La segunda entrega ya llego. Como siempre mi agradecimiento a la talentosa maroucia, espero que siga escribiendo tan condenadamente entretenido! xDD besos y que lo disfruten.
Sansa
Fueron unos instantes de incertidumbre, tanto Sansa como El Perro se quedaron callados y quietos. El único sonido que se oía en la penumbra del pasillo era el goteo del agua que se filtraba lentamente del techo a través de la pared de piedra. Todo su cuerpo temblaba horrorizado ante lo que acababa de decir, Sansa mantenía los ojos fijos en el suelo, demasiado ansiosa como por echar un vistazo hacia Sandor Clegane.
"¿Qué es exactamente lo que me ofreces, niña?" -preguntó el hombre de repente, su voz no transmitía ninguna emoción. "¿Realmente escuche bien?"
Sansa no tenía idea sobre lo que debía responder. No tenía ningún sentido negar sus intenciones ante El Perro ya que estaba perfectamente claro lo que quiso decir y estaba segura de que él podía leer perfectamente bien cualquier mentira que quisiera decir. Además, no podía abandonar simplemente sus esperanzas, no importaba lo pequeña que fuera la posibilidad para escapar de Desembarco del Rey y lo poco que la lealtad del Perro pudiera tambalearse, aquel era el mejor momento y por lo tanto retractarse de su propia propuesta simplemente estaba fuera de discusión. Sin embargo, la situación era tan humillante y estresante que Sansa no podía dejar de mirar al suelo y quedarse tan paralizada como una niña asustada.
Disgustado por su evidentemente mutismo, Sandor Clegane la cogió por la mandíbula con los dedos apretados y le levantó el rostro. "Mírame", le ordenó secamente. Poco a poco, Sansa alzó su mirada e hizo lo que le habían mandado. Para su sorpresa, él no parecía ni la mitad de loco que esperaba, pero aun así, todo el, desde su postura hasta su rostro, parecían estarse burlando de ella. Intimidada como siempre por su despiadada mirada, la chica tuvo que hacer un gran esfuerzo para no apartar la vista de sus ojos.
"¿En realidad estas ofreciéndote como si fueras una maldita puta? " pregunto El Perro bruscamente seguro de tener por completo su atención.
La pregunta era tan grosera que Sansa sintió que todo su cuerpo se ponía rojo ante las palabras oídas. "No es lo mismo", replicó mansamente mientras bajaba la mirada. "No quiero tu oro," susurró tras unos segundos de silencio con la misma voz infantil. De pronto sintió como si una llamarada de valor se prendiera en ella dándole la suficiente fuerza para mirarlo de nuevo. "Lo que quiero obtener de este intercambio es mi vida ", agregó con un tono que sonaba casi calmado a sus oídos.
Por un breve instante, el perro pareció casi desconcertado ante su respuesta, pero su expresión irónica habitual reapareció rápidamente en su rostro devastado. "Quizá. De todas maneras, ¿por qué debería estar interesado en tomar a una mujer que ni siquiera podría mirarme mientras me acuesto con ella?"
Respirando profundamente, Sansa levantó la barbilla lo más alto posible aun apresada entre las garras de acero de Sandor Clegane. "Te miro ahora ", declaró de la manera más convincente posible mientras combatía el impulso de volver la cabeza como normalmente haría.
Durante lo que pareció casi una hora, Sandor Clegane la miró fijamente, directamente a los ojos, esperando y esperando a que su mirada se apartase. Obstinadamente, Sansa mantuvo sus ojos fijos en él, firmes en probarle que estaba equivocado - a pesar de que internamente sabía que en realidad no lo estaba.
Tras unos segundos, por fin estuvo convencido de que no lo engañaba.
"Parece que has crecido lo suficientemente audaz como para mirarme después de todo," dijo con voz áspera extrañamente gentil. Aunque su tono era plano, Sansa podía leer algo de sorpresa en él. Soltó la quijada de su mano e inclinó la cabeza, estudiándola con los ojos entrecerrados. "¿Qué es exactamente lo que esperas de esta proposición tuya?" -preguntó, mientras dejaba que su mirada viajase por su cara de una manera tan extraña que Sansa tuvo que luchar contra un escalofrío. "¿Su virginidad por mi ayuda a llegar hasta ese maldito barco? ¿Crees que tu coño valga todo ese trabajo para mí?"
Aunque sus palabras eran duras, Sansa sintió que estaba más interesado en el intercambio de lo que estaba dispuesto a aceptar, saberlo la hizo sentir un tanto más segura. "Estos serán los términos", murmuró con una inclinación de cabeza. "No hay riesgo para usted, tan solo tendría que guardar mi lugar en el barco y asegurase de que pueda escapar del castillo una vez llegado el momento", continuó hablando intentando ignorar todas las cosas que pudieran salir mal y sobre todo no estar tan alejada de la verdad.
"¿Y cómo puede estar segura de que no simplemente voy a tomar lo que me corresponde y romper con mi parte del trato?" se burló tras haber bebido un trago de vino "ni si quiera podrías quejarte en caso de que no cumpla mi palabra"
"Tienes razón, por supuesto... pero yo confío en ti. Sé que no mientes," susurro Sansa suavemente. "¿No es verdad?" -preguntó ella, rezando internamente a los dioses por no equivocarse.
Sandor Clegane, aguardo en silencio sin apartar la mirada hasta que finalmente resoplo y miro en otra dirección "lo es" gruñó casi a regañadientes. "Voy a mantener mi palabra... si acepto así será."
Sansa tembló dividida entre el miedo por la posibilidad de su negativa pero aún más aterrada por la posibilidad que el aceptara, con todo siguió mirándolo insegura "Y... ¿lo ara?" -preguntó vacilante.
Apretando la mandíbula, El Perro comenzó a dar media vuelta como si estuviera considerando simplemente marcharse dejándola sola, pero de pronto inclinó la cabeza sonriendo de una manera que Sansa nunca había conocido "Tal vez no eres tan ciega ni tonta como aparentas. Al final tomaste la mejor jodida decisión" agrego con voz áspera pero mesurada antes de enfrentarse nuevamente a ella. Sonreía de una manera casi amenazante, Sandor Clegane rio secamente y la miró con los ojos oscuros y brillantes. "Te deseo. Déjame entrar en tu cama esta noche y podrás contar conmigo para tu escape."
Por un segundo la chica quedo demasiado estupefacta como para reaccionar. ¿Su plan podía funcionar? ¿El Perro le ayudaría a huir? Todo era demasiado bueno para ser verdad. Estuvo apunto de sonreír pero entonces recordó lo que su acuerdo involucraba. Voy a entregarme a él en unos momentos se dio cuenta con un pavor repentino. Casi al instante la aceptación del hombre logro penetrar en el interior de la chica y su corazón empezó a bombear ferozmente cuando logro entender el significado de sus palabras. Sandor Clegane se sentía atraído por ella y a pesar de que ya lo sospechaba e incluso contaba con esa suposición, escucharlo tan abiertamente de sus propios labios era absolutamente inquietante.
Para cuando El Perro se dio cuenta de lo tensa que se había puesto, resopló con algo parecido a irritación y la fulminó con la mirada. "¿Lamentándolo ya?" -gruñó, la esquina de su boca quemada se retorció ligeramente. Sansa estaba tan asustada y nerviosa como un pájaro atrapado en la boca de un gato, sin embargo no habría otra ocasión igual en todo Poniente como para dejar pasar la oportunidad. Rápidamente, avanzo el último paso que la separaba de Sandor Clegane y lo tomo desesperada por el brazo. "¡No!" -gritó ella, mirándolo con ojos implorantes. "Por favor, sígame, mi señor," dijo ella con la voz quebrada pero decidida antes de dar la vuelta y dirigirse a su puerta.
Un parpadeo después, Sansa había entrado en el interior y el hombre estaba cerrando la puerta tras de él. ¡Eso es todo! ¡El perro se va a llevar el regalo de mi doncellez! Una nueva oleada de pánico la abrumó. No podía quejarse dado que eso era exactamente lo que había pedido después de todo. Además, gracias al sacrificio que estaba a punto de hacer, volvería a tocar nuevamente la tierra en el norte en menos de un ciclo de luna y eso, era lo que realmente importaba al final. Con eso en mente, Sansa relajo su respiración y trató de calmarse. No sería bueno que Sandor Clegane notara lo totalmente petrificada que estaba, no quería que él cambiase abruptamente de opinión. Quería que ella lo mirara, se lo había dicho momentos antes y Sansa le daría lo que deseaba. Haciendo acopio de valor, la chica se fue directamente a la cama en un estado de trance y se sentó en el borde. Cuanto antes termine con esto, tanto mejor trató de convencerse a sí misma.
Sandor Clegane miraba inquieto, sus ojos barrían el espacio alrededor del lecho cuando Sansa lo miró nuevamente. Después de lo que considero una eternidad, soltó un suspiró, colocó su bota de vino vacía en la mesa y comenzó a desabrochar los cinchos de su espalda sin mirar un solo instante en su dirección. Una vez hubo terminado, dejo su arma en un rincón y se sentó en una silla cercana a ella.
Sansa lo observaba por el rabillo del ojo, con la espalda recta y rígida y sus manos sudorosas. Tuvo a bien colocarlas abiertas sobre su regazo en un intento por evitar que temblaran.
"Te dije que estaba de acuerdo con tus términos," agrego El Perro con voz áspera mientras empezaba a deshacer los cordones de sus botas. "Pero también quiero que me prometas algo antes"
No estaba dispuesta a negarle nada en este momento, Sansa dócilmente asintió tan pronto como oyó sus palabras.
"Esta es la última vez que te ofreces de esta manera, una vez está bien, pero no puedes seguir usándolo. ¡Dilo!" demando el, gruñendo las últimas palabras.
Un tanto desconcertada Sansa tragó saliva, y sin embargo estuvo de acuerdo de inmediato con sus términos. "Lo prometo. Esta será la última vez y nunca volveré a hacer una cosa así."
"Bien", gruñó el hombre mientras pateaba las botas. "No quiero que llegues a ser como una de esas enculádas putas de lujo que abundan en la Fortaleza Roja ", dijo levantando la mirada. Con los ojos entrecerrados hacia ella, El Perro se puso de pie y dio un paso hacia la cama. "Con todo eso, yo sería un tonto si rechazara tu oferta, especialmente ahora que se, que voy a ser el último hombre al que le vas a proponer la misma cosa" añadió con una sonrisa.
Mordiéndose el labio inferior, Sansa mantuvo los ojos muy abiertos, fijos en él durante unos instantes, sintiendo la velocidad en aumento de su pulso con cada segundo que pasaba. Le llevó un buen rato darse cuenta que Sandor Clegane estaba probablemente esperando que ella hiciera algo. El problema era que Sansa no tenía ni idea de lo que tenía que hacer. Debería desnudarme, pensó totalmente desanimada ante la perspectiva. Aun así, sus manos subieron a su cuello por su propia voluntad y comenzaron a desabrochar el broche de su capa antes de dejar que la gran pieza de tela callera sobre la cama.
El perro le dirigió media sonrisa irónica. "Eso es un comienzo", dijo con voz áspera sardónicamente.
Un pequeño fuego ardía en la chimenea y su brillo de color naranja se reflejaba en el rostro quemado del hombre por lo que sus cicatrices parecían aún más horribles de lo que realmente eran - si aquello era posible-. Luchando contra todos sus instintos, Sansa se obligó a mirarlo y contemplar la visión aterradora creada por sus crueles cicatrices, su rostro demacrado, su cabello largo y negro y esa actitud sombría que siempre estaba con él.
Era la pesadilla de una doncella, una enorme pesadilla más cercana en apariencia a un ogro que a los apuestos caballeros que a Sansa le atraían y aun peor, él era tan alto y corpulento que podría aplastarla con su peso mientras ellos... ellos... ¡¿Oh, dioses, que he hecho, en que lio me he metido?!
"Cálmate, pajarito", la voz áspera del perro interrumpió sus caóticos pensamientos. Tengo que controlarme intento razonar sacudiéndose. ¿Le molestaría al hombre su agitación?
"Nunca he tenido una doncella antes" Sandor Clegane le dijo despreocupadamente mientras recorría el último paso que lo separaba de la cama. "Sin embargo, sólo un tonto sordo jamás habría oído lo delicadas que las hembras puede ser al principio, no necesitas preocuparte. Tendré cuidado tanto como me sea posible. "
Sansa no estaba segura si aquellas palabras debían tranquilizarla pero al menos no parecía que su actitud nerviosa le molestara. Comprender aquello le causo un terrible alivió que calmo el latido frenético de su corazón hasta un ritmo algo más normal. Sin embargo la tregua sólo duró un respiro cuando Sandor Clegane lentamente arrodilló su imponente cuerpo ante ella. La enormidad de él estando hincado en el suelo ara aún más impresionante de lo que había sido unos instantes atrás cuando estaba totalmente erguido a su lado. Sansa se sentía incómodamente pequeña y frágil al lado de él. ¿Qué está haciendo?, se preguntó con ansiedad mientras instintivamente giraba la cabeza y cerraba los ojos. Al instante, la niña sintió la gran mano del Perro sobre su mejilla. Sin poder evitarlo, se estremeció ante el contacto -justamente lo contrario a lo que se había prometido hacer.
Enterrando la otra mano en su cabello, Sandor Clegane empezó a acariciar suavemente su rostro. "Shhh", susurró con voz ronca. "Calma esos nervios de ave tuyos, no es sano estar tan tensa"
El tacto de los dedos del Perro acariciando su rostro era áspero, tal y como era de esperarse de las manos de un hombre como el, pero su toque también era inesperadamente suave.
Lentamente, dejó que su pulgar y el dedo índice trazaran la línea de su mandíbula y el contorno de su mejilla, sin poder evitarlo, Sansa comenzó a relajarse – muy poco en realidad – no obstante a un no se atrevía a abrir los ojos, aun cuando en la oscuridad era ella la que se mantenía por su propia voluntad, podía sentir la manera en que los ojos ávidos del Perro la miraba y estaba empezando a dudar si alguna vez podría encontrar el coraje para mirar la lujuria de ese hombre.
Poco a poco, el cálido aliento del Perro rozó el costado de su rostro, aun siendo solo su calor no podía dejar de temblar ante su proximidad. "¿Realmente tienes frío con ese fuego ardiendo en la chimenea... o estás temblando de miedo?" Sandor Clegane preguntó con un tono seco pero extrañamente tranquilo. Con infinita lentitud bajó sus manos hacia el cuello de Sansa y lo acarició suavemente con los nudillos. "Dime, pajarito. ¿Qué te asusta más, perder tu virginidad o acostarte conmigo?"
Sansa se quedó sin voz ante la pregunta. ¿Cómo se suponía debía responder a esa pregunta? ¡No tenía sentido mentirle! Probablemente Él ya había adivinado la respuesta de todos modos. Simplemente tendría que encontrar la manera de decir la verdad sin que sonara desagradable para él.
"Ambas cosas me asustan igualmente" respondió tras unos segundos de silencio incómodo. "Soy una doncella después de todo... y tú... eres un hombre intimidante."
El perro comenzó a reír tan bajo como su ronca voz se lo permitía. "Me parece bien. Lo he oído decir tantas veces que lo creo en verdad"
Rodeo con sus manos su cuello, su rostro se acercó y su boca se posó aun costado, sus labios eran cálidos y húmedos contra su piel suave.
Al contacto la chica se quedó sin aliento sorprendida, con los ojos desorbitados al sentir la lengua del Perro dejando un rastro húmedo, perezoso sobre su piel sensible.
En un instante, la sensación más extraña que Sansa había conocido en su vida se extendió desde su interior hasta sus extremidades con la misma velocidad e intensidad de un rayo surcando el cielo. Confundida ante su propia reacción inhaló profundamente con la esperanza de calmar sus propios impulsos pero entonces, El Perro mordió su tierna piel y la misma extraña sensación se apodero de ella. En aquella ocasión, Sansa no pudo contener un suave gemido que escapo de sus labios ¿Qué me está pasando? se preguntó en una mezcla de confusión, miedo y... algo más misterioso y extraño que de cualquier forma no podía entender.
