Disclaimer

Advertencia¡Lo he escrito yo!

Nota sobre HPB (spoilers! Si no te has leído el libro... ¡pasa de esto y léete el fic!Bueno ¡Me lo leí! En fin, lo único que quería decir es que he leído por ahí mucho de ¡No¡Odio a Rowling¡Cómo ha podido poner a Remus con Tonks! Bueno, yo creo que el chico tiene todo el derecho del mundo a superar lo de Siris, y creo que un año es tiempo suficiente como para pensar en volverlo a intentar con otra persona. Igual que no creo que Remus no tuviera pareja mientras Sirius estuviese en Azkaban¡claro que la tuvo! Y supongo que más de una¿porqué no? Eso no quiere decir que Remus no estuviese enamorado antes de Sirius (porque está claríiiiisimo XDDDD), pero Tonks a mí me cae genial, y me encanta que, con Sirius muerto, Remsie esté con ella.

Capítulo uno

Estando en alguno de los pocos museos de arte mágico existentes, había oído cómo una chica joven comentaba que le trabajo de un restaurador no podía ser demasiado difícil.

Obviamente ni ella ni la amiga tenían ni idea.

Remus Jhon Lupin se alejó un poco del cuadro que tenía delante suya y volvió a fijar la vista en uno de los muchos libros que tenía esparcidos por el suelo a su alrededor.

Se colgó un cigarrillo sin encender en los labios. Lo que más le molestaba de su trabajo era precisamente no poder fumar por miedo a perjudicar la pintura. Bueno, eso y los negocios sucios que venían detrás, pero eso ya lo tenía asumido.

Restaurar cuadros mágicos era un trabajo todavía más delicado que restaurar cuadros muggles. Los pintores, normalmente, eran grandes artistas y magos muy imaginativos, con un miedo rayando a lo paranoico a que alguien les pudiese imitar, así que todos sus colores estaban llenas de hechizos tanto inventados como registrados, y de estos últimos no demasiados eran legales. Además, luego estaban los hechizos que daban a cada figura un carácter y un patrón de comportamiento determinado además de los obvios de movimiento, los restrictivos... y pocos pintores utilizaban los mismos.

Ahora mismo Remus tenía un problema con un mantel que insistía en ser rojo cuándo tenía que ser blanco. Ya había conseguido que se quedara en una tonalidad rosa claro, pero todavía no había descubierto el hechizo restrictivo que había utilizado el autor.

Volvió a leer uno de los esquemas que se había echo sobre su biografía. Siglo XV, italiano que había pasado cinco años en Flandes, cuatro en la corte española y había acabado sus días en Sicilia después de una breve instancia en el sur de Francia, dónde había vivido una tórrida historia de amor apasionada y autodestructiva.

El cuadro en el que estaba era uno de sus últimos. Pesimista, agobiante, transmitía una sensación de tristeza y angustia que sólo podía llevar a la muerte. O al suicidio, en el caso de Alberto dell'Aro.

Le vinieron a la mente las palabras que dicho su sire hacía ya más de diez años y rondaba casi todas sus acciones des de entonces, "La lenguas germánicas tienen resonancias de leyenda, de poder, de tiempos dorados... pero la magia allá es increíblemente cerrada, poco imaginativa. En cambio, en la Europa del sur la magia es terriblemente imaginativa. Los hechizos no tienen porqué ser en latín, también funcionan aquellos hechos con lenguas derivadas del latín. Allá puedes crear, imaginar... Ve a Hogwarts, pero acuérdate que lo que te enseñen ahí es sólo la base, un solo tipo de magia. Para aprender de verdad tendrás que viajar, adentrarte en el corazón de áfrica, codearte entre los espíritus orientales, bailar ritmos que salen del más profundo de las almas acompañados por cuerdas desgarradas..."

Madelaine Villeret. Así era cómo se llamaba ella. ¿De dónde era exactamente?

Remus había aprendido a seguir sus corazonadas, por más estúpidas que parecieran, y ahora acababa de tener una con mucho sentido. Cogió la biografía francesa del autor, la que se centraba en la época dónde había pintado sus cuadros más inquietantes y de más valor: sus tres años en Sicilia y, sobretodo, en la causa de este cambio: sus meses en compañía de la francesa.

Sirius, des de la puerta, observó cómo su amigo pasaba rápidamente las páginas de un libro hacia delante y hacia atrás, hasta que pareció encontrar el pasaje que buscaba y pasó lentamente la vista sobre las líneas que subrayaba con el dedo índice. Pasó otra página y se le iluminó la cara con una sonrisa, cómo siempre que los documentos le daban la razón a su intuición.

Remus no le había prohibido nunca entrar a esa habitación. Era más un acuerdo mutuo no hablado que el animago nunca se había atrevido ni siquiera a cuestionar. Pero su amigo tenía razón. El licántropo estaba viviendo con él des de hacía cinco años, pero ahora que lo pensaba sentía como si no conociese nada de él. ¡Si no sabía ni cuál era su comida favorita!

Así que había decidido que lo mejor sería empezar por averiguar de dónde sacaba el dinero con que compraba la comida.

Los merodeadores habían celebrado por todo lo alto el que el licántropo encontrase un trabajo fijo, pero al interesado parecía no gustarle demasiado hablar de ello.

El animago se había sorprendido de verdad al ver que las paredes de la habitación estaban llenas de fotos de obras de arte que iban cambiando de sitio según los deseos expresos del licántropo y un rincón lleno de pilones de libros, muchos de los cuales estaban por el suelo abierto. Era todo completamente diferente a la apariencia ordenada con que insistía tener el resto de la casa. Era mucho más salvaje y cálido, mucho más Remus.

Tenía tres caballetes con tres cuadros bastantes diferentes entre sí en ellos. En ese instante el rubio se había girado hacia el vivo reflejo de la desesperación. No podía imaginar nadie que pudiese dibujar algo así. Nueve años después, cuándo no le quedaban ya memorias felices que recordar le vino a la cabeza la misma imagen y la comprendió en su totalidad.

Levantó la varita y murmuró algo en una lengua parecida al francés, pero que Sirius no reconocía.

Al parecer con eso Moony consiguió lo que quería, ya que una sonrisa de orgullo se dibujó en su rostro.

.-¡Padfoot!- exclamó sorprendido el licántropo cuándo se giró.

.-Hey- el pelinegro no sabía muy bien que decir. Fue entonces cuando se dio cuenta de la verdad en las palabras de su mejor amigo. Él no conocía al hombre que estaba delante suya con la varita en la mano y la cara sucia de pintura. No sabía cuándo se había echo ese corte de pelo, no tenía ni idea cuándo le había superado en altura o de dónde había sacado los músculos de sus brazos. No sabía que significaba la expresión que dibujaba en ese momento ni que respuesta esperar de él. En cinco años el adolescente tímido y enfermamente flaco había desaparecido y había dejado a un hombre del que se había perdido su aparición, demasiado concentrado en sí mismo como había estado.- ¿Qué haces?- vale, no era la más inteligente de las entradas, pero por algún sitio tenía que empezar.

Sirius pudo ver como le volvía la sonrisa de orgullo al rostro, como cuando en Hogwarts les explicaba algún tema que él se sabía al dedillo y del cual los otros no tenían ni idea. Bien, se dijo interiormente Black, esto es terreno conocido.

.-Ahora mismo estoy dando los últimos retoques a la pintura de este cuadro- empezó quitándose un pincel que tenía detrás de la oreja.- Después de decapar el barniz y quitar la suciedad acumulada he tenido que volver a pintar algunas cosas cómo esto de aquí o esto de aquí- comentó señalando con un gesto vago dos zonas concretas.- Pero a la hora de estabilizar los colores para que cuándo les aplique movimiento pasen sólo por los tonos o el tono cromático que les toca algunos me han dado problemas. Cómo este mantel- y con el pincel señaló el mantel de una pequeña mesa en un rinconcito a la izquierda- insistía en ser rojo.

.-¿Y cómo sabes que el pintor quiso que fuese blanco, y no rojo?

.-Bueno, el pintor era daltónico, y no utilizaba el verde ni el rojo para nada, por miedo a equivocarse. Además, si miras con atención esta mesa, puedes ver que es exactamente igual a esa- comentó señalando uno de los libros que había por el suelo, abierto en una página con una reproducción de lo que se veía era un cuadro del mismo autor que el que Moony estaba explicando con tanto entusiasmo.- Que es igual que esa otra que está en el borrador que hizo de su habitación de pequeño, y que tenía un mantel blanco.

.-Oh- fue el único comentario que se le ocurrió hacer. ¿Y ahora qué decía? Él no tenía ni idea sobre pintura. La única persona que conocía a la que le gustaba eso era al mismo Remus y a un tipo raro de Hogwarts al que había pillado un par veces mirándole el culo. No pudo evitar hacer una mueca al pensar que le había gustado a un chico. Oh bueno, sabía que Remus andaba por esa acera, pero una cosa es saber que hay gente así (un gran amigo tuyo, por ejemplo) a comprobarlo.

El timbre de la puerta interrumpió el silencio incómodo que se había empezado a formar sobre ellos. Aliviado por tener un excusa para irse, Sirius corrió hacia la puerta gritando un "¡Ya voy yo!" a medio camino.

Y hablando del rey de Roma.

Un chico negro algo más joven que él estaba delante de la puerta con una actitud algo nervosa. El pelinegro, Con el brazo derecho apoyado en la puerta y ocupando toda la entrada observó el recién venido con actitud crítica.

Era incluso más alto que Remus. Un metro noventa más o meno, calculó a primera vista.

Estaba algo más flaco de lo que marcaba la belleza estándar, lo que con su falta de músculos le daba un aspecto frágil a pesar de su altura. Tenía dos ojos grandes y negros y los labios increíblemente gruesos, pero la nariz no la tenía demasiado achatada, incluso era algo respingona.

Cogió lo que fuera que llevaba entre los brazos más fuerte en un gesto vagamente familiar y se aclaró la garganta.

.-¿Vive aquí Remus Lupin?

.-¡Chris!- exclamó Remus saliendo de su cuarto para recibir al tal "Chris" con los ojos brillantes colocándose el pincel, ahora sucio con pintura roja, detrás de la oreja, sin pensar que así se iba a ensuciar todo el pelo.

El licántropo apartó con un gesto suave a su amigo de la pueta, indicando al chico que pasara.

.-Chris, este es Sirius Black, mi compañero de piso. Pads, este es Christian Essenhower, me va a ayudar con un trabajo.

Este último cogió lo que Sirius identificó cómo un tablero de ajedrez plegable bastante grande bajo el brazo izquierdo y extendió algo inseguro la mano derecha hacia él.

Sirius todavía se le quedó mirando un rato antes de tomarle la mano sin demasiada convicción.

.-Muy bien, Chris, si quieres ir yendo el estudio es la habitación con la puerta roja. Padfoot, lo siento mucho pero hoy no podré ir a comprar. La lista está pegada en la pared en la cocina.

El animago interpretó correctamente esta última frase como "tenemos trabajo, no molestes".

Entró a la cocina, cogió la lista bruscamente, enfadado sin saber demasiado bien porqué y cerró la puerta de un portazo.

Desde su estudio, Remus rodó los ojos exasperado.

.-¿Es tu novio?- preguntó Christian mirando atentamente el tablero que estaba desplegando en ese mismo momento encima de unos pilones de libro que había agrupado el licántropo para que le sirvieran la mesa.

.-Dios¡no!- exclamó divertido.-¿Y como te has dado cuenta de eso? No creo que salga en la documentación que buscaste sobre mí.

El chico se encogió de hombros algo incómodo. Remus empezaba a pensar que ese era su estado natural. Siempre y cuándo no hubiera algún tablero o problema lógico por medio, claro.

.-No sé. Intuición, supongo. Yel repaso que le diste al camarero el otro día.

.-No se te puede esconder ni un detalle¿eh?- comentó divertido cogiendo un cigarrillo que había dejado por el suelo y volviéndoselo a poner en la boca.- Necesito fumar. Intenta no tocar nada. Aunque no lo parezca está ordenado y si cambias algo de sitio no lo voy a poder encontrar. Ese es el cuadro.

Mientras, Sirius había estado buscando la tienda que recordaba vagamente estaba por ahí cerca.

Metió las manos en los bolsillos mientras se volvía a hundir en sus pensamientos, andando en ninguna dirección determinada. Después de cinco años se había acostumbrado a abrir la nevera y encontrar comida, sin pensar demasiado en cómo llegaba ahí. Aunque bueno, la verdad es que sólo se le ocurría abrirla cuándo el estómago le gruñía, y normalmente acababa haciéndose un bocata y ya está, fuese la hora que fuese. Nunca había pensado que para tener la despensa llena Remus iba todos los días a comprar para los dos, cómo indicaba la cantidad de yogures y verduras que el castaño NO comía pero que nunca faltaban para que él las pudiese coger.

Levantó la vista y ahí estaba, la tienda de ultramarinos. Bajó la vista a la lista escrita con la letras alargada y desordenada de su amigo, llena de pequeños dibujos por los alrededores de escobas, perros, lobos, ciervos, ratas y pequeñas ardillas que le hicieron dibujar una sonrisa sin darse cuenta.

.-Hola joven¿le ayudo en algo?- preguntó una mujer mayor detrás del estante al ver la cara de desconcierto que ponía el pelinegro, que al ver la larga tienda (mucho más grande de lo que aparentaba des de fuera) no sabía bien por donde empezar a buscar.

.-Mmmm, sí. ¿Dónde puedo encontrar esto?- preguntó enseñándole la hoja.

Al verla a la mujer se le iluminaron los ojos.

.-¡Ooohh¡Tú debes ser el compañero de piso de Remus¿Cómo está? Espera un momento que te traiga esto de aquí- comentó desapareciendo entre los estantes.- ¿Y eso que no ha podido venir?

.-Tenía un trabajo importante.

.-Oh. Dile que le deseo suerte- comentó guiñándole un ojo.- A ver, el orégano... ¡Voilà! Por cierto, dile que las galletas estaban buenísimas.

.-Eeeeh, sí, se lo diré- dijo, preguntándose de qué galletas estaría hablando.

.-Perfecto, te lo pongo en la cuenta¿no? Dile que este mes no hace falta que me pague las pastas, son un regalo de Jhonny- dijo guiñando otra vez el ojo. Sirius se empezó a preguntar si era una pariente perdida de Dumbledore o algo así.

.-Bien.

Entonces fue cuándo cayó en lo que había dicho. ¿En la cuenta¿Mes¿Pero es que Remus pagaba todos los meses toda la comida de los dos¿Y no le había dicho nada?

.-¡Se me olvidaba!- dijo la mujer cogiendo un paquete de debajo del mostrador.- El dibujo es de Cynthia, el libro de Jhonny y el pastel lo he hecho yo. Espero que le guste. ¡Y dile que hoy Cynthia irá un hora antes!

.-Gracias, adiós.

Cuando Sirius ya estaba en la puerta con el paquete metido cuidadosamente en una de las bolsas le vino la inspiración y se giró.

.-Por cierto¿cuánto te paga Rems al mes?

.-Mmmm, no lo sé muy bien- contestó algo extrañada por la pregunta.- Pero tengo sus últimas facturas guardadas, si las quieres...

.-Oh sí, gracias.

Cuándo Christian acabó de colocar el último el rey blanco, Remus entró con media sonrisa y restregándose las manos en los pantalones.

.-Sí, bueno, he pegado a penas dos caladas- contestó el castaño a la pregunta que se dibujaba en los ojos negros.

Otra vez tenían ese brillo.

Remus no pudo dejar de pensar en lo atractivo que se veía Christian cuándo pasaba a convertirse en un chico seguro e inquietante que parecía estar continuamente analizando el alma de todas las cosas. ¿Sólo tenía esa pose con un tablero de ajedrez? Aquella vez en la cafetería, cuándo estaba intentando averiguar si fiarse de él o no, también se transformó. Lo imaginó desnudo, sentado en una cama, su piel negra contra las sábanas blancas, contemplando cómo otro cuerpo se desnudaba para él. ¿También tendría esa mirada analítica entonces?

Le vinieron unas ganas locas de acabar ese cigarro que había dejado consumiéndose en el cenicero. Pero simplemente parpadeó un par de veces para quitarse esos pensamientos y giró la vista hacia el cuadro.

Era realmente bello.

El licántropo, des de pequeño, siempre había estado fascinado por la belleza. En un principio podía parecer una estupidez, todo el mundo prefiere las cosas bellas. Pero en su caso iba más allá.

Catherine siempre le contaba cómo de pequeño, para hacerle parar de llorar, sólo tenían que darle una joya.

Poco después de ser mordido, con tres años y aún sin articular bien las palabras, se quedó mudo, y todo lo comunicaba mediante dibujos. Cuándo aprendió a leer, se enganchó a los libros de poesía de su hermana que no entendía. Pero le encantaba leérselos a sí mismo en voz alta y escuchar la sonoridad de los versos y, al aprender a escribir, lo primero que hizo fueron unos versos para su sobrina, cuatro años menor que él.

También solía contar anécdotas sobre él y la música. Siempre decía riendo que sólo se dormía con la música más trágica de Bethoveen o las notas más desgarradoras de Chopin, pero era ponerle música para niños y ponerse a llorar.

Cuándo tenía siete años fue a su primer museo y a los ocho un judío trasladó su orfebrería al lado de casa, convirtiéndose des de entonces en un segundo hogar para él.

En Hogwarts se pasaba horas y horas pintando y experimentando, buscando siempre algo más bello que lo anterior, algo que destapara mejor los sentimientos, algo que te hiciese llorar, sin importar tu lengua o tu cultura.

La belleza le hacía olvidar todo. El mundo, su entorno, él mismo desaparecía ante una obra de arte. Cuando la belleza aparecía, Remus ya no era Remus, era simplemente una molécula dentro de algo tan inmenso que no valía la pena ni plantearse comprender. Se fundía en un todo neutro que no sabía muy bien que era, pero hacía desaparecer todas sus preocupaciones, todo su yo, y tan sólo se quedaba con una sensación de tranquilidad y paz que era incapaz de describir.

Y ese cuadro, lo sabía, una vez restaurado le iba a producir ese efecto.

En ese momento la escena se presentaba inmóvil, pero ya con los colores adecuados y con todas las impurezas que deja el tiempo quitadas.

En lo que parecía ser una gran terraza de un castillo convertida en jardín se encontraban cuatro personas: a la izquierda, una mujer rubia, hermosa, de esas que algunas dirían que está demasiado gorda pero que para los hombres está perfecta, con un vestuario muy masculino para la época que retrataba el pintor, tenía una mano apoyada en el balcón y con la otra sostenía un libro que tenía levemente apartado de ella, ya que, por lo visto, alguna cosa de debajo había capturado su atención. Un hombre pelirrojo, atractivo, con un atuendo que indicaba su estatus militar, acentuado por la espada que llevaba colgada del cinto, estaba de pie, no muy lejos de la mujer, pero mientras esta miraba a un punto de la izquierda él tenía la vista dirigida a algún punto de la derecha. Con los labios finos apretados, los brazos detrás de la espalda y la rigidez de su columna, todo indicaba que estaba esperando que alguien apareciese.

Y, en primer plano y hacia la derecha, una mujer y un hombre de pelo negro jugaban al ajedrez. Ella, al contrario de los rasgos suaves y redondos de la otra, daba una sensación violenta, angulosa. De nariz grande y curva, labios finos y pómulos demasiado marcados y un cuerpo que se adivinada sin carnes por debajo del vestido del siglo XII que llevaba puesto, no se podía decir que fuese bella. Tenía un rictus severo y la mano que estaba a medio camino de depositar un caballo negro en una casilla blanca se veía huesuda. Y por último su contrincante, el personaje que más fascinaba a Remus de todos. Mientras que el otro era atractivo en una manera basta y estandarizada (mentón cuadrado y fuerte, robusto, ojos verde brillante) este tenía una belleza mucho más sutil. Seguramente, si lo viera una quinceañera, no dudaría ni dos segundos en tildarlo de feo, pero si él encontrase a alguien así, no tenía ninguna duda de que se quedaría completamente prendado.

Tenía la piel pálida y el cabello negro azabache largo, por debajo de los hombros. Tenía los ojos de un azul intenso, y casi se podía leer la inteligencia de su poseedor en su mirada concentrada en las piezas.

Llevaba colgado del cuello un collar de plata del que colgaba una gran esmeralda, destacando entre sus ropajes negros, que hacían resaltar todavía más lo elegante de su pose y esos ojos... Remus seguiría esos ojos hasta el fin del mundo.

.-Mmmm. No sé demasiado bien como estaban las reglas del ajedrez mágico en esa época- comentó Christian observando atentamente la pintura al lado del licántropo.- Pero por lo que veo aquí ya juegan manualmente, lo que no empezaría a hacerse hasta tres siglos después. Esta debe ser una de las primera partidas así.

.-Yo creo que el pintor quería decirnos algo con esto. Fíjate en la línea que forma el cuerpo de ella y su brazo para depositar la pieza, si la seguimos más allá, nos llevan hasta el caballero pelirrojo, el que parece esperar a alguien en secreto.

.-¿En secreto?

.-Fíjate en los otros tres. Ella acaba de apartar el libro que estaba leyendo para mirar algo que le ha llamado la atención en el jardín de debajo, los otros dos están concentrados en la partida. Mirándolos, no dirías que esperan que aparezca nadie más, y menos por dónde mira el caballero: todos están situados de una manera que tendrían que hacer un movimiento extraño para poder verlo. Pero en cambio él tiene los ojos puestos ahí, con una mirada intensa y algo nerviosa. Tiene las manos en la espalda, signo de que esconde algo, que no quiere que nadie note su nerviosismo. Está en la izquierda de la escena, para no levantar sospechas de que está esperando a alguien que vendrá por el lado contrario...

.-Y yo tengo que ver si la partida esconde algún mensaje que resuelva el misterio.

.-Así es.

Christian miró el tablero dónde había reproducido aquel del cuadro. La posición de las piezas indicaban que no era una partida convencional.

.-Está bien. Voy a intentar empezar la partida desde el principio y ver que movimientos han hecho falta para llegar hasta aquí. Tardaré unos tres días.

.-¿Tres días?

.-Sí.

Tres días no era demasiado tiempo, de echo más rápido de lo que se esperaba. Y entretanto podía buscar información sobre el autor y los personajes retratados.

.-Perfecto.

Cuándo Sirius entró en casa, Remus ya no estaba.

Dejó las bolsas encima de la barra de la cocina y sacó toda la comida sin ningún orden específico.

Se quedó mirando los paquetes que estaban ahora delate suyo sin saber demasiado bien qué hacer. A ver¿dónde iba cada cosa?

A ver, esto iba en la nevera que Moony había insistido en utilizar. Oh, mierda¿pero en que estante?

Bien, para esto había que usar la lógica de Moony. Ahora tenía que concentrarse en pensar cómo un mago inglés, licántropo y gay que se dedicaba a pintar cuadros.

Agggg, demasiado difícil.

Se hizo un hueco entre la comida y se sentó él tambiénen la barra. Dejó las piernas colgando y, con las manos apoyadas en el borde del mueble, echó la cabeza hacia atrás para respirar.

¿Qué hacían esos cuadros ahí?

Por arriba del nivel de la cabeza se encontraba un estante de metal largo que recorría toda una pared en la que se encontraban varios potes y, inclinados, dos pequeños dibujos que Sirius supuso que había hecho Remus. Y uno de ellos eran unos estantes con comida... ¡Su nevera!

Padfoot, eres un genio.

Tarareando una canción que no conocía, empezó a guardar la comida y cuándo finalmente puso el arroz en el estante de la despensa que le correspondía (fácil de localizar: justito al lado del otro paquete de arroz a medio gastar) sonó el timbre.

Al otro lado de la puerta estaba un chica de unos dieciséis años que habría tenido que ser pelirroja (piel blanquísima, recubierta de pecas y grandes ojos verdes) pero que tenía el pelo del mismo tono de castaño que Moony.

.-¿Está Remus?

.-No, no está. ¿Para qué lo buscas?

La chica lo miró con cara de sorpresa durante unos momentos.

.-Pues para que me de clases, como todos los martes y jueves.

Entonces se acordó de las palabras de la mujer de la tienda "Cynthia llegará una hora antes".

Miró el reloj de muñeca que le había regalado Peter hacía unas tres navidades. Las cinco. Normalmente a esa hora él ya haciamedia que habíacogido su moto y se había ido de casa.

Dejando pasar a Cynthia se volvió a preguntar, y no por última vez, exactamente cuanto de la vida de su amigo se había perdido.

Notas de la autora: Eeeeeeeeeeeeeeeiiiiiiiiii¿Qué tal estáis? Bueno, este chap a tardado un poquito¡pero así soy yo! La perrera me acompaña des del momento en que nací...

Pero bueno, este chap es larguito, eeeeehhhh? Aunque tampoco pasa demasiado porque en realidad lo único que quería era poner el cuadro y describir un poco el trabajo de Remus. Lo otro, aunque posiblemente más importante para el desarrollo de la historia, sólo está de bulto :P.

Por cierto, el otro día estaba hablando con una amiga sobre la Tabla de Flandes (ella ha visto la peli pero no ha leído el libro, justo al revés que yo) y empezó a hablar de lo mono que era el ajedrecista y yo: "¿Quéeeeeee?" Porque vale, me encanta ese personaje, lo encuentro terriblemente fascinante, creo que me gusta incluso más que el anticuario (bueno, no, nadie puede superar al anticuario, pero están bastante igualados), pero en el libro es de todo menos mono. Así es como me enteré de que en la película es un gitano encantador que se enrolla con la protagonista. Y yo: "¡Noooooooooooooooooooooooooo¡Si precisamente una de las cosas que más me gustaba del libro era la extraña relación que se forma entre la chica y el ajedrecista o entre este y el anticuario! (ninguna de las dos con tintes ni remotamente románticos)" Pero mira, así es el mundo del cine, no pueden hacer una maldita película con un chico y una chica sin que los dos se líen ¬¬.

Después de desahogarme de esta terrible (para mí) revelación voy a contestar los reviews, y lo voy a hacer de una manera nueva¿Porqué tengo más reviews? No¿Por qué hay límite de espacio? No¿Porqué no sé que decir? No! Porque soy una plagiadora y vi esto y me pareció súper cool! (Soy cómo las lentejas o me tomas o me dejas...) En fin, esto tiene dos pasos:

Paso Uan!

Pues no, no tengo ni puta idea de poner los guiones:

Sí, ya me he estado dando cuenta de que son imposibles de poner, y creo que yo también voy a optar por el punto delante, porque¡que cojones! Escribimos, orgullosamente, en castellano y no en inglés, y aquí se ponen guiones y no comas. ¡Resistiremos! (No me dejéis suelta que fundo la Asociación en Defensa del Uso del Guión)

¿Esto no se parece mucho a "la Tabla de Flandes"?

Yes! Porque ESE es precisamente el punto: me leí el libro y me obsesioné, completamente. Me encanta ese libro. Y creo que finalmente no veré la peli para no decepcionarme, que ya me pasó con "From Hell" del estupendo Jhonny Deep (Jhooonnyyyyy!). Me leí el súper genial cómic de Alan Moore y la película, compara y con perdón, es una mierrrda. Encima una de las cosas carismáticas del cómic es que empieza precisamente con la reina Victoria que encierre a la chica y vas siguiendo al asesino (sabiendo des de el principio quién es) durante sus asesinatos. Y lo mejor son el personaje del gris inspector y el farsante adivino y la extraña amistad que entraban a partir del caso, pero claro, en la peli no hay ninguno de esos dos personajes, porque los dos se mezclan en el de Jhonny, que por muy guapo que sea¡no tendría que estar ahí! (o sí, pero haciendo sólo del adivino que, de todas maneras, no le pega demasiado). En fin...

¿Tienes calor? Ay...

No tiene nada que ver con la historia, pero tengo ganas de quejarme otra vez ¿para qué, si no voy a poder cambiar el clima¡Pues porque sí¡Pues sí¡Me estoy muriéeeeeendo de calor! Para combatirlo, voy a todos lados con minifaldas de esas que tu padre te mira por encima de las gafas y dice "¿Y dónde está la tela en que te has gastado los veinte euros?" pero está el problema del extraño misterio de las faldas: te sientas y la falda se te sube un poco. No problem todavía. Pero conforme van pasando los minutos, aunque estés quieta como una estatua, la falda se te va subiendo más y más en contra de todas las leyes de la física ¿cómo ocurre? Pues me gustaría saberlo, la verdad

Y como no hay más preguntas, Paso Tu! (Algo lioso de descifrar y menos cool que el otro, que le vamos a hacer):

Muchísimas gracias por haberme dejado reviews (me habéis emocionado hasta el punto de hacerme hacer esta gilipollez XDD), os quiero muchísimo: Allysa Bellatrix Black (bueno, pronto, pronto no ha sido... espero que la próxima sí XDDD), Eleanor Blackriver (gracias! Aquí siguen habiendo demasiada descripción y poca acción, pero seguro que en el próximo chap cambia), D. Mo (Ahí estamos¡Que coño! Y sí Pérez-Reverte es de lo mejor. En fin, muchas gracias! Y... ¿de dónde viene tu nombre? Y sí, soy cotilla, pero es que el mundo me ha hecho así...), Salazar Lestrange (Gracias por el review! Y sí, sí, tus dudas están contestadas en el súpercalifragilisticoespialidoso paso uan!), Annoha (Gracias! Yo también me quedé súper colgada del libro, entiendo lo que sientes XDD), Terry Moon (Ay capullos que tienen suerte ¬¬ ¡Es broma¡Muchísimas gracias! Y ya sabes que tu lado garrapata es el que más me gusta de ti, así que no me importa nada que te instales por aquí, es más, te lo agradecería con toda el alma. Si es que cuando me pongo sensible...) y Katze (Gracias! En fin, la verdad es que no juego demasiado al ajedrez. Ahora que lo pienso¿te importaría que te consultase para algún capítulo si surge la necesidad? Dí que síiii aparece Sirius con carita de perrito abandonado Vamos, sé que no te puedes resistir a él... Muajajaja!). En fin, un besazo a todas(os) por subirme los ánimos!

En fin, ciao, espero que seáis felices, que Katze me conteste (¿qué?) y que no os olvidéis de dejar un review!