Chapter 2.
Abrió los ojos lentamente, pero los volvió a cerrar al momento en que su rostro fue golpeado por un rayo de sol.
-Quiero dormir -gruño.
Quiso seguir durmiendo, ya que aún permanecía con sueño, pero todo el sueño desapareció cuando su puerta fue abierta estrepitosamente.
-¡Buttercup! -exclamaron- ¡Levántate ya!
La chica la cual respondía al nombre de Buttercup, abrió un parpado, y observo a la joven de coletas doradas y ojos azules claros que le sonreía animada mente.
-Vete -murmuro malhumorada.
-¡Vamos, Buttercup!
-Vete -repitió.
-¡Levántate, levántate! -la rubia comenzó a brincar sobre su cama.
-¡Bubbles!
-¡Levántate!
-¡Bubbles!
-Bubbles -esta vez, no fue Buttercup la que grito el nombre de la rubia, si no que una pelirroja que se mantenía en el umbral de la puerta con un semblante demasiado serio como para ser el de una adolescente de apenas diecisiete años-. Bubbles, las princesas no nos comportamos de esa manera. Creí que te habían enseñado los modales de una verdadera dama.
Ambas chicas se miraron entre sí. La ojiazul suspiro, y la morena rodó los ojos.
-Lo siento, Blossom -murmuro apenada la rubia, y luego bajo de un salto de la cama de su hermana mayor.
-Buttercup, nuestro padre ha dicho que vayas a hablar con él en este mismo instante.
Buttercup volvió a rodar los ojos con fastidio. Su hermana estaba más fastidiosa de lo normal.
oOo.
-¿Para qué me querías, padre? -pregunto la muchacha de cabello negro azabache que le sonreía inocentemente al hombre que permanecía sentado en el trono con una mirada severa.
-Buttercup, tú sabias perfectamente que ayer por la tarde vendrían los príncipes de Inglaterra, y aún así, llegaste tarde.
-Padre, yo no llegue tarde, lo que sucedió fue que...
-Y además de llegar tarde, llegaste para nada presentable.
-Bueno, es que habían muchos charcos de lodo en el bosque, y...
-Espera. Espera. ¿Estuviste en el bosque? ¡Creí que te había dicho que no quería que fueras ahí!
-¿Dije en el bosque? No. No. Dije en el pueblo.
-¡¿En el pueblo?!
-¡No, era en el jardín!
-¡Por dios, Buttercup!
-Señor...-llamó una doncella.
El rey Utonium relajo el rostro y se volteó a verla.
-Dígame.
-Los arreglos para el baile ya están listos. Ahora es necesario que usted los vea.
-Oh, claro. Enseguida voy.
-¿Baile? ¿qué baile? -la azabache pregunto desconcertada.
-El baile que anuncie ayer por la tarde cuando tu estabas de paseo por el "jardín". A el asistirán todos los habitantes de Italia.
-... Y, ¿por qué va haber un baile?
-Para dar la noticia al pueblo acerca del compromiso de tu hermana mayor con unos de los príncipes de Inglaterra -la morena que en ese momento le daba más importancia a la ventana que daba al camino que llevaba al pueblo, se volteo a verlo con el ceñó fruncido.
-¿Compromiso? -pregunto incrédula.
-Sí, compromiso.
-Pero, ¿por qué?
-Por que ella ya tiene casi dieciocho años, eso significa que en un año más tiene que gobernar este reino, y no puede hacerlo sin un marido.
-Ah -dijo, y sin decir nada más, se retiro.
oOo.
Observo a su hermana mayor desde la gran ventana de su habitación. Enarco una ceja. La pelirroja permanecía sentada en el césped con la mirada perdida en las nubes que adornaban el glorioso cielo azul.
«Blossom sentada en el césped, y con su vestido rosa favorito... eso si que es extraño»
Y vaya que si era extraño. Ya no recordaba cuantas veces su hermana mayor la había regañado por estar en el césped con vestidos tan finos como los que ellas poseían. Y, ahora, ella estaba ahí como si nada.
Una mano se poso en su hombro. Volteó y sonrió.
-Oh, hola, Bubbles -volvió su vista hacia su hermana pelirroja- ¿Sabes qué es lo...?
-Está deprimida -adivino la pregunta de la morena.
-¿Por qué? -pregunto, aunque sabia la respuesta.
-¿Nuestro padre no te dijo?
-La verdad es que sí me dijo... ¿Con quién de los príncipes se casara?
-No sé sus nombres, pero recuerdo que...
-Da igual. ¿Crees que deberíamos hablar con ella?
-Sí.
-Nah. Mejor no. Que sé las arregle sola.
-Buttercup, no creo que...
-Iré al bosque.
-Creí que no nos dejaban ir hacía allá.
-A tí no, a mí sí.
-Allá es muy peligroso.
-Bubbles, solo lo dicen para que no nos acerquemos. No hay nada que temer.
-Pero, ¿y si te descubren? Papá te regañara.
-No me van a descubrir.
-Pero, ¿y si lo hacen?
-Si eso llega a pasar, tu me encubrirás, ¿no?
-¿Qué?, no, no, no, Buttercup.
-Sí, sí, sí, Bubbles. No te cuesta nada decir una mentira piadosa por mí.
-No, Buttercup. Tú sabes que no me gusta mentir, y... -la azabache ya había salido de la habitación, dejando a la rubia con la palabra en la boca.
oOo.
Suspiro con pesadez. Cogió un mechón de su cabello anaranjado y lo coloco detrás de su oreja. Observo el césped, y volvió a suspirar.
No se quería casar, menos con un chico tan frío como aquel muchacho. El solo hecho de mirarlo a los ojos provocaba que un horrible escalofrió recorriera su espalda. Ella podía aparentar siempre un semblante serio, pero su familia sabia que ella no era así. Solo era un papel el cual su padre inconscientemente le había hecho creer. Ya que, desde sus dieciséis años, su padre le había repetido una y otra vez el tema de que ella seria la futura reina de Italia, y que, si ella quería reinar, tenia que hacerlo con un hombre para poder así tomar "mejores decisiones".
«Machismo»
Aquella era la palabra que se le venia a la mente cuando recordaba a su padre.
Suspiro por milésima vez en ese día.
Elevo su vista hacía la entrada del palacio. Esta estaba asegurada con dos caballeros a cada costado. Los caballeros tenían grandes armaduras de metal, y poseían espadas y escudos.
Una espada. Eso era lo que ella quería, una espada. Desde pequeña recordaba admirar a los caballeros que luchaban con una espada en su mano. Unas espadas grandes y filosas que, a la luz del sol, brillaban. Siempre quiso sostener una entre sus débiles manos, y aunque sea por una vez en su vida, sentirse fuerte, y no débil como todos en ese lugar creían que era.
Una voz varonil sumamente fría la saco de sus pensamientos. Volteó desconcertada, y lo observo seria. Ahí, parado en frente de ella, se encontraba, por desgracia, su futuro esposo. El chico se mantenía con la espalda rígida, el semblante serio, y con la mirada siempre en un lugar fijo, en este caso, en ella, provocando que un escalofrío recorriera la espalda de la joven.
-Princesa Blossom.
-¿Sí?
-¿Me acompaña a adentro?
-Sí, por supuesto.
Él le extendió la palma para que se levantara, pero ella negó con la cabeza y se levanto sola.
-Gracias, pero yo puedo sola.
-Como quiera, princesa.
oOo.
-¡Aire puro! -exclamo la joven de cabellera azabache hasta más abajo de los hombros, de orbes de un hermoso color esmeralda, de un bello cuerpo, y de tez blanca.
Caminaba entre los frondosos arboles del bosque. Ya no poseía ningún vestido en particular, solo usaba unos pantalones, una playera verde holgada, y unas bailarinas negras. Le gustaba vestir así, le gustaba parecer persona y no una estúpida y hueca princesa.
-Oh, bella naturaleza -murmuro mientras se arrojaba al césped dramáticamente.
La verdad era que: amaba la naturaleza. Amaba todo lo que tuviera que ver con ella. Le encantaba. Adoraba salir por las tardes y respirar ese dulce aroma a flores. Le fascinaba ver las nubes, y pasar horas y horas descubriendo las formas que armaban estas. Le encantaba sentir el roce del césped en sus pies descalzos. También le encantaba ver los atardeceres, los amaneceres, y si podía, ver la luna junto las estrellas que embellecen el obscuro cielo.
Miro hacía arriba, no veía el cielo, pero si veía las copas de los arboles, y por estas se filtraban los rayos de sol que golpeaban levemente su rostro. Cerro sus parpados y respiro profundamente. Pero los abrió de inmediato al escuchar como los arbustos se movían. Frunció el ceño. Se puso de pie, y observo a su alrededor, todo parecía normal, extremadamente normal.
Relajo los hombros, y suspiro.
Nuevamente, el sonido de los arbusto al moverse se hizo presente. Miro hacía unos arbustos que estaban cerca de ella, esos parecían ser los que se movían.
-¿Hay alguien ahí? -pregunto, pero nadie hablo-. Creo que mejor me voy -murmuro para si misma.
Dio media vuelta con la intención de perderse por el bosque hasta llegar al palacio, pero unas voces masculinas la pararon en seco.
-Pero miren que belleza tenemos aquí -la azabache volteó, y se encontró con un grupo de hombres, de tez ligeramente verde, y de vestimenta muy malgastada.
Opto por seguir caminando e ignorar todo comentario dicho por el grupo de hombres, pero al dar un paso, ellos la siguieron como babosas.
-¿A dónde vas, primor?
-Creo que jamás vi a una chica tan bella como esta -comento uno de ellos que era de baja estatura.
-Por esa misma razón, no dejaremos que se valla -dijo uno que al hablar hacía ligeros ruidos parecidos al que hace una serpiente.
El grupo de hombres se comenzó a acerca a ella, evitándole el paso.
-¡D-déjenme e-en paz! -exclamo tratando de disimular su miedo.
-No tengas miedo, pequeña. No te haremos nada malo, o al menos algo no tan malo -hablo uno de lentes de sol obscuro.
Ahora comprendía por que su padre decía que el bosque era un lugar peligroso, seguramente era por que este estaba lleno de tipos como esos que la acosaban en ese instante.
Trago silaba al ver que uno de ellos, al parecer el líder, se acercaba demasiado a ella.
Pero todos retrocedieron un paso al escuchar una voz varonil proveniente de algún lugar oculto del bosque.
-¡Dejen a la señorita, grupo de tarados!
-¿Eh?
Holo.
¿Qué les pareció este segundo capitulo?. Este fue un poco más largo que el anterior. Espero que les haya gustado.
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