—Francia... —le llama Galia—. ¿Y tú hermano?
—Ehh... no lo sé —responde Francia distraído levantando la cara un segundo buscando a España.
—Ah, es cierto —cae en la cuenta Roma buscando entre los demás, limpiándose la cara—. Austria, muchacho, ven a saludar a tu madre —hace un gesto para que se acerque.
Germania nota la escena con absoluta tranquilidad, viendo pasar el tiempo. El austríaco parpadea un par de veces con esa frase, pensando que debe haber oído mal.
—Mira, está ahí, también es un hombre muy apuesto —asegura Roma tomando a la gala del brazo y señalando a Austria.
Y eso que dice Roma ocurre en el momento preciso en el que por una u otra razón todos bajaron un poco el tono de voz; Francia no registra lo que ha oído, porque lo ha oído, intentando otra vez abrazar un poco a Inglaterra, pero cuando su padre viene y le señala a Austria a su madre, el mundo empieza a moverse a otra velocidad.
Austria les mira con cara de... "¿perdón? ¿Habláis conmigo?" Germania mira a Austria y hace un gesto sutil con la cabeza señalando a Galia... todo con una naturalidad completamente pasmosa.
Francia mira la cara de Austria, luego registra lo que ha escuchado que dijo su padre y leeentamente se escuchan los engranajes de su cabeza moverse un poco más.
—Oh... espera —detiene Galia a Roma—, creía que este era el tuyo, el mayor —señala a Francia para el romano.
—Pues lo es, ese es el de Germaniae —le explica él señalando a Austria.
Francia parpadea dos veces escuchando lo que dice su madre y luego lo que dice su padre.
—Espera, está diciendo que la mutter del señorito... —Prusia susurra para España, que está deduciendo lo mismo y tiene que llevarse la mano a la boca para no morirse de la risa.
—Está diciendo que... tu madre... —indica Suiza mirando a Austria de reojo, deduciendo exactamente lo mismo a la vez.
—No entiendo bien —susurra Hungría metiendo la cabeza entre la de Prusia y la de España.
Suiza insiste en mirar a Austria de reojo, frunciendo el ceño, porque es... es que debe estar entendiendo algo mal... ¿ver... dad?
Austria se humedece los labios mirando a Galia, que se le acerca con sus andares vaporosos.
Francia parpadea otra vez, levanta una mano y toma a su padre del brazo, con más fuerza de la habitual. Mira a Galia como si quisiera traspasarla con la mirada.
—¿Eso quiere decir que... ellos son... B-Brothers? —pregunta Inglaterra a Roma, porque requiere confirmación de verdad.
—Eh? Claro —sonríe Roma y de nuevo piensa que es muy bonito, empujando un poco a Germania—. ¡Pero ve y abrázales, hombre!
Francia abre los ojos como platos ante la pregunta, porque es demasiada bestia y directa, luego mira a su padre IN CRE DU LO.
—Quoi?! —susurra el francés con voz aguda.
—¿Que les abrace? —pregunta Germania frunciendo el ceño y dando un paso hacia ellos, así como el niño al que le mandan a besar a la tía.
Galia hace el mismo gesto hacia Austria que ha hecho con Francia, que se queda paralizado dejándola hacer, aun sin poder meter esto que está pasando en su cerebro.
—Pues un abrazo, hombre, ¡míralos! —le riñe el romano sin hacer mucho caso de Francia.
—Eh? ¿Eres hijo de... ella? —pregunta Suiza iguaaaal de incrédulo mirando a Galia y luego a Austria, y luego a Galia, y luego a Austria.
—Pero... pero pero... pero pero... pero... —Francia en shock mirando a SU madre, ponerle la mano en la mejilla a AUSTRIA que se humedece los labios y se le acelera el corazón sin hacer nada más frente a la caricia ni a nada y frunce el ceño mirando a Galia.
Germania se detiene junto a Galia rascándose un poco la barbilla.
—Roma, no entiendo nada, ¿este es el tuyo o el de Germania? —pregunta ella.
—Es el mío —aclara Germania.
—Ese es el de Germania, princesa —aclara Roma a la vez, acostumbrado a tener que explicarle a Galia las cosas así.
—¿Tú te quedaste al moreno... y tú al rubio? —les pregunta a Germania y luego a Roma.
—Pero es que... non, non, non —Francia gesticula un poco mirando a todos lados y a ninguno a la vez, haciendo cara de "¿en serio están entendiendo lo mismo que yo estoy entendiendo?"
Inglaterra le aprieta la mano a Francia porque al parecer, su hermano perdido solo es la bloody punta de iceberg.
—Me quedé al que tú dijiste que era mi hijo —discute Germania.
—Yo dije exactamente eso mismo, Galita —asegura Roma.
Galia mira a Austria y luego a Germania y luego a Francia y luego a Roma... y hace la ronda dos o tres veces. Francia mira a Roma con ese último comentario y aprieta la mano del inglés con fuerza.
—Pero no se puede discutir con este hombre —asegura el romano señalando a Germania.
Austria está sosteniéndose en pie por pura simpatía, al borde de girarse a su padre y preguntarle literal "¿quién es esta mujer?"
Algunos esquemas mentales (e historias fantásticas) en la cabeza de Francia se rajan y rompen estrepitosamente. ¿Algún día... alguien... había discutido de quien era hijo, si de Roma o de... GERMANIA? Traga saliva.
—Ella fue la que me dijo que el moreno era el mío. Si ella me dice que él es mío, él es mío y punto —aclara Germania frunciendo el ceño hacia Roma, claro.
—Germaniae, te lo dije varias veces, mi amor. Galiae. ¿La ves? No tiene ni idea ella tampoco. Y uno es RUBIO y el otro es MORENO.
—¡Pero ella es la que me dijo! —necea Germania como tantas, TANTAS otras veces.
—En realidad todo está bien —sentencia la gala tan feliz y despreocupada—, mientras haya amor...
Roma Facepalm.
Francia se lleva una mano a la boca mirando a su pad... no. Al hombre que hasta hace un segundo se decía llamar su padre con los ojos desorbitados.
Germania toma aire y hace los ojos en blanco, cambiando la posición de los pies y cruzando los brazos.
—A ver que yo entienda esto, ¿ahora no solo tengo una madre, si no que puede que mi padre sea Rom? —pregunta Austria quitándose las gafas, en un tono mesurado, mirándoles a los tres.
—¿No sabías de mí? —pregunta Galia levantando las cejas.
—¡YO SIEMPRE LO SUPE! ¡SIEMPREEE! —chilla Prusia sin poder evitarlo, señalándoles.
Francia toma aaaaaaire y se pasa una mano por el pelo empezando a estar genuinamente rebasado.
—Nein, yo soy tu vater —asegura Germania necio como un burro.
—Non, non, calma todo el mundo —detiene Roma—. Sé que el mío es Franciae, tu padre es Germaniae, solo le explicaba a Galiae.
Hungría se tapa la boca para no reírse, porque la verdad la idea es... genuinamente extraña y sinceramente... graciosa.
—Oui, claro... hace un segundo dabas todos los argumentos de por qué era ilógico que tú te QUEDARAS conmigo —discute Francia hacia Roma.
España y Veneciano están viendo esto como la telenovela de las cinco, junto con Romano, desde luego, que no se lo puede creer pero a la vez...
—Franciae, eres rubio, mi vida... y él es moreno, ni siquiera sé cómo es que es moreno, aunque pensando en ello, podéis estar los dos agradecidos de no ladrar.
Seychelles suelta una risa burlona pensando que es un chiste.
—Esa es una imagen mental grotesca, Rom, no bromees —asegura Austria.
—No, si no estoy bromeando —asegura Roma preocupantemente serio.
—Ojalá fuera broma —murmura Germania para Austria carraspeando.
—Bien. Hasta aquí. He escuchado más que suficiente —asegura Austria con ese asunto como gota que rebasa el vaso.
—Mon dieu —susurra Francia mirando a su padre con el ceño fruncido.
Suiza le pone una mano en el brazo a Austria suavemente de esa manera tan suya
—Pero es que... es que cómo es que... —alega Francia medio al aire medio hacia su padre.
—Eras un niño, no te iba a contar esas cosas —se defiende el romano.
—Vámonos —pide Austria a Suiza, él aprieta un poquito la mano en el brazo del austriaco y asiente.
—Voy a buscar a Liechtenstein, ¿estás bien? —pregunta en un susurro. Austria niega.
—Y consideraste interesante entonces no contarme NADA, como que... como que... —no le sale la frase esa de "Autriche es mon frère". Solo lo señala.
—Eso era demasiado complicado —asegura Roma porque le rechinaban los dientes a él con Germania yendo con alguien más como para encima estar contándoselo a Francia para que le pidiera un millón de detalles—. No te criaste como su hermano, así que...
—¡Pero es que aun así! —chilla el francés y luego mira a Germania—. ¿Y tú qué? ¿Tampoco? ¡Nos vimos muchas veces! Y... ¡¿Pero es que qué les pasa?! ¿Y tú? —Ahora va con Galia—, ¿no tienes ni IDEA?
—Eres muy hermoso en realidad, tan mayor —asegura ella para Francia.
—Calma, calma —se pone Roma frente a él. Francia facepalm en este momento con ese comentario.
—Ningún "calma, calma". No solo es la maravillosa noticia de que Galia tiene otro hijo...
—Igualmente luego se vio que tú eres mi hijo y eso no lo va a cambiar nada —explica el romano.
Suiza se acerca a Liechtenstein a discutir en ese tono de voz que hablan esos dos hermanos, mientras Germania le pone una mano en el hombro a Austria, que está pellizcándose le puente de la nariz con los ojos cerrados, los abre mirando a su padre de reojo.
—Ya, claro... se vio que yo soy tu hijo porque Galia lo dijo, que si hubiera dicho que era del maldito lechero... —frunce el ceño, genuinamente enfadado/confundido/en shock/sobreenergizado.
—Tú ya sabías que Galia era tu madre, ¿no? ¿No me lo preguntaste de pequeño? —pregunta Germania con buenas intenciones
—Yo apenas sabía de la existencia de esta mujer —replica Austria.
—Oh —se lleva la mano a la mandíbula y se acaricia un poco—, entonces no sabías tampoco lo del chico rubio... Frankreich.
—Non, Franciae, cálmate —vuelve a pedir Roma—. Sabes perfecto que no tiene que ver con eso.
—Desde luego que no —sentencia el austríaco con el ceño fruncido.
—Podría ser hijo de ÉL, ¡ni siquiera lo sabes! ¡¿Pero... pero qué estabas pensando!? ¡Todos! —Francia se pasa una mano por el pelo y con la otra se palpa la bolsa de la camisa buscando DESESPERADAMENTE sus cigarrillos. ¿Austria era su HERMANO? ¿Era hijo de la misma MADRE? Aprieta los ojos y saca un cigarrillo... y cuando saca los cerillos para prenderlos se le caen todos al suelo.
—Bueno, es igual, en realidad Preussen, Schweiz y Deutschland son los que son tus brüder —pim pam pum. Germania se encoge de hombros para el austriaco.
—Claro que lo sé —replica Roma notando el nerviosismo Inglaterra lo nota también agachándose para ayudarle a recoger. Austria FULMINA a Germania.
Francia se mira la mano, repentinamente sorprendido de que Inglaterra no siga pegado a ella, sin tener idea de en qué momento le ha soltado. Espera a que Inglaterra le dé un cerillo llevándose el cigarrillo a la boca con dedos temblorosos.
—V-Ven un segundo, please —susurra Inglaterra a Francia, sonrojadito.
—¡No es mi bruder! ¡Seguro es bruder de un perro! —Prusia sin piedad señalando a Austria.
—Claro que lo sabes... Qué vas a saber si no tienen IDEA —protesta el francés antes de mirar a Inglaterra como si tuviera dos cabezas un instante antes de escuchar a Prusia y ponerle a Inglaterra una mano en el hombro, sin estar seguro de cómo es que aún sigue de PIE. Asiente.
Germania fulmina a su vez a Prusia con una de esas miradas de SERIA advertencia.
—¡Pues eres tú, mi hijo! ¡¿Cómo voy a no saberlo!? —exclama Roma porque no le cabe en la cabeza. Inglaterra tira de Francia hacia la casa, en silencio.
Austria FULMINA también a Prusia, que se acojona un poco con los dos. Suiza vuelve de con Liechtenstein prácticamente corriendo viendo la debacle. Toma a Austria del brazo.
—Preussen, vamos por una cerveza —ofrece Alemania como ayuda tanto a Prusia como a Austria, poniéndole al albino una mano en el brazo y prefiriendo no mirar al moreno.
—¡Pero! —protesta Prusia que en realidad quiere quedarse a oír.
—Bitte, sólo un poco para allá —empuja Alemania que también quiere oír pero no quiere muertos. Así que se va con él.
Galia, que está ahí, les sonríe a los dos.
—Claro, muy hijo tuyo por mis tierras... —murmura Francia frunciendo el ceño y yendo tras el inglés.
—¡Tus tierras no fueron tuyas hasta que mi imperio cayó, desagradecido! —le chilla Roma cuando Inglaterra le mete en la casa, cerrando la puerta.
—¿¡Desagradecido?! —protesta Francia a la puerta—. Me ha llamado... Me ha dicho... —le acusa con Inglaterra en un real intento de seguir desviando esto hacia el enfado y no al drama, puesto que a decir verdad, esa última palabra de Roma le ha golpeado como un látigo.
Inglaterra le mira a la cara un instante y le planta un beso empotrándole contra la puerta sin pensar más, a ver si puede sacarle los nervios un poco.
—Österreich... —murmura Germania sin saber que decir en realidad. Austria vuelve a mirarle—. Nunca he dudado que seas mein sohn —asegura simplemente Germania al austriaco, mirándole a los ojos.
Austria le mira fijamente con cara de circunstancias y se muerde la lengua para no responderle que es una creencia basada en la palabra de una mujer que cree vivir en un sueño.
Francia cierra los ojos, abre la boca y se deja besar abrazando a Inglaterra de la cintura y, al menos por unos instantes, consiguiendo olvidarse de todo el trauma.
El británico profundiza intentando sorberle el cerebro y que sea uno de esos besos que lo curan todo. No pasa tanto tiempo antes de que Francia este con la cabeza ida agradeciendo enormemente que Inglaterra tome el control.
Después de un ratito se separa con suavidad y le mira a los ojos. Francia le mira con la respiración agitada, pero considerablemente más tranquilo.
—¿Estas... bien? —pregunta suavemente.
—Non—admite.
Inglaterra se muerde el labio mirándole un poco desconsolado.
—Pero estoy mejor que ahí afuera —asegura soltando el aire, hablando de manera más racional y mucho menos histérica que antes—. Es que...
El inglés traga saliva y le mira preocupado.
—Mon dieu... —susurra apretando los ojos—, ¿qué clase de locura es esto, Angleterre?
—Vamos a volver a salir a ver si aclaramos esto —le toma las manos. Francia le aprieta las manos y suspira.
—Merci.
El británico se sonroja de nuevo.
—No es por ti, es porque... me da curiosidad —miente levantando la barbilla. El francés sonríe levemente con el gesto despegándose un poco de la puerta.
—¿Me veo bien? —pregunta genuinamente preocupado por este detalle. Los ojos verdes le miran de arriba abajo, se sonroja un poquito más.
—No.
—No me extraña —suelta un poquito en drama pero sonríe
Inglaterra le aprieta las manos y le suelta una, volviéndose a la puerta para abrirla. Francia toma aire y sale detrás del inglés la mitad de histérico de lo que estaba antes.
Germania por su parte mira la cara de circunstancias de Austria y le pone una mano en la mejilla, pero él se aparta en un gesto seco y se masajea las sienes tras quitarse las gafas.
—Tú también estás muy mayor y muy guapo —le asegura Galia.
—Ya podemos irnos, Österreich —susurra Suiza para el austriaco.
—Y es muy listo y centrado —asegura Germania.
Él vacila sin tener claro si quedarse y con esas cosas se vuelve definitivamente, asintiendo.
—Galia, creo que Österreich está un poco rebasado con la situación, ¿por qué no vas con Rom? —propone Germania.
Ella mira al germano y luego a Roma, que está esperando en la puerta de brazos cruzados a Francia cuando salen.
—Canadá va a llevar a Liechtenstein a casa —explica Suiza al austríaco—, ¿necesitas algo más?
Él niega y Francia mira a Roma con expresión indescifrable al salir por la puerta. Se muerde el labio.
Roma le mira intensamente.
—Allô —saluda deteniéndose frente a él y levantando la barbilla—. Sigo enfadado contigo.
Roma suspira
—Pero... Eres mi papa, pase lo que pase —murmura apretando la mano del inglés.
El romano sonríe con eso y abre los brazos para abrazarle.
—No puedo creer que no me hayas dicho nunca eso —protesta sin soltar a Inglaterra pero dejando que Roma le abrace.
—Eras un niño pequeño, la idea de tu madre siendo una guarra y tirándose a mi hombre no cuadraba con el cuento de la princesa —le susurra en el abrazo.
—Pero era mi historia de la princesa... —susurra apretando los ojos en el abrazo—, y tú... Ni siquiera sabes si realmente soy YO, bien podría haber sido ÉL. ¿Qué pensabas cuando le veías? "Mira como ha crecido mi niño..." ¿Por eso lo trajiste a casa?
—Tú eres mi niño —responde a eso, claro, llano y sincero. Francia se queda callado unos instantes.
—Ugh... Además él. ¡De todos tenía que ser ÉL!
—En realidad os parecéis bastante...
—¡No es verdad! —protesta frunciendo el ceño y separándose.
Roma le suelta levantando las cejas y Galia sonríe tras ellos.
—Cómo vas a decirme eso si él es... Ugh! —protesta otra vez y mira a su madre revolviéndose un poco aun pensando en el asunto "es una guarra". Claro, Francia, como tú no eres un guarro que se los ha tirado a todos... Y tu padre en lo absoluto es un guarro que se los ha tirado y además los ha matado.
Ella hace un gesto de la cabeza para apartarse el pelo de la cara muy parecido al que hace Francia que se le mueve la melena y sonríe más, encantadora.
—¿Ya acabaste de saludar a tu OTRO hijo?
—Me parece que no sabe ni quién soy, se estaba marchando, creo.
Francia levanta las cejas.
—¿Se ha ido? —pregunta levemente sorprendido buscándole en el jardín. Roma e Inglaterra se vuelven también y sí se están subiendo al coche con Suiza, quien se recarga en la puerta después de abrírsela.
¡El culebrón sigue su curso!
