Hola preciosuras! Gracias por comentarme este Fic‼ Bueno, primero que nada quiero decirles que no soy muy fan de las historias de "Amor a primera vista", pero esta tiene algo especial que probablemente se den cuenta a penas lean este capítulo. No debería decir eso, cierto? Es como que les señalo la idea… Bueno, ya que :P
Todavía no me convence el inicio de esta historia, tomando en cuenta que la he editado millones de veces y al fin me decido a subirla. Aún así les prometo que iré mejorando de a poquito para que no digan "esto es un cliché".
Ya sé que Itachi tiene un poco de OCC, pero como dijeron en uno de los comentarios, es el Itachi de Naruto (cuando los novatos eran Gennins), e Itachi era algo… Umm… Agresivo, sip. Lo notarán ya que al inicio del capítulo anterior decía que Sakura tenía 13 años.
Bueno, sin más les dejo leer. Muchísimas gracias por sus dulces comentarios, los aprecio mucho.
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– ¿Por qué estás aquí sola? – Le preguntó ese niño, era mayor que ella.
–No tengo amigos con quien jugar. – Le respondió la pequeña.
–Debes tener algún amigo.
–No… ¿Serías mi amigo? – Tenía un brillo de esperanza en sus ojos.
–Claro que sí. Seremos amigos de aquí en adelante. ¿Cómo te llamas? – Preguntó el chico.
–Sakura, ¿y tú?
–Mi nombre es…
–Despierta mocosa, tengo una tarea para ti, um.
La chica gruñó. Hacía mucho no tenía sueños tan bonitos y menos de cuando era pequeña. Sintió un dolor inmenso en su espalda cuando fue tirada al suelo por el chico rubio que trataba de levantarla.
– ¿Por qué hiciste eso? – Estaba enfadada.
–Porque se me dio la gana, um. Vamos, levántate de ahí, hay mucho que limpiar. – La tomo del brazo y la arrastró a la cocina donde se topó con miles de platos sucios. – Luego de esto los pasillos del sector principal necesitan una buena trapeada, encárgate de eso.
– ¿Algo más, "mi lord"? – Que irónica.
–No por ahora. ¡Ita…! – Antes que pudiera llamar al pelinegro el chico pelirrojo de antes entró a la cocina.
–Yo la vigilaré.
–Pero, Sasori-danna – Quiso protestar Deidara.
–Itachi está ocupado ahora, así que yo me haré cargo de su tarea por esta vez. – Concluyó Sasori. Resignado, el rubio se fue a seguir con lo que sea estaba haciendo antes de todo esto.
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Y así pasó el tiempo, días, semanas. Dos meses. Comía cuando preparaba la cena para los miembros que estaban en el lugar. A veces a nadie se le apetecía comer, por ende, ella no comía ya que no había porque preparar comida. Descubrió que había 10 miembros contando al líder y a la mujer que lo seguía a todas partes. Estos últimos casi no se los veía, para no decir que nunca se mostraba su presencia en aquel horrible lugar. Cada vez que era sacada de su celda era para hacer cosas como limpiar y cocinar, siempre bajo el ojo crítico de Uchiha Itachi. Nunca sabías que estaba pensando o que pasaba por su cabeza, era tan serio y distante, a veces sentía que podía apostar a que el tipo era autómata. Siempre sentado en una silla observándola y a la vez no haciéndolo ya que parecía que su mente estaba volando en la estratósfera. Sasori, por ejemplo, siempre estaba callado cuando reemplazaba al Uchiha en vigilarla –ya que había veces, no se sabe porqué, que el chico no se encontraba disponible para supervisarla–, pero ojeaba alguna revista, leía un libro o simplemente jugaba con un pequeño cubo de estrategia. Baño se había dado cuenta que había en su celda unas horas después que Itachi se retirara aquella vez en su primer día ahí, pero solo era una simple puerta con un retrete. Ducharse solo podía hacerlo dos veces a la semana y no podía tardar más de 15 minutos, a menos que quisiese que aquel que le tocara llevarla hasta la ducha entrara en el baño y la sacara a la fuerza de ahí sin importarle el dejar su cuerpo en exhibición. Ya le había ocurrido una vez con un tipo llamado Kakuzu que se estuvo quejando que el gasto de agua era un gasto de dinero. Ni siquiera tenía ropa para cambiarse, andaba todo el día con aquel vestido amarillo que sacó del carruaje, que ahora se encontraba todo sucio y bastante desbaratado.
Ya estaba harta de estar ahí, se aburría todo el día y comenzaba a olvidar como eran los rayos del sol, o la luz de la luna en las noches despejadas. Extrañaba en las noches frías cuando se acurrucaba con Neko en el colchón que tenía en aquella vieja choza de la aldea.
Un ruido en la puerta la sacó de su estado de melancolía. Vio a Deidara pasar por la puerta y dirigirse a ella.
–A penas limpié ayer, ¿ya está todo sucio otra vez? ¿O es por el desayuno? Hay cereal y leche, pueden comer eso. – Informó la chica cansada.
–Jamás tuvimos un prisionero tan contestón, um. Se supone que estás secuestrada, podríamos matarte sin pensarlo por responder así.
–En el mundo no habría una diferencia si yo no estuviera, y muerta seguiría haciendo lo que siempre hice: nada. – Se encontraba en un estado depresivo. Ya saben cómo son esos días donde ser mujer te juega una mala pasada cada 28 días.
–Bueno sí, no estoy aquí para hablar de tus problemas existenciales, poco me importan, um, sino porque debo ir a hacer las compras de aquellas cosas que son indispensables para el sustento, y pues, no voy a comprar cosas que luego no uses solo porque no sabes cómo cocinar, así que tú me vas a acompañar, um. – La chica lo miró ilusionada.
– ¿Hablas en serio?
–Si, así que vamos de una vez. No vaya a ser que a Pain se le dé por cambiar de parecer y tenga que arreglármelas solo, um. – Y así partieron hacia la aldea más cercana.
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Bueno, no sé si aldea era el nombre adecuado, más bien era un pueblito en medio de la nada, que tenía lo suficiente para ser una pequeña comunidad. Sakura veía a la gente pasar, señoras con sus bebés, niños correteando por todos lados y hombres dando un pequeño paseo sin nada más que hacer. Todos estaban vestidos a lo tradicional, como si no se hubieran modernizado en mucho tiempo. Miró su ropa, le daba vergüenza pasearse como si nada en semejante fachas. Si, se lo que piensan, hasta hace unos meses vivía en la calle y andaba igual de andrajosa –sin mencionar que ahora estaba alejada del mundo exterior y la naturaleza por lo cual no necesitaba verse bien– pero en sus días como pobre nunca estuvo caminando por ahí como si nada. Siempre estaba en las afueras de la aldea junto a la otra gente que no tenía muy buena vida y vivían en casas deterioradas y feas, solo se acercaba al centro para robar algo de comida.
–Bueno, solo nos faltan las cosas de limpieza, um. – Dijo Deidara que se encontraba camuflado en un Jutsu de transformación para que nadie lo reconociera. El muy desconsiderado la hizo cargar todas las bolsas, pero que más podía esperar, después de todo ella era la esclava ahí, no él.
Pasaron por una tienda y compraron detergente, jabón para ropa, shampoo y esas cosas que se utilizan para la higiene y limpieza. Al terminar con esto, dispuestos a irse, Sakura dirigió sin querer la vista hasta una tienda de ropa anhelando algo que no estuviera hecho jirones ni tuviera tierra. No podía darse el lujo de lavar su ropa como lo hacía con la de los miembros de Akatsuki ya que era todo lo que tenía, no podía ponerse otra cosa hasta que su vestido se secara.
–Ve a conseguirte algo digno de una dama. Yo invito, um. – Ella no lo podía creer, no sabía que clases de cosas hacían estos tipos en aquella organización, aunque sospechaba que no era nada lindo, ese era un bello gesto hacia ella y no pudo evitar sonreír.
– Apúrate antes que se me vaya la paciencia, um. – Sakura corrió hacia la tienda más cercana, no podía desperdiciar esa oportunidad. Por primera vez, después de tantos años podría usar algo que realmente le apeteciera usar, y no porque era eso o nada.
Optó por un short de licra negro y un jersey verde que resaltaba el tono rosado de su cabello. Eligió un vestido sencillo de color blanco, bastante fresco, que le llegaba por debajo de los muslos, también compró un pantalón color salmón que podría ajustarlo para que le quedara sobre las rodillas en días de calor y sería perfecto para dormir, con una camiseta azul marino. Por último escogió otro short color vino y un jersey blanco. De calzado se decidió por unas chatas negras y unas sandalias blancas. Estas últimas se las llevó puestas ya que no tenía zapatos.
Salió feliz de la tienda y fue hasta donde Deidara la esperaba ya bastante impaciente.
–Te has tardado, um. – Le reprochó. – Ya estaba pensando que te habías escapado y estaba a punto de irte a buscar.
–Vamos, solo han sido 20 minutos. – Infló sus mofletes como le era costumbre hacerlo desde pequeña.
–Si, si. ¿Por qué no traes algo de la ropa nueva puesta, um?
–Quiero darme un baño antes, me siento toda sudada. – Confesó algo asqueada por su falta de higiene. Deidara decidió caminar pensando que ya había hablando mucho con la prisionera, no debía ablandarse con ella ya que no le convenía a nadie. Igual no sabía de qué podían hablar ya que era una simple niña que no sabía nada del mundo.
Salieron del pueblecito y el rubio creó una de sus grandes aves de arcilla para que ambos chicos se subieran para así poder ir a la guarida de una vez. Al llegar Sakura guardó las cosas que compraron en sus respectivos lugares y le preguntó a Deidara si podía bañarse ya.
–Supongo que sí, um. – El de ojos azules buscó con la mirada esperando encontrar a alguien, y ahí fue que para su suerte venía caminando Itachi con un libro en la mano que seguramente trataba de filosofía. – Justo a quien necesitaba. – Sonrió el rubio. – Itachi, acompaña a la señorita que necesita bañarse. Yo lo haría pero tengo una misión con Sasori-danna así que te dejo a ti el encargo, adiós. – Y como bala se fue dejando solos al Uchiha y a la pelirrosa.
Itachi comenzó a caminar, Sakura dudó por un segundo de seguirlo ya que no sabía si realmente cumpliría con lo que Deidara le dijo, pero finalmente lo alcanzó viendo como se dirigía al baño.
–No me espíes, ¿eh? –Le dijo la chica al portador del Sharingan. Este ni siquiera la miró, simplemente se sentó en la silla que estaba junto a la puerta del baño y abrió su libro en la página que había quedado.
Suspiró. Itachi era inmutable, imposible de alterar. Bueno, para alguien que ya era un hombre no le llamaría la atención saber que a unos metros suyos se encontraba una menudita chica de 13 años desnuda, apenas desarrollada. No quería llamar la atención del joven prodigio, solo quería saber si podía hacer que su muralla de autocontrol se resquebrajara un poco, al menos insultándola o algo, pero nada. Definitivamente su corazón era una piedra, si es que tenía corazón.
En 10 minutos ya había lavado y acondicionado su cabello. Se estaba enjabonando cuando un Flash de recuerdos se le vino a la mente.
–Ya pasó un año desde que nos conocimos Onii-chan, y quiero darte este obsequio. – Dijo la niña entregándole un paquete mal envuelto y con un moño gigante en su tapa.
– ¿Es para mí? – Preguntó confundido. Ella asintió sonriente. – Vaya Sakura, muchas gracias. De hecho, yo también tengo un regalo para ti. – Dijo sacando de su bolsillo un pequeño sobrecito de color rosado con flores del mismo color y un pequeño moño rojo. A la pequeña rosita le brillaron los ojos ante el regalo. Lo tomó con cuidado y lo abrió. Era un collar de plata con un dije de una paloma en él. Ella le transmitía paz, así que qué mejor para demostrarlo que una paloma.
Él abrió la caja y se encontró con un pequeño gatito de peluche blanco con las patitas, las orejas y la punta de la nariz negra. Era realmente adorable y no pudo evitar sonreír y agradecerle con un beso en su regordeta y sonrosada mejilla.
–Me alegra que te guste Onii-chan. Y el collar es precioso. Lo usaré todos los días y no me lo quitaré nunca, lo prometo. – El chico río. – Júrame que no nos separaremos nunca Onii-chan, que pase lo que pase seguiremos siendo amigos, en las buenas y en las malas. Te quiero mucho Onii-chan. – Y se lanzó a abrazarlo. No pudo evitar que las lágrimas salieran de sus pequeños y oscuros ojos.
–Lo prometo. – Correspondió su abrazo. Sin darse cuenta la niña de 5 años se quedó dormida en sus brazos, él volvió a reír ante su acto tan inocente.
Pasaron los 15 minutos que tenía permitidos para bañarse bastante pronto, así que salió rápido de la ducha y se secó con la toalla y se colocó el vestido blanco, para luego salir del lavabo encontrándose con un pelinegro leyendo.
–Ya he terminado. – Dijo Sakura. El Uchiha no dijo nada, cerró el libro y se levantó dirigiéndose a la celda de la chica.
Cuando ya estuvo sola encerrada nuevamente en esa habitación tan lúgubre, reflexionó sobre sus recuerdos. Hacía mucho no pensaba en ellos por el hecho de que no quería acordarse de la muerte de sus padres, aunque ahora no podía sacar de su mente lo que minutos antes había pasado por su cabeza. ¿Qué habrá sido de ese niño? Le había prometido que no se separarían nunca, que estarían siempre juntos para apoyarse, pero definitivamente ya no estaban juntos. No recordaba su nombre, tampoco se acordaba cuando fue la última vez que lo vio ni porque ella se había escapado de su aldea natal.
–Onii-chan…
