Escala de Grises
Por: Niteryde
Traducción: Mya Fanfiction.
Capítulo 02: La Sed.
El sonido del timbre se oyó por todo el enorme recinto que era la Corporación Cápsula, pero nadie en el hogar de los Briefs hizo un movimiento en respuesta. Poco después, volvió a sonar. Bulma suspiró y levantó la cabeza y bizqueó adormecida por encima de su hombro para ver la hora en el reloj digital. Se leía 5:32AM.
Gruñó y volvió a apoyar la cabeza en la almohada. Se acercó a Vegeta para abrazarlo por la espalda.
—Alguien está en la puerta y son las 5:30 de la mañana —murmuró con los labios justo detrás de su oreja—. Ve y destrúyelos.
—No me tientes, mujer. Es el hijo de Kakarotto. Podría obedecer a tu petición —murmuró también. Podía sentir el ki de Gohan desde donde estaba, lo había reconocido de inmediato cuando oyó el timbre la primera vez. Ahora, quisiera o no, sentía que lidiar con el adolescente en ese momento era un tópico completamente distinto.
—¿Gohan?
—No, el enanito. Claro que es el mayor. ¿Ves lo que has hecho, mujer? —preguntó, su voz se oía ronca a causa del sueño, sus ojos aún estaban cerrados y su ceño fruncido—. El muchacho ya está siendo un fastidio.
—Oh, calla y deja entrar a Gohan —dijo mientras bostezaba.
—Déjalo entrar tú. Toda esta estupidez fue tu idea.
—Necesito mis horas de sueño.
El príncipe gruñó en molestia mientras se acercaba más la almohada, deslizando un brazo bajo ella. —Le dije al muchacho 7 de la mañana. Puede esperar.
—Pero va a despertar a Trunks —se quejó—, y luego tendré que levantarme.
—Por todos los santos, eso no —murmuró Vegeta con un tono de voz lleno de sarcasmo. Si sus ojos hubiesen estado abiertos, los hubiese puesto en blanco—. Lo que sea menos eso.
El timbre sonó otra vez, lo que hizo que Vegeta y Bulma gruñeran a la vez.
—Deja de comportarte como un imbécil. Vino a verte a ti no a mí, así que ve.
—Si voy lo único que verá serán mis puños —respondió ecuánime.
—Vegeta, si Gohan despierta a Trunks, tú vas a tener que lidiar con él, estará de mal humor todo el día —amenazó.
Vegeta gruñó y maldijo en voz baja mientras se separaba de ella. Bulma suspiró y tomó la almohada de él para abrazarse a ella. Lo observó con ojos cansados mientras él se ponía de pie y se ponía los pantalones más cercanos que pudo encontrar.
—Sé amable con él, por favor —dijo con otro bostezo.
Él simplemente gruñó y dejó la habitación con un estado de ánimo agitado.
Mientras tanto, Gohan caminaba como un loco de un lado a otro en la entrada del complejo. Vestía una chaqueta ligera con capucha que estaba sobre su cabeza porque en ese momento estaba lloviendo. Dejó de moverse cuando por fin sintió la energía de Vegeta acercarse a él. Gohan esperó ansioso, mordiéndose el labio. Estaba balanceándose hacia adelante y atrás apoyando su peso de sus dedos a sus talones y de regreso.
El adolescente finalmente soltó un suspiro de alivio cuando la puerta se abrió. Vegeta estaba parado frente a él vistiendo solo unos pantalones deportivos, observándolo rígidamente.
—Entonces, puedes pelear pero no percatarte de la hora —dijo secamente el príncipe. Gohan se metió las manos en los bolsillos de la chaqueta un poco avergonzado—. Quizá puedo meterte ese conocimiento a palos, muchacho. ¿Qué te parece? —espetó.
—Lo siento —se disculpó Gohan con timidez y la mirada en el suelo—. Sé que es de verdad temprano, pero es que… —Su voz se apagó. Sacudió la cabeza y desvió la cara hacia un lado.
Vegeta levantó una mano y se pellizcó el puente de la nariz para calmarse, suspirando. —Adolescentes —murmuró para él en hastío, antes de darse la vuelta y entrar. Dejó la puerta abierta, lo que Gohan entendió como una invitación. El adolescente entró a paso lento y se quitó los zapatos y chaqueta. Por inercia, colgó la chaqueta en el espacioso closet a la derecha de la entrada del recinto.
Gohan, sin estar realmente cansado, echó un vistazo alrededor mientras metía las manos en los bolsillos de su pantalón kaki. Nunca parecía impresionarle lo bien que vivían Bulma y su familia. Vio una serie de fotos que adornaban la repisa de la chimenea y se detuvo para verlas una por una. Casi todas eran de Trunks. Había una de él de bebé sobre los hombros de Vegeta, sujetándose a su cabello con Bulma detrás de ellos. Trunks parecía estar riendo histéricamente, mientras que su padre hacía una mueca de hastío y parecía a punto de usar un Galick ho contra sí mismo por la situación en la que estaba. Bulma obviamente se estaba burlando por su incomodidad en la foto.
Gohan miró la foto por un rato. Al principio había sonreído, pero su sonrisa despareció poco a poco. Ahora se encontraba absorto con una sensación de tristeza que no podía clasificar. Ni siquiera estaba consciente de que Vegeta lo observaba en ese momento desde la entrada de la cocina.
El príncipe frunció el ceño mientras le hacía un escrutinio al adolescente. Él definitivamente se veía bastante maltratado, sus ojos estaban irritados y su cara parecía muy demacrada. Los ojos oscuros de Vegeta se enfocaron en el cuerpo del muchacho. Su falta de entrenamiento era evidente. Gohan casi parecía desgarbado de lo que delgado que se había puesto.
La demostración normalmente lo habría disgustado, pero por alguna razón, no podía identificarlo del todo, el odio que sentía por su acérrimo rival nunca se había trasladado a su primogénito. Aun cuando el muchacho lo había sobrepasado en el Torneo de Cell y alcanzado un nivel que él había anhelado toda su vida, sentía más admiración que resentimiento por el niño. Gohan se había ganado su respeto desde el principio, cuando era pequeño, peleó golpe a golpe con él cuando vino por primera vez a la Tierra. Lo había sorprendido nuevamente en Namek con su impresionante pelea con Freezer, y su respeto y admiración lo habían llevado a ayudarlo a derrotar a Cell.
Gohan se sorprendió cuando escuchó un gruñido. Volteó y se dio cuenta de que estaba siendo observado. Vegeta se había puesto una camiseta blanca y apenas parecía accesible. Aunque pensándolo bien, el hombre nunca lo había sido. El muchacho se rascó la nuca nerviosamente y miró al saiyajin mayor con una aprehensión que no podía quitarse del todo.
Hubo un silencio incómodo. El adolescente casi comenzaba a arrepentirse, deseó haber ido a ver a Píccoro en su lugar, cuando Vegeta finalmente dijo:
—¿Quieres café, niño?
Gohan parpadeó en sorpresa. Eso apenas era lo que estaba esperando. —Um, Nunca lo he probado —admitió en voz baja.
Vegeta volteó los ojos. —Bueno, pareces un zombie, así que quizá sea momento para comenzar. —Entonces se dio la vuelta y entró a la cocina. Gohan se quedó donde estaba por un momento antes de seguirlo lentamente.
El adolescente tomó asiento en la mesa de la cocina y observó cómo Vegeta sacaba dos tazas de café. —No sabía que hacías café —dijo. Tenía ambas manos sobre su regazo, una de sus rodillas rebotaba ansiosamente. Vegeta no hizo más que servirle una taza de café, pero la ansiedad del adolescente estaba prácticamente en el techo.
—Siempre soy el primero en levantarse —dijo Vegeta mientras dejaba la cafetera nuevamente en la máquina—. Aunque normalmente no me levanto sino hasta dentro de media hora —espetó mientras veía a Gohan por sobre el hombro.
—Lo siento —dijo Gohan tristemente mientras Vegeta se acercaba para tomar asiento. El príncipe solo gruñó y puso una taza de café cerca del muchacho, y la otra cerca de él—. Pensaba que de seguro ya estarías despierto —añadió el híbrido mientras tomaba la taza, la sostuvo con ambas manos, mirándola. Era negro, sin crema ni leche, igual la de Vegeta. Alzó la taza y le dio un pequeño sorbo, y su gesto se arrugó en repugnancia. Estaba amarga e hirviente además. Siseó un poco en dolor por su lengua quemada.
Vegeta parecía inconsciente de la incomodidad mientras tomaba un gran sorbo de su propia taza con tanta facilidad como si estuviese bebiendo agua, sin notar que el adolescente lo veía con los ojos abiertos como platos. El príncipe soltó un suspiro de alivio mientras bajaba su taza y la dejaba nuevamente sobre la mesa, antes de mirar al adolescente sentado a su lado. —¿Bueno? —dijo finalmente, con una evidente irritación en sus ojos—. Escúpelo, muchacho.
—¿Ah? —Gohan preguntó en confusión.
—¿Por qué estás aquí a esta hora? —preguntó Vegeta impacientemente.
—Yo… —comenzó Gohan antes de suspirar—. No podía dormir —dijo finalmente en un susurro, su rodilla comenzó a rebotar de nuevo, esta vez más rápido. El entrecejo de Vegeta se arrugó cuando lo notó—. Me estaba sintiendo inquieto, supongo, y pensé que a lo mejor estarías despierto y que podríamos… tú sabes, pelear o algo, creo… —Su voz se apagó cuando Vegeta le dio otro gran sorbo a su café, completamente impávido por lo caliente y amargo que estaba—. ¿Cómo puedes tomar esto? —preguntó Gohan, intentando tanto como podía no poner cara de asco.
Vegeta bajó su taza antes de ponerle mala cara a Gohan. —¿Qué debería beber entonces? ¿Merengada de fresa? —preguntó sarcásticamente. La rodilla de Gohan comenzó a rebotar aún más rápido.
—Supongo que no.
Vegeta simplemente gruñó mientras sus ojos oscuros descendían a la rodilla del muchacho. La observó por un momento, frunciendo ante la ansiedad del híbrido. Volvió a verlo pero él ahora tenía los ojos en su taza. El cuerpo del niño estaba tenso, era obvio. Los ojos del saiyajin se entrecerraron mientras comenzaba a pensarlo intensamente.
Adolescencia.
Ansiedad.
Incapacidad para dormir.
Intranquilidad.
Problemas para controlar su propio poder.
Arranques violentos.
El ceño de Vegeta se frunció profundamente cuando pensó en algo que se acercaba al perfil. Pero era imposible. El muchacho era mitad saiyajin, y la condición que Vegeta recién había pensado solo afligía a un puñado de saiyajin puros. Y en todo caso, Gohan no había tenido un arranque de violencia real que él supiera. Echó a un lado el pensamiento, no quería considerar la idea insensata.
—¿Sabe la loca de tu madre que estás aquí? —preguntó Vegeta, obteniendo una mirada sorprendida de Gohan. El adolescente puso mala cara y volvió a enfocarse en su taza.
—¿Crees que estaría aquí si ella lo supiese? —preguntó en un tono cansado.
Vegeta resopló y volvió a alzar su taza, dejando que Gohan tuviese la última palabra en ese tópico. Se quedaron en silencio por un rato, el más joven no tenía prisa por romperlo. Por alguna razón, la presencia de Vegeta le traía una paradójica combinación de comodidad y ansiedad. Su mente y corazón se sentían tranquilos por tener una presencia adulta, masculina y saiyajin con él, una presencia que anhelaba en su vida desde que su padre se fue. Su cuerpo, no obstante, se retorcía con ansiedad por razones que no podía precisar. Sabía que Vegeta no lo pillaría abruptamente por sorpresa y atacaría, pero sentía como si no pudiese convencer a su ser de ese hecho. Estaba tenso como si estuviese listo para una pelea en cualquier momento.
Vegeta se tomó el resto de su café, dejó la taza sobre la mesa mientras suspiraba satisfecho. Le echó un vistazo al adolescente quien había comenzado a sudar. Sus ojos se entrecerraron mientras lo estudiaba. —¿Estás enfermo o algo por el estilo, niño? Porque si lo estás, y contagias al niño de aquí, Bulma te quitará la cabeza.
—Estoy bien —espetó Gohan con más fuerza de la necesaria. La mirada de Vegeta se tornó severa ante el tono del adolescente, lo cual Gohan notó al instante—. Lo siento, Vegeta —dijo con timidez—. De verdad estoy bien, gracias por preguntar —dijo con sinceridad, observando al príncipe con gratitud.
—¿Pensaste por un segundo que estaba preocupado por tu bienestar, muchacho? Es solo que no quiero escuchar las quejas de esa maldita mujer —espetó Vegeta antes de ponerse de pie. Gohan instintivamente se puso también de pie, sin dudarlo un momento. Vegeta arqueó una ceja ante esto, sus ojos oscuros captaron la posición defensiva del adolescente. Después enfocó los ojos en Gohan y le brindó un frunce desaprobatorio—. No voy a atacarte, idiota. A menos, por supuesto, que quieras que lo haga.
Gohan tragó pesado y bajó los puños, sacudió la cabeza como si intentara deshacerse de un pensamiento. —Lo siento —dijo y su rostro se enrojeció de vergüenza.
Hubo silencio unos minutos. Vegeta pilló la apariencia del adolescente otra vez, y determinó que descansar era quizá más importante para el muchacho que entrenar. —Vete a tu casa, muchacho. Te ves horrible —dijo el príncipe sin rodeos—. Regresa cuando hayas descansado y seas un digno compañero de entrenamiento.
Las palabras golpearon a Gohan como un puñetazo bien conectado en la boca del estómago. Aun cuando Vegeta pensaba que estaba siendo algo amable con el muchacho, todo lo que éste escuchó fue que el príncipe ya no lo quería ahí.
Gohan, ante la idea de regresar a su casa, sintió que algo dentro de él finalmente comenzaba a romperse.
—No… no puedo —soltó el adolescente, su voz se quebró mientras las lágrimas comenzaron a salir repentinamente de sus ojos enrojecidos. Vegeta puso mala cara ante el despliegue emocional y desvió la mirada, prefirió observar la pared mientras cruzaba los brazos. Gohan veía el suelo—. Cuando estoy en mi casa, yo… yo sólo pienso en él y… eso me causa… —Apretó los puños y cerró los ojos con fuerza mientras luchaba por contener el llanto.
Vegeta sintió que el ki del niño comenzó a subir, y volvió a fijar sus ojos en él. Su frunce se profundizó, no gustándole lo que estaba viendo mientras se daba cuenta de que las lágrimas del muchacho eran de rabia. —Bien —dijo finalmente el príncipe, esperando suavizar la situación—, puedes quedarte aquí y entrenaremos. Ahora serénate —ordenó.
—Yo…, él…, me dejó…, a mi hermano… —Gohan temblaba mientras su poder seguía subiendo en respuesta a su creciente furia. Sus ojos ahora estaban tiñéndose de negro a verde azulado, a negro otra vez. Finalmente, se quedaron verde azulado cuando se transformó en super saiyajin. Vegeta notó con algo de preocupación que ahora, incluso con la transformación, su poder de pelea seguía subiendo. Toda la cocina comenzó a temblar.
—Recupera el control, muchacho, antes de que destruyas esta parte de la casa —ordenó el saiyajin en un tono calmado y firme. Se acercó al adolescente y colocó una mano sobre su hombro. Gohan se estremeció ante el contacto, y le gruñó instintivamente. Vegeta rugió y apretó los puños—. Gohan —dijo en un tono alto y autoritario—, necesitas calmarte. ¡Ya!
Escuchar a Vegeta oír su nombre propio regresó a la realidad abruptamente al adolescente. Un segundo después, bajó su poder y perdió el aura dorada que lo había estado rodeando. Jadeó, respirando entrecortadamente y aun temblando mientras el príncipe lo observaba ligeramente desconcertado.
—Lo siento —dijo Gohan viéndose las manos temblorosas avergonzado—. No sé lo que… —Negó con la cabeza y volteó la cara, con lágrimas aún en los ojos—. Lo siento.
Vegeta, por mucho que lo quisiese, no podía molestarse por el flagrante despliegue de debilidad frente a él. No cuando Gohan le recordaba tanto a él cuando tenía su edad. Las únicas diferencias eran que el muchacho expresaba su dolor externamente, mientras que él se reprimía. Ellos incluso habían lidiado con sus emociones de distintas maneras; uno a través de la melancolía y lleno de dolor, y el otro a través de la violencia extrema.
Pero el resentimiento en esencia era el mismo, y estaba dirigido hacia los mismos hombres en sus vidas, por razones muy similares. Vegeta frunció el ceño, entendiendo cómo se sentía el adolescente frente a él, pero no muy seguro de cómo vocalizar esa comprensión. Él no era hábil para ese tipo de asuntos. Finalmente, se decidió a irse por lo obvio.
—Cruza los brazos, muchacho.
—¿Ah? —preguntó Gohan confundido.
—Ayudará a tus manos —dijo Vegeta, observando las manos temblorosas del muchacho. Gohan se las vio e hizo lo que se le ordenó. Lo ayudó. Le sonrió cauteloso.
—Gracias… disculpa que perdiera el control así.
—Deja de disculparte, no mataste a nadie, mocoso —dijo Vegeta mientras cruzaba sus propios brazos—. Y si es tan insoportable estar en tu casa, entonces hablaré con la mujer para ver si puedes quedarte aquí una temporada. Podría serme de utilidad tener un buen compañero de entrenamiento. —Gohan parpadeó y vio a Vegeta sorprendido, antes de sonreírle agradecido. El príncipe saiyajin gruñó en respuesta—. Será algo temporal, muchacho, así que no te pongas muy cómodo —espetó.
—Gracias, Vegeta —dijo Gohan con un suspiro de alivio. Finalmente sentía que podía respirar. Vegeta desvió la mirada e iba a responder cuando se oyó una voz cansada.
—¿Papá?
Vegeta y Gohan se dieron la vuelta para ver a un somnoliento Trunks parado en la puerta de la cocina. Parpadeó varias veces antes de frotarse los ojos con ambas manos.
—Regresa a la cama, niño, antes de que despiertes a tu madre —ordenó Vegeta.
—Pero Papá —respondió Trunks, bajó una mano y continuó frotándose un ojo con la otra—. Sentí un poder grandote.
—Lo siento, Trunks —dijo Gohan con una ligera sonrisa. Trunks parpadeó y lo miró con cara de sueño, antes de volver a frotarse los ojitos.
—Espera afuera, muchacho —le ordenó Vegeta a Gohan, llamando la atención del adolescente—. Saldré en cinco minutos. Luego tendremos un combate de entrenamiento. Te sentará bien.
Vegeta luego se acercó a Trunks y puso una mano firme en su nuca. Le dio la vuelta y lo condujo en dirección a su cuarto, saliendo con él de la cocina. Gohan los observó marcharse, con los ojos llenos de tristeza otra vez y una punzada de celos en el corazón ante la escena.
—Así que sentiste un gran poder, ¿eh, niño? —le preguntó Vegeta a su hijo.
—Ajá —respondió Trunks adormecido mientras bostezaba. Apenas y podía mantener los ojos abiertos, simplemente caminó como un autómata a donde sea que lo llevara su padre.
—¿Y luego qué? ¿Decidiste bajar para hacer algo al respecto? —preguntó Vegeta con una sonrisa.
—Sí. Iba a darles una paliza.
Gohan escuchó a Vegeta reír antes de que sus voces se disiparan. El adolescente suspiró y miró por la ventana de la cocina, observando la lluvia. Su momento de relajación terminó muy rápidamente y estaba comenzando a sentirse ansioso otra vez ante la idea de decirle a su madre que se quedaría una temporada en la Corporación Cápsula. Sin mencionar que comenzaba a sentir un dolor de cabeza por no haber dormido. Tenía días sin poder hacerlo bien. Respiró profundamente, pero esa sensación estaba en su pecho y no podía sacudírsela.
Finalmente, escuchó pasos otra vez. Se dio la vuelta y vio que Vegeta se había cambiado la ropa a un pantalón azul de entrenamiento y sus botas blancas patentadas. Tenía una toalla blanca alrededor de su cuello y una botella de agua en la mano. Observó a Gohan desaprobatoriamente.
—Creí que te había dicho que esperaras afuera —dijo Vegeta fríamente—. Evidentemente, tienes un problema auditivo del cual no era consciente.
—Discúlpame, estaba distraído —admitió Gohan con un suspiro. Vegeta entrecerró los ojos sospechosamente, antes de hacerle un ademán hacia la puerta.
—Bueno, démonos prisa, muchacho —ordenó bruscamente. Gohan simplemente asintió y caminó hacia allá para salir, el príncipe lo seguía de cerca. Juntos, caminaron bajo la lluvia hasta que cruzaron la grama hasta llegar a la cámara de gravedad.
Gohan no sabía por qué se seguía sintiendo ansioso mientras observaba a Vegeta encender la cámara de Gravedad. Había entrenado un año bajo la guía de Píccoro y el Namek no había sido paciente con él ni por un segundo. Había pasado incluso tres años entrenando con ambos, con él y su padre en preparación para los androides. Como si eso fuera poco, lo había vuelto a hacer en la habitación del tiempo con su padre. Tenía más experiencia en su haber que cualquiera de su edad en todo el planeta
¿Entonces por qué le ponía tan nervioso un combate de entrenamiento con Vegeta?
El príncipe ojeó la configuración de la gravedad, tratando de decidir qué nivel sería bueno para el enfrentamiento. Vio por encima del hombro al adolescente y pilló la mirada cautelosa en sus ojos. Vegeta puso los ojos en blanco y se dio la vuelta para enfrentarlo, sin activar el simulador. Le echó un vistazo de arriba abajo al muchacho y espetó:
—¿Viniste a entrenar vestido de civil? —preguntó en un tono de voz tan incrédulo como indignado.
Gohan parpadeó y se miró la camiseta y el pantalón kaki. El adolescente volvió a ver al saiyajin. —Estuve fuera toda la noche —admitió finalmente Gohan, desviando la mirada ante el escrutinio de Vegeta—. Estaba planeando volver a casa, pero… no quise. Esta ropa está bien.
—Muy bien —dijo Vegeta, lanzando su botella de agua y toalla hacia un lado—. Basta de hablar entonces. Vamos. —Se puso en posición de pelea, y Gohan reluctantemente hizo lo propio.
Medio segundo después, Gohan golpeó el piso con fuerza. Se llevó las manos a la cara donde Vegeta acababa de asestarle el puñetazo. El príncipe arqueó una ceja mientras veía al adolescente que se estaba sentando lentamente. No estaba intentando matarlo; esto era sólo un combate de entrenamiento. El golpe que acababa de darle era únicamente para ponerse en marcha y marcar el paso. Gohan tenía la capacidad para esquivarlo o bloquearlo, y sin embargo; pareció como si no lo hubiese visto venir.
—Diste más pelea en la cocina, muchacho. Ahora levántate y pelea o sal de aquí y deja de hacerme perder mi maldito tiempo —gruñó Vegeta mientras rodeaba a Gohan. El adolescente escupió algo de sangre, la fuerza del golpe lo había obligado a morderse con fuerza la lengua. Se limpió los labios con el revés de la mano. Luego dedicó una mirada furiosa que hizo sonreír a Vegeta—. ¿Qué, no te gusta que te pegue? —dijo Vegeta en un tono retador—. Bueno, ven a hacer algo al respecto entonces.
Gohan se echó hacia atrás por un segundo antes de hacer una acrobacia y ponerse de pie. Se enderezó y se quitó la camiseta, tirándola a un lado. Luego alzó un puño, y lo apretó con fuerza. Otro segundo después, y el ki del adolescente explotó y se hizo dorado convirtiéndose en super saiyajin. Miró con furia al príncipe frente a él, y la sonrisa de éste se amplió.
—Esa es la actitud, niño —dijo dando el visto bueno, antes de transformarse también.
Horas después, seguían peleando. Vegeta no se estaba tomando a la ligera al adolescente, y a Gohan eso le encantaba. La última vez que había peleado con cierto nivel de intensidad fue con su padre en la habitación del tiempo. Le cabreó en aquel entonces que Gokú siempre se contuviera un poco con él, y era un gran alivio no tener que rogarle constantemente a alguien para que no lo hiciera. Había pasado mucho desde la última vez que peleó, y aunque no había querido al principio, el combate ahora era bien recibido. Finalmente, su ansiedad había desaparecido y la sensación en su pecho había subsidiado. Aun cuando Vegeta era capaz de asestar un golpe directo, Gohan lo disfrutaba. Mientras más peleaban, más quería hacerlo. No podía recordar cuando fue la última vez que había ansiado tanto pelear, y se estaba sintiendo cada vez más y más agradecido con Vegeta por sugerirlo.
Vegeta estaba muy impresionado por la tenacidad del adolescente. Gohan estaba visiblemente exhausto y sin embargo seguía pidiendo más. Los dos eran un matiz dorado de movimientos y demasiado rápidos para ser vistos por el ojo humano, desmaterializándose y materializándose una y otra vez como si intentaran agarrar con la guardia baja al contrario. Vegeta bloqueó una rodilla dirigida a sus rodillas, Gohan bloqueó un codo dirigido a su rostro, Vegeta se materializó detrás de Gohan quien bloqueó una patada por la espalda, sin parar, un golpe fallido tras otro. Los dos saiyajin hacían lo que más amaban, disfrutaban competir, querían resultar victoriosos del combate.
—¡Vegeta, Gohan! —Ambos dejaron de pelear cuando escucharon la voz de Bulma a través del sistema de sonido de la cámara de gravedad. Vegeta empujó a Gohan—. ¡Es hora de almorzar!
Era todo lo que necesitaban.
Bulma vio con los ojos abiertos como platos cómo Vegeta, Gohan, Goten y Trunks arrasaban con la comida que ella y su madre habían estado preparando prácticamente toda la mañana. Gohan ahora vestía una de las camisetas de Vegeta, ya que la suya la había usado como toalla después del combate. Chi-Chi había dejado a Goten pocas horas después de que Gohan había llegado, y apenas pareció sorprendida de que su hijo mayor estuviese allí. No podía quedarse, pero había llevado con ella comida para sus hijos. Ahora la científica veía como la enorme cantidad de alimento que había preparado era engullida a una velocidad aterradora.
—¡Trunks! —gritó Goten—. ¡Yo quería ese rollito! —chilló.
—¡Es mío! —respondió Trunks con el mismo tono. Iba a comérselo cuando le fue arrebatado de las manos.
—Yo resolveré el problema —dijo Vegeta en un tono firme. Ambos niños lo miraron expectantes, esperando una mitad del rollito de primavera para cada uno. Ambos miraron completamente consternados como, en su lugar, Vegeta se lo comía todo.
—¡Vegeta! —reprendió Bulma. Él sólo sonrió maliciosamente y se encogió de hombros. Ella puso los ojos en blanco, antes de observar al mayor de los niños Son que comía callado, con la mirada en el plato. Vegeta lo vio, y olvidó su comida. Se levantó y se acercó a ella. Le hizo un ademán para que saliera con él.
Una vez en la sala de estar, el saiyajin se volteó para mirar a su mujer.
—El muchacho necesita quedarse una temporada.
—¿Por eso vino tan temprano? ¿Estaba huyendo o algo así? —preguntó Bulma llena de curiosidad. Vegeta sólo se encogió de hombros.
—Estuvo fuera toda la noche, quién sabe dónde. Ese no es el punto, mujer. El punto es que estar en su casa lo está enloqueciendo. Creo que es beneficioso para el planeta Tierra que esté fuera por una temporada. —Bulma lo estudió intensamente, buscando señales de su usual sarcasmo. No lo encontró.
—¿Está teniendo problemas con Chi-Chi? Me refiero a que, si lo está, puedo hablar con ella al respecto. Sé que es estricta con él algunas veces.
—No. Sus problemas son con el imbécil de su padre —dijo Vegeta amargamente. Los ojos de Bulma se ablandaron en comprensión mientras asentía.
—Pobre niño —dijo con un suspiro, viendo sobre el hombre en dirección a la cocina—. Sí, posiblemente sería mejor que se quede aquí. Hablaré con Chi-Chi.
—Sería lo mejor, así puedo tenerlo vigilado —dijo Vegeta. Lo volvió a ver en sorpresa. El día anterior, se había negado rotundamente a hablar con Gohan. Ahora estaba pidiéndole a ella que permitiera que el adolescente se quedara viviendo con ellos por un tiempo. Su mirada de sorpresa se convirtió en una de sospecha.
—¿Qué es lo que está pasando, Vegeta? —preguntó. Él suspiró. Maldita sea la inteligencia de la mujer. Bulma lo observó curiosa mientras él se acercaba más para decirle al oído:
—Mujer… Creo que es algo más lo que le pasa al muchacho además de una simple pubertad —susurró Vegeta tan bajo como le fue posible, no quería que los niños oyeran. Bulma casi tuvo que esforzarse para oírlo incluso tan cerca como estaba—. Si estoy en lo correcto, podrían ser malas noticias para todos dado lo poderoso que es el mocoso.
—¿A qué te refieres? —susurró también—. ¿Qué crees que pasa con él?
Iba a responder pero repentinamente, escucharon a Gohan rugir furioso:
—¡TE DIJE QUE DEJARAS DE HACER ESO, CABRÓN!
Hubo un silencio por el sobresalto. Incluso Vegeta pareció conmocionado por la descarga. El silencio finalmente se rompió por el estallido en llanto de Goten. Bulma regresó corriendo a la cocina mientras Vegeta simplemente caminaba con un frunce.
—¡Gohan! ¡Él es tu hermano! —reprendió Bulma brusca, antes de tornar su atención al pequeño que estaba prácticamente hiperventilando mientras las lágrimas bajaban por sus mejillas. Gohan frunció y vio a su hermanito. Su mirada se suavizó y llenó de vergüenza, la desvió apenado—. No pasa nada cariño, no llores —dijo Bulma con ternura mientras abrazaba a Goten y Vegeta finalmente entraba a la cocina. Ella vio a su propio hijo—. Trunks, tesoro, ¿por qué no te llevas a Goten a tu cuarto para que puedan jugar?
Trunks solo asintió, vio a Gohan con cautela y se levantó de la mesa. Volteó a ver a su padre, inseguro de lo que pasaba. Vegeta simplemente hizo un ademán corto para que le obedeciera a su madre, así que viró para llevarse a Goten.
—Vamos, Goten —dijo el pequeño con amabilidad, dándole la mano a su mejor amigo. Goten aspiró un par de veces antes de tomarla. Los niños dejaron la cocina, con Trunks al frente.
Gohan alzó la vista para encontrarse a Vegeta con los brazos cruzados, y Bulma, con las manos en las caderas, ambos lo miraban fijamente.
—¿Bueno? —preguntó Bulma finalmente—. ¿Qué tienes que decir en tu defensa, jovencito?
—Lo siento —respondió Gohan avergonzado.
—Seguro. Has estado disculpándote demasiado el día de hoy, muchacho —Vegeta espetó.
—Como digas —siseó Gohan por lo bajo. Vegeta gruñó en respuesta mientras daba un paso hacia él, la paciencia con el adolescente se le estaba terminando. Sólo dio un paso cuando Bulma estiró una mano y lo sujetó por el brazo.
—Cuidado con lo que dices cuando te refieras a mí, antes de que lo arregle con los puños —rugió el príncipe Saiyajin peligrosamente—. ¡He tenido suficiente de tu insolencia, muchacho!
—¡Dije que lo sentía! ¡Qué más quieren que diga, coño! —gritó Gohan mientras se paraba abruptamente de la mesa.
—¡GOHAN! ¿Qué se te ha metido? —exclamó Bulma desconcertada. Vegeta la haló hacia atrás tomándola por el brazo para que quedara detrás de él. Gohan vio el gesto y sintió como si Vegeta le hubiese golpeado otra vez. Sin decir palabra, el saiyajin había hecho un acto protector, con esa acción demostró que lo consideraba una amenaza para Bulma.
Y eso lo cabreó enormemente.
—¿Qué? ¿Crees que ahora sí soy peligroso? —preguntó Gohan en un tono que tensó a Vegeta instintivamente. Con más de treinta años de experiencia en batallas y violencia, reconocía un tono amenazante y hostil cuando lo oía.
—Dímelo tú, muchacho —replicó Vegeta sin alterarse—. Si entablamos una batalla en este momento, ten por seguro que no dudaré en finiquitarla permanentemente.
—Vegeta —dijo Bulma, viendo a su esposo con inquietud—. No digas eso. —Dio un paso corto al lado para observar al adolescente—. Gohan… ¿qué es lo que te pasa? —preguntó en un tono más que gentil, aunque sus ojos se notaba la preocupación.
Gohan dio un paso atrás, sintiendo como la furia se disipaba tan pronto como había llegado. Vio a Bulma, luego a Vegeta quien le hacía un escrutinio. La vergüenza se reavivó y sus manos comenzaron a temblar otra vez.
—Lo siento —respondió, su voz se quebró y las lágrimas volvieron a salir. Dio otro paso atrás, sacudiendo la cabeza—. No lo sé…, algo está mal… Tengo que irme —dijo de repente. Antes de que Bulma o Vegeta tuviesen la oportunidad de hablar, el adolescente se marchó.
Ambos permanecieron callados en la cocina, mirando atentamente la puerta por la que el adolescente se había marchado. Vegeta finalmente suspiró y giró para enfrentar a su mujer.
—¿Ves a lo que me refiero? —dijo, cruzando los brazos sobre el pecho. Bulma parpadeó y se le quedó viendo, frunciendo el ceño ligeramente.
—Yo creo que son las hormonas, es un adolescente fastidioso —dijo Bulma de manera casual. Vegeta volteó los ojos.
—Quizá si solo fuese humano.
—¿Qué crees que pasa? —preguntó Bulma curiosa. Vegeta guardó silencio por un rato, meditando mientras veía hacia un lado.
—Algunas veces —dijo finalmente—, en la transición de niño a hombre, los saiyajin desarrollan…, una sed. No es muy común, pero ocurre más o menos a esta edad. Si no se enfrenta, hay efectos colaterales.
—¿Una sed? ¿A qué te refieres?
—Una sed de matar. Donde cada fibra de tu alma quiere más que nada derramar sangre de la primera persona que te mire de la manera incorrecta. Se convierte en una necesidad física real, tan dominante como el hambre. Si la sed no se satisface, comienza a afectarte físicamente. Podrías morir de inanición —dijo, poniendo mala cara mientras le regresaba la mirada—. No era visto como algo negativo. Por el contrario. Era la marca de un verdadero guerrero. Cuando pasaba, el Saiyajin se hacía más fuerte. Era un don.
—La tuviste —dijo dándose cuenta. Él asintió.
—La tuve y la satisfice. Me volví más fuerte, justo como se suponía. Nappa y Raditz apenas sobrevivieron —respondió, sonriendo al recordarlo. Sin embargo, vaciló un poco mientras continuaba—. Muchas civilizaciones, sin embargo, no fueron tan afortunadas.*
Bulma se estremeció, sintió escalofríos al recordar el pasado brutal de su esposo. Volvió a fijar sus ojos en la puerta. —Gohan…
—No estoy muy seguro de que el muchacho la tenga. Pero tiene los síntomas de no estar satisfecho —admitió, también siguiendo su mirada—. Nunca oí de un mestizo teniéndola, pero el muchacho no es un mestizo normal. Eso es más que seguro.
—¿Bueno, qué si lo tiene? ¿Podemos simplemente ignorarlo?
—No lo sé, mujer. Nadie jamás la ha ignorado. No era difícil para un saiyajin de clase baja encontrar una manera de satisfacer la sed. Los Saiyajin somos despiadados por naturaleza. La mayoría habíamos matado a alguien o algo a su edad en todo caso, sólo se volvió una necesidad que ya se estaba satisfaciendo. Pero este muchacho… —su voz se fue apagando.
—¿Estás diciendo lo que pienso?
—Sí, el muchacho posiblemente esté ansiando la actividad que más odia. El poder de tener la vida de alguien más. La muerte. Lo único que va en contra de su naturaleza es lo único que su cuerpo ansía, más que la comida, más que el sueño, más que nada.
Bulma se quedó callada, sin parar de pensar. Finalmente, volvió a mirar a Vegeta. —Tú dijiste que no sabes si la tiene. ¿Cómo puedes estar tan seguro?
La miró por un momento antes de virarse para marcharse por la puerta por la que Gohan había huido.
—Es la única manera de averiguarlo.
*Nota: La historia de la adolescencia de Vegeta bajo el dominio de Freezer será contada en un futuro (no próximo) en la historia «El Arte de Sobrevivir»
Publicado el 07/12/2013
