó nublosa y entrecerró los ojos. Debía concentrarse, tenía que estar pendiente de cuando atacasen, y así fue, uno de ellos fue hacía ella con la espada en una extraña postura. Atacó y ella esquivó a duras penas, aprovechó para atacar al hombre, pero éste paró el golpe con su espada. No quería matar al hombre, no quería, un solo movimiento certero con la espada y le cortaría... El hombre dio una magnífica vuelta sobre sí mismo para luego atacarla con fuerza, ella lo paró con su espada e hizo una mueca de dolor. Le dolía demasiado los músculos agarrotados por el frío y el cuello. La lucha se prolongó más de lo que ella esperaba, estaba cansada y no había manera de vencer aquel hombre, y aún le quedaban ocho más, si al menos tuviese su espada de madera... Aquel hombre seguía golpeando su espada contra ella y ella poco resistía ya, retrocedía por los golpes y sus piernas temblaban, no sabía cuánto más podía seguir en pie. Su espalda se topó contra la pared, los ojos de aquel hombre brillaron con fuerza.

—¡Muere! —gritó colérico. Ella solo atinó a cerrar los ojos con fuerza, esperando el golpe, pero ese golpe nunca llegó. Abrió un ojo, dudosa, y vio una cabellera pelirroja. Battousai estaba delante suya, sus ojos se humedecieron y una pequeña sonrisa apareció en sus labios, la había protegido...La sonrisa no tardó en borrarse al ver como su adversario caía inerte al suelo y formaba un charco de sangre a su alrededor.

—Ya hemos tenido suficiente espectáculo —su voz no era sino un murmullo ronco, totalmente amenazador.

Los demás palidecieron, pero estaban dispuestos a luchar. Fue la primera vez en su vida que Kaoru veía una escena tan atroz, la primera vez que veía como Battousai mataba, uno por uno, a todos aquellos hombres, sin piedad, sin miramientos. Su espada estaba llena de sangre y a sus pies, nueve hombres muertos con los ojos muy abiertos y auténticas expresiones de pánico en sus rostros, el suelo estaba encharcado de un río carmesí. Las piernas le temblaban, sus ojos le escocían por las lágrimas que intentaba contener. Apartó la mirada de aquellos hombres y la fijó en Battousai, estaba de espalda a ella, él se giró un poco y la observó. Dorado y zafiro. Aquel brillo en su mirada...era el mismo que había dirigido a esos hombres...Tragó con fuerza. Estaba demasiado débil para luchar, demasiado débil para seguir en pie...

—Kenshin... —pronunció en apenas un hilo de voz, el dolor en la garganta era demasiado para ella...Observó como él abría los ojos sorprendido y movía la boca para hablar, pero no pudo seguir viendo ni escuchando más, ya todo era oscuridad...

Battousai miró a la joven que estaba dormida en su futón. Una joven que había demostrado su valor luchando contra los miembros de la organización Annimahani. Volvió su mirada a la ventana y observó los árboles de cerezo. ¿Cómo sabía aquella mujer su nombre? No había sido producto de su imaginación, de eso estaba seguro, aquella mujer había pronunciado en un leve y claro susurro su nombre. Kenshin. Eso era lo que le había impedido matarla... Pero él no recordaba el verla visto antes. Sin duda una mujer así no la olvidaría, ¿sería una enemiga? Su forma de luchar le había mostrado que no era una principiante, sabía defenderse y atacar, pero algo le había impedido matar a aquel hombre. Estaba seguro que ella hubiese podido sola, sus movimientos eran maestros, rápidos a pesar de estar herida y casi desnuda...Volvió a mirarla, era bella y tenía un cuerpo exquisito. Había tenido que quitarle la toalla para poder cuidar todas sus heridas, pero sólo mostraba un moratón en el brazo derecho y el corte en el cuello, había sido un momento, pero el suficiente para que admirase las curvas de su cuerpo, sus senos, su estrecha cintura, sus caderas y sus largas piernas...

Abrió poco a poco los ojos, intentando acostumbrarse a la luz. Le dolía todo el cuerpo, pero aún más la garganta. Cerró los ojos y suspiró, no tenía ganas de dar clases con Yahiko, ni de regañar a Kenshin ni a Sanosuke, solo deseaba dormir... Unas imágenes asaltaron su cabeza: Battousai, ella casi desnuda, un hombre cortándole el cuello, su lucha, los ojos fríos de Battousai mirándola...Abrió los ojos sorprendida y se incorporó en el futón bruscamente, sin darle importancia al dolor de su cuerpo. No podía ser, tenía que ser un sueño. Se llevó la mano a su adolorido cuello y notó una pequeña venda en él. Advirtió que había otra presencia en la habitación y giró su cabeza hacía la ventana, allí, sentado con la espada apoyada en su pecho y mirándola de reojo estaba Battousai. Serio, imponente y tremendamente atractivo. Sintió como el frío golpeaba su piel y miró su cuerpo. ¡Sus senos! Se tapó rápidamente hasta la barbilla y volvió a mirar a Battousai, temerosa y recelosa. Él mostró una media sonrisa llena de cinismo.

—¿Por qué no me has matado? —preguntó con cierto temor. Hablar con Battousai era como hablar con un desconocido al que conocías perfectamente, una sensación extraña y contradictoria, pero así se sentía.

—¿Cómo sabes mi nombre? —preguntó eludiendo su pregunta.

Kaoru lo miró de hito a hito sin saber que decir. No recordaba haber dicho su nombre, pero si lo había dicho qué iba a decir... ¿Qué le conocía? ¿Qué había pedido un deseo estúpido y estaba en el pasado para remediarlo? Un momento...Su deseo...deseo borrar su dolor... Ella no había pedido estar en su pasado, ella se refería a borrar el dolor de su pasado, que olvidase sus asesinatos, acallar los fantasmas que lo atormentaban, su dolor por Tomoe... ¡En ningún momento pidió estar en el tiempo de Battousai!

—Pues... —balbuceó sin saber realmente qué decir —Battousai, ¿es qué acaso no te llamas así? Te reconocí por tu cabello pelirrojo —lo dijo tan rápido que casi se muerde la lengua. El frunció el ceño y sus ojos brillaron peligrosamente.

—No te hagas la tonta.

Battousai era tan poco elocuente y tan directo a la vez que le sorprendía. No era que Kenshin fuese muy hablador, pero comparado con él... Ni siquiera podía descifrar sus emociones por que, simplemente, no mostraba ninguna. No sabía qué contestar por eso prefirió mantenerse en silencio, fijó su mirada en las mantas que la tapaban. Sospechaba que Battousai la había salvado por saber la razón por la que sabía su nombre, pero prefería callar que parecer una loca contando esa historia. Sintió como Battousai se levantaba y por un momento tuvo miedo de que le hiciera algo, pero él no se acercó, ni la miró, solo salió de la habitación tras mirarla de soslayo. Kaoru respiró tranquila, si Battousai no la había matado no tenía de que preocuparse a no ser que esperaba a más tarde para hacerlo...Un escalofrío recorrió su cuerpo. Las imágenes de aquellos hombres volvieron a su cabeza, verlos ahí, muertos con la cara completamente desencajada le había afectado. ¿Cómo podía Battousai estar tan tranquilo después de ser él el responsable de sus muertes? Ahora entendía perfectamente a Kenshin, esas imágenes y la culpa lo perseguían, no quería ni imaginar que más asesinatos había cometidos y a quienes había matado. Había dudado en matarla o no, ¿quería decir eso qué también había matado a otras mujeres? Y…¿había matado a niños?

Se tumbó en el futón. Debía alejar esos pensamientos. Todavía le parecía un simple sueño lo que le estaba pasando, un sueño del que quería despertar y ver al amable Kenshin que ella conocía. No al asesino Battousai de la era Tokugawa. Oh, la era Tokugawa, el desastre, asesinatos, corrupción...Tenía que tener cuidado.

—Ey, Battousai —llamó Lizuka llegando hasta él —me han dicho que has traído a una mujer prácticamente desnuda y muy hermosa.

Battousai no se detuvo, siguió andando, pero le miró de reojo.

—¿Quién te ha dicho eso?

—La señora Hiroe —dijo nombrando a la bella anfitriona —dime... ¿dónde está? ¿Está en tu habitación? —preguntó morbosamente.

Battousai miró al frente, cansado de las preguntas de su compañero, entonces vio como la bella chica que había traído pasaba por el pasillo con una espada de bambú en la mano, llevaba un hermoso kimono color verde con bellos bordados amarillos y rosa y su largo cabello colocado sobre el hombro derecho. La nariz sonrojada por el frío y los ojos brillándole con intensidad. Azules. Anoche no pudo apreciarlos por la oscuridad, pero ahora podía ver aquel azul zafiro con claridad.

—No, está allí —contestó señalando a Kaoru. Lizuka siguió la dirección del dedo de Battousai y se encontró con una hermosa chica caminando de prisa por el pasillo con una espada de madera en las manos. ¿Una espada de madera?

—¿Qué hace con un shinai? —preguntó enarcando una ceja. Battousai, simplemente se encogió de hombros. Aquella muchacha sí que era rara —¿Sabes cómo se llama?

—No —contestó. A decir verdad, no sabía nada acerca de aquella muchacha, la había encontrado semidesnuda en la calle, ¿qué haría vestida con una simple toalla? ¿Sería una prostituta?

—Battousai, amigo, te has cegado por su físico y no te has preocupado en saber quién es. ¿Y si es una espía enviada por los Shinsengumi?

Battousai frunció el ceño. Claro que lo había pensado, su habilidad para con la espada había despertado en él mucha desconfianza. No había muchas mujeres que supieran manejar la espada, de hecho, él no conocía a ninguna, todas las que conocían se mostraban dulces, delicadas y lo único que sabían utilizar era sus encantos. ¿Sería esa mujer una de sus enemigas? ¿Tendría que matarla? Ella paró en seco y se giró, mirándolos con sus inmensos ojos azules.

Kaoru tragó con fuerzas al ver a Battousai y al hombre que lo acompañaba. Debía ser, también, miembro del Ishinshishi. ¿Cómo iba a explicar ahora lo de la espada de bambú?, la había cogido de una habitación que estaba llena de ellas. Battousai y el otro se acercaron a ella.

—¿Qué haces con un shinai? —preguntó Battousai. Kaoru miró la espada y luego a Battousai, él enarcó una ceja.

—¿Cómo te llamas, preciosura? —preguntó el hombre sujetando una de sus manos entre las suyas y acariciándola con la otra. Kaoru se sonrojó, que situación más incómoda…

—Kaoru…

—Yo Lizuka, para servirle... —dijo guiñándole un ojo.

Oh, aquel era el hombre que traicionó a Kenshin. Frunció el ceño y apartó bruscamente su mano de él, volvió a mirar a Battousai quien mantenía su dura mirada fija en ella y los brazos cruzados.

—¿Vas a decir qué haces con eso? —volvió a preguntar dirigiendo una mirada a la espada.

—Una chica tiene que estar bien protegida —explicó intentando parecer calmada y segura —hay muchos aprovechados y en estos tiempos de asesinatos y corrupción necesito un arma para defenderme.

—¿Una espada de madera? —se rio Lizuka.

—No quiero matar a nadie y si te doy con ella fuerte igual duele —contestó con una actitud seria mirándolo fijamente —Voy... Voy a mi habitación a llevar la espada —sonrió —la señora Hiroe es muy amable, me ha dejado una habitación solo para mí —empezó a andar —aunque dijo que lo apuntaría en la cuenta de Kenshin…

—¿Kenshin?, ¿le has dicho a esa chica tu nombre? —preguntó Lizuka.

Battousai miró el movimiento de caderas al andar de Kaoru y luego se giró, reanudando su camino hacía el salón.

—No —contestó sinceramente —ella lo sabía…

Lizuka frunció el ceño y miró receloso el pasillo donde hacía unos momentos Kaoru había estado y ahora solo quedaba aquel embriagante olor a jazmines. Debería investigar a aquella joven, era una mujer bastante extraña…

—Bien, la investigaré —anunció luego se volvió a Battousai con una amplia sonrisa —. Ya que le pagas su habitación deberías comprarle a esa preciosura un kimono de su talla.

Continuará...


Aquí está el nuevo capítulo, debido a vuestros ansiosos comentarios por una continuación rápida la he subido lo antes posible, pero tengan piedad de mí tengo que escribir otras historias y no doy a basto u.u. Pero me encantan vuestros comentarios me dan ánimos para seguir escribiendo :).

Muchas gracias a Kaorumar, Kagome—Higurashi13, athena, BattousaiKamiya, Mix Himura, Lorena, noelia, gabyhyatt (son diez años atrás), Kaoru—Neko, Mei Fanel y gabriela ( en la traducción española se le llama Battousai el carnicero, no ha sido invención mia). Bueno espero que os guste este capítulo también!. Besos a todas!