-Probando, probando, 1, 2, 3… ¡si! parece que tenemos buena recepción- ¨ transmitiendo nuevamente desde la boca del infierno, regresamos con la segunda entrega de esta obra. (Somos malas pero tampoco tanto como para dejarlos con la intriga.) Esta asociación ha consensuado canalizar las maldades en esta historia. Por eso les advertimos que no se dejen engañar por la pasividad, porque representa la calma antes de la tormenta… ¡Y recen porque los Winchester hayan atado bien las amarras de su buque! Saludamos a lo sacrílegos que se han atrevido a dejar su comentario en el tan injustamente despreciado libro de quejas:
Chihine ¡¿Interesante?!... ¡que buena percepción amiga mía! Ya verás que lo mejor esta próximo a tocar la puerta, ¿O es que acaso tienes información que nosotros no? ¡No se puede confiar en demonios! ¡Son todos unos chismosos! En fin… te invitamos a seguir leyendo, mientras no filtres información a los Winchis. Y ya que estamos, se te agradece montones la iniciativa de comentar n.n ¡Thnks!
Y ahora, continúa la tortura…
CAPÍTULO SEGUNDO
Sam regresó a la habitación del hotel poco después del mediodía.
Dean no estaba por ninguna parte, al menos no en el cuarto. Pero la chaqueta y el resto de sus cosas sí permanecían allí, así que no podía haber ido muy lejos. Excelente deducción, y eso considerando que tenía al máximo los sentidos de alerta tan naturales en él. El más joven de los dos hermanos dejó sobre la mesa el paquete con el libro que había comprado en la mañana, y se sirvió una cerveza del minibar, pensativo. ¿Qué era lo que más le molestaba de sus sospechas? ¿Qué había posibilidades de que el Demonio de los Ojos Rojos estuviera involucrado, o que bien podía estar haciéndose la cabeza con todo el asunto?
Sus decisiones no iban ni para atrás ni para adelante cuando la puerta del cuarto se abrió sorpresivamente, y un Dean con las manos bastante sucias de grasa oscura y un fuertísimo olor a gasolina apareció frente a sus ojos. Sam casi dio un salto, distraído como estaba.
— ¡Vaya! Y yo que pensaba que no volverías hasta la mañana. —bromeó el otro.
Sammy lo miró torcido por un instante, todavía algo molesto por la riña.
—… bien, ¿Qué quieres comer? —preguntó Dean, y abrió la canilla del fregadero para lavarse las manos con detergente— Porque a mí se me antoja una buena comida casera, como espaguetis o algo de eso. —
—… ¿No me vas a preguntar dónde estuve? —sonrió Sam, sarcástico.
—… no soy tu nana. —respondió el mayor, encogiéndose de hombros.
"Qué extraño, ¿Y entonces qué diablos es lo que has parecido hasta ahora, Dean? Pero bien, si ya no quieres actuar como ni nana, me parece que yo seré quien empiece a hacerlo. Tendré que empezar a cuidarte, del mismo modo que tú creías que podrías cuidar de mí." pensó Sam, con el ceño algo fruncido.
—… de acuerdo, ¿Dónde estuviste? —se rindió Dean, con sorna.
—Por ahí, sólo dando un paseo y leyendo algunos periódicos… y encontré algo que te puede interesar. Tal vez sólo sean ideas mías, pero creo que vale la pena echarle una mirada. —
— ¿Algo como qué? —
—… podría o no ser un trabajo. Dijiste que querías seguir en el negocio, ¿No? —
Dean parpadeó dos o tres veces, mientras se restregaba por tercera vez las manos con ese detergente de lavar platos. Frunció el ceño sin volverse a mirar a Sam, pensando a toda velocidad en ésa última frase. Pensó que el disgusto por la bronca que había tenido con él en la mañana le duraría un poco más… pero Dean Winchester conocía muy de sobra a su hermanito, y no pudo hacer menos que sospechar que algo se traía el otro si se mostraba tan campante. Sammy no era de mantener las apariencias cuando estaba en juego algo tan importante como el resto de su existencia.
— ¿De verdad? —comentó Dean, volviéndose por un momento— ¿Y qué es? —
—No sé, no es muy concluyente… pero da qué pensar. —
El hermano menor abrió el periódico sobre la mesa y lo llevó en dirección al otro, con un gesto amable. Dean se acercó, secándose las manos ya limpias con un trapo, y echó un vistazo a la página impresa con gran interés.
"Bien, Sammy… si quieres simular que no pasa nada, te mostraré que dos podemos jugar ese juego." pensó el mayor de los Winchester, seriamente. La noticia en cuestión no le decía nada por sí sola, pero un cazador tan entrenado como él sin duda podía encontrar patrones donde el común de las personas no veía nada (tan bien como Sammy, y eso sólo teniendo las tres cuartas partes de su cerebro); y después de leer un poco, descubrió que si bien el caso parecía inconsistente, bien podía darle la razón a la Policía en vez de a su hermano. Meneando la cabeza en señal de negación, Dean devolvió el periódico a la mesa y arrojó el trapo de vuelta al fregadero.
—… muy gracioso, Sammy. Es un suicidio, ¿Qué tiene de raro? —inquirió.
—Hemos empezado con mucho menos que esto… —
—Vamos, ¿A qué estás jugando? —el mayor frunció el ceño, molesto.
—No es un juego. Obsérvalo bien: el tipo se suicidó de una manera bastante rara, y en la cumbre de su carrera de autor de novelas fantásticas. ¿No es un poco extraño que un hombre que nada en billetes y tiene todo lo que quiere, se haya quitado la vida? A mí me parece que algo más jugó sus cartas por él. —explicó Sam.
—… o bien se puede haber matado, tiene pinta de ser un idiota. —
— ¿Y por qué, posiblemente, haría algo así? Lo tenía todo: dinero, fama, una bella esposa, una carrera exitosa como escritor y profesor, el cariño de la gente… repito; ¿Por qué se suicidaría? —insistió el hermano menor, poniéndole énfasis a lo de la bella mujer.
— ¿Por tanta presión? Ya te digo, es como nos pasó con ese Demonio Estafador aquella vez, el que elegía a los idiotas y… —Dean parpadeó varias veces, encontrándole algo al asunto— ¿No investigaste si ocurrieron otras muertes con el mismo patrón, o cosas bizarras de este tipo? —
—… ¿Ahora sí te parece interesante? —sonrió Sam, con aire de superioridad.
—Puede ser, ¡Pero si es un Estafador, no dejaré que vuelva a tomarme el pelo! Esta vez estaremos bien preparados… si empiezan a desaparecer cosas, actúa como si nada y no levantes la perdiz, no quiero tener que volverle a pedir ayuda a Bobby para la misma cosa. —decidió el otro, agitando las manos en el aire.
—No es un Estafador. —
— ¿Cómo estás tan seguro? —
No, no, no. ¡NO! Sam se mordió bien fuerte la lengua antes de continuar, debajo de su expresión serena y paciente. No podía decir de entrada a su hermano que sospechaba del Demonio de Ojos Rojos, ¡Dean lo enviaría todo al carajo en cuanto se enterase! Podría pensar que se estaba obsesionando demasiado con el asunto (y por un segundo, a Sam le sorprendió darse cuenta de que quizá ése era su problema) y con lo terco que era el otro, seguro que hasta lo ataba a la pata de la cama para que dejara de molestar con el tema. Y tal vez Dean HABÍA HECHO UNA ELECCIÓN al momento de sacrificarse para revivirlo, pero entonces Sam era perfectamente hábil de HACER SU PROPIA ELECCIÓN y decidir que salvaría a su hermano aunque otra vez se le fuera la vida en ello.
Por lo menos, si se moría de nuevo, Dean ya no tendría alma que apostar.
Respetaba el lazo que su hermano se emperraba en mantener, pero ahora que las cosas habían cambiado, también era muy evidente que hasta los papeles se habían dado vuelta: Dean ya no tendría que preocuparse por Sam nunca más. Sammy era el que iba a tener que preocuparse por descubrir el modo de hacer que todo saliera bien, ahora que el otro había asumido su Destino elegido.
—No estoy seguro, pero tenemos que hacer algunas entrevistas para sacar algunas pistas, ¿No te parece? Si tenemos suerte de llegar hasta algunos de los personajes más importantes, valdrá la pena la información. —contestó el muchacho, luego de pensárselo un rato— Podemos empezar con los dolientes que asistan al funeral, dentro de un par de horas. ¿Vienes conmigo, o estás muy ocupado con tu auto? —
Sam parecía tan entusiasmado con eso… que Dean no le quiso pinchar el globo.
—… aún así, puede ser sólo un suicidio. —insistió el mayor, seriamente.
—Y si no te convence, ¿Por qué me acompañarías? —
—Porque a la larga, siempre terminamos como siameses. —satirizó Dean.
—Bueno, si estoy equivocado, entonces haremos todo lo que tú quieras por el resto del año, ¿Ya suena mejor para ti? —
Aunque ese comentario no le gustó mucho, Dean asintió con la cabeza y levantó su chaqueta de la silla, para luego salir de la habitación con la excusa de que ordenaría unos buenos espaguetis con mucha salsa y queso. Cerró la puerta, y en cuanto eso sucedió, la mirada de Sam cambió de su tonadilla mordaz a un profundo color pardo de aprensión y de dolor. Tragó mucha saliva, levantando de nuevo el periódico, y observó una vez más la fotografía en blanco y negro del sonriente Mark Harrison…
—… yo sé lo que hiciste, sé quién está detrás de esto. Y cuando esa zorra menos se lo espere, voy a aplastarla como a un insecto. Por alguna razón hasta el mismo Demonio de Ojos Amarillos me tenía cierto respeto… quizá puedo matar a esa maldita. —susurró, y le habló a la foto como si fuera la persona real.
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Los hermanos Winchester realmente nunca advirtieron en qué momento la tarde se cubrió de nubes, y comenzó a llover con fuerza. Afortunadamente, traían unos paraguas negros que combinaban bien con sus trajes ejecutivos estilo "agentes de seguros" que le daban carácter a su actuación de "dolientes que conocían y-o eran amigos del muerto". Y Sam fue el que insistió en vestirse adecuadamente, cosa de pasar desapercibidos entre todos aquellos que asistieran al funeral… ¡Pero no esperaba encontrarse con casi un millar de personas! Eso sólo dentro del cementerio, alrededor de la lápida ceremonial y el ataúd en que reposaba el cuerpo del difunto Harrison; porque afuera había cerca de cinco mil chicos y chicas apiñados en las rejas perimetrales, cubiertos de pañuelitos descartables y un humor tan negro como el saco de Dean. Todo el mundo llorando, para completar bien la escena y añadirle algo aún más tenebroso al día terriblemente lluvioso y frío. Los paraguas sirvieron bien, al menos por un rato.
—Detesto los funerales; demasiadas chicas lloriqueando. —susurró Dean, molesto.
—Si tanto te incomoda, ¿Por qué viniste? —se quejó Sam, distraídamente.
El hermano menor intentaba (haciendo uso de su privilegiada estatura), encontrar un camino que los llevase más cerca del ataúd, cosa de tener aunque fuera dos o tres palabras con la esposa de Mark Harrison, Marianna Krakóvatos… con ella, la persona más cercana al escritor, o con algunos de sus amigos y colegas. Muchos de los dolientes quizá no tenían más de veinticinco años, y Sam se preguntó si no serían alumnos suyos.
—Ven, sígueme por aquí. —ordenó el muchacho, y se metió entre la gente.
Pero Dean no lo siguió. Él odiaba los funerales, aunque no porque le partiera el alma ver a tantas chicas lagrimeando y lamentándose, sino por la sencilla razón de que él nunca había sabido comportarse en uno. Su padre no tuvo un entierro decente, ni tampoco su madre, ¿Y Sam pretendía que se quedara ahí, entre todas esas personas que lloraban a un ser querido? No, él no podía estar en ese sitio.
DE NINGUNA MANERA. Tenía que salir, al menos alejarse de la multitud.
Quizá ir a esperar en el auto, porque ya no le parecía tan buena idea seguirle la corriente a Sammy. Éste último, al descubrir que Dean no lo venía siguiendo, se volvió a buscarlo y le preguntó con la mirada qué hacía. El hermano mayor contestó con un gesto de las manos que sería mejor dividirse… sí, eso. Dividirse, para que él pudiera alejarse lo más posible de la lápida y la gente que lloraba. Sam se encogió de hombros y regresó a su objetivo.
—Tú encárgate del trabajo pesado por esta vez. —susurró Dean, y se perdió entre la gente para retirarse un poco.
¿La verdad-verdad? Estaba bastante cansado de la cacería. Desde que era sólo un niño, metido en todo eso y con el pellejo en peligro a cada paso; ¡Ya no estaba tan convencido de querer efectuar algún trabajo más, ni aunque fuera el último! Tenía mucho de lo que sentirse orgulloso, es decir, ¡Había acabado con el Demonio de Ojos Amarillos, y eso ya era suficiente! Podía morirse en paz, muchos de sus sueños estaban cumplidos.
Así que, cuando sorpresivamente se hizo un hueco entre los dolientes, el muchacho divisó a su hermano, muy interactivo con tres o cuatro chicas vestidas de negro que se apretujaban bajo el mismo paraguas gigante.
—… es terrible, yo todavía no me lo creo. —dijo una de las muchachas, una rubia de ojos castaños— ¡El profesor, quitarse la vida! ¡Era un tipo excepcional, el mejor maestro que nunca he tenido! —
—No eres la única que piensa eso, Laura. —la consoló una de sus amigas, frotando su hombro suavemente— ¡A todo el mundo le agradaba Mark! No puede existir en todo el mundo una persona más simpática e inteligente que él, ¿Por qué se fue? —
Las cuatro chicas empezaron a llorar de nuevo, ante la mueca compungida de Sam.
—… pero, fue tan sorpresivo, ¿No? —comentó él, con un carraspeo.
— ¡Por supuesto! Tampoco es como si fuera a avisarle a la gente que se va a matar usando una lámpara de su estudio. —dijo una pelirroja, sarcástica y ofendida— La verdad es que nunca nos habríamos visto venir algo así. —
— ¿De qué hablas, Janet? Tenía síntomas de que algo no andaba bien, tú no sabes leer entre líneas, no te das cuenta. —la regañó una morocha alta de pelo largo.
— ¿Síntomas? ¿Como cuáles? —preguntó Sam, curioso de repente.
—Bueno… las últimas clases fueron raras. Es decir, raras dentro de lo "normal" que él solía ser. Mark tenía un estilo muy particular de dar clases: él nos daba los títulos de los temas, nos hacía buscar toda la información que pudiéramos encontrar y luego nos pedía que se la entregáramos, para que luego él nos diera la lección sobre ello. Decía que de esa manera aprendíamos a investigar y de paso él aprendía cosas nuevas, que así era su manera de cultivarse también. Como sea, las últimas clases casi no habló de los temas que habíamos investigado, más bien… tuvimos unos debates un poco fuera de línea. —fue la respuesta de la morocha.
— ¿Qué quieres decir con "fuera de línea"? —se atrevió a preguntar el chico.
—… en el último debate que tuvimos, el viernes pasado, no hubo un tema claro. Y fue más lo que habló él, que lo que nos expresamos nosotros. Éramos cerca de sesenta y cinco personas en ese salón, pero sólo le dio la palabra a tres o cuatro, y eso es raro por la simple razón de que Mark siempre hacía participar hasta a una veintena de debatientes. —le explicó la rubia de ojos castaños, limpiándose el llanto— Y empezó a hablar de filosofía y del sentido del honor, las concepciones que tenemos sobre la apreciación de la vida y de nuestro futuro… de qué tan lejos estaríamos dispuestos a ir para ver nuestros sueños en tangible, sobre los escrúpulos y la moral, y… qué sé yo, nunca antes había salido con una cosa así. —
— ¿Y el ejemplo? Lo más raro fue el ejemplo que puso, ¿Recuerdas, Laura? —dijo una chica de cabello muy corto, la cuarta del grupo.
— ¡Sí! Yo me acuerdo, ¿El ejemplo del Abismo? La pregunta se la hizo a tres o cuatro chicos, sí, y les preguntó "Si estuvieran de pie en la orilla de un vasto Abismo sin fondo, y del otro lado estuviera la fórmula secreta, o la llave, o lo que sea que necesiten para hacer todos sus sueños realidad; ¿Se lanzarían a través del Abismo, con tal de seguir sus ideales y alcanzar lo que siempre han querido? ¿Aún si el Abismo no tuviera fondo y murieran del modo más horrible al caer en él, porque saben que no llegarán al otro lado si no es con ayuda Divina?"… y lo curioso es que todos los chicos se acobardaron, y dijeron que ni locos se atreverían a tanto. —
—Excepto ese desubicado sin escrúpulos de Shanti, él dijo que sí. —corrigió la del cabello rojo, pensativamente.
"¡Ya está!" pensó Sam, alarmado. "¡Esto es todo lo que necesito! ¡Tiene que ser un pacto hecho con el Demonio de Ojos Rojos! ¿Qué puede ser más obvio que esto? No hay manera de que un sujeto sencillo como él se hubiera convertido en un maldito genio de la literatura de la noche a la mañana."
—Vaya, sí que parece un ejemplo bastante extraño. —convino Sam.
—Por un momento, creí que se le habían ido las cabras al monte mezclando nuestro trabajo con la trama de una de sus novelas, o que nos estaba tirando spoilers sobre ella. ¿Y si eso estuvo haciendo todo el tiempo? —comentó la morocha, saltando de pronto.
— ¡Jah! No sueñes, las editoriales no admiten hacer esas cosas. —negó la pelirroja.
—… ¿Y por qué no? De todos modos, iba a matarse un par de días después. Así ya no tendría sentido ninguna imposición del contrato con Phoenix. Pero todavía me sigue molestando mucho el que haya dejado inconclusa la última novela, ¿Qué era tan horrible, como para quitarse la vida antes de terminar su obra cumbre? —cavilaba la chica del pelo corto.
Eso mismo era lo que seguía dándole vueltas en la cabeza a Sam. ¿POR QUÉ? No quedaba más explicación que pensar que Harrison tal vez había intentado pasarse de listo con el Demonio. Y ahora que lo pensaba, ¡Podía no ser el de Ojos Rojos! ¿Quién sabía la cantidad de otros desgraciados capaces de cumplir deseos que había por ahí, sueltos en todo Norteamérica? La cosa sólo se ponía más y más fea con cada cosa nueva que traía a la luz con sus preguntas. ¿Y qué tendría Dean para decir, además? Él era bastante más directo y cortante para obtener información, quizá hasta hubiera amenazado a alguien con un arma para que le respondiera (o si era una chica, ya la tendría medio metida en uno de los bolsillos para ese entonces)… uno nunca sabía. De hecho, Sam no estaba muy seguro de que su hermano siguiera siendo el mismo hasta que se le terminara el tiempo.
Todavía no tenía idea de cuál podría ser el EFECTO COLATERAL de hacer un trato con esa zorra de los Ojos Rojos.
—Es verdad, ¿Y si alguien lo estaba amenazando? —seguían hablando las chicas.
Sam casi había dejado de prestarles atención. Regresó a la charla, pero distraído.
— ¿Quién, posiblemente, podría odiarlo? Mark era excepcional, no digas tonterías y serás más elocuente. —volvió a regañar la muchacha de cabellos negros.
—No sabemos. La esposa todavía no ha hecho nuevas declaraciones, nadie dijo si encontraron alguna carta de despedida o algo… no tengo idea. Todo es muy sospechoso, y seguirá siéndolo hasta que la Policía encuentre algo más contundente. —atestiguó la del cabello corto.
— ¿Alguna idea de por qué Mark habló sobre esos temas tan raros en su clase? —preguntó Sam, ya más concentrado en su papel de investigador— Seguro comentó algo a propósito del cambio en el programa. —
—… mencionó que pensaba que a las personas de hoy en día les parecía muy fácil pisotear a todo el mundo para llegar a lo más alto, sin considerar que hay otras formas de obtener todo lo que uno desea sin pasar sobre nadie. Eso, y que le preocupaba mucho la falta de criterio de la juventud de hoy, el hecho de que se deja llevar por el consumismo y lo que entra por la publicidad. —dijo la pelirroja, con el ceño algo fruncido— Creo que nos quiso decir que nadie compraría sus libros si no tuvieran "algo" que los hizo famosos, una especie de atractivo místico más allá de lo comercial. La publicidad le dio muchas ventas, pero yo creo que la gente lo prefiere más por su calidad que por la propaganda. —
— ¡Bien dicho, Anna! —la felicitó la rubia de ojos castaños.
— ¿Atractivo místico más allá de lo comercial? —repitió Sam, frunciendo el ceño.
— ¿Has leído algún libro suyo? —dijo la pelinegra, con aire despectivo.
—Por supuesto, unos cuantos… —
— ¿No "sientes" la narración, la estética y el sentimiento de los personajes, todas las acciones, los detalles, los dilemas, la trama y los sucesos a su alrededor, como si fueras parte de ello? Hombre, eso es calidad. C-A-L-I-D-A-D y no tonterías. Nunca ningún otro autor me ha estimulado la imaginación y la creatividad como lo hacía él. Mark Harrison era un extraordinario autor. —recalcó la chica, todavía con su tono algo esquivo.
—… es cierto, uno puede llegar a meterse mucho dentro de cada historia. —soltó la pelirroja, asintiendo con la cabeza.
— ¡Totalmente cierto! ¡Tanto, que una vez JURO que sentí el dolor del Príncipe de los Centauros cuando Yeretna le clavó esa espada en el pecho! ¡Fue tan vívido, que casi creí que me había quedado dormida y lo soñaba! —aplaudió la rubia, de nuevo con alguna que otra lágrima en los ojos.
Ahora bien, ESO era algo nuevo. ¿Fantasías tan vívidas, que otros eran capaces de percibir el desarrollo de los acontecimientos como si estuvieran siendo parte de ello? Sam frunció un poco más el ceño, bastante preocupado. ¿Y si, de alguna manera, el Demonio que había dotado a Harrison de esa habilidad sobrenatural para escribir introducía alguna clase de hechizo o maldición en las novelas, para atrapar más almas o cualquier otra cosa semejante? DIOS, EMPEZABA A PERDER LA CHAVETA CON TODO EL ASUNTO.
— ¿Y tú por qué preguntas tanto? —lo sorprendió la morocha, seriamente— ¿Eres un reportero? ¿¡No tienes respeto por la gente que aprecia al pobre Mark!? —
— ¿Qué? No, yo… sólo soy un fan que está de paso por la ciudad, y decidí pasar a darle una pequeña condolencia a la viuda, visitar la tumba; no soy reportero. —se defendió Sam— Sólo… no he leído mucho de él, pero me sorprendió su muerte tanto como a todos ustedes, estoy seguro. —
—Ah… menos mal, porque no han dejado pasar reporteros a la ceremonia. —le hizo notar la chica del cabello corto, algo recelosa.
Salvado por su gran inteligencia, definitivamente. Sammy consideró que peligraba su cubierta de "simple fan" si se quedaba haciéndole más preguntas a las ex alumnas de uno de los autores más importantes del momento; así que prefirió despedirse de las chicas y siguió caminando en busca de otro blanco al que pudiera interrogar.
Todavía de pie algo alejado de la concurrencia, Dean seguía con la mirada los pasos de su hermano menor y se preguntaba cómo le estaría yendo. La lluvia seguía arreciando, y los zapatos se le habían llenado de lodo, pero no le importó: no mientras Sammy aún se sintiera cómodo ahí. Muchos de esos dolientes eran ex alumnos de este tipo (Mark Harrison, creía él que se llamaba), y eran chicos universitarios al igual que su hermano. La malicia le pegó inexplicablemente, al pensar por un instante en lo perfectamente bien que Sammy encajaba con aquel ambiente: chicos listos haciendo cosas inteligentes, como ser abogados, o contadores, o doctores, o ingenieros. Sam era en una Universidad lo que él era dentro de una prisión: un pez en el agua.
Sammy podía volver cuando quisiera a sus estudios, y graduarse.
De hecho, ESO ERA PRECISAMENTE LO QUE LE OBLIGARÍA A HACER TARDE O TEMPRANO. Él no tenía salvación, ¡Y no quería ser salvado tampoco! Pero su hermano aún podía vivir una vida normal (dentro de lo "anormal" que era) y seguir adelante solo. No se lo reprocharía nadie, si decidía abandonar la cacería una vez que él muriera. Dean se sentía seguro de que ni él ni John le reprocharían al más joven de la familia seguir otra vía que no fuera la predeterminada por su Destino.
Porque sólo Sammy podía torcer su Destino como quisiera, era verdad.
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—… no me convence, Sam. —decidió Dean, cuando volvieron al apartamento— No tienes pruebas de que es algo sobrenatural, excepto que el tipo parece ser tan bueno en lo que hacía que hasta te pegaba la locura. —
—No era locura, ¡Te digo que Mark Harrison puso ALGO en sus libros! Él, o algún ser maligno, pero simplemente no puede ser normal que una lectura te provoque dolores o experiencias extra-corporales. —explicó el hermano menor, seriamente— No se mató por presión, ni porque estuviera enloqueciendo… ni siquiera se suicidó: ALGUIEN o ALGO lo mató, y nosotros nos inclinaremos más por pensar que fue ALGO. —
Dean frunció el ceño, hincándole el diente a una hamburguesa simple (había tenido mucho con los excepcionales espaguetis del almuerzo, y la verdad no tenía mucha hambre a fin de cuentas), con un gesto de desconfianza:
—… ¿Y tú por qué de pronto estás tan emperrado con esto, Sam? —inquirió.
—Porque me preocupa, por eso. Mark Harrison era uno de mis autores preferidos, y yo no me creo lo del suicidio, de verdad que no. No es posible que se haya quitado la vida estando en lo mejor de su carrera. —
—… ¿Hay algo que no me estás diciendo, Sammy? —lo endulzó el mayor, serio.
Sam levantó los ojos de su comida y centró la mirada en el rostro de su hermano. A Dean nunca le había podido ocultar CASI nada, pero esta vez haría el esfuerzo. Sabía que el otro seguiría sospechando, pero a fin de cuentas nunca descubriría cuál era el patrón que había descubierto en el caso. Al menos, no hasta que no fuera tarde y él mismo ya se hubiera encargado de ese demonio rastrero, todo a espaldas de Dean.
—No, sabes que no me gusta hacer eso. Yo soy el honesto, ¿Recuerdas? —
El hermano mayor siguió masticando con aire de duda, pero no se atrevió a hacer ni la menor mueca al respecto. Al cabo de unos segundos, sólo asintió con la cabeza y le dio un trago a su cerveza, tranquilamente.
—… y tú, ¿Cómo estás? —se atrevió a preguntar Sammy.
—Perfectamente. Me siento más vivo que nunca… y en vez de perder nuestro tiempo en esta tontería tuya, creo que mejor podríamos ir a la playa a ver algunas chicas; al fin y al cabo que vinimos a ver la Costa Pacífica y mira en lo que terminamos. —observó el otro, jugando el papel del fuerte.
—Eso no me deja más tranquilo, Dean. —lo regañó el hermano menor, severo.
— ¡Hakuna matata, Sammy! Olvídalo y ya no te preocupes, ya te dije que pase lo que pase, yo estaré bien y seguiré aquí para ti. Al menos por lo que resta del año, y un poco del siguiente. —contestó Dean, con una sonrisita malvada.
Sam estuvo a punto de golpearlo por ese comentario, pero sus dedos sólo aferraron la botella de cerveza más fuertemente, sin tirársela por la cabeza al otro. "Hakuna matata" pensó el muchacho, algo abatido "Te voy a dar tu hakuna matata, cuando todo esto se vuelva insoportable. Tarde o temprano, uno de los dos se quebrará, si no es que nos quebramos los dos, Dean."
SÍ. Ahora, más que nunca, Sammy tendría que jugar a ser la nana de Dean, por si no lograba encontrar y destruir a la zorra de los Ojos Rojos. Por si tenía que permanecer al lado de su hermano hasta el último segundo de su vida…
-:-»CONTINUARÁ«-:-
¿Pueden imaginar a Sammy "Honestidad¨ Winchester, contándole el cuento de las buenas noches a Dean? Estamos al 100 seguras de que el mayor estaría complacido, ¿Verdad? Ya se están sumando los ingredientes explosivos de esta monstruosidad. Si quieren saber que se obtiene de la combinación de una disputa por el cambio de roles, mentiras y engaños, mas todos los ingredientes que sumamos por el camino, no se pierdan la próxima entrega cuando Sam confirma sus sospechas y Dean, queriendo recuperar su papel, le da un ultimátum.
¡Nos vemos!
Pd.: el botoncito de ¨GO¨, no es para sellar ningún pacto y les podemos asegurar que no los conduce a ninguna trampa, así que ¡ANIMENSE! En todo caso siempre tendrán un año en el peor de los casos para intentar solucionarlo.
Atte. Infernalis Adversarii
A.K.A: "Las Locutoras del Infierno"
