- ¿Qué haces aquí?
- Siempre me preguntaba por qué tardabas al desayunar ¿Por qué siempre vienes acá arriba? ¿No estarás pensando en hacer alguna locura?
Me conocía demasiado bien. Al fin y al cabo era su hijo.
- No - tenía sus manos en los bolsillos y miraba al horizonte.
Me acerqué a él y nos quedamos contemplando el cielo que estaba a punto de darle el paso al sol.
- Perdón por gritarte de esa manera la semana pasada.- me dijo mirándome de soslayo.
No le dije nada y simplemente asentí.
- Crees que algún día...- pensé varias veces antes de decirlo por temor a cómo reaccionaría.
Su expresión cambio de repente y eso me obligo a que la pregunta se quedara en el aire. Saco un cigarrillo de su bolsillo.
- ¿El amanecer te hace acordar a ella? - le pregunte
- Sí - suspiró el humo negro -. Le encantaban verlos.
Sentía como si estuviese caminando en minas. Quería abrazarlo o pasar mi mano por sus hombros, mas no podía, no quería. Mi orgullo era demasiado grande al igual que las preguntas, al igual que la soledad que siento las veces que llego a casa después del colegio y saber que lo que solía ser nunca más volverá.
- Mañana me iré de viaje y regresaré el lunes
- Está bien
- La señora te dejara comida en el congelador y dejare dinero en el cajón de tu cuarto. Guárdalo bien.
- Sí
¿Por qué...?
Suspiro.
- Bueno, prepararé el desayuno ¿quieres una tostada?
- Esta bien- me miró prolongadamente como si supiese por un pequeño segundo lo que estaba pasando, lo que mi pecho gritaba con ímpetu, pero no se inmutó a preguntarme qué ocurría simplemente sonrió con los ojos y se fue.
Quería a mi papá de vuelta.
