Surrender the Grey
Renunciar al Gris
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Por:
Emma Grant
traducido por:
Perla
Capítulo 1
Sábado 21 de febrero, 2004
Cuando despertó, el aroma a café se sentía denso en el ambiente. Draco se removió bajo el edredón sin querer levantarse todavía. La tibieza del lecho era placentera y la luz que se filtraba por la ventana era tenue. Ésa era su parte favorita de la mañana: la primera luz del día antes de salir de la cama. Era sábado y le reconfortaba saber que podía dormir tanto como quisiera.
-¿Café?
Draco abrió los ojos y vio a Harry inclinándose sobre él. Iba sin camisa, desaliñado y cargando una taza humeante. Cerró los ojos de nuevo. No era posible que Harry pudiera estar esperando que se levantara ya.
-Hmmm… ¿necesitas un incentivo para despertar? –La fría mano de Harry buscó su camino debajo del edredón y le acarició el muslo.
Draco soltó un gimoteo y se meneó para zafarse.
-Estás del humor correcto esta mañana –bromeó Harry. Draco escuchó el sonido que hizo la taza al ser colocada en la mesita de noche, y luego Harry se deslizó bajo el cobertor. Se había quitado también el pantalón de su pijama y su erección se oprimió contra el muslo de Draco. –Está bien. Puedes volverte a dormir si así lo deseas. No te preocupes por mí. –La mano helada encontró sus caderas y descendió hasta tomar su flácido pene. Draco pensó en protestar, pero los labios de Harry le estaban haciendo cosquillas en el cuello y sus dedos fríos estaban acariciando su miembro.
-Buenos días. –Draco estaba empezando a excitarse a pesar de sus intenciones de permanecer dormido. Harry y sus malditos dedos. –Tu mano está helada.
Harry se agachó debajo del edredón. Un segundo después, su boca devoraba el pene de Draco.
-Oh, Dios. –Draco aspiró una bocanada de aire y abrió los ojos. La boca de Harry no se había acercado a su miembro para nada desde aquella noche en San Francisco, la cual parecía haber sucedido meses atrás. De hecho, Draco había empezado a preguntarse si volvería a pasar otra vez. –Se siente bien –susurró, quitándose el cobertor de encima para que Harry pudiera respirar.
-Qué bien –dijo Harry, liberándolo por un momento antes de engullir su erección de nuevo. Era una mamada un tanto descuidada, pero el hecho de que fuera Harry el que la estuviera haciendo la compensaba de más.
-Oh… eso con tu lengua… hazlo un poco más. –Harry empezó a moverse más lento, tomándose su tiempo y chupando el pene de Draco a un ritmo relajado. Su lengua se arremolinó alrededor de la punta y su mano apretó la base; Draco le sujetó la nuca con las manos y suspiró. –Es fantástico.
Los movimientos de Harry prosiguieron lentos y constantes durante un largo rato. Draco podría haberse quedado así durante horas, con su miembro siendo suavemente chupado, con sus bolas tocadas por dedos inexpertos, con saliva escurriendo por su dureza. El ritmo de Harry finalmente empezó a sentirse forzado… probablemente su quijada le estaba comenzando a doler. Draco sonrió. Tendrían que trabajar en la resistencia de Harry.
-¿Quieres hacerme terminar? –le preguntó.
-Sí –gruñó Harry. Hasta su voz se oía cansada.
-Pon tus dedos…
Harry se removió entre sus piernas y Draco sintió un dedo húmedo tanteando su entrada. Se introdujo dentro de él, e hizo muecas: tenía que hacer que Harry se recortara las uñas más frecuentemente. Pero por ahora, con tal de que tuviera cuidado…
-Curva tu dedo hacia arriba y frota… -Harry encontró el punto y Draco inhaló fuertemente. –Oh… así… chupa más fuerte… Dios… -Harry continuó oprimiendo el dedo contra su próstata, chupando más duro y Draco puso los ojos en blanco.
Sus palabras se hicieron inteligibles cuando el orgasmo lo sacudió por completo. Harry se detuvo cuando Draco se derramó, tensándose inmediatamente después. Draco había asumido que estaba bien terminar en su boca, pero quizá debían haber hablado de eso primero. Demasiado tarde.
-Dios, Harry –le dijo, ignorando el hecho de que Harry tenía torpemente su pene dentro de la boca, aparentemente tratando de decidir qué hacer con su bocado. Draco mantuvo los ojos cerrados hasta que le pareció que Harry había logrado tragar. –Eso fue increíble.
-Bien –respondió Harry, acomodándose a su lado. Draco abrió los ojos. Los labios de Harry estaban húmedos e hinchados y su rostro, sonrosado. Su rígido miembro rozó el muslo de Draco.
Éste sonrió. -¿Te devuelvo el favor?
Inexplicablemente, Harry se ruborizó. –No tienes que hacerlo. Está bien así.
-¿Estás bromeando? –Draco se rió y luego se dio cuenta de que Harry estaba hablando en serio. Acunó con sus manos la nuca de Harry y lo jaló hacia él para besarlo. –Quiero hacer que te vengas –susurró sobre sus labios. –Dime qué deseas.
Harry gimió dentro de su boca y presionó una rodilla entre los muslos de Draco, abriéndolos. Estiró una mano hasta la mesita de noche para alcanzar su varita.
Harry había estado sorprendido al saber cuántos hechizos existían para realizar sexo anal: hechizos de lubricación, hechizos anti virales, hechizos para extender, hechizos de limpieza. La noche anterior, Draco había presionado la punta de su varita dentro del culo de Harry y murmurado un hechizo que había hecho que éste abriera tanto los ojos que se vio casi cómico.
Harry lo repitió en ese momento, con la punta de su varita apenas tocando la entrada de Draco. –No, tienes que meterla –susurró Draco, abriendo las piernas un poco más. –De lo contrario, sólo… -Harry oprimió la varita por lo menos cinco centímetros tierra adentro y Draco aspiró una bocanada de aire. -¡Cuidado!
-Disculpa –musitó Harry. -¿Qué tan adentro?
-Está bien así. La verdad, en cierto modo es pervertido.
Harry rió entre dientes y suspiró: -Elutus. –Draco no pudo evitar cerrar los ojos ante la sensación de la magia llenándolo. Consideraría este hechizo como un juego preliminar… los condones y el lubricante del mundo muggle nunca serían lo mismo.
Harry introdujo la varita un poco más, luego la retiró lentamente. Después de una pausa, la empujó adentro otra vez. –Dime si quieres que me detenga –dijo.
Draco sonrió ampliamente. –Te gusta follarme con la varita; ¿verdad?
-Sí –respondió Harry. Sus ojos estaban fijos en un punto entre las piernas de Draco.
-¿Por qué?
-No sé. Supongo que me gusta la idea.
-A mí también me gusta la idea de follarte –dijo Draco, arqueando una ceja. Harry se puso de un simpático color rosado y apartó la mirada.
-Lo sé.
-No tiene que doler, lo sabes.
-Ya me has dicho eso. –La varita fue retirada de su trasero y Harry se apuntó hacia su propio miembro. –Madefio. –Regresó la mirada a Draco, sus ojos estaban oscuros y muy abiertos. -¿Está bien?
Draco permitió el cambio de tema y en vez de seguir hablando, sonrió. -¿Cómo me quieres?
Para alivio de Draco, Harry le correspondió la sonrisa. -¿Qué tal apoyado de manos y rodillas?
-¿O qué tal así? –respondió Draco, acostándose boca abajo. –De este modo es mucho más apretado.
Sintió a Harry montarse a horcajadas sobre él y a la húmeda punta de su erección presionar entre sus nalgas. Draco se obligó a relajarse. Harry empujó, abriéndose paso en su cuerpo con un suave movimiento. Era lo suficientemente grande como para lastimar al primer momento, pero también se sentía bien… extendió su estrechez, llenándola y presionando en lugares interesantes.
-Dios, está apretado –jadeó Harry. –Estás tan caliente, mucho más caliente que… -se interrumpió y empezó a moverse.
Draco estuvo muy agradecido de que no hubiera completado la frase. En vez de eso, se concentró en la sensación de Harry moviéndose dentro y fuera de su cuerpo, en el suave deslizamiento de su pene en su interior, en el sonido de la respiración de Harry encima de él.
-¿Estás bien? –le preguntó Harry.
-Mmmmm, sí –suspiró Draco. –Te sientes genial. –No terminaría otra vez y confiaba en que Harry no lo estuviera esperando.
Afortunadamente, Harry parecía estar tan cerca de derramarse que eso no le preocupaba. Draco se enfocó en apretar el culo al mismo ritmo que Harry llevaba. Al fin, Harry jadeó y se colapsó sobre la espalda de Draco, inmovilizándose.
Draco deseaba quedarse así durante un rato: con el miembro de Harry llenándolo, con su peso oprimiéndolo contra el colchón, con la luz del sol jugueteando sobre las sábanas. Harry se agitó un poco, salió de él y luego se levantó de la cama. Draco suspiró. Sentía su culo incómodamente flojo y mojado, y encima de todo estaba solo. Si algo había aprendido esa semana, era que Harry no era nada cariñoso después del coito.
Mantuvo sus ojos cerrados, creyendo que Harry regresaría si él se quedaba quieto. Escuchó la puerta del baño abrirse y luego el agua correr. Se preguntó si debía tomarse como algo personal que la primera cosa que Harry parecía querer hacer después del sexo, era lavarse cualquier rastro de éste. Ahora también tenía frío: el edredón había caído hasta el suelo. Se sentó para buscarlo, rascándose el estómago.
-Qué bien, te levantaste –dijo Harry desde el marco de la puerta del baño. -Puedes ducharte primero, si gustas.
Draco percibió cómo su boca hacía un puchero. –Nome estoy levantando.
-Son las nueve y media.
-¿Y?
-Y se supone que debemos estar donde Hermione a las diez.
Draco cerró los ojos y se dejó caer de espaldas sobre el colchón. El desayuno. Lo había olvidado. -¿Tenemos que ir?
Hubo una pausa. –Está esperándonos.
-Te está esperando a ti. Yo no estoy invitado.
-Por supuesto que estás invitado –respondió Harry.
-El hecho de que estaba ahí cuando ella te invitó no implica que también me haya invitado.
-Dijo ustedes dos –replicó Harry. Su voz tenía un dejo de brusquedad. Draco abrió los ojos para ver a Harry recargado en el dintel de la puerta, con los brazos cruzados sobre el pecho desnudo. -¿Por qué me invitaría a mí y a ti no, y justo enfrente de ti?
-Porque me odia –masculló Draco. Estaba perdiendo la discusión, y recurriría a niñerías si era necesario.
Harry suspiró. –No te odia. Sólo… que no ha tenido la oportunidad de conocerte.
-Debería de irme a casa –dijo Draco. –Probablemente Manny está preocupado.
-Creo que Manny puede imaginarse dónde estás –respondió Harry. –Sabía que saldríamos juntos anoche. Se lo dijiste a la hora del almuerzo, y también le dijiste que no te esperara –una sonrisa provocativa se formó en los labios de Harry.
Draco miró furioso hacia el techo. No iba a ganar esta. Tal vez, de alguna manera, podría aprovecharse de la situación. -¿Qué me darás si voy?
Harry soltó un bufido. –Mi eterna gratitud.
Draco rodó hasta quedar de lado y le sonrió a Harry de una manera que esperaba fuera simpática. –No tengo ganas de ir a ese desayuno con Granger y su prole Weasley, pero lo haré… por un precio. –Sonrió sugestivamente.
Harry sonrió presuntuoso; Draco estaba empezando a adorar esa expresión. -Siempre se trata de sexo contigo.
Draco fingió una sonrisa inocente. -¿Dije algo sobre sexo?
Harry puso los ojos en blanco, pero sólo estaba actuando. Trataba de no sonreír. –De todas formas estaba planeando follarte esta noche de nuevo. ¿Qué más quieres?
-Oh, estoy seguro que podré pensar en algo.
Harry suspiró. –Está bien, correcto. Sólo métete a la regadera; ¿si?
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Salieron de la chimenea en la casa de Granger diez minutos después de las diez. Draco se sacudió el polvo de encima tratando de no fruncir el ceño. Acababa de fregotear su ropa ya que era el segundo día que tenía que usarla y ahora, gracias a la ignorancia de Granger sobre los hechizos deshollinadores de chimeneas, necesitaría hacerlo otra vez.
Harry parecía no estar afectado por la delgada capa de ceniza que lo cubría. -¿Hermione?
Draco buscó alrededor, percatándose de que la casa aparentemente estaba vacía. Esperanzado, volteó hacia Harry. –Quizá lo olvidó. Todavía podemos ir a esa pequeña y encantadora cafetería en…
El ruido de un golpe, proveniente de arriba, los hizo levantar la mirada hacia el techo. Un minuto después, Granger (Weasley, como Harry se la pasaba recordándole, siempre seguido de un: Sólo llámala Hermione. ¿Está bien?) descendió por las escaleras, envuelta en una gastada túnica y con una expresión muy parecida al terror en su cara.
-Hola –dijo, mordiéndose el labio. –Lo siento, me quedé dormida. Haré café.
-¿Está todo bien? –preguntó Harry.
-Sí, sí –respondió ella, sin mirarlos a la cara mientras pasaba con rumbo a la cocina. –Iba a poner la alarma, pero lo olvidé, y… -dejó caer la jarra de vidrio al suelo, donde se hizo trizas. -¡Mierda!
-Está bien, Hermione –dijo Harry, adelantándose y tocándola en un brazo. -¿Estás segura de que estás bien?
-Sí. Yo sólo… disculpa. ¿Dónde está mi varita?
-Está bien –repitió Harry sacando su propia varita de la chaqueta. Apuntó hacia la pila de vidrio destrozado que yacía en el suelo. –Reparo. ¿Dónde están los niños?
Hermione recuperó la cafetera reparada del piso y respiró con profundidad. –Molly se los quedó durante el fin de semana. –Puso café molido dentro de la canastilla de la cafetera muggle y llenó el recipiente con agua. –Hace eso de vez en cuando y así puedo tener un poco de tiempo para mí.
Un incómodo silencio se extendió entre ellos mientras que Hermione terminaba de alistar la cafetera y la encendía. Entonces se giró y pareció notar a Draco por vez primera. –Buen día –dijo inexpresiva.
Draco se obligó a sonreír. –Hasta ahora lo ha sido. No queremos representar un problema. Podemos irnos si…
-Tonterías –dijo bruscamente, y una expresión determinada se instaló en su rostro. –El desayuno sólo estará un poquito tarde, es todo. –Les señaló el sofá. -Por favor, pónganse cómodos. Voy a ir a vestirme. –Diciendo eso, desapareció.
-Parece que hemos llegado en mal momento –caviló Draco. –Y tú que estabas preocupado porque veníamos tarde.
Harry frunció el ceño. –Normalmente tiene todo listo antes de que yo llegue. Algo debe de estar mal.
Draco se sentó en el sofá. –La escuchaste: no tiene a los niños este fin de semana. Probablemente no duerme con mucha frecuencia.
Harry se sentó a su lado, recargándose sobre su hombro. –Supongo. Pero te dije que iba a estar esperándote a ti también –dijo mientras lo codeaba.
-O supo ocultar muy bien su sorpresa.
-Incluso está haciendo café para ti. Yo ni siquiera sabía que tenía una cafetera eléctrica. ¿No es dulce?
Draco frunció el ceño. –Eso no cambia nuestro acuerdo, lo sabes.
-Ya veremos. Aún tienes que comportarte.
-Eso no era parte del trato.
-¿En serio? –La sonrisa de Harry era genial y Draco sintió mariposas en el estómago. Harry lo miró fijamente, casi tentadoramente y Draco se inclinó hacia él para besarlo.
-¡Uuups! Por mí no se interrumpan. –Hermione había reaparecido, vistiendo vaqueros y una camiseta FCUK muy usada y con su espesa melena retirada hacia atrás a la altura de la nuca.
Harry se alejó de Draco. -¿Podemos ayudar?
-No, no –respondió Hermione. –Sólo dejaré todo empezado y nos tomaremos nuestro café. –Apuntó su varita en dirección del refrigerador y luego hacia varias alacenas, murmurando hechizos. Los objetos empezaron a volar alrededor de la cocina y por encima de su cabeza a velocidad peligrosa: los huevos se quebraron por sí solos sobre una sartén y comenzaron a freírse; dos rebanadas de pan flotaron hasta la tostadora mientras que una fila de rebanas formada en el aire esperaban pacientemente su turno; una lata de alubias en salsa de tomate se abrió por sí sola y vació su contenido en una olla; los platos y los cubiertos se colocaron ordenadamente sobre la mesa. Hermione agitó su varita y la cafetera sirvió obedientemente el café en tres tazas que habían aparecido a su lado. Llevó las tazas hasta el sofá, con un tarro de crema y un tazón de azúcar siguiéndola. Le pasó a cada uno su respectiva taza de café.
-Aquí tienen –anunció y se acomodó en una silla.
-Vaya –dijo Draco. En toda su vida, nunca había visto a alguien coordinar tantos hechizos de cocina. –Eso fue impresionante.
Hermione pareció no darse cuenta de que eso había sido un cumplido. –Deberías verme cambiando pañales. ¿Se divirtieron anoche?
Harry se sonrojó y de pronto se vio muy interesado en añadirle crema y azúcar a su café.
-Sí –respondió Draco, volteando hacia Hermione. –Tuvimos una cena fabulosa. El mejor curry que he probado en siglos.
Hermione sonrió. –Harry conoce todos los buenos restaurantes hindúes –le echó un vistazo a Harry, pero desvió sus ojos cuando se percató de que él todavía no se había recuperado muy bien de su vergüenza.
Draco abrió y cerró la boca pensando en un nuevo tema de conversación, pero su mente estaba en blanco.
-¿Ya te ajustaste al cambio de horario? –le preguntó Hermione, llevándose la taza hasta los labios.
-En eso estoy –respondió Draco. Había estado muy sorprendido cuando vio a Hermione en Heathrow la tarde del domingo; claro que había estado muy nervioso antes de eso. No había creído que estaría atónito al verla, aunque Manny había jurado que no permitiría que aquello sucediera. Pero Hermione había tomado con calma su aparición y hasta lo había acompañado a su hotel esa noche.
Harry se aclaró la garganta, rompiendo el silencio. –Entonces, Hermione… ¿qué hiciste anoche?
-Buenos días –escucharon y voltearon para ver a Manny bajando las escaleras.
Draco sonrió ampliamente dentro de su café. –Eso responde a esa pregunta.
Manny le lanzó una perpleja mirada mientras que caminaba hasta quedar junto a una colorada Hermione. -¿A cuál pregunta?
-¿Café? –le preguntó Hermione, poniéndose de pie y golpeándolo en el proceso.
-Claro, gracias –respondió Manny y se sentó en el sofá a un lado de Draco.
Manny también estaba vestido con la misma ropa que había llevado el día anterior en la oficina y la cual se veía muy arrugada. Draco tuvo que resistir la urgencia de burlarse de él, limitándose a sonreír. Manny le devolvió la sonrisa y arqueó las cejas. Era una expresión que, Draco sabía, significaba: ¡Qué noche!
-¿Así de buena, eh? –le cuestionó Draco.
Harry lo golpeó con el codo, pero Draco lo ignoró.
Hermione volvió después de un momento, luciendo un poco más serena. Le dio una taza a Manny y se acomodó en su silla de nuevo.
-Probablemente uno de nosotros deberá pasar hoy por el apartamento a regar las plantas –bromeó Draco.
Manny sonrió. –Oh, dudo que se marchiten por un solo día sin agua.
-No sé. Algunas son muy temperamentales.
Manny se rió por toda respuesta, pero Draco se percató dolorosamente de que él y Manny eran los únicos que parecían encontrar la situación divertida. Harry estaba mirando fija y torpemente dentro de su café, y Hermione se estudiaba las uñas.
Draco suspiró tan dramáticamente como pudo lograrlo. –Está bien, como parece que nadie más lo quiere hacer, yo lo diré. –Todos lo miraron y él movió la cabeza en dirección de Harry. –Él me folló anoche y la verdad, esta mañana lo hizo de nuevo. –Se volteó hacia Harry, quien estaba boquiabierto. –Y Manny jodió con ella anoche y probablemente le hizo otras cosas que no vamos a discutir. Y es posible que estuvieran haciéndolo de nuevo cuando llegamos aquí. –Hermione hizo un ruidito y se sonrojó aún más. Draco se giró hacia Manny, quien estaba mordiéndose el labio en un esfuerzo por no reír. –Nosotros solíamos follar el uno con el otro con regularidad. Y cierto o no, todos en la escuela creían que Harry y Hermione también lo hacían en aquellos días. –Draco interrumpió la protesta de Harry con un gesto. –El punto es, que todos hemos tenido sexo los unos con los otros y lo sabemos. Ya es demasiado tarde como para sentirse incómodos por eso.
Harry se encogió de hombros, mirando con fijeza hacia su café de nuevo. Hermione soltó una risita, lanzándole una furtiva mirada a Manny.
Draco no pudo contenerse: -¿Y se pondrán de nuevo a ello cuando nos vayamos de aquí?
El codo de Harry se enterró profundamente en su costado, pero no le hizo caso. Hermione agachó la cabeza, sonriendo. Era toda la respuesta que iba a darles.
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-Y creo que deberíamos incluir a más empleados en el entrenamiento para resistir el hechizo sofocante –dijo Hermione, con las manos entrecruzadas sobre su plato vacío. –El hechizo nos afecta a todos, por lo que no veo el motivo por el cual excluir al personal de más bajo nivel.
-Pero sólo podemos manejar a cierto número a la vez –rebatió Manny. –El plan es entrenar a los altos niveles y luego permitir que ellos mismos instruyan a su propia gente.
Hermione sacudió la cabeza. –Pero no estoy convencida de que eso suceda. La mitad de ellos ni siquiera creen que esto sea verdad.
Draco sintió como se tensaba su mandíbula. No creían en él, por supuesto. Era personal y lo sabía. Siempre sería de esa manera, mientras él se quedara ahí.
-Eso es muy duro de tu parte –dijo Harry. Draco levantó la mirada para ver que los ojos de Harry se retiraban rápidamente de su cara. –Bass lo cree y el personal que le es leal también.
-Pero Fallin no –respondió Hermione, entrecerrando los ojos. –Y Bass no le haría frente al Ministro de Magia –las cejas de Harry se elevaron ante eso y Hermione suspiró. –No me malinterpreten. Creo que Arnold Bass es un gran hombre, un maravilloso director. Pero permite que Fallin se entrometa demasiado.
-Y Bass dejará que Fallin asuma la responsabilidad cuando demostremos que tenemos razón –dijo Harry. –Esto es grande, Hermione. Prueba que los Mortífagos han estado manipulando al Ministerio bajo las mismas narices de Fallin. Por supuesto que se opondrá a que la noticia aparezca en los periódicos.
Draco bufó y todo el mundo volteó a verlo. -¿Creen que esto aparecerá en los periódicos, aún cuando probemos que es verdad? Me parece muy difícil de creer que la prensa Mágica Británica haya cambiado tanto en sólo cinco años.
Harry suspiró y se alejó de la mesa. –No, no ha cambiado. –De repente parecía muy cansado.
-¿Estás consiguiendo algún progreso para resistirte al hechizo sofocante? –le preguntó Manny.
Harry se encogió de hombros. –Sí, pero me ayuda el hecho de que haya estado lejos de él por un tiempo. No sé qué tan difícil sería si no hubiera estado consciente de la diferencia.
-No es fácil de bloquear –dijo Draco, manteniendo su voz en un tono suave. –No es tan difícil como resistir a un Imperius, pero es similar.
-Pero es algo de lo que me tengo que estar cuidando constantemente –suspiró Harry. –Resistirlo es extenuante e interfiere con mi capacidad de concentración.
-Así funciona el hechizo sofocante. Y Manny y yo también tenemos que trabajar para resistirlo.
-No es lo mismo. Ustedes no pasan tanto tiempo en el Ministerio.
Draco se tragó su enojo. Había estado genuinamente sorprendido ante la irritabilidad de Harry durante toda esa semana. En San Francisco no había parecido ser tan malhumorado. Más bien había sido dulce, seguro de sí mismo, fuerte y encantadoramente posesivo. A Draco le gustaba eso en un novio. Él era el necesitado y malhumorado de la relación. No había cupo para otro más.
Realmente, realmente necesitaba un cigarro.
Hermione se alejó de la mesa, invocó un par de hechizos y los platos se abrieron camino a la cocina, empujándose por un lugar en el lavaplatos muggle. Draco les había tomado aprecio a esas máquinas cuando vivía en los Estados Unidos, pero no había visto antes una en el hogar de un mago británico.
Harry miró fijamente por toda la habitación por un largo momento, entonces se excusó de la mesa y desapareció dentro del baño.
-¿Cómo está Harry en verdad? –preguntó Hermione cuando Harry ya no podía escucharla.
Draco se encogió de hombros. No se sentía cómodo hablando de Harry con nadie. Afortunadamente, Manny captó el mensaje y distrajo a Hermione al levantar una mano y tomarle un mechón de cabello, el cual colocó por detrás de su oreja. Ella se volteó hacia él, la besó y Draco percibió una punzada de algo que no había sentido por Manny en mucho tiempo. Manny susurró un par de palabras que Draco no pudo escuchar bien y Hermione soltó una risita. Draco apretó los dientes y cerró los ojos.
No estaba celoso. Claro que alguna vez había estado completa, absoluta y locamente enamorado de Manny Padilla. Siendo honestos, probablemente siempre sentiría algo por ese hombre. Trató de no recordar lo herido que se había sentido cuando Manny le había dicho que eso no funcionaría y que no lo amaba como Draco a él. El recuerdo del momento en que Draco le había dicho esas dos palabras le inundó la mente aún contra su voluntad.
Unas manos oprimieron suavemente sus hombros desde atrás y sintió los labios de Harry rozar su mejilla. Draco abrió los ojos para descubrir que todos lo estaban observando. Manny ladeó su cabeza y le dirigió una sonrisa burlona. Draco se obligó a corresponderle la sonrisa y tomó una mano de Harry con la suya propia.
Draco sabía que Harry era la persona a quien podría amar. Y creía –esperaba, confiaba- que Harry también podría amarlo a pesar del pasado. De hecho, había apostado todo por ello.
Harry le dio un apretón en la mano. –Gracias por el desayuno, Hermione.
Draco suprimió las ganas de rodar los ojos ante el significado implícito de esa señal. Harry tenía muchos comportamientos de "esposo" y había empezado a usarlos con él durante esa última semana. Era encantador en algunas maneras y fastidioso en otras.
-Estuvo tranquilo y silencioso, para variar –dijo Hermione, sonriendo. –Casi temo el momento en que los monstruitos regresen a casa.
-No más sexo en la mesa del comedor; ¿eh? –bromeó Draco. Manny abrió mucho los ojos por una fracción de segundo antes de sonrojarse y apartar la mirada.
-Sí, bueno –masculló Harry, soltando la mano de Draco.
Uuups. Draco no había querido referirse a aquella noche ocurrida hacía un par de semanas, cuando había logrado convencer a Manny de hacerlo una vez más. Sin embargo, era bueno saber que todavía podía perturbar a Manny y poner celoso a Harry. Sonrió.
Completamente ajena la tensión, Hermione se puso de pie y agitó el cabello de Manny. –Ciertamente estaba pensando en algo más cómodo.
Se dirigieron hacia la chimenea, donde Hermione sorprendió a Draco al besarlo en ambas mejillas. Ella ignoró la expresión de su cara y se movió hasta Harry.
-Draco, tú sabes cómo hacer un depilo decente; ¿verdad? –preguntó ella mientras miraba el rostro de Harry con los ojos entornados.
-Por supuesto –respondió.
-Bien –dijo Hermione, y le dio un ligero beso a Harry en la boca. –Alguien necesita que cuiden de él.
Harry consiguió parecer ofendido como toda respuesta, pero no dijo nada.
-¿Estarás en casa esta noche? –preguntó Manny.
Draco se encogió de hombros. –Harry ha hecho una reservación para cenar, pero no sé qué haremos después de eso.
Manny enarcó las cejas y sonrió. Hermione lo codeó y rodó los ojos.
Para los que no les ha quedado claro el prólogo, el sueño de Draco no es más que el recuerdo de lo que pasó la noche en que Lucius y el otro mortífago fueron tras Harry al cuarto de la posada. Lucius le había pedido ayuda a Draco para "controlar" a Harry una vez capturado, pero Draco usó la información para ayudarlo a escapar aún a riesgo de oponerse a su padre. Espero que esta breve explicación les ayude a entender la pesadilla de Draco, pero si les han quedado dudas, por favor pregúntenme con toda confianza.
¡Un beso!
Mil gracias a Allalabeth y a Clau Felton Black por betear.
